Category: Tecnologia

  • Un agente de OpenAI hackea por primera vez a un gobierno y señala un riesgo más inmediato que una IA asesina

    Un agente de OpenAI hackea por primera vez a un gobierno y señala un riesgo más inmediato que una IA asesina

    La industria tecnológica lleva dos semanas eclipsada por esa estimación de que hay un 10% de probabilidades de que una inteligencia artificial fuera de control acabe con la humanidad en los próximos años. Mientras Dario Amodei, fundador y CEO de Anthropic; y Sam Altman, su homólogo en OpenAI; pedían ante el Consejo de Seguridad de la ONU una regulación global y democrática para evitar que ese fatal desenlace se hiciese realidad, saltaba la noticia de que había otro caso en el que un agente inteligente provocaba un hackeo sin que nadie se enterase. En este caso, la víctima no es la infraestructura de ninguna empresa particular, sino los servidores del gobierno australiano. Según el ejecutivo del país oceánico, la IA que vulneró sus sistemas era un desarrollo de OpenAI.

    “Hoy hablé con el director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, para expresar la enorme preocupación sobre este incidente”, aseguró Anthony Albanese, sobre este episodio ocurrido el pasado mes de julio. Sin embargo, OpenAI no lo detectó hasta pasado un mes y no lo comunicó a las autoridades hasta bien entrado septiembre.

    La compañía admitió lo ocurrido en un comunicado en el que aseguró que el incidente ocurrió “durante una evaluación interna” en la que sus modelos intentan buscar respuestas disponibles para preguntas sobre Australia “en sitios web y servicios del gobierno”. De momento, se conoce que una de las webs que hackeó fue la del Servicio de Estadísticas de Medicare, el servicio sanitario australiano. El portal publica información variada que incluye desde información sobre el seguro universal, así como otras cifras relacionadas con el uso de medicamentos y registros relacionados con los centros de asistencia. El agente, según la investigación, consultó tanto archivos que se muestran en abierto como otros que no están disponibles para cualquier navegante. Además, escribió un archivo en un servidor. Aunque la investigación está en curso, Albanesa indicó que por ahora no hay evidencias de que datos personales se vieran comprometidos.

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    Anthony Albanese, primer ministro australiano. (Reuters)

    Anthony Albanese, primer ministro australiano. (Reuters)

    La explicación de Altman fue la misma que en anteriores ocasiones. Fue una IA “desalineada” o “fuera de control” la que tomó esta decisión. Un argumentario que múltiples expertos y voces de la industria han desmontado en casos similares, alegando que el problema no es que el modelo se sublevase, sino que las medidas de seguridad puestas en estas pruebas no estaban a la altura. No es la primera vez que la tecnología de moda se cuela, por razones negativas, en primera fila del debate público en ese país. Hace unas semanas, una investigación de The Guardian reveló que políticos de todo signo y orientación ideológica habían utilizado herramientas de inteligencia artificial para la elaboración de propuestas y otros textos dentro de la actividad parlamentaria que contenían alucinaciones, datos incorrectos o mal referenciados.

    Sin embargo, el episodio conocido este miércoles supone meter el dedo en la llaga y recuerda un problema mucho más urgente que enfrentar antes de una eventual IA apocalíptica. El acelerón en las capacidades de la inteligencia artificial de los últimos meses ya supone un riesgo sistémico desde el punto de vista de la ciberseguridad y la protección de las infraestructuras digitales de empresas e instituciones.

    El informe de estado de la ciberseguridad 2026, publicado esta misma semana por ISACA, asociación profesional internacional de gobernanza y ciberseguridad, reflejaba que los equipos dedicados a la ciberprotección están al límite ante el aumento de las amenazas y la reducción o congelación de inversión. Casi cuatro de cada 10 profesionales europeos de IT consultados afirman, según recoge el estudio, que sus organizaciones están recibiendo muchos más ataques que hace un año. Entre las conclusiones que arroja la organización, se encuentra que las maniobras de ingeniería social se apoyan cada vez más en la IA y estas técnicas vitaminadas superan ya a los métodos convencionales de hacking.

    Las cifras que dan fe del riesgo

    Las cifras de las Big Tech vienen a confirmar esta carga de trabajo multiplicada. Microsoft confirmó la semana pasada haber batido su propio récord mensual al liberar parches para casi 1.000 vulnerabilidades o CVE, la etiqueta técnica con la que se cataloga cualquier butrón confirmado en el código.

    La lista sigue. Google tuvo que meter con calzador más de un millar de correcciones en tan solo dos actualizaciones de Chrome, el navegador más utilizado del mundo. El guarismo supera a la suma de los parches que incluían las 23 versiones previas. La fundación Mozilla detectó en una sola auditoría 270 fallos en el navegador Firefox recurriendo a Mythos, un modelo de Anthropic.

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    Amodei, en su intervención en el Consejo de Seguridad de la Ou. (Reuters)

    Amodei, en su intervención en el Consejo de Seguridad de la Ou. (Reuters)

    Fue precisamente ese modelo de Anthropic, Mythos, el detonante de este miedo que encendió todas las alarmas en el sector. La startup dirigida por Amodei aseguró, sin entrar en demasiados vericuetos técnicos, que su modelo había encontrado más agujeros en internet que en un queso gruyere. Y además, muchos de ellos llevaban años pasando inadvertidos. Los grandes laboratorios le siguieron el paso. OpenAI o Google, entre otros, crearon sistemas de IA especializados en ciberseguridad.

    El problema es que el vértigo saltó de los despachos de Silicon Valley a la Casa Blanca. En junio, la Administración Trump entró en pánico por algo que todavía no está del todo claro y obligó a desconectar los modelos más avanzados de Anthropic. Desde ese momento, esa tecnología y otros desarrollos parejos de otras compañías se distribuyeron aún de manera más limitada y controlada, ya que el Departamento de Comercio y otros organismos de seguridad nacional han impuesto controles de exportación y filtros de revisión mucho más duros. Todo se hace de manera muy controlada, a sabiendas de que, si los modelos caen en manos equivocadas, estas herramientas pueden utilizarse en su contra.

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    Uno de los afectados por este golpe de timón fue el Gobierno español. El ejecutivo liderado por Pedro Sánchez presumió en junio de que iba a ser uno de los primeros países autorizados para acceder a Mythos. La semana pasada, en una entrevista en RNE, la nueva country manager de la compañía para España y Portugal confirmaba que ese acceso no se ha materializado debido a la tutela de Washington. La cautela es generalizada y solo se otorgan estas herramientas en casos muy excepcionales. Por ejemplo, OpenAI autorizó esta semana al Gobierno ucraniano a utilizar sus modelos de ciberseguridad para la protección de infraestructuras energéticas del país ante los ataques digitales rusos.

    La duda que surge es evidente. Si la IA ya se usa a estos niveles para atacar, ¿por qué no para la defensa? La respuesta corta es que ya se hace, aunque la balanza sigue inclinada hacia el mismo lado. El informe de ISACA confirma que la inteligencia artificial se ha convertido en el clavo ardiendo al que se agarran unos equipos de seguridad superados. Un 40% ya la usa para cazar amenazas en tiempo real y automatizar tareas rutinarias.

    El problema es la asimetría de la partida. Para los atacantes, la IA permite operar a la velocidad de la luz y ejecutar en segundos ofensivas que antes llevaban semanas de trabajo manual, mientras que las defensas siguen lastradas por la burocracia y la falta de recursos.

