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  • Cómo son las “cárceles de la obesidad” en China: pesajes dos veces al día, ejercicio intenso y prohibición de snacks

    Cómo son las “cárceles de la obesidad” en China: pesajes dos veces al día, ejercicio intenso y prohibición de snacks

    TL Huang, con cabello negro suelto y lentes, mirando a la cámara. Detrás se ven filas de jóvenes haciendo ejercicio.

    Fuente de la imagen, TL Huang

    Pie de foto, Los instructores impidieron que los participantes del campamento introdujeran comida basura a escondidas, relata TL Huang.

      • Autor, Sarah Bell
      • Título del autor, Global Digital Health
    • Tiempo de lectura: 6 min

    En redes sociales circulan videos que muestran a personas haciendo ejercicio en un gran gimnasio, haciendo cola para la comida y durmiendo en dormitorios con múltiples camas.

    Este nuevo centro para adelgazar no es un lujoso spa, sino un campamento militar para perder peso en China. Descritos por algunos como “cárceles de la obesidad”, estos campamentos establecen una estricta prohibición de comer entre horas y requieren dos visitas obligatorias a la báscula al día.

    De acuerdo con medios chinos existen alrededor de 1.000 campamentos de estos en todo el país, que también padece la crisis mundial de obesidad. Por US$600 se puede reservar una estancia de un mes con alojamiento, comidas y clases de ejercicio diarias.

    La creadora de contenido TL Huang, que publicó su experiencia en Instagram, dijo al podcast del Servicio Mundial de la BBC “What in the World” (Qué pasa en el mundo), que “definitivamente se sintió como en una prisión” porque no salió del recinto durante 28 días y tuvo que controlar su peso.

    “Nuestros entrenadores estaban allí para supervisarnos, asegurarse de que no ingiriéramos comida chatarra a escondidas y de que asistiéramos a todas las clases. No se nos permitía faltar a clase ni abandonar el campamento sin una razón válida”, relata.

    Si bien Huang afirma que el campamento le resultó efectivo, los expertos en nutrición advierten que los métodos extremos conllevan graves riesgos físicos y psicológicos.

    “Algunos campamentos buscan una pérdida de peso de un kilo al día, según informes. Esto supera con creces lo que se considera seguro incluso para adultos bajo supervisión médica”, afirma el entrenador personal y nutricionista Luke Hanna.

    ¿Cómo funcionan estos campamentos y por qué se hicieron tan populares?

    “Hora de hacer cambios”

    Varias personas en clases de ejercicio con bicicletas estacionarias.

    Fuente de la imagen, TL Huang

    Pie de foto, Cada día había que hacer cuatro horas de ejercicio, afirma TL Huang.

    Huang cuenta que supo de los campamentos por primera vez a través de su madre, que es china. La joven relata que se sentía “muy mal” después de viajar sola por China: había perdido su rutina y hacía muchos pedidos de comida a domicilio.

    Huang dice que en tres años había engordado unos 20 kilos. Esto provocaba comentarios de sus familiares que la hacían sentir que “era hora de hacer cambios”.

    “Me hacían sentir avergonzada por mi peso. Pero al mismo tiempo supongo que querían ayudarme”, dice.

    Asistir al campamento fue un “enorme choque cultural”, pero Huang relata que había una fuerte camaradería entre los participantes, unidos por el deseo de perder peso juntos.

    Cada día comenzaba a las 7:30 de la mañana con un pesaje. La jornada incluía cuatro horas de ejercicio, con clases de spinning (sesiones de alta intensidad en bicicletas estáticas), trampolín, entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT en inglés, un entrenamiento de fuerza-resistencia, que combina ejercicios anaeróbicos y aeróbicos), tabata (una forma más intensa de HIIT) y pesas.

    El desayuno podía consistir en cuatro huevos duros, medio tomate y dos rodajas de pepino. En un video, Huang califica sus almuerzos, que incluían gambas, verduras al vapor y tofu o pescado al vapor, apio, verduras de hoja al vapor y coliflor.

    Las comidas eran “buenas, equilibradas y diseñadas para imitar la comida china cotidiana”.

    Se esperaba que todos los participantes asistieran a una clase de spinning de una hora después de la cena, antes de un segundo pesaje a las 19:30. Luego podían ducharse y descansar.

    Huang dice que el régimen le pareció “muy novedoso” durante la primera semana, pero luego se dio cuenta de que necesitaba mantenerlo durante tres semanas más. Enviar mensajes a sus amigos la ayudó a seguir adelante.

    A pesar de describir las instalaciones como parecidas a una prisión, Huang cree que la experiencia valió la pena: perdió 6 kg en 28 días.

    “Me dio un reinicio completo y la estructura que necesitaba”, dice.

    “Puede perjudicar el desarrollo normal”

    Una mujer mide con un metro la cintura de otra mujer.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Los regímenes extremos de adelgazamiento a menudo no abordan las causas fundamentales del aumento de peso.

    Pero los expertos recomiendan precaución. El enfoque de estos campamentos es especialmente preocupante porque al perder peso se pierde tanto masa muscular como grasa, explica Luke Hanna, entrenador personal que vive en Londres. Por lo tanto, si se utilizan métodos extremos como el ejercicio excesivo, aumentan las probabilidades de perder masa muscular.

    Esto es especialmente problemático si los que pierden peso de esta manera son niños o jóvenes

    “También se puede perjudicar el desarrollo normal, lo que puede afectar a la estatura final y a la salud ósea”, afirma.

    Además, podrían generarse problemas psicológicos, como un aumento significativo del riesgo de desarrollar un trastorno alimentario.

    “Si bien algunas personas pierden mucho peso, lo que puede resultar atractivo, muchas lo recuperan rápidamente al retomar su vida normal porque no se han abordado las causas o problemas subyacentes”, añade Hanna.

    El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido recomienda una pérdida de peso gradual de entre 0,5 y 1 kg.

    Hanna afirma que la gente debería centrarse en cambios graduales de hábitos dentro de su entorno habitual: disfrutar de comidas nutritivas con regularidad, ingerir suficiente proteína y hacer ejercicio como disfrute, no como castigo.

    De hecho, en un video posterior de Instagram, TL Huang comenta que lo más difícil fue volver a casa, porque su cuerpo ya no reconocía la sensación de comer “normalmente”.

    Una dieta saludable también debería incluir al menos cinco porciones de frutas y verduras al día, además de ejercicio durante 150 minutos a la semana.

    Beber agua en lugar de refrescos azucarados y reducir el consumo de alimentos ricos en grasas y azúcares también puede ser beneficioso.

    Discriminación

    TL Huang en un gran gimnasio levantando pesas. Varias personas más en el salón hacen lo mismo.

    Fuente de la imagen, TL Huang

    Pie de foto, Las personas con sobrepeso en China tienen más probabilidades de sufrir discriminación, afirma Wanqing Zhang.

