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  • China construye un nuevo tipo de barco: el primer ‘portasubmarinos’ de la historia

    China construye un nuevo tipo de barco: el primer ‘portasubmarinos’ de la historia

    China está construyendo una nave nodriza de gran tamaño diseñada para desplegar enjambres de submarinos no tripulados. Según el analista naval H.I. Sutton, este ‘portasubmarinos’ es el primero de su clase en la historia.

    El buque está diseñado para operar los submarinos no tripulados extragrandes —XXLUUV en sus siglas en inglés— que la Armada china está probando en estos momentos. Detectados en imágenes por satélite, estos submarinos miden de 35 y 45 metros, multiplicando por entre seis y ocho respectivamente el tamaño del Boeing Orca XLUUV de la Marina estadounidense. Los dos prototipos están compitiendo para ser el modelo definitivo que Pekín fabricará en serie para incorporarlo a sus fuerzas militares.

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    El casco en construcción del ‘portasubmarinos’ fue detectado por vez primera en imágenes por satélite mientras se construía en los astilleros Hudong-Zhonghua de Shanghái. Sutton examinó las fotografías y observó que no se asemeja a ningún buque de guerra conocido. Su análisis indica que es un buque de transporte diseñado expresamente para submarinos no tripulados. Las autoridades chinas no han admitido tal programa, pero el navío encaja con la estrategia china de operar una flota de submarinos de grandes dimensiones no tripulados.

    La nueva guerra naval

    La nave responde a los cambios que se pusieron en marcha en la guerra de Ucrania, donde la marina de Kiev ha usado drones acuáticos de superficie y submarinos para hundir barcos de guerra rusos. Pekín sabe que el futuro de la guerra es la inteligencia artificial y los drones, por tierra, mar y aire.

    En el plano estructural, el nuevo buque parece un buque de asalto anfibio articulado en torno a un dique inundable en popa. Pero en este barco, la cubierta de este dique se abre por completo. Una cuna desciende directamente a través del casco, empujada por doce brazos verticales elevadores hasta quedar por debajo de la línea de flotación.

    A proa del dique inundable se sitúa un hangar estanco, destinado previsiblemente a resguardar los submarinos entre misiones. Según Sutton, la capacidad del hangar indica que caben unos cuatro sumergibles XXLUUV.

    Sabemos que en 2025, un buque de investigación oceanográfica china empleaba un mecanismo similar a menor escala, dejando el submarino a la vista sobre la cubierta, encajado entre la cuna elevadora y la superestructura. Este nuevo buque es muchísimo más grande y oculta su cargamento dentro de un hangar cerrado. Sutton afirma que este diseño descarta su naturaleza científica o civil.

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    Una ilustración del buque por H.I. Sutton. (Naval News)

    Una ilustración del buque por H.I. Sutton. (Naval News)

    De base de mantenimiento a plataforma de combate

    Los ensayos previos con los XXLUUV recurrieron a plataformas flotantes, incluido al menos uno fabricado específicamente para ese cometido. El vehículo permanece alojado en la plataforma mientras esta se encuentra en puerto. Después es remolcado a mar abierto para operar. Para recuperarlo, el submarino se arriaba directamente desde la propia estructura de la plataforma. El nuevo buque va un paso más allá y dota a la Armada del Ejército Popular de Liberación de una plataforma de despliegue móvil, capaz de operar desde cualquier punto del océano.

    Una vez entre en servicio, Sutton supone que la nave actuará con toda probabilidad como base de mantenimiento flotante, encargada de la puesta a punto de los sumergibles y de preservarlos en seco mientras no estén operativos en una misión. El buque también podría actuar de plataforma de lanzamiento y recuperación durante un enfrentamiento armado real, soltando y recogiendo los drones en pleno combate para reabastecerlos de combustible y armas o repararlos.

    Pekín todavía no ha confirmado la naturaleza del buque ni de los submarinos. Pero lo más probable es que la interpretación del analista norteamericano sea la correcta, añadiendo otra pieza más en la partida de ajedrez que EEUU y China están jugando para dominar el teatro del Pacífico.

    China está construyendo una nave nodriza de gran tamaño diseñada para desplegar enjambres de submarinos no tripulados. Según el analista naval H.I. Sutton, este ‘portasubmarinos’ es el primero de su clase en la historia.

  • El calentamiento global está rompiendo un vínculo climático de 400 años entre dos océanos y las consecuencias son impredecibles

    El calentamiento global está rompiendo un vínculo climático de 400 años entre dos océanos y las consecuencias son impredecibles

    Durante siglos, el océano Índico y el océano Pacífico han mantenido una conexión climática capaz de trasladar cambios de temperatura y circulación atmosférica de una cuenca a otra. Un estudio publicado en Nature Communications ha reconstruido esa relación desde comienzos del siglo XVII y ha descubierto que su comportamiento reciente se aleja de casi todo lo observado durante los últimos 400 años. Los investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) combinaron registros paleoclimáticos, observaciones modernas y simulaciones para averiguar hasta qué punto este cambio forma parte de la variabilidad natural.

    La conexión entre ambos océanos tiene consecuencias mucho más amplias que las variaciones de temperatura del agua. Las condiciones del Pacífico suelen influir sobre el Índico y contribuyen a organizar grandes patrones tropicales de precipitaciones, temperatura y circulación atmosférica. El problema es que, desde la década de 1980, los científicos han observado que esa relación pierde fuerza y que el océano Índico empieza a comportarse de una manera menos predecible a partir de lo que sucede en el Pacífico. Los registros instrumentales disponibles, de menos de un siglo, no permitían determinar hasta ahora si esa anomalía era realmente excepcional.

    Cuatro siglos de clima

    Para ampliar la mirada mucho más allá de los termómetros modernos, el equipo recurrió a corales, anillos de árboles y estalagmitas, archivos naturales capaces de conservar señales de las condiciones climáticas del pasado. La reconstrucción mostró que el acoplamiento entre el Índico y el Pacífico se mantuvo relativamente estable durante gran parte de los últimos cuatro siglos. Hubo, eso sí, una excepción llamativa entre 1810 y 1850, cuando la influencia habitual del Pacífico sobre el Índico se debilitó de manera considerable. Las simulaciones climáticas realizadas sobre el último milenio apuntaron hacia un responsable concreto de aquel episodio.


