Una expedición científica francesa ha regresado a una de las zonas más desconocidas del Atlántico para examinar un legado enterrado desde la segunda mitad del siglo XX: miles de recipientes con residuos radiactivos depositados a varios kilómetros de profundidad. El proyecto NODSSUM, impulsado por investigadores vinculados al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, está reconstruyendo ahora qué ha ocurrido con esos vertidos tras décadas expuestos a las condiciones extremas del fondo oceánico.
La historia comenzó mucho antes de que los científicos pudieran observar directamente estos depósitos. Entre 1949 y 1982, varios países europeos arrojaron al océano más de 200.000 barriles de residuos radiactivos de baja actividad, equivalentes a más de 150.000 toneladas. Buena parte terminó a profundidades comprendidas entre 3.000 y 5.000 metros, cuando las políticas de gestión nuclear aceptaban que determinados materiales acabaran dispersándose lentamente en el medio marino.
Durante décadas, la localización exacta y el estado de numerosos contenedores siguieron siendo poco conocidos. Esa falta de información llevó al ingeniero nuclear Patrick Chardon y al geólogo marino Javier Escartín a impulsar NODSSUM, un programa que combina física nuclear, geología, oceanografía, biología y química marina. Su objetivo consiste en localizar los barriles y estudiar directamente cómo interactúan sus materiales con el agua, los sedimentos y los organismos de las profundidades.
Los barriles empiezan a degradarse
La primera gran campaña se realizó en junio de 2025 a bordo del buque científico L’Atalante. El vehículo submarino autónomo UlyX recorrió el lecho marino para cartografiar y fotografiar los depósitos mientras los especialistas obtenían muestras de agua, sedimentos, peces y crustáceos. En apenas un mes fueron identificados y ubicados 3.355 barriles, una información que permitió preparar una segunda expedición mucho más precisa.
The #NODSSUM docked @ Brest Sun 28th. Exciting science: 19 Nautile dives to 4700 m, more than 100 barrels imaged, sediment, biota & water filter, coring, fish traps… peek to photos & videos for a week here:
www.swisstransfer.com/d/22d399c8-a…
From tomorrow here:
sdrive.cnrs.fr/s/t7jH3ofqfk…— Javier Escartín (@jescartin.bsky.social) 2 de julio de 2026 a las 11:31
Los investigadores regresaron en mayo de 2026 con el buque Pourquoi Pas? y el sumergible tripulado Nautile, capaz de descender hasta 6.000 metros. A lo largo de 20 inmersiones, los científicos alcanzaron profundidades superiores a 4.700 metros y pudieron acercarse a los depósitos. Algunas estructuras mostraban una corrosión avanzada y material acumulado alrededor de los recipientes, señal de que parte de su contenido ya había abandonado el confinamiento original.
Radiación junto a los depósitos
Las mediciones confirmaron que determinados radionúclidos procedentes de los residuos habían llegado al entorno marino. Los instrumentos detectaron señales significativas de cobalto-60 y niobio-94, cuya presencia pudo relacionarse específicamente con los vertidos. También aparecieron cesio-137 y americio-241 en concentraciones superiores a las esperadas únicamente por las pruebas nucleares atmosféricas y otros episodios de contaminación radiactiva.
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La sorpresa apareció al observar la vida que rodeaba a los contenedores. Lejos de permanecer sobre un fondo completamente vacío, muchos barriles se habían convertido en pequeñas estructuras artificiales aprovechadas por anémonas, esponjas, pepinos de mar, peces y crustáceos. Los cangrejos figuraban entre los animales observados alrededor de estos refugios, lo que abre una cuestión científica especialmente relevante: determinar si los radionúclidos liberados están entrando también en los organismos que viven en contacto con los depósitos.
Sediments provide a good environmental record of both natural and artificial radionuclides. To sample them, #NODSSUM deploys from the ship a coring system with multiple tubes, that preserves the interface between water and sediment, critical to our studies. 7 coring sites to date, more to come.
— Javier Escartín (@jescartin.bsky.social) 21 de junio de 2026 a las 6:43
El Nautile recogió muestras de sedimento, agua, microorganismos y fauna en cinco emplazamientos, incluidos puntos situados directamente junto a los barriles. Esos materiales están siendo analizados y todavía no existe una respuesta definitiva sobre una posible acumulación biológica. Los investigadores sí comprobaron que los niveles registrados no plantearon problemas importantes de protección radiológica durante la manipulación de las muestras y que ni el sumergible ni sus instrumentos mostraron contaminación, mientras continúa el análisis del impacto real de estos residuos sobre el ecosistema abisal.
Una expedición científica francesa ha regresado a una de las zonas más desconocidas del Atlántico para examinar un legado enterrado desde la segunda mitad del siglo XX: miles de recipientes con residuos radiactivos depositados a varios kilómetros de profundidad. El proyecto NODSSUM, impulsado por investigadores vinculados al Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, está reconstruyendo ahora qué ha ocurrido con esos vertidos tras décadas expuestos a las condiciones extremas del fondo oceánico.

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