Google Maps no representa todas las fronteras internacionales de la misma manera. Basta con buscar Ceuta o Melilla en la aplicación y ampliar el mapa hasta sus límites terrestres con Marruecos para apreciar una diferencia: en lugar de una línea gris continua, la plataforma utiliza un trazado discontinuo.
No se trata de un error gráfico ni de una modificación introducida recientemente. El motivo está relacionado con el sistema que utiliza Google para representar las fronteras cuya consideración geopolítica es objeto de desacuerdo entre distintos países.
La propia compañía explica en su página de ayuda que las fronteras internacionales “indiscutibles” aparecen mediante líneas grises continuas, mientras que utiliza otros diseños para límites provisionales, de facto o sometidos a algún tipo de controversia. En concreto, Google señala que las “fronteras discutidas” aparecen con líneas grises discontinuas cuando los lugares implicados no coinciden sobre la definición del límite.
Esta clasificación explica por qué el dibujo que aparece alrededor de Ceuta y Melilla es diferente, por ejemplo, al empleado en buena parte de la frontera entre España y Portugal.
La explicación que Google ha dado sobre Ceuta y Melilla
La cuestión volvió a circular durante el verano de 2026, coincidiendo con la situación migratoria registrada en Ceuta, lo que llevó a interpretar en redes sociales que Google había cambiado recientemente sus mapas.
Sin embargo, esa relación temporal no se corresponde con los antecedentes disponibles. Maldita.es, que consultó directamente a Google sobre esta representación, comprobó que las líneas discontinuas aparecían al menos desde 2020. Ese año ya existe una consulta publicada por un usuario en la comunidad de Google Maps preguntando precisamente por qué los límites terrestres entre España y Marruecos aparecían de esa forma.
La compañía explicó a Maldita.es que intenta mantenerse “neutral en los debates geopolíticos” y representar “de manera objetiva los territorios en disputa“. Según trasladó al medio, para establecer este tipo de representaciones consulta información procedente de autoridades cartográficas de ámbito internacional, entre ellas Naciones Unidas. Google, no obstante, no especificó qué fuentes concretas determinaron la clasificación aplicada a Ceuta y Melilla ni desde qué fecha exacta comenzó a emplearla.
Por tanto, el aspecto actual del mapa no responde a los acontecimientos ocurridos durante el verano de 2026. Hay constancia pública de esta representación desde hace al menos seis años y, en 2023, el asunto ya había generado informaciones y críticas sobre el criterio utilizado por la plataforma.
Qué hay detrás de la representación
La explicación del diseño utilizado por Google Maps se encuentra en la diferencia de posiciones entre España y Marruecos respecto a ambas ciudades.
Ceuta y Melilla forman parte del Estado español y tienen el estatus de ciudades autónomas. Marruecos, por su parte, ha mantenido históricamente reivindicaciones sobre su soberanía. Esa discrepancia es el contexto geopolítico que Google tiene en cuenta al presentar esos límites mediante una simbología distinta.
Esto no significa, sin embargo, que Naciones Unidas considere actualmente a Ceuta y Melilla territorios pendientes de descolonización. Maldita.es recuerda que Marruecos planteó ante la ONU en 1975 que ambas fueran consideradas territorios pendientes de descolonización, pero la petición no prosperó. Las dos ciudades tampoco aparecen actualmente en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas.
El matiz resulta relevante porque la línea de Google Maps refleja el criterio cartográfico propio de la tecnológica para mostrar límites sobre los que existen posiciones enfrentadas, no un reconocimiento de soberanía ni una decisión jurídica sobre la pertenencia territorial.
De hecho, Google emplea diferentes estilos precisamente para advertir al usuario de que la realidad política de las fronteras no siempre es uniforme. Una línea continua identifica los límites que la plataforma clasifica como no controvertidos; las discontinuas pueden aparecer en fronteras provisionales, establecidas de facto o consideradas discutidas.
Así, la particular línea que rodea Ceuta y Melilla es una decisión de representación cartográfica de Google Maps vinculada a las posiciones divergentes existentes sobre esos territorios. Y, pese a que el detalle haya vuelto a llamar la atención en 2026, no constituye un cambio reciente de la aplicación.
Google Maps no representa todas las fronteras internacionales de la misma manera. Basta con buscar Ceuta o Melilla en la aplicación y ampliar el mapa hasta sus límites terrestres con Marruecos para apreciar una diferencia: en lugar de una línea gris continua, la plataforma utiliza un trazado discontinuo.
En 2026, cuando se trata de portátiles, está siendo un poco el mundo al revés. En la primera mitad del año, Apple sorprendió a propios y extraños con el lanzamiento del MacBook Neo.Se trata de un portátil mucho más asequible que lo que acostumbran los de Cupertino. Llegó al mercado a un precio de 699 euros o 599 euros si eras estudiante. La crisis de las memorias ha hecho que la compañía decida encarecerlo, a mitad de curso, 100 euros. Pero la misión es exactamente la misma. Convencer a los que buscan algo baratito de que el catálogo de la manzana también puede ser, a veces, lo suficientemente terrenal como para no tener que dejarte casi toda una nómina de golpe y porrazo.
Ahora es Google la que ha decidido hacer todo lo contrario. La empresa que nos acostumbró a que sus portátiles estaban condenados a ser equipos de batalla, pensados para la educación primaria, acaba de dar un giro de 180 grados. Los de Mountain View acaban de lanzar una nueva hornada de máquinas que buscan romper con la gama baja. Todos ellos alimentados por GoogleBook OS, un nuevo sistema operativo que, probablemente, sea lo más parecido a tener un MacBook fuera del universo Apple. Olvídense de los Chromebooks de cuatro perras, estas son las claves de los
Los Googlebook llegarán a las tiendas en las próximas semanas,concretamente, entre el 4 y 5 dependiendo del mercado. Por ahora, el lanzamiento solo se realizará en EEUU y cuatro países europeos, entre los que no está España.
Google se ha aliado con cinco de los sospechosos habituales del mercado de la informática (Acer, ASUS, Dell, HP y Lenovo) para colocar sobre la mesa una categoría premium que parte de los 899 dólares de valla de entrada y trepa alegremente hasta los 1.299 dólares. La jugada estratégica salta a la vista: convencer al usuario de un móvil Android de que por fin tiene un portátil diseñado para entenderse de forma nativa con su bolsillo, aunque para ello haya que pasar por caja como si se estuviera comprando un portátil de la manzana.