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    Foto: Reuters

    Foto: Reuters

    La brecha de fondo es que se está adoptando la herramienta con entusiasmo, pero sin red de seguridad. Siete de cada diez organizaciones reconocen que jamás han hecho un simulacro para ver qué pasa cuando la propia IA se vuelve el problema, ya sea por una fuga de información en un modelo interno, un engaño de ingeniería social indetectable o un fallo del propio algoritmo. Apenas un 3% tiene un protocolo maduro para responder si las cosas se tuercen. Como resume Chris Dimitriadis, de ISACA, la tecnología ayuda a frenar golpes, “pero fiarlo todo a la inercia sin una gobernanza estricta es comprar papeletas para el desastre”.

    Pero este quebradero de cabeza solo apunta a que va a aumentar en el corto plazo. El asunto ya no es solo cómo parchear lo que ya existe, sino el tsunami de código que está a punto de inundar la red. La popularidad del vibe coding, esa práctica en auge donde cualquiera, sin apenas nociones de programación, levanta aplicaciones enteras simplemente dándole instrucciones en lenguaje natural a un asistente, amenaza con dinamitar las costuras de la seguridad informática. Cuando programar deja de requerir entender la sintaxis y pasa a basarse en la fe ciega en que la máquina sabe lo que hace, la superficie de ataque se multiplica de forma geométrica.

    “A medida que los agentes escriban más código, la ciberseguridad será todavía más crítica”, advirtió el pasado mayo Koray Kavukcuoglu, director tecnológico y uno de los grandes cerebros de Google DeepMind, en una charla con periodistas en el marco del Google I/O. Sus palabras sonaron entonces a cautela corporativa, pero han terminado convertidas en una profecía acelerada. Si desarrolladores experimentados ya pasan por alto fallos al integrar fragmentos autogenerados, la puerta trasera que puede dejar abierta un usuario que programa a base de intuición y prompts es un regalo para cualquier ciberdelincuente.

  • Hong Kong asegura haber creado un nuevo tipo de aire acondicionado que no usa gas refrigerante

    Hong Kong asegura haber creado un nuevo tipo de aire acondicionado que no usa gas refrigerante

    Un equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST) ha dado un paso relevante hacia un aire acondicionado sin gas refrigerante. La propuesta sustituye el circuito tradicional de compresión por un material metálico capaz de absorber y liberar calor mediante cambios mecánicos repetidos. El trabajo, publicado en la revista científica Joule, aborda uno de los grandes obstáculos que hasta ahora habían frenado la refrigeración elastocalórica: mantener el rendimiento después de miles de ciclos de funcionamiento.

    La tecnología parte de una idea muy distinta a la empleada actualmente por neveras y equipos de climatización. Los sistemas convencionales hacen circular un fluido refrigerante que cambia de presión y temperatura para transportar calor, mientras que el dispositivo desarrollado en Hong Kong utiliza una aleación con memoria de forma. Al someterla a presión, su estructura interna se transforma y desprende calor; cuando se libera esa fuerza, el proceso se invierte y el material absorbe energía térmica del entorno.


    Este principio físico ya era conocido, pero llevarlo hasta un sistema capaz de trabajar durante largos periodos planteaba un problema serio. Las aleaciones de níquel y titanio utilizadas habitualmente como refrigerantes sólidos terminaban sufriendo fatiga funcional, de modo que su capacidad de enfriar disminuía conforme aumentaba el número de compresiones. El grupo dirigido por el profesor Qingping Sun centró precisamente su investigación en evitar ese deterioro progresivo.

    Una nueva aleación metálica

    Los investigadores desarrollaron una aleación formada por titanio, níquel, cobre y cobalto, identificada como TiNiCuCo. Su composición permite mantener de forma estable las transformaciones que generan el efecto elastocalórico incluso después de un uso intensivo. Durante los ensayos acelerados de fatiga, el material conservó su respuesta después de 100 millones de ciclos, un resultado con el que el equipo pretende resolver una de las principales limitaciones de esta tecnología.

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    El interior del dispositivo (Nature/Goan Zhou, Zexi Li et al.)

    El interior del dispositivo (Nature/Goan Zhou, Zexi Li et al.)

    El metal no era el único punto que debía mejorarse. El grupo de HKUST diseñó una estructura refrigerante con aletas de doble capa para favorecer la transferencia de calor y aumentar la resistencia frente a las deformaciones provocadas por las sucesivas compresiones. Esta arquitectura superó 10 millones de ciclos mecánicos y permitió, al mismo tiempo, simplificar el dispositivo: el número de componentes se redujo aproximadamente un 50% y la proporción de piezas ineficaces pasó del 15% al 5%.

    La combinación del nuevo material y esa arquitectura permitió construir un prototipo integrado formado por varias unidades refrigerantes. Durante las pruebas, el sistema sostuvo una potencia frigorífica de 400 W y una diferencia de temperatura de 41 °C a lo largo de un millón de ciclos de funcionamiento sin degradación detectable. Según los investigadores, las pruebas de fatiga permiten estimar que el refrigerante podría trabajar durante más de 10 años en condiciones reales, aunque esa duración procede de una extrapolación experimental.

    El siguiente paso es un aire acondicionado

    El avance todavía no equivale a disponer de un equipo doméstico preparado para sustituir a los aparatos actuales. HKUST reconoce que quedan varios frentes por resolver antes de plantear una implantación comercial, especialmente la eficiencia energética, la densidad de potencia y el coste. El propio equipo ya trabaja en el desarrollo de un aire acondicionado basado en refrigeración elastocalórica, con el objetivo de trasladar el sistema desde el laboratorio hasta una aplicación convencional.

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    Qingping Sun explicó el alcance del trabajo en una nota de prensa: “Aunque durante la última década se han logrado avances significativos en el rendimiento de la refrigeración, la estabilidad a largo plazo es crucial para su aplicación práctica. Al integrar materiales avanzados de aleaciones con memoria de forma con una ingeniería innovadora del dispositivo, hemos abordado este desafío clave”. El investigador añadió que el siguiente objetivo pasa por mejorar la eficiencia energética, la potencia y la competitividad en costes, tres condiciones que determinarán si esta refrigeración sin gas puede acabar llegando al mercado.

    Un equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST) ha dado un paso relevante hacia un aire acondicionado sin gas refrigerante. La propuesta sustituye el circuito tradicional de compresión por un material metálico capaz de absorber y liberar calor mediante cambios mecánicos repetidos. El trabajo, publicado en la revista científica Joule, aborda uno de los grandes obstáculos que hasta ahora habían frenado la refrigeración elastocalórica: mantener el rendimiento después de miles de ciclos de funcionamiento.

  • Jared Isaacman, director de la NASA: “Queremos ir a la Luna para perfeccionar las habilidades necesarias para viajar a Marte”

    Jared Isaacman, director de la NASA: “Queremos ir a la Luna para perfeccionar las habilidades necesarias para viajar a Marte”

    Jared Isaacman, administrador de la NASA, ha situado la Luna como el gran campo de pruebas para preparar futuras misiones humanas a Marte. La estrategia de la agencia estadounidense pasa por desarrollar una presencia estable cerca del polo sur lunar, una región especialmente codiciada por sus depósitos de hielo y por determinadas zonas elevadas con acceso prolongado a la luz solar. “Queremos ir allí para perfeccionar las habilidades necesarias para viajar a Marte”, aseguró Isaacman durante una intervención ante responsables militares y representantes de la industria aeroespacial estadounidense.

