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  • Un SR-71 Blackbird desaparece de una base de la NASA en plena carrera por nuevos aviones X

    Un SR-71 Blackbird desaparece de una base de la NASA en plena carrera por nuevos aviones X

    Un ejemplar del legendario SR-71 Blackbird que llevaba años expuesto en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA, en la base Edwards de California —un recinto que comparten con la base aérea Edwards, de la Fuerza Aérea—, ha dejado de estar visible desde al menos mediados de mayo, según imágenes de satélite publicadas por Aviation Week.

    El avión en cuestión es el que llevaba el número de cola 844, matriculado originalmente como 61-7980 por la Fuerza Aérea de EEUU. Se trata del último Blackbird fabricado y también del último en volar. Las imágenes de satélite muestran que el aparato no ha vuelto a verse en su ubicación habitual desde el 17 de mayo, aproximadamente.

    Según fuentes de Aviation Week citadas en su reportaje, el avión habría sido trasladado a un hangar a principios de este año para someterse a una inspección. La propia publicación señala que la disposición actual de la aeronave no está clara, aunque plantea que su desaparición eleva la posibilidad de un programa de regreso al vuelo tras una pausa de más de 26 años.

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    La NASA ha respondido a estas informaciones con una declaración genérica que ni confirma ni desmiente nada concreto sobre el paradero del avión: “Reconocemos el interés por el SR-71 y su extraordinaria historia con la NASA, pero no tenemos información adicional que compartir sobre la aeronave en este momento”, aseguró en un mensaje al medio estadounidense.

    Los nuevos aviones X

    Esta desaparición cobra especial relevancia a la luz de algo que ya adelantamos en Novaceno la semana pasada: el administrador de la NASA, Jared Isaacman, mostró durante el All-In Summit de Los Ángeles una diapositiva con la silueta de un avión oculto bajo una enorme tela que recordaba poderosamente al SR-71, bajo el título Reconstruyendo nuestra cartera de aviones X. Cuando un entrevistador le preguntó directamente si aquello era un Blackbird, Isaacman esquivó la pregunta con un “¿Seguro que eso es un Blackbird?” y no ofreció ninguna aclaración posterior.

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    Uno de los SR-71 Blackbirds que fue adoptado por la NASA después de que su retirada militar. (NASA)

    Uno de los SR-71 Blackbirds que fue adoptado por la NASA después de que su retirada militar. (NASA)

    En aquel momento, la NASA se limitó a responder a TWZ que “queremos ver más aviones X volando en los próximos años, desarrollando las tecnologías que nos permitan volar más alto, más lejos y más rápido de lo que lo hemos hecho en décadas” y que “esperamos compartir más a medida que estos esfuerzos avancen”. Ninguna de las dos respuestas de la agencia confirma un vínculo directo entre la silueta mostrada por Isaacman y el 844.

    Sin embargo, la presentación y la desaparición del avión coinciden en un contexto en el que la NASA está reorientando su presupuesto de aeronáutica hacia diseños radicales. Un detalle que ha bastado para disparar la especulación.

    A esto se suma que Isaacman ya había hablado del SR-71 en otras ocasiones. En el AirVenture de julio, dijo que la NASA, con los nuevos aviones X, quiere “ir más alto, ir más rápido, hasta difuminar las líneas entre estar dentro y fuera de la atmósfera”. Preguntado explícitamente por un posible sucesor del Blackbird, respondió: “Veremos si podemos lograr algo en el próximo puñado de años, pero sí, es un área de gran interés desde una perspectiva de desarrollo”. En un panel posterior, cuando le preguntaron qué avión que nunca hubiera pilotado le gustaría volar, contestó sin dudar: “SR-71 Blackbird”. Cuando el moderador le insistió sobre si tenía el poder de traerlo de vuelta, Isaacman respondió: “Eso es información clasificada”.

    El 844 es el candidato lógico

    Si la NASA o el Pentágono decidieran realmente intentar devolver un Blackbird al servicio, el ejemplar 844 sería, según Aviation Week, el mejor candidato disponible. No solo por ser el último construido y el último en volar, sino porque la propia NASA lo había modernizado en su día con un sistema digital automatizado de control de vuelo y de las tomas de admisión de aire, pensado para eliminar prácticamente el problema de los “unstarts” violentos del motor a alta velocidad, un fallo característico de este avión al operar cerca de sus límites. Además, el aparato ha permanecido en una zona controlada del desierto de Mojave, un entorno favorable para su conservación.

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    Aun así, reconstituir un SR-71 sería complicado. Solo se construyeron 32 unidades, y desde siempre fueron aviones extraordinariamente complejos y caros de mantener. Sus motores turborreactores Pratt & Whitney J58 funcionan con combustible JP-7, que ya no se fabrica de forma regular. Cuando tras el 11-S se planteó la posibilidad de reactivar un Blackbird para apoyar operaciones en la guerra contra el terrorismo, el coste estimado entonces rondaba entre 40 y 45 millones de dólares, y eso apenas dos años después de que el 844 hiciera su último vuelo.

    Isaacman, por cierto, no es ajeno a este tipo de restauraciones. El actual administrador de la NASA fundó una compañía privada de simulación de combate aéreo, Draken International, llegó a poseer la mayor flota aérea privada del mundo compuesta por cazas antiguos, vuela regularmente un MiG-29UB ucraniano desmilitarizado y ha trabajado en la restauración de un interceptor Panavia Tornado F2 de ala variable procedente de la Royal Air Force.

    Nada de lo anterior confirma que el SR-71 número 844 vaya a volver a volar, ni que esté directamente relacionado con la silueta que Isaacman mostró en el All-In Summit. Es posible, como plantean las propias fuentes consultadas, que el avión esté recibiendo un mantenimiento rutinario sin mayor trascendencia. Pero la combinación de una desaparición de meses, sin explicación oficial, justo cuando la NASA insiste públicamente en que quiere “volar tan alto y tan rápido como en décadas pasadas, y luego incluso más”, deja una pregunta abierta que, de momento, Isaacman solo responde con evasivas.