    Una sucesión de grandes erupciones volcánicas tropicales habría alterado temporalmente la relación entre ambas cuencas durante el siglo XIX. La magnitud de esa ruptura dependió tanto de la intensidad de las erupciones como del estado climático previo. “Este es uno de los primeros estudios que examina la ruptura de la conexión entre los océanos Pacífico e Índico utilizando evidencias de climas pasados, observaciones modernas y modelos climáticos”, explicó Caroline Ummenhofer, científica sénior del WHOI y coautora del trabajo. Aquella perturbación histórica ofrece a los investigadores una referencia con la que comparar el comportamiento actual.

    Una ruptura excepcional

    La comparación es precisamente lo que hace que el escenario moderno resulte especialmente llamativo. “Los datos modernos que tenemos son limitados y no se remontan lo suficiente. Con los modelos climáticos y los registros paleoclimáticos, ahora podemos decir con más confianza que los cambios recientes que estamos viendo son realmente bastante excepcionales”, afirmó Shawn Wang, autor principal del estudio. El trabajo apunta a que el calentamiento global provocado por las emisiones humanas está modificando el equilibrio hasta el punto de imponerse sobre la influencia natural que tradicionalmente ejercía el Pacífico. “Un hallazgo clave es que el calentamiento global y las emisiones humanas están ahora superando la influencia natural del Pacífico sobre el océano Índico”, señaló Ummenhofer.

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    La consecuencia más delicada aparece en la capacidad para anticipar el clima futuro. Buena parte de las previsiones se apoyan en relaciones observadas históricamente entre océanos, atmósfera, lluvias y temperaturas, de modo que un vínculo más débil puede reducir la utilidad de patrones que hasta ahora parecían estables. “El océano Índico es un enorme reservorio de calor y puede desacoplarse de lo que está haciendo el océano Pacífico. Los resultados de este estudio subrayan el comportamiento independiente del océano Índico”, explicó Delia Oppo, investigadora emérita del WHOI. Si esa autonomía continúa aumentando bajo el calentamiento global, algunos mecanismos climáticos que durante siglos sirvieron como referencia podrían dejar de responder como lo habían hecho hasta ahora.

    Durante siglos, el océano Índico y el océano Pacífico han mantenido una conexión climática capaz de trasladar cambios de temperatura y circulación atmosférica de una cuenca a otra. Un estudio publicado en Nature Communications ha reconstruido esa relación desde comienzos del siglo XVII y ha descubierto que su comportamiento reciente se aleja de casi todo lo observado durante los últimos 400 años. Los investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) combinaron registros paleoclimáticos, observaciones modernas y simulaciones para averiguar hasta qué punto este cambio forma parte de la variabilidad natural.

  • Hace 27.000 años, un volcán selló una cueva de 18,5 km en Tenerife: ahora en su interior viven 190 especies únicas

    Hace 27.000 años, un volcán selló una cueva de 18,5 km en Tenerife: ahora en su interior viven 190 especies únicas

    Hace unos 27.000 años, una erupción volcánica en Tenerife creó bajo la superficie uno de los mayores tubos de lava conocidos de Europa. Se trata de la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, un entramado que alcanza 18,5 km topografiados y que ha terminado funcionando como refugio para una biodiversidad extraordinaria. Un estudio de Pedro Oromí y Sergio Socorro, publicado en la revista científica Diversity, catalogó en este sistema subterráneo 190 especies de plantas, animales y hongos, algunas adaptadas hasta tal punto a la oscuridad que ya no podrían vivir fuera de este entorno.

    El origen de esta enorme cavidad se encuentra en una colada de lava basáltica procedente de Pico Viejo. Mientras el material volcánico avanzaba hacia cotas inferiores, su superficie entró en contacto con el aire y comenzó a solidificarse, formando una cubierta rígida. La lava del interior continuó circulando hasta que el flujo terminó por vaciarse, dejando detrás una extensa red de conductos huecos. El resultado es un tubo volcánico distribuido en tres niveles superpuestos, con galerías que se comunican entre sí y varias bocas de acceso.


    La estructura actual reúne cavidades conocidas como Belén, el Sobrado, las Breveritas y los Piquetes, además de siete entradas documentadas. El nombre de Cueva del Viento procede precisamente de las corrientes de aire que atraviesan algunos de sus pasadizos debido a las diferencias de presión y temperatura entre las distintas aperturas al exterior. Sus características geológicas han llevado también a desarrollar protocolos específicos de conservación y seguridad, apoyados en estudios geotécnicos y técnicas geoespaciales para vigilar un sistema volcánico de gran complejidad.

    Un ecosistema adaptado a la oscuridad

    La verdadera singularidad aparece cuando se observa lo que vive dentro. De las 190 especies catalogadas en la Cueva del Viento, 44 son troglobias, organismos cuya evolución está estrechamente vinculada a la vida permanente en cavidades subterráneas. Al menos 15 especies eran nuevas para la ciencia cuando fueron estudiadas. Entre ellas figuran animales como la cucaracha ciega Loboptera subterranea y los escarabajos Domene vulcanica y Wolltinerfia martini, ejemplos de cómo el aislamiento puede transformar profundamente la anatomía y el comportamiento.

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    La falta casi total de luz y la escasez de alimento han favorecido cambios muy concretos. Algunas de estas especies han perdido los ojos, las alas o parte de su pigmentación, mientras que su metabolismo se ha ralentizado para reducir el consumo de energía. A cambio, presentan estructuras sensoriales especialmente desarrolladas, como antenas capaces de detectar con gran precisión estímulos táctiles y químicos. La Cueva del Viento forma parte de un fenómeno más amplio: las cuevas volcánicas de Canarias albergan cerca de 130 especies troglobias descritas, muchas de ellas endémicas del archipiélago.

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    El interior de la cueva conserva también huellas de otra historia. Sus galerías han proporcionado restos vinculados a enterramientos guanches y materiales subfósiles de animales desaparecidos de Tenerife, como el lagarto gigante Gallotia goliath y la rata gigante Canariomys bravoi. Aunque la exploración topográfica sistemática comenzó en 1968, hoy solo una pequeña parte del conjunto está abierta al público: las visitas recorren unos 200 metros de un sistema de 18,5 km. Los más de 18 km restantes permanecen, en gran medida, como un laboratorio natural donde geología, arqueología y evolución continúan cruzándose bajo el suelo de Tenerife.

    Hace unos 27.000 años, una erupción volcánica en Tenerife creó bajo la superficie uno de los mayores tubos de lava conocidos de Europa. Se trata de la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, un entramado que alcanza 18,5 km topografiados y que ha terminado funcionando como refugio para una biodiversidad extraordinaria. Un estudio de Pedro Oromí y Sergio Socorro, publicado en la revista científica Diversity, catalogó en este sistema subterráneo 190 especies de plantas, animales y hongos, algunas adaptadas hasta tal punto a la oscuridad que ya no podrían vivir fuera de este entorno.

