Detectan la primera señal de radio procedente de un exoplaneta, y no, no la han mandado los extraterrestres

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El enfoque tradicional en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) consiste en buscar una señal de radio procedente de un exoplaneta situado en la zona habitable de una estrella lejana. No hemos detectado ninguna señal de ese tipo en los 66 años transcurridos desde que Frank Drake inició esta búsqueda en 1960.

A la vista de que no se ha detectado nada, cabe preguntarse si esta estrategia no es un simple autoengaño, como mirarse al espejo e imaginar parejas que se parezcan a uno mismo. Al fin y al cabo, la radiocomunicación se desarrolló en los albores de nuestros avances tecnológicos y, en menos de un siglo, ya está siendo sustituida por la fibra óptica y la comunicación láser. También podría ser ingenuo suponer que nuestros homólogos galácticos inteligentes tengan cerebros biológicos como los nuestros, que hayan evolucionado por selección natural y que estén deseosos de comunicarse con seres afines.

Nuestra propia civilización está entrando en una nueva fase tecnológica en la que la inteligencia artificial (IA), fabricada con chips de silicio, probablemente superará las capacidades cognitivas de los cerebros biológicos de la Tierra. Nuestro futuro podría estar moldeado por robots de IA autorreplicantes. Si la mayoría de las civilizaciones tecnológicas atraviesan la transformación hacia la IA en el plazo de un siglo tras desarrollar la radiocomunicación, es más probable que nos topemos con sus productos de larga vida, en forma de robots de IA autorreplicantes, que con las señales de radio, que representan la fase transitoria anterior de los cerebros biológicos.

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Esto me llevó a proponer recientemente aquí y aquí que sería mejor buscar IA extraterrestre (SETAI) en lugar de dedicarnos al SETI tradicional. En vez de limitar su presencia a la zona habitable de las estrellas, donde la química de la vida tal como la conocemos puede prosperar en agua líquida, los robots de IA migrarían a zonas más cercanas a su estrella anfitriona, donde reciben más energía por unidad de superficie y de tiempo para alimentar sus centros de datos y sus actividades predilectas.

Hace una docena de años animé a los radioastrónomos a buscar señales de radio de exoplanetas. Mi motivación no era el SETI, sino obtener imágenes de la órbita de los exoplanetas alrededor de su estrella anfitriona. Entre esos observadores se encontraba mi colega del Departamento de Astronomía de Harvard, el profesor Edo Berger. Hace unas semanas, Edo me escribió un correo para contarme que había coescrito un nuevo artículo, publicado aquí el 15 de septiembre de 2026, que anuncia el primer descubrimiento de emisión de radio del exoplaneta masivo β Pictoris b.

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Detecciones de radio del exoplaneta β Pictoris b en cuatro sesiones de observación y en dos bandas de frecuencia. (K.N. Ortiz Ceballos, E. Berger, & Y. Cendes 2026))

Detecciones de radio del exoplaneta β Pictoris b en cuatro sesiones de observación y en dos bandas de frecuencia. (K.N. Ortiz Ceballos, E. Berger, & Y. Cendes 2026))

La estrella anfitriona, β Pictoris, se encuentra a una distancia de 63,4 años luz, y tiene 1,79 veces la masa del Sol y 8,7 veces su luminosidad. Esta estrella de la secuencia principal es muy joven, con solo 23 millones de años, y alberga un disco de escombros y al menos tres planetas gigantes. El planeta más masivo del sistema, β Pictoris b, tiene 12 veces la masa de Júpiter. El semieje mayor de su órbita es 10 veces mayor que la distancia entre la Tierra y el Sol, lo que le permite alcanzar una separación angular de hasta 0,55 segundos de arco respecto a su estrella durante su órbita de 24 años.

La estrella anfitriona es magnéticamente tranquila, lo que convierte a su sistema planetario en un objetivo ideal para observaciones de radio, libres de la contaminación de la emisión de radio de la estrella. El planeta β Pictoris b tiene una temperatura superficial efectiva de 1700 kelvin, lo que lo convierte en un análogo joven, de masa planetaria, de las enanas ultrafrías en las que se ha detectado emisión de radio auroral. En concreto, el planeta coincide con el tipo espectral de 2MASSW J0746425+200032 y con la masa de SIMP J013656.5+093347, pero con un origen de formación planetario confirmado dinámicamente, en lugar del origen de campo propio de una enana marrón. El nuevo preprint recoge observaciones de radio del sistema β Pictoris realizadas con el conjunto MeerKAT en cuatro sesiones durante 2025 y 2026, en la banda de frecuencia L (0,8-1,7 gigahercios) y en la banda S (1,7-3,5 gigahercios).

Los campos magnéticos de los planetas proceden de la actividad de dinamo en su interior. Determinan el escape atmosférico y frenan los vientos estelares. Hasta ahora nunca se habían medido directamente en planetas ajenos al sistema solar. Una firma observable directa es la emisión de radio auroral, producida habitualmente por la inestabilidad máser de ciclotrón de electrones, cuya frecuencia máxima emitida depende de la intensidad del campo magnético. Se observan ráfagas de radio auroral en los planetas del sistema solar y en algunas estrellas enanas ultrafrías.


El nuevo estudio informa de la primera detección de radio inequívoca de un planeta extrasolar. La señal detectada puede explicarse como emisión de radio auroral de β Pictoris b. Muestra ráfagas rápidas, recurrentes y con una elevada polarización circular, además de emisión persistente, en frecuencias de 0,85 a 3,5 GHz. La emisión se identifica como radiación máser de ciclotrón de electrones, lo que implica un campo magnético de al menos 1,25 kilogauss, y supone la primera medición directa de la intensidad de campo de un exoplaneta.

El mismo mecanismo de emisión de radio opera en el sistema solar y no indica un origen tecnológico. El planeta emisor es un gigante gaseoso con una masa doce veces superior a la de Júpiter y solo seis veces inferior a la mínima necesaria para iniciar la fusión del hidrógeno en las estrellas enanas. Es evidente que no cabe esperar que un gigante gaseoso con esa masa y esa órbita dé lugar a vida. La intensidad de campo magnético deducida es razonable para un objeto joven de esta masa.

En respuesta a su correo con el anuncio del descubrimiento, felicité a Edo Berger y a sus colegas por este hallazgo pionero, que ojalá conduzca a futuras detecciones de radio de otros exoplanetas. Sigo pensando que deberíamos desviar nuestra atención de la búsqueda tradicional de señales de radio del SETI hacia una futura búsqueda de sondas físicas y de Fenómenos Anómalos No Identificados cerca de la Tierra mediante el SETAI.

El enfoque tradicional en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) consiste en buscar una señal de radio procedente de un exoplaneta situado en la zona habitable de una estrella lejana. No hemos detectado ninguna señal de ese tipo en los 66 años transcurridos desde que Frank Drake inició esta búsqueda en 1960.

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