El motor de todo esto es Googlebook OS, un invento que fusiona la base de Android 17 con las capas de ChromeOS para no tener que depender de emulaciones molestas. La interfaz abraza el lenguaje Material 3 Expressive con un sistema de ventanas clásico de escritorio, protegido en las entrañas por el chip de seguridad Titan y respaldado por la promesa corporativa de ofrecer diez años enteros de actualizaciones.
Al estar levantado directamente sobre la arquitectura de Android, el sistema busca que la integración con el teléfono deje de ser un dolor de cabeza y funcione a nivel de sistema. Al iniciar sesión por primera vez, el portátil recupera de forma automática los contactos, mensajes y contraseñas que ya tenías en el móvil. A esto se le suma una aplicación de archivos dedicada para acceder a las fotos o documentos almacenados en el teléfono sin andar enviándote correos a ti mismo, mientras que la función Continue On coloca en la barra de tareas los procesos que tenías abiertos en el móvil para retomar tus tareas en la pantalla grande justo donde las habías dejado.
La clave del asunto es que estas máquinas vienen alimentadas por procesadores dotados de NPUs con más de 45 TOPS pensadas para mover IA en local, permitiendo que la sincronización de archivos, contraseñas, fotos y hasta la continuidad de tareas con el teléfono móvil funcione de forma casi instintiva.
Esa arquitectura mixta busca solucionar el gran dolor de cabeza que arrastraba la compañía en pantallas grandes. Al ejecutar las aplicaciones móviles sobre una estructura nativa pensada para navegadores web, el sistema promete dejar atrás las chapuzas de adaptación y los cuelgues absurdos. Si empiezas a redactar un correo o editar una imagen en el trayecto en metro con tu teléfono, al abrir la tapa del portátil la tarea sigue exactamente donde la dejaste, emulando la fluidez que Apple lleva años presumiendo.
Hardware y modelos: cinco portátiles, misma idea
Las marcas implicadas han seguido a rajatabla un patrón de diseño bastante uniforme pero con matices muy claros en su interior. Acer será la opción más asequible, al situarse en los 899 dólares con un panel OLED de 14 pulgadas y procesador Intel Core Ultra 5, mientras Lenovo sube a los 1.099 dólares ofreciendo una pantalla táctil de 15,3 pulgadas. Un paso más arriba, el Dell XPS Googlebook por 1.199 dólares y el HP Googlebook 14 por 1.299 dólares marcan la pauta al montar el chip Snapdragon X Elite de Qualcomm, frente a propuestas como la de ASUS, que completa el lote en los 1.299 dólares apoyándose en los procesadores Panther Lake de Intel.
La verdadera baza oculta es sin duda el procesador ARM de Qualcomm. El Snapdragon X Elite juega con ventaja en este nuevo sistema operativo porque las aplicaciones de Android nacieron para su misma arquitectura, evitando cualquier tipo de emulación pesada que se coma la batería. Gracias a esta integración nativa, el chip despliega una eficiencia brutal alcanzando techos de hasta 18 o 19 horas de autonomía real en los modelos de Dell y HP, convirtiendo a estos portátiles en corredores con mucho pulmón, gracias a un consumo energético que mira de tú a tú a los MacBook equipados con Apple Silicon, que destacaron desde el primer día en este campo.
El Snapdragon Elite, ¿digno rival para los Apple Silicon?. Foto: Qualcomm
La ventaja del Snapdragon no está solo en la autonomía, sino en la arquitectura de cuatro nanómetros de sus doce núcleos Qualcomm Oryon a 4 GHz. Con un ancho de banda de memoria masivo de 135 GB/s , el procesador se encarga de que la interfaz no dé un solo tironazo. Además, Qualcomm ha equipado estos modelos con chips con gráficos Adreno capaces de enviar señal a tres monitores 4K externos de forma simultánea, conectividad Wi-Fi 7 de ultra baja latencia y un procesador de imagen dedicado que gestiona el encuadre automático y la autenticación facial por hardware sin apenas consumir batería.
Más allá de la batalla interna entre Intel y Qualcomm, todos los modelos comparten chasis de aluminio-magnesio con pesos de poco más de un kilo, teclados retroiluminados, lectores de huellas. La configuración base irrenunciable es de 16 GB de memoria RAM junto a 512 GB de almacenamiento SSD. La diferencia radicará en si el comprador busca la fuerza bruta o la autonomía del chip de Qualcomm.
La IA como cartel: Gemini, Magic Pointer y la tecla ‘G’
En Mountain View han decidido meternos la inteligencia artificial hasta en la sopa. Los equipos vienen de serie con una tecla dedicada con el logo de ‘G’, así como un año entero del plan Google AI Pro con Gemini Advanced.
Quizá lo que más acabe despertando la curiosidad en el consumidor de a pie sea Magic Pointer, una herramienta que creó Deepmind y que hasta ahora se había quedado en el campo de los experimentos llamativos. Se trata de un cursor inteligente respaldado por Gemini que promete solucionar la vida a los perezosos. La premisa de la compañía es que la flecha del ratón deje de ser un mero puntero tonto y empiece a leer la pantalla en tiempo real, interpretando el contexto de cualquier texto, código o imagen sin necesidad de andar copiando y pegando nada. Solo hay que señalar un elemento y soltar una orden corta para que la IA traduzca un bloque de texto, fusione columnas en una tabla o te deje arrastrar un diseño visual sobre la foto de tu salón para ver cómo encaja al instante. Queda muy llamativo en las presentaciones oficiales, aunque en la práctica queda por ver si tener a una IA vigilando cada milímetro que recorres con el ratón acaba siendo un avance real o simplemente otra excusa para meter esta tecnología donde nadie la había pedido. Es un intento por convertir el sistema operativo en un asistente continuo que trabaje en segundo plano mientras utilizas cualquier aplicación o navegas por internet.
Googlebook is designed for Gemini Intelligence with helpful AI features that no other platform has achieved.
