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  • Rusia denuncia un intento ciberataque en la segunda jornada de la farsa electoral

    El Ministerio de Desarrollo Digital y Comunicaciones de Rusia denunció hoy un intento de sabotaje a las líneas de fibra óptica de internet en cuatro regiones del Lejano Oriente con el fin de entorpecer las elecciones parlamentarias que arrancaron este viernes y concluirán mañana domingo.

    “El intento de sabotaje no interrumpió las elecciones en el Lejano Oriente. Las comunicaciones en las regiones de Sajalín, Magadán, Kamchatka y el distrito autónomo de Chukotka han sido totalmente restablecidas”, señaló la dependencia en Telegram.

    Según el Ministerio, “la causa de las fallas de internet fueron daños deliberados ocasionados a la línea de comunicaciones de fibra óptica, un nuevo intento de entorpecer las elecciones”.

    “No resultó, la votación transcurre normalmente. Las consecuencias de la avería fueron paliadas rápidamente. El Ministerio de Desarrollo Digital controla la situación”, concluyó.

    Un tercio de los rusos ya ha votado en las primeras elecciones legislativas de toda la guerra, casi el doble que hace cinco años. Un 31,09 % de los votantes ya habían ejercido su derecho al sufragio, según informó la CEC a las 09.05 GMT.

    Las autoridades admiten que la mayoría de los rusos optan por el voto electrónico. En total, según el gobierno, un 70 % de los rusos que habían solicitado la opción telemática habían votado de esa forma el viernes, lo que ha desatado sospechas de observadores y opositores.

    El propio presidente ruso, Vladímir Putin, abrió el viernes las elecciones legislativas votando por internet. Le secundaron el primer ministro, Mijaíl Mishustin; el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov y el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin.

    El partido del Kremlin, Rusia Unida, busca revalidar la mayoría constitucional que logró en 2016, aunque juega en su contra que el 59 % de los rusos aboga por un pronto fin de la guerra, según una encuesta del Centro Levada.

  • Arde un depósito de combustible de Aramco cerca del aeropuerto de Riad

    Un depósito de combustible de la petrolera estatal Saudi Aramco situado cerca del aeropuerto internacional de Riad ardía este sábado, según constató sobre el terreno un periodista de AFP, después de que durante la madrugada se escucharan varias explosiones y las autoridades saudíes activaran alertas por una posible amenaza aérea.

    Los bomberos trataban de sofocar las llamas que salían del depósito, en el que era visible el logotipo de Aramco. Imágenes de Reuters mostraban también una enorme columna de humo negro elevándose en la zona, con la autopista del aeropuerto y varias instalaciones aeroportuarias en primer plano.

    Por el momento, las autoridades saudíes no han informado de la causa del incendio ni han establecido una relación entre las explosiones, las alertas y el fuego en las instalaciones de Aramco. Protección Civil había enviado durante la noche avisos a los teléfonos móviles de los residentes de Riad y de Al-Kharj, al este de la capital, antes de dar por finalizada la alerta durante la mañana.

    Escalada de ataques hutíes

    Concretamente, el sistema de alerta temprana del reino emitió avisos de emergencia a las 4 a.m. y de nuevo a las 6 a.m. para los residentes de la capital, sin dar más detalles. La defensa civil saudí informó que el peligro remitió poco después en ambos casos.

    Otras zonas de Arabia Saudí recibieron advertencias similares durante la noche, incluidas las ciudades del mar Rojo de Yeda y Yanbu, y la isla de Farasán, también en el mar Rojo.

    Arabia Saudí ha sido blanco de renovados ataques este mes, con los hutíes, un grupo respaldado por Irán con base en Yemen, atacando localidades occidentales e infraestructura energética. La semana pasada, el gobierno saudí declaró que un ataque con drones procedente de Irak —país donde operan varias milicias afines a Teherán— obligó a cerrar el vital oleoducto Este-Oeste.

    Los hutíes de Yemen han estado llevando a cabo ataques casi a diario contra Arabia Saudí durante el último mes, y uno de ellos causó una muerte y varios heridos en Taif el jueves. El grupo ha lanzado recientemente una ofensiva para reforzar su control sobre el estrecho de Bab al-Mandeb, en el mar Rojo, y ha logrado avances significativos en la costa occidental de Yemen, tomando el control de la ciudad portuaria de Mokha y de una serie de islas cercanas al estrecho.

    La milicia respaldada por Irán también ha declarado que impone un bloqueo a los buques saudíes en el mar Rojo, y ha atacado a varios barcos en esa vía navegable, que ha servido como ruta clave de exportación de petróleo para el reino desde que la guerra entre EE. UU. e Irán dejó el tráfico en el estrecho de Ormuz casi paralizado.

    El cierre del oleoducto que evita Ormuz la semana pasada agravó aún más un mercado energético ya afectado por la escasez de suministro y elevó los precios del petróleo. Saudi Aramco, la petrolera estatal, busca restablecer el oleoducto a aproximadamente la mitad de su capacidad en cuestión de días y alcanzar la plena capacidad en unas seis semanas, según una persona familiarizada con el asunto, lo que hizo que los precios del petróleo redujeran parte de sus ganancias, aunque se mantienen en torno a los 100 dólares por barril.

    Este último acontecimiento podría suponer también un desafío para el gobernante de facto del reino, el príncipe heredero Mohammed bin Salman. El ataque al oleoducto y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán han provocado un desplome de las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí. Las nuevas hostilidades amenazan ahora con afectar los intentos del reino de atraer inversión y turismo para diversificar su economía.

    El mes próximo, Riad tiene previsto acoger la conferencia de inversión insignia de Arabia Saudí, denominada Future Investment Initiative (Iniciativa de Inversión Futura). Está previsto que la edición de este año cuente con numerosos ejecutivos de alto perfil de Wall Street, entre ellos Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan Chase & Co., y David Solomon, de Goldman Sachs Group Inc.