    Un ejemplar del legendario SR-71 Blackbird que llevaba años expuesto en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA, en la base Edwards de California —un recinto que comparten con la base aérea Edwards, de la Fuerza Aérea—, ha dejado de estar visible desde al menos mediados de mayo, según imágenes de satélite publicadas por Aviation Week.

  • El 2011, Japón sufrió el 4º mayor terremoto de la historia: hoy sabemos que hizo posible un animal que nunca debió existir

    El 2011, Japón sufrió el 4º mayor terremoto de la historia: hoy sabemos que hizo posible un animal que nunca debió existir

    El terremoto y tsunami de Japón de 2011 alteraron durante años la vida de varios ecosistemas costeros, hasta el punto de mezclar poblaciones de peces que llevaban cientos de miles de años separadas. Un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution ha seguido las consecuencias genéticas de aquel episodio en unas pequeñas lagunas formadas en la localidad japonesa de Otsuchi. La investigación documenta un experimento natural difícil de reproducir: dos especies de espinosos acabaron compartiendo hábitat después de que la enorme masa de agua desplazara ejemplares fuera de su entorno habitual. Lo ocurrido después permitió observar, generación tras generación, cómo actúa la selección natural cuando una barrera geográfica desaparece de forma repentina.

    El tsunami arrastró hasta esas lagunas ejemplares marinos de Gasterosteus nipponicus, una especie propia del mar de Japón, y los puso en contacto con Gasterosteus aculeatus, vinculado al agua dulce. Ambas especies llevaban aproximadamente 680.000 años separadas, pero todavía conservaban la capacidad de reproducirse entre sí. Las depresiones creadas por las olas y por el hundimiento del terreno quedaron inicialmente llenas de agua marina, aunque las precipitaciones fueron sustituyéndola progresivamente. Así, aquellos estanques terminaron convertidos en ambientes fundamentalmente de agua dulce donde las dos poblaciones pudieron cruzarse.


    Los primeros resultados fueron llamativos. Cuando los investigadores estudiaron las lagunas del centro de Otsuchi en 2012, comprobaron que el 38% de los peces eran híbridos, con ascendencia tanto marina como de agua dulce. La aparición de tantos descendientes mezclados mostraba hasta qué punto una catástrofe natural podía romper en cuestión de horas una separación mantenida durante cientos de miles de años. Pero esa abundancia no significaba necesariamente que estuviera naciendo una nueva especie. El seguimiento posterior revelaría que el nuevo equilibrio genético era mucho más inestable de lo que sugerían aquellas primeras observaciones.

    Una mezcla genética que duró poco

    Con el paso de las generaciones, el ADN procedente de Gasterosteus nipponicus comenzó a desaparecer de los peces de las lagunas. En 2020, menos de una década después del tsunami, los ejemplares analizados eran casi indistinguibles genéticamente de Gasterosteus aculeatus que nunca había entrado en contacto con sus parientes marinos. Como estos espinosos suelen reproducirse una vez al año, el proceso necesitó alrededor de 10 generaciones. La velocidad sorprendió a los científicos porque la pérdida de los alelos marinos fue mucho mayor de la que cabría esperar únicamente por deriva genética aleatoria.

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    Un ejemplar de 'Gasterosteus aculeatus' (Lorenz Seebauer/CC BY-SA 4.0)

    Un ejemplar de ‘Gasterosteus aculeatus’ (Lorenz Seebauer/CC BY-SA 4.0)

    La selección tampoco actuó por igual sobre todo el genoma. Algunas regiones de origen marino desaparecieron especialmente deprisa, entre ellas las relacionadas con la adaptación al agua dulce, la migración hacia el mar, la elección de pareja y la fertilidad de los machos híbridos. Los peces que heredaban determinadas variantes genéticas de su progenitor de agua dulce obtenían una ventaja reproductiva frente a quienes conservaban las equivalentes de origen marino. El resultado ofrece un ejemplo especialmente claro de cómo el ambiente puede favorecer unas combinaciones genéticas frente a otras. La falta de acceso al mar convirtió parte de la herencia de Gasterosteus nipponicus en una desventaja dentro de las nuevas lagunas.

    Los investigadores Takuya Hosoki y Jun Kitano, del Instituto Nacional de Genética de Japón, reconocieron dos resultados inesperados: “Hubo dos grandes sorpresas en este estudio. Primero, no esperábamos que las regiones genómicas asociadas con importantes barreras reproductivas fueran eliminadas tan rápidamente“. También señalaron que les sorprendió que gran parte del genoma procedente de la otra especie continuara desapareciendo con las generaciones. El fenómeno resulta especialmente interesante porque incluso algunas variantes que aparentemente no perjudicaban a los peces en agua dulce terminaron reduciéndose. Esto sugiere que la separación entre especies puede restablecerse con rapidez incluso después de un episodio de hibridación intensa.

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    El caso japonés permite seguir casi desde su inicio un proceso que normalmente los científicos solo pueden reconstruir mucho tiempo después. Otros episodios de hibridación natural suelen descubrirse cuando ya han transcurrido numerosas generaciones o afectan a especies con ciclos reproductivos más largos, lo que dificulta observar cambios tan rápidos. El trabajo también recuerda a lo ocurrido tras el terremoto de Alaska de 1964, cuando espinosos marinos quedaron aislados en masas de agua que terminaron volviéndose dulces y, medio siglo después, ya presentaban diferencias genéticas respecto a sus parientes del mar. En Otsuchi, el tsunami de 2011 juntó dos linajes separados durante 680.000 años, pero apenas 10 generaciones bastaron para que gran parte de aquella mezcla genética volviera a desaparecer.