    Los campamentos de adelgazamiento se popularizaron en China a principios de la década de 2000, tras un programa de televisión que mostraba el funcionamiento interno de estas organizaciones, según Wanqing Zhang, periodista de la unidad Global China de la BBC.

    Los entrenadores de estos programas decidieron abrir sus propios campamentos. Pero el verdadero auge se ha producido en los últimos diez años, con las redes sociales.

    “Si navegas por redes sociales chinas, encontrarás muchísimo contenido publicado tanto por los organizadores de los campamentos como por los propios participantes”, afirma Zhang.

    Estos campamentos pueden variar desde los típicos y estrictos, como el centro al que asistió Huang, hasta opciones tan extremas como la instalación de cámaras de vigilancia fuera de los dormitorios para evitar que la gente intente pedir comida a domicilio, explica Zhang.

    En el otro extremo se encuentran “retiros de lujo donde puedes correr en una cinta con vistas a un hermoso lago”.

    La principal motivación de este auge es la creciente obesidad a nivel mundial: en aproximadamente dos tercios de los países, más del 50% de los adultos tienen sobrepeso u obesidad. Las autoridades sanitarias chinas estiman que el 34% de los adultos en el país tienen sobrepeso, mientras que el 16% son obesos.

    También existe un problema cultural, como señala Zhang. “China es un país con una aceptación y tolerancia relativamente bajas en cuanto a la diversidad de peso, lo que significa que si tienes sobrepeso, es probable que sufras más discriminación en el trabajo o en tus relaciones sentimentales”.

    Los carbohidratos refinados presentes en el arroz, los fideos y los típicos dumplings (trozos de masa que pueden tener relleno) son un problema. Otro es que la gente, no solo en China sino a nivel mundial, pasa su tiempo libre en casa usando sus teléfonos o tabletas en lugar de salir al aire libre.

    Mientras tanto, la cuenta de Instagram de Huang muestra que la joven se encuentra ahora en Tailandia, participando en otro reto de pérdida de peso de 30 días que incluye hacer ejercicio durante dos horas diarias bajo un calor extremo.

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    Pie de foto,

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  • Qué es el domo de calor por el que México está teniendo altas temperaturas en casi todo el país

    Qué es el domo de calor por el que México está teniendo altas temperaturas en casi todo el país

    Un mapa de calor de México

    Fuente de la imagen, SMN

    Pie de foto, Casi todo el país experimenta altas temperaturas.

      • Autor, Redacción
      • Título del autor, BBC News Mundo
    • Tiempo de lectura: 3 min

    De norte a sur y de este a oeste, las altas temperaturas están dominando los termómetros en casi todo México ante un fenómeno conocido como el “domo de calor”.

    Temperaturas máximas de hasta 45 °C fueron pronosticadas para este lunes para siete estados del país -Durango, Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, San Luis Potosí y Oaxaca- y calor considerable en otras entidades que abarcan casi 90% del territorio de México.

    Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el país enfrenta una circulación anticiclónica en niveles medios de la atmósfera, lo que se traduce en una onda de calor que se ha extendido en los últimos días por el país y que se mantendrá al inicio de esta semana.

    Ciudad de México superará los 30 °C, algo inusual para las temperaturas promedio de la capital del país en esta época del año. La metrópoli también experimenta una mala calidad del aire por la alta radiación solar y el escaso viento que favorece la acumulación de ozono.

    El fenómeno asociado al “domo de calor” también se produce en otras de las grandes urbes del país donde los contaminantes se mantienen por más tiempo en el ambiente.

    “Ante las altas temperaturas se exhorta a la población a mantenerse bien hidratados, vestir ropa de manga larga de colores claros, no exponerse tiempos prolongados bajo el sol y brindar especial atención a la niñez y adultos mayores”, recomendó el SMN.

    Una mujer con una sombrilla en una calle de Ciudad de México

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Las autoridades recomiendan a las personas mantenerse hidratadas y protegidas del sol.

    ¿Qué es el domo de calor?

    El fenómeno se forma en un área de alta presión atmosférica cuando el aire caliente es empujado hacia abajo y queda atrapado en un solo lugar, lo que hace que las temperaturas se disparen en una amplia región donde se produce.

    Es esencialmente una masa de aire caliente arraigada obstinadamente en un lugar, atrapando a los que están dentro a nivel del suelo en una ola de calor prolongada.

    Los científicos creen que estos eventos son provocados por un cambio brusco en las temperaturas del océano.

    A su vez, el aumento de la temperatura del agua calienta el aire y los vientos empujan ese calor hacia la tierra.

    Una vez que el aire caliente llega a tierra, queda atrapado por un sistema de alta presión, formando una cúpula flanqueada por sistemas de baja presión a ambos lados.

    La alta presión calienta aún más la columna de aire comprimiéndola, actuando efectivamente como un domo.

    Una infografía que describe cómo se produce un domo de calor

    Los eventos de calor extremo ocurren dentro de la variación natural del clima debido a los cambios en los patrones climáticos globales.

    Sin embargo, los científicos señalan que el aumento en la frecuencia, duración e intensidad de estos eventos en las últimas décadas está claramente relacionado con el calentamiento observado del planeta y puede atribuirse a la actividad humana.

    Las emisiones causadas por la quema de combustibles fósiles han estado atrapando el calor en la atmósfera desde el comienzo de la era industrial.

    Este calor adicional no se distribuye uniformemente por todo el mundo y provoca fenómenos meteorológicos extremos, como las intensas olas de calor.

    Y, a menos que se reduzcan las emisiones globales, este ciclo continuará.

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  • Qué beneficios tiene beber agua tibia según la medicina tradicional china (y qué dice la ciencia ante la renovada moda)

    Qué beneficios tiene beber agua tibia según la medicina tradicional china (y qué dice la ciencia ante la renovada moda)

    Una mujer echa agua caliente en una taza

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Beber agua tibia es solo uno de los hábitos de vida centenarios que se han vuelto virales.

      • Autor, Kate Bowie
      • Título del autor, Global Health, Servicio Mundial de la BBC
    • Tiempo de lectura: 6 min

    “Me lo encontré en mis redes sociales y aparecía un video detrás de otro… Pensé: ¿por qué no intentarlo?”, dice Maryam Khan, de 21 años.

    No se trata de una rutina de ejercicios extenuante ni de un costoso elixir para el cuidado de la piel; la tendencia que Khan y muchos otros están probando es simple: beber agua caliente por la mañana.

    Los beneficios para la salud de beber agua caliente o tibia se han promovido durante miles de años en sistemas holísticos como la medicina tradicional china y el Ayurveda, originario de la India.

    Pero esta práctica ancestral ha alcanzado una nueva audiencia global tras arrasar en las redes sociales a principios de año.