  • Rusia asegura haber conquistado 5.300 kilómetros en Ucrania este año

    El Ejército ruso afirma haber capturado 5.300 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano en lo que va de año, informó este sábado el Ministerio de Defensa de Rusia. Es una extensión como la mitad de la isla de Jamaica que se traduciría en más de 220 localidades, señala el parte de guerra castrense en Telegram, coincidiendo con la segunda jornada de las elecciones legislativas rusas.

    En concreto, las tropas rusas habrían conquistado en septiembre más de 670 kilómetros cuadrados o 27 localidades de las cuatro regiones ucranianas anexionadas por Moscú en 2022. Precisamente, tanto Kiev como expertos independientes han puesto en duda en las últimas semanas los partes rusos, aduciendo que la ofensiva rusa se estancó desde diciembre de 2025 a junio de este año.

    Las unidades rusas habrían logrado algunos avances territoriales marginales en julio y agosto, pero los ucranianos habrían logrado su mayor éxito al tomar en septiembre el conocido como Saliente de Limán, localidad estratégica de Donetsk y cercana a la frontera con Lugansk.

    Con todo, Defensa insistió hoy en que sus fuerzas están “limpiando” las ciudades de Limán y Sviatoguirsk, situadas al norte del bastión de Sloviansk, la principal plaza fuerte del ejército ucraniano junto a Kramatorsk. El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció hace dos semanas la toma de Sviatoguirsk, lo que fue desmentido por un general ucraniano con un vídeo grabado desde esa ciudad y confirmado por blogueros militares rusos.

    Mientras tanto, una serie de ataques rusos contra las regiones ucranianas de Jersón y Járkiv dejaron como saldo al menos cuatro personas muertas, informaron las autoridades militares en las zonas afectadas. Por otra parte, las fuerzas de defensa aérea de Ucrania neutralizaron tres misiles Banderol y 138 drones con los que las fuerzas rusas atacaron Ucrania desde la noche del 18 de septiembre, según un comunicado de las Fuerzas Armadas citado por la agencia Ukrinform.

    Las defensas antiaéreas rusas derribaron también esta noche 344 drones ucranianos en la parte europea de Rusia y Siberia, donde este sábado tiene lugar la segunda jornada de las elecciones legislativas. Los aparatos no tripulados fueron derribados en 16 regiones, quince de ellas en el continente europeo, según el parte de guerra del Ministerio de Defensa ruso.

    El Ministerio de Defensa ruso informó sobre un ataque contra un centro logístico a 41 kilómetros de Kiev empleado para el almacenamiento de los suministros militares procedentes de países europeos, además de bombardeos contra objetivos en otras regiones del país vecino. Rusia ha vuelto a poner en el punto de mira los suministros internacionales de armas a Ucrania.

    Precisamente, el Departamento de Estado de Estados Unidos acaba de aprobar una venta de armas a Ucrania por un valor cercano a los 2.700 millones de dólares. Según anunció el propio organismo, la entrega de armas, entre las que se incluyen misiles clon del S-300, misiles GAM-76 y sistemas de misiles guiados por láser, servirá para seguir desarrollando y modernizando las defensas aéreas, así como para adquirir equipos y servicios relacionados.

  • UE pide a EE UU que “reconsidere” la decisión de denegar los visados a la delegación palestina en la ONU

    La Unión Europea (UE) “lamentó” este sábado la decisión de Estados Unidos de denegar por segundo año consecutivo los visados al presidente palestino, Mahmud Abás, y los funcionarios de su Gobierno para asistir al debate ante la Asamblea General de la ONU, que se celebra la semana que viene en Nueva York, y pidió a Washington que lo “reconsidere”.

    “Lamentamos la decisión de prorrogar, por segundo año consecutivo, la denegación de visados de entrada a los miembros de la delegación palestina,” dijo un portavoz del Servicio Europeo de Asuntos Exteriores (SEAE) en un comunicado.

    Por ello, añadió que “a la luz de los acuerdos de sede vigentes con la ONU y de sus obligaciones como Estado anfitrión, instamos a Estados Unidos a que reconsidere esta decisión”.

    Ya el año pasado, Abás se vio obligado a intervenir ante la Asamblea General de la ONU por videoconferencia, en un mensaje en el que denunció “una guerra de genocidio, destrucción, inanición y desplazamiento” en Gaza.

    Por su parte, está previsto que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, viaje a Nueva York y hable ante la Asamblea General el próximo 24 de septiembre, pese a la orden de arresto que pende sobre él desde noviembre de 2024 por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad contra el pueblo palestino.

  • Dinamarca celebra el acuerdo “vinculante” con Trump sobre la seguridad en Groenlandia

    Dinamarca celebró el sábado el acuerdo “vinculante” anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump para otorgar a Washington el “control permanente” sobre la seguridad de Groenlandia y prohibir las bases rusas y chinas en el territorio ártico.

    Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha insistido repetidamente en que Washington necesitaba controlar Groenlandia por razones estratégicas, lo que alarmó a Dinamarca, aliado de la OTAN, y provocó una fuerte reacción por parte de la alianza.

    Dinamarca y Groenlandia, territorio autónomo danés, celebraron el acuerdo y anunciaron que lo firmarían la próxima semana en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

    El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, declaró el sábado que la posible firma del acuerdo significaba que “la semana que viene podría ser una buena semana”. “Esperemos que un largo período de incertidumbre sea reemplazado por un acuerdo vinculante que refuerce la seguridad en el Ártico y el Atlántico Norte”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores en una publicación en las redes sociales. Añadió que el acuerdo, que según él respetaba las “líneas rojas” de Dinamarca, era “importante” a la luz de la cambiante situación de seguridad.

    Pero los términos del acuerdo son inciertos, y Dinamarca sostiene que su soberanía permanece intacta.

    En un comunicado, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, describió el texto como “un acuerdo que al mismo tiempo reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino y el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación”.

    “Me complace anunciar que Estados Unidos ha firmado un acuerdo con el Reino de Dinamarca y Groenlandia que otorga a Estados Unidos el control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades en Groenlandia”, dijo Trump en su red social Truth.

