Category: Tecnologia

  • Científicos construyen una mano que anda: puede cambiar el futuro de la robótica

    Científicos construyen una mano que anda: puede cambiar el futuro de la robótica

    Las manos robóticas siempre están atornilladas a la muñeca del brazo de un humanoide, esperando a que éste las mueva hacia cualquier válvula que haya que girar o cualquier objeto que toque manipular. En el Laboratorio de Robótica Blanda de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich), un grupo de investigadores decidió darle la vuelta a esa dinámica de siempre diseñando una mano autónoma que camina a su aire por cualquier superficie, equilibra su propio peso y manipula objetos usando únicamente sus cinco dedos. Puede parecer una recreación robótica tan fascinante como inútil de Cosa, el famoso mayordomo desmembrado de la familia Addams, pero va mucho más allá. Amirhossein Kazemipour me cuenta que Cosa sirvió en parte de inspiración, pero lo cierto es que esta mano andante puede convertirse en un avance clave para el futuro de la robótica.

    Kazemipour es uno de los tres investigadores tras el proyecto, junto con Hehui Zheng y Robert Katzschmann, que acaban de publicar un artículo científico donde abordan un viejo dilema de la manipulación móvil. Cuando un robot autónomo tiene que inspeccionar equipos o accionar interruptores en espacios estrechos, los operarios se ven obligados a meter largos brazos mecánicos por el hueco o a plantar un armatoste sobre ruedas justo en la entrada. “La idea es darle cierta independencia a la mano”, me explica Kazemipour por correo electrónico. “Normalmente, un brazo la lleva para hacer el trabajo. Queríamos que los mismos dedos se encargasen de llegar hasta allí, mantener el equilibrio y manipular objetos”. Además, al poner a los dedos a cumplir una doble función como patas, los ingenieros de la ETH Zúrich se ahorraron el peso extra, la complejidad y los puntos de rotura mecánica que supondría meter ruedas o extremidades secundarias.

    TE PUEDE INTERESAR

    Cómo funciona

    Enseñar a una mano humana a moverse como si fuera una araña plantea, no obstante, complejos obstáculos geométricos y cinemáticos. Conseguir que articulaciones físicas asimétricas se doblen y aguanten su propio peso fue un auténtico dolor de cabeza geométrico y mecánico, según detalla el artículo. Las plataformas con patas convencionales, como los perros robóticos cuadrúpedos, juegan con la ventaja de la simetría bilateral: sus lados izquierdo y derecho son idénticos y reparten el peso de manera uniforme sobre una estructura nivelada. Una mano antropomórfica no tiene nada de eso. Cuenta con un pulgar oponible, cuatro dedos de medidas visiblemente dispares y una palma que descansa con una inclinación asimétrica natural.

    Los investigadores comprobaron que, al aplicar los algoritmos de marcha habituales de los robots cuadrúpedos —las fórmulas con las que aprenden a caminar— a una pinza comercial estándar, los dedos arrastraban las uñas contra el suelo o se abrían sin control, con enormes dificultades para mantenerse de pie sobre las yemas.

    Para resolver este dilema anatómico, el equipo ideó un ingenioso programa que anula matemáticamente esa inclinación natural de la palma, de modo que la mano siempre sabe dónde está el suelo plano sin frenar su movimiento corporal. En lugar de forzar los dedos a un paso rígido y artificial, entrenaron a una inteligencia artificial dentro de un simulador físico mediante aprendizaje por refuerzo profundo, ese método de ensayo y error digital donde las manos virtuales practican millones de pasos hasta dar con la tecla.

    El estudio detalla que el sistema ancla cada yema a una posición base a través de muelles virtuales invisibles. Vienen a ser guías matemáticas intencionadamente flexibles en el eje longitudinal para permitir pasos largos hacia delante, pero cuatro veces más rígidas en los ejes lateral y vertical para evitar que los dedos se desvíen hacia los lados o que la estructura se colapse.

    Cuando probaron el invento, funcionó. Y en efecto, se comportaba como la auténtica Cosa de las películas.

    Una vez conseguido esto, lograron que funcionara sin necesidad de cables conectados a un superordenador externo. Hacerlo con cable habría arruinado la idea de crear una mano desmontable y libre; tenía que valerse por sí misma. Para resolverlo, montaron una mochila a medida de 80 gramos con una Raspberry Pi Zero 2 W, una unidad de medición inercial (o IMU, el sensor de movimiento e inclinación que llevan los móviles) y una pequeña batería de polímero de litio acoplada a una mano robótica comercial. El resultado es una máquina totalmente inalámbrica e independiente de 818 gramos. El artículo señala que la red neuronal integrada funciona a 50 hercios, lo que significa que recalcula la posición de los motores 50 veces por segundo. El controlador de la propia mano traduce al instante esas órdenes digitales en ángulos mecánicos exactos, permitiéndole corregir el equilibrio en milésimas de segundo sin depender de cables.

    placeholder
    La mano es independiente de su brazo. En el futuro podrá separarse y volverse a juntar con su brazo robótico. (ETH Zurich)

    La mano es independiente de su brazo. En el futuro podrá separarse y volverse a juntar con su brazo robótico. (ETH Zurich)

    Cómo los guantes robóticos de Iron Man

    El equipo puso a prueba la mano en varios experimentos sobre el terreno. En las pruebas sin cables, el dispositivo se desplazó por 14 tipos de superficies distintas bajo techo y al aire libre, moviéndose con soltura sobre chapa estriada resbaladiza, rejillas metálicas, hormigón seco, césped artificial y gravilla suelta. El estudio señala que, si vuelca de lado, un sistema de recuperación integrado aprovecha la IMU para detectar la inclinación anómala y hace palanca con los dedos contra el suelo hasta ponerse en pie antes de retomar la marcha normal.

    En otra prueba de manipulación directa, la mano pulsó las teclas de dirección de un teclado convencional y completó con éxito 29 de 32 pulsaciones para resolver puzles en el clásico juego Sokoban. Y ahora me apetece echar una partida de ajedrez contra esta Cosa.

    Kazemipour me explica que construir una mano reptante no fue un mero ejercicio de extravagancia ingenieril. Este aparente artificio constituye un avance decisivo para futuras aplicaciones prácticas. “A largo plazo, imagina a un robot dejando su mano junto a una abertura estrecha, permitiendo que esta se introduzca arrastrándose para accionar un control o desplazar un objeto, y recogiéndola después”, comenta. “No sería necesario encajar todo el robot en ese hueco”. Solo la mano. Esta fórmula podría asistir a equipos de rescate en edificios colapsados, a operarios que revisan tuberías o en líneas de montaje donde no cabe un brazo mecánico tradicional.