For example, with Magic Pointer, you can point at any on-screen element for instant context-aware suggestions. And with Rambler, you can turn your stream of… pic.twitter.com/Dwt0SqmDT9
También hay un guiño técnico interesante orientado a quienes buscan algo más que tareas de consumo diario. Google ha integrado en el sistema un entorno Linux aislado mediante hipervisor, diseñado para que los desarrolladores puedan abrir la terminal y trabajar directamente con Antigravity, la nueva herramienta de programación impulsada por agentes de IA. El entorno también permite utilizar alternativas como Claude Code o Codex de forma fluida. Es un añadido práctico para el público técnico, que busca algo más que la ofimática diaria.
Sin embargo, no a todo el mundo le ha encandilado este despliegue multimillonario. Presumir de miles de millones de operaciones por segundo en la NPU está muy bien para la presentación, pero de poco sirve si el sistema todavía flaquea a la hora de resolver dinámicas de trabajo tradicionales o no cuenta con un catálogo sólido de herramientas profesionales de escritorio.
A por el MacBook, a su manera
Las diferencias frente a la propuesta de Apple son claras. Por un lado, la gama de entrada de Googlebook incorpora paneles táctiles OLED que superan en especificaciones técnicas a las pantallas de los MacBook Air equivalentes, ofreciendo además una integración nativa para el usuario de Android. Sin embargo, la brecha de software sigue siendo su mayor escollo. La ausencia de soporte para aplicaciones profesionales de escritorio tradicionales, las que sostienen los flujos de trabajo pesados en Windows o macOS, limita el atractivo de unos equipos cuyos precios compiten directamente en la franja alta del mercado.
La estrategia de distribución y costes plantea dudas adicionales. En el Reino Unido, los modelos de salida rozan las 1.000 libras, lo que anticipa un coste en euros elevado para el mercado continental europeo. A esto se suma un despliegue por fases que deja fuera de la primera tanda de lanzamientos a países como España, obligando al comprador a asumir precios de gama premium sin contar aún con fecha oficial ni cobertura directa de soporte en su región.
Todo esto deja un panorama incierto. La intención de Google pasa por relegar progresivamente a ChromeOS y posicionar Android como un sistema viable para jornadas laborales completas, en un momento en que Apple busca captar la gama media con el MacBook Neo. El éxito o fracaso de Googlebook OS dependerá de su capacidad para consolidar un ecosistema de trabajo funcional, evitando convertirse en otra plataforma secundaria cuando disminuya la atención sobre sus funciones de inteligencia artificial.
Qualcomm ha puesto sobre la mesa el procesador que más se va a repetir en las hojas de especificaciones de móviles Android de gama alta en los próximos meses. Se trata del Snapdragon 8 Elite Gen 6, que llegará con una versión Extreme. Es una pieza de ingeniería fabricada en un proceso de 2 nanómetros, que promete más potencia y, sobre todo, más eficiencia energética. Algo que promete mejoras en la autonomía de los teléfonos sin necesidad de meterles baterías más grandes.
Sin embargo, el gran reclamo que ha querido poner la compañía a estas piezas no ha sido ninguno de estos puntos. La multinacional de San Diego quiere que el teléfono deje de limitarse a responder cuando le hablamos y empiece a hacer cosas por su cuenta. ¿Les suena la idea, no? Se trata de la inteligencia agéntica. Ese concepto que lleva un tiempo apareciendo en las presentaciones de grandes tecnológicas y que promete una nueva generación de asistentes capaces de aprender de nuestras rutinas, redactar como nosotros o coordinar tareas en segundo plano sin que tengamos que ir como unos padres detrás de un adolescente pasota para comprobar si ha hecho todo lo que tenía que hacer.
Pero hasta ahora, lo de los agentes de inteligencia ha quedado como una bala de fogueo cuando se trata de llevarlos hasta nuestro bolsillo. Siri AI, la versión reconstruida del asistente de Apple, luce prometedor en las primeras pruebas, pero no llegará a iPhone ni iPad en la Unión Europea con iOS 27 por el conflicto con la Ley de Mercados Digitales (DMA), que obliga a Apple a abrir su sistema a asistentes de terceros en condiciones que la compañía considera incompatibles con su modelo de privacidad. La ventaja con la que juega la manzana es la integración que tiene su hardware, con todo su ecosistema y aplicaciones, que le da el contexto necesario para que el agente entienda tareas complejas. Esa es la gran ventaja frente al universo Android, donde cada fabricante es un mundo.
Es cierto que en España se podrá usar en los Mac, pero eso sabrá a poco. “El teléfono es el dispositivo que te conoce mejor. Y eso es fundamental para los agentes, que necesitan contexto”, afirmaba Cristiano Amon, durante la presentación de los nuevos procesadores. No hablaba de Apple, con la que Qualcomm no trabaja desde hace tiempo, pero resulta difícil encontrar una frase que explique mejor el problema.
Meta parece ser la que más lejos ha llegado con Muse, que ya ha sido utilizado por un medio millón de personas en EEUU, el único país donde está disponible, según reveló The Information. Sin embargo, el reciente bloqueo de Amazon, que acusa a Muse de acceder sin autorización a cuentas y manejar credenciales sin identificarse como agente, pone de relieve los límites prácticos y los riesgos de privacidad.
Samsung también habló de IA proactiva hace tiempo, pero por ahora ha rebajado expectativas.Now Brief es un resumen de tarjetas con el tiempo, la agenda, la actividad o los dispositivos conectados que rara vez va mucho más allá de recordarnos lo que ya sabíamos. Google promete algo más ambicioso con la asistencia proactiva de Gemini en los Pixel, capaz de leer el contexto de la pantalla, las notificaciones y las aplicaciones conectadas para adelantarse a lo que necesitamos. Pero, de momento, es una demostración de poder con letra pequeña. Exige entregar todavía más contexto personal a Google y ni siquiera está disponible en España ni en el resto de la UE. Además en el mercado estadounidense, donde sí está disponible, los que han podido experimentarlo en primera persona dicen que la idea es buena pero su rendimiento todavía deja que desear.
El CEO de Meta, Mark Zuckerberg. Foto: Efe
El problema, por tanto, no parece estar en conseguir que el teléfono tenga suficiente músculo. Qualcomm acaba de poner sobre la mesa una cantidad absurda de él. El problema es qué demonios hacemos con toda esa potencia cuando el software todavía está aprendiendo a no meter la pata y asegurándose de tener acceso. Los nuevos Snpdragon 8 quieren, básicamente, que el hardware no sea una excusa.