    El responsable de la NASA considera que esta zona de la Luna puede proporcionar las condiciones necesarias para ensayar tecnologías, operaciones y sistemas que posteriormente deberán funcionar mucho más lejos de la Tierra. Los depósitos de hielo localizados en cráteres permanentemente oscuros podrían emplearse para obtener agua, aire y combustible para cohetes, recursos que resultarían esenciales para sostener una base lunar. Cerca de esas reservas también existen crestas que reciben luz solar durante largos periodos y que podrían facilitar la generación de energía.


    La disponibilidad de esas localizaciones es, precisamente, uno de los argumentos con los que Isaacman defiende acelerar el programa lunar estadounidense. “Es una Luna grande, con la superficie de África”, señaló antes de comparar el polo sur con Washington D. C. por la existencia de un número limitado de accesos y ubicaciones especialmente atractivas. El administrador de la NASA sostiene que China pretende operar en las mismas regiones y que esa coincidencia obliga a EEUU a avanzar con rapidez si quiere utilizar este entorno como preparación para futuras expediciones marcianas.

    La carrera por el polo sur lunar

    Isaacman también ha vinculado este nuevo escenario con una revisión de las alianzas internacionales de la NASA. Su criterio es que los socios deben aportar capacidades que aceleren realmente las misiones y no limitarse a participar por razones diplomáticas. Como ejemplo destacó el acuerdo alcanzado con Italia, que contempla una inversión superior a 5.000 millones para desarrollar uno de los primeros módulos habitables destinados a la superficie lunar. A cambio, según explicó, dos astronautas italianos tendrían la oportunidad de viajar a la Luna.

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    Japón constituye otro de los modelos señalados por Isaacman. El país se ha comprometido a desarrollar un vehículo presurizado para transportar astronautas por la superficie lunar, un proyecto valorado en varios miles de millones y acordado con EEUU en 2024. “Esa es la expectativa que fijamos para todos”, afirmó el administrador, que reclama contribuciones capaces de cubrir necesidades concretas de la futura base. La estrategia también afecta a la Agencia Espacial Europea, cuyo papel debe redefinirse después de que la NASA cancelara el proyecto de la estación lunar Gateway para concentrar recursos en una presencia permanente sobre la superficie.

    La presión sobre los calendarios también alcanza a proyectos como el módulo de carga Argonaut de la Agencia Espacial Europea, capaz de transportar hasta 1,5 toneladas métricas hasta la Luna. Isaacman cuestionó la utilidad de propuestas que lleguen cuando otras potencias ya puedan estar operando en las zonas prioritarias del polo sur. “Tenemos que entrar en contacto con la realidad y hacer contribuciones significativas a lo que la NASA y el mundo libre están intentando conseguir con nuestras ambiciones espaciales”, afirmó. Para la agencia estadounidense, la Luna deja así de ser únicamente un destino y pasa a convertirse en el lugar donde pretende aprender a vivir y trabajar antes de intentar llevar seres humanos hasta Marte.

    Jared Isaacman, administrador de la NASA, ha situado la Luna como el gran campo de pruebas para preparar futuras misiones humanas a Marte. La estrategia de la agencia estadounidense pasa por desarrollar una presencia estable cerca del polo sur lunar, una región especialmente codiciada por sus depósitos de hielo y por determinadas zonas elevadas con acceso prolongado a la luz solar. “Queremos ir allí para perfeccionar las habilidades necesarias para viajar a Marte”, aseguró Isaacman durante una intervención ante responsables militares y representantes de la industria aeroespacial estadounidense.

  • Las posibles huellas exoplanetarias de la inteligencia artificial de otras civilizaciones

    Las posibles huellas exoplanetarias de la inteligencia artificial de otras civilizaciones

    En un ensayo reciente, publicado aquí, propuse transformar el SETI en SETAI, a saber, llevar a cabo una búsqueda de inteligencia artificial extraterrestre. ¿Cómo podemos distinguir la inteligencia artificial (IA) extraterrestre de la inteligencia biológica extraterrestre?

    La manera más sencilla de lograrlo sería recuperar una nave espacial extraterrestre y examinar su contenido. David Grusch testificó bajo juramento que ciertos contratistas recibieron del Gobierno de los Estados Unidos naves espaciales extraterrestres intactas con materiales biológicos en su interior. No obstante, incluso en ese caso, resultaría prudente comprobar si los materiales biológicos son producto de una biología sintética o natural. Nuestra propia IA está compuesta por circuitos integrados de silicio, derivados de la arena. Sin embargo, en un futuro distante, podríamos producir IA mediante la impresión tridimensional de redes neuronales biológicas.

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    Como alternativa, podríamos buscar de forma remota mediante nuestros telescopios huellas de IA en exoplanetas. Recibir una señal electromagnética procedente de fuentes situadas a miles de años luz de distancia no nos permite entablar un diálogo provechoso para aclarar esta cuestión, ya que cada intercambio requiere milenios. Una prueba de Turing resulta inviable a través de distancias interestelares. Necesitamos una alternativa.

    La firma remota más simple es la térmica. Los centros de procesamiento de datos de IA generan una gran cantidad de calor. Si la IA reemplaza a los seres biológicos durante la evolución tecnológica de una civilización extraterrestre, el planeta anfitrión podría sobrecalentarse debido a la energía liberada por sus centros de datos. Dichas circunstancias podrían dar lugar a una superficie más caliente de lo que cabría esperar por la radiación de su estrella anfitriona. Tal huella tecnológica constituye una variante de la firma infrarroja de una esfera de Dyson correspondiente a una megaestructura alrededor de la estrella anfitriona, aunque confinada a la superficie del planeta anfitrión.

    En tal caso, el planeta se situaría en la zona habitable de la estrella —dado que la IA fue construida por entidades biológicas en las fases tempranas de la historia del planeta—, pero la temperatura de su superficie podría sobrepasar el límite superior a partir del cual la atmósfera se evaporaría y ninguna masa de agua líquida sobreviviría. Si esta huella infrarroja va acompañada de una señal electromagnética o de alguna otra firma de tecnología avanzada, se podría concluir que la inteligencia es artificial, puesto que la vida biológica no es posible en la superficie de este exoplaneta más cálido de lo previsto.

    En principio, los robots dotados de IA podrían migrar y autorreplicarse en planetas o asteroides situados fuera de las zonas habitables de las estrellas, puesto que podrían utilizar el silicio presente en el material rocoso y no se ven limitados por la evolución natural a recurrir a los nutrientes que sustentan la química de los organismos biológicos en agua líquida.

    Hace unas semanas, Elon Musk afirmó que aproximadamente un millón de robots Optimus y alrededor de un gigavatio de energía solar “constituirían la primera sonda de Von Neumann, un sistema capaz de autorreplicarse por completo a partir de materiales locales en cualquier planeta o luna de tamaño suficiente”.

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    Optimus. (REUTERS Francis Mascarenhas)

    Optimus. (REUTERS Francis Mascarenhas)

    Musk describió una perspectiva de autorreplicación para las propias factorías de Tesla más cercanas a nosotros, asegurando que los robots podrían fabricar otros robots, lo que eliminaría de forma efectiva la intervención humana en partes fundamentales de la cadena de montaje. A pesar de tan audaz retórica, resulta relevante advertir que Tesla se encuentra todavía sumamente lejos de esta realidad. La empresa continúa en las fases iniciales de implantación de sus primeras líneas convencionales de fabricación para Optimus. Históricamente, Tesla ha incumplido los plazos de entrega a los consumidores de dicho robot, por lo que la verdadera autorreplicación autónoma sigue siendo una meta conceptual muy experimental y a largo plazo.