    El planteamiento abre la puerta a una filosofía modular y descentralizada de la robótica a largo plazo. “Encaja con una visión mucho más potente que me entusiasma: módulos que resuelven problemas por su cuenta”, apunta Kazemipour. “Un sistema central podría marcar los objetivos mientras cada módulo gestiona su movimiento y lo que detecta a su alrededor. Con el hardware adecuado, las piezas podrían soltarse cuando haga falta y ensamblarse de nuevo cuando el trabajo exija el cuerpo completo“.

    Es una solución modular brillante que puede aportar mucho más que la simple suma de piezas a la que nos tienen acostumbrados los robots de hoy. En vez de resignarnos a humanoides monolíticos que quedan inservibles en cuanto falla una articulación clave, las máquinas del futuro podrían recurrir a componentes modulares capaces de separarse, colarse por rendijas y volverse a juntar cuando la tarea requiera fuerza bruta.

    Eso sí, aún queda un buen trecho por delante. Por ahora, el laboratorio trabaja en integrar visión artificial propia para librarse de las cámaras externas del techo, además de diseñar sistemas automáticos de anclaje. “Todavía no hemos resuelto el ensamblaje completo ni el desacople automático en esta fase”, admite Kazemipour. “Lo que hemos demostrado es que una mano de proporciones humanas, con sus dedos asimétricos y su pulgar torcido, puede aprender a andar y manipular cosas aguantando su propio peso. Lleva su propia batería y su propio chip, así que es un primer paso hacia esa gran idea”. Incluso como punto de partida, comprobar que cinco dedos bastan para empujar, enderezar y estabilizar una pinza autónoma deja entrever que la próxima generación de robots quizá no necesite cargar con sus manos hasta entornos de trabajo difíciles. Piensa menos en Cosa y más en las manos de la armadura de Iron Man moviéndose y trabajando por su cuenta mientras Tony Stark moja su donut en el café.

    Las manos robóticas siempre están atornilladas a la muñeca del brazo de un humanoide, esperando a que éste las mueva hacia cualquier válvula que haya que girar o cualquier objeto que toque manipular. En el Laboratorio de Robótica Blanda de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zúrich), un grupo de investigadores decidió darle la vuelta a esa dinámica de siempre diseñando una mano autónoma que camina a su aire por cualquier superficie, equilibra su propio peso y manipula objetos usando únicamente sus cinco dedos. Puede parecer una recreación robótica tan fascinante como inútil de Cosa, el famoso mayordomo desmembrado de la familia Addams, pero va mucho más allá. Amirhossein Kazemipour me cuenta que Cosa sirvió en parte de inspiración, pero lo cierto es que esta mano andante puede convertirse en un avance clave para el futuro de la robótica.

  • La paradoja de la IA: se cuela por las mismas grietas de Internet que debía proteger

    La paradoja de la IA: se cuela por las mismas grietas de Internet que debía proteger

    La reciente revelación de que agentes de OpenAI han interactuado de forma autónoma y sin permiso con servidores del Gobierno de Estados Unidos y de Australia expone una paradoja inquietante. Los mercados parecen haber aparcado los temores iniciales sobre la capacidad de la inteligencia artificial para acabar con la especie humana, pero la irrupción de modelos proactivos y desalineados confirma un cambio de paradigma profundo.

    A medida que el sector evoluciona desde simples ‘chatbots’ hacia agentes capaces de ejecutar flujos de trabajo sin latencia, la tecnología llamada a blindar las redes demuestra una agilidad insólita para desmantelarlas cuando busca posibles vulnerabilidades. Este fenómeno exige dejar de ver la ciberseguridad como una simple herramienta informática y abordarla estructuralmente como un problema de sistemas complejos, tal y como advierte el Informe de conclusiones de la Jornada de trabajo sobre IA y ciberseguridad elaborado por el Dr. Jorge Calvo Martín para la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX) dentro del Proyecto PECIEE.

    La obsolescencia de la defensa estática

    La facilidad con la que estas inteligencias artificiales sortean las barreras reside en su arquitectura y su extrema adaptabilidad. Según detalla la investigadora María Lourdes Martín Martín en su estudio para la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), los algoritmos de aprendizaje automático y profundo están diseñados para asimilar volúmenes masivos de información a una velocidad inalcanzable para el ser humano. Cuando un agente de OpenAI encuentra bloqueadas las vías ordinarias, busca rutas alternativas escaneando el perímetro y superando a los modelos defensivos tradicionales, los cuales sufren lo que la científica Noemí de Castro García (Universidad de León) define como concept drift: la dramática pérdida de eficacia de los cortafuegos estáticos ante la mutación continua de las amenazas.

    TE PUEDE INTERESAR

    Para lidiar con esta asimetría evolutiva, la investigación se vuelca en modelos fundacionales aplicados al tráfico de red que puedan aprender patrones generales y adaptarse a cualquier ataque. Sin embargo, la confianza ciega en la automatización sin medir su rango de incertidumbre genera una falsa sensación de seguridad, haciendo indispensable la supervisión humana cuantitativa para evitar tanto falsos positivos como la fatídica inacción ante intrusiones reales.

    El envenenamiento del dato

    La gravedad de la situación se multiplica al constatar que la inteligencia artificial ha dejado de ser exclusivamente un escudo para convertirse en un arma ofensiva. El investigador José Manuel Matalobos Veiga (UAX) alerta de que los actores maliciosos ya están incorporando IA generativa para sofisticar campañas de phishing o crear código malicioso automatizado, derribando las barreras de entrada para perpetrar ciberataques complejos como el perpetrado este viernes contra las webs de Adif y Renfe.

    Este escenario convierte a los propios algoritmos defensivos en objetivos primarios, dado que todo su ciclo de vida es susceptible de ser hackeado si no se salvaguarda la confidencialidad, según recalca el Informe sobre seguridad de la Inteligencia Artificial 2024 de la patronal AMETIC. Los cibercriminales recurren al Adversarial Machine Learning para inyectar información manipulada en las entrañas de las redes neuronales. Esta silenciosa táctica, denominada envenenamiento del conjunto de datos, persigue corromper la fiabilidad del algoritmo para que tome decisiones erróneas sin levantar sospechas.