    “A partir de ahora, ningún adversario de Estados Unidos podrá tener jamás una base en Groenlandia, una presencia militar en Groenlandia o realizar inversiones sensibles en Groenlandia sin nuestra aprobación expresa por escrito.”

    El magnate subrayó que se trataba de un “Acuerdo de Vida Infinita, ¡no tiene fin!” y afirmó que Washington comenzaría de inmediato a establecer una gran presencia militar en el territorio.

    Trump ha advertido repetidamente sobre los intentos de Rusia y China de establecer una base en Groenlandia mientras se desarrolla una batalla estratégica por la supremacía en un Ártico que se calienta, y el Departamento de Estado no dejó lugar a dudas de que no se les permitiría hacerlo.

    “Este acuerdo garantiza que China y Rusia no pueden tener una base en Groenlandia, no pueden enviar tropas a Groenlandia y se han establecido los mecanismos necesarios para impedir la inversión en sectores sensibles”, dijo un funcionario del Departamento de Estado.

    En el foro económico de Davos, el pasado mes de enero, Trump alcanzó un supuesto acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre el futuro de Groenlandia, cuyos términos siguen siendo vagos.

    Frederiksen declaró el viernes que estaba “satisfecha de que exista la posibilidad de un buen acuerdo para Groenlandia, el Reino de Dinamarca y Estados Unidos”, y añadió que era “bueno para la OTAN y Europa”.

    El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que el acuerdo con Estados Unidos “refuerza” la seguridad del territorio.

    Trump no dio detalles sobre cómo funcionaría el acuerdo, y no estaba claro si estaba vinculado al acuerdo con Rutte o si era sustancialmente diferente de este. Sin embargo, varios medios de comunicación han informado de que Estados Unidos quiere abrir tres nuevas bases militares en el sur de Groenlandia, además de la base de Pituffik que ya tiene en el norte del territorio.

    Un pacto de defensa de 1951, actualizado en 2004, ya permite a Washington aumentar el despliegue de tropas y las instalaciones militares en la isla, siempre que informe con antelación a Dinamarca y Groenlandia.

    En el punto álgido de la crisis, Trump no descartó el uso de la fuerza para apoderarse del territorio de 57.000 habitantes, sembrando la inquietud en la UE y la OTAN.

    Desde entonces, las tensiones se han atenuado un poco y, en un aparente intento por apaciguar a Trump, la OTAN lanzó una nueva misión para reforzar la seguridad en el Ártico.

  • Groenlandia, la fortaleza ártica que Estados Unidos nunca dejó de mirar

    Desde la Segunda Guerra Mundial, Washington considera Groenlandia una pieza estratégica para vigilar el acceso al Ártico y proteger Norteamérica. El acuerdo de 1951 permitió levantar una extensa red de instalaciones militares durante la Guerra Fría. Ahora, Trump quiere recuperar parte de aquella presencia en un Ártico disputado de nuevo por las grandes potencias

    En Groenlandia, algunas de las pistas de aterrizaje más largas del planeta fueron construidas cuando el mundo todavía vivía con el miedo a una guerra nuclear. Los radares apuntaban hacia el norte, los bombarderos podían despegar rumbo al Ártico y miles de militares estadounidenses vivían en instalaciones levantadas sobre el hielo. Era la Guerra Fría y la Unión Soviética quedaba al otro lado del océano.

    Décadas después, aquellas instalaciones son en buena parte ruinas, aeropuertos civiles o infraestructuras abandonadas. Pero el mapa que las explica vuelve a cobrar sentido.

    Trump anunció el viernes un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia para reforzar la presencia militar estadounidense en la isla. El presidente estadounidense aseguró que el pacto proporciona a Washington un control permanente sobre la seguridad de Groenlandia y permitirá comenzar el proceso para establecer una “gran presencia militar”. El acuerdo, según las informaciones conocidas hasta ahora, también impediría a adversarios de Estados Unidos establecer bases militares o realizar determinadas inversiones estratégicas en la isla.

    Copenhague y Nuuk han puesto el énfasis en otra parte: el acuerdo mantiene la soberanía danesa y el derecho de autodeterminación de los groenlandeses. El texto todavía debe formalizarse y pasar por los procedimientos de aprobación correspondientes.

    La novedad, por tanto, no está en que Estados Unidos haya descubierto ahora Groenlandia. Washington lleva más de ochenta años mirando hacia esta isla de hielo con ojos militares.

    Una frontera entre dos mundos

    La Segunda Guerra Mundial convirtió Groenlandia en una pieza estratégica. Su posición, entre Norteamérica y Europa, permitía utilizarla como escala para la aviación estadounidense y como puesto avanzado para controlar las rutas del Atlántico Norte. Pero fue en 1951 cuando aquella presencia adquirió una dimensión permanente.

    El 27 de abril de aquel año, Estados Unidos y Dinamarca firmaron un acuerdo de defensa sobre Groenlandia, en plena escalada de la Guerra Fría. El tratado reconocía la soberanía danesa sobre la isla, pero concedía a Washington amplias posibilidades para construir y operar instalaciones militares. El objetivo era claro: convertir Groenlandia en una primera línea de defensa frente a la Unión Soviética.

    El acuerdo contemplaba inicialmente tres grandes áreas: Narsarsuaq, Sondrestrom y Thule. Eran nombres que durante décadas aparecerían en los mapas militares estadounidenses del Ártico.

    Thule, en el extremo noroeste, acabaría convirtiéndose en la más importante. La construcción de la base comenzó en 1951, en una de las operaciones logísticas más extraordinarias de la historia militar estadounidense. A más de mil kilómetros al norte del círculo polar ártico, Estados Unidos levantó una enorme instalación destinada primero a apoyar sus bombarderos estratégicos y posteriormente a vigilar el cielo y el espacio.

    La posición era excepcional. Desde Groenlandia, Estados Unidos podía vigilar la ruta más corta entre la Unión Soviética y Norteamérica. Y esa ruta tenía un nombre que adquirió una importancia creciente con la carrera nuclear: el Polo Norte.