El motor principal de sus nuevos chips es una CPU Qualcomm Oryon de 64 bits con ocho núcleos (dos de ellos estirados hasta los 5 GHz) que en la versión Extreme promete un 13% más de rendimiento y un hachazo del 37% en el consumo energético.
La tarjeta gráfica sigue el mismo camino. A la nueva Adreno le han metido núcleos dedicados a inteligencia artificial y 18 MB de memoria HPM. El invento se llama Adreno Neural Fusion y busca que la IA eche una mano directa en el apartado gráfico, desde reescalar la resolución de un juego al vuelo hasta generar fotogramas en tiempo real. Según Qualcomm, el alivio para la batería durante una partida larga puede llegar al 40%.
Pero el verdadero caballo de batalla está en la NPU Hexagon, que cambia de arquitectura para apretar en la carrera del procesamiento local. Más allá del habitual baile de porcentajes (un 35% más de rendimiento por aquí, un 50% más de memoria compartida por allá), el dato que busca desmarcar esta generación es la capacidad de ejecutar en el propio teléfono modelos de inteligencia artificial de tipo mixture of experts (varios modelos trabajando conjuntamente) con más de 30.000 millones de parámetros.
Aquí es donde toda la hoja de especificaciones cobra sentido. Si los móviles quieren convertirse en agentes capaces de hacer cosas por nosotros, buena parte de ese trabajo tendrá que ejecutarse en el propio dispositivo. No todo puede depender de enviar constantemente nuestros datos a un servidor y esperar una respuesta. El nuevo Sensing Hub va precisamente en esa dirección, con dos pequeñas NPU dedicadas a procesar audio, voz y sensores consumiendo muy poca energía.
Cristiano Amon, CEO de Qualcomm, en una foto de archivo. Foto: Efe
La cámara también se beneficia de los avances. El nuevo Spectra es un triple ISP de 20 bits capaz de trabajar con sensores de hasta 320 megapíxeles y capturar imágenes de hasta 108 megapíxeles sin retraso de obturación. En el Extreme se añade soporte específico para el códec profesional APV, con grabación 8K a 60 fps y cámara lenta 4K a 240 fps. Todo ello acompañado por procesamiento de color en tiempo real mediante el Elite Color Engine y tablas 3D LUT.
En conectividad, estrena el módem X105 5G, compatible con 3GPP Release 19 y preparado para una futura generación de redes que todavía ni siquiera utilizamos de forma generalizada. Alcanza hasta 14,8 Gbps de descarga y añade soporte para comunicaciones vía satélite tanto para llamadas como para datos. El FastConnect 8800 pone la parte inalámbrica restante, con Wi-Fi 8 de hasta 11,6 Gbps, Bluetooth 6.0, UWB y Thread.
Todo este despliegue puede acompañarse de hasta 24 GB de RAM LPDDR5X o LPDDR6 y almacenamiento UFS 5.0.
Sobre el papel, es una barbaridad de potencia para algo que seguimos llevando en el bolsillo y que, en muchos casos, utilizamos principalmente para WhatsApp, Instagram, mapas y poco más.
Los primeros móviles con estos procesadores llegarán de fabricantes como Xiaomi, OnePlus, Motorola, OPPO, Vivo, Honor y Redmi. Será entonces cuando se vea hasta qué punto toda esta potencia, cambia realmente la experiencia. Porque Qualcomm puede poner una batería de especificaciones impresionantes, al servicio de unos agentes que todavía ni están ni se les espera. En resumen, la pregunta interesante sigue siendo bastante más sencilla: qué va a hacer el teléfono con todo eso cuando lo metamos en nuestro bolsillo.
Un equipo del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar (MPS), en Alemania, ha encontrado nuevas pruebas de que el Sol podría generar superfulguraciones, explosiones de radiación de una energía extraordinariamente superior a las erupciones solares habituales. El trabajo, publicado el 10 de septiembre de 2026 en Philosophical Transactions of the Royal Society A, estudia hasta dónde podría llegar la actividad de nuestra estrella a partir de la relación entre las manchas solares y la energía liberada durante una fulguración. Los resultados indican que el Sol reúne, al menos desde el punto de vista físico, las condiciones necesarias para producir uno de estos episodios extremos.
Las superfulguraciones solares pueden liberar una cantidad de energía comparable a la de billones de bombas de hidrógeno y hasta ahora se han observado directamente en estrellas situadas fuera del sistema solar. El problema para los científicos es que las mediciones detalladas de la actividad solar apenas abarcan unas siete décadas, un intervalo diminuto frente a los aproximadamente 4.600 millones de años de edad del Sol. Durante ese periodo no se ha registrado ninguna superfulguración, por lo que los investigadores han tenido que buscar indicios indirectos para averiguar si nuestra estrella sería capaz de producirlas.
Una de esas pistas procede precisamente de otras estrellas similares al Sol. Investigaciones anteriores del MPS determinaron que astros con características comparables pueden experimentar una superfulguración aproximadamente una vez cada 100 años como promedio estadístico. También existen registros naturales de episodios de intensa actividad solar en la Tierra: determinados árboles, hielos antiguos y otros archivos contienen aumentos extraordinarios de isótopos radiactivos asociados a fuertes bombardeos de partículas solares. Aun así, esos rastros no permiten demostrar que detrás de aquellas partículas hubiera necesariamente una superfulguración.
Las manchas solares dan una nueva pista
Para abordar el problema desde otra perspectiva, el equipo dirigido por Natalie Krivova analizó observaciones obtenidas por el Solar Dynamics Observatory de la NASA entre 2010 y 2016. Los científicos seleccionaron las 300 fulguraciones más intensas detectadas durante esos años y compararon la energía liberada con el tamaño de la región activa de la que procedía cada una. Estas zonas presentan campos magnéticos especialmente intensos y complejos y suelen estar asociadas a las manchas solares oscuras que aparecen periódicamente sobre la superficie visible de la estrella.
El análisis permitió establecer una relación estadística entre el tamaño de una región activa y la energía que puede liberar. “Por supuesto, sabíamos que no se había producido ninguna superfulguración durante el periodo de observación”, explicó Krivova. “Pero la relación estadística que encontramos entre la energía liberada y el tamaño de la región activa debería mantenerse también para acontecimientos más potentes”, añadió la investigadora. A partir de esa relación, el equipo pudo retroceder mucho más allá de la era espacial y estudiar algunas de las manchas solares de mayor tamaño registradas durante los últimos cuatro siglos.
