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  • Se viene un nuevo choque generacional con los ‘boomers’. Y será aún más asfixiante que la vivienda

    Se viene un nuevo choque generacional con los ‘boomers’. Y será aún más asfixiante que la vivienda

    Los boomers viven mejor. La estabilidad económica y el patrimonio de los nacidos durante el baby boom de los 50 y los 60, que tuvieron un salario más acorde al nivel de vida de la época y pudieron permitirse incluso una segunda residencia, son la gran brecha que les separa de la juventud actual. Este debate generacional nos ha acompañado en los últimos años, instigado principalmente por la crisis de la vivienda y la precariedad laboral de muchos jóvenes.

    Si nada cambia, para los españoles que nacen ahora comprarse una casa y mantener un trabajo fijo será mucho más difícil que para sus abuelos. Pero hay algo que tendrán muchísimo más fácil: verse expuestos a un incendio. Se trata de una nueva injusticia generacional que abarca varias generaciones anteriores, porque parte de esta situación viene impulsada por el aumento del calor y de unas emisiones históricas a las que ellos no han contribuido, y que se han acelerado especialmente en las últimas décadas.

    Los niños y niñas que hayan nacido en España en 2025 experimentarán a lo largo de su vida un total de 7,3 años con condiciones meteorológicas extremas propicias para los fuegos forestales. Más de 2.600 días. Es más del doble que alguien de 1950, expuesto a aproximadamente 3,5 años, y también más del doble de lo que vivirá de media un niño europeo. Son las demoledoras estimaciones de una investigación elaborada por la Vrije Universiteit Brussel (VUB), la Universidad Libre de Bruselas, en la que participa la Universidad de Murcia (UMU), que acaba de publicarse en la revista científica Environmental Research Letters.

    Los datos se conocen después de un verano de graves incendios forestales y mientras arrancamos un otoño en el que los termómetros no nos dan tregua. Casi nadie en España está pensando aún en hacer el cambio de armario. El verano dura cada vez más y este ha sido el más cálido desde, al menos, 1869, según ha confirmado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). También el tercero con menos lluvias.

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    Son precisamente las personas con más años a sus espaldas las que a veces pecan de decir eso de, bueno, es que calor ha hecho siempre. “Sí, calor ha hecho siempre. Lo que no ha ocurrido siempre es calor de esta intensidad, frecuencia y persistencia”, señala Marco Turco, físico e investigador del grupo de Modelización Regional Atmosférica (MAR) del departamento de Física de la UMU, y coautor del artículo. “Hemos tenido 61 días bajo condiciones de ola de calor, es decir, aproximadamente dos de cada tres días del verano, frente al récord anterior de 41 días en 2022”, señala en conversación con este periódico. Las anomalías se están convirtiendo en la nueva normalidad, esa que los más jóvenes tienen por delante.


    El calentamiento se combina con veranos secos y ambientes que demandan absorber mucha agua de las masas líquidas, del suelo y, sobre todo, de las plantas. Eso hace que haya más vegetación que pueda prender fácilmente y, por tanto, que el riesgo de incendio suba ante el más mínimo chispazo. Las mayores diferencias entre los de la generación Beta y los boomers se concentran especialmente en el interior de la península ibérica. Un desajuste generacional que también puede, aunque por otros motivos, dejar a los españoles del futuro sin casa.

    Ningún bebé europeo se libra de pagar el pato

    España es uno de los países más vulnerables porque forma parte del Mediterráneo, uno de los puntos más calientes en el baremo del riesgo meteorológico de incendios. Pero la herencia climática que se llevan los jóvenes no solo atañe a la península ibérica. Los meses estivales de 2026 han marcado récords en toda Europa y olas de calor en países que no están preparados para ellas. “Copernicus confirma que 2026 ha sido el verano más cálido registrado en Europa occidental, con 2,54 °C más respecto a 1991-2020”, referencia Turco.

    Para los bebés europeos que acaban de nacer, el estudio estima que, de media, acumularán 3,2 años más de condiciones idóneas para los incendios que sus abuelos y bisabuelos. En este caso, un aumento del 84 % en comparación con la generación del baby boom. “Es importante entender qué significa ‘acumular’. No quiere decir tres años consecutivos de incendios. Sumamos todos los días con condiciones meteorológicas extremas favorables al fuego que experimentará una persona durante toda su vida y los convertimos en años”, matiza Turco.

    Esta es precisamente la novedad más llamativa de la investigación, traducir a una escala humana cómo situaciones climáticas al límite están impactando en nuestra vida, coinciden varios investigadores en Science Media Centre (SMC) España. Esto condensa en un dato muy potente cuánto cambia la experiencia climática de dos generaciones con solo 75 años de diferencia.

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    España es el tercer país europeo donde los bebés actuales estarían expuestos a incendios durante más tiempo que sus abuelos, después de Italia y Francia. (Pexel/Juan García)

    España es el tercer país europeo donde los bebés actuales estarían expuestos a incendios durante más tiempo que sus abuelos, después de Italia y Francia. (Pexel/Juan García)

    Para hacer estas estimaciones, los investigadores han utilizado proyecciones de la última generación de modelos climáticos globales adaptados a Europa, y han tenido en cuenta distintos escenarios de calentamiento global. Después cruzan los días previstos a condiciones meteorológicas extremas con datos de población y esperanza de vida.

    El aumento de 7,3 años para un niño español nacido en 2025 y de 3,2 para uno europeo se ha calculado en base a un aumento de la temperatura global de 2,6 °C para el año 2100, tal y como se prevé que pase si se mantienen las políticas climáticas actuales. “Actualmente nos encontramos en torno a 1,4 °C de calentamiento global. Se trata de una diferencia enorme y aterradora si tenemos en cuenta el impacto que ya tiene el calor en Europa”, compara Rosa Pietroiusti, autora principal del estudio e investigadora en fenómenos derivados del cambio climático y sus implicaciones para la equidad intergeneracional de la VUB.

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    POR
    Patricia Ruiz Guevara
    Datos: José Ramón Pérez
    Infografía: Blanca Casanova
    Gráficos: Ana Somavilla
    Francesca Barca (Voxeurope. París)

    Solo una parte menor de esta diferencia entre generaciones se explica por el aumento de la esperanza de vida, apuntan los investigadores. La mayor huella, dicen, es la del cambio climático antropogénico, aunque aún es difícil de medir. Lo que sí es evidente es que los más jóvenes son los que menos lo han provocado, pero serán quienes más lo sufrirán, subraya Cristina Santín, científica titular y catedrática asociada honoraria del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC-Principado de Asturias) a SMC España.

    “Desde el punto de vista climático existe una desigualdad generacional muy clara: quienes nacen hoy han contribuido muy poco a las emisiones históricas que han causado el calentamiento, pero experimentarán durante sus vidas una carga climática mucho mayor que sus predecesores”, dictamina Turco. Las emisiones que lo provocan vienen de casi un siglo atrás, pero el impacto climático se ha acelerado especialmente en las últimas décadas. Y no ocurre únicamente con los incendios. Otros trabajos han encontrado enormes diferencias generacionales en la exposición acumulada a olas de calor, sequías, inundaciones, pérdidas de cosechas y ciclones tropicales.

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    Se prevé que los jóvenes sufran las peores consecuencias del cambio climático, algo que los investigadores califican como injusticia intergeneracional. (EFE/David Arjona)

    Se prevé que los jóvenes sufran las peores consecuencias del cambio climático, algo que los investigadores califican como injusticia intergeneracional. (EFE/David Arjona)

    También sabemos a ciencia cierta que Europa es el continente que más rápido se calienta del mundo, y las repetidas olas de calor y la sequía han propiciado que haya fuegos más frecuentes e intensos. El clima no es el único detonante, recuerda Eduardo Rojas, profesor de la Universitat Politècnica de València. Pero si juntas condiciones de temperatura extrema, sequedad y vientos a favor con un mal uso del suelo y la vegetación, y políticas de prevención y extinción ineficaces, tienes la tormenta perfecta.