    Durante el apogeo de la Guerra Fría, la presencia estadounidense llegó a alcanzar más de una decena de instalaciones y miles de militares distribuidos por la isla. Había radares, estaciones meteorológicas, depósitos, aeródromos, instalaciones de comunicaciones y puestos logísticos. Groenlandia se había convertido en una gigantesca plataforma militar.

    La dimensión de aquella estrategia llegó incluso a proyectarse bajo el hielo. En 1959, el Ejército estadounidense inició Camp Century, una instalación experimental construida bajo la capa de hielo, a unos 200 kilómetros de la costa. Oficialmente estaba vinculada a investigaciones científicas y a la logística ártica. Pero formaba parte también de un proyecto militar secreto conocido como Iceworm, que estudiaba la posibilidad de desplegar misiles nucleares bajo el hielo.

    El proyecto fue abandonado y Camp Century cerró en 1967. Pero la instalación dejó una imagen difícil de olvidar: Estados Unidos había llegado a construir una pequeña ciudad bajo el hielo de Groenlandia porque consideraba que aquel territorio podía convertirse en una pieza decisiva de una futura guerra nuclear.

    Con la desaparición de la Unión Soviética, buena parte de aquella gigantesca infraestructura dejó de tener sentido. Estados Unidos redujo su presencia. Cerró instalaciones y concentró sus recursos en unas pocas posiciones estratégicas.

    La principal superviviente fue Thule, rebautizada en 2023 como Pituffik Space Base. Hoy es la instalación militar estadounidense permanente en Groenlandia y está bajo responsabilidad de la Fuerza Espacial. Su misión explica por qué Washington nunca ha dejado de considerar la isla importante: alerta de misiles, vigilancia espacial y seguimiento de objetos en el espacio. El radar instalado allí forma parte de la arquitectura estadounidense de alerta temprana frente a misiles balísticos.

    El escenario estratégico, sin embargo, ha cambiado. La Unión Soviética ya no existe. Pero Rusia ha recuperado capacidades militares en el Ártico y China ha incrementado su presencia económica y científica en la región. Al mismo tiempo, el retroceso del hielo está haciendo más accesibles determinadas rutas marítimas y recursos. El Ártico ha dejado de parecer un espacio periférico. Y Groenlandia vuelve a estar en el centro del mapa.

    Volver a las viejas bases

    Por eso resulta significativo que los planes estadounidenses no consistan únicamente en ampliar Pituffik. Washington ha estudiado recuperar antiguos emplazamientos utilizados durante la Guerra Fría, entre ellos Narsarsuaq y Kangerlussuaq, dos lugares que conocen bien la presencia militar estadounidense. Las informaciones publicadas en los últimos meses apuntan a la posibilidad de rehabilitar antiguas infraestructuras y desarrollar nuevas capacidades militares y logísticas.

    Narsarsuaq fue una pieza importante de la presencia estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Kangerlussuaq —antiguo Sondrestrom— también desempeñó durante décadas funciones militares y logísticas. Ambos cuentan además con pistas de aterrizaje que pueden resultar valiosas en un territorio donde las infraestructuras son escasas y las distancias enormes.

    Estados Unidos no estaría empezando de cero. Estaría volviendo a lugares que ya utilizó cuando Groenlandia era una de las principales fronteras militares de la Guerra Fría.

    La diferencia es que ahora el adversario potencial no está definido por una sola potencia. Rusia y China aparecen en la planificación estratégica estadounidense, mientras que el Ártico se convierte progresivamente en una zona de competencia militar, económica y tecnológica.

    El nuevo acuerdo anunciado por Trump pretende precisamente consolidar esa nueva realidad. Según las informaciones disponibles, Washington busca garantizar una presencia militar considerable y cerrar la puerta a una presencia militar de sus adversarios.

    Trump lo presenta como un triunfo y como una garantía permanente para la seguridad estadounidense. Dinamarca y Groenlandia, en cambio, insisten en que el acuerdo se enmarca en la defensa común y no altera su soberanía. Entre ambas interpretaciones queda una realidad mucho más antigua.

    Desde 1951, Estados Unidos dispone de un marco jurídico que le ha permitido mantener instalaciones militares en Groenlandia. Durante la Guerra Fría construyó allí una red que llegó a extenderse por buena parte de la isla. Después la redujo hasta conservar fundamentalmente Pituffik.

    Y quizá esa sea la mejor manera de entender el renovado interés de Trump por Groenlandia. No se trata solamente de una obsesión territorial ni de una nueva disputa por una isla remota. Es el regreso de una lógica estratégica que Estados Unidos nunca abandonó completamente. El hielo se derrite. Las rutas cambian. Rusia vuelve a mirar al norte y China intenta ganar presencia en el Ártico.

    Pero en Groenlandia, bajo las pistas de los antiguos aeródromos y junto a los radares que todavía vigilan el espacio, permanece la huella de una historia que comenzó mucho antes de Trump. La fortaleza ártica vuelve a despertar.

  • Europa se prepara ante un posible ataque de Rusia: piden hacer acopio de agua y comida

    Francia, Polonia, Alemania, Reino Unido y Suiza, entre otros países, ya se preparan para un posible recrudecimiento de los ataques de Rusia a los estados que apoyan a Ucrania en su defensa ante las tropas de Putin. Y es que después de que en las últimas semanas se hayan multiplicado los incidentes con drones no identificados sobre territorio europeo, con episodios en Alemania, Dinamarca y Lituania, los líderes europeos temen por la seguridad de sus infraestructuras críticas y han comenzado a tomar medidas.

    En España, la directora de Seguridad Nacional, la general Loreto Gutiérrez Hurtado, ha recordado este jueves que su departamento ya ha iniciado los trabajos para elaborar una nueva Estrategia de Seguridad Nacional a la luz de la “transformación” del mundo ante la amenaza de la guerra híbrida.

    Piden hacer acopio de alimentos y agua

    Otros países de Europa han sido más precisos en sus tácticas ante un previsible ataque de Rusia. Así, según BRICS News, citando a la BBC, el gobierno del Reino Unido habría instado a los hogares a comenzar a almacenar comida enlata y agua potable para tres días ante una posible guerra con Rusia y ciberataques.