El caso más llamativo apareció en los registros de abril de 1947. Aquel año, una enorme mancha solar llegó a cubrir aproximadamente el 0,6% del disco visible del Sol y alcanzó un diámetro cercano a 40 veces el de la Tierra. No desencadenó una superfulguración, pero las estimaciones del nuevo trabajo indican que una región magnética de esas dimensiones podría disponer de energía suficiente para producir una en circunstancias poco frecuentes. El estudio no calcula cuándo podría ocurrir un fenómeno semejante ni establece una probabilidad concreta de que se produzca.
Un potencial que todavía no se ha observado
“Nuestro Sol tiene potencial para producir superfulguraciones. Puede producir manchas solares masivas que, en principio, pueden servir como punto de partida de los estallidos de radiación más extremos”, afirmó Natalie Krivova. Esa capacidad teórica no significa que una explosión de este tipo sea inminente. Los investigadores recalcan que el trabajo establece qué energía podrían alcanzar las mayores regiones activas conocidas, pero no determina la frecuencia con la que esas condiciones desembocarían realmente en una superfulguración.
La cuestión resulta especialmente relevante porque las grandes erupciones solares pueden afectar a la infraestructura tecnológica terrestre. Las tormentas provocadas por la actividad del Sol tienen capacidad para alterar satélites, redes eléctricas, comunicaciones por radio y sistemas de navegación. El episodio de Carrington de 1859 ya produjo auroras visibles a latitudes extraordinariamente bajas y problemas en las redes telegráficas de la época, aunque no se considera una superfulguración. La nueva investigación deja abierta una pregunta que todavía no tiene respuesta directa: si el Sol posee ese potencial, queda por saber si alguna vez llegó realmente a utilizarlo.
Un equipo del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar (MPS), en Alemania, ha encontrado nuevas pruebas de que el Sol podría generar superfulguraciones, explosiones de radiación de una energía extraordinariamente superior a las erupciones solares habituales. El trabajo, publicado el 10 de septiembre de 2026 en Philosophical Transactions of the Royal Society A, estudia hasta dónde podría llegar la actividad de nuestra estrella a partir de la relación entre las manchas solares y la energía liberada durante una fulguración. Los resultados indican que el Sol reúne, al menos desde el punto de vista físico, las condiciones necesarias para producir uno de estos episodios extremos.
El actual El Niño ha superado ya el máximo de temperatura registrado para este fenómeno climático antes incluso de alcanzar su fase más intensa. Así lo aseguran los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), que sitúan la anomalía térmica en la región central del Pacífico ecuatorial en 3,05 °C, por encima de los 3,02 °C alcanzados a finales de noviembre de 2015. La cifra se calcula respecto a la media del periodo 1991-2020 y convierte al episodio actual en un fenómeno sin precedentes dentro de los aproximadamente 150 años de registros modernos. Los científicos ya recurren a expresiones como “súper El Niño” o incluso “El Niño Godzilla” para describir una evolución que todavía podría intensificarse durante los próximos meses.
La otra referencia empleada habitualmente por los meteorólogos, el índice ONI El Niño 3.4, utiliza una media móvil de 30 años y permite descontar parcialmente el efecto del calentamiento global de origen humano. Según esta métrica, el episodio se encuentra apenas a 0,01 °C de igualar el récord observado en 2015. Ambos indicadores se sustentan en datos de la NOAA y apuntan en la misma dirección: el calentamiento del Pacífico ecuatorial avanza a una velocidad excepcional. El umbral para considerar que existe un episodio de El Niño se sitúa en 0,5 °C, mientras que por encima de 2 °C pasa a clasificarse oficialmente como “muy fuerte”.
Las previsiones disponibles apuntan a que el fenómeno todavía está lejos de tocar techo. La media de 14 modelos climáticos analizados por el científico Zeke Hausfather proyecta que la anomalía podría acercarse a 4 °C entre noviembre y diciembre, un nivel muy superior al observado durante anteriores episodios extremos. Hausfather ha calificado esta posibilidad en The Guardian como “alucinante”, mientras que otros investigadores hablan ya de un episodio de nivel “Godzilla”. La combinación de un océano tropical excepcionalmente cálido con una atmósfera que acumula cada vez más energía por el calentamiento global amplifica la preocupación sobre sus consecuencias.
Un episodio sin precedentes recientes
Hausfather considera que el actual El Niño podría ser el más intenso de al menos los últimos 1.000 años, una estimación basada también en reconstrucciones obtenidas mediante corales, anillos de árboles y documentos históricos. El análisis publicado por Carbon Brief sostiene que los episodios de 1997-1998 y 2015-2016 estuvieron asociados a daños globales de cientos de miles de millones de dólares, pero que el actual ya se está situando por encima de aquellos precedentes. “Los episodios de El Niño muy fuertes, como los de 1997/1998 y 2015/2016, estuvieron asociados a cientos de miles de millones de dólares en daños en todo el mundo; este episodio está dejando muy atrás a los anteriores”, afirmó Hausfather.
La profesora Friederike Otto, del Imperial College London, advierte de que el riesgo no procede únicamente de El Niño, sino de su interacción con un sistema climático considerablemente más cálido. “Este episodio supone una enorme redistribución de energía en el sistema climático y es peligroso porque se está desarrollando sobre un sistema climático mucho más cálido e influido por el ser humano”, explicó. Según Otto, numerosas regiones podrían afrontar extremos térmicos sin precedentes, con efectos sobre la salud, la seguridad alimentaria y el estrés hídrico. “El Niño va y viene, pero mientras sigamos quemando combustibles fósiles se produce sobre una base cada vez más caliente, lo que hace mucho más difícil que las comunidades afronten sus consecuencias”, añadió.
Sequías, incendios e inundaciones
Los primeros efectos ya están apareciendo en distintas partes del planeta. Indonesia ha sufrido condiciones cálidas y secas relacionadas con incendios récord y niveles peligrosos de contaminación, mientras que las lluvias monzónicas de la India se han debilitado. América Central y el Caribe registran sequías, pérdidas agrícolas y problemas derivados del descenso del nivel del agua en el canal de Panamá. El Programa Mundial de Alimentos advirtió en agosto que las consecuencias de El Niño podrían empujar a unos 50 millones de personas hacia situaciones de hambre aguda y contribuir a elevar los precios de los alimentos.
