Svetlana Tijanóvskaya: «Lukashenko está atado en corto por Putin, pero teme que enviar tropas a Ucrania haga estallar de nuevo al pueblo bielorruso»

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«El mundo a veces no está preparado para decisiones valientes», dice Svetlana Tijanóvskaya (Mikashévichi, URSS, 1982). Una de esas veces fue el verano de 2020. El régimen de Aleksandr Lukashenko, que cumplía entonces 26 años en el poder, encarceló a su marido, el youtuber Serguéi Tijanovski, y aspirante a la presidencia de Bielorrusia. Tijanóvskaya, entonces profesora de inglés, ocupó su lugar en la candidatura.

Nunca quiso ser líder, pero fue proclamada vencedora de unas elecciones que Lukashenko se atribuyó y que la oposición y la comunidad internacional denunciaron como fraudulentas. Unos días después, Tijanóvskaya huyó a Vilna para evitar su detención, en medio de una ola de protestas a favor del cambio y de una represión que dejó a más de 7.000 personas encarceladas en apenas cuatro días. Y solo era el principio.

«Por suerte, hoy las cosas están cambiando», afirma. Y es precisamente ese viraje lo que, dice, la empuja a seguir luchando desde el exilio para exponer y denunciar a un dictador «atado en corto» por Vladímir Putin, pero temeroso de que un nuevo estallido social vuelva a poner en jaque su poder si decide enviar tropas a Ucrania. «Lukashenko siente que la población hierve por dentro y los bielorrusos somos gente paciente», asegura.

Han pasado seis años desde las protestas masivas de 2020. ¿Ha conseguido Lukashenko silenciar a la oposición democrática en este tiempo?

A pesar de muchos intentos, de la presión brutal, como en tiempos de Stalin, Lukashenko no ha conseguido destruir nuestra unidad ni legitimarse. Como movimiento democrático, hemos construido instituciones fuertes y trabajamos oficialmente con países, partidos e instituciones europeas. Tenemos un espacio de actividad bastante limitado, pero estamos exprimiendo cada gota de ese espacio.

En el último año se han producido liberaciones de presos políticos, entre ellas la de su marido, Serguéi Tijanovski, a cambio de que EE UU levante algunas sanciones. ¿Qué busca Lukashenko con esta estrategia?

Quiere salir del aislamiento y mostrar que es humano. Pero para él no es más que un cálculo. Mantiene a los presos políticos como rehenes y los utiliza como moneda de cambio. Libera a algunos a cambio del levantamiento de sanciones, pero después detiene a más personas para tener nuevos rehenes con los que negociar. Es como una puerta giratoria.

Estados Unidos ha sido clave en estas liberaciones, pero al mismo tiempo la Administración Trump ha establecido contactos con Putin. ¿Teme que Washington pueda llegar a normalizar el régimen bielorruso?

Para nosotros lo importante es que esta vía humanitaria no se transforme en una vía política. Lukashenko busca reconocimiento y quiere demostrar: «He salido del aislamiento. Miren, estoy hablando con Estados Unidos». Y creo que espera que, a través de esta comunicación humanitaria con Washington, el régimen consiga romper la posición europea unida. Las sanciones europeas son mucho más fuertes y eficaces. Europa mantiene la posición de no hablar con Lukashenko porque la represión continúa, hay gente en las cárceles y la violencia continúa. No existen condiciones para levantar las sanciones. Las sanciones estadounidenses pueden utilizarse para liberar a los presos políticos, pero las sanciones europeas tienen que utilizarse para liberar a Bielorrusia. Porque sin cambios sistémicos, sin poner fin por completo a la represión y sin una amnistía, es un círculo vicioso. Si se levantan las sanciones, significa que ya no hay ningún problema, pero el problema existe.

¿Qué herramientas tiene la oposición para evitar que se levanten las sanciones europeas sin que haya cambios reales en Bielorrusia?