    El terremoto y tsunami de Japón de 2011 alteraron durante años la vida de varios ecosistemas costeros, hasta el punto de mezclar poblaciones de peces que llevaban cientos de miles de años separadas. Un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution ha seguido las consecuencias genéticas de aquel episodio en unas pequeñas lagunas formadas en la localidad japonesa de Otsuchi. La investigación documenta un experimento natural difícil de reproducir: dos especies de espinosos acabaron compartiendo hábitat después de que la enorme masa de agua desplazara ejemplares fuera de su entorno habitual. Lo ocurrido después permitió observar, generación tras generación, cómo actúa la selección natural cuando una barrera geográfica desaparece de forma repentina.

  • Israel mezcla agua congelada y celulosa y logra crear un nuevo tipo de hielo tan fuerte como el hormigón

    Israel mezcla agua congelada y celulosa y logra crear un nuevo tipo de hielo tan fuerte como el hormigón

    Un equipo de científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha llevado una vieja idea de ingeniería a escala molecular: reforzar agua congelada con celulosa para obtener un hielo capaz de soportar esfuerzos mucho mayores que el convencional. El nuevo material, denominado BioPykrete, incorpora nanocristales vegetales y una proteína diseñada para unir sus componentes.

    La propuesta recupera un concepto investigado durante la Segunda Guerra Mundial: el Pykrete, una mezcla de hielo y serrín que resultaba más resistente y tardaba más en derretirse que el hielo corriente. Los investigadores han sustituido aquel refuerzo macroscópico por nanocristales de celulosa, partículas diminutas y rígidas procedentes del material natural que aporta estructura a las plantas. Al congelarse la mezcla, esas partículas forman una red tridimensional alrededor de pequeñas regiones de hielo.


    El paso decisivo ha sido incorporar una proteína diseñada específicamente para actuar como una especie de adhesivo molecular. Una parte de esa proteína puede unirse al hielo y otra a la celulosa, lo que permite conectar ambos componentes dentro de la estructura congelada. El objetivo no era limitarse a introducir fibras en el agua antes de congelarla, sino controlar cómo se relacionan los materiales a escala molecular para modificar el comportamiento mecánico del conjunto.

    Una resistencia similar al hormigón

    Las pruebas de laboratorio muestran hasta qué punto cambia el hielo cuando recibe este refuerzo. El BioPykrete alcanzó una resistencia a la compresión unas 10 veces superior a la del hielo puro, hasta situarse en niveles comparables a los del hormigón convencional. También fue capaz de absorber alrededor de 70 veces más energía antes de romperse. La proteína desempeñó un papel relevante: su incorporación duplicó tanto la resistencia como la energía absorbida frente a una mezcla de hielo y celulosa que carecía de ese puente molecular.

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    El cambio afecta también a la manera en la que se produce la fractura. Frente a la rotura súbita característica del hielo, este material puede deformarse progresivamente y absorber más energía antes de fallar. “Queríamos ir más allá de simplemente mezclar fibras con hielo y controlar cómo se conectan los diferentes materiales a nivel molecular”, explicó Ido Braslavsky, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Según el investigador, el resultado modifica tanto la resistencia del hielo como la forma en la que termina rompiéndose.

    Sus posibles aplicaciones se concentran por ahora en las regiones árticas y antárticas, donde transportar hormigón, acero y otros materiales de construcción puede resultar complicado y costoso. Al estar compuesto principalmente por hielo y celulosa vegetal, el BioPykrete podría convertirse en una alternativa biodegradable y con una huella de carbono menor para determinadas estructuras sometidas a frío extremo.

    Un equipo de científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha llevado una vieja idea de ingeniería a escala molecular: reforzar agua congelada con celulosa para obtener un hielo capaz de soportar esfuerzos mucho mayores que el convencional. El nuevo material, denominado BioPykrete, incorpora nanocristales vegetales y una proteína diseñada para unir sus componentes.

  • Australia afirma haber creado un nuevo tipo de pintura que se repara sola y consigue que el acero se oxide 600 veces más lento

    Australia afirma haber creado un nuevo tipo de pintura que se repara sola y consigue que el acero se oxide 600 veces más lento

    Una investigación de la Universidad de Queensland, publicada en la revista científica Small Science, ha desarrollado en Australia un recubrimiento inteligente capaz de reparar de forma autónoma pequeñas grietas y arañazos antes de que la corrosión avance sobre el acero. La tecnología, liderada por el nanoarquitecto Asep Nugraha, utiliza partículas microscópicas incorporadas a una pintura de poliuretano con base acuosa. Su objetivo es prolongar durante décadas la protección de puentes, edificios, vehículos y otras estructuras metálicas expuestas al deterioro.

    El funcionamiento parte de unas nanopartículas que actúan como contenedores diminutos de moléculas anticorrosivas. Los investigadores encapsularon benzotriazol, un inhibidor habitual de la oxidación, dentro de una nanoestructura especialmente sensible a los cambios de acidez. Cuando el revestimiento resulta dañado y las condiciones químicas de la superficie empiezan a variar, esas partículas reaccionan y liberan el compuesto protector precisamente en la zona afectada. La pintura deja de comportarse así como una simple barrera pasiva frente al agua y al oxígeno.


    Las pruebas electroquímicas realizadas por el equipo ofrecen una primera medida de hasta dónde puede llegar esta estrategia. El nuevo recubrimiento consiguió limitar la corrosión del acero a 37 nanómetros al año, una velocidad que, según la Universidad de Queensland, supone una protección más de 600 veces superior a la de numerosos productos anticorrosivos de alto rendimiento, capaces de restringir el deterioro aproximadamente a 0,025 mm anuales. Nugraha explica: “Todos los revestimientos antioxidantes inevitablemente se desgastan con el tiempo. No hay forma de evitarlo.”

    Una pintura que responde al daño

    La diferencia reside en que el material puede intervenir cuando aparece una fisura en lugar de depender únicamente de que la capa inicial permanezca intacta. “Lo que hemos creado es una barrera que está constantemente detectando si algo va mal para poder reparar por sí misma cualquier raspadura y grieta, prolongando enormemente la duración de la protección”, señala Asep Nugraha. El investigador describe cada partícula como un nanocontenedor que libera las moléculas de protección únicamente cuando las condiciones de la superficie hacen necesaria esa respuesta química.