  • ¿Ves ese cohete? Los dos satélites que lleva sabrán qué cosechas van a morir de sed antes de que ocurra

    ¿Ves ese cohete? Los dos satélites que lleva sabrán qué cosechas van a morir de sed antes de que ocurra

    La Guayana Francesa, encajada entre Brasil, Surinam y el Atlántico, recibe al visitante con un contraste casi distópico. Tanto puedes ver un perezoso encaramado a un árbol tropical como un cohete de última generación surcando el cielo. En este territorio de ultramar perteneciente a Francia, los hangares de alta tecnología espacial se camuflan entre selva amazónica salvaje, que ocupa un 90 % del territorio. Con tanto verde y tanto mar, en un primer atisbo una pensaría que no hay sequía ni ciclos climáticos alterados. Sí los hay.

    Aquí y en todas las coordenadas de la Tierra, se pague o no en euros, los ecosistemas se enfrentan cada vez más a menudo a cambios extremos. En este país, algunos ríos han perdido tanta agua que han dejado de ser navegables. Por poner solo otro ejemplo, este es el cuarto año consecutivo que se registran pérdidas de glaciares en todas las regiones. Todo esto repercute en la salud de plantas y océanos y, a la postre, en la nuestra. Es una concatenación de eventos ante los que, sin datos que estudiar, estamos ciegos. Pero ya no somos druidas que deban contentarse con mirar al cielo o la tierra. Ahora fabricamos satélites que recaban diariamente tanta información que los antiguos no sabrían qué hacer con ella. Nuestros científicos sí.

    La Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de lanzar su última misión y dos nuevos satélites nos vigilan desde el espacio. Bueno, no a nosotros directamente, pero sí a las consecuencias que tienen algunas de nuestras acciones en ecosistemas como el francoguayanés y tantos otros. Sentinel-3C y FLEX partieron ayer desde el Puerto Espacial de Kurú, a 60 kilómetros de la capital, Cayena, a bordo del cohete Vega-C. Después del drama de 2022, cuando una anomalía hizo que su primera misión comercial acabara en fracaso, un vuelo exitoso de este modelo siempre es una celebración. También lo es que una parte esencial de su estructura haya sido diseñada en España.

    El primer satélite forma parte del programa Copernicus. Es el tercer satélite de la saga Sentinel-3 y busca garantizar la continuidad cuando su trillizo, el 3A, quede fuera de servicio. Como él y como el 3B recogerá datos de la tierra, los océanos, el hielo y la atmósfera, con instrumentos de última generación parecidos a los de sus hermanos mayores. La verdadera novedad es que en esta ocasión se lanza en tándem con un segundo satélite, la misión científica FLEX Earth Explorer. Para que todo salga redondo, ambos deben volar juntos para integrar sus mediciones. Científicos y científicas españoles, que ya supervisan reservas de aguas en pantanos y predicciones meteorológicas gracias a los Sentinels 3A y 3B, aguardan impacientes para experimentar con la nueva dupla. Porque FLEX pondrá la vista sobre un efecto invisible al ojo humano que jamás se ha captado desde el espacio. Un fenómeno que permitirá vigilar las cosechas y reaccionar a las sequías con datos exclusivos. La fluorescencia de las plantas.

    El brillo invisible de la vegetación

    La fotosíntesis es, seguramente, el fenómeno que mejor recordamos de las explicaciones de la escuela. Lo que igual no sabemos es que, cuando las plantas realizan esa ‘respiración’ emiten una tenue fluorescencia, imperceptible para las personas. Detrás de ese brillo invisible se esconde información valiosísima para la agricultura. El objetivo de FLEX es atraparla. “Pero Marco, ¿seguro que la fluorescencia existe? Parece algo de ciencia ficción. Si no lo podemos ver con los ojos, ¿cómo lo vamos a ver a más de 800 kilómetros?”. Estas son las preguntas que cualquiera se haría, nos cuenta Marco Celesti, científico de FLEX en la ESA, durante una visita para periodistas al museo espacial de Kurú.

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    La solución está en el aparato que viaja a bordo, un sensor hiperespectral capaz de captar esa señal tan débil, gracias a que mide la radiación en bandas espectrales mucho más estrechas y con un nivel de detalle mucho mayor. “FLORIS es el espectrómetro de imagen por fluorescencia. Genera imágenes con un sistema de barrido progresivo a medida que el satélite se desplaza, con una resolución de 300 por 300 metros dentro de una franja de 150 kilómetros, y las separa en longitudes de onda”, detalla Celesti. Así podrá diferenciar la actividad fotosintética de cualquier planta, desde palmeras y manglares a pinos carrascos en el Mediterráneo.

    Hacerlo es relevante porque este resplandor varía en función de su estado, su estrés y de las condiciones ambientales. “Si la planta está sana, bien nutrida y con condiciones de agua buenas, tiene una fotosíntesis más activa porque tiene todo lo que necesita para poder trabajar. Si está sufriendo algún tipo de estrés, ya sea por falta de agua, de nutrientes o por una plaga, la fotosíntesis ya no funciona tan bien y no emite esas ‘partículas’ de fluorescencia”, desarrolla José Luis Gabriel, del Departamento de Medio Ambiente y Agronomía del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), en conversación con El Confidencial.

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    FLEX medirá la fluorescencia de la fotosíntesis y estudiará la salud de los ecosistemas. Aquí, pájaros y vegetación en la desembocadura al mar del río Kourou. (P. R. G.)

    FLEX medirá la fluorescencia de la fotosíntesis y estudiará la salud de los ecosistemas. Aquí, pájaros y vegetación en la desembocadura al mar del río Kourou. (P. R. G.)

    Hasta ahora, el ingeniero agrónomo había estudiado este fenómeno a un nivel mucho más esporádico y cercano, volando en avioneta o con drones. Medirlo desde un satélite, con una frecuencia constante, dará un salto de calidad en la información y permitirá hacer predicciones de cosecha mucho más anticipadas y precisas, explica. “Es muy novedoso e interesante para la agricultura. Nos da una información muy valiosa sobre el estado de salud de los cultivos. En Europa no hay nada como esto”, afirma Gabriel, emocionado. “Nunca se ha hecho antes. Es la primera misión que persigue este tema concreto”, concuerda Celesti.