    En este sentido, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, también ha lanzado la alerta por los ataques rusos de la últimas semanas, por lo que ha pedido al Gobierno que elabore un plan para proteger sus infraestructuras críticas, así como los emplazamientos más sensibles de la base industrial y tecnológica de defensa franceses.

    Suiza se blinda

    Por su parte, el Consejo Federal de Suiza ha adoptado la Estrategia de Política de Seguridad 2026 basado en tres prioridades teniendo en cuenta tanto los recursos civiles como militares.

    Así, va a fortalecer la resiliencia del Estado, la economía y la sociedad para educir las vulnerabilidades y las dependencias críticas. Además, se van a mejorar las capacidades de resistencia y protección para que los civiles, las instituciones y las infraestructuras críticas estén mejor protegidos contra las amenazas y los peligros, y los ataques puedan ser repelidos con mayor eficacia.

    Por último se van a reforzar las capacidades de defensa para que Suiza pueda contrarrestar eficazmente un ataque armado.

    También el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha anunciado que tras los recientes ataques rusos en territorio ucraniano muy cerca de la frontera polaca se dispone a reforzar la seguridad ante lo que calificó de “escalada” por parte de Moscú.

    “Tenemos que ser conscientes de que, a partir de hoy, procederemos de una manera muy reforzada, porque lo que sabemos y lo que esperamos es que las próximas semanas y meses sean un periodo de acción intensificada por Rusia”, dijo en una rueda de prensa en Varsovia con ministros y representantes de los cuerpos de seguridad, en declaraciones recogidas por la agencia PAP.

    “No podemos excluir que esta escalada afecte a nuestro territorio”, advirtió, después de que drones de ataque rusos impactaran a pocos kilómetros de la frontera polaca en un tren de pasajeros que circulaba hacia Varsovia, sin causar heridos, y en una gasolinera cercana al paso fronterizo de Dorohusk-Jagodzin, que tuvo que ser evacuado.

    Desde el Parlamento Europeo también se ha alertado de la amenaza híbrida rusa contra los europeos y, según la alta representante Kaja Kallas “Putin no se detendrá a menos que alguien lo detenga”.

  • Mira Milosevich: «A Putin, como a Stalin, le encantan los procesos formales vacíos de contenido democrático»

    En Rusia, las urnas rara vez deparan sorpresas. El desenlace de las elecciones legislativas, que comenzaron este viernes y concluyen el domingo, está escrito desde hace meses: Rusia Unida, el partido de Vladímir Putin, conservará su amplia mayoría en la Duma Estatal. Pero, en política, el ritual también cuenta. «Conocer el resultado de antemano no resta interés al proceso», sostiene Mira Milosevich-Juaristi (Belgrado, 1966), investigadora principal del Real Instituto Elcano y autora de Breve historia de la Revolución rusa y Rusia, el imperio zombi (Galaxia Gutenberg). En conversación con LA RAZÓN, la analista desgrana las claves de unos comicios que define como un «teatro» del Kremlin, pero en cuyo guion incorpora elementos nuevos.

    Rusia celebra esta semana unas elecciones legislativas cuyo resultado es previsible. ¿Por qué deberíamos prestarles atención?

    Sabemos que ganará Rusia Unida, pero estas elecciones traen novedades interesantes. Son las primeras desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 y se van a usar para justificar la guerra. Además, al incluir los territorios ocupados, buscarán proyectar la legitimidad de la conquista y enviar el mensaje a esos ciudadanos de que Rusia está ahí para protegerlos. Por otro lado, las listas cambian de forma sustancial: están trufadas de perfiles que el Kremlin considera que han contribuido positivamente a la guerra, desde veteranos a los que se ha integrado en la vida política hasta personas cercanas al poder. Así, las elecciones funcionan también como un canal de agradecimiento del régimen.

    En un régimen donde el resultado está atado y bien atado, ¿para qué necesita Vladímir Putin estas elecciones?

    Sobre todo para aparentar normalidad ante su población, demostrar respaldo social y justificar su política en Ucrania. Desgraciadamente, aunque no fuera con porcentajes tan abultados, sospecho que Rusia Unida ganaría incluso sin pucherazos. La competitividad política se redujo al mínimo a partir de 2011, cuando acusaron a Hillary Clinton de organizar las manifestaciones contra el fraude electoral. Desde entonces, el Kremlin ha perfeccionado el control político y creado partidos satélite para simular un multipartidismo que no existe. ¿Por qué celebrar estas elecciones, entonces? Por la misma razón que Stalin creó la Constitución soviética mientras aterrorizaba al país: a los regímenes totalitarios les encantan los procedimientos formales vacíos de contenido democrático. En Rusia hay una democracia formal, pero no sustancial. Y hay otro factor clave: Putin sostiene que Zelenski es ilegítimo. Al votar en plena guerra, busca proyectarse como el verdadero demócrata ante su sociedad, desacreditar a Kiev y controlar el relato para pedir un sacrificio cada vez mayor a los rusos.

    Habla usted de normalidad, pero esta vez hemos visto a Vladímir Putin implicarse activamente en la campaña de Rusia Unida para la Duma Estatal. Ha recorrido varias regiones, por ejemplo, algo a lo que no nos tiene muy acostumbrados.

    Putin siempre ha evitado identificarse al 100% con Rusia Unida porque prefiere el rol de salvador, de héroe nacional o de figura paternal para todos los rusos. Él es el zar. ¿Por qué les ayuda ahora? Porque el partido está desgastado y él, en cambio, sigue siendo muy popular. Los datos más fiables, los del Levada Center, le otorgan en torno a un 80% de popularidad constante. De hecho, su mayor caída no fue en 2014 ni en 2022, sino con la reforma de las pensiones en 2018. Putin tiene claro que su estabilidad depende del control de Rusia Unida: si no son mayoría en el Parlamento, ¿quién le va a votar sus leyes o a sostener esa apariencia de funcionamiento normal del Estado? Además, él es la figura que une. Ante cualquier posible fisura en el partido por la guerra o por la situación económica, Putin es el garante de la cohesión. Y hay también un factor de imagen personal. Muchos periodistas occidentales han escrito que tiene miedo de viajar, que no se moja ni en la ducha. Esta es también su forma de demostrar que no tiene miedo y hacerse visible ante su gente.