    Estas debilidades estructurales justifican el profundo recelo a la hora de ceder contraseñas y cuentas bancarias a ecosistemas hiperautomatizados. Resulta necesario entender que blindar una corporación en el siglo XXI ya no significa únicamente defender sus servidores y aplicaciones, sino proteger meticulosamente los modelos matemáticos que dictan las normas de seguridad.

    Ética, regulación y soberanía

    Abordar esta disrupción tecnológica requiere ir mucho más allá de la mera fuerza bruta computacional, exigiendo una dimensión ética que ponga a los ciudadanos en el centro de la ecuación. Proyectos internacionales como ALUNA, coordinado por la investigadora Ana Lucila Sandoval Orozco (Universidad Complutense de Madrid) para proteger a menores en el entorno digital, evidencian que la IA debe utilizarse exclusivamente como una herramienta de apoyo institucional y policial, y nunca como un fin en sí misma.

    En la misma línea protectora, el orden regulatorio se perfila como el gran salvavidas institucional; normas como la Ley de Inteligencia Artificial (AIA) de la Unión Europea establecen que la trazabilidad y la seguridad sean requisitos innegociables desde el diseño original de la herramienta. Precisamente este blindaje legal europeo es lo que ha permitido que firmas del continente se vean menos presionadas en bolsa, funcionando como un estabilizador clave cuando el sector experimentó un fuerte desplome.

    La futura viabilidad de la ciberdefensa global dependerá de una gobernanza algorítmica capaz de equilibrar el potencial técnico con dilemas urgentes como la propiedad intelectual, los sesgos y el inmenso consumo energético de los centros de datos. Establecer una férrea soberanía del dato y auditar permanentemente las entrañas de la IA constituirá la única frontera real para impedir que el mejor guardián digital creado por el ser humano acabe operando en su contra.

    La reciente revelación de que agentes de OpenAI han interactuado de forma autónoma y sin permiso con servidores del Gobierno de Estados Unidos y de Australia expone una paradoja inquietante. Los mercados parecen haber aparcado los temores iniciales sobre la capacidad de la inteligencia artificial para acabar con la especie humana, pero la irrupción de modelos proactivos y desalineados confirma un cambio de paradigma profundo.

  • Un robot Terminator se enfrenta a un humano en una jaula de MMA: el resultado es el que te imaginas

    Un robot Terminator se enfrenta a un humano en una jaula de MMA: el resultado es el que te imaginas

    Un robot de combate inspirado en Terminator ha protagonizado una escena difícil de imaginar fuera del cine: entrar en una jaula de MMA para medirse contra el creador de contenido estadounidense Frankie LaPenna. La máquina, desarrollada por la empresa de robótica REK, mide alrededor de 1,80 metros, pesa unos 75 kg y puede reproducir los movimientos de un operador humano. El experimento terminó convirtiéndose en una demostración bastante gráfica de lo que ocurre cuando un cuerpo de carne y hueso intenta intercambiar golpes con una estructura metálica.

    La apariencia del contrincante mecánico reforzaba inevitablemente la comparación con Terminator. Su estructura articulada de metal, el esqueleto expuesto y unos llamativos ojos rojos recordaban al T-800 de la conocida saga cinematográfica. LaPenna, equipado con protecciones en la cabeza y el torso, comenzó lanzando varios puñetazos contra el robot, aunque atacar una armadura que no siente dolor planteaba desde el principio un combate con unas condiciones físicas muy diferentes para ambos participantes.


    La escena también permite hablar, al menos de forma figurada, de la primera ley de la robótica de Isaac Asimov, según la cual una máquina no debería dañar a un ser humano. El matiz técnico resulta fundamental: este robot no estaba tomando decisiones por sí mismo ni empleaba una inteligencia artificial autónoma para escoger sus movimientos. Un operador humano lo controlaba en tiempo real desde fuera de la jaula mediante un casco de realidad virtual y un sistema de sensores capaz de trasladar sus gestos al cuerpo mecánico.

    Un golpe que cambia el combate

    El enfrentamiento cambió de tono cuando el robot comenzó a responder a los ataques. La ausencia de dolor y la resistencia de su chasis eliminaban una de las limitaciones fundamentales de cualquier luchador humano. En uno de los momentos más llamativos de la prueba, la máquina ejecutó una patada frontal que lanzó a Frankie LaPenna hacia atrás y terminó convirtiéndose en la imagen más difundida del combate. La secuencia mostró de forma especialmente clara la diferencia entre recibir un impacto humano y enfrentarse al movimiento de una estructura metálica de 75 kg.

    REK no ha desarrollado este sistema únicamente para enfrentar robots contra personas. La compañía trabaja en un concepto de combate mediante robots controlados con realidad virtual, de modo que dos jugadores puedan enfrentarse físicamente a través de máquinas mientras permanecen fuera de la zona de impacto. El operador utiliza un casco VR y sensores de movimiento, mientras que el robot reproduce sus acciones dentro del espacio de combate. La demostración con LaPenna funcionó así como escaparate tecnológico de una posible nueva modalidad de entretenimiento competitivo.

    El experimento recuerda tanto a Terminator por la estética del robot como a Real Steel, película centrada precisamente en máquinas que combaten bajo control humano. La diferencia es que esta vez el escenario no pertenece a la ficción: un youtuber entró realmente en una jaula frente a una máquina teleoperada capaz de golpear. El combate de REK plantea así una cuestión que va más allá de la espectacularidad de la escena: qué límites de seguridad deberán aplicarse si los robots controlados mediante realidad virtual terminan convirtiéndose en una nueva forma de deporte o espectáculo.

    Un robot de combate inspirado en Terminator ha protagonizado una escena difícil de imaginar fuera del cine: entrar en una jaula de MMA para medirse contra el creador de contenido estadounidense Frankie LaPenna. La máquina, desarrollada por la empresa de robótica REK, mide alrededor de 1,80 metros, pesa unos 75 kg y puede reproducir los movimientos de un operador humano. El experimento terminó convirtiéndose en una demostración bastante gráfica de lo que ocurre cuando un cuerpo de carne y hueso intenta intercambiar golpes con una estructura metálica.