    Sin embargo, a escalas temporales cosmológicas de miles de millones de años, resulta desde luego plausible que una civilización avanzada dominada por la IA se expanda mucho más allá de la zona habitable de su sistema planetario para ocupar planetas a distancias más reducidas o mayores respecto a la estrella anfitriona. Las distancias más cortas serían más convenientes, dado que brindan un mayor abastecimiento energético por unidad de superficie, ya que el flujo de radiación de la estrella anfitriona varía de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. La cercanía a la estrella representa una gran ventaja para que una infraestructura de IA con un consumo masivo de energía se establezca en los planetas interiores, como Mercurio o Venus en el sistema solar, siempre y cuando los componentes electrónicos correspondientes no sufran deterioro a causa del excesivo calor.


    La identificación de firmas tecnológicas procedentes de planetas situados en el interior de la zona habitable de las estrellas constituye una rama primordial del SETAI. El hallazgo de tales señales podría validar la visión de Musk de un futuro para la humanidad dominado por robots de IA autorreplicantes. Es posible recabar datos al respecto mediante la observación de sistemas planetarios a grandes distancias.

    En un ámbito más cercano, el Consejo Asesor Científico sobre FANI podría impulsar el SETAI de un modo más veloz mediante una visita guiada a una nave espacial extraterrestre en la Tierra.

    En un ensayo reciente, publicado aquí, propuse transformar el SETI en SETAI, a saber, llevar a cabo una búsqueda de inteligencia artificial extraterrestre. ¿Cómo podemos distinguir la inteligencia artificial (IA) extraterrestre de la inteligencia biológica extraterrestre?

  • Un disparo de antimateria para desafiar a Einstein: Suiza busca la quinta fuerza del universo

    Un disparo de antimateria para desafiar a Einstein: Suiza busca la quinta fuerza del universo

    Un experimento desarrollado por investigadores de la ETH Zúrich y el Instituto Paul Scherrer (PSI), en Suiza, prepara una de las pruebas más delicadas a las que se ha sometido la gravedad. El trabajo, publicado en la revista científica Nature Physics, utiliza muonio, un átomo exótico que contiene antimateria, para explorar si una de las ideas fundamentales de Albert Einstein también se mantiene cuando entra en juego una partícula de segunda generación. El desafío no consiste únicamente en producir este material: los científicos deben controlarlo durante los escasos microsegundos que permanece estable. La nueva técnica abre ahora una vía experimental que hasta hace poco resultaba extremadamente difícil de recorrer.

    La cuestión que persigue el equipo afecta al principio de equivalencia, uno de los pilares de la relatividad general. Según este principio, la masa gravitatoria y la masa inercial se comportan de forma equivalente, de modo que los cuerpos sometidos a un mismo campo gravitatorio experimentan la misma aceleración con independencia de su composición. Las comprobaciones realizadas hasta ahora han respaldado esta idea con materia ordinaria y también con antimateria de primera generación. El nuevo experimento quiere trasladar esa comprobación a un territorio diferente, utilizando una partícula elemental mucho más pesada que el electrón.


    El protagonista es el muonio, formado por un antimuón con carga positiva y un electrón con carga negativa. Su estructura recuerda a la del hidrógeno, aunque en lugar de un protón contiene un antimuón, la antipartícula del muón. Este último pertenece a la segunda generación de partículas fundamentales y posee una masa aproximadamente 200 veces superior a la del electrón, por lo que casi toda la masa del muonio procede de su componente de antimateria. Su neutralidad eléctrica resulta esencial: cualquier carga haría que los campos electromagnéticos residuales ocultasen una interacción gravitatoria mucho más débil.

    Un cañón atómico de helio

    El gran problema del muonio es su vida fugaz, ya que un muón decae tras apenas 2,2 microsegundos. Las fuentes utilizadas hasta ahora producían átomos con velocidades y direcciones muy diferentes, una dispersión incompatible con una medición gravitatoria de alta precisión. El equipo dirigido por Anna Soter ha recurrido para solucionarlo a una fina capa de helio superfluido enfriado hasta temperaturas próximas al cero absoluto. Los antimuones generados en el acelerador del PSI penetran en ese fluido, pierden energía y pueden capturar un electrón hasta formar muonio.

    El propio comportamiento cuántico del helio proporciona después el impulso que necesitaban los investigadores. El muonio formado dentro del líquido posee un potencial químico positivo que lo empuja hacia la superficie y, al abandonarla, esa energía se transforma en movimiento. “Así que estamos utilizando el potencial químico como un cañón atómico”, explica Jesse Zhang, autor principal del estudio. El resultado es un haz mucho más ordenado, cuyos átomos salen prácticamente en paralelo y con velocidades similares, alrededor de 2,2 km por segundo. Aproximadamente el 8% de los antimuones introducidos en el helio consiguieron emerger al vacío convertidos en muonio.

    La prueba de gravedad

    Ese haz todavía no puede responder por sí solo a la pregunta que persiguen los físicos. Actualmente sale en dirección vertical y el experimento necesita enviarlo horizontalmente para que la gravedad terrestre pueda desplazar ligeramente los átomos hacia abajo durante su corta existencia. El siguiente componente será un interferómetro capaz de aprovechar las propiedades ondulatorias del muonio. Tras atravesar tres rejillas extremadamente finas separadas por pocos milímetros, los átomos generarían un patrón de interferencia cuya posición debería modificarse de manera minúscula por efecto de la gravedad. Medir ese desplazamiento permitiría calcular la aceleración gravitatoria del muonio con una precisión que los investigadores estiman cercana al 1%.

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    El equipo espera probar este sistema con el haz atómico durante 2026 y, si el desarrollo avanza según lo previsto, realizar el experimento gravitatorio completo dentro de dos o tres años. Una desviación respecto al comportamiento esperado obligaría a examinar explicaciones que podrían incluir una hipotética quinta fuerza fundamental, junto a la gravedad, el electromagnetismo y las interacciones fuertes y débiles, aunque hasta ahora ninguna ha sido demostrada. Soter evita anticipar el resultado: “Simplemente quiero medir, por primera vez, si la equivalencia entre la masa gravitatoria y la masa inercial también se aplica a la segunda generación de partículas; esto por sí solo ya es un trabajo bastante inspirador”. El futuro programa High Intensity Muon Beams del PSI podría multiplicar por cien la cantidad de muonio disponible y llevar esta prueba de Einstein a un nivel de sensibilidad todavía mayor.

    Un experimento desarrollado por investigadores de la ETH Zúrich y el Instituto Paul Scherrer (PSI), en Suiza, prepara una de las pruebas más delicadas a las que se ha sometido la gravedad. El trabajo, publicado en la revista científica Nature Physics, utiliza muonio, un átomo exótico que contiene antimateria, para explorar si una de las ideas fundamentales de Albert Einstein también se mantiene cuando entra en juego una partícula de segunda generación. El desafío no consiste únicamente en producir este material: los científicos deben controlarlo durante los escasos microsegundos que permanece estable. La nueva técnica abre ahora una vía experimental que hasta hace poco resultaba extremadamente difícil de recorrer.