    La candidatura de Rusia Unida la encabezan figuras clave del régimen como Dmitry Medvédev y Serguéi Lavrov. ¿Qué mensaje quiere transmitir?

    Hasta ahora, Putin ha demostrado ser implacable con los traidores, pero también un hombre que siempre premia la lealtad. Incluir en las listas a Medvédev y Lavrov es, en lo personal, un agradecimiento por su servicio. A nivel político, supone ensalzar a dos figuras muy involucradas en la guerra de Ucrania que representan los dos polos del Kremlin actual. Por un lado, está el perfil agresivo de Medvédev, que es el que tuitea, el belicista, quien siempre amenaza con un ataque nuclear. Lavrov, en cambio, intenta, en lo que puede, conservar un cierto lenguaje diplomático. Representan los dos polos del Kremlin actual: uno que está supuestamente abierto a las negociaciones —eso sí, bajo las condiciones de Rusia— y otro que es abiertamente belicista. También encabezan la lista porque son dos personas muy vinculadas a Vladímir Putin. Como Putin es el candidato presidencial, no se va a poner en la lista de Rusia Unida, pero ellos son ahora mismo los más leales y cercanos a él en el plano político y social. De cara a la opinión pública ellos son el reflejo de Putin.

    ¿Por qué incluye a los veteranos de una guerra?

    Creo que hay tres razones y que todas tienen que ver con la historia de Rusia. Desde Pedro el Grande existe un cierto sistema estatal que a los rusos les gusta definir como meritocracia, porque en aquella época, con una sociedad donde más del 90 % de la población eran campesinos, para escalar tenía que ser por méritos. Antes se ganaba un título nobiliario y eso, en un imperio como el ruso, se conseguía a través de las armas. La segunda razón es que un soldado ocioso es un peligro público. Esto lo sabemos desde la Revolución rusa, que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. La revolución surge por la alta inflación y la movilización general, que dejó un enorme número de soldados y esta gente, sin armas, sin comida, sin nada, empieza a vagabundear por las calles de San Petersburgo y se une a la revolución. Por lo tanto, es mucho más inteligente incorporar a los soldados, que probablemente tendrán traumas, que no tendrán otro trabajo (aunque han sido bien pagados para las condiciones rusas) y que estarán heridos: ya no serán los de antes. Es mucho mejor incorporarles en la sociedad de alguna manera para controlarles.

    «Putin sabe que un soldado ocioso es un peligro público, por eso incluye a veteranos a sus listas»

    Imagino que también sirve para alentar a futuros soldados…

    Sí, esa es la tercera razón: dar ejemplo para conseguir más inscripciones, más voluntarios para ir a la guerra en Ucrania, diciendo: «Bueno, la patria no se olvida de ustedes. Les pagamos bien, nos ocupamos de sus viudas, sus huérfanos y, si ustedes salen y están heridos o lo que sea, nosotros, el Estado, agradecemos muchísimo vuestro sacrificio». Y hay otro factor y es que creo que es un elemento de la creación de una nueva identidad nacional rusa. Hasta ahora, ésta se ha basado en el mito de la Gran Guerra Patriótica, que es el mito fundacional de la Unión Soviética y luego de Rusia. Yo creo que la guerra en Ucrania es un nuevo mito fundacional de la identidad nacional rusa que, con el tiempo, probablemente sustituirá al actual. Porque, a diferencia del mito de la Segunda Guerra Mundial, este nuevo relato se construye en oposición a Occidente. Entonces, la Unión Soviética y Occidente eran aliados contra la Alemania nazi; ahora, Rusia se presenta enfrentada a Occidente, y la guerra en Ucrania encarna precisamente esa confrontación.

    Con una inflación disparada, problemas de abastecimiento, el fantasma de una nueva movilización y una cantidad de veteranos que superan a los de Afganistán, ¿estamos ante el caldo de cultivo para un estallido social o un golpe interno contra Putin?

    Creo que ese es el sueño húmedo de Occidente, pero el problema es que Rusia es un país enorme, y eso complica una revolución. Además, ningún gobernante desde Iván Grozny, Iván el Terrible, sea zar, secretario general del partido o ahora Putin, se ha fiado al 100% del ejército ruso. El gobernante siempre ha apostado por una fragmentación de las Fuerzas Armadas, de los siloviki, de las fuerzas que usan la fuerza, para poder controlarles. A un autócrata, un tipo como Vladímir Putin o como lo fue Stalin, un hombre que tiene un régimen muy controlado, cada vez más se vuelve paranoico y probablemente por eso aumenta su control. No descarto que dentro del ejército haya descontento con la guerra, pero ya lo vimos con Prigozhin: si él no pudo llegar, difícilmente alguien va a intentarlo de nuevo.Ahora bien, yo creo que Putin está cuidándose mucho de no combinar movilización general con la inflación, porque esta sí que es la receta de la Revolución rusa, francesa o cualquiera.

    El Kremlin autorizó inicialmente el registro de Yábloko, uno de los pocos partidos que se oponen a la invasión, pero después dio marcha atrás y anuló su registro. ¿Por qué este cambio?

    Yábloko ha sobrevivido desde la desintegración de la URSS y solía alcanzar el 5% para entrar en el parlamento. Pero seamos claros: tras el fracaso de Yeltsin y la llegada de Putin, solo entre un 10% y un 15% de los rusos se define como liberal. Yábloko representa ese espacio —económico, proeuropeo y opuesto a la guerra— que choca con la «democracia soberana» que acuñó Vladislav Surkov, esa tesis de que la democracia no es un valor universal y cada país la moldea a su antojo. No creo que los hayan apartado por temor a un gran resultado, porque la sociedad está apática y Yábloko apenas obtendría apoyos. Lo hacen por feroz control político y por pura inercia. En Rusia no hay nada sagrado; la vida humana nunca lo ha sido. Ahí están los asesinatos de Boris Nemtsov o de Anna Politkóvskaya. Si no respetaron eso, Yábloko no iba a ser la excepción. Es un partido que se opone al régimen y punto. El único partido no inventado por el Kremlin que se tolera es el Comunista porque apela a la nostalgia de la URSS, esa época en que eran una gran hiperpotencia nuclear de la que muchos aún se sienten orgullosos.