    A escala satelital, hasta el momento los datos que más se habían usado para vigilar los cultivos eran los de Sentinel-3A y 3B. “Permiten identificar cambios en el uso del suelo gracias a sus imágenes ópticas. Pasas de verlo desnudo a verlo en verde”, ilustra Gabriel. Las imágenes térmicas también ayudan a averiguar cómo de caliente o de frío está un suelo, y eso se relaciona con el contenido de agua, añade. El investigador trabaja en agricultura, así que su objetivo es monitorizar el recurso hídrico disponible y ver qué saltos se producen de una época a otra para vigilar la salud de las cosechas. La nueva dupla de satélites le tiene expectante.

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    Representación de FLEX en acción, donde los colores rojo-naranja representan que el instrumento FLORIS recibe una señal de fluorescencia alta y los verdes-azules una señal baja. (ESA/ATG medialab)

    Representación de FLEX en acción, donde los colores rojo-naranja representan que el instrumento FLORIS recibe una señal de fluorescencia alta y los verdes-azules una señal baja. (ESA/ATG medialab)

    Mismas sensaciones comparte el científico Aleixandre Verger, que relaciona la radiación solar que refleja la vegetación en las diferentes bandas del espectro con el contenido del agua. “A partir de estas observaciones podemos estimar variables relacionadas con el estado hídrico de los cultivos y detectar señales tempranas de estrés. Esto permite anticiparse a los efectos de la sequía y ayudar a tomar medidas para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos hídricos”, explica el investigador, que trabaja en el Centro de Investigación sobre la Desertificación (CIDE, CSIC-UV-GVA).

    Más allá de pensar en lo local, en el huerto del pueblo o las plantaciones españolas, aquí hay un problema de fondo de una envergadura muchísimo mayor. La Tierra pronto alcanzará 9.000 millones de habitantes. ¿De dónde van a salir tantos alimentos, si cada vez más eventos extremos destrozan las cosechas? “Con el aumento de la población del planeta necesitamos aumentar la producción de comida. Entender mejor la salud de la vegetación nos va a ayudar a hacerlo. Necesitamos monitorizar todo lo que esté relacionado con su malestar, especialmente en el contexto del cambio climático. La fluorescencia es una manera”, sostiene Simonetta Cheli, directora de los Programas de Observación de la Tierra de la ESA.

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    FLEX, en el proceso de repostaje, antes de su lanzamiento. (ESA-CNES-AVIO/CSG–S. Martín)

    FLEX, en el proceso de repostaje, antes de su lanzamiento. (ESA-CNES-AVIO/CSG–S. Martín)

    Cheli fue una de las protagonistas más entusiastas tras el lanzamiento de la misión, cuando después de más de dos horas de expectación, los vítores y aplausos resonaban en la sala de control del puerto espacial de la Guayana Francesa. Allí, una representación de los cientos de científicos, ingenieros y tecnólogos que llevan años trabajando en la misión veían cómo sus dos retoños de aluminio y carbono echaban a andar en el espacio.

    ¿Una pareja de baile perfecta en un mundo imperfecto?

    El baile sincronizado de FLEX y Sentinel-3C será lo que permita esta visión sin precedentes del estado de la vegetación a escala mundial. A la vez que FLORIS mide la fluorescencia vegetal, Sentinel-3 escaneará temperatura y nubes. Todo de forma casi simultánea, con una diferencia de entre seis y quince segundos y una periodicidad de revisita de 27 días. Los mapas globales de fluorescencia que generarán estos satélites, que orbitan juntos desde que hace 24 horas partieran de suelo francoguayanés, ofrecerán una nueva forma de estudiar cómo interactúan las plantas con la atmósfera.

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    En las instalaciones del puerto espacial de Kurú, rodeados de vegetación frondosa, se mezclan carteles en italiano y francés, origen de las principales empresas con presencia aquí. (P. R. G.)

    En las instalaciones del puerto espacial de Kurú, rodeados de vegetación frondosa, se mezclan carteles en italiano y francés, origen de las principales empresas con presencia aquí. (P. R. G.)

    “El lanzamiento conjunto de Sentinel-3C y FLEX abre nuevas posibilidades para combinar información sobre la estructura y dinámica de la vegetación con su funcionamiento, y analizar mejor los intercambios de carbono y agua”, detalla Verger. El experto es responsable científico de las variables de vegetación LAI, FAPAR y FCOVER del Copernicus Global Land Service, un servicio europeo de vigilancia terrestre. Esto no solo tiene aplicaciones relacionadas con la agricultura, también con el estudio del clima y la gestión ambiental.

    Por ejemplo, en detección y prevención de incendios. Verger y su equipo trabajan con datos satelitales para hacer seguimiento a áreas quemadas, caracterizar la respiración de las plantas y estimar la temperatura, para saber qué zonas pueden ser más propensas al fuego o qué causas llevó a que se desatara uno. El propio estrés de las plantas, que medirá FLEX, sirve para calcular estimaciones de riesgo.

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    Representación visual del tándem FLEX y Sentinel-3C, que monitorizarán la salud del planeta. (ESA/ATG medialab)

    Representación visual del tándem FLEX y Sentinel-3C, que monitorizarán la salud del planeta. (ESA/ATG medialab)

    Para conseguir todo esto hace falta tecnología de primer nivel que resista a esas alturas. Los instrumentos a bordo del Sentinel-3C son el radiómetro óptico OLCI, el radiómetro térmico SLSTR, una especie de termómetro que proporciona información sobre la temperatura de la superficie, y un altímetro para medir la dinámica de los océanos. “Aunque las misiones parezcan específicas, cuando lo juntamos todo es cuando tenemos un conocimiento más preciso y completo para Europa”, valoró Giulio Ranzo, el CEO de Avio, la empresa italiana que operó el vuelo, durante la rueda de prensa exclusiva previa al lanzamiento. Mediciones por tierra, con la agricultura y los incendios, pero también por aire, en la atmósfera, y por mar. “El nuevo tándem se podrá usar en predicción oceánica, seguridad marítima, calidad del agua y monitorización climática”, detalla Verger.

    Del espacio al invernadero pasando por un ordenador

    Ya que hablamos de datos oceánicos, ¿es que acaso no brilla la vegetación marina? Pues regular. El océano presenta retos ópticos diferentes y una señal mucho más débil, pero FLEX también podría aportar datos sobre la salud de las plantas acuáticas. “En el caso del fitoplancton, uno de los principales productores primarios y base de las redes alimentarias acuáticas, también existe fluorescencia de la clorofila. Será interesante explorar si las observaciones de este satélite pueden aportar información sobre estos organismos, su estado fisiológico y sus floraciones”, explica a El Confidencial Amália Maria Sacilotto, investigadora postdoctoral en ecología del fitoplancton y teledetección marina en Nantes Université (Francia).

