Los boomers viven mejor. La estabilidad económica y el patrimonio de los nacidos durante el baby boom de los 50 y los 60, que tuvieron un salario más acorde al nivel de vida de la época y pudieron permitirse incluso una segunda residencia, son la gran brecha que les separa de la juventud actual. Este debate generacional nos ha acompañado en los últimos años, instigado principalmente por la crisis de la vivienda y la precariedad laboral de muchos jóvenes.
Si nada cambia, para los españoles que nacen ahora comprarse una casa y mantener un trabajo fijo será mucho más difícil que para sus abuelos. Pero hay algo que tendrán muchísimo más fácil: verse expuestos a un incendio. Se trata de una nueva injusticia generacional que abarca varias generaciones anteriores, porque parte de esta situación viene impulsada por el aumento del calor y de unas emisiones históricas a las que ellos no han contribuido, y que se han acelerado especialmente en las últimas décadas.
Los niños y niñas que hayan nacido en España en 2025 experimentarán a lo largo de su vida un total de 7,3 años con condiciones meteorológicas extremas propicias para los fuegos forestales. Más de 2.600 días. Es más del doble que alguien de 1950, expuesto a aproximadamente 3,5 años, y también más del doble de lo que vivirá de media un niño europeo. Son las demoledoras estimaciones de una investigación elaborada por la Vrije Universiteit Brussel (VUB), la Universidad Libre de Bruselas, en la que participa la Universidad de Murcia (UMU), que acaba de publicarse en la revista científica Environmental Research Letters.
Los datos se conocen después de un verano de graves incendios forestales y mientras arrancamos un otoño en el que los termómetros no nos dan tregua. Casi nadie en España está pensando aún en hacer el cambio de armario. El verano dura cada vez más y este ha sido el más cálido desde, al menos, 1869, según ha confirmado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). También el tercero con menos lluvias.
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Son precisamente las personas con más años a sus espaldas las que a veces pecan de decir eso de, bueno, es que calor ha hecho siempre. “Sí, calor ha hecho siempre. Lo que no ha ocurrido siempre es calor de esta intensidad, frecuencia y persistencia”, señala Marco Turco, físico e investigador del grupo de Modelización Regional Atmosférica (MAR) del departamento de Física de la UMU, y coautor del artículo. “Hemos tenido 61 días bajo condiciones de ola de calor, es decir, aproximadamente dos de cada tres días del verano, frente al récord anterior de 41 días en 2022”, señala en conversación con este periódico. Las anomalías se están convirtiendo en la nueva normalidad, esa que los más jóvenes tienen por delante.
El calentamiento se combina con veranos secos y ambientes que demandan absorber mucha agua de las masas líquidas, del suelo y, sobre todo, de las plantas. Eso hace que haya más vegetación que pueda prender fácilmente y, por tanto, que el riesgo de incendio suba ante el más mínimo chispazo. Las mayores diferencias entre los de la generación Beta y los boomers se concentran especialmente en el interior de la península ibérica. Un desajuste generacional que también puede, aunque por otros motivos, dejar a los españoles del futuro sin casa.
Ningún bebé europeo se libra de pagar el pato
España es uno de los países más vulnerables porque forma parte del Mediterráneo, uno de los puntos más calientes en el baremo del riesgo meteorológico de incendios. Pero la herencia climática que se llevan los jóvenes no solo atañe a la península ibérica. Los meses estivales de 2026 han marcado récords en toda Europa y olas de calor en países que no están preparados para ellas. “Copernicus confirma que 2026 ha sido el verano más cálido registrado en Europa occidental, con 2,54 °C más respecto a 1991-2020”, referencia Turco.
Para los bebés europeos que acaban de nacer, el estudio estima que, de media, acumularán 3,2 años más de condiciones idóneas para los incendios que sus abuelos y bisabuelos. En este caso, un aumento del 84 % en comparación con la generación del baby boom. “Es importante entender qué significa ‘acumular’. No quiere decir tres años consecutivos de incendios. Sumamos todos los días con condiciones meteorológicas extremas favorables al fuego que experimentará una persona durante toda su vida y los convertimos en años”, matiza Turco.
Esta es precisamente la novedad más llamativa de la investigación, traducir a una escala humana cómo situaciones climáticas al límite están impactando en nuestra vida, coinciden varios investigadores en Science Media Centre (SMC) España. Esto condensa en un dato muy potente cuánto cambia la experiencia climática de dos generaciones con solo 75 años de diferencia.
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Para hacer estas estimaciones, los investigadores han utilizado proyecciones de la última generación de modelos climáticos globales adaptados a Europa, y han tenido en cuenta distintos escenarios de calentamiento global. Después cruzan los días previstos a condiciones meteorológicas extremas con datos de población y esperanza de vida.
El aumento de 7,3 años para un niño español nacido en 2025 y de 3,2 para uno europeo se ha calculado en base a un aumento de la temperatura global de 2,6 °C para el año 2100, tal y como se prevé que pase si se mantienen las políticas climáticas actuales. “Actualmente nos encontramos en torno a 1,4 °C de calentamiento global. Se trata de una diferencia enorme y aterradora si tenemos en cuenta el impacto que ya tiene el calor en Europa”, compara Rosa Pietroiusti, autora principal del estudio e investigadora en fenómenos derivados del cambio climático y sus implicaciones para la equidad intergeneracional de la VUB.