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    La investigación del Dr. Nugraha (derecha) incluyó aportaciones del estudiante de doctorado de AIBN, Kwang Keat Leong (izquierda) (Universidad de Queensland)

    La investigación del Dr. Nugraha (derecha) incluyó aportaciones del estudiante de doctorado de AIBN, Kwang Keat Leong (izquierda) (Universidad de Queensland)

    Esta capacidad podría tener especial relevancia en infraestructuras cuya conservación obliga a realizar trabajos periódicos y costosos. La Australasian Corrosion Association calcula que el impacto anual de la corrosión ronda los 90.000 millones de dólares (solo) en Australia, teniendo en cuenta sectores como petróleo y gas, agua, infraestructuras y defensa. Nugraha plantea el caso del Story Bridge como ejemplo del potencial de la tecnología: “Pero imagina, por ejemplo, si solo tuvieras que poner una única capa de pintura en el Story Bridge que lo protegiera durante más de 100 años”.

    El equipo matiza que el recubrimiento no elimina para siempre la corrosión, pero sí podría aumentar de forma sustancial la vida útil de las capas protectoras y espaciar las operaciones de mantenimiento. Los investigadores de la Universidad de Queensland preparan ahora pruebas a escala piloto y trabajan con el objetivo de disponer de un producto comercial dentro de los próximos cinco años. “No es un revestimiento que vaya a durar para siempre, pero los revestimientos que contengan nuestra tecnología tendrán una vida útil mucho mayor, lo que significa mucho menos mantenimiento y mucho más tiempo entre aplicaciones”, afirma Nugraha.

    Una investigación de la Universidad de Queensland, publicada en la revista científica Small Science, ha desarrollado en Australia un recubrimiento inteligente capaz de reparar de forma autónoma pequeñas grietas y arañazos antes de que la corrosión avance sobre el acero. La tecnología, liderada por el nanoarquitecto Asep Nugraha, utiliza partículas microscópicas incorporadas a una pintura de poliuretano con base acuosa. Su objetivo es prolongar durante décadas la protección de puentes, edificios, vehículos y otras estructuras metálicas expuestas al deterioro.

  • 30.000 escáneres oculares aseguran que los ojos no son el espejo del alma, pero sí de la velocidad con la que envejeces

    30.000 escáneres oculares aseguran que los ojos no son el espejo del alma, pero sí de la velocidad con la que envejeces

    Los ojos pueden contener pistas sobre la velocidad a la que envejece el organismo más allá de la edad que marca el calendario. Un equipo de la Universidad Nacional de Seúl ha desarrollado un sistema basado en imágenes del fondo del ojo capaz de estimar la edad a partir de la retina. El trabajo, publicado en la revista científica GeroScience, plantea una vía rápida y no invasiva para estudiar el envejecimiento biológico a partir de una exploración habitual en oftalmología.

    La edad cronológica indica cuántos años han transcurrido desde el nacimiento, pero no refleja necesariamente el deterioro acumulado por el cuerpo. Personas nacidas el mismo año pueden mostrar diferencias considerables en su estado fisiológico por la combinación de la genética, el entorno y los hábitos de vida. Precisamente por eso, los investigadores buscan biomarcadores capaces de medir esas diferencias y ayudar a detectar alteraciones antes de que aparezcan problemas de salud más evidentes.


    El nuevo modelo parte de una técnica conocida como brecha de edad retiniana, o RAG por sus siglas en inglés. El sistema utiliza un gran conjunto de fotografías del fondo ocular para calcular qué edad parece tener la retina y comparar después esa estimación con la edad real de la persona. Los científicos ampliaron los métodos anteriores incorporando tanto ojos sanos como imágenes de pacientes con enfermedades de la retina o del nervio óptico, algo poco habitual en trabajos previos.

    Para entrenar el algoritmo se emplearon 29.530 escáneres de retina pertenecientes a 7.535 participantes. Posteriormente, el sistema se puso a prueba con otras 14.832 imágenes procedentes de 7.416 personas diferentes. Al intentar determinar únicamente la edad cronológica, el modelo registró un error medio de entre 2,5 y 2,7 años, un resultado que, según los autores, mejora la capacidad de predicción de varios modelos anteriores basados en la edad retiniana.

    La retina también refleja la salud

    Las diferencias entre la edad calculada por el algoritmo y la edad real mostraron asociaciones con determinadas enfermedades y hábitos. Las personas con diabetes presentaban una brecha media de 2,52 años, mientras que entre los fumadores actuales era de 0,5 años y entre los antiguos fumadores, de 0,46. También aparecieron valores superiores en pacientes con degeneración macular, con 0,6 años, y con cataratas, donde la diferencia alcanzaba 1,86 años.

    Los propios investigadores advierten de que estos resultados deben interpretarse con cautela. En el caso de las cataratas, por ejemplo, parte de la diferencia podría deberse a que la opacidad dificulta la obtención de imágenes nítidas y no necesariamente a un envejecimiento más rápido de la retina. El trabajo tampoco comparó directamente este método con otros sistemas utilizados para medir la edad biológica, por lo que todavía no permite establecer que la RAG sea un indicador definitivo del envejecimiento de una persona.

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    Su aplicación más inmediata podría estar en el análisis de grandes grupos de población y, más adelante, en las consultas donde ya se realizan fotografías del fondo del ojo de manera rutinaria. Los autores consideran que una edad retiniana anormalmente elevada podría servir para identificar pacientes que necesiten una evaluación médica adicional. Antes de utilizarla como herramienta individual, será necesario seguir a los participantes durante años y comprobar cómo evoluciona esa medida frente a otros biomarcadores consolidados del envejecimiento.