    “La relación entre calentamiento e incendios no es lineal. Un pequeño incremento adicional de temperatura puede traducirse en un aumento mucho mayor del área quemada”, apunta Turco. Según otro estudio publicado en Nature Communications, el aumento de calentamiento podría hacer que esta pase del 40 % al 100 % en el Mediterráneo europeo. Aumentan las probabilidades de que el bosque arda y de cuánta extensión acaba calcinada, porque el clima extremo también hace que sea más difícil apagar el fuego. Incluso aunque el área quemada no aumente, la exposición humana cercana sí puede hacerlo.

    Una vida mucho peor que la de sus antepasados

    El calor extremo no solo aviva las posibilidades de que todo arda. También genera unas molestias en el día a día que empeorarán las condiciones de vida de las generaciones futuras. Viviendas inadaptadas, dependencia del aire acondicionado y veranos en los que no se puede hacer vida en la calle. Esto también aumenta los riesgos para la salud. Las muertes relacionadas con el calor han crecido un más de un 160 % en el sur europeo desde 1990. Una condena climática si no hacemos algo ya, indican los expertos.

    “Sin medidas climáticas mucho más ambiciosas, estamos condenando a los jóvenes que nacen hoy en Europa a sufrir, año tras año, olas de calor insoportables e incendios forestales”, afirma Pietroiusti. Ella y el resto de autores del estudio llaman a fijar objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos, invertir en energía solar y eólica, y abandonar los combustibles fósiles para devolver a los que vienen tras nosotros veranos más frescos y bosques libres de riesgo.

    “Cada fracción de grado de calentamiento que evitemos se traduce directamente en menos condiciones meteorológicas propicias para los incendios a lo largo de la vida de un niño, lo que les brinda la oportunidad de disfrutar de una vida plena y más saludable”, añade Wim Thiery, coautor del estudio y profesor de la VUB. Así lo estima específicamente la investigación: cada grado adicional a finales de siglo son unos 448 días más de posible exposición a incendios a lo largo de su vida para un bebé nacido en España el año pasado.

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    Varios niños observan el paisaje quemado desde un mirador en la localidad almeriense de Bédar, uno de los municipios evacuados por el incendio de Los Gallardos, el pasado julio. (EFE/María Alonso)

    Varios niños observan el paisaje quemado desde un mirador en la localidad almeriense de Bédar, uno de los municipios evacuados por el incendio de Los Gallardos, el pasado julio. (EFE/María Alonso)

    A los recién nacidos en los que se basa el estudio aún no les podemos preguntar, pero sí a los jóvenes que ya están viviendo una vida peor que sus antepasados. El 41% de los españoles entre 16 y 25 años sitúa el cambio climático entre los tres principales problemas de la actualidad, una prioridad muy superior a la que le otorgan las personas mayores de 32 años, según un estudio de Fundación La Caixa. Más del 82 % ha sufrido ecoansiedad. Son cifras que coinciden con el sentir de la juventud a nivel global. En una encuesta realizada a 10.000 adolescentes y jóvenes en diez países de todo el mundo, el 75 % afirmó que el futuro les parece aterrador.

    Pietroiusti nos cuenta que les presentaron sus resultados a un grupo de jóvenes de Portugal. “Se mostraron agradecidos por el trabajo, pero también conmovidos y preocupados. Establecieron claramente el vínculo entre lo que ya están viviendo y nuestras previsiones”, relata. Son jóvenes como ellos quienes están al frente de movimientos climáticos tan mediáticos como Fridays for Future, que inició la activista sueca Greta Thunberg, Just Stop Oil o Futuro Vegetal en España. Porque detrás de las cifras y los modelos, hay consecuencias reales para “jóvenes de carne y hueso”, recalca la investigadora, que pide “que los responsables de la toma de decisiones tengan esto en cuenta a la hora de plantear las medidas que deben adoptarse en respuesta a la crisis climática”.

  • Un satélite espía de EEUU lanzado durante la Guerra Fría se desintegra inesperadamente: podría haber generado una nube de metralla a 775 km de altura

    Un satélite espía de EEUU lanzado durante la Guerra Fría se desintegra inesperadamente: podría haber generado una nube de metralla a 775 km de altura

    Un antiguo satélite espía de EEUU lanzado durante la Guerra Fría se ha fragmentado de forma inesperada mientras permanecía en órbita terrestre baja décadas después de completar la misión para la que fue diseñado. El aparato, identificado oficialmente como USA 32 y conocido bajo el nombre secreto FARRAH III, llevaba alrededor de 38 años expuesto a las duras condiciones del espacio. Su ruptura ha dejado varios fragmentos a más de 775 km de altitud, una zona donde operan numerosos satélites y donde cualquier nuevo residuo puede convertirse en un problema para otras naves.

    La historia de FARRAH III comenzó el 5 de septiembre de 1988, cuando EEUU lo puso en órbita mediante un cohete Titan II. Su misión permaneció clasificada durante décadas y estaba relacionada con la interceptación y vigilancia de señales de radar, en pleno tramo final de la Guerra Fría. El satélite debía recopilar emisiones, procesar parte de la información a bordo y transmitir los datos posteriormente a tierra, incluidos determinados usuarios militares. Su diseño era compacto y utilizaba su propia rotación para mantenerse estabilizado durante las operaciones.


    El aparato siguió orbitando mucho después de que terminara su vida útil. Observaciones realizadas años después permitieron comprobar que tanto USA 32 como uno de sus sucesores continuaban girando alrededor de la Tierra. La situación cambió el 13 de septiembre de 2026, cuando la US Space Force detectó su fragmentación aproximadamente a las 21:13 UTC (a las 19:13 horas en la España peninsular). Desde entonces, los objetos asociados al incidente están siendo incorporados a los sistemas habituales de vigilancia de aproximaciones para determinar si pueden cruzarse peligrosamente con otros vehículos espaciales.

    Una nube de restos a gran altitud

    La ruptura se produjo a unos 775 km sobre la superficie terrestre, una región especialmente sensible porque los fragmentos pueden permanecer durante largos periodos antes de perder altura. La US Space Force confirmó que continúa analizando el suceso y señaló: “Todos los restos rastreados están siendo incorporados a los análisis rutinarios de aproximaciones para apoyar la seguridad de los vuelos espaciales. No se han identificado amenazas inmediatas; el análisis continúa”. La ausencia de un riesgo inmediato no elimina la necesidad de seguir calculando las trayectorias de cada pieza.

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    La causa exacta de la desintegración todavía no se conoce. Una de las posibilidades consideradas es que algún tanque presurizado o batería hubiera terminado fallando tras casi cuatro décadas sometido a continuos ciclos de calentamiento y enfriamiento. Tampoco se descarta que FARRAH III pudiera haber recibido el impacto de otro residuo orbital o de un pequeño meteoroide. Reconstruir la trayectoria de los fragmentos permitirá aproximarse mejor a lo ocurrido y comprobar si la ruptura comenzó dentro del propio satélite o fue provocada desde el exterior.

    El problema de los satélites antiguos

    El incidente vuelve a situar el foco sobre una cuestión esencial para la seguridad espacial: qué sucede con los vehículos que permanecen abandonados en órbita durante décadas. Los satélites y las etapas de lanzamiento pueden conservar fuentes de energía capaces de provocar una ruptura tardía, desde combustible residual hasta baterías o sistemas presurizados. Por ese motivo, las agencias espaciales modernas aplican procedimientos de pasivación, destinados a consumir o eliminar la energía almacenada una vez terminada la misión y reducir así la posibilidad de explosiones futuras.

    No está claro si USA 32 fue sometido a ese proceso cuando dejó de funcionar. Su fragmentación convierte ahora un satélite de reconocimiento de la Guerra Fría en una nueva fuente potencial de basura espacial, dentro de una órbita que ya concentra numerosos objetos artificiales. Los especialistas seguirán vigilando el tamaño, la velocidad y la evolución de los restos para calcular posibles aproximaciones a otros satélites y, al mismo tiempo, reconstruir cómo un aparato lanzado en 1988 terminó desintegrándose inesperadamente casi cuatro décadas después.

    Un antiguo satélite espía de EEUU lanzado durante la Guerra Fría se ha fragmentado de forma inesperada mientras permanecía en órbita terrestre baja décadas después de completar la misión para la que fue diseñado. El aparato, identificado oficialmente como USA 32 y conocido bajo el nombre secreto FARRAH III, llevaba alrededor de 38 años expuesto a las duras condiciones del espacio. Su ruptura ha dejado varios fragmentos a más de 775 km de altitud, una zona donde operan numerosos satélites y donde cualquier nuevo residuo puede convertirse en un problema para otras naves.