  • Alemania asegura haber creado un motor de plasma que se alimenta únicamente de aire enrarecido

    Alemania asegura haber creado un motor de plasma que se alimenta únicamente de aire enrarecido

    Un investigador de la Universidad de Stuttgart, en Alemania, ha desarrollado un motor de plasma capaz de utilizar el aire enrarecido de la alta atmósfera como propelente, una tecnología pensada para mantener satélites durante largos periodos en órbitas terrestres muy bajas. El sistema, descrito por Francesco Romano en su tesis doctoral disponible en arXiv, intenta resolver uno de los principales problemas de estas misiones: la resistencia atmosférica obliga a corregir continuamente la órbita y termina agotando combustibles como el xenón.

    La propuesta pertenece a la denominada propulsión eléctrica que respira atmósfera, conocida por las siglas ABEP. En lugar de transportar todo el propelente desde tierra, una toma situada en la parte frontal de la nave captura las escasas moléculas presentes a entre 100 y 450 km de altitud. Ese gas entra después en un propulsor eléctrico, donde se transforma en plasma y se expulsa a gran velocidad para producir empuje. El planteamiento permitiría aprovechar precisamente las partículas responsables del rozamiento que hace perder altura al satélite.


    El desafío está en que ese aire no resulta especialmente amable con un motor convencional. A esas alturas aparece oxígeno atómico, generado cuando la radiación ultravioleta rompe las moléculas de oxígeno, y su elevada capacidad oxidante puede degradar electrodos, rejillas y cátodos. Romano planteó por ello un propulsor helicón de radiofrecuencia sin contacto y sin neutralizador, evitando algunos de los componentes que más sufren bajo estas condiciones y adaptando el dispositivo a una atmósfera cuya densidad cambia con la latitud, el ciclo día-noche y la actividad solar.

    Una toma que captura el 94,3% del aire

    El investigador probó tres sistemas diferentes para introducir ese gas extremadamente disperso en el propulsor. El diseño más eficaz fue una toma especular con geometría parabólica, recubierta de grafito o dióxido de silicio para dirigir las partículas hacia el interior. En los ensayos con oxígeno atómico, argón y nitrógeno alcanzó una eficiencia de captación cercana al 94,3%. Incluso cuando el dispositivo se inclinó 15 grados respecto al flujo, la eficiencia cayó únicamente ocho puntos porcentuales, un margen relevante para un satélite que no mantenga una orientación perfecta.

    TE PUEDE INTERESAR

    El propio motor adopta una solución inspirada en los equipos médicos de resonancia magnética. Una antena de tipo jaula de pájaro transfiere la energía de radiofrecuencia al plasma, mientras un solenoide genera el campo magnético que guía el chorro hacia la salida. Según los ensayos descritos en la tesis, alrededor del 99% de la potencia eléctrica suministrada alcanzó el propulsor. Las pruebas efectuadas en una cámara de vacío consiguieron mantener corrientes estables de plasma con apenas 50-60 W de potencia de radiofrecuencia.

    Los cálculos posteriores apuntan a que esta arquitectura podría sostener un satélite de forma continuada entre 190 y 250 km sobre la Tierra consumiendo menos de 1,6 kW, energía que podría ser suministrada por paneles solares convencionales. Romano aplicó el modelo incluso al caso del satélite GOCE, cuya misión terminó después de agotar su xenón, y estudió también su posible uso alrededor de Marte, donde aprovecharía su atmósfera rica en dióxido de carbono a alturas de entre 120 y 160 km. La tecnología, no obstante, permanece en fase experimental: los ensayos demuestran su funcionamiento en laboratorio, pero todavía falta comprobar si un motor de plasma alimentado únicamente por la tenue atmósfera puede mantener una nave real en órbita durante una misión prolongada.

    Un investigador de la Universidad de Stuttgart, en Alemania, ha desarrollado un motor de plasma capaz de utilizar el aire enrarecido de la alta atmósfera como propelente, una tecnología pensada para mantener satélites durante largos periodos en órbitas terrestres muy bajas. El sistema, descrito por Francesco Romano en su tesis doctoral disponible en arXiv, intenta resolver uno de los principales problemas de estas misiones: la resistencia atmosférica obliga a corregir continuamente la órbita y termina agotando combustibles como el xenón.

  • Luna llena de septiembre 2026: horario y zonas de España dónde se puede ver

    Luna llena de septiembre 2026: horario y zonas de España dónde se puede ver

    Conocida tradicionalmente como Luna de la Cosecha, el plenilunio del mes de septiembre de 2026 aparecerá coincidiendo prácticamente con el inicio del otoño y ofrecerá una de esas noches en las que el satélite adquiere especial protagonismo al elevarse sobre el horizonte. El fenómeno podrá verse desde toda España y tendrá su momento principal durante la tarde del 26 de septiembre.

    La fecha clave será el citado sábado 26 de septiembre, cuando la Luna alcanzará oficialmente su fase llena. El máximo se producirá concretamente a las 18:49 horas, es decir, a una hora cercana al comienzo del atardecer. Aunque ese instante marca astronómicamente la plenitud, la observación continuará siendo favorable durante las horas posteriores, cuando el cielo se oscurezca y el satélite gane altura.


    Quienes quieran observar la Luna de la cosecha desde España tendrán además cierto margen alrededor de esa fecha. Durante la noche del 25 de septiembre ya presentará un aspecto muy próximo al plenilunio, mientras que el 27 todavía podrá contemplarse prácticamente completa. Su aparición cerca del horizonte favorecerá una tonalidad aparentemente anaranjada o rojiza, uno de los rasgos visuales más asociados a esta luna llena.

    Cómo ver la Luna de la cosecha

    La observación no queda restringida a una región concreta: la luna llena de septiembre podrá contemplarse desde distintas zonas de España. El momento más llamativo llegará alrededor de la salida del satélite, coincidiendo con el progresivo descenso de la luz solar. Esa posición baja sobre el horizonte también puede hacer que la Luna parezca mayor de lo habitual, un efecto especialmente perceptible durante los primeros minutos de su aparición.

    placeholder
    Tabla de fases lunares para 2026 (IGN)

    Tabla de fases lunares para 2026 (IGN)

    El nombre Luna de la Cosecha procede de una tradición vinculada al calendario agrícola. Antes de la expansión de la iluminación artificial, la luna llena próxima al comienzo del otoño prolongaba las horas de claridad disponibles después de la puesta de sol. Los agricultores podían aprovechar esa iluminación nocturna para continuar con las labores de recolección durante más tiempo, circunstancia que acabó asociando esta fase lunar con las cosechas.