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  • La Fuerza Espacial de EEUU instalará cañones láser para defender Cabo Cañaveral

    La Fuerza Espacial de EEUU instalará cañones láser para defender Cabo Cañaveral

    Después de anunciar que tienen armas en órbita, la Fuerza Espacial de EEUU dice ahora que instalará un sistema láser de energía dirigida capaz de derribar drones que entren en su espacio aéreo restringido de su base de Cabo Cañaveral, Florida. La base, utilizada por las compañías privadas SpaceX, ULA, Blue Origin y Relativity Space en sus misiones para el Pentágono, es clave para el nuevo brazo del Ejército norteamericano. Una organización que se está volviendo cada vez más importante para mantener la supremacía militar de Washington ante el empuje de China en órbitas de baja altitud y cislunares.

    Según los medios norteamericanos, se registraron más de 500 vuelos no autorizados sobre Cabo Cañaveral solo en 2025, aunque no se sabe exactamente si coincidieron con algún lanzamiento ni cuál era su propósito u origen. Sí está claro el peligro que pueden suponer para la seguridad de las actividades militares espaciales del Pentágono.

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    Clave para la defensa de EEUU

    “A medida que el aeropuerto espacial más importante del mundo sigue sosteniendo un ritmo de lanzamientos sin precedentes”, dice el portavoz de la Space Launch Delta 45 (SLD 45), que es una de las unidades de lanzamiento de la Fuerza Espacial, integrada en el complejo espacial más grande e importante del planeta fundado por el gobierno de John Fitzgerald Kennedy para la carrera a la Luna. “La modernización de seguridad en curso integra capacidades de detección, seguimiento y defensa, incluidos sistemas de energía dirigida. Estos proporcionarán a las fuerzas de seguridad conciencia situacional en tiempo real y las herramientas necesarias para proteger al personal, los complejos de lanzamiento y las cargas útiles de seguridad nacional.”

    No es la primera vez que los EEUU han desplegado este sistema. Antes, la Joint Interagency Task Force 401 —dedicada al desarrollo e implantación de estos sistemas de defensa— ya lo había instalado en la base de misiles de White Sands. Según el general de brigada Matt Ross, director de la agencia, “contrarrestar la actividad ilícita y hostil de drones es un imperativo de la defensa del territorio nacional. No existe una ‘solución milagrosa‘ para este reto.” El coronel Scott McLellan, subdirector de la JIATF 401, afirma que “este programa piloto nos permite traducir ese avance en capacidad operativa para el territorio nacional.” El sistema que se instalará en SLD 45 no forma parte del programa piloto de defensa antidrones del Pentágono, aunque usará la misma tecnología.

    Cómo funciona

    El objetivo del sistema, según el diario Florida Today, es proteger los lanzamientos y evitar que se filmen instalaciones con secretos militares en SLD 45. Es un reto mayúsculo, que requiere cubrir el perímetro de Cabo Cañaveral, unas instalaciones que ocupan unos 65 kilómetros cuadrados en una zona abierta y salvaje, con múltiples vías de incursión a lo largo de su litoral.

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    Cañón láser.

    Cañón láser.

    Para conseguir cubrirlo, según la Fuerza Espacial, el sistema de defensa de SLD 45 combinará tres capas: un sistema de interferencia de radiofrecuencia instalado desde diciembre de 2025, un programa para el control de sensores llamado Lattice (red) y cañones láser. El sistema Lattice fusiona datos de radares y sensores militares en una imagen tridimensional para detectar, rastrear y responder automáticamente ante las aproximaciones de aeronaves no autorizadas.

    Probados con éxito por el AFRL, el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, los cañones funcionan como el Iron Beam israelí y serán el método de intercepción preferido sobre la capa de interferencia de radiofrecuencia. Al contrario que las ondas de radiofrecuencia de alta potencia, los láseres no tienen el peligro de poder dañar la electrónica de las naves espaciales.

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    Transbordador militar de EEUU después de su séptima misión. (U.S. Space Force)

    Transbordador militar de EEUU después de su séptima misión. (U.S. Space Force)

    Sin calendario público

    Aunque Israel y el AFRL han probado con éxito estos interceptores, todavía hace falta más trabajo. Las armas láser tienen limitaciones técnicas, como la necesidad de enfriarse por sus altas temperaturas y una menor eficacia cuando hace mal tiempo. Las nubes, la lluvia y la niebla interfieren con la luz láser al dispersar la luz, un fenómeno que debilita su poder destructor. Esto es uno de los grandes problemas de estos sistemas. De ahí la necesidad de que haya un sistema de defensa multicapa.

    Según el coronel Brian Chatman, la base llegará hasta los 300 lanzamientos anuales para seguir subiendo hasta 1.000 lanzamientos y reentradas al año para finales de la década de los 2020. Por eso, asegura, la instalación de este sistema en SLD 45 es una prioridad de Cabo Cañaveral para la JIATF 401. Pronto habrá “una inyección de nueva capacidad aquí en muy corto plazo que se integrará con todo lo que tienen ahora”, apunta, pero todavía no hay un calendario de puesta en marcha del sistema. Tampoco sabemos si el nuevo láser también protegerá el espacio aéreo sobre el Kennedy Space Center.

    Después de anunciar que tienen armas en órbita, la Fuerza Espacial de EEUU dice ahora que instalará un sistema láser de energía dirigida capaz de derribar drones que entren en su espacio aéreo restringido de su base de Cabo Cañaveral, Florida. La base, utilizada por las compañías privadas SpaceX, ULA, Blue Origin y Relativity Space en sus misiones para el Pentágono, es clave para el nuevo brazo del Ejército norteamericano. Una organización que se está volviendo cada vez más importante para mantener la supremacía militar de Washington ante el empuje de China en órbitas de baja altitud y cislunares.

  • La amarga conquista espacial de Musk: Starship llega a órbita pero explota al amerizar en el Pacífico

    La amarga conquista espacial de Musk: Starship llega a órbita pero explota al amerizar en el Pacífico

    Elon Musk tiene entre ceja y ceja llevar al hombre a Marte. El planeta rojo todavía le queda lejos, pero este lunes ha dado un paso en la dirección correcta. Starship, la enorme nave de acero inoxidable con la que el fundador de SpaceX quiere completar su misión, ha conseguido por primera vez entrar y permanecer en la órbita terrestre. Es un gran salto que la compañía lleva meses preparando y casi todo ha salido a pedir de boca. Sin embargo, el hombre más rico del mundo se ha tenido que conformar con una victoria a medias. Después de alcanzar la órbita, desplegar 26 satélites para engordar la constelación de Starlink y completar la maniobra de regreso, la nave terminó explotando y volando por los aires al tratar de posarse en el océano Pacífico.