    Videos de TikTok e Instagram con millones de visualizaciones están etiquetados con las frases “newly Chinese” y “Chinamaxxing”. En ellos aparecen principalmente jóvenes bebiendo agua tibia, desayunando alimentos calientes y comenzando el día con estiramientos.

    Pero, ¿pueden estos sencillos hábitos de vida mejorar realmente la salud?

    Conservación de energía

    Una creencia fundamental de la medicina tradicional practicada por millones de personas en China es que la energía, o Qi, circula por el cuerpo y que la enfermedad se produce cuando este flujo se bloquea o se desequilibra.

    Quienes la defienden creen que beber agua tibia —enfriada a 40-60 °C para evitar quemaduras en la boca o la garganta— potencia y conserva el Qi y, a su vez, mejora la salud y la longevidad.

    “Imagínanlo como una casa”, dice el profesor Shun Au (歐舜英), investigador de la medicina tradicional china. Él explica que, según este sistema de salud holístico, comer alimentos fríos es como una corriente de aire que entra por la casa.

    Esta teoría sustenta otros consejos de la medicina tradicional china, como usar pantuflas calientes en casa y empezar el día con un desayuno caliente.

    Maryam Khan está de pie afuera, junto a un edificio con una verja de hierro forjado. Sonríe a la cámara y lleva gafas, una camisa rosa con cuello, un suéter bordó y una chaqueta verde.

    Fuente de la imagen, Maryam Khan

    Pie de foto, Una rutina matutina tradicional puede ofrecer un momento de atención plena en un día ajetreado, dice Maryam Khan.

    Estos hábitos fueron la puerta de entrada a la medicina tradicional china para Khan, una asistente de arquitectura que actualmente vive en Londres y que descubrió esta tendencia en TikTok.

    Khan afirma que siente beneficios al comenzar el día con Tai Chi —que combina movimientos lentos y fluidos, respiración profunda y meditación— y al sustituir su café habitual por agua tibia.

    “Al tomar cafeína inmediatamente, no me daba cuenta de que después me sentía bastante mareada”, comenta.

    “Entonces empecé a beber agua caliente sola, a veces con menta, limón… y sí que me sentía más fresca”, añade.

    ¿Por qué la gente recurre a la medicina tradicional?

    El interés de las generaciones más jóvenes por los consejos sobre el estilo de vida tradicional chino refleja una creciente tendencia social, afirma la Dra. Shyama Kuruvilla, directora interina del Centro Mundial de Medicina Tradicional de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    “Incluso en Europa, se han realizado estudios poblacionales… uno en Alemania muestra que el 70% de la población, o incluso más, utiliza alguna forma de medicina tradicional complementaria e integrativa. Y en algunos países, como China e India, podría superar el 90%”, explica.

    Algunos defensores desconfían de la medicina moderna, una mentalidad que podría haberse visto impulsada por la pandemia de covid. Un estudio estadounidense indica que la confianza en los médicos y hospitales disminuyó de más del 70% en 2020 a aproximadamente el 40% en 2024 entre los encuestados.

    Otras personas pueden carecer de acceso a la medicina biomédica o utilizar la medicina tradicional como una alternativa más económica.

    Y algunas se sienten atraídas por la medicina tradicional porque ofrece un enfoque personalizado y holístico. Hábitos como beber agua tibia pueden ser un punto de partida para acceder a sistemas de salud que promueven el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el entorno.

    Estos sistemas también tienen un profundo significado cultural, espiritual e histórico para muchas personas.

    “Muchos practicantes de medicina tradicional y miembros de comunidades indígenas dirían: ‘Hemos usado esto durante milenios… hemos visto que ayuda a la gente’”, afirma Kuruvilla.

    El centro mundial de medicina tradicional de la OMS evalúa la evidencia para brindar orientación a quienes diseñan políticas y a los pacientes.

    Es una tarea titánica, ya que actualmente menos del 1% de la financiación mundial para la investigación en salud se destina a la investigación en medicina tradicional, señala.

    “Existe una gran necesidad de mejorar la base de evidencia”, añade.

    Antes de probar la medicina tradicional, los pacientes deben consultar con su médico para asegurarse de que sea segura en el contexto de su atención médica general, recomienda la experta de la OMS.

    ¿Pero qué hay de beber agua caliente en particular? Si bien la OMS no tiene ninguna guía específica, Kuruvilla explica que depende de la temperatura del agua, la cantidad que se beba y las condiciones de salud de cada persona.

    “Se trata de… evidencia y equilibrio”, enfatiza.

    Lo que dice la ciencia

    Beber agua tibia a primera hora de la mañana puede ofrecer algunos beneficios, afirma la Dra. Rosy Brooks, médica de cabecera y especialista en medicina de la longevidad.

    “Tiene un ligero beneficio en la digestión y ayuda a aliviar el estreñimiento”, añade.

    Además, existen algunas evidencias que sugieren que el agua tibia puede ayudar a calmar los espasmos en el esófago, el tubo que conecta la garganta con el estómago, explica.

    “Tampoco hay evidencia de que el agua fría sea perjudicial para la salud”, afirma la Dra. Selina Gray, médica de cabecera y especialista en estilo de vida de Dr Helen Medical, una clínica privada en Reino Unido.

    También subraya que, a pesar de algunas afirmaciones en redes sociales, no hay evidencia de que beber agua tibia pueda quemar grasa, acelerar el metabolismo o “desintoxicar” el cuerpo.

    “Si alguien prefiere el agua tibia y eso le anima a beber más, estupendo, pero no es un atajo metabólico”, concluye. Gray, que creció en Singapur rodeada de medicina tradicional china, dice que aún puede oír a su madre diciéndole que bebiera agua caliente para calentar el cuerpo.

    “Estas tradiciones ofrecen rutinas que se sienten naturales, más accesibles y significativas desde una perspectiva cultural”, añade.

    Una oportunidad para bajar el ritmo

    Aunque la evidencia sobre el consumo de agua tibia es escasa, las investigaciones sugieren que otras prácticas tradicionales pueden ser beneficiosas.

    Un desayuno caliente preparado con ingredientes naturales puede ser nutricionalmente más completo que un tazón de cereales fríos.

    Si bien no hay evidencia de que tener los pies fríos cause enfermedades, sentirse abrigado y cómodo puede ayudar a relajarse y dormir mejor.

    Además, estudios modestos pero de buena calidad han encontrado que los ejercicios tradicionales chinos de Tai Chi y Qigong pueden mejorar la fuerza, la movilidad y reducir el estrés.

    El profesor Shun Au mira directamente a la cámara.

    Fuente de la imagen, Profesor Shun Au

    Pie de foto, El concepto de retener el “Qi” o la energía es una creencia fundamental de la medicina tradicional china.