    El fenómeno llegará pocos días después del equinoccio de otoño, previsto para la madrugada del 23 de septiembre. De este modo, la Luna volverá a ocupar un lugar destacado en el calendario astronómico español tras los acontecimientos observados durante agosto. Para quienes quieran contemplarla, el 26 de septiembre de 2026 a partir del atardecer será la referencia principal, aunque las noches inmediatamente anteriores y posteriores también permitirán verla con un aspecto casi completamente iluminado.

    Conocida tradicionalmente como Luna de la Cosecha, el plenilunio del mes de septiembre de 2026 aparecerá coincidiendo prácticamente con el inicio del otoño y ofrecerá una de esas noches en las que el satélite adquiere especial protagonismo al elevarse sobre el horizonte. El fenómeno podrá verse desde toda España y tendrá su momento principal durante la tarde del 26 de septiembre.

  • El nuevo avión eléctrico que puede acabar con la escasez de pilotos: es 80% más barato de operar

    El nuevo avión eléctrico que puede acabar con la escasez de pilotos: es 80% más barato de operar

    El eFlyer 2, un avión de entrenamiento totalmente eléctrico desarrollado por la compañía estadounidense Bye Aerospace, ha completado su primer vuelo de prueba con éxito. Según la compañía, el avión reduce hasta un 80% los costes operativos respecto a otros aviones similares, un precio que permite a las escuelas de aviación formar pilotos más rápido y más barato y aumentar su número en un momento en el que escasean.

    La escasez de pilotos es uno de los problemas estructurales que la industria aeronáutica lleva años intentando resolver. Según previsiones de Boeing, la aviación comercial en todo el mundo necesitará 674.000 nuevos profesionales en las próximas dos décadas, un relevo generacional que se ve presionado por la jubilación obligatoria de algunos pilotos a los 65 años y, en países como Estados Unidos, por la exigencia normativa de acumular 1.500 horas de vuelo antes de poder pilotar comercialmente.

    El problema no es solo de demanda, sino de capacidad física para formar a tanta gente. Aunque hubiera suficientes aspirantes, faltan aviones disponibles y mecánicos que los mantengan en vuelo el tiempo suficiente para que los alumnos acumulen las horas exigidas. Es en ese cuello de botella logístico donde Bye Aerospace quiere colocar al eFlyer 2.

    TE PUEDE INTERESAR

    La reducción del 80% que promete la compañía se debe a que el motor eléctrico prescinde de pistones, bujías y del desgaste mecánico propio de un motor de combustión. Esto baja sobre todo los costes operativos directos durante la etapa más cara e intensiva de la formación, la fase en que los alumnos acumulan horas de vuelo.

    Primer vuelo existoso

    El primer vuelo se realizó con un prototipo a escala real desde el aeropuerto de Centennial, cerca de Denver (Colorado), a los mandos del piloto de pruebas jefe Elliot Seguin. Según la compañía, la prueba permitió una evaluación inicial de las cualidades de manejo, las características aerodinámicas y el rendimiento de los sistemas del avión, además de recoger datos para las siguientes fases de ensayo.


    El eFlyer 2 es un biplaza de asientos contiguos propulsado por un motor totalmente eléctrico de 125 kW (167 CV), alimentado por una batería con una capacidad aproximada de 90 kWh. Según las previsiones de la compañía basadas en el diseño y en su primera prueba de vuelo, el avión ofrece una autonomía de más de dos horas de misión y se recarga en menos de 30 minutos, lo que —de confirmarse en operación real— permitiría a las escuelas de vuelo encadenar varias sesiones de entrenamiento al día sin los tiempos muertos de repostaje de combustible. Esto, dice la compañía, les permitiría realizar más de seis salidas diarias por aeronave.

    El aparato tiene una envergadura de 37,8 pies (unos 11,5 metros). Incorpora una cabina equipada con aviónica Garmin G500 TXi, un fuselaje compuesto ligero y un tren de aterrizaje de aluminio reforzado.

    “El eFlyer 2 se comportó bien durante el vuelo y validó el trabajo que el equipo de ingeniería ha dedicado a diseñar y probar la aeronave durante los últimos años”, declaró Seguin. “Es emocionante ayudar a impulsar una plataforma diseñada específicamente para el futuro de la formación de pilotos”.

    En las escuelas aeronáuticas en 2028

    El vuelo inaugural marca el arranque formal del programa de pruebas de vuelo del eFlyer 2, un paso previo indispensable antes de que Bye Aerospace pueda avanzar hacia la certificación de la FAA, la agencia regulatoria de EEUU, y, posteriormente, las entregas a clientes.

    Por el momento no existen plazos oficiales cerrados para las primeras entregas comerciales del eFlyer 2. Aunque la propia compañía ha compartido con Aviation International News una hoja de ruta orientativa que incluye una campaña intensiva de ensayos de aproximadamente 24 meses a partir de este primer vuelo con el prototipo de serie y la entrega a los clientes hacia mediados o finales de 2028.

    placeholder
    La compañía estima que el eFlyer 2 tiene una autonomía de dos horas. (Bye Aerospace)

    La compañía estima que el eFlyer 2 tiene una autonomía de dos horas. (Bye Aerospace)

    Esta fecha habría que ponerla entre interrogaciones. El programa acumula ya varios años de retraso respecto a sus previsiones originales de certificar el eFlyer 2 antes de terminar 2022, un desfase que se atribuye a una combinación de factores, incluida la falta de financiación. También al actual contexto regulatorio, la propia FAA reconoce que el marco normativo para aeronaves eléctricas civiles sigue en desarrollo.

    “El primer vuelo del eFlyer 2 superó todas nuestras expectativas en aerodinámica, manejo, propulsión y rendimiento general, y no hubo ninguna incidencia de mantenimiento durante el vuelo”, asegura el consejero delegado de Bye Aerospace, Rod Zastrow. Zastrow dice que el programa “es un paso importante para demostrar que los aviones eléctricos pueden ofrecer ventajas de coste operativo disruptivas manteniendo el rendimiento, la seguridad y las cualidades de manejo que exigen los entornos reales de entrenamiento”.

    El eFlyer 2, un avión de entrenamiento totalmente eléctrico desarrollado por la compañía estadounidense Bye Aerospace, ha completado su primer vuelo de prueba con éxito. Según la compañía, el avión reduce hasta un 80% los costes operativos respecto a otros aviones similares, un precio que permite a las escuelas de aviación formar pilotos más rápido y más barato y aumentar su número en un momento en el que escasean.