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Patricia Ruiz Guevara
Datos: José Ramón Pérez
Infografía: Blanca Casanova
Gráficos: Ana Somavilla
Francesca Barca (Voxeurope. París)
Solo una parte menor de esta diferencia entre generaciones se explica por el aumento de la esperanza de vida, apuntan los investigadores. La mayor huella, dicen, es la del cambio climático antropogénico, aunque aún es difícil de medir. Lo que sí es evidente es que los más jóvenes son los que menos lo han provocado, pero serán quienes más lo sufrirán, subraya Cristina Santín, científica titular y catedrática asociada honoraria del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC-Principado de Asturias) a SMC España.
“Desde el punto de vista climático existe una desigualdad generacional muy clara: quienes nacen hoy han contribuido muy poco a las emisiones históricas que han causado el calentamiento, pero experimentarán durante sus vidas una carga climática mucho mayor que sus predecesores”, dictamina Turco. Las emisiones que lo provocan vienen de casi un siglo atrás, pero el impacto climático se ha acelerado especialmente en las últimas décadas. Y no ocurre únicamente con los incendios. Otros trabajos han encontrado enormes diferencias generacionales en la exposición acumulada a olas de calor, sequías, inundaciones, pérdidas de cosechas y ciclones tropicales.
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También sabemos a ciencia cierta que Europa es el continente que más rápido se calienta del mundo, y las repetidas olas de calor y la sequía han propiciado que haya fuegos más frecuentes e intensos. El clima no es el único detonante, recuerda Eduardo Rojas, profesor de la Universitat Politècnica de València. Pero si juntas condiciones de temperatura extrema, sequedad y vientos a favor con un mal uso del suelo y la vegetación, y políticas de prevención y extinción ineficaces, tienes la tormenta perfecta.
“La relación entre calentamiento e incendios no es lineal. Un pequeño incremento adicional de temperatura puede traducirse en un aumento mucho mayor del área quemada”, apunta Turco. Según otro estudio publicado en Nature Communications, el aumento de calentamiento podría hacer que esta pase del 40 % al 100 % en el Mediterráneo europeo. Aumentan las probabilidades de que el bosque arda y de cuánta extensión acaba calcinada, porque el clima extremo también hace que sea más difícil apagar el fuego. Incluso aunque el área quemada no aumente, la exposición humana cercana sí puede hacerlo.
Una vida mucho peor que la de sus antepasados
El calor extremo no solo aviva las posibilidades de que todo arda. También genera unas molestias en el día a día que empeorarán las condiciones de vida de las generaciones futuras. Viviendas inadaptadas, dependencia del aire acondicionado y veranos en los que no se puede hacer vida en la calle. Esto también aumenta los riesgos para la salud. Las muertes relacionadas con el calor han crecido un más de un 160 % en el sur europeo desde 1990. Una condena climática si no hacemos algo ya, indican los expertos.
“Sin medidas climáticas mucho más ambiciosas, estamos condenando a los jóvenes que nacen hoy en Europa a sufrir, año tras año, olas de calor insoportables e incendios forestales”, afirma Pietroiusti. Ella y el resto de autores del estudio llaman a fijar objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos, invertir en energía solar y eólica, y abandonar los combustibles fósiles para devolver a los que vienen tras nosotros veranos más frescos y bosques libres de riesgo.
“Cada fracción de grado de calentamiento que evitemos se traduce directamente en menos condiciones meteorológicas propicias para los incendios a lo largo de la vida de un niño, lo que les brinda la oportunidad de disfrutar de una vida plena y más saludable”, añade Wim Thiery, coautor del estudio y profesor de la VUB. Así lo estima específicamente la investigación: cada grado adicional a finales de siglo son unos 448 días más de posible exposición a incendios a lo largo de su vida para un bebé nacido en España el año pasado.
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A los recién nacidos en los que se basa el estudio aún no les podemos preguntar, pero sí a los jóvenes que ya están viviendo una vida peor que sus antepasados. El 41% de los españoles entre 16 y 25 años sitúa el cambio climático entre los tres principales problemas de la actualidad, una prioridad muy superior a la que le otorgan las personas mayores de 32 años, según un estudio de Fundación La Caixa. Más del 82 % ha sufrido ecoansiedad. Son cifras que coinciden con el sentir de la juventud a nivel global. En una encuesta realizada a 10.000 adolescentes y jóvenes en diez países de todo el mundo, el 75 % afirmó que el futuro les parece aterrador.
Pietroiusti nos cuenta que les presentaron sus resultados a un grupo de jóvenes de Portugal. “Se mostraron agradecidos por el trabajo, pero también conmovidos y preocupados. Establecieron claramente el vínculo entre lo que ya están viviendo y nuestras previsiones”, relata. Son jóvenes como ellos quienes están al frente de movimientos climáticos tan mediáticos como Fridays for Future, que inició la activista sueca Greta Thunberg, Just Stop Oil o Futuro Vegetal en España. Porque detrás de las cifras y los modelos, hay consecuencias reales para “jóvenes de carne y hueso”, recalca la investigadora, que pide “que los responsables de la toma de decisiones tengan esto en cuenta a la hora de plantear las medidas que deben adoptarse en respuesta a la crisis climática”.



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