    “A menudo, en nuestra vida diaria, nuestra mente va a mil por hora… nuestro cuerpo y nuestra mente están en dos lugares distintos”, afirma Au, experto en medicina china.

    “La idea principal de la meditación, el Qigong y el Tai Chi es precisamente ralentizar esto”, añade.

    Aunque la Dra. Brooks no cree que beber agua caliente tenga grandes beneficios para la salud, admite que podría ser útil a nivel psicológico.

    “Es una especie de rutina… te da ese tiempo para ti misma que a menudo olvidamos en nuestro ajetreado mundo”, agrega.

    Khan comenta que ha notado un impacto positivo en su salud mental y que beber agua caliente por la mañana es una forma de dedicarse un momento a sí misma.

    “Lo veo como una oportunidad para bajar el ritmo, asimilarlo todo y empezar el día con intención”.

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  • “Tuve que huir descalza con mi vestido de novia”: el traumático recuerdo de la última boda en Chernóbil a 40 años del accidente nuclear

    “Tuve que huir descalza con mi vestido de novia”: el traumático recuerdo de la última boda en Chernóbil a 40 años del accidente nuclear

    Iryna y Serhiy, fotografiados en 2026, miran a la cámara y sonríen. Iryna tiene el pelo oscuro hasta la barbilla y lleva gafas; sostiene una flor rosa. Serhiy tiene el pelo canoso y sostiene una foto de ambos juntos en su boda.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, “No podemos vivir el uno sin el otro”, dice Iryna después de 40 años de matrimonio.

    Era poco después de medianoche. Iryna Stetsenko había terminado de arreglarse las uñas para su boda, abrió la puerta del balcón y luchaba contra los nervios para conciliar el sueño.

    En un apartamento cercano, repleto de invitados, su prometido, Serhiy Lobanov, dormía en un colchón en la cocina.

    De repente “un estruendo” rompió la tranquilidad, cuenta Iryna.

    “Era como si muchos aviones sobrevolaran la zona; todo vibraba y los cristales de las ventanas temblaban”, relata.

    Serhiy dijo que “sintió un temblor, como si pasara una ola”, se preguntó si se trataba de un terremoto leve y volvió a dormirse.

    La joven maestra en prácticas de 19 años y el ingeniero de la central eléctrica, de 25, esperaban con ilusión su vida de casados en la recién construida ciudad soviética de Pripyat. No tenían ni idea de que el peor accidente nuclear de la historia se estaba desarrollando a menos de cuatro kilómetros de distancia.

    Vista de la central nuclear de Chernóbil el 29 de abril de 1986, tres días después de la explosión. El edificio que alberga el reactor número 4 presenta graves daños, con escombros ennegrecidos bajo una chimenea roja y blanca.

    Fuente de la imagen, SHONE/GAMMA/Gamma-Rapho via Getty Images

    Pie de foto, Durante unas pruebas, el reactor número 4 de la central de Chernóbil estalló y liberó grandes cantidades de sustancias tóxicas.

    El reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en lo que hoy es el norte de Ucrania, explotó, liberando material radiactivo que se esparció por amplias zonas de Europa.

    40 años después, los restos altamente radiactivos de la central se encuentran en una zona de guerra.

    La pareja vive ahora en Berlín (Alemania), tras haber dejado atrás sus vidas por segunda vez, esta vez para escapar de un conflicto, no de un desastre nuclear.

    Pero la mañana del 26 de abril de 1986, Serhiy recuerda haberse despertado sobre las seis de la mañana, lleno de emoción, y haber descubierto que el día de su boda había amanecido con un sol radiante.

    El novio tenía que hacer algunos recados: llevar la ropa de cama al apartamento de un amigo donde él e Iryna planeaban pasar la noche, y comprar unas flores.

    Vista exterior del abandonado Palacio de la Cultura Enerhetyk en la plaza central de Pripyat, óblast de Kiev, Ucrania, el 1 de mayo de 2025. Grandes árboles verdes crecen frente a él y se ve contra un cielo azul con nubes blancas.

    Fuente de la imagen, Global Images Ukraine via Getty Images

    Pie de foto, El Palacio de Cultura de Pripyat, donde la pareja se casó, se encuentra hoy en ruinas.

    Pero vio a soldados con máscaras antigás en el exterior y hombres limpiando la calle con una solución espumosa. Algunos compañeros de trabajo de la central nuclear le comentaron que los habían llamado con urgencia porque “algo había ocurrido”, pero desconocían qué.

    Desde el apartamento de su amigo, en un rascacielos, vio humo que salía del reactor cuatro.

    Más tarde se supo que los bomberos y los trabajadores de la central eléctrica habían pasado la noche exponiéndose a dosis letales de radiación para combatir un enorme incendio tóxico.

    “Me sentí un poco ansioso”, dice.

    Aprovechando su entrenamiento, tomó un trozo de tela, lo humedeció y lo colocó en la entrada del apartamento como medida de precaución para contener el polvo radiactivo, añade.

    Luego corrió al mercado. Estaba inusualmente para un sábado por la mañana. Escogió cinco tulipanes para el ramo y se marchó.

    Iryna, que se alojaba con su madre en el apartamento familiar, cuenta que el teléfono no dejó de sonar durante la noche. Su madre parecía “alarmada”, dice, porque los vecinos llamaban para decirle que había ocurrido “algo terrible”. Pero ninguno daba muchos detalles.

    La información estaba estrictamente controlada en la Unión Soviética. Encendieron la radio, pero no mencionaban ningún incidente.

    Por la mañana, su madre llamó a las autoridades: “Le dijeron que no se preocupara, que todos los eventos programados en la ciudad debían seguir adelante”.

    Oficialmente, todo transcurrió con normalidad. Los niños fueron al colegio.

    Collage de distintas foto de la boda de Iryna y Serhiy, ocurrida horas después del accidente en la planta de Chernóbil.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, Iryna y Serhiy cuentan que se sintieron nerviosos e inseguros durante su boda.

    Siguiendo con los planes

    Más tarde, los novios y sus invitados se dirigieron en fila india al Palacio de la Cultura, conocido por albergar tanto ceremonias como discotecas populares.

    Intercambiaron sus votos sobre una tela bordada con sus nombres y luego se dirigieron con sus invitados a una cafetería cercana.

    Pero el banquete de bodas se sintió “triste”, no festivo, reconoce Serhiy.

    “Todos entendieron que algo había sucedido, pero nadie sabía los detalles”, agrega.

    Para su primer baile, habían ensayado un vals tradicional. Pero al darse cuenta de que se avecinaba una tragedia, “desde los primeros pasos perdimos el ritmo”, recuerda Iryna.

    “Simplemente nos abrazamos y nos movimos en el abrazo”, rememora.