  • Un chip sabrá que estás enfermo antes que tú: el sueño húmedo de Silicon Valley vale 100.000 millones

    Un chip sabrá que estás enfermo antes que tú: el sueño húmedo de Silicon Valley vale 100.000 millones

    Eso que en la jerga especializada se conoce como wearables lleva casi tanto tiempo entre nosotros como los smartphones. Al principio, Silicon Valley vendía estas pulseras y relojes como una manera de tener notificaciones en la muñeca y contar los pasos que dábamos a lo largo del día. Después descubrieron que la tecnología también podía decirnos cómo de malas habían sido nuestras noches, detectar pulsaciones extrañas y señales de estrés. Y cuando parecía que estos dispositivos empezaban a llegar a su techo, aparece la IA y les da una segunda vida.

    En los últimos meses hemos visto cómo se han popularizado entrenadores de muñeca basados en la tecnología de moda. Pero ahora la industria quiere ir un paso más allá. Quiere que estos aparatos sean capaces de detectar, antes de que uno note que algo no va bien, señales de que el cuerpo está empezando a cambiar.

    Aseguradoras, hospitales y farmacéuticas hace tiempo que descubrieron que el cuerpo es capaz de producir información mucho más valiosa que calorías, pasos, minutos de esfuerzo físico o gráficos de sueño para presumir en redes sociales. La producción de datos se extiende las 24 horas del día. Y cuando tu negocio depende de lo costosos que sean los tratamientos, del número de pacientes que atiendes o de la efectividad de los medicamentos que creas, acceder a ellos puede ser la hormona del crecimiento para tus márgenes de beneficio. Por eso, tanto la industria sanitaria como la tecnológica llevan años buscando la forma de acceder a esos datos.

    Qualcomm, uno de los mayores vendedores de chips del mundo, ha puesto nombre a esa ambición en su cumbre anual, celebrada esta semana en Hawái. El evento ha servido como pistoletazo de salida a la Personal AI Health Alliance, un nombre llamativo para una agrupación que busca convertir relojes, anillos, pulseras inteligentes e incluso auriculares en la puerta de entrada a una economía sanitaria que, según sus cálculos, podría suponer más de 100.000 millones de dólares en pocos años, según estimaciones de la asociación .

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    Para Qualcomm, el beneficio sería multiplicar la venta de sus componentes. Para el usuario, tener indicios de cuándo podría caer enfermo. ¿Y para el resto de implicados? Para una aseguradora o mutua, la lógica es de cajón. Un paciente que empeora sin que nadie lo atienda acaba en urgencias, en el hospital y, a menudo, en una factura mucho más alta. Si un dispositivo wearable es capaz de detectar el deterioro real y permite intervenir a tiempo, podría ayudar a vigilar a más gente con menos visitas presenciales y menos episodios caros. El propio Apple Watch lleva años permitiendo empaquetar tus datos de salud y compartirlos con tu médico. El objetivo es, por tanto, evitar que estalle la enfermedad. Como se dice coloquialmente, pillarla a tiempo.

    Para una farmacéutica, como Merck, el premio está en otro sitio. Los ensayos clínicos vuelven a depender en muchos casos de verse cara a cara, cuestionarios o la percepción de los pacientes. A veces, también la memoria, porque deben recordar cómo se sintieron hace dos semanas. Los wearables prometen observar el efecto de un fármaco casi en tiempo real. Cómo camina una persona, si duerme peor, si le sube la temperatura o si le afecta a la respiración. Merck ya lleva años experimentando con esto, pero que Qualcomm y fabricantes de tecnología de consumo se interesen significa llevarlo a una nueva dimensión. No es lo mismo intentar vender un dispositivo médico que un reloj inteligente que te valga para todo.

    Una IA a la que no se le pida cosas

    La idea de Qualcomm es que una parte relevante del análisis se haga directamente en el reloj, anillo, auricular o teléfono. Que el dato no tenga que viajar a la nube constantemente. La compañía ha insistido en ese concepto algo vaporoso conocido como IA personal. Una IA procesada en sus chips de forma local, menos datos viajando a la nube, menos latencia y más cacharros capaces de interpretar lo que hacemos sin levantar el teléfono para preguntárselo a un servidor. El siguiente paso son los prometidos agentes. En lugar de limitarse a responder cuando les hacemos una pregunta, estos sistemas aspiran a encargarse de tareas, tomar decisiones y utilizar distintas aplicaciones y dispositivos para cumplir con nuestras necesidades, sin que se lo pidamos. La idea es que la IA deje de ser algo a lo que acudimos y empiece a ser algo que trabaja por nosotros.

    En el caso de la salud, podría analizar de forma continua las señales del cuerpo, detectar cambios que se nos escapan y avisarnos de que algo quizá no va bien antes incluso de que aparezcan síntomas. “El agente estará en el centro, pero tu teléfono, tu PC, tus gafas, los wearables y el coche serán puntos finales para los agentes inteligentes“, explica Cristiano Amon, CEO de Qualcomm.

    “Al final se trata de tu contexto, de una IA que trabaja para ti y que es relevante para ti. Si no es relevante, no vas a utilizarla”, añade el directivo. “Las cargas de trabajo se distribuirán entre los recursos de computación disponibles en la nube y en los dispositivos, dependiendo de cada tarea que necesites realizar”, apuntó. Es decir, habrá modelos pequeños que pueden ejecutarse localmente, pero eso depende tanto del software como del chip.

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    Amon, CEO de Qualcomm. Foto: Reuters.

    Amon, CEO de Qualcomm. Foto: Reuters.

    Pero a la hora de la verdad no se evita la pregunta incómoda. Si el cuerpo se convierte en una fuente permanente de información médica, alguien tendrá que decidir quién puede verla, usarla y sacar beneficio de ella. No hay que olvidar que la información sanitaria es uno de los datos más sensibles y prueba de ello es la protección que se le brinda en textos como el RGPD.

    El reloj, el anillo, el parche o los auriculares recogen señales sobre nuestro sueño, actividad, frecuencia cardíaca, respiración, temperatura o recuperación. La inteligencia artificial buscará patrones y anomalías. Y si encuentra algo raro, el dispositivo podrá avisarnos de que quizá deberíamos dormir más, movernos menos, comer distinto o, en el mejor de los casos, pedir cita con un médico antes de que el problema dé la cara.

    La industria tecnológica promete ser capaz de saber más del cuerpo que su dueño. No porque una empresa haya descubierto de repente cómo diagnosticar enfermedades desde una muñeca, sino porque cada avance en sensores, chips y modelos de IA permite convertir una parte más de nuestro día a día en un dato vendible.

    Vamos, por partes. Qualcomm no busca en el negocio sanitario, en un momento en el que los reguladores están escrutando hasta el milímetro cualquier movimiento horizontal de las grandes tecnológicas. Ellos quieren algo más sencillo y rentable, que es vender las cañerías y la fontanería de esos dispositivos cada vez más presentes en nuestra vida.

    Hay una variable que conviene no perder de vista en esta promesa. La palabra potencialmente. Que un dispositivo procese los datos localmente no significa que estos vayan a quedarse allí. Pueden sincronizarse después, pasar por una aplicación, cruzarse con nuestro historial médico o acabar formando parte de estudios, servicios y acuerdos comerciales que aceptamos con la misma atención con la que solemos leer los términos y condiciones. Es decir, ninguna. La industria habla de IA personal como si estuviera construyendo una caja fuerte alrededor de nuestra intimidad. A veces, lo que está construyendo es simplemente una forma para que nos acabemos fiando y entregando nosotros mismos la información.

    Una tendencia al alza

    Lo de Qualcomm no es un plan nuevo. Whoop lleva años intentando transformar la obsesión deportiva por la recuperación en una plataforma de salud más ambiciosa. Su negocio va más allá simplemente en decirle a un corredor si ha dormido bien o si debería entrenar menos. La empresa quiere que la gente interprete la variabilidad de su frecuencia cardíaca, el descanso, el estrés y la carga física como una especie de cuadro de mandos biológico. Un tablero donde el cuerpo se convierte en una empresa y el usuario en su director financiero, pendiente de que los indicadores trimestrales no salgan rojos.

