En 2026, cuando se trata de portátiles, está siendo un poco el mundo al revés. En la primera mitad del año, Apple sorprendió a propios y extraños con el lanzamiento del MacBook Neo. Se trata de un portátil mucho más asequible que lo que acostumbran los de Cupertino. Llegó al mercado a un precio de 699 euros o 599 euros si eras estudiante. La crisis de las memorias ha hecho que la compañía decida encarecerlo, a mitad de curso, 100 euros. Pero la misión es exactamente la misma. Convencer a los que buscan algo baratito de que el catálogo de la manzana también puede ser, a veces, lo suficientemente terrenal como para no tener que dejarte casi toda una nómina de golpe y porrazo.
Ahora es Google la que ha decidido hacer todo lo contrario. La empresa que nos acostumbró a que sus portátiles estaban condenados a ser equipos de batalla, pensados para la educación primaria, acaba de dar un giro de 180 grados. Los de Mountain View acaban de lanzar una nueva hornada de máquinas que buscan romper con la gama baja. Todos ellos alimentados por GoogleBook OS, un nuevo sistema operativo que, probablemente, sea lo más parecido a tener un MacBook fuera del universo Apple. Olvídense de los Chromebooks de cuatro perras, estas son las claves de los
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Michael Mcloughlin
Gráficos: José Ramón Pérez
Cuando Android y ChromeOS tuvieron un hijo
Los Googlebook llegarán a las tiendas en las próximas semanas,concretamente, entre el 4 y 5 dependiendo del mercado. Por ahora, el lanzamiento solo se realizará en EEUU y cuatro países europeos, entre los que no está España.
Google se ha aliado con cinco de los sospechosos habituales del mercado de la informática (Acer, ASUS, Dell, HP y Lenovo) para colocar sobre la mesa una categoría premium que parte de los 899 dólares de valla de entrada y trepa alegremente hasta los 1.299 dólares. La jugada estratégica salta a la vista: convencer al usuario de un móvil Android de que por fin tiene un portátil diseñado para entenderse de forma nativa con su bolsillo, aunque para ello haya que pasar por caja como si se estuviera comprando un portátil de la manzana.
El motor de todo esto es Googlebook OS, un invento que fusiona la base de Android 17 con las capas de ChromeOS para no tener que depender de emulaciones molestas. La interfaz abraza el lenguaje Material 3 Expressive con un sistema de ventanas clásico de escritorio, protegido en las entrañas por el chip de seguridad Titan y respaldado por la promesa corporativa de ofrecer diez años enteros de actualizaciones.
Al estar levantado directamente sobre la arquitectura de Android, el sistema busca que la integración con el teléfono deje de ser un dolor de cabeza y funcione a nivel de sistema. Al iniciar sesión por primera vez, el portátil recupera de forma automática los contactos, mensajes y contraseñas que ya tenías en el móvil. A esto se le suma una aplicación de archivos dedicada para acceder a las fotos o documentos almacenados en el teléfono sin andar enviándote correos a ti mismo, mientras que la función Continue On coloca en la barra de tareas los procesos que tenías abiertos en el móvil para retomar tus tareas en la pantalla grande justo donde las habías dejado.
La clave del asunto es que estas máquinas vienen alimentadas por procesadores dotados de NPUs con más de 45 TOPS pensadas para mover IA en local, permitiendo que la sincronización de archivos, contraseñas, fotos y hasta la continuidad de tareas con el teléfono móvil funcione de forma casi instintiva.
Esa arquitectura mixta busca solucionar el gran dolor de cabeza que arrastraba la compañía en pantallas grandes. Al ejecutar las aplicaciones móviles sobre una estructura nativa pensada para navegadores web, el sistema promete dejar atrás las chapuzas de adaptación y los cuelgues absurdos. Si empiezas a redactar un correo o editar una imagen en el trayecto en metro con tu teléfono, al abrir la tapa del portátil la tarea sigue exactamente donde la dejaste, emulando la fluidez que Apple lleva años presumiendo.
Hardware y modelos: cinco portátiles, misma idea
Las marcas implicadas han seguido a rajatabla un patrón de diseño bastante uniforme pero con matices muy claros en su interior. Acer será la opción más asequible, al situarse en los 899 dólares con un panel OLED de 14 pulgadas y procesador Intel Core Ultra 5, mientras Lenovo sube a los 1.099 dólares ofreciendo una pantalla táctil de 15,3 pulgadas. Un paso más arriba, el Dell XPS Googlebook por 1.199 dólares y el HP Googlebook 14 por 1.299 dólares marcan la pauta al montar el chip Snapdragon X Elite de Qualcomm, frente a propuestas como la de ASUS, que completa el lote en los 1.299 dólares apoyándose en los procesadores Panther Lake de Intel.
La verdadera baza oculta es sin duda el procesador ARM de Qualcomm. El Snapdragon X Elite juega con ventaja en este nuevo sistema operativo porque las aplicaciones de Android nacieron para su misma arquitectura, evitando cualquier tipo de emulación pesada que se coma la batería. Gracias a esta integración nativa, el chip despliega una eficiencia brutal alcanzando techos de hasta 18 o 19 horas de autonomía real en los modelos de Dell y HP, convirtiendo a estos portátiles en corredores con mucho pulmón, gracias a un consumo energético que mira de tú a tú a los MacBook equipados con Apple Silicon, que destacaron desde el primer día en este campo.