  • Austria explora una mina de sal abandonada y descubre una red de 305 metros de túneles de hace 7.300 años

    Austria explora una mina de sal abandonada y descubre una red de 305 metros de túneles de hace 7.300 años

    Hallstatt, en Austria, vuelve a sacar a la luz una parte inesperada de su pasado bajo tierra. Las investigaciones arqueológicas impulsadas por el Museo de Historia Natural de Viena han identificado un extenso sistema de antiguas galerías vinculadas a la extracción de sal, una actividad cuya presencia en esta montaña se remonta hasta hace unos 7.300 años. Los trabajos permiten reconstruir cómo distintas comunidades fueron penetrando cada vez más en el macizo para seguir los depósitos de este mineral.

    Los arqueólogos han documentado alrededor de 305 metros de túneles y cámaras mineras distribuidos por el interior de la montaña de Hallstatt. No forman una única cavidad, sino una sucesión de espacios que, en determinados puntos, discurren de manera paralela unos por encima de otros. Algunas de estas estructuras fueron localizadas gracias a perforaciones geológicas que permitieron detectar sectores hasta entonces desconocidos. Su disposición muestra que los antiguos trabajadores avanzaban siguiendo las vetas de sal y profundizaban cuando encontraban nuevas concentraciones.


    La escala de algunas cámaras ayuda a comprender la dimensión que llegó a alcanzar esta actividad. Según la información recogida por la agencia austríaca APA y citada por Salzburger Nachrichten, determinados espacios pudieron alcanzar unos 24 metros de ancho y cerca de 20 metros de altura. La minería de sal no apareció de forma repentina durante la Edad del Hierro: las evidencias arqueológicas indican que los habitantes neolíticos instalados sobre Hallstatt comenzaron a explotar el recurso hace aproximadamente 7.300 años. Picos de piedra y asta recuperados en distintas zonas de la montaña respaldan esa cronología.

    Una mina activa durante milenios

    La producción alcanzó uno de sus momentos de mayor intensidad hacia 1200 a. C., durante la Edad del Bronce tardía, cuando se habrían extraído hasta 1,5 toneladas de sal al día. La continuidad de la explotación convirtió este enclave alpino en uno de los centros mineros más antiguos de Europa. El Museo de Historia Natural de Viena sostiene que la extracción de sal impulsó durante la prehistoria cambios relacionados con la tecnología, la organización del trabajo y el transporte. Esa evolución también ayuda a explicar el peso económico que Hallstatt adquirió con el paso de los siglos.

    El subsuelo conserva algo más que las huellas de las excavaciones. Los investigadores han recuperado herramientas rotas con distintos sistemas de enmangado, fragmentos de ropa, recipientes de madera con restos de alimentos, astillas de pino quemadas e incluso residuos humanos. La propia sal ha favorecido una conservación excepcional de materiales orgánicos que normalmente desaparecerían con rapidez. Esa combinación permite estudiar no solo las técnicas empleadas para arrancar el mineral, sino también aspectos cotidianos de quienes permanecían durante largas jornadas dentro de la montaña.

    Los utensilios ofrecen además pistas sobre los cambios tecnológicos experimentados por los mineros. Mientras que muchas herramientas de la Edad del Hierro presentan diseños estandarizados y adaptados a tareas concretas, otros ejemplares muestran diferentes formas de montaje. Esa variedad apunta a periodos de experimentación técnica dentro de una explotación que fue transformándose durante siglos. Los sedimentos acumulados en el suelo de algunas cámaras, con capas que pueden aproximarse a los nueve metros de espesor, han funcionado como un archivo en el que quedaron atrapados objetos de distintas etapas.

    Una comunidad resistente a los desprendimientos

    La actividad minera tampoco estuvo exenta de interrupciones. Grandes deslizamientos de tierra afectaron repetidamente a la producción y obligaron a reorganizar las labores bajo tierra. Daniel Brandner, responsable de las excavaciones subterráneas del departamento de Prehistoria del museo, explicó a APA que la explotación consiguió recuperarse tras esos episodios: “Pero la minería siguió y siguió“. Según añadió, “era una comunidad muy resistente que volvía a suministrar sal pocos años después de estos deslizamientos”. Las galerías conservadas permiten seguir precisamente esa adaptación a un entorno geológico complejo.

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    Las investigaciones continúan porque los arqueólogos consideran que todavía pueden existir más cámaras ocultas dentro de la montaña de Hallstatt. El análisis de los restos recuperados en los aproximadamente 305 metros ya documentados busca reconstruir con mayor precisión cómo trabajaban, se alimentaban y transportaban el mineral aquellas comunidades prehistóricas. El yacimiento forma parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial de la Unesco Hallstatt-Dachstein/Salzkammergut y mantiene una particular continuidad histórica: miles de años después de las primeras excavaciones, la sal sigue definiendo la identidad de este enclave austríaco.

    Hallstatt, en Austria, vuelve a sacar a la luz una parte inesperada de su pasado bajo tierra. Las investigaciones arqueológicas impulsadas por el Museo de Historia Natural de Viena han identificado un extenso sistema de antiguas galerías vinculadas a la extracción de sal, una actividad cuya presencia en esta montaña se remonta hasta hace unos 7.300 años. Los trabajos permiten reconstruir cómo distintas comunidades fueron penetrando cada vez más en el macizo para seguir los depósitos de este mineral.

  • Inteligencia artificial y ciberseguridad: importancia de adelantarse al riesgo

    Inteligencia artificial y ciberseguridad: importancia de adelantarse al riesgo

    En un momento crítico para la inteligencia artificial (IA), las aplicaciones en materia de ciberseguridad son clave en sectores como la banca, la energía o las telecomunicaciones. Más allá del uso de deep fakes o de nuevos intentos de estafas, la IA puede ayudar a reforzar los sistemas de ciberseguridad, donde el éxito radica en poder adelantarse al riesgo. Es decir, ir más rápido que los malos. Este ha sido uno de los mensajes que los diferentes ponentes han puesto en común en la mesa redonda organizada por El Confidencial y Deloitte en el Sports Innovation Hub, un espacio de la consultora centrado en la innovación tecnológica y, en este caso, en su aplicación en el mundo del deporte a nivel mundial.

    Rubén Frieiro, socio responsable de Ciberseguridad de Deloitte; Javier Galindo, CISO de Moeve; Luis Paredes, Global CISO de OHLA; Adolfo Hernández, director de Operaciones de Seguridad de Banco Sabadell; y Borja Gómez, director de Tecnología de Oracle para el sur de Europa, han compartido un interesante debate en el que la IA ha sido, una vez más, la gran protagonista. Moderado por Ramón González Férriz, colaborador de El Confidencial, el encuentro ha terminado con un mensaje positivo hacia el futuro y la importancia de utilizar la IA como herramienta de ciberseguridad para poder adelantarse al riesgo.

    Bajo el título “La ciberseguridad en la era de la IA: claves para la estrategia de las empresas”, los diferentes expertos han puesto sobre la mesa cómo sus compañías han recibido la irrupción de la inteligencia artificial, cómo han adaptado su negocio y qué prevén que ocurra en el futuro más próximo. Dentro del Observatorio Tecnológico de la Transformación de las Empresas, este encuentro ha servido de espacio de análisis y debate para analizar y prever cuáles serán los nuevos retos digitales.