    Este amargo final no empaña ni un ápice el gran mérito del vuelo 14. Impulsada por 33 motores del cohete Super Heavy, logró ir más allá de donde había llegado jamás. En las pruebas anteriores, la Starship había sido capaz de alcanzar el espacio y lograr alturas suborbitales. Esta vez la nave tenía que acelerar más para superar la atmósfera y convertirse, por primera vez, en un objeto que diese vueltas alrededor de la Tierra. Las cifras hablan por sí solas. Alcanzó una velocidad de casi 26.400 kilómetros por hora para lograrlo para alcanzar unos 276 kilómetros de altitud.

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    Hubo un momento en el que los responsables de este lanzamiento se plantearon abortar la conocida como inserción orbital. El motivo es que uno de los seis motores de Starship se apagó antes de tiempo. Tras revisar los datos, los ingenieros comprobaron que aún había suficiente redundancia y dieron luz verde al encendido.

    Este test no era un simple examen para la Starship. En esta ocasión, llevaba faena de verdad. En la bodega, la nave cargaba 26 satélites de tercera generación para engordar su servicio de internet Starlink. Se fueron colocando uno a uno mientras completaba su viaje orbital.

    Tres de estos satélites están equipados con cámaras que han fotografiado el escudo térmico y el fuselaje, para obtener más información y resolver uno de los grandes retos que tiene Musk para convertir Starship en una nave realmente reutilizable. No basta con llegar hasta allí arriba. El verdadero desafío es conseguir que vuelva entera y pueda hacerlo otra vez.


    Es aquí donde llegó la parte amarga. SpaceX tenía en mente que la misión diese seis vueltas a la Tierra, durante aproximadamente diez horas. En pleno vuelo tuvo que improvisar y recortar. Cuando apenas se habían cumplido dos horas y diez minutos, Starship se giró y volvió a encender uno de sus motores con el fin de frenar la trayectoria y abandonar la órbita. La maniobra salió bien y empezó su descenso hacia el Pacífico. La nave pasó entonces otro momento crítico, la reentrada en la atmósfera terrestre. Fue justo al final, cuando alcanzó el punto de aterrizaje frente a las costas de Chile, cuando todo pasó. La nave se llegó a posar sobre el océano. Durante unos segundos, parecía que la victoría era completa. Pero Starship se ladeó y explotó.

    El objetivo orbital se cumplió. La recuperación, no. La explosión no borra la victoria, pero da una foto real de dónde se encuentra el programa. Starship ya sabe hacer algo que hasta este lunes nunca había conseguido, entrar en órbita, desplegar una carga útil y regresar de forma controlada. Lo que todavía no sabe hacer es convertir toda esa secuencia en una rutina. Ese es precisamente el corazón del proyecto de Musk. SpaceX persigue una máquina que pueda repetir el proceso una y otra vez, sobrevivir a la reentrada, aterrizar, ser recuperada y volver a despegar. Como si fuera un avión que opera vuelos intercontinentales, que llega a destino, se revisa y en unas horas está cruzando el charco de nuevo.

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    El siguiente paso será todavía más ambicioso, intentar que Starship regrese hasta Starbase y sea atrapada por los enormes brazos mecánicos de la torre. Musk lleva años hablando de Marte, pero el camino hasta allí pasa primero por resolver problemas mucho más cercanos.

    Elon Musk tiene entre ceja y ceja llevar al hombre a Marte. El planeta rojo todavía le queda lejos, pero este lunes ha dado un paso en la dirección correcta. Starship, la enorme nave de acero inoxidable con la que el fundador de SpaceX quiere completar su misión, ha conseguido por primera vez entrar y permanecer en la órbita terrestre. Es un gran salto que la compañía lleva meses preparando y casi todo ha salido a pedir de boca. Sin embargo, el hombre más rico del mundo se ha tenido que conformar con una victoria a medias. Después de alcanzar la órbita, desplegar 26 satélites para engordar la constelación de Starlink y completar la maniobra de regreso, la nave terminó explotando y volando por los aires al tratar de posarse en el océano Pacífico.

  • Bill Gates: “La IA podría alterar el mercado laboral y empoderar a los delincuentes. Ese período duraría unos 20 años”

    Bill Gates: “La IA podría alterar el mercado laboral y empoderar a los delincuentes. Ese período duraría unos 20 años”

    Bill Gates ha dibujado un horizonte de profundos cambios alrededor de la inteligencia artificial. Una tecnología que, a su juicio, atravesará primero una etapa especialmente delicada antes de desplegar buena parte de sus beneficios. Durante una entrevista en el programa Meet the Press, de NBC, el cofundador de Microsoft explicó que la sociedad se encuentra al comienzo de una transformación que afectará al empleo, la seguridad y la forma en la que se producen bienes y servicios.

    Gates divide esa evolución en dos grandes fases. La primera estará marcada por una adaptación que podría prolongarse alrededor de 20 años, mientras la IA gana capacidad y se integra en más sectores de la economía. “Sin embargo, estará cambiando el mercado laboral y potencialmente empoderando a los delincuentes si no tenemos las salvaguardas adecuadas, así que tenemos un periodo que probablemente durará 20 años en el que habrá esta adaptación”, afirmó durante la entrevista.


    El empresario considera que la tecnología todavía no ha alcanzado el punto en el que pueda resolver de forma generalizada problemas como el elevado coste de la vida o de la asistencia sanitaria. Esa capacidad llegaría después de la fase de transición. Según su planteamiento, la combinación de robots humanoides e IA permitiría automatizar actividades como la construcción de viviendas o la producción de alimentos, reduciendo algunas de las restricciones que hoy afectan a la economía.

