En el juicio por la muerte de Diego Maradona (1960-2020), los testigos que declararon este jueves avalaron las hipótesis que sostienen la acusación contra siete profesionales de la salud. “Ellos mataron al padre de mi hijo”, aseguró ante el tribunal Verónica Ojeda, expareja del Pelusa y madre de su hijo menor. También dio testimonio un médico del barrio donde Maradona cumplía internación domiciliaria: “La habitación estaba muy desordenada, dejada, sucia […] Menos elementos médicos había cualquier cosa”, describió Colin Campbell la situación que encontró cuando, aquel 25 de noviembre de 2020, fue convocado de urgencia para intentar reanimar al Diez.
El proceso oral y público que se desarrolla en los tribunales de San Isidro, en las afueras de Buenos Aires, intenta determinar si el ídolo del fútbol argentino murió a causa del abandono y la desatención de quienes debían cuidarlo, mientras se recuperaba de una cirugía craneal. Los principales acusados de homicidio con dolo eventual son el neurocirujano Leopoldo Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Díaz y el enfermero Ricardo Almirón. También están imputados los médicos Pedro Di Spagna y Nancy Forlini, y el enfermero Mariano Perroni, designados por dos empresas de salud para supervisar la atención de Maradona.
La audiencia del jueves comenzó con la declaración de Ojeda, quien fue pareja de Maradona entre 2005 y 2014. Interrumpido por el llanto y la bronca, su testimonio recordó el estado de la casa en que el exentrenador de la selección argentina permaneció sus últimas dos semanas de vida. “La casa no estaba en condiciones para una internación domiciliaria”, dijo, “había mucha suciedad, la habitación de Diego estaba en muy mal estado. Había un olor terrible, no se podía estar”.
Después de escuchar mensajes y diálogos que constan en la causa, intercambiados por los acusados en aquel momento, y donde parecían menospreciar a la familia del paciente, señaló: “Todas las cosas que nos hacen estos asesinos hijos de puta. Toda la manipulación a la familia, porque a mí me decían una cosa y a las hijas otra para que nosotros nunca estemos unidos […] Toda gente podrida que quería sacarle cosas a Diego”.
“Ellos mataron al padre de mi hijo, que perdió a su papá. Mi hijo necesitaba estar con su papá más que nada. Él lo sigue padeciendo, llorando”, dijo sobre Diego Fernando, hoy de 13 años. Ojeda contó que, a una semana de su muerte, vio a Maradona en mal estado y les avisó a los médicos Luque y Cosachov. Según relató, volvió a verlo 48 horas antes del deceso. “Diego estaba en la habitación a oscuras, todo hinchado como una pelota, barbudo y con mucho olor”.
El segundo testigo de la jornada fue el cirujano plástico Colin Campbell, vecino del barrio San Andrés. Ante los jueces relató que, cuando fue convocado de urgencia, encontró a Maradona ya muerto y que las maniobras de reanimación no dieron resultado. “Estaba muy frío y con un edema muy importante”, dijo. “Pregunté si había otros elementos en la habitación, pero solamente pude usar mi estetoscopio y tensiómetro”, aseguró. “La habitación estaba muy desordenada, dejada, sucia. Había un baño químico a la derecha y un sillón de masajes en la izquierda. Menos elementos médicos, había cualquier cosa. No había botiquín, tubo de oxígeno, elementos de ningún tipo”, recordó.
Después de los testigos, habló por primera vez en el juicio el acusado Carlos Díaz. El psicólogo declaró que conoció a Maradona “29 días antes de su muerte” y que fue convocado para tratar sus adicciones por el abogado Matías Morla, quien oficiaba como apoderado del exfutbolista. “La primera imagen que vi me impactó porque me recordó a mi padre alcohólico”, dijo Díaz. Aseguró que Maradona padecía “un trastorno bipolar” y que inicialmente lo encontró bien, con deseos de recuperarse. “El 18 de noviembre fue un día bisagra porque Maradona echó a todos de la casa”, añadió luego, reforzando un argumento reiterado por las defensas, según el cual el paciente no se dejaba atender. “Yo no cobré un centavo por todo esto. Yo quería ayudar a Diego”, afirmó Díaz y resaltó los resultados del examen toxicológico: “Maradona terminó limpio con 23 días sin consumir. Me parte el alma eso. Estoy convencido de que se podía lograr, es lo que me da más bronca”.
La jornada terminó con una nueva declaración de Luque, otro de los acusados. En el juicio iniciado el año pasado, luego suspendido y anulado, el neurocirujano se había mantenido en silencio. En este segundo proceso, su estrategia cambió y no pierde oportunidad de hablar en las audiencias. “Yo no quiero responsabilizar a nadie penalmente porque mi teoría es que Diego muere durmiendo y lo voy a probar”, dijo el imputado a los jueces. De acuerdo con su hipótesis, la salud de Maradona no se estaba deteriorando desde los días previos, sino que el desenlace fue imprevisto. “No desconozco ser médico de Maradona, yo aclaro mi incumbencia”, señaló y precisó que no es “médico clínico, psicólogo y tampoco psiquiatra”. Luque aseguró “entender el dolor de los familiares”, pero puso en duda los dichos de Verónica Ojeda y responsabilizó a la familia del Pelusa por facilitarle alcohol. Presente en la sala, Ojeda le respondió con un insulto y la audiencia pasó a un cuarto intermedio, hasta el próximo martes.

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