    Iryna y Serhiy bailan el día de su boda. Ella lleva un sombrero blanco, un vestido blanco vaporoso y zapatos blancos sin cordones de tacón bajo. Él lleva un traje oscuro. La mira a los ojos, pero con expresión inquieta.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, La pareja admite que el ambiente en su boda no era de celebración, sino de preocupación.

    Luego, exhaustos pero finalmente marido y mujer, regresaron al apartamento de un amigo.

    Pero en la madrugada del domingo, otro amigo llamó a la puerta y les dijo que corrieran a tomar un tren de evacuación que saldría a las 5 de la mañana, narra Serhiy.

    La única ropa de repuesto que Iryna llevaba consigo era un vestido ligero para el segundo día de las celebraciones, así que se volvió a poner su vestido de novia para regresar rápidamente al apartamento de su madre a cambiarse. Además, los zapatos le habían provocado ampollas.

    “Llevaba un vestido de novia y corría descalza por los charcos”, dice Iryna.

    Todavía estaba oscuro cuando vieron el resplandor del reactor colapsado desde el tren.

    “Era como mirar al ojo de un volcán”, dice Serhiy.

    El anuncio oficial, cuando llegó, describía la evacuación como “temporal”.

    “Nos fuimos por tres días, pero al final nos quedamos para siempre”, añade.

    Nikolai Solovyov, ingeniero jefe de la sala de turbinas en el momento del accidente, fotografiado frente a una imagen del reactor destruido, en el museo de Slavutych. Tiene el pelo canoso, lleva una sudadera de color gris verdoso y mira a la cámara con expresión seria.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, “Vimos cómo se derrumbaba el techo”, cuenta Nikolai Solovyov, que estaba de turno en la central cuando explotó el reactor.

    400 veces peor que Hiroshima

    La Unión Soviética fue duramente criticada por su lentitud al revelar la magnitud del desastre.

    Solo dos días después de la explosión -tras detectarse radiación en Suecia- reconoció que había ocurrido un accidente. Más de dos semanas después el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov habló públicamente al respecto.

    Una prueba de seguridad había salido terriblemente mal.

    Una estimación citada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que la explosión liberó 400 veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima.

    Nikolai Solovyov trabajaba como ingeniero jefe en la sala de turbinas en aquel momento.

    “Fue como un terremoto bajo nuestros pies”, recuerda.

    “Vimos cómo se derrumbaba el techo… una ráfaga de aire nos llegó y levantó todo ese polvo negro… Y sonó la sirena”, agrega.

    Cuenta que él y sus compañeros corrieron hacia el lugar pensando que había explotado un generador, sin imaginar que pudiera ser el reactor.

    Uno de ellos revisó los monitores y dijo que los niveles de radiación estaban “por las nubes”, recuerda Nikolai.

    Según cuenta, encontraron a otro compañero de pie sobre una de las turbinas, aparentemente ileso pero vomitando, síntoma de la enfermedad por radiación.

    “Fue uno de los primeros en morir”, afirma.

    Vista de una escultura en la ciudad abandonada de Pripyat.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, La ciudad de Pripyat, construida para albergar a los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil, fue una vez una ciudad vibrante.

    La cifra oficial de fallecidos por el incidente es de 31 personas: dos murieron por la explosión, 28 por la enfermedad aguda por radiación y una por un paro cardíaco en las semanas posteriores.

    El impacto general del desastre es objeto de debate y resulta difícil de determinar. En aquel momento no se llevó a cabo ningún estudio médico exhaustivo a largo plazo.

    En 2005, un estudio realizado por varias agencias de Naciones Unidas concluyó que 4.000 personas podrían morir como consecuencia del accidente. Otras estimaciones sugieren que la cifra podría ascender a decenas de miles.

    Se puso en marcha una operación para detener la emisión de radiación del reactor expuesto.

    Helicópteros arrojaron arena y otros materiales sobre el reactor. Las autoridades movilizaron a cientos de miles de personas de toda la Unión Soviética para contener el desastre. Los llamaban liquidadores.

    En el museo de Chernóbil, en Kyiv, un televisor muestra un documental sobre los liquidadores. Enmarcada por los bordes negros de un televisor antiguo, la imagen muestra a dos hombres con delantales de plomo, cascos de obra y máscaras respiratorias, cargando palas.

    Fuente de la imagen, SERGEI SUPINSKY/AFP via Getty Images

    Pie de foto, Numerosos trabajadores, apodados “liquidadores” fueron enviados desde distintas partes de la URSS para apagar el incendio.

    Los niveles extremos de radiación provocaron averías en la maquinaria, por lo que parte del trabajo tuvo que realizarse manualmente.

    Jaan Krinal y Rein Klaar fueron enviados desde Estonia, entonces parte de la Unión Soviética, y formaban parte de un grupo destinado a retirar los escombros del techo del reactor tres.

    “Llevábamos placas de plomo: una delante, una en la espalda y otra entre las piernas. Pesaban mucho, 20 kg o más”, cuenta Jaan.

    “En la cabeza: un casco de construcción soviético estándar; gafas, guantes y un dosímetro (para medir la radiación) en el bolsillo”, añade.

    Rein recuerda que los enviaban a trabajar en turnos de un minuto para limitar su exposición.

    “Nadie sabía distinguir qué era qué… No había tiempo para pensar”, afirma.

    Rein Klaar (izquierda) y Jaan Krinal (derecha) fotografiados en Estonia. Llevan abrigos de invierno de colores oscuros con la nieve de fondo. Rein tiene la capucha puesta y lleva guantes gruesos.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, Rein Klaar (a la izquierda) y Jaan Krinal fueron enviados a trabajar en turnos breves en el tejado del reactor.

    La encrucijada

    Cuando comenzaron las labores de limpieza, Iryna y Serhiy se alojaban en casa de su abuela, a unos 300 kilómetros de distancia, en la región de Poltava, al este de Kyiv.

    Pocos días después de su llegada, los médicos que controlaban la radiación de los evacuados les dieron una noticia inesperada: Iryna estaba embarazada de tres meses.

    Recuerda haber llorado al descubrir que los médicos advertían que la exposición a la radiación podría haber afectado a los bebés nonatos y aconsejaban a las mujeres expuestas que abortaran.

    “Tenía miedo de tener un bebé y miedo de abortar”, confiesa.

    Pero una doctora comprensiva la animó a seguir adelante con el embarazo, e Iryna dio a luz a una niña sana, Katya. Décadas después, ella misma se ha convertido en madre y Serhiy e Iryna tienen ahora una nieta de 15 años.

    Fotografía en blanco y negro de Iryna y Serhiy con la pequeña Katya. Serhiy lleva una camisa oscura y sostiene a la niña, que tiene el pelo oscuro y mira a la cámara. Iryna lleva una blusa de flores.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, Apenas días después de ser evacuada, Iryna descubrió que estaba embarazada.