    Una era de abundancia

    “Una vez que superemos eso, entonces una combinación de robots humanoides e IA proporcionará construcción de casas, cultivo de alimentos, muchas cosas. Podrías llamarlo una era de abundancia“, explicó Bill Gates. Ese escenario, según su visión, plantearía otro tipo de interrogantes: cómo encontrar un propósito personal y qué hacer con un eventual aumento del tiempo libre si las máquinas asumen una proporción creciente de las tareas que hoy realizan las personas.

    Las expectativas sobre ese futuro conviven con riesgos que ya preocupan a parte del sector tecnológico. Entre ellos figuran la pérdida de puestos de trabajo, los problemas de privacidad, la ciberseguridad y el posible uso malicioso de sistemas avanzados. Gates ha defendido por ello la introducción de controles específicos y considera que las autoridades deben participar en la definición de las salvaguardas necesarias para limitar los posibles abusos de estas herramientas.

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    “Necesitamos que las fuerzas del orden y los políticos entren en la discusión sobre cómo deben ser las salvaguardas y la supervisión“, señaló. Gates cree que esas medidas deberían ser obligatorias y asumir cierto coste para las empresas, aunque sin frenar de manera drástica el desarrollo tecnológico. Su preocupación inmediata se concentra precisamente en esa primera etapa: “Mi objetivo es que podamos atravesar este periodo de agitación sin demasiado daño“, afirmó al referirse a las próximas décadas de adaptación a la IA.

    Bill Gates ha dibujado un horizonte de profundos cambios alrededor de la inteligencia artificial. Una tecnología que, a su juicio, atravesará primero una etapa especialmente delicada antes de desplegar buena parte de sus beneficios. Durante una entrevista en el programa Meet the Press, de NBC, el cofundador de Microsoft explicó que la sociedad se encuentra al comienzo de una transformación que afectará al empleo, la seguridad y la forma en la que se producen bienes y servicios.

  • EEUU encuentra los vestigios de una “piscina de la muerte” a 1.700 metros en el mar Rojo y descubre que podría tener la clave del origen de la vida

    EEUU encuentra los vestigios de una “piscina de la muerte” a 1.700 metros en el mar Rojo y descubre que podría tener la clave del origen de la vida

    Una antigua piscina de salmuera del mar Rojo, localizada a gran profundidad durante una expedición científica, está ofreciendo nuevas pistas sobre cómo pudieron sobrevivir algunos de los primeros microorganismos de la Tierra. El estudio, publicado en AGU Advances, analiza estos ambientes extremos para reconstruir formas de obtención de energía anteriores a la abundancia de oxígeno en la atmósfera. Los investigadores compararon una piscina activa con otra estructura que conserva las señales geológicas de haber albergado condiciones similares en el pasado. Ese contraste permitió rastrear procesos microbianos que podrían remontarse, en términos evolutivos, a etapas muy primitivas de la vida terrestre.

    El trabajo fue desarrollado por científicos vinculados a la Universidad de Miami y a la organización OceanX, que realizaron tres expediciones entre 2020 y 2023 a bordo del buque de investigación R/V OceanXplorer. El equipo estudió cinco piscinas de salmuera y centró buena parte de sus análisis en dos puntos del mar Rojo. Uno de ellos, denominado NEOM, continúa activo a unos 1.770 metros de profundidad en el golfo de Aqaba. El segundo, conocido como Hume, se encuentra aproximadamente a 1.370 metros bajo la superficie y conserva numerosas huellas de una antigua piscina de características comparables.


    Hume llamó especialmente la atención porque presenta muchos de los rasgos propios de estos lagos submarinos hipersalinos, pero ya no contiene la salmuera que debería ocupar la depresión. Los sedimentos muestran capas ricas en esqueletos de carbonato cálcico pertenecientes a pequeños organismos multicelulares y una zona del fondo marino fuertemente coloreada. Según los investigadores, su aspecto recuerda a las franjas microbianas que rodean la piscina NEOM. La ausencia de la masa de agua extremadamente salada llevó al equipo a considerar a Hume como una piscina de salmuera extinta.

    Microbios capaces de vivir casi sin oxígeno

    Durante décadas, estos entornos fueron considerados zonas prácticamente incompatibles con la vida debido a su elevada salinidad y a la escasez de oxígeno. El análisis de NEOM ha mostrado un escenario mucho más complejo. Mediante técnicas de metagenómica y metatranscriptómica, los científicos examinaron tanto el material genético de los microorganismos como la manera en la que expresan sus genes. Los resultados apuntan a que determinados microbios extremófilos obtienen energía mediante procesos relacionados con la oxidación de minerales, una estrategia metabólica que permite sobrevivir con un acceso muy limitado al oxígeno disponible en otros ecosistemas.

    Entre los microorganismos identificados aparecen formas del filo Myxococcota, bacterias del género Nitrospira y grupos como Candidatus Brocadiae. Su metabolismo parece estar relacionado con la transformación de manganeso y hierro, elementos presentes en estos sedimentos. El interés científico va más allá de describir organismos capaces de soportar condiciones extremas: procesos semejantes podrían haber proporcionado energía a formas primitivas de vida antes del llamado Gran Evento de Oxidación, ocurrido mucho después de que aparecieran los primeros microorganismos terrestres. El estudio plantea así estas piscinas como posibles análogos de ambientes que existieron durante una etapa muy temprana de la historia del planeta.

    Un archivo químico bajo el mar Rojo

    La composición de los sedimentos añade otra pieza a la investigación. Los análisis geoquímicos detectaron concentraciones elevadas de manganeso, hierro, molibdeno y cobre dentro de las zonas asociadas a las piscinas de salmuera. En determinados casos, la cantidad de estos metales superaba en más de 100 veces la observada en sedimentos situados fuera de ellas. Los autores consideran que la actividad de los microorganismos podría favorecer esa acumulación y ayudar a explicar cómo ciertos metales quedan concentrados en ambientes hipersalinos. Esta relación entre microbiología y geoquímica permite estudiar simultáneamente la supervivencia extrema y la transformación mineral del fondo oceánico.