    La científica, que colabora con el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC), cree que FLEX es una oportunidad para ampliar su investigación, en la que utiliza los datos de color del océano del sensor OLCI de Sentinel-3. A partir del espectro de luz se puede estudiar la dinámica de sus floraciones, incluidas las algas nocivas que están colonizando costas españolas. Con la combinación de mediciones se pueden desarrollar herramientas de vigilancia para apoyar sistemas de alerta temprana frente a floraciones algales como las “mareas rojas”, que pueden afectar a los ecosistemas, la acuicultura, la pesca y las actividades recreativas y turísticas en la costa, destaca Sacilotto.

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    Para pasar de la imagen de ese cohete impulsado por 190 toneladas de combustible, hasta la información llega a agricultores, forestales, pescadores y demás interesados, hay muchos escalones. Los datos de Copernicus son abiertos y se puede acceder gratuitamente, pero los investigadores tienen que hacer peticiones de las imágenes de los días que les interesan, descargarlas y, después, procesarlas. “Los científicos hacemos investigación comparando datos antiguos y actuales. De cada imagen tenemos que extraer toda la información que hay detrás, trabajarla con modelos matemáticos e interpretar el resultado”, explica Gabriel.

    Los resultados se pueden asociar, por ejemplo, a cómo adaptar los planes de regadío, seguir la evolución de los pantanos o decidir qué inversiones son necesarias en infraestructuras. Después son los Ministerios, las comunidades de regantes y otros actores quienes hacen el trabajo de transferencia. Sin estos satélites, coinciden los expertos, sería imposible tener un abanico de datos tan rico y global, y avanzarían muchísimo más despacio. Aunque, después de nueve años de desarrollo, la duración estimada de FLEX es de solo 3 años y medio. Quizá el tiempo transcurra más lento bajo el calor tropical y la humedad. Ahora, los científicos tendrán que correr para sacarle provecho a esa locura tecnológica lanzada desde mitad de la selva.

  • Un lago entero desaparece de la noche a la mañana en Canadá y la ciencia busca una explicación

    Un lago entero desaparece de la noche a la mañana en Canadá y la ciencia busca una explicación

    Un lago completo desapareció de la noche a la mañana en Canadá. En concreto, hablamos del vaciamiento súbito del lago Rouge, situado en el norte de Quebec, ha abierto un intenso debate científico sobre los drenajes repentinos de masas de agua y sus posibles causas en un entorno aparentemente estable.

    El episodio fue detectado por residentes de la comunidad indígena de Waswanipi, que comprobaron cómo el lago, conocido por su pesca y sus orillas arenosas, había quedado reducido a un extenso lodazal. El agua no desapareció sin más, sino que recorrió cerca de 10 kilómetros hasta un lago mayor, creando un nuevo canal de salida. Así lo evidenciaron las imágenes satelitales de la NASA.


    Un fenómeno sin precedentes documentados

    Desde el punto de vista científico, el suceso se clasifica como un drenaje brusco de lago, un tipo de evento extremadamente raro fuera de contextos glaciares o embalses artificiales. Especialistas internacionales consultados señalan que no existen registros previos de un lago natural no glaciar que se vacíe por completo rompiendo su propia ribera.

    La científica Diana Vieira, del Joint Research Centre de la Comisión Europea, calificó el caso como “absolutamente asombroso” por el mecanismo observado. El agua no utilizó los desagües habituales, sino que abrió un punto nuevo de salida, algo que los expertos consideran excepcional a esta escala.

    Geología vulnerable y huella humana acumulada

    Las primeras explicaciones apuntan a una combinación de varios factores naturales. El lago Rouge se encontraba elevado y rodeado de orillas blandas, con un punto débil previo. Un invierno con abundante nieve y un deshielo primaveral acelerado incrementaron la presión del agua sobre un suelo ya saturado.


    No obstante, informes elaborados por organismos forestales advierten de la influencia de los incendios forestales recientes y de décadas de explotación maderera. La pérdida de cobertura vegetal reduce la capacidad del terreno para absorber agua, eleva el nivel freático y debilita progresivamente las riberas.

    El hidrólogo Younes Alila, de la Universidad de Columbia Británica, explicó que “cualquier alteración del terreno, ya sea por el fuego o la tala, provoca que el suelo se sature durante más tiempo”. Esta dinámica, cada vez más frecuente en el norte de Canadá, podría favorecer colapsos similares en otros lagos con características parecidas.

  • Los tractores eléctricos que se cargan con el sol y que pueden acabar con la tiranía del diésel

    Los tractores eléctricos que se cargan con el sol y que pueden acabar con la tiranía del diésel

    Para un agricultor, el gasóleo es una factura recurrente que se repite temporada tras temporada y que provoca jaquecas constantes por los continuos vaivenes del precio del petróleo. La alternativa eléctrica ya lleva años funcionando, pero su adopción real sigue siendo casi anecdótica, sobre todo por la propia naturaleza del trabajo agrícola: jornadas largas, terrenos alejados de la red eléctrica y la necesidad de una autonomía que las baterías convencionales no siempre garantizan. Un puñado de empresas ha encontrado una nueva solución para hacerlos más eficientes en una energía que no falta en el campo, la del sol.

    La estadounidense GoSun —conocida hasta ahora por cocinas solares, neveras portátiles y sistemas de purificación de agua para vivir desconectado de la red— acaba de presentar el Moonrider 27, un tractor eléctrico fabricado por la india Moonrider y que GoSun se encarga de distribuir y comercializar en Norteamérica. Se trata de un tractor compacto 4×4 de 27 caballos pensado para las labores cotidianas del campo, como segar, labrar o mover aperos.

    El elemento diferencial del Moonrider 27 está en su techo solar opcional de 1.100 vatios de potencia, que recarga la batería tanto durante las jornadas de trabajo como mientras la máquina está aparcada al aire libre. La estructura, además, hace de parasol para quien maneja el vehículo. Aun así, GoSun aclara que ese aporte solar es complementario. Cuando se necesita una recarga más rápida, el tractor puede enchufarse a la red eléctrica convencional.