    La pareja cree que el accidente nuclear ha afectado su salud, aunque los médicos no lo han confirmado.

    Iryna ha tenido que someterse a una operación de reemplazo de ambas rodillas y cree que la radiación puede haber debilitado sus huesos. También piensan que la radiación podría ser un factor en el infarto que sufrió Serhiy en 2016, una semana después de visitar su ciudad natal, Pripyat.

    Jaan, que dirige una organización para antiguos liquidadores estonios, dice que algunos han tenido problemas de salud, pero no han visto “cáncer por todas partes”, como temían inicialmente.

    Según cuenta, en 1991 murieron 51 liquidadores estonios, 17 de ellos por suicidio.

    Nikolai, el ingeniero de turbinas, estaba casado y tenía dos hijos en el momento del accidente. Regresó a trabajar en la central y se jubiló recientemente. Su hijo menor se unió al ejército ucraniano tras la invasión rusa a gran escala en 2022, pero se encuentra desaparecido desde septiembre de 2023.

    Vista interior del Palacio de la Cultura, en la que se aprecian paredes de ladrillo visto y suelos de hormigón. Queda parte de un colorido mural, y en el suelo hay baldosas sueltas y otros escombros.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, El Palacio de Cultura, donde Iryna y Serhiy se casaron hace cuatro décadas, hoy es una ruina.

    Un peligro latente

    La central nuclear requiere monitoreo y mantenimiento constantes.

    Después del accidente, se construyó un sarcófago de hormigón sobre el reactor cuatro en tan solo siete meses. Sin embargo, este se volvió inestable y, en 2016, se instaló un nuevo escudo metálico de US$ 1.800 millones para contener las fugas.

    Los niveles de radiación en gran parte de la “zona de exclusión” alrededor de la central son ahora lo suficientemente bajos como para permitir visitas seguras durante períodos limitados, pero nadie tiene permiso legal para residir allí.

    Todavía existen zonas con niveles de radiación peligrosamente altos, tanto dentro como en las inmediaciones del reactor destruido, y en lugares como el “Bosque Rojo”, que resultó gravemente contaminado.

    Los edificios de Pripyat, otrora símbolo del optimismo juvenil y la tecnología soviética, ahora se yerguen en ruinas y abandonados, incluido el Palacio de la Cultura donde Serhiy e Iryna se casaron.

    Dentro del nuevo escudo, la chimenea del reactor cuatro es una ruina desoladora, recubierta por una tosca capa de hormigón gris, bajo la brillante cúpula metálica lo suficientemente alta como para albergar la Estatua de la Libertad.

    El gran escudo metálico curvado que cubre el reactor cuatro, fotografiado con poca luz, con llamas saliendo de un agujero en uno de sus lados, donde fue alcanzado por un dron el 14 de febrero de 2025. Se observan luces rojas en la parte superior de la cúpula y luces amarillas alrededor de los edificios más bajos situados cerca de ella.

    Fuente de la imagen, IAEA HANDOUT/EPA-EFE/REX/Shutterstock

    Pie de foto, Un dron ruso golpeó en 2025 el costoso escudo que recubre el sarcófago construido sobre el averiado reactor.

    En 2022, las fuerzas rusas irrumpieron en el complejo de la central eléctrica con tanques, tomando como rehenes al personal durante cinco semanas, colocando minas y cavando trincheras.

    El año pasado, un dron abrió una brecha en el nuevo escudo. Ucrania acusó a Rusia de atacar la central eléctrica, acusación que el Kremlin negó. Los niveles de radiación no aumentaron, pero el OIEA afirma que el escudo ha perdido su “función de seguridad primaria”.

    Serhiy e Iryna se mudaron a Alemania en 2022 después de que el apartamento de su hija en Kyiv fuera alcanzado por un misil. Su matrimonio, que comenzó en medio de la incertidumbre y la tragedia, sigue siendo un consuelo.

    “Creo que tuvimos que pasar por algunas dificultades en la vida para comprender que… realmente no podemos ser uno sin el otro”, dice.

    “Después de 40 años, puedo decir con certeza que somos como un hilo en una aguja”, dice Iryna.

    “Lo hacemos todo juntos”, remata.

    Con información adicional de Paul Harris y Ellie Jacobs

    raya gris

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  • Por qué los mamíferos no podemos regenerar partes del cuerpo enteras como otros animales

    Por qué los mamíferos no podemos regenerar partes del cuerpo enteras como otros animales

    un doctor le coloca una protésis a una mujer con el brazo amputado. no se ven los rostros

      • Autor, Francisco José Esteban Ruiz y Oscar H. Ocaña Terraza
      • Título del autor, The Conversation*
    • Tiempo de lectura: 5 min

    Hay aspectos de nuestra biología que asumimos como inevitables. Por ejemplo, que si perdemos un brazo o una pierna, no volverán a crecer.

    Sin embargo, no ocurre lo mismo en todo el reino animal. Hay gusanos capaces de regenerar su cuerpo completo, peces que reconstruyen sus aletas –e incluso órganos como el corazón– y anfibios, como las salamandras, en los que crecen patas enteras tras una amputación.

    En cambio, los mamíferos apenas logramos cerrar una herida y, cuando lo hacemos, suele ser a costa de formar una cicatriz. Aunque existe cierta capacidad de regeneración en las extremidades de los mamíferos, incluidos los humanos, esta se limita prácticamente a la punta de los dedos, y solo cuando la lesión se produce en condiciones muy concretas.

    Pero esta aparente limitación podría no ser tan definitiva. Dos trabajos publicados recientemente en Science, junto con una perspectiva que los integra, apuntan a que los mamíferos podrían conservar una capacidad regenerativa latente que está bloqueada por su entorno.

    El tejido decide: cicatriz o regeneración

    Durante mucho tiempo se ha pensado que la capacidad de regenerar estructuras complejas dependía fundamentalmente de los genes. Según esta idea, los mamíferos habríamos perdido, a lo largo de la evolución, los programas necesarios para reconstruir tejidos completos.

    Sin embargo, los nuevos resultados obligan a replantear este enfoque. La regeneración no sería solo una propiedad genética, sino el resultado de la interacción entre las células y el entorno en el cual se encuentran. En otras palabras, el contexto tisular puede determinar si una herida cicatriza o si inicia un proceso regenerativo.

    Uno de los estudios se centra en el modelo de la regeneración de la punta del dedo en un ratón. Los investigadores observaron que los tejidos que cicatrizan son rígidos y están dominados por colágeno, mientras que los tejidos capaces de regenerar presentan una matriz extracelular más laxa y rica en moléculas como el ácido hialurónico.