Anomalía térmica de El Niño en 2025 según el índice ONI
El patrón climático también puede provocar el efecto contrario en otras regiones: lluvias más intensas e inundaciones. Perú y Chile ya han sufrido episodios de precipitaciones fuertes, mientras que el Cuerno de África y el sur de EEUU figuran entre las zonas vulnerables a nuevos temporales. Para el verano del hemisferio sur se esperan condiciones más cálidas y secas, con un mayor riesgo de incendios y sequías en Australia y el sur de África, al tiempo que los tifones del Pacífico podrían ganar intensidad. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió: “El Niño está aumentando de tamaño ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas y el mundo está en la zona de peligro del clima extremo”.
El actual El Niño ha superado ya el máximo de temperatura registrado para este fenómeno climático antes incluso de alcanzar su fase más intensa. Así lo aseguran los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), que sitúan la anomalía térmica en la región central del Pacífico ecuatorial en 3,05 °C, por encima de los 3,02 °C alcanzados a finales de noviembre de 2015. La cifra se calcula respecto a la media del periodo 1991-2020 y convierte al episodio actual en un fenómeno sin precedentes dentro de los aproximadamente 150 años de registros modernos. Los científicos ya recurren a expresiones como “súper El Niño” o incluso “El Niño Godzilla” para describir una evolución que todavía podría intensificarse durante los próximos meses.
Donald Trump ha situado la regulación de la inteligencia artificial en el centro de una nueva disputa política y tecnológica en EEUU. El presidente estadounidense rechaza que el rápido avance de la IA obligue a endurecer los mecanismos de supervisión y sostiene que las empresas del sector ya operan bajo suficientes límites legales, mientras varias figuras de la industria reclaman reducir el ritmo ante los riesgos que pueden acompañar al desarrollo de sistemas cada vez más avanzados.
Como suele ser habitual, Trump expresó su posición a través de Truth Social, donde denunció la existencia de lo que calificó como una “conspiración enfermiza” alrededor de esta tecnología. Su mensaje fue especialmente explícito al abordar qué medidas considera necesarias para garantizar la seguridad: “El único control o mecanismo de seguridad que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente (¡con un alto coeficiente intelectual!), ¡y Estados Unidos lo tiene de sobra!”
La intervención llega después de que responsables de algunas de las principales compañías de inteligencia artificial hayan advertido sobre los peligros asociados a modelos cada vez más capaces. Entre ellos figura Dario Amodei, cofundador y director ejecutivo de Anthropic, que ha pedido “bajar el ritmo” y ha señalado posibles escenarios relacionados con ciberataques, bioterrorismo, pérdida de control de los sistemas o alteraciones económicas. También se han sumado al debate Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk, de xAI.
La carrera de la IA frente a China
Trump vincula cualquier incremento de la regulación con la competición tecnológica internacional y, de forma particular, con China. “Quien gane en IA, va a ganar y vamos por delante de China y de todos los demás, y seguiremos haciéndolo“, afirmó. Su planteamiento parte de que imponer nuevos controles a las compañías estadounidenses podría limitar su capacidad para competir, mientras considera que ya existe un marco penal y regulatorio suficiente para actuar cuando empresas o particulares utilicen la tecnología con fines perjudiciales.
China, por su parte, también afronta el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial como un problema simultáneamente tecnológico y de seguridad. El ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, ha reclamado levantar una “barrera de seguridad” alrededor de la IA y reforzar la vigilancia sobre datos, algoritmos, infraestructuras informáticas y aplicaciones civiles y militares. Entre las amenazas señaladas por las autoridades chinas aparecen los contenidos falsos, los ataques informáticos, las filtraciones de información y la manipulación de la opinión pública.
Las posiciones enfrentadas muestran cómo el debate sobre el control de la inteligencia artificial se cruza cada vez más con la carrera tecnológica entre EEUU y China. Mientras dirigentes de empresas como Anthropic reclaman una intervención mayor ante determinados riesgos, Trump considera que aumentar la regulación puede perjudicar el liderazgo estadounidense. El presidente incluso lanzó una advertencia contra quienes cuestionan su planteamiento: “¡Teóricos de la conspiración, sediciosos, traidores y filtradores: cuidado!“, escribió mientras la discusión sobre hasta dónde deben llegar los controles de la IA continúa creciendo dentro del propio sector tecnológico.
Donald Trump ha situado la regulación de la inteligencia artificial en el centro de una nueva disputa política y tecnológica en EEUU. El presidente estadounidense rechaza que el rápido avance de la IA obligue a endurecer los mecanismos de supervisión y sostiene que las empresas del sector ya operan bajo suficientes límites legales, mientras varias figuras de la industria reclaman reducir el ritmo ante los riesgos que pueden acompañar al desarrollo de sistemas cada vez más avanzados.
Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca y asesor tecnológico de Donald Trump, ha lanzado en Fox News un mensaje directo a las empresas que desarrollan inteligencia artificial: si consideran que sus propios modelos pueden resultar peligrosos, deben ser ellas mismas las que frenen. “Si creen que están desarrollando una tecnología que es insegura o que no quieren que esté en el mundo, simplemente pueden detenerla”, afirmó.
Kratsios respondió así al creciente debate dentro de la industria de la inteligencia artificial sobre la velocidad con la que avanzan los modelos y los riesgos asociados a sistemas cada vez más capaces. “No necesitan que alguien les obligue a hacerlo”, sostuvo el asesor de Trump, que rechazó la idea de que las compañías necesiten una orden expresa del Gobierno estadounidense para reducir el ritmo de desarrollo cuando detecten problemas de seguridad.
La Casa Blanca rechaza imponer una pausa
La postura de Kratsios llega mientras directivos de algunas de las principales compañías del sector han reclamado mayores medidas de seguridad y han planteado la conveniencia de ralentizar determinados avances. Entre los nombres que participan en ese debate figuran Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, y Sam Altman, así como Elon Musk y Demis Hassabis, en un contexto marcado por la competencia entre OpenAI, Anthropic, xAI, Google, Meta y Microsoft por desarrollar modelos más potentes.