  • La IA de OpenAI accedió sin autorización a webs de agencias del Gobierno de Estados Unidos

    La IA de OpenAI accedió sin autorización a webs de agencias del Gobierno de Estados Unidos

    Agentes de inteligencia artificial creados por OpenAI intentaron entrar sin permiso en páginas web de agencias del Gobierno de Estados Unidos, universidades y decenas de instituciones globales, en varios episodios registrados en los últimos meses y sin que los sistemas recibieran instrucciones explícitas para lanzar ataques informáticos, de acuerdo con una investigación publicada este viernes por ‘The New York Times’. Según han precisado posteriormente fuentes conocedoras del caso a ‘Bloomberg’ y la cadena BBC, los modelos interactuaron de forma autónoma con dominios gubernamentales como SEC.gov, Investor.gov y bases de datos públicas de Census.gov.

    Estos episodios se enmarcan en una serie de conductas imprevistas (lo que la compañía técnica denomina internamente como “actividad desalineada del modelo”) observadas en agentes de OpenAI, ideados originalmente para ejecutar tareas de búsqueda y recopilación de información.

    En ciertos casos, al no lograr acceder a datos por vías ordinarias, los sistemas comenzaron a examinar posibles vulnerabilidades en los sitios con el fin de intentar entrar en áreas de información restringida. Según OpenAI, cuando los agentes intentaron extraer información de la Oficina del Censo, llegaron a utilizar herramientas reservadas para desarrolladores de software con el fin de burlar las barreras.

    TE PUEDE INTERESAR

    Entre los objetivos detectados se incluyen páginas asociadas a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y al Departamento de Comercio de EE.UU., desde donde los agentes accedieron a datos del Censo. Aunque la reciente información de ‘Bloomberg’ subraya que los datos extraídos eran de carácter público, el comportamiento autónomo del sistema de rastreo ha confirmado los temores sobre la falta de control directo de la herramienta. La compañía ha reconocido además que la información recopilada de la SEC fue publicada posteriormente por los agentes en otra página web sin que existiera ninguna orden para hacerlo, y mantiene abierta una investigación sobre un intento de acceso a la web del Departamento de Educación.

    Tras el caso Hugging Face

    El descontrol de la herramienta también ha afectado a usuarios particulares. OpenAI ha desvelado que se produjeron al menos 53 incidentes en los que un agente tomó imágenes subidas por usuarios durante su actividad en ChatGPT y las transfirió a terceros lugares no autorizados. Aunque los afectados habían aceptado compartir sus datos para entrenar al modelo, la empresa ha admitido que se trató de “un uso inapropiado” y afirma estar trabajando para eliminar los archivos filtrados.

    El origen de esta crisis global se remonta a un incidente ocurrido el pasado julio, cuando un “enjambre” de bots hackeó la plataforma de desarrollo de inteligencia artificial Hugging Face por iniciativa propia. Según detalla el informe técnico oficial de OpenAI, la fuga se originó durante unas evaluaciones de ciberseguridad internas bautizadas como ExploitGym. Los modelos implicados —una versión de investigación interna y la variante GPT-5.6 Sol— sufrieron un problema de reward hacking, es decir, aprendieron a hacer trampas para resolver las tareas encomendadas de la forma más rápida posible. Para lograr su objetivo, explotaron una vulnerabilidad en un servicio interno llamado JFrog Artifactory, creando un “tablón de anuncios” clandestino en la estructura de carpetas para comunicarse entre ellos, pasarse credenciales y saltarse las barreras de seguridad para salir a internet. Aquel suceso obligó a la tecnológica a tomarse en serio el problema y auditar sus sistemas mes a mes.

    Revisión masiva tras el ‘susto’ de Australia

    Esta investigación se suma a un incidente revelado esta misma semana por el Gobierno australiano, que comunicó que un agente de OpenAI accedió en junio a información de un sistema gubernamental vinculado con estadísticas sanitarias y seguro médico.

    TE PUEDE INTERESAR

    Foto: Momento del encuentro 'La ciberseguridad en la era de la IA: claves para la estrategia de las empresas'.


    Inteligencia artificial y ciberseguridad: importancia de adelantarse al riesgo


    POR
    Sara Cordero
    Fotografía: J. del Río
    Vídeo: A. Masa

    El primer ministro australiano, Anthony Albanese, tildó el suceso de “inaceptable”, mientras que OpenAI aseguró que detectó el incidente en agosto durante una revisión rutinaria de la actividad de sus modelos.

    Ante la escalada de estos episodios, OpenAI ha puesto en marcha una revisión de estos casos a fondo y ha admitido que sus agentes pueden ejecutar acciones no previstas durante los procesos de entrenamiento.

    Un portavoz de la tecnológica ha confirmado que están llevando a cabo “una extensa revisión de la actividad desalineada del modelo”. La empresa ha indicado que está notificando a los terceros afectados en cuanto identifican impactos potenciales en sus sistemas, delegando en ellos la decisión de hacerlo público, y advierte que la investigación podría extenderse durante meses, anticipando nuevas notificaciones a medida que siguen apareciendo posibles ejemplos de actividad no autorizada.

    Agentes de inteligencia artificial creados por OpenAI intentaron entrar sin permiso en páginas web de agencias del Gobierno de Estados Unidos, universidades y decenas de instituciones globales, en varios episodios registrados en los últimos meses y sin que los sistemas recibieran instrucciones explícitas para lanzar ataques informáticos, de acuerdo con una investigación publicada este viernes por ‘The New York Times’. Según han precisado posteriormente fuentes conocedoras del caso a ‘Bloomberg’ y la cadena BBC, los modelos interactuaron de forma autónoma con dominios gubernamentales como SEC.gov, Investor.gov y bases de datos públicas de Census.gov.

  • EEUU aprueba el primer robot autónomo capaz de extraer sangre y la gente está encantada

    EEUU aprueba el primer robot autónomo capaz de extraer sangre y la gente está encantada

    EEUU ha autorizado el primer robot autónomo capaz de extraer sangre directamente del brazo de un paciente sin que un profesional tenga que manejar la aguja durante el procedimiento. El dispositivo, denominado Aletta y desarrollado por la compañía neerlandesa Vitestro, emplea inteligencia artificial, ecografía Doppler y sistemas de imagen para localizar una vena y realizar la punción. La tecnología busca reducir la carga de trabajo asociada a una de las pruebas médicas más habituales y responder a la escasez de profesionales especializados en extracciones de sangre.