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    A la venta en 2027

    Al eliminar el motor de combustión, también desaparecen muchos de los gastos de mantenimiento, como los filtros de aceite, la toma de aire o el sistema de escape. La ausencia de humo y de ruido, sostiene la empresa, permite además utilizar la máquina dentro de granjas, invernaderos y establos sin exponer a animales ni a trabajadores a los gases de la combustión.

    GoSun asegura que el Moonrider 27 estará en el mercado para principios de 2027. Las reservas ya están abiertas en su web y el precio de salida es de 19.995 dólares (unos 17.300 euros), cifra con la que la empresa busca situarse a la altura de los tractores diésel convencionales de tamaño similar. Aunque todavía no existen datos verificados de manera independiente sobre cuál es la autonomía real, los tiempos de carga o comparativas de coste operativo frente al diésel.

    “En GoSun, nuestra visión siempre ha sido construir soluciones que permitan a las personas vivir, trabajar y prosperar sin necesitar la red eléctrica, utilizando la energía del sol”, explica Patrick Sherwin, fundador y director ejecutivo de la compañía. “La agricultura a pequeña escala y el mantenimiento de propiedades han dependido durante demasiado tiempo de vehículos utilitarios diésel ruidosos y costosos. Con nuestro nuevo tractor totalmente eléctrico, permitimos a agricultores y gestores de terrenos trabajar literalmente con luz de sol, reduciendo los costes operativos mientras protegemos el suelo y el aire”.

    Destronar el diésel

    El tractor neerlandés E-Horse, desarrollado por Machinefabriek Boessenkool, es un vehículo eléctrico ligero para llevar aperos que puede incorporar como opción entre ocho y doce paneles fotovoltaicos en su techo para complementar la batería. La autonomía, aseguran, es de entre seis y ocho horas para tareas como escarda, siembra o grada, por lo que no funciona exclusivamente con luz solar en tiempo real, sino que, como ocurre con el Moonrider, el sol actúa como refuerzo de la carga. Sin embargo, su precio es mucho más caro: 99.500 euros según la web de la compañía.

    En el otro extremo de tamaño y precio aparecen propuestas mucho más modestas. El e2T, de la estadounidense Renewables, es un tractor eléctrico de dos ruedas pensado para pequeñas granjas, equipado con una batería de 5 kWh y una marquesina solar opcional de 550 vatios, con precios que arrancan en torno a los 7.500 dólares (1.900 dólares más si se quiere incluir el panel solar). Y en Malawi, el proyecto Aftrak plantea un microtractor eléctrico alimentado por microrredes solares, orientado a cooperativas y pequeños agricultores africanos, con un coste estimado de 3.500 dólares por unidad y paneles solares adicionales por alrededor de 1.500 dólares más.

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    El tractor eléctrico-solar e-Horse. (Machinefabriek Boessenkool)

    El tractor eléctrico-solar e-Horse. (Machinefabriek Boessenkool)

    Aunque la cuota de mercado de los tractores eléctricos sigue siendo muy pequeña —ni siquiera alcanza el 1% en los principales mercados agrícolas del mundo—, las previsiones de crecimiento para los próximos años son elevadas, lo que sugiere que el sector empieza a mirar con más atención hacia la electrificación del campo. Aunque por ahora el tractor más interesante en este sector es el Moonrider 27, la variedad de proyectos que conviven hoy en este espacio apunta a que no habrá una única fórmula ganadora para que los agricultores decidan cambiar el diésel por baterías, sino soluciones adaptadas a cada escala y geografía.

    Para un agricultor, el gasóleo es una factura recurrente que se repite temporada tras temporada y que provoca jaquecas constantes por los continuos vaivenes del precio del petróleo. La alternativa eléctrica ya lleva años funcionando, pero su adopción real sigue siendo casi anecdótica, sobre todo por la propia naturaleza del trabajo agrícola: jornadas largas, terrenos alejados de la red eléctrica y la necesidad de una autonomía que las baterías convencionales no siempre garantizan. Un puñado de empresas ha encontrado una nueva solución para hacerlos más eficientes en una energía que no falta en el campo, la del sol.

  • Estudian el ADN de los astronautas y descubren que no va a ser fácil darles la resistencia de un tardígrado

    Estudian el ADN de los astronautas y descubren que no va a ser fácil darles la resistencia de un tardígrado

    Proteger el ADN de los astronautas frente a la radiación espacial se ha convertido en una prioridad científica ante futuras misiones de larga duración. Un estudio disponible en bioRxiv analiza si la extraordinaria resistencia de los tardígrados puede trasladarse al ser humano y advierte de importantes límites biológicos.

    La investigación, desarrollada por Corey Nislow y su equipo en la Universidad de Columbia Británica, se centra en la proteína Dsup, conocida por su capacidad para proteger el material genético. Este mecanismo es una de las claves que permite a los tardígrados sobrevivir a condiciones extremas como radiación intensa o el vacío espacial.


    Desde que en 2016 se identificó el papel de Dsup, varios estudios plantearon su posible uso como escudo biológico para astronautas. Experimentos iniciales en células humanas modificadas genéticamente mostraron una mayor tolerancia al daño genético, lo que impulsó expectativas sobre su aplicación en la exploración espacial tripulada.

    Una proteína eficaz con un precio celular

    El nuevo trabajo amplía esos resultados y demuestra que Dsup protege frente a una gama más amplia de agentes mutagénicos, además de la radiación. Sin embargo, el estudio revela un efecto adverso relevante: niveles elevados de esta proteína reducen la viabilidad celular e incluso pueden resultar letales.

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    Los ensayos en levaduras modificadas muestran que la proteína actúa rodeando físicamente el ADN, dificultando el acceso de factores dañinos. Ese mismo efecto interfiere en procesos esenciales como la transcripción y la replicación genética, así como en los sistemas de reparación del ADN.

    Según explica Nislow, “hay un coste para cada beneficio que hemos observado”, una afirmación que resume el dilema biológico detectado. En células con mecanismos de reparación limitados, la presencia de Dsup puede impedir correcciones críticas y comprometer su supervivencia.

    Expectativas espaciales y retos tecnológicos

    Durante años se planteó administrar ARN mensajero de Dsup mediante nanopartículas lipídicas, una técnica similar a la utilizada en vacunas, para proteger temporalmente a las tripulaciones. “Hace dos o tres años estaba convencido de que esta estrategia funcionaría”, reconoció Nislow, aunque los nuevos datos obligan a replantear ese enfoque.