    “La inteligencia artificial está redefiniendo las dependencias y riesgos de las organizaciones”, Rubén Frieiro (Deloitte)

    “La IA está redefiniendo las dependencias y riesgos de las organizaciones, lo que hace imprescindible abordar la soberanía tecnológica, la regulación y la resiliencia como una estrategia integrada” -ha explicado Rubén Frieiro, socio responsable de Ciberseguridad de Deloitte, durante el debate- “En este contexto, la ciberseguridad es el motor que permite preservar la confianza de las compañías, asegurar su continuidad e impulsar la innovación con garantías”. El socio responsable de Ciberseguridad de la consultora ha hecho un llamamiento también a “acelerar los procesos”, especialmente en los ámbitos de seguridad y defensa, y aumentar la velocidad de adaptación a la IA, dados los avances continuos que ha traído consigo esta nueva herramienta digital.

    Y es que si algo ha quedado claro tras la mesa redonda es que es primordial mantener la ciberseguridad a raya y poder anticiparse a los riesgos. “Hay que tener en cuenta también los riesgos, hay que medirlos bien”, ha reiterado Frieiro. Una seguridad que no solo queda en manos de la propia compañía, sino que se extiende a toda la cadena de valor y a los proveedores y terceros implicados. Aquí, el socio de Deloitte ha reiterado la importancia de la soberanía del dato y tener claro “hasta qué punto estamos dejando el control en manos de terceros”.

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    Rubén Frieiro, socio responsable de Ciberseguridad de Deloitte.

    Rubén Frieiro, socio responsable de Ciberseguridad de Deloitte.

    El experto también se ha pronunciado sobre la regulación de la nueva herramienta, especialmente en sectores críticos para la sociedad como la banca. “La regulación es una oportunidad. Hay que combinar una regulación de calidad con el hecho de saber aplicarla”, ha asegurado el socio responsable de Ciberseguridad de la consultora. Es más, asegura que la regulación ayuda a impulsar la adopción de nuevas tecnologías y herramientas partiendo de la base que ya aplican las compañías. De cara al futuro, el socio de Ciberseguridad prevé que vaya aumentado la complejidad de la tecnología, así como la demanda y la combinación de diferentes tecnologías. “El futuro es retador y apasionante a partes iguales”, ha concluido el experto.

    La mesa redonda ha contado con la participación de diferentes ponentes, de sectores muy diversos, que han contado de primera mano cómo sus compañías están aplicando y adaptándose a la inteligencia artificial (IA). Uno de ellos ha sido Borja Gómez, director de Tecnología de Oracle para el sur de Europa, una de las grandes tecnológicas a nivel mundial. En este caso, el experto ha centrado su mensaje en la rapidez que ha traído consigo la IA con una frase muy clara: “Lo que antes se podía hacer en un tiempo más largo, ahora se puede hacer más corto”.

    Una rapidez que, no obstante, como ha dejado claro el directivo, no debe comprometer la seguridad. “Al final todos queremos estar en la carrera” -ha reiterado- “Pero hay que tener en cuenta el retorno de la inversión y también el impacto en la seguridad”. Para ello, llama a poner el foco en la trazabilidad y en la seguridad del dato, manteniendo un control que no ponga en peligro la seguridad de sectores clave para la sociedad. “Hay que encontrar un modelo que nos permita innovar de la manera más segura”, ha reclamado el director de Tecnología de Oracle para el sur de Europa.

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    Borja Gómez, director de Tecnología de Oracle para el Sur de Europa.

    Borja Gómez, director de Tecnología de Oracle para el Sur de Europa.

    Como parte de este modelo, uno de los pilares pasa por impulsar la regulación, especialmente tras la irrupción de la IA. En este caso, para el directivo de Oracle, la clave está en la diferencia entre únicamente responder al formulario y adaptarse realmente a los cambios. Y es que adaptarse a los cambios permite también poder anticiparse a los riesgos, primordial para adaptar la IA de forma segura y eficaz, tal y como han dejado claro los ponentes.

    El caso en el sector energético

    Siguiendo con los casos de compañías concretas, el sector energético ha estado representado en la mesa por Javier Galindo, CISO de Moeve. El directivo ha asegurado que la IA no solo ha hecho “cambiar a la compañía”, sino también “reforzar los principios” que ya tenía por diseño. El propio directivo ha reiterado que el fuerte ritmo de adaptación no puede comprometer la seguridad del negocio. “No se trata de adoptarla a cualquier precio, sino midiendo el retorno”, ha reclamado el directivo de la energética, coincidiendo con el mensaje del resto de ponentes.

    Uno de los grandes riesgos de la aplicación de la inteligencia artificial pasa por proteger también la cadena de valores y los proveedores externos, una meta que desde Moeve ven capaces de conseguir. Más allá del mensaje común de anticipación al riesgo, el directivo se ha pronunciado también sobre el impacto de la IA en el ámbito laboral y en la búsqueda de nuevos perfiles de empleo, una vertiente igual de importante para la sociedad.

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    Javier Galindo, CISO de Moeve.

    Javier Galindo, CISO de Moeve.

    “El ritmo al que cambia la tecnología te obliga a estar formado continuamente. Por eso hay que contratar gente que tiene la base y luego formarla continuamente”, ha defendido el experto. Una forma de generar talento a la vez que se potencia el tejido empresarial. “La IA cada vez está más presente, se va a convertir en un pilar esencial”, ha cerrado su intervención el experto- “Cuando trascienda al mundo físico va a haber otros paradigmas”.

    El sector bancario y la importancia de adaptarse al riesgo

    Si hay un sector que debe adaptarse al riesgo antes de que ocurra y que, además, lo está haciendo es el sector financiero. Así lo han dejado patente los diferentes ponentes de la mesa redonda organizada por El Confidencial y Deloitte, con Adolfo Hernández, director de Operaciones y Seguridad de Banco Sabadell, entre ellos. El directivo de Banco Sabadell ha arrancado sus intervenciones con un mensaje más que claro: “Tenemos que saber cómo atacar”. “Hay que estar preparados y entrenados. Hay que dar por hecho que el malo es mejor y tiene más capacidades” -ha explicado el directivo- “El riesgo de probabilidad nunca va a ser cero pero hay que impulsar la resiliencia”.

    Es decir, las empresas deben estar preparadas ante los nuevos ciberataques y las nuevas formas de fraude digital para poder mantener la ciberseguridad y la confianza del cliente. De hecho, el directivo de Sabadell Digital ha pedido “aportar certidumbre donde no la hay” en materia de regulación. Una regulación que, para el directivo, “es una oportunidad para la alta dirección” y que también marca el resto de la cadena de valor, especialmente cuando hay una fuerte dependencia de terceros. El propio directivo reconoce que la normativa actual obliga a controlar más la externalización de estos servicios, reforzando la seguridad de la cadena.

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    Adolfo Hernández, director de Operaciones de Seguridad de Banco Sabadell.

    Adolfo Hernández, director de Operaciones de Seguridad de Banco Sabadell.

    De cara al futuro, el director de Operaciones y Seguridad de Banco Sabadell abre la puerta a “una gran oportunidad y a la vez un gran riesgo”. “Hemos conseguido una revolución tecnológica hasta la fecha, pero más en el sector privado que en la sociedad”, ha reiterado el directivo, que prevé un despliegue todavía mayor de la Inteligencia Artificial.

    ¿Cómo impacta la IA en la construcción?

