Unos fragmentos de coral de colores llamativos, encontrados en una playa subtropical de Okinawa, Japón, llevaron a un grupo de investigadores a analizar qué ocurría en aquella costa. El examen de las muestras reveló una combinación poco habitual: plástico fundido unido de forma inseparable al esqueleto del coral. El hallazgo, descrito en un estudio publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ha llevado a los autores a denominar a estas nuevas formaciones plasticorales.
Los investigadores habían llegado a la playa para estudiar los materiales presentes en la costa cuando varios restos de coral llamaron su atención por sus tonalidades especialmente intensas. Una vez trasladados al laboratorio, comprobaron que aquellas zonas coloreadas no formaban parte del organismo calcáreo. Eran polímeros que se habían derretido y habían terminado integrándose físicamente con los fragmentos de coral muerto, hasta generar un material híbrido difícil de separar.
La hipótesis planteada por el equipo apunta a una actividad humana muy concreta. Los autores consideran probable que estos plasticorales de Okinawa se hayan formado después de que algunas personas quemaran residuos plásticos en la propia playa. El calor habría fundido los polímeros y permitido que se adhirieran al coral depositado en la costa. Una vez enfriado el material, plástico y estructura calcárea habrían quedado convertidos en una sola pieza.
Plástico convertido en roca
Los plasticorales amplían una categoría de materiales que la ciencia lleva años documentando: los plastiglomerados. Bajo este término se agrupan formaciones en las que el plástico actúa como aglutinante de sedimentos u otros materiales naturales. Los autores señalan que estas mezclas suponen un campo emergente dentro de los estudios sobre contaminación marina y geología, ya que pueden introducir nuevos riesgos ecotoxicológicos y dejar una señal física duradera en entornos como los arrecifes.
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Casos parecidos ya habían mostrado hasta qué punto los residuos sintéticos pueden incorporarse al medio natural. En 2023 se localizaron formaciones de plástico unido a rocas en una isla volcánica remota frente a Brasil, donde los investigadores plantearon que el calor pudo favorecer la fusión de redes de pesca desechadas con materiales porosos. Ese mismo año, otro estudio realizado en una isla indonesia del mar de Java identificó distintas variantes de plastiglomerados, entre ellas costras plásticas, residuos atrapados en alquitrán y piroplásticos.
La particularidad del descubrimiento japonés reside en el material al que se ha incorporado el polímero. El coral fragmentado no es un simple residuo depositado sobre la arena. Cuando vuelve al mar puede desempeñar una función en los ecosistemas arrecifales, al servir como sustrato para el crecimiento de nuevos corales y proporcionar pequeños refugios a peces jóvenes. Por eso, los investigadores consideran relevante determinar qué ocurre cuando parte de ese material retorna al océano llevando plástico fundido adherido.
Un posible riesgo para los arrecifes
Las consecuencias ambientales de los plasticorales todavía no están claras, pero el estudio plantea varios mecanismos que requieren atención. Los fragmentos pueden regresar al agua por la acción de las olas y liberar progresivamente sustancias químicas procedentes del plástico. Investigaciones previas citadas por los autores han mostrado que los residuos plásticos pueden liberar compuestos al agua marina capaces de interferir con la propagación de los corales, además de acumular moléculas perjudiciales y determinados patógenos.
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El equipo advierte de que aún faltan estudios a largo plazo que permitan medir con precisión el impacto de esta contaminación en el océano. Los plasticorales muestran que los residuos humanos pueden dejar de comportarse únicamente como basura flotante y pasar a integrarse físicamente en estructuras naturales. Los autores incluso plantean que este tipo de formaciones podría actuar como marcador estratigráfico de un posible Plasticeno, una etapa caracterizada por la presencia persistente de plástico en los registros geológicos y en ecosistemas especialmente sensibles como los arrecifes de coral.
Unos fragmentos de coral de colores llamativos, encontrados en una playa subtropical de Okinawa, Japón, llevaron a un grupo de investigadores a analizar qué ocurría en aquella costa. El examen de las muestras reveló una combinación poco habitual: plástico fundido unido de forma inseparable al esqueleto del coral. El hallazgo, descrito en un estudio publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ha llevado a los autores a denominar a estas nuevas formaciones plasticorales.

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