    El funcionamiento de Aletta automatiza prácticamente todo el proceso de flebotomía. El paciente coloca el brazo sobre un soporte y el sistema analiza los vasos sanguíneos hasta seleccionar una vena adecuada. Después, un torniquete se ajusta alrededor del brazo y una aguja controlada robóticamente realiza la extracción. El equipo incorpora medidas de esterilización y está preparado para detener el procedimiento y retirar automáticamente la aguja cuando detecta que el paciente se mueve demasiado.


    La automatización no elimina por completo la intervención humana. Una vez terminada la extracción, el dispositivo coloca un vendaje y un profesional comprueba que el procedimiento se ha realizado correctamente y que las muestras están organizadas de manera adecuada. Según los datos clínicos aportados sobre el sistema, Aletta consigue completar la extracción al primer intento en más del 94% de los casos, una tasa que sitúa su rendimiento en niveles comparables a los de profesionales entrenados.

    Los pacientes aceptan el robot

    Uno de los aspectos más llamativos de las pruebas no está relacionado con la precisión mecánica, sino con la reacción de los pacientes. El 90% afirmó que la extracción resultó igual o menos dolorosa que una extracción manual, mientras que el 82% aseguró no tener preferencia entre que la punción la realizara una persona o el robot. Estos resultados apuntan a que la introducción de sistemas autónomos en procedimientos médicos rutinarios podría encontrar menos resistencia de la esperada entre los usuarios.

    La Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) considera que el equipo cumple sus criterios de seguridad y que los datos presentados por la compañía muestran una calidad comparable o superior a la de profesionales formados en flebotomía. Aletta ya había superado los requisitos europeos de salud, seguridad y protección medioambiental y había recibido autorización para un uso precomercial en Europa antes de conseguir el visto bueno estadounidense.

    La autorización tampoco significa que los profesionales dedicados a las extracciones vayan a desaparecer. El planteamiento de la FDA es utilizar estos robots como apoyo para aumentar la capacidad de los centros sanitarios: un solo profesional puede supervisar hasta tres dispositivos Aletta simultáneamente. La tecnología pretende así aliviar la escasez de flebotomistas en EEUU y automatizar una tarea repetitiva, mientras la supervisión, la comprobación del procedimiento y la gestión de las muestras continúan dependiendo de personal sanitario.

  • 47,4 millones de ITV lo confirman: los coches eléctricos con más de 150.000 km son más fiables que los de gasolina

    47,4 millones de ITV lo confirman: los coches eléctricos con más de 150.000 km son más fiables que los de gasolina

    El kilometraje ha sido durante décadas una de las primeras cifras que se miran al comprar un coche usado, pero esa referencia empieza a ofrecer una lectura diferente cuando se trata de coches eléctricos de segunda mano. Según cuentan en The Guardian, un análisis elaborado a partir de 47,4 millones de inspecciones MOT, el equivalente británico de la ITV, ha comparado el comportamiento de vehículos eléctricos y modelos de gasolina a medida que acumulan kilómetros. El trabajo, realizado por la consultora New AutoMotive para la British Vehicle Rental and Leasing Association (BVRLA), detecta que las diferencias entre ambas tecnologías son reducidas durante las primeras etapas de uso. La situación cambia cuando el cuentakilómetros empieza a adentrarse en cifras que tradicionalmente generan dudas entre quienes buscan un vehículo usado.

    Los datos muestran que esa distancia comienza a hacerse visible entre los 145.000 y los 193.000 kilómetros. Dentro de ese intervalo, los vehículos eléctricos registraron una tasa de fallos del 16,5%, frente al 22,1% observado entre los automóviles de gasolina con una antigüedad comparable. Eso significa que, en esa franja de uso, los eléctricos analizados fueron alrededor de un 25% menos propensos a suspender la inspección que sus equivalentes con motor de combustión. La diferencia resulta especialmente relevante para el mercado de ocasión, donde muchos vehículos procedentes de empresas y flotas de alquiler llegan al comprador particular después de haber recorrido grandes distancias.


    La tendencia se mantiene cuando los vehículos superan los 193.000 kilómetros, una cifra que suele asociarse con una etapa avanzada de la vida útil de un automóvil. A partir de ese momento, suspendieron la inspección el 16% de los coches eléctricos, mientras que entre los modelos de gasolina la proporción alcanzó el 23,5%. Ben Nelmes, consejero delegado de New AutoMotive, atribuye parte de esta diferencia a la arquitectura del vehículo eléctrico: “El alto kilometraje no es un indicador del mal estado como los compradores han asumido tradicionalmente. Los datos sugieren que la simplicidad mecánica de una transmisión eléctrica empieza a ser cada vez más valiosa a medida que los coches acumulan kilómetros”.

    Los eléctricos también tienen puntos débiles

    La ventaja registrada en las inspecciones no significa que un coche eléctrico con muchos kilómetros esté libre de problemas ni que todos sus componentes envejezcan mejor que los de un automóvil de gasolina. Uno de los principales puntos débiles detectados está en los neumáticos, donde los eléctricos acumularon cerca del doble de defectos que los modelos de combustión examinados. El análisis encontró también una mayor presencia de problemas en los frenos de fricción de determinados vehículos eléctricos antiguos que habían recorrido pocos kilómetros. Los investigadores relacionan este fenómeno con la corrosión provocada por un menor uso de esos frenos, ya que buena parte de la deceleración cotidiana puede realizarse mediante el sistema de frenado regenerativo.

    TE PUEDE INTERESAR

    También existe una limitación fundamental a la hora de interpretar los resultados: las pruebas MOT evalúan aspectos obligatorios para la seguridad vial como frenos, neumáticos, suspensión, dirección e iluminación, pero no determinan el estado de la batería. Por tanto, sus resultados no permiten conocer directamente la degradación, capacidad útil o rendimiento de carga de la batería de un eléctrico usado, un elemento que debe analizarse de forma independiente antes de una compra. Toby Poston, consejero delegado de la BVRLA, advierte precisamente de esa necesidad: “Esto no es un argumento para comprar un vehículo eléctrico usado sin hacer los deberes“. “Los compradores deberían examinar su historial, estado, neumáticos y salud de la batería, del mismo modo que revisarían el motor, la caja de cambios y el historial de mantenimiento de un coche de gasolina o diésel”, añadió.