    Con su último reloj, Google intentó entrar en otro campo, el del metabolismo. Su función Health Guardian para Pixel Watch y Fitbit incluye tendencias de resistencia a la insulina, una estimación obtenida a partir de datos fisiológicos acumulados durante semanas y no de un pinchazo de sangre. La función llegará a Pixel Watch 3, 4 y 5 y a Fitbit Air y pretende alertar de cambios sostenidos en la salud metabólica antes de que el usuario reciba una analítica o una conversación incómoda en la consulta. Tanto en este caso como en el de la presión arterial, la IA es la que ha permitido crear estas herramientas.

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    Vista de la Fitbit Air de Google. Foto: Efe

    Vista de la Fitbit Air de Google. Foto: Efe

    Eso no significa que un reloj de la marca mida el azúcar ni que diagnostique diabetes desde la muñeca. Google habla de tendencias de resistencia a la insulina y la distinción importa. Una cosa es detectar que un conjunto de señales se parece a un patrón estadístico asociado con peor salud metabólica. Otra muy distinta es establecer un diagnóstico, decidir un tratamiento o sustituir una prueba de laboratorio. Las compañías tecnológicas han jugado en ese espacio por donde, por una parte, transmiten una imagen de fiabilidad médica al mismo tiempo que recuerdan que sus inventos no son productos clínicos y que no sustituyen al médico ni al especialista de turno.

    Oura quizá es el mejor ejemplo de lo lejos que está llegando este asunto. El fabricante del anillo inteligente prepara su salida a bolsa en Estados Unidos, donde aspira a lograr una valoración de hasta 15.620 millones de dólares. Esas son las ambiciones de una empresa de origen finlandés cuyo producto principal invita al usuario a dormir con un sensor en el dedo y pagar una suscripción para que le explique cómo ha dormido. Nuevamente, intenta hacer algo más que solo hardware. Vende una relación continua con el cuerpo y una cuota mensual para interpretarla. Lo hemos visto con el iPhone y con otros tantos dispositivos. El negocio no solo está en venderte un cacharro cada tres o cuatro años. Está en colocarte suscripciones mensuales o anuales durante ese tiempo.

    La parte incómoda, como han recordado en la presentación de Qualcomm, es que medir no equivale a curar. La salud está llena de señales ruidosas, cuerpos distintos y personas que duermen mal porque tienen un bebé, trabajan de noche, atraviesan una depresión, van en un avión o simplemente viven. Un algoritmo puede detectar que algo cambia, pero necesita demostrar que ese cambio importa, que funciona igual en poblaciones diferentes y que el aviso mejora algo más que la ansiedad del usuario y el número de consultas en una aplicación.

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    Sara Cordero
    Fotografía: J. del Río
    Vídeo: A. Masa

    Ahí está la prueba de fuego. Se habla de medicina más personalizada, reducción de costes y validación de fármacos, pero hasta que no haya un estudio o una muestra importante, sonará a brindis al sol.

    El riesgo es que la medicina termine abrazando las peores costumbres de la economía de las aplicaciones. Más notificaciones, más suscripciones, más pantallas y más responsabilidad desplazada al paciente, que tendrá que vigilar su pulso, su sueño, su respiración y ahora también sus supuestas tendencias metabólicas. La promesa es detectar la enfermedad antes de que llegue. La pregunta es si estos dispositivos nos harán estar más sanos o simplemente más pendientes de que algo pueda ir mal.

  • Francia explora el Atlántico a 4.700 metros y descubre que 200.000 barriles de la Guerra Fría están liberando radiación

    Francia explora el Atlántico a 4.700 metros y descubre que 200.000 barriles de la Guerra Fría están liberando radiación

    Una expedición científica francesa ha regresado a una de las zonas más desconocidas del Atlántico para examinar un legado enterrado desde la segunda mitad del siglo XX: miles de recipientes con residuos radiactivos depositados a varios kilómetros de profundidad. El proyecto NODSSUM, impulsado por investigadores vinculados al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, está reconstruyendo ahora qué ha ocurrido con esos vertidos tras décadas expuestos a las condiciones extremas del fondo oceánico.

    La historia comenzó mucho antes de que los científicos pudieran observar directamente estos depósitos. Entre 1949 y 1982, varios países europeos arrojaron al océano más de 200.000 barriles de residuos radiactivos de baja actividad, equivalentes a más de 150.000 toneladas. Buena parte terminó a profundidades comprendidas entre 3.000 y 5.000 metros, cuando las políticas de gestión nuclear aceptaban que determinados materiales acabaran dispersándose lentamente en el medio marino.


    Durante décadas, la localización exacta y el estado de numerosos contenedores siguieron siendo poco conocidos. Esa falta de información llevó al ingeniero nuclear Patrick Chardon y al geólogo marino Javier Escartín a impulsar NODSSUM, un programa que combina física nuclear, geología, oceanografía, biología y química marina. Su objetivo consiste en localizar los barriles y estudiar directamente cómo interactúan sus materiales con el agua, los sedimentos y los organismos de las profundidades.

    Los barriles empiezan a degradarse

    La primera gran campaña se realizó en junio de 2025 a bordo del buque científico L’Atalante. El vehículo submarino autónomo UlyX recorrió el lecho marino para cartografiar y fotografiar los depósitos mientras los especialistas obtenían muestras de agua, sedimentos, peces y crustáceos. En apenas un mes fueron identificados y ubicados 3.355 barriles, una información que permitió preparar una segunda expedición mucho más precisa.


    Los investigadores regresaron en mayo de 2026 con el buque Pourquoi Pas? y el sumergible tripulado Nautile, capaz de descender hasta 6.000 metros. A lo largo de 20 inmersiones, los científicos alcanzaron profundidades superiores a 4.700 metros y pudieron acercarse a los depósitos. Algunas estructuras mostraban una corrosión avanzada y material acumulado alrededor de los recipientes, señal de que parte de su contenido ya había abandonado el confinamiento original.

    Radiación junto a los depósitos

    Las mediciones confirmaron que determinados radionúclidos procedentes de los residuos habían llegado al entorno marino. Los instrumentos detectaron señales significativas de cobalto-60 y niobio-94, cuya presencia pudo relacionarse específicamente con los vertidos. También aparecieron cesio-137 y americio-241 en concentraciones superiores a las esperadas únicamente por las pruebas nucleares atmosféricas y otros episodios de contaminación radiactiva.

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    Ubicación de los barriles radiactivos en el Atlántico y el Cantábrico (Masaqui/Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0)

    Ubicación de los barriles radiactivos en el Atlántico y el Cantábrico (Masaqui/Wikimedia Commons/CC BY-SA 3.0)

    La sorpresa apareció al observar la vida que rodeaba a los contenedores. Lejos de permanecer sobre un fondo completamente vacío, muchos barriles se habían convertido en pequeñas estructuras artificiales aprovechadas por anémonas, esponjas, pepinos de mar, peces y crustáceos. Los cangrejos figuraban entre los animales observados alrededor de estos refugios, lo que abre una cuestión científica especialmente relevante: determinar si los radionúclidos liberados están entrando también en los organismos que viven en contacto con los depósitos.


    El Nautile recogió muestras de sedimento, agua, microorganismos y fauna en cinco emplazamientos, incluidos puntos situados directamente junto a los barriles. Esos materiales están siendo analizados y todavía no existe una respuesta definitiva sobre una posible acumulación biológica. Los investigadores sí comprobaron que los niveles registrados no plantearon problemas importantes de protección radiológica durante la manipulación de las muestras y que ni el sumergible ni sus instrumentos mostraron contaminación, mientras continúa el análisis del impacto real de estos residuos sobre el ecosistema abisal.

    Una expedición científica francesa ha regresado a una de las zonas más desconocidas del Atlántico para examinar un legado enterrado desde la segunda mitad del siglo XX: miles de recipientes con residuos radiactivos depositados a varios kilómetros de profundidad. El proyecto NODSSUM, impulsado por investigadores vinculados al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, está reconstruyendo ahora qué ha ocurrido con esos vertidos tras décadas expuestos a las condiciones extremas del fondo oceánico.