    Estas diferencias biomecánicas no son triviales, dado que condicionan directamente el comportamiento celular y la activación de programas genéticos de reparación. De hecho, cuando los investigadores modificaron experimentalmente el entorno tisular para estabilizar la cantidad de ácido hialurónico, observaron una reducción de la fibrosis y una promoción de la regeneración, incluso en zonas donde normalmente no se produce.

    Esto apunta a una idea clave: en determinados modelos experimentales, la cicatriz podría no ser el destino inevitable de una herida, sino una consecuencia del entorno en el que se repara.

    Una mujer le pone una tirita o curita en la rodilla a un niño

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, De acuerdo con las nuevas investigaciones, la regeneración sería el resultado de la interacción entre las células y el entorno en el cual se encuentran.

    El oxígeno como interruptor biológico

    El segundo estudio aborda la regeneración desde otra perspectiva, pero llega a una conclusión complementaria. Dado que los renacuajos de rana viven en ambientes con menor disponibilidad de oxígeno que los mamíferos terrestres, los investigadores analizaron el papel de este factor en la regeneración.

    Al comparar las extremidades en desarrollo de ambas especies, encontraron que los niveles de oxígeno actúan como un auténtico interruptor biológico. En condiciones de bajo oxígeno (hipoxia), se activa el factor HIF1A, lo que favorece la proliferación y migración celular y facilita la expresión de genes asociados a la regeneración.

    Ajolote

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El ajolote mexicano es el único animal capaz de regenerar extremidades amputadas y órganos y tejidos lesionados.

    Por el contrario, en condiciones normales de oxígeno, características de los mamíferos, estos procesos quedan bloqueados. Además, el oxígeno también influye en la estructura del ADN mediante cambios epigenéticos que determinan si los genes regenerativos están activos o silenciados.

    En este contexto experimental, basado en extremidades embrionarias in vitro, los autores muestran que es posible activar respuestas tempranas asociadas a la regeneración en tejidos de mamífero, más que inducir una regeneración completa.

    Ambos trabajos apuntan en la misma dirección: los mamíferos podrían no carecer completamente de los programas regenerativos. Más bien estos no se estarían activando en las condiciones habituales en las que viven, un entorno biológico que favorece la cicatrización frente a la regeneración.

    Un nuevo paradigma en biología

    El cambio conceptual que sugieren estos resultados es importante. La regeneración no sería una capacidad completamente ausente en los mamíferos, sino un estado dinámico que depende de factores como la rigidez del tejido, la composición de la matriz extracelular, la disponibilidad de oxígeno y la regulación epigenética.

    No obstante, conviene ser cautos. En estos estudios no se ha logrado la regeneración completa de extremidades en mamíferos. Los trabajos se centran en modelos experimentales –como la regeneración de la punta del dedo o de tejidos cultivados en laboratorio– y analizan principalmente las fases iniciales del proceso.

    Implicaciones médicas

    Mujer mostrando una cicatriz en la parte superior del brazo.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis.

    Aun con estas limitaciones, las implicaciones son relevantes. Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis, favorecer la regeneración ósea o tratar enfermedades asociadas a alteraciones en la reparación de tejidos, como ocurre en la diabetes.

    En definitiva, el problema quizá no sea que los mamíferos no podamos regenerar, sino que aún no sabemos cómo crear las condiciones para hacerlo. Como recordaba el médico y ensayista Lewis Thomas, “somos profundamente ignorantes sobre la naturaleza”. Tal vez estemos empezando a entender que algunas de nuestras aparentes limitaciones biológicas no son tan definitivas como creíamos.

    *Francisco José Esteban Ruiz es profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén. Oscar H. Ocaña Terraza es profesor contratado Doctor en el Departamento de Biología Experimental de la Universidad de Jaén, España.

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  • “Tuve que huir descalza con mi vestido de novia”: el traumático recuerdo de la última boda en Chernóbil a 40 años del peor accidente nuclear de la historia

    “Tuve que huir descalza con mi vestido de novia”: el traumático recuerdo de la última boda en Chernóbil a 40 años del peor accidente nuclear de la historia

    Iryna y Serhiy, fotografiados en 2026, miran a la cámara y sonríen. Iryna tiene el pelo oscuro hasta la barbilla y lleva gafas; sostiene una flor rosa. Serhiy tiene el pelo canoso y sostiene una foto de ambos juntos en su boda.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, “No podemos vivir el uno sin el otro”, dice Iryna después de 40 años de matrimonio.

    Era poco después de medianoche. Iryna Stetsenko había terminado de arreglarse las uñas para su boda, abrió la puerta del balcón y luchaba contra los nervios para conciliar el sueño.

    En un apartamento cercano, repleto de invitados, su prometido, Serhiy Lobanov, dormía en un colchón en la cocina.

    De repente “un estruendo” rompió la tranquilidad, cuenta Iryna.

    “Era como si muchos aviones sobrevolaran la zona; todo vibraba y los cristales de las ventanas temblaban”, relata.

    Serhiy dijo que “sintió un temblor, como si pasara una ola”, se preguntó si se trataba de un terremoto leve y volvió a dormirse.

    La joven maestra en prácticas de 19 años y el ingeniero de la central eléctrica, de 25, esperaban con ilusión su vida de casados en la recién construida ciudad soviética de Pripyat. No tenían ni idea de que el peor accidente nuclear de la historia se estaba desarrollando a menos de cuatro kilómetros de distancia.

    Vista de la central nuclear de Chernóbil el 29 de abril de 1986, tres días después de la explosión. El edificio que alberga el reactor número 4 presenta graves daños, con escombros ennegrecidos bajo una chimenea roja y blanca.

    Fuente de la imagen, SHONE/GAMMA/Gamma-Rapho via Getty Images

    Pie de foto, Durante unas pruebas, el reactor número 4 de la central de Chernóbil estalló y liberó grandes cantidades de sustancias tóxicas.

    El reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en lo que hoy es el norte de Ucrania, explotó, liberando material radiactivo que se esparció por amplias zonas de Europa.

    40 años después, los restos altamente radiactivos de la central se encuentran en una zona de guerra.

    La pareja vive ahora en Berlín (Alemania), tras haber dejado atrás sus vidas por segunda vez, esta vez para escapar de un conflicto, no de un desastre nuclear.

    Pero la mañana del 26 de abril de 1986, Serhiy recuerda haberse despertado sobre las seis de la mañana, lleno de emoción, y haber descubierto que el día de su boda había amanecido con un sol radiante.

    El novio tenía que hacer algunos recados: llevar la ropa de cama al apartamento de un amigo donde él e Iryna planeaban pasar la noche, y comprar unas flores.

    Vista exterior del abandonado Palacio de la Cultura Enerhetyk en la plaza central de Pripyat, óblast de Kiev, Ucrania, el 1 de mayo de 2025. Grandes árboles verdes crecen frente a él y se ve contra un cielo azul con nubes blancas.