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    Otros investigadores aportan matices al debate. James Byrne, de la Universidad de Iowa, señala que “si Dsup se produjera de forma continua en todas las células, el coste para la salud sería significativo”, mientras que su uso puntual podría ser beneficioso. El consenso científico apunta a un desafío clave: controlar con precisión dónde, cuándo y en qué cantidad se activa esta proteína antes de pensar en su aplicación real.

  • Corea del Sur mete café en un reactor de plasma a 900 ºC y tarda 90 segundos en convertirlo en una alternativa al carbón

    Corea del Sur mete café en un reactor de plasma a 900 ºC y tarda 90 segundos en convertirlo en una alternativa al carbón

    Un equipo del Korea Institute of Geoscience and Mineral Resources ha probado un sistema capaz de transformar posos de café húmedos en biocarbón energético en apenas 90 segundos. La investigación, publicada en Chemical Engineering Journal, describe una tecnología de plasma que evita el secado previo y convierte un residuo cotidiano en un material con rendimiento comparable al carbón antracita.

    El proceso es bastante espectacular. Los restos de café cargados de humedad entran en un reactor y, tras recibir el impacto de llamas de plasma, salen convertidos en un producto carbonoso de alto valor energético. El avance resulta relevante porque uno de los grandes obstáculos de la biomasa es precisamente el agua que contiene.


    El sistema ha recibido el nombre de Flame Plasma Pyrolysis. Su funcionamiento se basa en llamas de plasma generadas mediante la combustión de gas licuado de petróleo y aire comprimido. Estas llamas alcanzan temperaturas aproximadas de entre 799 °C y 899 °C, suficientes para tratar directamente residuos orgánicos húmedos sin una fase adicional de deshidratación.

    La humedad cambia de papel

    La clave técnica está en que el agua deja de ser un problema y pasa a actuar como parte del proceso. Cuando la humedad atrapada en las partículas de café se transforma de golpe en vapor, se genera presión interna y aparecen pequeñas rupturas en la estructura del material. Los investigadores describen este fenómeno como un efecto palomita, puesto que fragmenta la biomasa, abre poros y acelera la carbonización.

    Gracias a esta dinámica, el equipo logró completar la conversión en 90 segundos bajo condiciones optimizadas. La diferencia con otros métodos es notable: la carbonización hidrotermal puede requerir entre una y seis horas, mientras que la torrefacción suele necesitar 30 minutos o más. Aquí, el tratamiento se concentra en menos de dos minutos y prescinde de dispositivos de plasma con alto consumo eléctrico.

    El resultado obtenido también destaca por su capacidad como combustible. El biocarbón de café alcanzó un poder calorífico de 29,0 MJ/kg, alrededor de un 33% más que los posos sin tratar. Además, el contenido de carbono fijo casi se triplicó, al pasar del 15,6% al 46,2%, una mejora que explica por qué los investigadores lo comparan con el carbón antracita.

    Más que un combustible

    El proceso eliminó por completo los compuestos de azufre, un dato importante porque puede reducir la formación de dióxido de azufre durante la combustión. También generó menos humo y alquitrán que otros tratamientos convencionales de biomasa. A esto se suma un fuerte aumento de la superficie específica, lo que deja un material muy poroso con posibles usos en filtros, adsorción industrial y producción de carbón activado.

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    La investigación se ha centrado en posos de café usados, pero el equipo cree que la misma tecnología podría aplicarse a residuos alimentarios, lodos de depuradora y restos agrícolas con mucha humedad. El autor principal, Taejun Park, defendió que “esta tecnología ofrece una nueva forma de ver los residuos orgánicos”: no como un problema de eliminación, sino como una fuente potencial de energía y materiales de carbono valiosos.

    Un equipo del Korea Institute of Geoscience and Mineral Resources ha probado un sistema capaz de transformar posos de café húmedos en biocarbón energético en apenas 90 segundos. La investigación, publicada en Chemical Engineering Journal, describe una tecnología de plasma que evita el secado previo y convierte un residuo cotidiano en un material con rendimiento comparable al carbón antracita.

  • El despido de 2.000 moderadores de Meta llega a juicio: podrían ser readmitidos

    El despido de 2.000 moderadores de Meta llega a juicio: podrían ser readmitidos

    El cierre del centro desde el que se moderaban contenidos de las plataformas de Meta en Barcelona llega a los tribunales. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) celebra desde este martes la vista por el despido colectivo de más de 2.000 trabajadores, un procedimiento que podría tener importantes consecuencias económicas y laborales para las empresas implicadas.

    Los afectados trabajaban como moderadores de contenido para las redes sociales de la compañía de Mark Zuckerberg, aunque estaban contratados a través de CCC Barcelona Digital Services, posteriormente integrada en la multinacional canadiense Telus. El servicio comenzó a funcionar en la capital catalana en 2018 y terminó después de que el 2 de abril de 2025 se decidiera su cierre.

    La demanda se dirige contra varias sociedades vinculadas a la actividad y al proceso de cierre, entre ellas Meta Platforms Ireland, Telus International y CCC Barcelona Digital Services. Los trabajadores cuestionan que existieran motivos suficientes para extinguir los puestos y sostienen que parte de las tareas que desarrollaban desde Barcelona continuaron realizándose posteriormente desde otros países europeos.

    Los trabajadores plantean una posible readmisión

    Una de las principales cuestiones que deberá determinar la justicia es la legalidad del despido colectivo. Si los tribunales considerasen que se produjo una vulneración de derechos fundamentales que justificase declarar nulos los despidos, una de las consecuencias podría ser la readmisión de los trabajadores afectados.

    La parte demandante también maneja un elevado impacto económico si sus pretensiones prosperan. Según los cálculos difundidos antes del comienzo del juicio, las cantidades derivadas del procedimiento podrían superar los 90 millones de euros.

    El conflicto, sin embargo, va más allá del propio cierre de las instalaciones. Los representantes de los trabajadores relacionan la decisión empresarial con la elevada litigiosidad que ya existía entre parte de la plantilla y la compañía. Antes del despido colectivo se habrían acumulado más de 1.200 reclamaciones relacionadas con diferentes aspectos de las condiciones laborales.

    Entre ellas aparecen denuncias por una supuesta discriminación salarial vinculada al idioma empleado durante la moderación. Según sostienen los demandantes, trabajadores que revisaban publicaciones en español recibían una remuneración inferior a la de compañeros encargados de contenidos en otras lenguas, como neerlandés o noruego.