  • Japón descubre que el plástico ha empezado a fusionarse con el coral y ese es un problema que pronto podríamos sufrir en el resto del mundo

    Japón descubre que el plástico ha empezado a fusionarse con el coral y ese es un problema que pronto podríamos sufrir en el resto del mundo

    Unos fragmentos de coral de colores llamativos, encontrados en una playa subtropical de Okinawa, Japón, llevaron a un grupo de investigadores a analizar qué ocurría en aquella costa. El examen de las muestras reveló una combinación poco habitual: plástico fundido unido de forma inseparable al esqueleto del coral. El hallazgo, descrito en un estudio publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ha llevado a los autores a denominar a estas nuevas formaciones plasticorales.

    Los investigadores habían llegado a la playa para estudiar los materiales presentes en la costa cuando varios restos de coral llamaron su atención por sus tonalidades especialmente intensas. Una vez trasladados al laboratorio, comprobaron que aquellas zonas coloreadas no formaban parte del organismo calcáreo. Eran polímeros que se habían derretido y habían terminado integrándose físicamente con los fragmentos de coral muerto, hasta generar un material híbrido difícil de separar.


    La hipótesis planteada por el equipo apunta a una actividad humana muy concreta. Los autores consideran probable que estos plasticorales de Okinawa se hayan formado después de que algunas personas quemaran residuos plásticos en la propia playa. El calor habría fundido los polímeros y permitido que se adhirieran al coral depositado en la costa. Una vez enfriado el material, plástico y estructura calcárea habrían quedado convertidos en una sola pieza.

    Plástico convertido en roca

    Los plasticorales amplían una categoría de materiales que la ciencia lleva años documentando: los plastiglomerados. Bajo este término se agrupan formaciones en las que el plástico actúa como aglutinante de sedimentos u otros materiales naturales. Los autores señalan que estas mezclas suponen un campo emergente dentro de los estudios sobre contaminación marina y geología, ya que pueden introducir nuevos riesgos ecotoxicológicos y dejar una señal física duradera en entornos como los arrecifes.

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    Casos parecidos ya habían mostrado hasta qué punto los residuos sintéticos pueden incorporarse al medio natural. En 2023 se localizaron formaciones de plástico unido a rocas en una isla volcánica remota frente a Brasil, donde los investigadores plantearon que el calor pudo favorecer la fusión de redes de pesca desechadas con materiales porosos. Ese mismo año, otro estudio realizado en una isla indonesia del mar de Java identificó distintas variantes de plastiglomerados, entre ellas costras plásticas, residuos atrapados en alquitrán y piroplásticos.

    La particularidad del descubrimiento japonés reside en el material al que se ha incorporado el polímero. El coral fragmentado no es un simple residuo depositado sobre la arena. Cuando vuelve al mar puede desempeñar una función en los ecosistemas arrecifales, al servir como sustrato para el crecimiento de nuevos corales y proporcionar pequeños refugios a peces jóvenes. Por eso, los investigadores consideran relevante determinar qué ocurre cuando parte de ese material retorna al océano llevando plástico fundido adherido.

    Un posible riesgo para los arrecifes

    Las consecuencias ambientales de los plasticorales todavía no están claras, pero el estudio plantea varios mecanismos que requieren atención. Los fragmentos pueden regresar al agua por la acción de las olas y liberar progresivamente sustancias químicas procedentes del plástico. Investigaciones previas citadas por los autores han mostrado que los residuos plásticos pueden liberar compuestos al agua marina capaces de interferir con la propagación de los corales, además de acumular moléculas perjudiciales y determinados patógenos.

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    El equipo advierte de que aún faltan estudios a largo plazo que permitan medir con precisión el impacto de esta contaminación en el océano. Los plasticorales muestran que los residuos humanos pueden dejar de comportarse únicamente como basura flotante y pasar a integrarse físicamente en estructuras naturales. Los autores incluso plantean que este tipo de formaciones podría actuar como marcador estratigráfico de un posible Plasticeno, una etapa caracterizada por la presencia persistente de plástico en los registros geológicos y en ecosistemas especialmente sensibles como los arrecifes de coral.

    Unos fragmentos de coral de colores llamativos, encontrados en una playa subtropical de Okinawa, Japón, llevaron a un grupo de investigadores a analizar qué ocurría en aquella costa. El examen de las muestras reveló una combinación poco habitual: plástico fundido unido de forma inseparable al esqueleto del coral. El hallazgo, descrito en un estudio publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ha llevado a los autores a denominar a estas nuevas formaciones plasticorales.

  • El proceso de compra de un teléfono móvil cambia en España a partir de este fin de semana. Este es el motivo

    El proceso de compra de un teléfono móvil cambia en España a partir de este fin de semana. Este es el motivo

    Comprar un teléfono móvil, uno de los productos tecnológicos más habituales, será ligeramente diferente en España a partir de este fin de semana. El cambio, sin embargo, no afecta únicamente a los smartphones, sino al conjunto de bienes de consumo vendidos en la Unión Europea, cuyos comercios deberán informar de forma más clara sobre los derechos de garantía de los compradores.

    El cambio procede de la normativa europea destinada a reforzar la protección de los compradores y, sobre todo, a evitar que determinadas garantías que ya reconoce la legislación se presenten como una ventaja comercial añadida. La fecha clave es el 27 de septiembre de 2026, cuando comenzarán a aplicarse las medidas derivadas de la Directiva (UE) 2024/825 y del Reglamento de Ejecución (UE) 2025/1960.

    Una de las novedades que más fácilmente podrán detectar quienes acudan a comprar, por ejemplo, un teléfono será el aviso armonizado sobre la garantía legal. Los comercios físicos deberán colocarlo en un lugar claramente visible y con un tamaño mínimo equivalente a un A4.

    La medida también afectará a las compras por internet. Las tiendas online tendrán que presentar esta información de manera destacada dentro de su página o interfaz de venta, de modo que el consumidor pueda conocer la existencia de la garantía antes de completar el pedido.

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    El aviso recordará que los ciudadanos de la Unión Europea disponen de una garantía legal mínima de dos años. Sin embargo, esto no significa que España reduzca la protección actual: para los bienes nuevos adquiridos en nuestro país, el periodo general de garantía es de tres años desde el 1 de enero de 2022.

    Por tanto, la novedad no consiste en ampliar o recortar ese plazo, sino en hacer mucho más visible un derecho que ya existe. El cartel incorporará, además, un código QR para acceder a información adicional y conocer las particularidades de la legislación aplicable.

    Qué ocurre si el móvil tiene un defecto

    La garantía legal protege al comprador cuando existe una falta de conformidad. Puede ocurrir, por ejemplo, cuando el teléfono no funciona correctamente, presenta un defecto o no cumple con las características que se anunciaron en el momento de la venta.

    Ante una situación de este tipo, el consumidor puede reclamar al vendedor y solicitar, con carácter general, la reparación o la sustitución del dispositivo sin coste. Los gastos necesarios para solucionar el problema, como materiales, mano de obra, transporte o envío, tampoco deben trasladarse al cliente cuando se encuentran cubiertos por la garantía.

    Además, el vendedor es quien debe responder frente al comprador por la garantía legal. Si la reparación o la sustitución no son posibles o no permiten solucionar el problema, la legislación contempla otras alternativas, entre ellas una rebaja del precio o, cuando corresponda, la resolución del contrato y el reembolso.

    La nueva etiqueta EU GARAN

    Junto al aviso obligatorio aparecerá otro elemento que puede generar dudas: la etiqueta EU GARAN. A diferencia del cartel sobre la garantía legal, este distintivo está relacionado con una garantía comercial gratuita de durabilidad ofrecida por el fabricante.

    La etiqueta permitirá identificar aquellos productos para los que el productor asume voluntariamente un compromiso de durabilidad durante un determinado número de años. Para poder utilizarla, la garantía tendrá que ser gratuita y cubrir el producto completo, no únicamente piezas concretas como la batería o determinados componentes internos.

    La particularidad española está en que la garantía legal para bienes nuevos ya alcanza los tres años. Por ello, para que una garantía comercial de durabilidad pueda distinguirse mediante EU GARAN en España tendrá que superar esa protección legal, es decir, alcanzar al menos cuatro años.