Kratsios insistió en que las propias empresas disponen de margen para actuar sin esperar una intervención federal. “Simplemente, pueden reducir la velocidad si creen que deben hacerlo”, señaló. A su juicio, el Gobierno de EEUU ya dispone de herramientas para responder cuando aparecen problemas concretos, una posición coherente con la estrategia de la Administración Trump de evitar medidas que puedan frenar el desarrollo de la IA estadounidense.
Seguridad de la IA y competencia con China
El debate se ha intensificado después de que Dario Amodei advirtiera de que el aumento acelerado de las capacidades de la IA obliga a revisar las salvaguardas empleadas por los grandes laboratorios. El responsable de Anthropic ha defendido mecanismos como supervisores independientes dentro de las compañías y una regulación más sólida, mientras otros directivos del sector han respaldado la necesidad de avanzar con mayor cautela.
🔥 White House Science & Technology Director @mkratsios47 to AI companies demanding government intervention:
“If you do believe that you’re developing a technology that is unsafe… you can just stop it. You don’t need someone to force you to do that.” pic.twitter.com/Vg4g2Cc8sJ
La Casa Blanca, no obstante, mantiene que reducir unilateralmente la innovación estadounidense puede tener consecuencias en la competición tecnológica internacional. Kratsios también defendió mantener conversaciones con China para abordar riesgos compartidos asociados a la inteligencia artificial. “La cuestión clave de la que queremos hablar con él es evitar riesgos compartidos, y eso es algo sobre lo que creo que podemos mantener una conversación fructífera”, afirmó en referencia al diálogo previsto entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping.
Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca y asesor tecnológico de Donald Trump, ha lanzado en Fox News un mensaje directo a las empresas que desarrollan inteligencia artificial: si consideran que sus propios modelos pueden resultar peligrosos, deben ser ellas mismas las que frenen. “Si creen que están desarrollando una tecnología que es insegura o que no quieren que esté en el mundo, simplemente pueden detenerla”, afirmó.
Eric Yuan, CEO de Zoom, cree que la inteligencia artificial terminará cambiando la semana laboral tradicional de cinco días y acercará a las empresas a jornadas de tres o cuatro días. El directivo considera que la automatización permitirá completar una parte creciente del trabajo con menos tiempo humano. Su planteamiento se aproxima al defendido por Bill Gates, que también anticipa una reducción progresiva del tiempo dedicado al empleo. El debate surge mientras las compañías intentan determinar cuánto aumentará realmente la productividad con la IA.
Yuan explicó su visión durante una entrevista con The New York Times. “Siento que si la IA puede mejorar todas nuestras vidas, ¿por qué necesitamos trabajar cinco días a la semana?”, afirmó el CEO de Zoom. “Todas las empresas apoyarán tres días, cuatro días a la semana. Creo que esto, al final, liberará el tiempo de todo el mundo”. La idea parte de que los asistentes automatizados asumirán tareas que actualmente consumen una parte considerable de la jornada.
La previsión del responsable de Zoom coincide con las expectativas expresadas por otros grandes ejecutivos tecnológicos y financieros. Por ejemplo, Bill Gates ha planteado que el desarrollo de la inteligencia artificial podría reducir durante la próxima década la necesidad de intervención humana en numerosas actividades. “¿Cómo serán los trabajos? ¿Deberíamos trabajar solo dos o tres días a la semana?”, afirmó Gates. “Si lo miras con perspectiva, el propósito de la vida no es solo trabajar”.
La inteligencia artificial cambia el empleo
Jensen Huang, CEO de Nvidia, también ha relacionado el avance de la inteligencia artificial con la posibilidad de implantar una semana laboral de cuatro días, aunque su interpretación incluye un matiz. El ejecutivo considera que la economía se encuentra todavía al principio de la revolución de la IA y que la tecnología podría concentrar el trabajo en menos jornadas. Eso no significa necesariamente una reducción equivalente de la actividad, ya que Huang ha advertido de que las personas podrían estar incluso más ocupadas en el futuro.
Una previsión similar llegó desde el sector financiero. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, señaló en 2023 que la automatización podría mejorar el equilibrio entre vida profesional y personal, pese a que también sustituirá determinados empleos. “Tus hijos van a vivir hasta los 100 años y no tendrán cáncer gracias a la tecnología”, afirmó Dimon. “Y, literalmente, probablemente estarán trabajando tres días y medio a la semana”. Las estimaciones de estos ejecutivos coinciden en una cuestión: el aumento de productividad podría modificar el calendario laboral.
Eric Yuan admite, no obstante, que la transición tendrá consecuencias directas sobre algunos puestos. “Siempre que hay un cambio de paradigma tecnológico, algunas oportunidades laborales desaparecen, pero se crean otras nuevas”, explicó. El CEO puso como ejemplo a los ingenieros que comienzan su carrera, ya que la IA puede escribir parte del código, aunque seguirá siendo necesario supervisarlo y gestionar los agentes digitales. Para Yuan, la reducción de la semana laboral estará vinculada precisamente a esa reorganización del trabajo entre personas y sistemas de inteligencia artificial.
Eric Yuan, CEO de Zoom, cree que la inteligencia artificial terminará cambiando la semana laboral tradicional de cinco días y acercará a las empresas a jornadas de tres o cuatro días. El directivo considera que la automatización permitirá completar una parte creciente del trabajo con menos tiempo humano. Su planteamiento se aproxima al defendido por Bill Gates, que también anticipa una reducción progresiva del tiempo dedicado al empleo. El debate surge mientras las compañías intentan determinar cuánto aumentará realmente la productividad con la IA.
Portugal estudia convertir las rocas del subsuelo de la península ibérica en un sistema gigantesco de almacenamiento de energía mediante aire comprimido, una tecnología diseñada para guardar excedentes renovables y recuperarlos cuando la red eléctrica los necesite. La propuesta, desarrollada por investigadores de la Universidad NOVA de Lisboa y el Instituto Dom Luiz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, ha sido publicada en la revista científica Geoenergy y analiza cómo determinadas formaciones geológicas podrían funcionar como una batería enterrada a gran profundidad.