    «El Kremlin no apartó a Yábloko por miedo a las urnas, sino por inercia y control obsesivo»

    En los últimos meses hemos visto un aumento de las operaciones de sabotaje y acciones híbridas en Europa. ¿Existe relación con el calendario electoral?

    En parte responde a las elecciones, porque el Kremlin necesita alimentar el sentimiento antioccidental para que la gente piense: «Si Occidente nos odia, ¿quién me va a proteger si no es Putin?». Pero también se debe a que Rusia está cumpliendo lo que anunció desde el inicio de la guerra: que los países que ayudaran a Ucrania serían objetivos legítimos. Y hay un tercer elemento, claramente, que es la guerra psicológica dirigida a la ciudadanía europea. En un contexto de inflación, encarecimiento de la energía y el invierno a la vista, el mensaje es: «Os podemos amargar la vida de muchas maneras». No estamos mentalizados para proteger continuamente nuestras infraestructuras. Como decía Stanislav Levchenko, exoficial del KGB en Asia: «Busca tus vulnerabilidades y encontrarás al KGB». Hoy es igual: busca tus vulnerabilidades y encontrarás a Rusia. Rusia no siempre crea el problema, pero se aprovecha de él.

    ¿A qué se debe esta escalada? ¿Cabe esperar un ataque directo contra un país aliado?

    Yo pensaría que estos ataques son como un mensaje de la mafia. Como la cabeza de caballo sobre la cama. Dicen, por ejemplo, que el dron con explosivos falló, yo no tengo pruebas, pero me arriesgaría a pensar que era un mensaje. Te está diciendo: no te ha pasado nada porque soy benévolo, pero te puede pasar. También esto forma parte de esta manía de desacreditar a los rusos. Se habla de que en Rusia va a colapsar la economía, que el ejército es malísimo, que nada funciona. Pero Rusia está en su quinto año de guerra. No digo que les vaya de maravilla, pero aguanta. Creo que también deberíamos ser más objetivos cuando hablamos del enemigo.

    Si Rusia está en esta guerra híbrida contra Europa, ¿estamos ganando?

    La percepción de la amenaza cambia según el país. En los Bálticos, Polonia, Finlandia o Suecia es muy distinta por razones geográficas: comparten frontera con Rusia. En Finlandia, por ejemplo, pueden movilizar a un millón de soldados en una semana. Es un ejemplo de preparación y conciencia social: saben que puede pasar y lo gestionan sin histeria ni pánico. Simplemente están preparados, y eso ya es ganar. En la guerra híbrida, la mayor disuasión civil es la capacidad social de resistir. Rusia sabe que Finlandia está preparadísima; su disuasión es esa resiliencia. ¿Podemos decir lo mismo de España? La percepción de la amenaza es distinta y es lógico que no tengamos esa capacidad, pero cumplimos y somos un socio fiable de la OTAN: hay tropas en los Bálticos, la batería Patriot en Turquía y ayuda a Ucrania. Ahora bien, si no nos ocupamos de nuestra amenaza particular en el Sahel y el norte de África, no podemos esperar que otros sean solidarios. Por eso no creo que Rusia esté ganando la guerra híbrida. Esto es como la revolución permanente de Trotsky: una guerra continua que no se gana ni se pierde a la vieja usanza.

    ¿Hay alguna posibilidad de democracia real en Rusia?

    Los rusos siempre han mirado a Europa como un espejo para su identidad nacional, y algo se les ha pegado. Ahora bien, imponer un sistema democrático desde fuera no es la solución. Son los propios rusos quienes deben recorrer ese camino. Tienen una tradición riquísima de pensadores y disidentes surgidos en circunstancias terroríficas, como el zarismo o la Rusia estalinista: Herzen, Berdiáyev, Isaiah Berlin, Ajmátova, Pasternak o Sájarov. El instinto de libertad es profundamente humano y los rusos no son una excepción. Surgirá, pero hay que dejarles espacio para su propio proceso. Lo que vemos hoy en Rusia es el proceso clásico de desintegración de cualquier imperio: la metrópolis intenta retener el control y la periferia busca liberarse aprovechando la debilidad. Ocurrió en el Imperio Romano y ocurrió a menor escala en Yugoslavia.

    Hay quien piensa que el problema es Putin y que cuando no esté, la democracia volverá.

    No creo que sea así. El problema de fondo es que muchos rusos temen, de manera errónea en mi opinión, que, si el Estado se democratiza, el país se desintegrará porque varias regiones querrán irse. El dilema que tienen es cómo hacer una transición democrática sin romper el Estado. En Yugoslavia eso fracasó porque los pueblos priorizaron resolver su cuestión nacional e independizarse antes de abordar la democracia. En la Unión Soviética pasó algo similar, y no todos los países resultantes se han democratizado.

  • Ucrania bate su récord en lanzamiento de drones y lo celebra como si fuera una competición

    Las “Aerolíneas ucranianas Dron”, como sarcásticamente se han bautizado, han conseguido llegar hasta donde no lo habían hecho antes: un punto del territorio ruso situado a 3.000 kilómetros de distancia.

    Y lo han celebrado como si de una competición deportiva se tratara, recordando cada uno de los “récords” anteriores de sus drones. Más allá de la anécdota, la noticia es importante porque este proyectil se ha revelado uno de los más determinantes de la guerra contra Rusia.

    Las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF) de Ucrania han anunciado el logro mediante una imagen subida a sus redes sociales en la que se muestra un mapa titulado «Ukrainian Drone Airlines», que ilustra la expansión anual del alcance de los drones ucranianos y sus rutas desde Kiev hacia objetivos situados en territorio ruso.

