Seis meses después del asesinato de Gustavo Aponte y de su escolta, el 11 de febrero de este año, la Fiscalía ha empezado a ordenar las piezas del rompecabezas. La muerte del empresario había dejado múltiples dudas, pues su familia no lograba entender cómo un ciudadano trabajador, padre ejemplar y propietario de una reconocida compañía de arroz se había convertido en blanco de los criminales. Su hipótesis de que solo podía tratarse de un error fue confirmada este 27 de agosto, cuando la Fiscalía señaló que el objetivo de los sicarios era otra persona, el empresario del oro Olimpo Antonio Oliver Peñaranda. Ese mismo día, las autoridades legalizaron la captura de uno de los presuntos responsables, Leonel Enrique Llanos Paternina, alias Tony, capturado el 26 de agosto en Villavicencio. Este miércoles se dio a conocer una segunda captura: Jherson Leonardo Contreras Ramírez, alias Bambam, fue detenido en el Aeropuerto El Dorado, cuando intentaba salir del país con un pasaporte falso.
Llanos y Contreras son señalados por la Fiscalía de ser parte de la banda de sicarios a la que se le pagó por asesinar a Oliver Peñaranda. Luego de que Tony revelara el error, el empresario ha contado que desde 2020 puso en conocimiento de las autoridades que era objeto de amenazas. Según explicó a través de un comunicado, empezó a ser víctima de intimidaciones tras desarrollar un proyecto de formalización de mineros ilegales en el sur del departamento de Bolívar, en el Caribe colombiano, un proceso que perjudicaba a los grupos armados que se habían lucrado por años de la extracción de metales; las intimidaciones, dice, provenían de la extinta guerrilla de las FARC y del ELN.
“Está plenamente acreditado por prueba testimonial, documental y técnica que de lo que se trató fue de un lamentable error. Estos sujetos, miembros de una organización criminal, de una oficina de sicarios, pretendían asesinar al señor Oliver Peñaranda”, confirmó Mario Iguarán, exfiscal general y abogado de las víctimas del ataque, en el que también murió Luis Gabriel Gutiérrez, escolta de Aponte. La banda hacía un seguimiento de Peñaranda, pero el sicario confundió a la víctima. Al parecer, Aponte y Peñaranda compartían características físicas; ese 11 de febrero llevaban una vestimenta similar y habían ido a entrenar al mismo gimnasio, en el sector de La Cabrera, en el norte de Bogotá, pese a que Aponte no acostumbraba acudir a esa hora.
Llanos Paternina fue enviado a la cárcel, imputado de los delitos de homicidio agravado y tráfico, porte y tenencia de armas de fuego. Según la policía judicial, habría participado en el seguimiento, vigilancia y coordinación logística previa al ataque, que se informaba a través de un grupo de WhatsApp llamado “Gladiadores”, del que hacían parte siete personas. Mediante esa plataforma de mensajería, los implicados intercambiaban información sobre las rutinas y esquemas de seguridad de Peñaranda. La fiscal del caso, Elsa Reyes, sostiene que Tony también habría conducido la motocicleta de placas XCC-62G en la que se transportó y luego se facilitó la huida del sicario, conocido con el alias de Moncayo, y quien no ha sido detenido.
Por su parte, alias Bambam, capturado cuando se disponía a abordar un vuelo hacia Lima, es señalado de ser el segundo cabecilla de la organización y el creador del grupo de WhatsApp. La Fiscalía ha confirmado que un tercer hombre vinculado al crimen fue asesinado el 30 de mayo en el municipio de Tibirita, a unos 100 kilómetros de Bogotá. Con los testimonios de los dos capturados, la Fiscalía busca seguir avanzando para esclarecer quién dio la orden de asesinar a Peñaranda, y qué hechos llevaron a que Gustavo Aponte y su escolta resultaran siendo las víctimas fatales.