La tecnología parte de una característica habitual de algunas rocas: aunque parecen completamente sólidas, contienen diminutos espacios entre sus granos. Los investigadores plantean aprovechar estos poros para inyectar aire comprimido mediante pozos situados sobre formaciones localizadas entre 500 y 3.000 metros de profundidad. El aire desplazaría parcialmente el agua salada presente de forma natural en esos huecos y permanecería almacenado bajo presión hasta que fuese necesario recuperar la energía.
El funcionamiento sería similar al de una central capaz de guardar previamente parte de su combustible, aunque en este caso no existiría combustión. Cuando aumentase la demanda eléctrica, el aire comprimido regresaría a la superficie, se expandiría y accionaría turbinas capaces de producir electricidad. El planteamiento busca aprovechar mejor la generación solar y eólica de la península ibérica, especialmente durante las horas en las que las instalaciones renovables producen más electricidad de la que puede consumir o absorber la red.
Hasta 1 TWh bajo tierra
Los cálculos incluidos en la investigación muestran hasta qué punto podría crecer el sistema si coincidiesen las condiciones geológicas más favorables. Los escenarios que contemplan depósitos situados a 3.000 metros de profundidad alcanzan una capacidad potencial de hasta 1 TWh, suficiente, según el estudio, para cubrir temporalmente las necesidades de algunas ciudades portuguesas de tamaño medio. Ricardo Pereira, investigador de GeoBioTec en la Escuela de Ciencia y Tecnología NOVA de Lisboa, matiza el alcance de esta estimación: “Obviamente, este es el escenario máximo, donde se dan todas las condiciones óptimas”.
La principal ventaja no sería únicamente almacenar electricidad renovable durante periodos prolongados. El aire comprimido permitiría también un black start o arranque en negro, es decir, poner en funcionamiento el sistema sin necesitar previamente suministro de la propia red eléctrica. “El aire comprimido es casi inmediato y, por lo tanto, permite encenderlo y apagarlo prácticamente al instante“, explica Pereira. Esa capacidad podría facilitar la recuperación del sistema eléctrico después de una interrupción generalizada y aportar una herramienta adicional para gestionar desequilibrios entre producción y consumo.
La posibilidad de utilizar el subsuelo como una batería de gran capacidad para la red eléctrica se encuentra, pese a ello, lejos de una implantación inmediata. Pereira calcula que un proyecto de estas características requeriría entre 5 y 10 años, ya que antes habría que localizar las formaciones adecuadas, realizar estudios geológicos, perforar los pozos, construir un proyecto piloto y comprobar su funcionamiento. También queda pendiente un marco regulatorio específico para este tipo de almacenamiento subterráneo, una condición necesaria antes de plantear su despliegue comercial a gran escala.
Portugal estudia convertir las rocas del subsuelo de la península ibérica en un sistema gigantesco de almacenamiento de energía mediante aire comprimido, una tecnología diseñada para guardar excedentes renovables y recuperarlos cuando la red eléctrica los necesite. La propuesta, desarrollada por investigadores de la Universidad NOVA de Lisboa y el Instituto Dom Luiz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, ha sido publicada en la revista científica Geoenergy y analiza cómo determinadas formaciones geológicas podrían funcionar como una batería enterrada a gran profundidad.
La NASA dejó cinco nuevos cráteres en Marte durante la llegada del róver Perseverance, pero aquellas marcas accidentales han acabado convirtiéndose en un experimento científico inesperado. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters ha analizado los impactos provocados por piezas de la misión Mars 2020 para estudiar cómo responde el terreno marciano cuando recibe el golpe de objetos cuya masa, velocidad y composición son conocidas con precisión.
Los agujeros se formaron cuando la nave todavía se encontraba a unos 1.300 km sobre Marte y liberó dos dispositivos de lastre de tungsteno de 77 kg utilizados para estabilizar el vehículo durante el viaje. También terminaron precipitándose fragmentos de la etapa de crucero, que pesaba cerca de 540 kg. Todo ese material alcanzó la superficie a aproximadamente 4,7 kilómetros por segundo y dejó cinco cicatrices cerca del cráter Jezero.
Los investigadores localizaron los nuevos cráteres mediante dos cámaras instaladas en la Mars Reconnaissance Orbiter. Las estructuras no aparecían en imágenes anteriores a 2020 y presentaban patrones de reflectividad compatibles con impactos recientes. Las marcas se concentran unos 70 km al noroeste del borde de Jezero, una región atravesada por antiguos valles que convergen hacia el delta explorado actualmente por Perseverance.
Un suelo mucho más débil
La ventaja de estos impactos frente a los producidos por meteoritos naturales es que la NASA conoce las características físicas de sus propios componentes. Los científicos pudieron combinar las dimensiones de los cráteres, la distribución del material expulsado y simulaciones tridimensionales de física de impactos. Los cálculos indican que dos de las marcas probablemente fueron causadas por los lastres, mientras que las otras tres procederían de fragmentos pertenecientes a la etapa de crucero.
El Perseverance recoge muestras del terreno (NASA/JPL-Caltech)
El resultado más llamativo apareció al comparar los cráteres reales con las predicciones de los modelos utilizados habitualmente. El terreno resultó ser mucho menos resistente de lo esperado y las leyes estándar de formación de cráteres llegaron a sobreestimar su tamaño hasta aproximadamente un orden de magnitud en impactos de objetos densos sobre superficies poco compactas y con ángulos muy bajos. Las piezas alcanzaron Marte con una inclinación cercana a los 10 grados.
El análisis de imágenes y las simulaciones sitúan la cohesión del material en alrededor de 7 kilopascales, un valor compatible con un terreno arenoso y poco consolidado. Esa estimación también coincide con observaciones realizadas anteriormente durante los problemas de excavación de la sonda térmica de la misión InSight. Los cinco agujeros creados involuntariamente por la misión Mars 2020 muestran así que incluso los restos de una nave pueden convertirse en herramientas para estudiar la resistencia mecánica del suelo marciano y mejorar los modelos utilizados en futuras misiones.
La NASA dejó cinco nuevos cráteres en Marte durante la llegada del róver Perseverance, pero aquellas marcas accidentales han acabado convirtiéndose en un experimento científico inesperado. Un estudio publicado en Geophysical Research Letters ha analizado los impactos provocados por piezas de la misión Mars 2020 para estudiar cómo responde el terreno marciano cuando recibe el golpe de objetos cuya masa, velocidad y composición son conocidas con precisión.