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La ventaja del Snapdragon no está solo en la autonomía, sino en la arquitectura de cuatro nanómetros de sus doce núcleos Qualcomm Oryon a 4 GHz. Con un ancho de banda de memoria masivo de 135 GB/s , el procesador se encarga de que la interfaz no dé un solo tironazo. Además, Qualcomm ha equipado estos modelos con chips con gráficos Adreno capaces de enviar señal a tres monitores 4K externos de forma simultánea, conectividad Wi-Fi 7 de ultra baja latencia y un procesador de imagen dedicado que gestiona el encuadre automático y la autenticación facial por hardware sin apenas consumir batería.
Más allá de la batalla interna entre Intel y Qualcomm, todos los modelos comparten chasis de aluminio-magnesio con pesos de poco más de un kilo, teclados retroiluminados, lectores de huellas. La configuración base irrenunciable es de 16 GB de memoria RAM junto a 512 GB de almacenamiento SSD. La diferencia radicará en si el comprador busca la fuerza bruta o la autonomía del chip de Qualcomm.
La IA como cartel: Gemini, Magic Pointer y la tecla ‘G’
En Mountain View han decidido meternos la inteligencia artificial hasta en la sopa. Los equipos vienen de serie con una tecla dedicada con el logo de ‘G’, así como un año entero del plan Google AI Pro con Gemini Advanced.
Quizá lo que más acabe despertando la curiosidad en el consumidor de a pie sea Magic Pointer, una herramienta que creó Deepmind y que hasta ahora se había quedado en el campo de los experimentos llamativos. Se trata de un cursor inteligente respaldado por Gemini que promete solucionar la vida a los perezosos. La premisa de la compañía es que la flecha del ratón deje de ser un mero puntero tonto y empiece a leer la pantalla en tiempo real, interpretando el contexto de cualquier texto, código o imagen sin necesidad de andar copiando y pegando nada. Solo hay que señalar un elemento y soltar una orden corta para que la IA traduzca un bloque de texto, fusione columnas en una tabla o te deje arrastrar un diseño visual sobre la foto de tu salón para ver cómo encaja al instante. Queda muy llamativo en las presentaciones oficiales, aunque en la práctica queda por ver si tener a una IA vigilando cada milímetro que recorres con el ratón acaba siendo un avance real o simplemente otra excusa para meter esta tecnología donde nadie la había pedido. Es un intento por convertir el sistema operativo en un asistente continuo que trabaje en segundo plano mientras utilizas cualquier aplicación o navegas por internet.
Googlebook is designed for Gemini Intelligence with helpful AI features that no other platform has achieved.
For example, with Magic Pointer, you can point at any on-screen element for instant context-aware suggestions. And with Rambler, you can turn your stream of… pic.twitter.com/Dwt0SqmDT9
— Sameer Samat (@ssamat) September 21, 2026
También hay un guiño técnico interesante orientado a quienes buscan algo más que tareas de consumo diario. Google ha integrado en el sistema un entorno Linux aislado mediante hipervisor, diseñado para que los desarrolladores puedan abrir la terminal y trabajar directamente con Antigravity, la nueva herramienta de programación impulsada por agentes de IA. El entorno también permite utilizar alternativas como Claude Code o Codex de forma fluida. Es un añadido práctico para el público técnico, que busca algo más que la ofimática diaria.
Sin embargo, no a todo el mundo le ha encandilado este despliegue multimillonario. Presumir de miles de millones de operaciones por segundo en la NPU está muy bien para la presentación, pero de poco sirve si el sistema todavía flaquea a la hora de resolver dinámicas de trabajo tradicionales o no cuenta con un catálogo sólido de herramientas profesionales de escritorio.
A por el MacBook, a su manera
Las diferencias frente a la propuesta de Apple son claras. Por un lado, la gama de entrada de Googlebook incorpora paneles táctiles OLED que superan en especificaciones técnicas a las pantallas de los MacBook Air equivalentes, ofreciendo además una integración nativa para el usuario de Android. Sin embargo, la brecha de software sigue siendo su mayor escollo. La ausencia de soporte para aplicaciones profesionales de escritorio tradicionales, las que sostienen los flujos de trabajo pesados en Windows o macOS, limita el atractivo de unos equipos cuyos precios compiten directamente en la franja alta del mercado.
La estrategia de distribución y costes plantea dudas adicionales. En el Reino Unido, los modelos de salida rozan las 1.000 libras, lo que anticipa un coste en euros elevado para el mercado continental europeo. A esto se suma un despliegue por fases que deja fuera de la primera tanda de lanzamientos a países como España, obligando al comprador a asumir precios de gama premium sin contar aún con fecha oficial ni cobertura directa de soporte en su región.
Todo esto deja un panorama incierto. La intención de Google pasa por relegar progresivamente a ChromeOS y posicionar Android como un sistema viable para jornadas laborales completas, en un momento en que Apple busca captar la gama media con el MacBook Neo. El éxito o fracaso de Googlebook OS dependerá de su capacidad para consolidar un ecosistema de trabajo funcional, evitando convertirse en otra plataforma secundaria cuando disminuya la atención sobre sus funciones de inteligencia artificial.

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