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    La comparación entre la piscina activa de NEOM y el antiguo sistema de Hume permite reconstruir qué puede quedar cuando uno de estos ecosistemas desaparece. Los científicos estiman que los microorganismos asociados a la piscina actualmente extinta habitaron allí entre hace unos 2.000 y 16.000 años, dejando señales químicas y sedimentarias que todavía pueden estudiarse. Ese registro convierte las profundidades del mar Rojo en una referencia para buscar otras piscinas extinguidas y para comprender cómo organismos capaces de obtener energía sin depender de abundante oxígeno pudieron prosperar en ambientes parecidos a los de la Tierra primitiva.

    Una antigua piscina de salmuera del mar Rojo, localizada a gran profundidad durante una expedición científica, está ofreciendo nuevas pistas sobre cómo pudieron sobrevivir algunos de los primeros microorganismos de la Tierra. El estudio, publicado en AGU Advances, analiza estos ambientes extremos para reconstruir formas de obtención de energía anteriores a la abundancia de oxígeno en la atmósfera. Los investigadores compararon una piscina activa con otra estructura que conserva las señales geológicas de haber albergado condiciones similares en el pasado. Ese contraste permitió rastrear procesos microbianos que podrían remontarse, en términos evolutivos, a etapas muy primitivas de la vida terrestre.

  • Exploran una selva tropical en Australia y descubren dos nuevas especies de insectos palo gigantes

    Exploran una selva tropical en Australia y descubren dos nuevas especies de insectos palo gigantes

    Una investigación sobre la biodiversidad de Queensland, Australia, ha sacado a la luz dos insectos que habían conseguido pasar inadvertidos para la ciencia pese a encontrarse en zonas estudiadas durante décadas. El trabajo, publicado en la revista científica Austral Entomology, revisa ejemplares del género Anchiale mediante análisis genéticos y comparaciones anatómicas. Los resultados muestran hasta qué punto el camuflaje de los bichos palo y las semejanzas entre especies pueden complicar su identificación. Uno de los animales permanecía oculto en una selva tropical amenazada y el otro llevaba alrededor de 50 años clasificado con un nombre equivocado.

    La primera especie ha recibido el nombre de Anchiale mabiensis y procede de la selva de Mabi, situada en Atherton Tablelands, al norte de Queensland. Este ecosistema tropical está considerado críticamente amenazado y, según los datos recogidos por los investigadores, en 2021 apenas quedaban 1.050 hectáreas, repartidas además en fragmentos aislados dentro de un paisaje dominado por terrenos agrícolas. Todo apunta a que este bicho palo gigante es endémico de ese hábitat, lo que vincula directamente su conservación con la supervivencia de los últimos reductos forestales.


    La fragmentación convierte a la selva de Mabi en un entorno especialmente vulnerable a la entrada de animales asilvestrados y plantas invasoras y al impacto del pastoreo. Braxton Jones, entomólogo de la Universidad de Sídney, subraya el valor del hallazgo: “Estos descubrimientos demuestran la importancia de proteger los ecosistemas amenazados y documentar la extraordinaria biodiversidad de Australia antes de que perdamos especies sin haber llegado siquiera a descubrirlas“. La identificación de A. mabiensis muestra que incluso pequeñas áreas de bosque pueden albergar especies todavía desconocidas.

    Una especie confundida durante 50 años

    El caso de Anchiale robusta siguió un camino muy diferente. Este gran insecto no estaba escondido en una zona remota, sino que había sido observado y documentado desde al menos 1976. Durante décadas, sus huevos fueron atribuidos a Ctenomorphodes briareus, especie que pasó a denominarse Anchiale briareus en 2007. La revisión genética y el examen minucioso de su anatomía han permitido determinar ahora que aquellos ejemplares pertenecen realmente a una especie distinta, aunque estrechamente emparentada con A. briareus.

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    Una hembra de 'Anchiale mabiensis' (Angus J. Emmott/Jones et al., Entomología Austral , 2026)

    Una hembra de ‘Anchiale mabiensis’ (Angus J. Emmott/Jones et al., Entomología Austral , 2026)

    Las diferencias detectadas son suficientemente claras como para separar ambas líneas evolutivas, también desde el punto de vista reproductivo. Su propio nombre ofrece otra pista: robusta alude al mayor tamaño del animal respecto a su especie hermana. “La taxonomía a menudo se parece un poco al trabajo detectivesco”, explicó Jones. El investigador añadió: “Incluso entre algunos de los insectos más fotografiados y registrados de Australia, seguimos encontrando especies que han escapado al reconocimiento científico“.

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    Anchiale robusta en su hábitat (Jones et al., Entomología Austral , 2026)

    Anchiale robusta en su hábitat (Jones et al., Entomología Austral , 2026)

    Los huevos de los bichos palo fueron otra pieza decisiva para distinguirlos. Los de A. mabiensis presentan un tono marrón parecido al café, son menos brillantes y alargados que los de especies próximas y poseen unos anillos internos en la cubierta que no se habían observado hasta ahora en otros bichos palo. Los de A. robusta son todavía más oscuros: muestran una superficie muy brillante al ser depositados, pero con el tiempo adquieren una textura irregular y mate.

    Una investigación sobre la biodiversidad de Queensland, Australia, ha sacado a la luz dos insectos que habían conseguido pasar inadvertidos para la ciencia pese a encontrarse en zonas estudiadas durante décadas. El trabajo, publicado en la revista científica Austral Entomology, revisa ejemplares del género Anchiale mediante análisis genéticos y comparaciones anatómicas. Los resultados muestran hasta qué punto el camuflaje de los bichos palo y las semejanzas entre especies pueden complicar su identificación. Uno de los animales permanecía oculto en una selva tropical amenazada y el otro llevaba alrededor de 50 años clasificado con un nombre equivocado.