    El abogado del sindicato Fuerza Independiente Sindical de Trabajadores (FIST), Enrique Leiva Vojkovic, que ha impulsado la demanda, ha relacionado precisamente el cierre de Barcelona con ese “aluvión” de procedimientos judiciales por una presunta discriminación por razones lingüísticas.

    El impacto psicológico de moderar las redes sociales

    El segundo gran frente del conflicto tiene que ver con las condiciones en las que trabajaban los moderadores. Su función consistía en revisar publicaciones potencialmente contrarias a las normas de las plataformas antes de decidir si debían permanecer disponibles o ser eliminadas.

    Eso suponía enfrentarse de manera habitual a imágenes y vídeos extremadamente violentos. Entre los materiales señalados por los trabajadores aparecen contenidos relacionados con terrorismo, abusos sexuales, violencia contra menores, narcotráfico o acoso.

    Parte de la plantilla emprendió acciones judiciales por los posibles daños psicológicos derivados de esta exposición continuada y por la gestión de los riesgos laborales asociados al puesto. Los demandantes consideran que esta sucesión de litigios también debe tenerse en cuenta para comprender lo sucedido posteriormente con el centro.

    Su tesis sostiene que el trabajo no desapareció realmente cuando cerraron las instalaciones barcelonesas, sino que fue redistribuido hacia otros centros europeos. Los trabajadores apuntan concretamente a países como Austria, Alemania y Eslovaquia, donde se siguen desarrollando labores de filtrado y moderación de contenidos.

    La cuestión resulta especialmente relevante porque puede determinar si existieron causas suficientes para justificar la extinción colectiva de los contratos o si, como argumentan los afectados, el cierre sirvió para trasladar la actividad y desprenderse de una plantilla que acumulaba numerosos procedimientos judiciales.

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    El proceso también vuelve a poner sobre la mesa el modelo utilizado por las grandes plataformas tecnológicas para moderar los millones de publicaciones que reciben diariamente. Aunque los trabajadores prestaban servicios vinculados a las redes de Meta, la contratación y organización de esta actividad se realizaba mediante empresas externas.

    Por ello, la demanda no se limita a la compañía propietaria de Facebook e Instagram. Entre los demandados figuran también Telus International, CCC Barcelona Digital Services, CCC Erste Beteiligungs y CCC Holding, además de responsables empresariales relacionados con estas sociedades.

    El juicio deberá aclarar ahora las circunstancias que rodearon uno de los mayores despidos colectivos vinculados a la moderación de redes sociales en España. Más allá de las posibles indemnizaciones, el procedimiento puede resultar relevante para establecer hasta dónde llega la responsabilidad de las grandes tecnológicas cuando una tarea esencial para el funcionamiento de sus plataformas se desarrolla mediante compañías subcontratadas.

    El cierre del centro desde el que se moderaban contenidos de las plataformas de Meta en Barcelona llega a los tribunales. El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) celebra desde este martes la vista por el despido colectivo de más de 2.000 trabajadores, un procedimiento que podría tener importantes consecuencias económicas y laborales para las empresas implicadas.

  • En 2022, la NASA fotografió un oso sobre la superficie de Marte: por fin sabemos cómo se formó

    En 2022, la NASA fotografió un oso sobre la superficie de Marte: por fin sabemos cómo se formó

    Una imagen captada por la NASA sobre la superficie de Marte llamó la atención por una coincidencia difícil de ignorar: una colina parecía tener los ojos, el hocico y el contorno de la cabeza de un oso. La escena fue registrada el 12 de diciembre de 2022 por la cámara HiRISE, instalada en la sonda Mars Reconnaissance Orbiter, cuando sobrevolaba las tierras altas del sur del planeta rojo a unos 251 km de altitud. Años después, la explicación geológica permite reconstruir qué estructuras crearon aquella peculiar figura.

    Los supuestos ojos del oso de Marte son, en realidad, dos pequeños cráteres oscuros. Entre ambos aparece una estructura de colapso con forma de V que genera la impresión de un hocico, mientras que una fractura casi circular rodea todo el conjunto y completa visualmente la silueta de una cabeza. La combinación resulta especialmente convincente porque el cerebro humano tiende a interpretar determinadas disposiciones de formas y sombras como rostros reconocibles.


    Alfred McEwen, científico planetario de la Universidad de Arizona y responsable del equipo de la cámara HiRISE, explicó que cada una de esas características puede entenderse mediante procesos geológicos conocidos. La fractura circular podría corresponder al terreno situado sobre un antiguo cráter de impacto enterrado y posteriormente rellenado. La formación central que parece una nariz, por su parte, podría estar relacionada con un antiguo conducto volcánico o de barro acompañado de materiales que fluyeron a su alrededor.

    La pareidolia explica el oso de Marte

    La apariencia animal no implica, por tanto, que exista ninguna estructura extraordinaria sobre Marte. El fenómeno responsable de que millones de personas puedan identificar un oso en esa formación recibe el nombre de pareidolia: la tendencia del cerebro a reconocer patrones familiares, especialmente caras, en objetos y superficies que realmente no los contienen. El mismo mecanismo permite ver expresiones humanas en los faros de un coche o figuras reconocibles en manchas y formaciones naturales.

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    Marte cuenta con varios ejemplos similares. Uno de los más conocidos apareció en 1976, cuando la sonda Viking 1 fotografió una meseta de la región de Cydonia que, debido a la resolución y a la iluminación, parecía mostrar un enorme rostro humano. Las observaciones posteriores con cámaras de mayor resolución, incluida HiRISE, permitieron comprobar que se trataba de una formación geológica cuya apariencia dependía del ángulo desde el que se miraba.

    También se han identificado otras figuras aparentemente familiares sobre el planeta rojo. En agosto de 2024, científicos que trabajaban con el Trace Gas Orbiter de la Agencia Espacial Europea localizaron en Terra Sirenum un depósito de sales con aspecto de cara sonriente, formado por un anillo y dos pequeños cráteres. Asimismo, Marte ha dado pie igualmente a imágenes interpretadas como una medusa, un hueso humano o incluso hongos.

    Una imagen captada por la NASA sobre la superficie de Marte llamó la atención por una coincidencia difícil de ignorar: una colina parecía tener los ojos, el hocico y el contorno de la cabeza de un oso. La escena fue registrada el 12 de diciembre de 2022 por la cámara HiRISE, instalada en la sonda Mars Reconnaissance Orbiter, cuando sobrevolaba las tierras altas del sur del planeta rojo a unos 251 km de altitud. Años después, la explicación geológica permite reconstruir qué estructuras crearon aquella peculiar figura.