Ucrania se ha convertido en un gran aliado nuestro. Se sumó a todas las sanciones europeas, impuso sanciones nacionales, y la voz ucraniana a favor de una Bielorrusia democrática y libre es muy fuerte en el ámbito europeo. El presidente Trump dijo que Lukashenko tenía que liberar a 1.300 rehenes. Durante un año se ha liberado a unas 500 personas, pero el número de presos no ha disminuido mucho porque cada día detienen a nuevas personas. Y los estadounidenses lo ven. Lo importante es que las sanciones europeas son mucho, mucho más fuertes que las estadounidenses. Levantando solamente las sanciones estadounidenses, Lukashenko no obtiene demasiado beneficio. Las sanciones estadounidenses pueden utilizarse para liberar a los presos políticos, pero las sanciones europeas tienen que utilizarse para liberar a Bielorrusia.

«Las sanciones estadounidenses pueden servir para liberar a los presos políticos; las europeas tienen que utilizarse para liberar a Bielorrusia»

La dependencia política, económica y militar de Bielorrusia respecto a Moscú se ha profundizado desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. ¿Cuánto margen tiene realmente Lukashenko para tomar decisiones de forma independiente de Putin?

Lukashenko está atado en corto por Putin, que decide si esa correa debe ser más corta o más larga. Está completamente bajo su control.

¿Hay alguna decisión importante que pudiera tomar hoy en contra de los deseos de Moscú?

Quizá el único espacio libre que tiene es la política interna, la represión, porque a Putin no le importa. Solo quiere que Lukashenko siga siendo leal. Pero no debemos sentir lástima por Lukashenko: esa ha sido su política durante 30 años. Y tienen una especie de amistad simbiótica porque Lukashenko necesita a Putin, pero Putin también necesita a Lukashenko.Se utilizan mutuamente y, por eso, es una ilusión pensar que podemos sacar a Lukashenko de Putin. Ha sido su vínculo mental, ideológico; están absolutamente unidos.

¿Qué le interesa a Putin de Lukashenko y de Bielorrusia?

Es un socio muy barato que, en cualquier momento, puede poner a disposición de Rusia nuestro ferrocarril, territorio, infraestructuras e instalaciones para mantener bajo presión a los países europeos y a Ucrania. Lo hemos visto con los ataques de migrantes, los drones sobre Lituania y Polonia y la presión en la frontera norte con Ucrania.

Sin embargo, a pesar de que Rusia tiene capacidades militares en el país, Lukashenko no ha enviado oficialmente tropas bielorrusas a Ucrania en los últimos cinco años. ¿Es una suerte de línea roja que no quiere cruzar?

No es exactamente así. Lukashenko siente la resistencia de Bielorrusia y de la población a participar en cualquier guerra. Entiende que, si da la orden a los militares, podría haber una revuelta militar. Los bielorrusos somos pro-ucranianos y Lukashenko tiene miedo de la gente, ante todo. Quiere ser leal a Putin, pero entiende que esta orden de participar sería un callejón sin salida.

Hay quien dirá que Putin está presionando a su socio para entrar en la guerra..

No lo creo. Para Putin es cómodo tener a Bielorrusia y su territorio sin ningún tipo de turbulencia cívica o militar. Sabe que puede utilizar Bielorrusia para evitar sanciones, utilizar nuestras instalaciones, desplegar armas nucleares, chantajear a los países occidentales y al mismo tiempo mantener una situación relativamente tranquila gracias a que Lukashenko mantiene a la gente atemorizada.

¿Qué teme exactamente Lukashenko?

Durante estos años, el deseo de cambio no ha desaparecido. Y si declara una movilización o envía al ejército, estos movimientos internos pueden volver a estallar porque los bielorrusos somos personas bastante pacientes… hasta que sucede algo. Los sentimientos de la gente están hirviendo por dentro. Por eso tiene miedo. Y sabe que arrastrar a los bielorrusos a la guerra es muy impopular incluso entre las autoridades, los servicios de seguridad y las empresas. No quiere estar del lado del perdedor, pero no tiene alternativas. Solo tiene a Putin.

Dice que está solo, pero Lukashenko busca reabrir contactos con Washington, mientras estrecha sus relaciones con Xi Jinping y Kim Jong-un. ¿Cuál es su objetivo?

No creo que quiera cortar su dependencia de Rusia, sino demostrar al mundo que no está solo. Pero sus aliados no son países democráticos, y las dictaduras están construyendo alianzas frente al mundo democrático. También se trata de comercio y nuevos mercados, porque el mercado europeo está cerrado para Lukashenko. Necesita sobrevivir y financiar la represión. También intenta trabajar con países africanos, tanto para encontrar nuevos mercados como para demostrar que sigue siendo una figura política con interlocutores internacionales. Pero China tiene intereses pragmáticos en Bielorrusia y, si no ve estabilidad en el país, no invertirá allí.