    Si una marca promete, por ejemplo, cinco años bajo estas condiciones, deberá responder durante ese periodo conforme a los términos anunciados. Este compromiso comercial será adicional y no sustituirá los derechos que la legislación ya concede al comprador.

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    Otro de los objetivos de las nuevas reglas europeas es impedir prácticas que puedan llevar a confusión. Los comercios no podrán presentar como una ventaja extraordinaria una protección que el consumidor ya tiene obligatoriamente por ley.

    Así, anunciar los tres años de garantía legal existentes en España como si fueran un beneficio exclusivo incluido gratuitamente con determinado teléfono puede inducir al comprador a pensar que está recibiendo una cobertura adicional cuando, en realidad, se trata de un derecho reconocido legalmente.

    Los cambios forman parte de una estrategia europea más amplia para proporcionar información sobre la durabilidad, reparabilidad y vida útil de los dispositivos electrónicos. Desde junio de 2025, móviles y tabletas también cuentan con una etiqueta energética que aporta datos relacionados con aspectos como la autonomía de la batería, la resistencia o la facilidad de reparación.

    La nueva regulación tampoco debe confundirse con el derecho de desistimiento de las compras a distancia. Son mecanismos distintos: la garantía protege frente a productos que no son conformes con lo acordado, mientras que el desistimiento permite, con carácter general y salvo determinadas excepciones, devolver una compra realizada por internet durante los 14 días naturales siguientes, aunque el artículo no tenga ningún defecto.

    A partir del domingo, por tanto, quien entre en una tienda para renovar su teléfono no estrenará nuevos tres años de garantía, porque ese derecho ya existía en España. Lo que encontrará será más información antes de pagar y una distinción más clara entre la protección obligatoria por ley y las garantías adicionales que realmente ofrecen los fabricantes.

    Comprar un teléfono móvil, uno de los productos tecnológicos más habituales, será ligeramente diferente en España a partir de este fin de semana. El cambio, sin embargo, no afecta únicamente a los smartphones, sino al conjunto de bienes de consumo vendidos en la Unión Europea, cuyos comercios deberán informar de forma más clara sobre los derechos de garantía de los compradores.

  • El golpe maestro de Zuckerberg a Apple es este visor VR de 1.299 dólares que es (casi) todo lo que las Vision Pro quisieron ser y no pudieron

    El golpe maestro de Zuckerberg a Apple es este visor VR de 1.299 dólares que es (casi) todo lo que las Vision Pro quisieron ser y no pudieron

    Meta acaba de colocar sobre la mesa uno de sus intentos más ambiciosos para cambiar la realidad virtual de consumo. Las nuevas Meta VR Glasses, presentadas por la compañía de Mark Zuckerberg, adoptan buena parte de las ideas que Apple introdujo con las Vision Pro, pero trasladadas a un dispositivo con un peso mucho menor y un diseño pensado para que pueda utilizarse durante periodos más largos sin cargar toda la electrónica sobre la cabeza.

    El planteamiento técnico se apoya en una decisión que condiciona todo el producto: Meta ha sacado del visor buena parte del hardware de computación y la batería. Ambos componentes se alojan en un módulo externo de unos 300 g que puede guardarse en un bolsillo o sujetarse al cinturón. Las gafas, por su parte, se quedan en aproximadamente 100 gramos, frente al peso considerablemente superior de las Apple Vision Pro. Esa separación permite reducir volumen y presión sobre la cara, aunque obliga al usuario a permanecer conectado al módulo mediante un cable.


    Dentro de ese pequeño módulo trabaja el Qualcomm Snapdragon Reality Elite XR2 Gen 3, acompañado por 12 GB de memoria y 128 GB de almacenamiento, ampliables mediante tarjeta microSD. Las gafas incorporan pantallas micro-OLED de 120 Hz con una resolución de 2.412 por 2.288 píxeles por ojo, además de seis cámaras exteriores para seguimiento y visión del entorno y otras cuatro dedicadas al movimiento ocular. Su campo de visión horizontal alcanza los 70 grados, por debajo de los aproximadamente 100 grados de las Vision Pro.

    Un visor mucho más ligero

    La comodidad aparece como uno de los principales argumentos con los que Meta quiere diferenciar sus nuevas gafas de realidad virtual. Las primeras pruebas publicadas por medios especializados apuntan precisamente en esa dirección. TechRadar destaca el reducido peso y la calidad visual, mientras que Engadget señala la evolución del seguimiento de manos y ojos. RoadToVR, especializado en este mercado, describe el sistema de visión del exterior como el mejor que ha probado hasta ahora en unas gafas de realidad virtual.

    La compañía también ha trasladado al dispositivo varias de las funciones que convirtieron a las Vision Pro en algo más que un visor convencional. Las Meta VR Glasses permiten trabajar con varias ventanas virtuales, conectarse a un ordenador y utilizar las manos como principal método de control. El sistema añade incluso un teclado virtual que puede proyectarse sobre distintas superficies, aunque carece de respuesta háptica. El desbloqueo biométrico mediante reconocimiento del iris completa una interfaz diseñada para prescindir de mandos en buena parte de las tareas cotidianas.

    El entretenimiento ocupa otra parte relevante de la propuesta. Meta prepara cientos de películas en 3D para compra o alquiler y contenidos compatibles en plataformas como Disney+ y Peacock. También ha anunciado vídeos tridimensionales de 180 grados de National Geographic y un formato denominado VR Enhanced Cinema, capaz de extender determinados efectos visuales de una película al espacio que rodea al usuario. El visor llegará igualmente con más de 75 juegos controlados mediante las manos y mantendrá compatibilidad con los mandos Touch Plus utilizados por las Quest 3 y Quest 3S.

    La gran diferencia está en el precio

    Meta lanzará las VR Glasses en primavera de 2027 por 1.299 dólares, una cifra elevada para un dispositivo de consumo, pero muy alejada de los 3.499 dólares con los que debutaron las Apple Vision Pro. La comparación constituye uno de los puntos centrales de la estrategia de Zuckerberg: ofrecer una experiencia de realidad virtual y productividad inspirada en el modelo de Apple, pero con unas gafas considerablemente más ligeras y una barrera económica inferior.

    El dispositivo tampoco es perfecto. El campo de visión es menor que el de las Vision Pro, el módulo externo sigue siendo obligatorio y quienes utilicen gafas graduadas necesitarán monturas adaptadas. A cambio, Meta intenta acercar la realidad virtual de gama alta a un formato que se parece más a unas gafas convencionales que a un casco. Esa combinación de ligereza, pantallas de alta resolución, seguimiento ocular, control mediante las manos y un precio de 1.299 dólares convierte a las Meta VR Glasses en el desafío más directo de Zuckerberg al concepto que Apple estrenó con las Vision Pro.

    Meta acaba de colocar sobre la mesa uno de sus intentos más ambiciosos para cambiar la realidad virtual de consumo. Las nuevas Meta VR Glasses, presentadas por la compañía de Mark Zuckerberg, adoptan buena parte de las ideas que Apple introdujo con las Vision Pro, pero trasladadas a un dispositivo con un peso mucho menor y un diseño pensado para que pueda utilizarse durante periodos más largos sin cargar toda la electrónica sobre la cabeza.

  • Piezas clave del F-35 se ‘pierden’ en Hong Kong: ¿qué puede China aprender de ellas?

    Piezas clave del F-35 se ‘pierden’ en Hong Kong: ¿qué puede China aprender de ellas?

    Un envío comercial de componentes averiados de cazas furtivos estadounidenses acabó por error en Hong Kong en lugar de llegar al taller concertado en suelo estadounidense, dejando varias piezas en paradero desconocido dentro de territorio chino. Este aparente extravío —que EEUU sospecha ha sido intencionado para que Pekín acceda a las piezas— brinda a técnicos extranjeros un acceso físico sin precedentes a piezas con tecnología de baja observabilidad, lo que permite a Pekín examinar materiales hasta ahora blindados por normativas de exportación y leyes de secretos oficiales.

    El suceso golpea de lleno el desarrollo de los futuros programas de dominio aéreo de sexta generación en Washington y Pekín. Si los ingenieros aeronáuticos chinos logran descifrar la composición química, las tolerancias de fabricación y los umbrales de degradación de las superficies que eluden el radar, las fuerzas occidentales perderán una ventaja táctica sustancial, mientras que Pekín obtendrá referencias empíricas decisivas para acelerar sus propios cazas furtivos y calibrar sus redes de seguimiento tierra-aire.