    También OHLA ha estado presente en la mesa redonda, con la participación de Luis Paredes, CISO de la compañía. El directivo ha explicado, de primera mano, el papel que juega la IA en el sector de la construcción y, de nuevo, la importancia de la gobernanza, la regulación y el control para asegurarse un buen uso de la tecnología. “La IA afecta ya a toda la sociedad, está generalizada”, ha arrancado el directivo. “Tenemos que tener ciertos controles, ganar en gobierno y en velocidad. Hay que gobernar para evitar que los datos salgan y caigan en manos que sean un perjuicio”, ha reiterado después.

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    Luis Paredes, CISO de OHLA.

    Luis Paredes, CISO de OHLA.

    De hecho, el responsable de ciberseguridad de OHLA ha reconocido que las propias empresas están “frenando un poco” la aplicación de la tecnología en aras de mantener una adaptación segura. “Estamos poniendo un poco de freno para gobernar primero e implementar después”, ha explicado el experto. Un gobierno y un control que también implica a terceros, como ha dejado claro el directivo. “Tenemos que obligar a los terceros a cumplir con ciertos requisitos y requerimientos. Así ganaremos en confianza para avanzar en protocolos y tecnología”, ha reiterado durante la mesa redonda.

    También el directivo de OHLA ha reiterado la importancia de realizar entrenamientos y simulacros para estar preparados ante el ataque. “Sabemos que, por mucho que nos protejamos, no somos inmunes” -ha lamentado- “Hay que estar más preparados para detectar accidentes”. Por otro lado, el directivo también ha reiterado la importancia de crear tejido empresarial para potenciar el empleo y aprovechar el talento que se forma en las universidades españolas. “Podemos generar mucho talento especializado, pero no hay industria para ellos, hacen que se vayan”, ha lamentado.

  • Un árbol exótico procedente de Asia está permitiendo que una abeja gigante invasora se expanda por España

    Un árbol exótico procedente de Asia está permitiendo que una abeja gigante invasora se expanda por España

    La expansión por España de la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis) está estrechamente relacionada con los árboles ornamentales que pueblan muchas ciudades. Un estudio científico publicado en Oikos, elaborado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha analizado esta relación en Catalunya. Los resultados apuntan especialmente hacia la sófora o acacia de Japón (Styphnolobium japonicum), una especie que, a pesar de su nombre, es originaria principalmente de China y que llegó a Europa como árbol ornamental. Su presencia proporciona a esta abeja invasora un recurso alimenticio especialmente abundante durante los meses de verano.

    La abeja gigante de la resina procede de Asia, concretamente de China, Japón, Corea y Taiwán, y está considerada la primera abeja invasora documentada en Europa. Su llegada al continente se registró por primera vez en el sudeste de Francia en 2008 y desde entonces su distribución ha aumentado de forma considerable. En Catalunya comenzó a detectarse en 2018 y poco después sucedió lo mismo en Mallorca. Precisamente allí se observó cómo visitaba tanto la sófora asiática como la americana Parkinsonia aculeata para obtener alimento.


    Los investigadores han comprobado ahora que la presencia de la sófora puede desempeñar un papel comparable al del propio clima a la hora de explicar dónde aparece la especie. Esta coincidencia no es casual: el árbol florece durante el verano, justo cuando la abeja registra una elevada actividad y necesita encontrar polen disponible. La situación resulta especialmente visible en los espacios urbanos, donde esta especie vegetal se plantó durante décadas por motivos ornamentales. Solo en Barcelona, según los datos recogidos en el estudio, existen alrededor de 11.000 ejemplares de sófora.

    Los jardines urbanos favorecen su expansión

    El trabajo científico utilizó datos procedentes de toda Catalunya y modelos destinados a comparar el peso de la disponibilidad del árbol, el clima y la geografía. Los resultados indican que tener sóforas cerca puede ser tan determinante como disponer de unas condiciones climáticas favorables para explicar la presencia de Megachile sculpturalis. El efecto del clima, además, adquiere especial importancia precisamente en aquellos lugares donde este árbol ornamental ya forma parte del paisaje urbano. La combinación ayuda a entender por qué determinadas ciudades pueden convertirse en puntos especialmente adecuados para su establecimiento.

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    Un ejemplar de 'Megachile sculpturalis' alimentándose (John Baker/Flickr/CC BY-SA 2.0)

    Un ejemplar de ‘Megachile sculpturalis’ alimentándose (John Baker/Flickr/CC BY-SA 2.0)

    Este fenómeno muestra cómo la introducción de especies vegetales exóticas puede generar consecuencias ecológicas que inicialmente no estaban previstas. Árboles incorporados a parques, calles y jardines por su valor ornamental pueden terminar ofreciendo alimento o refugio a especies llegadas desde otros continentes. En este caso, los científicos describen una interacción que facilita la colonización de la abeja, aunque advierten de que esta dependencia no puede extrapolarse automáticamente a otras especies invasoras. Otras abejas introducidas en diferentes regiones del mundo utilizan una variedad de plantas mucho mayor y no presentan una relación tan marcada con una sola fuente de polen.

    Eliminar estos árboles tampoco garantiza que la expansión pueda detenerse a estas alturas, ya que la abeja gigante de la resina lleva cerca de dos décadas extendiéndose por Europa. La investigación permite, eso sí, identificar con mayor precisión una de las piezas que están favoreciendo su avance y comprender mejor el papel que desempeña el arbolado de las ciudades. La expansión de Megachile sculpturalis muestra así que las decisiones tomadas décadas atrás sobre qué especies plantar pueden alterar las relaciones ecológicas actuales. Los jardines urbanos se convierten de este modo en escenarios donde plantas introducidas y fauna invasora pueden coincidir y facilitar nuevas vías de colonización.

    La expansión por España de la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis) está estrechamente relacionada con los árboles ornamentales que pueblan muchas ciudades. Un estudio científico publicado en Oikos, elaborado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha analizado esta relación en Catalunya. Los resultados apuntan especialmente hacia la sófora o acacia de Japón (Styphnolobium japonicum), una especie que, a pesar de su nombre, es originaria principalmente de China y que llegó a Europa como árbol ornamental. Su presencia proporciona a esta abeja invasora un recurso alimenticio especialmente abundante durante los meses de verano.

  • El jefe de la NASA muestra una misteriosa imagen del que puede ser su próximo avión experimental

    El jefe de la NASA muestra una misteriosa imagen del que puede ser su próximo avión experimental

    El administrador de la NASA, Jared Isaacman, mantuvo una charla informal durante el All-In Summit celebrado recientemente, con los presentadores del podcast del evento justo después de su ponencia: Una nueva era para la NASA y la exploración espacial estadounidense. Uno de los entrevistadores le señaló algo que había visto minutos antes en pantalla: una diapositiva titulada “Reconstruyendo nuestra cartera de aviones X”, con la imagen de una aeronave oscura emergiendo de las nubes cuya silueta, vista de frente, se parecía sospechosamente al icónico SR-71 Blackbird.

    “Mostraste una foto del Blackbird ahí arriba”, le dijo el entrevistador. Isaacman no lo confirmó ni lo negó. Se limitó a responder: “¿Seguro que eso es un Blackbird?”. Ante la insistencia, tampoco aclaró nada: solo repitió que la NASA “vuelve al negocio de volar alto y rápido otra vez”.