Rusia ha intensificado su presión híbrida sobre los países europeos mientras continúa emitiendo amenazas sobre una posible confrontación militar con la OTAN, incluido el uso de armas nucleares. ¿A dónde está intentando llegar?

Rusia intenta poner a prueba los límites, ver hasta dónde son capaces de reaccionar los países de la OTAN. Envían drones a Lituania, migrantes, atacan medios de comunicación… Está intentando envenenar las mentes de los europeos simplemente para ver qué sucede. También quiere mantener a Europa en una tensión constante, chantajear, amenazar y desviar la atención de Europa de la ayuda a Ucrania hacia los problemas internos cotidianos, como los problemas fronterizos, en lugar de enviar armas a Ucrania. Es simplemente una forma de desviar la atención de Ucrania.

Usted ha repetido en varias ocasiones que las dictaduras parecen eternas hasta que de repente caen. Si Lukashenko se fuera mañana, ¿estaría Bielorrusia preparada para una transición democrática?

Absolutamente, sí. Hemos construido instituciones de poder muy fuertes. Ahora están en el exilio, pero estamos preparados para regresar a Bielorrusia. Lo importante es que la gente vea una alternativa clara al mundo ruso, más europea. Desde 2020 escuchamos a líderes europeos decir: «Forman parte de nuestra familia. Les damos la bienvenida. Les ayudaremos», y la gente empezó a creer que es posible librarnos de la dependencia de Rusia. En un momento de oportunidad habrá dos propuestas para Bielorrusia: una rusa y otra europea. Nuestra tarea es asegurarnos de que la oferta europea sea más fuerte que la rusa.

«Cuando Lukashenko no esté, habrá dos propuestas para Bielorrusia: una rusa y otra europea. Nuestra tarea es asegurarnos de que la segunda sea más fuerte»

¿Y cuáles ve como los principales desafíos a los que se enfrentan las fuerzas democráticas bielorrusas?

La oposición democrática no somos un grupo de personas, son millones de personas que viven en Bielorrusia. Entiendo que el trabajo de las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad civil en el exilio sea más visible. Pero recibo muchos mensajes de apoyo desde dentro de Bielorrusia, aunque la gente esté sometida a un nivel enorme de represión. Quienes vivimos en el exilio también sufrimos represión transnacional. Nuestros bienes son confiscados. Tenemos causas penales y juicios en ausencia. Somos considerados extremistas y terroristas. Intentamos explicar que el caso de Bielorrusia no se refiere solamente a los presos políticos. No se trata solamente de una cuestión de derechos humanos. Se trata de su seguridad. Porque una Bielorrusia libre y democrática es, ante todo, una cuestión de seguridad.

Lleva seis años luchando por la democracia desde fuera de su país, mientras su familia ha pagado un precio personal muy alto. ¿Ha merecido la pena?

Por supuesto. En 2020 hubo un cambio en la mentalidad del pueblo bielorruso. Empezamos a creer en nosotros mismos y vimos que realmente podíamos provocar cambios. No teníamos suficiente poder para cambiar las cosas, pero nos vimos unos a otros y nos dimos cuenta de que estábamos despiertos. También empezamos a sentirnos orgullosos de nuestra identidad. Antes, viviendo bajo el paraguas de Rusia, no teníamos una identidad nacional muy clara. Pero en 2020 nos dimos cuenta: somos bielorrusos, no somos rusos. Somos diferentes, somos únicos. Nuestra lengua, que fue reprimida durante décadas, se está haciendo cada vez más popular. Los padres hablan con sus hijos sobre nuestra historia y nuestra cultura. Sería absurdo esperar que una dictadura de 30 años y el legado de la Unión Soviética pudieran desaparecer en uno, dos o tres días. Tiene que producirse una transformación como nación. Cada bielorruso está sacrificando mucho. Muchos lo han perdido todo: su libertad, incluso sus vidas. Pero la gente no se rinde e intenta hacer pequeñas cosas.

Porque las revoluciones normalmente no son actos de heroísmo de una sola persona. Son pequeños actos de heroísmo de millones.

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