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    Qué puede aprender Pekín

    Examinar a fondo una pieza aislada no permitirá jamás a una potencia rival clonar el caza por completo, según el periodista de aviación y director de The Aviationist David Cenciotti, puesto que la aeronave funciona como un sistema de sistemas interdependiente donde la baja observabilidad nace de la integración conjunta de materiales absorbentes de radar, la geometría exterior, el diseño interno del motor, la aviónica y millones de líneas de código informático. Aun así, hacerse con una pieza estructural auténtica —como la propia cúpula o una compuerta de la bodega de armas— da a los especialistas extranjeros acceso directo a propiedades físicas, métodos de producción y aristas geométricas exactas que la telemetría digital o las fotos de reconocimiento jamás revelan.

    La cúpula en sí misma constituye un logro técnico singular, a años luz de las cubiertas de cabina convencionales de la aviación. Fabricada en acrílico estirado, la pieza lleva aplicada una película finísima de material absorbente de radar pensada expresamente para dispersar los ecos en la parte frontal de la cabina y conservar la baja observabilidad de todo el caza. Los datos de la Agencia de Logística de Defensa de los Estados Unidos confirman que el deterioro físico de esta lámina introduce una vulnerabilidad medible en la firma de radar capaz de mermar la plena operatividad de la aeronave en combate.

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    El F-35 Lightning II de EEUU está en la lista de la compra de muchos países europeos. (USAF)

    El F-35 Lightning II de EEUU está en la lista de la compra de muchos países europeos. (USAF)

    El mantenimiento de este revestimiento tan especializado ha sido un problema técnico constante desde que el caza entró en servicio. En 2019, la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los Estados Unidos documentó una veintena de casos en los que la cúpula sufrió delaminación antes de alcanzar las cien horas de vuelo, con lotes enteros de fabricación que presentaban degradación superficial, desconchones, desprendimiento de la película exterior y pérdida de visibilidad para el piloto. Pese a las modificaciones de 2019, que añadieron una toma de ventilación en el marco de la cúpula, las auditorías de ese mismo organismo en 2024 constataron que la delaminación del revestimiento continuaba, y un informe oficial de 2026 situó la cúpula entre los mayores cuellos de botella del tejido industrial y como causa principal de bajas por mantenimiento en la flota, sin achacar directamente esos problemas de disponibilidad de 2026 a los fallos del revestimiento.

    No se han hecho públicos el número de serie de fabricación, el desgaste ni la versión exacta de la cúpula extraviada. Aun sin conocer esos detalles, disponer de la pieza física da a los laboratorios militares rivales vía libre para medir el espesor real del material absorbente de radar, los procesos de fijación química y los patrones de degradación en condiciones reales, sustituyendo las hipótesis de las simulaciones informáticas por datos técnicos y químicos irrefutables.

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    Lanzamiento de un J-35 con catapulta electromagnética desde el portaviones Fujian. (PLAN)

    Lanzamiento de un J-35 con catapulta electromagnética desde el portaviones Fujian. (PLAN)

    Cómo desaparecieron las piezas

    El material extraviado salió de Australia, país aliado que opera 72 cazas F-35A y alberga en la base aérea de Williamtown el centro logístico regional para la zona de Asia-Pacífico. Las piezas averiadas cruzaron el océano Pacífico rumbo a los talleres de reparación estadounidenses, pero acabaron desviándose hacia Hong Kong, donde se descargó la mercancía en verano, según desveló Politico. Las comisiones de seguridad nacional del Congreso de los Estados Unidos asistieron en junio a las primeras reuniones a puerta cerrada con responsables del Departamento de Estado y del Pentágono; la Oficina del Programa Conjunto del F-35 reconoció en un comunicado que estaba “al tanto de una incidencia en el transporte de componentes inservibles del F-35 Lightning II” y que colaboraba con las autoridades estadounidenses y las empresas implicadas “para recuperar estos componentes, investigar lo ocurrido y fijar medidas de control que impidan que vuelva a repetirse”. J.J. Gertler, antiguo analista de aviación militar del Congreso, advirtió: “No es ningún secreto que China lleva tiempo intentando hacerse con datos del F-35 mediante ciberespionaje y otras vías. Pero aunque ya contaran con especificaciones u otros datos de la pieza, tener una entre las manos les da muchísimo más margen de maniobra y les permite verificar o perfeccionar todo lo que ya sabían”.

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    Una vista del puerto de Hong Kong. (REUTERS Joyce Zhou)

    Una vista del puerto de Hong Kong. (REUTERS Joyce Zhou)

    La cavidad de la cabina actúa por sí misma como una trampa de radar: las ondas electromagnéticas rebotan contra los instrumentos interiores y devuelven un eco potente a las estaciones de radar enemigas. Fue ese mismo mecanismo físico el que permitió a las defensas antiaéreas serbias abatir un F-117 estadounidense en 1999 nada más abrirse las compuertas de la bodega de bombas, tal como recogía The Aviationist en un artículo anterior. El F-35 neutraliza ese rebote aplicando a la cúpula un revestimiento absorbente de radar que le da un tono dorado característico a la luz del día. El ministro de Defensa australiano, Richard Marles, le quitó hierro a las posibles consecuencias técnicas y aseguró que “hay cierta tranquilidad, porque no estamos hablando de equipos delicados ni de piezas secretas”, zanjando que, “en última instancia, es un asunto que tienen que resolver Estados Unidos y Lockheed”. Con todo, los tratamientos empleados en cúpulas de generaciones anteriores —como las láminas de oro para apantallar la cabina frente al radar— eran material clasificado, y Bloomberg ya ha adelantado que el Gobierno chino ha tomado la custodia física de las piezas extraviadas.

    La cadena logística encargada del transporte dependía de subcontratistas comerciales de Lockheed Martin. Fuentes del sector citadas por la revista australiana ADM señalaron a CEVA Logistics, mientras que Bloomberg apuntó a UPS como la empresa transportista. CEVA Logistics, que gestiona almacenes en la base aérea de Williamtown, es filial del grupo naviero francés CMA CGM, una multinacional que factura cerca de un tercio de sus ingresos en el mercado chino y que el pasado 28 de agosto firmó un acuerdo marco estratégico con China Communications Construction Company, empresa estatal incluida en la lista negra del Gobierno estadounidense por construir puestos avanzados militares en el mar de la China Meridional. Ante el revuelo por el desvío, CEVA Logistics afirmó: “Ningún cliente, organismo regulador, servicio de auditoría ni autoridad pública se ha puesto en contacto con CEVA Logistics en relación con estas supuestas actividades. No tenemos constancia de ningún indicio que apunte a que CEVA Logistics haya tenido participación alguna en el asunto señalado”. Por su parte, Lockheed Martin zanjó que sus “equipos gestionan cada envío con el máximo celo y todas las garantías para velar por la integridad del programa F-35 y la seguridad de los países aliados”.

    Un envío comercial de componentes averiados de cazas furtivos estadounidenses acabó por error en Hong Kong en lugar de llegar al taller concertado en suelo estadounidense, dejando varias piezas en paradero desconocido dentro de territorio chino. Este aparente extravío —que EEUU sospecha ha sido intencionado para que Pekín acceda a las piezas— brinda a técnicos extranjeros un acceso físico sin precedentes a piezas con tecnología de baja observabilidad, lo que permite a Pekín examinar materiales hasta ahora blindados por normativas de exportación y leyes de secretos oficiales.

  • Astrónomos detectan en la Vía Láctea una estructura 10 veces más grande que el Sol que dispara partículas con 100 veces más energía que el CERN

    Astrónomos detectan en la Vía Láctea una estructura 10 veces más grande que el Sol que dispara partículas con 100 veces más energía que el CERN

    Un sistema cósmico dentro de la Vía Láctea presenta un comportamiento mucho más extremo de lo que sugerían las primeras observaciones. Un equipo internacional de astrónomos ha identificado a IRAS 18293−0941 como el primer microblázar detectado en la Vía Láctea, según un estudio aceptado para su publicación en Astronomy & Astrophysics y ya disponible en arXiv. El hallazgo permite observar a unos 12.000 años luz un fenómeno que, hasta ahora, se estudiaba principalmente en galaxias muy lejanas. Su configuración convierte al sistema en un laboratorio excepcional para analizar cómo los agujeros negros generan chorros capaces de acelerar materia hasta energías extraordinarias.