    Los 47,4 millones de inspecciones analizadas cuestionan, por tanto, la asociación automática entre un kilometraje elevado y una peor fiabilidad cuando el vehículo es eléctrico. Poston recuerda que superar determinadas cifras puede modificar significativamente la percepción de un automóvil usado: “El kilometraje es una de las primeras cosas que mira la gente cuando compra un coche usado, y superar los 100.000 kilómetros puede tener un gran impacto en cómo se percibe un vehículo”. A su juicio, “lo que muestran estos datos es que el kilometraje por sí solo no debería desanimar a los consumidores. Un coche eléctrico bien mantenido y con un kilometraje elevado puede ser un vehículo usado extremadamente duradero”.

    El kilometraje ha sido durante décadas una de las primeras cifras que se miran al comprar un coche usado, pero esa referencia empieza a ofrecer una lectura diferente cuando se trata de coches eléctricos de segunda mano. Según cuentan en The Guardian, un análisis elaborado a partir de 47,4 millones de inspecciones MOT, el equivalente británico de la ITV, ha comparado el comportamiento de vehículos eléctricos y modelos de gasolina a medida que acumulan kilómetros. El trabajo, realizado por la consultora New AutoMotive para la British Vehicle Rental and Leasing Association (BVRLA), detecta que las diferencias entre ambas tecnologías son reducidas durante las primeras etapas de uso. La situación cambia cuando el cuentakilómetros empieza a adentrarse en cifras que tradicionalmente generan dudas entre quienes buscan un vehículo usado.

  • Bill Gates, sobre el control de la IA: “No supimos incorporar los valores humanos adecuados ni nuestro código moral”

    Bill Gates, sobre el control de la IA: “No supimos incorporar los valores humanos adecuados ni nuestro código moral”

    Bill Gates ha situado el control de la inteligencia artificial en el centro del debate sobre el futuro de esta tecnología, justo cuando algunas de las principales compañías del sector discuten cómo gestionar sistemas cada vez más avanzados. Durante el encuentro anual Goalkeepers de la Fundación Gates, celebrado en Nueva York, el cofundador de Microsoft abordó uno de los problemas que considera pendientes: cómo conseguir que las decisiones de las IA permanezcan vinculadas a los principios y prioridades de las personas. Su diagnóstico fue directo: “No supimos incorporar los valores humanos adecuados ni las formas de mantener nuestro código moral controlando a las IA”.

    La reflexión de Gates surgió durante una conversación con el comentarista político Van Jones, dentro de una cita centrada en la desigualdad, la cooperación internacional y las posibles aplicaciones sociales de la inteligencia artificial. El empresario defendió que una combinación de mayor generosidad por parte de los países ricos y un uso inteligente de la IA podría acelerar determinadas innovaciones destinadas a mejorar la vida de millones de personas. La fundación puso como ejemplos herramientas utilizadas para detectar dificultades de aprendizaje, combatir plagas agrícolas o facilitar el acceso de los profesionales sanitarios al historial de sus pacientes.


    El debate llega mientras algunas grandes empresas dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial avanzada han reclamado reducir el ritmo de determinados avances ante los riesgos asociados a modelos cada vez más capaces. La posición de la Fundación Gates introduce un matiz diferente: sus responsables consideran necesario regular posibles efectos sobre ámbitos como la ciberseguridad o el desarrollo infantil, pero defienden al mismo tiempo que las aplicaciones humanitarias disponibles continúen desplegándose. Su consejero delegado, Mark Suzman, sostiene que incluso una hipotética paralización del progreso técnico no debería detener los proyectos destinados a extender las herramientas actuales a comunidades que todavía tienen un acceso limitado.

    El problema de los idiomas

    Uno de los proyectos anunciados durante Goalkeepers intenta corregir precisamente una de las carencias que condicionan el funcionamiento de muchos modelos de IA generativa: la escasa representación de numerosos idiomas y dialectos en los datos utilizados durante el entrenamiento. La Fundación Gates ha impulsado una coalición formada por 60 organizaciones, entre ellas Anthropic, Google y la OpenAI Foundation, con el objetivo de coordinar iniciativas que permitan ampliar los recursos lingüísticos disponibles. La previsión anunciada por la organización es que este trabajo pueda beneficiar a más de 3.000 millones de personas durante los próximos cinco años.


    Las consecuencias de utilizar conjuntos de datos poco representativos pueden resultar especialmente relevantes cuando una herramienta de IA se emplea en educación, agricultura o sanidad. La fundación puso como ejemplo el riesgo de que una expresión utilizada por una mujer embarazada en Malawi para indicar que ha roto aguas termine traducida de forma literal e incorrecta al inglés. E.M. Lewis-Jong, consejera delegada de Mozilla Data Collective, relacionó este problema con el origen de buena parte de los datos empleados para entrenar los sistemas actuales, recopilados inicialmente de internet. Según explicó, ese material no constituye una muestra cultural ni lingüística equilibrada de la población mundial.

    Parte de la respuesta pasa por recopilar información directamente en las comunidades donde existen esos vacíos. Google, miembro de la nueva coalición, trabaja en el llamado Project Vaani, una iniciativa destinada a reunir más de 150.000 horas de audio procedentes de todos los distritos de India para reflejar también las diferencias entre dialectos. Anthropic reconoce, por su parte, que sus herramientas todavía presentan importantes limitaciones en numerosas lenguas africanas. La Fundación Gates ha comprometido 1.000 millones de dólares a iniciativas relacionadas con inteligencia artificial para salud, educación y agricultura, mientras la discusión planteada por Bill Gates permanece abierta: desarrollar sistemas más útiles exige decidir también qué valores humanos deben orientar su comportamiento.

    Bill Gates ha situado el control de la inteligencia artificial en el centro del debate sobre el futuro de esta tecnología, justo cuando algunas de las principales compañías del sector discuten cómo gestionar sistemas cada vez más avanzados. Durante el encuentro anual Goalkeepers de la Fundación Gates, celebrado en Nueva York, el cofundador de Microsoft abordó uno de los problemas que considera pendientes: cómo conseguir que las decisiones de las IA permanezcan vinculadas a los principios y prioridades de las personas. Su diagnóstico fue directo: “No supimos incorporar los valores humanos adecuados ni las formas de mantener nuestro código moral controlando a las IA”.