    En 2022, la distancia señalada alcanzaba los 650 kilómetros, con Engels como objetivo. Engels alberga una importante base aérea rusa y aparece como uno de los primeros puntos destacados en este mapa.

    En 2023, el alcance aumenta hasta los 700 kilómetros, con Pskov como objetivo. La imagen muestra una ruta desde Kiev hasta esta ciudad del noroeste de Rusia, situada cerca de la frontera con Estonia.

    En 2024, la distancia se amplía hasta los 1.500 kilómetros, con Salavat como punto de destino. El mapa representa así una expansión considerable de la capacidad de los drones respecto a los dos años anteriores.

    En 2025, aparece Antipino, a unos 2.000 kilómetros de Kiev. Finalmente, en 2026, la ruta más larga llega hasta Novy Urengoy, a unos 3.000 kilómetros, lo que evidencia la progresiva ampliación del radio de acción representado.

    Los ataques cruzados de drones entre Ucrania y Rusia son una constante prácticamente cada noche, y especialmente los fines de semana. Aunque la efectividad de estos aparatos es relativa, ya que la mayor parte de ellos son interceptados por las defensas de ambos países, su utilización es masiva ya que son muy baratos de fabricar y desgastan los sistemas defensivos del adversario, que debe estar en vigilancia constante.

  • La debacle de la CDU en Mecklemburgo amenaza con agravar la crisis de Merz

    En 1990, en las primeras elecciones regionales celebradas tras la reunificación alemana, la Unión Cristianodemócrata (CDU) obtuvo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental el 38,3% de los votos. En 2021 ya había caído al 13,3% y, en vísperas de las nuevas elecciones, el último sondeo de la televisión pública ZDF la sitúa en apenas un 6%, solo un punto por encima de la barrera necesaria para entrar en el Parlamento regional. La caída resume hasta qué punto los conservadores han quedado fuera de una campaña dominada por el duelo entre la ministra presidenta Manuela Schwesig y Alternativa para Alemania (AfD), pero también convierte el domingo en otra prueba incómoda para Friedrich Merz después del 17,2% obtenido por la CDU en Sajonia-Anhalt.

    Daniel Peters, presidente regional y candidato de la CDU, habla ya abiertamente de una “lucha por la existencia”. El 6% es una fotografía del momento y no una predicción electoral. ZDF advierte además de que el sondeo tiene un margen de error de algo más de dos puntos para partidos situados en torno al 10% y de que un 21% de los encuestados todavía no tiene decidido qué votará o incluso si acudirá a las urnas. Pero incluso con esas cautelas, el retroceso tiene una dimensión histórica para un partido que gobernó el Land durante los primeros años posteriores a la reunificación y que ahora aparece reducido a un papel secundario. Parte del problema también está en Berlín.

    Merz, una figura que provoca rechazo

    La política federal ha pesado durante toda la campaña y Merz se ha convertido, según el informativo de la televisión pública Tagesschau, en una figura que provoca rechazo entre parte del electorado del nordeste. Como muestra, el único acto público de campaña que llevó a cabo Merz en el Land o que la propia CDU regional haya tratado de marcar distancias con el Gobierno federal. Peters atribuyó parte de las dificultades de su partido al bloqueo de reformas en Berlín e insistió en que estas elecciones deben decidirse por asuntos regionales. El posible resultado llega además en un momento delicado para Merz. Tras la derrota de Sajonia-Anhalt, las críticas dentro del bloque conservador han aumentado.

    Los ocho ministros presidentes de la CDU publicaron esta semana una declaración conjunta contra las discusiones personales y en apoyo al trabajo con el canciller. Merz ha convocado además a la presidencia del partido para el domingo por la noche, una vez conocidos los resultados de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín, y ha cancelado su viaje previsto a Nueva York para la Asamblea General de Naciones Unidas. Él mismo rechaza vincular su futuro político a unas elecciones regionales y asegura que quiere completar los cuatro años de mandato.

    Sondeos Mecklenburgo-Pomerania Occidental
    Sondeos Mecklenburgo-Pomerania Occidental T. Gallardo La Razón

    El cordón sanitario a AfD, a debate

    Mientras la CDU intenta evitar otra fuerte caída, la recta final se ha concentrado casi por completo en Schwesig y la AfD. El mismo sondeo sitúa al Partido Socialdemócrata (SPD) en el 37% y a la AfD en el 36%. Hace una semana la AfD aparecía por delante, pero la popularidad personal de Schwesig y la polarización de la campaña han permitido al SPD recuperar terreno. La ventaja de Schwesig es mucho mayor cuando se pregunta directamente quién debería dirigir el Gobierno regional. Un 61% prefiere a la socialdemócrata, frente al 30% que se decanta por Leif-Erik Holm, candidato de la AfD. Schwesig ha aprovechado esa ventaja para presentar la elección como una confrontación entre ella y la AfD y, al mismo tiempo, distanciarse de decisiones impopulares de la coalición federal. Esa polarización ha terminado dejando a ambas formaciones con casi todo el espacio político, mientras el resto lucha por mantener su representación.

    Para la CDU, un 6% no decidiría únicamente el peso de su grupo en Schwerin. Después de Sajonia-Anhalt, otra caída de estas dimensiones reforzaría la discusión interna sobre el rumbo del partido y sobre la capacidad de Merz para recuperar apoyo electoral en el este. También volvería a alimentar el debate sobre el cordón sanitario con la AfD, cuestionado ya por algunos dirigentes regionales, aunque la dirección federal mantiene su rechazo a cualquier cooperación.

    El domingo se elige un Parlamento regional, no al canciller pero un resultado históricamente bajo para la CDU tendría una evidente lectura nacional después de Sajonia-Anhalt y en medio de la discusión abierta sobre Merz. Mientras Schwesig intenta convertir la votación en una elección personal frente a la AfD, los conservadores llegan al final de la campaña peleando por conservar un espacio propio en un Land donde hace 36 años fueron la primera fuerza.