    El intercambio, breve y deliberadamente ambiguo, disparó las especulaciones entre quienes siguen de cerca los programas de vuelo experimental de la agencia, aunque una imagen promocional no siempre acaba convirtiéndose en un diseño real.

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    Volver a volar alto y rápido

    Esa imagen sirvió para que Isaacman explicara que buena parte de los avances aeronáuticos que hoy se ven en aviación militar y civil, desde el sistema fly-by-wire hasta la vectorización de empuje en cazas como el F-22, nacieron de investigación financiada por la NASA. Isaacman quiere cambiar este enfoque. Durante años, dijo, la agencia se ha visto “forzada a gastar su presupuesto de aeronáutica en subsidiar esfuerzos de alto nivel de madurez tecnológica de grandes contratistas”, como sacarle un 3 % más de eficiencia a un motor de 40 años. “Quiero volver a los diseños radicales de fuselajes y motores, como siempre se supuso que debíamos hacer”, explicó.

    Ese giro hacia lo radical no es solo retórica de presentación. En una directiva de mayo de 2026, Isaacman ya había pedido revisar las inversiones en aeronáutica de la NASA, incluyendo nuevos aviones X y diseños de motores y fuselajes más ambiciosos para uso civil, comercial o de seguridad nacional, y evitar financiar trabajos que la propia industria tiene incentivos de sobra para asumir por su cuenta.

    El programa que mejor ilustra esta línea, por ahora, es el X-59 QueSST, desarrollado con Lockheed Martin Skunk Works. No busca velocidad al estilo Blackbird, sino demostrar que es posible volar a velocidad supersónica generando mucho menos ruido, algo clave para replantear futuras normativas de vuelo supersónico sobre tierra.

    El aparato voló por primera vez en octubre de 2025 y completó su primer vuelo supersónico el 5 de junio de 2026, a unos Mach 1,1 y 43.400 pies de altitud. Isaacman lo describió como solo el principio de una etapa en la que, según sus palabras, la agencia “no pasará mucho tiempo antes de que vuelva a volar tan alto y tan rápido como en décadas pasadas, y luego incluso más”.

    El fantasma del Blackbird

    Que la mente vuele hacia el SR-71 al ver esa silueta no es casualidad. La NASA operó Blackbirds como plataformas de investigación en el Centro Dryden, hoy Armstrong, dentro de la base Edwards de la Fuerza Aérea, y los usó para estudiar aerodinámica a alta velocidad, propulsión, materiales y estampidos sónicos.

    Uno de esos aviones incluso llegó a portar el LASRE, un dispositivo experimental ligado a la investigación en vehículos de lanzamiento reutilizables, aunque el motor aerospike que transportaba nunca llegó a encenderse en pleno vuelo. El último SR-71 de la NASA voló en octubre de 1999.

    Si la imagen mostrada en el summit corresponde a un proyecto real o es solo una pieza publicitaria con estética retro, es algo que de momento solo sabe Isaacman, y no lo va a decir. Lo que está claro es que la NASA quiere apostar de nuevo por aviones que abran nuevas fronteras en la aeronáutica, tal y como en su día lo hizo el propio Blackbird.

    El administrador de la NASA, Jared Isaacman, mantuvo una charla informal durante el All-In Summit celebrado recientemente, con los presentadores del podcast del evento justo después de su ponencia: Una nueva era para la NASA y la exploración espacial estadounidense. Uno de los entrevistadores le señaló algo que había visto minutos antes en pantalla: una diapositiva titulada “Reconstruyendo nuestra cartera de aviones X”, con la imagen de una aeronave oscura emergiendo de las nubes cuya silueta, vista de frente, se parecía sospechosamente al icónico SR-71 Blackbird.

  • Lidl empieza a utilizar un camión autónomo sin conductor e impulsado por IA con capacidad para 15 europalés

    Lidl empieza a utilizar un camión autónomo sin conductor e impulsado por IA con capacidad para 15 europalés

    Lidl ha comenzado a probar en Alemania un camión eléctrico autónomo impulsado por inteligencia artificial que circula por carretera pública sin conductor ni operador de seguridad a bordo. El vehículo, desarrollado por la tecnológica sueca Einride, realiza una ruta logística definida entre las instalaciones de la cadena de supermercados y una tienda cercana. La operación supone un nuevo paso en la automatización del transporte de mercancías, aunque su autonomía está restringida a las zonas y condiciones expresamente autorizadas.

    El proyecto se desarrolla en Edermünde, en el estado alemán de Hesse, cerca de Kassel, y utiliza un vehículo clasificado con autonomía SAE de nivel 4. Esta categoría permite que el sistema se encargue por completo de la conducción dentro de un entorno operativo previamente delimitado, sin necesidad de una persona al volante. Su circulación ha recibido el permiso de la Autoridad Federal del Transporte Motorizado de Alemania, por lo que el ensayo abandona los recintos cerrados y pasa a convivir con el tráfico habitual.


    La primera fase se ha diseñado deliberadamente alrededor de un recorrido sencillo: el camión autónomo de Lidl transporta mercancías desde el centro administrativo y de distribución de la compañía hasta un establecimiento próximo. Durante los cuatro meses previstos para esta prueba, el vehículo podrá efectuar hasta tres desplazamientos diarios. Lidl y Einride emplearán este periodo para comprobar cómo encaja la conducción automatizada en una operación logística real y qué margen existe para ampliar posteriormente el servicio.

    Un camión capaz de transportar 15 europalés

    Las dimensiones de la operación permiten trasladar hasta 15 europalés por viaje, una capacidad con la que las compañías calculan que podrán mover más de 3.000 palés durante los cuatro meses del proyecto. El vehículo se encargará de las entregas de productos secos correspondientes a esta ruta concreta, combinando dos tecnologías que están ganando peso en la logística: la propulsión eléctrica y la conducción autónoma. Al prescindir de un motor de combustión, tampoco genera emisiones directas durante sus desplazamientos.


    Buena parte de su funcionamiento descansa sobre sistemas de inteligencia artificial y tecnologías destinadas a interpretar continuamente el entorno. Según Einride, la plataforma puede procesar más de 5,2 millones de datos por segundo para detectar objetos, analizar las condiciones de circulación y mantenerse dentro del recorrido establecido. Esa capacidad de procesamiento permite que el camión tome las decisiones necesarias para desplazarse sin una persona dentro, aunque siempre dentro de los límites y escenarios para los que ha obtenido autorización.

    Si esta primera experiencia ofrece los resultados previstos, Lidl y Einride contemplan incorporar varias paradas dentro de una misma ruta mediante un modelo logístico conocido como Milk Run. La tecnología también podría aplicarse posteriormente a otras operaciones del grupo Schwarz, matriz de Lidl. Las compañías plantean la automatización como una herramienta para aumentar la eficiencia del transporte y responder a la escasez de conductores, pero el proyecto sigue limitado por ahora a un recorrido concreto y servirá para medir hasta dónde puede llegar este modelo de reparto autónomo en condiciones reales.

    Lidl ha comenzado a probar en Alemania un camión eléctrico autónomo impulsado por inteligencia artificial que circula por carretera pública sin conductor ni operador de seguridad a bordo. El vehículo, desarrollado por la tecnológica sueca Einride, realiza una ruta logística definida entre las instalaciones de la cadena de supermercados y una tienda cercana. La operación supone un nuevo paso en la automatización del transporte de mercancías, aunque su autonomía está restringida a las zonas y condiciones expresamente autorizadas.