    El protagonista del sistema es un agujero negro de masa estelar de unas 10 veces la masa del Sol, acompañado por una estrella que completa una órbita a su alrededor aproximadamente cada 11 días. La intensa gravedad del agujero negro arranca material de su compañera, que primero forma un disco de acreción antes de desplazarse hacia el objeto compacto. Una parte de esa materia no termina cruzando el horizonte de sucesos: es expulsada hacia el espacio mediante dos chorros orientados en direcciones opuestas. Uno de ellos apunta casi directamente hacia la Tierra, característica que permite clasificar el sistema como microblázar.


    Las observaciones de radio han mostrado hasta qué punto esos chorros han modificado su entorno. El flujo que se aleja de nuestro planeta ha despejado una región de alrededor de 100 años luz en el medio interestelar, una distancia pequeña frente a los millones de años luz que pueden alcanzar los chorros de algunos blázares, pero extraordinaria para un sistema de masa estelar. La ventaja para los científicos está precisamente en su proximidad relativa: los grandes blázares se encuentran tan lejos que sus estructuras internas resultan mucho más difíciles de resolver con detalle.

    Un acelerador natural extremo

    El descubrimiento adquiere una dimensión todavía mayor al seguir el recorrido de uno de esos chorros. Los astrónomos observaron cómo impactaba contra una nube densa de material interestelar, generando unas condiciones capaces de acelerar partículas hasta energías alrededor de 100 veces superiores a las alcanzadas en el Gran Colisionador de Hadrones. Esas partículas se desplazan a una velocidad apenas inferior a la de la luz y podrían encontrarse entre las más rápidas de toda la galaxia. Aunque el sistema no constituye el acelerador de partículas más potente conocido en el universo, sí podría situarse entre los más extremos de la Vía Láctea.

    La identificación también ofrece una oportunidad poco habitual para investigar los mecanismos físicos que operan en los blázares clásicos, alimentados por agujeros negros supermasivos. “Este descubrimiento nos permite estudiar los blázares remotos, creados por agujeros negros supermasivos lejanos”, explicó Benito Marcote, científico sénior de apoyo de ASTRON y JIVE. “Esos blázares están demasiado lejos para poder resolverse en nuestras imágenes. Tener un objeto análogo en nuestra galaxia permite estudiar con detalle la física de los blázares”, añadió el investigador.

    IRAS 18293−0941 no es un objeto recién descubierto. Su existencia se conoce desde 1983, cuando fue observado por el antiguo satélite infrarrojo IRAS. Lo que cambia ahora es la interpretación de su naturaleza. Para reconstruir su funcionamiento, los investigadores combinaron observaciones en luz visible, rayos X, rayos gamma y ondas de radio. Esa estrategia permitió seguir tanto el comportamiento del agujero negro como la propagación de sus chorros y la interacción de estos con el gas que rodea al sistema.

    “Esta fue una campaña de observación genuinamente multibanda”, señaló Marcote. Jakob van den Eijnden, de la Universidad de Ámsterdam y coautor del trabajo, destacó que “este descubrimiento pone de manifiesto el poder de estudiar el universo con diferentes tipos de telescopios al mismo tiempo, porque ninguno de los telescopios individuales podría haber contado toda la historia”. La combinación de esas observaciones ha convertido a IRAS 18293−0941 en una referencia cercana para investigar cómo los agujeros negros canalizan energía hacia su entorno y cómo esos chorros pueden llevar partículas hasta velocidades próximas al límite físico impuesto por la luz.

    Un sistema cósmico dentro de la Vía Láctea presenta un comportamiento mucho más extremo de lo que sugerían las primeras observaciones. Un equipo internacional de astrónomos ha identificado a IRAS 18293−0941 como el primer microblázar detectado en la Vía Láctea, según un estudio aceptado para su publicación en Astronomy & Astrophysics y ya disponible en arXiv. El hallazgo permite observar a unos 12.000 años luz un fenómeno que, hasta ahora, se estudiaba principalmente en galaxias muy lejanas. Su configuración convierte al sistema en un laboratorio excepcional para analizar cómo los agujeros negros generan chorros capaces de acelerar materia hasta energías extraordinarias.

  • Sam Altman, durante la cumbre de la ONU: “Ninguna persona, empresa o país debería utilizar los modelos de IA más potentes para imponer su visión del mundo”

    Sam Altman, durante la cumbre de la ONU: “Ninguna persona, empresa o país debería utilizar los modelos de IA más potentes para imponer su visión del mundo”

    Sam Altman ha llevado al Consejo de Seguridad de la ONU una advertencia que apunta directamente al reparto de poder que puede provocar la inteligencia artificial: “Ninguna persona, empresa o país debería poder utilizar los modelos de IA más potentes para imponer su visión del mundo a los demás”. El consejero delegado de OpenAI defendió que el desarrollo de los sistemas más avanzados debe mantenerse bajo control humano y acompañado de cooperación internacional, en un momento en el que la capacidad de estos modelos avanza a gran velocidad.

    La intervención se produjo durante una sesión de alto nivel dedicada a los riesgos de la inteligencia artificial, presidida por el ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot. Altman describió un escenario marcado por una combinación difícil de separar: un enorme potencial tecnológico y una inquietud creciente sobre las consecuencias de sistemas cada vez más capaces. “Algunas de las cosas que han dicho quienes trabajan en el desarrollo de la IA son tan distópicas que parecen sacadas de malas películas de ciencia ficción. Cualquier cosa tan poderosa también intimida. Este momento es complejo, ya que sentimos un potencial enorme y, al mismo tiempo, una ansiedad muy comprensible”, afirmó.

    El riesgo de perder el control

    Uno de los problemas señalados por Sam Altman es que la evolución de los modelos llegue a acelerarse hasta un punto en el que las personas tengan dificultades para comprender qué están haciendo o intervenir cuando resulte necesario. El responsable de OpenAI puso el foco especialmente en sistemas capaces de programarse y mejorar sus propias capacidades, una posibilidad que obligaría, según su planteamiento, a reforzar las evaluaciones técnicas, las salvaguardas y los mecanismos de supervisión antes de seguir ampliando la frontera de la IA.


    Altman también defendió que la presión competitiva entre compañías no debería justificar decisiones precipitadas. “Superar a las empresas en una carrera competitiva no es motivo para tomar decisiones precipitadas”, sostuvo antes de recordar que OpenAI ya ha reducido anteriormente el ritmo de desarrollo de forma unilateral. “En el pasado hemos reducido el ritmo unilateralmente. Y lo seguiremos haciendo en el futuro”, prometió ante los representantes reunidos en Naciones Unidas.

    Cooperación internacional para la IA

    La segunda amenaza descrita por el directivo está relacionada con la concentración del poder tecnológico. Su planteamiento parte de que los modelos de IA más avanzados pueden conceder una capacidad de influencia extraordinaria a quienes los controlan, por lo que reclamó estándares nacionales e internacionales capaces de medir sus capacidades, evaluar amenazas y verificar las medidas de seguridad. “A nivel internacional, esto significa cooperación. En nuestra historia, ha habido momentos en que países compiten y no siempre se llevan bien, pero aun así se unen por intereses comunes y el bien colectivo ante una nueva y poderosa tecnología. Creemos que este debe ser uno de esos momentos”, afirmó.

    El responsable de OpenAI presentó como alternativa una inteligencia artificial diseñada para ampliar la capacidad de decisión de las personas, no para sustituirla. Durante la sesión, en la que también participaron responsables de Anthropic y Hugging Face, el Consejo de Seguridad abordó riesgos como los ciberataques autónomos y la posibilidad de que los humanos pierdan capacidad de supervisión sobre los modelos más avanzados. Altman resumió la posición de su compañía con una declaración centrada en ese reparto de responsabilidades: “Puede que seamos los creadores de esta tecnología, pero no somos los héroes de esta historia. Nuestro papel es confiar en la magia del talento humano”.

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