    Fuente de la imagen, Global Images Ukraine via Getty Images

    Pie de foto, El Palacio de Cultura de Pripyat, donde la pareja se casó, se encuentra hoy en ruinas.

    Pero vio a soldados con máscaras antigás en el exterior y hombres limpiando la calle con una solución espumosa. Algunos compañeros de trabajo de la central nuclear le comentaron que los habían llamado con urgencia porque “algo había ocurrido”, pero desconocían qué.

    Desde el apartamento de su amigo, en un rascacielos, vio humo que salía del reactor cuatro.

    Más tarde se supo que los bomberos y los trabajadores de la central eléctrica habían pasado la noche exponiéndose a dosis letales de radiación para combatir un enorme incendio tóxico.

    “Me sentí un poco ansioso”, dice.

    Aprovechando su entrenamiento, tomó un trozo de tela, lo humedeció y lo colocó en la entrada del apartamento como medida de precaución para contener el polvo radiactivo, añade.

    Luego corrió al mercado. Estaba inusualmente para un sábado por la mañana. Escogió cinco tulipanes para el ramo y se marchó.

    Iryna, que se alojaba con su madre en el apartamento familiar, cuenta que el teléfono no dejó de sonar durante la noche. Su madre parecía “alarmada”, dice, porque los vecinos llamaban para decirle que había ocurrido “algo terrible”. Pero ninguno daba muchos detalles.

    La información estaba estrictamente controlada en la Unión Soviética. Encendieron la radio, pero no mencionaban ningún incidente.

    Por la mañana, su madre llamó a las autoridades: “Le dijeron que no se preocupara, que todos los eventos programados en la ciudad debían seguir adelante”.

    Oficialmente, todo transcurrió con normalidad. Los niños fueron al colegio.

    Collage de distintas foto de la boda de Iryna y Serhiy, ocurrida horas después del accidente en la planta de Chernóbil.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, Iryna y Serhiy cuentan que se sintieron nerviosos e inseguros durante su boda.

    Siguiendo con los planes

    Más tarde, los novios y sus invitados se dirigieron en fila india al Palacio de la Cultura, conocido por albergar tanto ceremonias como discotecas populares.

    Intercambiaron sus votos sobre una tela bordada con sus nombres y luego se dirigieron con sus invitados a una cafetería cercana.

    Pero el banquete de bodas se sintió “triste”, no festivo, reconoce Serhiy.

    “Todos entendieron que algo había sucedido, pero nadie sabía los detalles”, agrega.

    Para su primer baile, habían ensayado un vals tradicional. Pero al darse cuenta de que se avecinaba una tragedia, “desde los primeros pasos perdimos el ritmo”, recuerda Iryna.

    “Simplemente nos abrazamos y nos movimos en el abrazo”, rememora.

    Iryna y Serhiy bailan el día de su boda. Ella lleva un sombrero blanco, un vestido blanco vaporoso y zapatos blancos sin cordones de tacón bajo. Él lleva un traje oscuro. La mira a los ojos, pero con expresión inquieta.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, La pareja admite que el ambiente en su boda no era de celebración, sino de preocupación.

    Luego, exhaustos pero finalmente marido y mujer, regresaron al apartamento de un amigo.

    Pero en la madrugada del domingo, otro amigo llamó a la puerta y les dijo que corrieran a tomar un tren de evacuación que saldría a las 5 de la mañana, narra Serhiy.

    La única ropa de repuesto que Iryna llevaba consigo era un vestido ligero para el segundo día de las celebraciones, así que se volvió a poner su vestido de novia para regresar rápidamente al apartamento de su madre a cambiarse. Además, los zapatos le habían provocado ampollas.

    “Llevaba un vestido de novia y corría descalza por los charcos”, dice Iryna.

    Todavía estaba oscuro cuando vieron el resplandor del reactor colapsado desde el tren.

    “Era como mirar al ojo de un volcán”, dice Serhiy.

    El anuncio oficial, cuando llegó, describía la evacuación como “temporal”.

    “Nos fuimos por tres días, pero al final nos quedamos para siempre”, añade.

    Nikolai Solovyov, ingeniero jefe de la sala de turbinas en el momento del accidente, fotografiado frente a una imagen del reactor destruido, en el museo de Slavutych. Tiene el pelo canoso, lleva una sudadera de color gris verdoso y mira a la cámara con expresión seria.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, “Vimos cómo se derrumbaba el techo”, cuenta Nikolai Solovyov, que estaba de turno en la central cuando explotó el reactor.

    400 veces peor que Hiroshima

    La Unión Soviética fue duramente criticada por su lentitud al revelar la magnitud del desastre.

    Solo dos días después de la explosión -tras detectarse radiación en Suecia- reconoció que había ocurrido un accidente. Más de dos semanas después el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov habló públicamente al respecto.

    Una prueba de seguridad había salido terriblemente mal.

    Una estimación citada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que la explosión liberó 400 veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima.

    Nikolai Solovyov trabajaba como ingeniero jefe en la sala de turbinas en aquel momento.

    “Fue como un terremoto bajo nuestros pies”, recuerda.

    “Vimos cómo se derrumbaba el techo… una ráfaga de aire nos llegó y levantó todo ese polvo negro… Y sonó la sirena”, agrega.

    Cuenta que él y sus compañeros corrieron hacia el lugar pensando que había explotado un generador, sin imaginar que pudiera ser el reactor.

    Uno de ellos revisó los monitores y dijo que los niveles de radiación estaban “por las nubes”, recuerda Nikolai.

    Según cuenta, encontraron a otro compañero de pie sobre una de las turbinas, aparentemente ileso pero vomitando, síntoma de la enfermedad por radiación.

    “Fue uno de los primeros en morir”, afirma.

    Vista de una escultura en la ciudad abandonada de Pripyat.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, La ciudad de Pripyat, construida para albergar a los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil, fue una vez una ciudad vibrante.

    La cifra oficial de fallecidos por el incidente es de 31 personas: dos murieron por la explosión, 28 por la enfermedad aguda por radiación y una por un paro cardíaco en las semanas posteriores.

    El impacto general del desastre es objeto de debate y resulta difícil de determinar. En aquel momento no se llevó a cabo ningún estudio médico exhaustivo a largo plazo.

    En 2005, un estudio realizado por varias agencias de Naciones Unidas concluyó que 4.000 personas podrían morir como consecuencia del accidente. Otras estimaciones sugieren que la cifra podría ascender a decenas de miles.

    Se puso en marcha una operación para detener la emisión de radiación del reactor expuesto.

    Helicópteros arrojaron arena y otros materiales sobre el reactor. Las autoridades movilizaron a cientos de miles de personas de toda la Unión Soviética para contener el desastre. Los llamaban liquidadores.

    En el museo de Chernóbil, en Kyiv, un televisor muestra un documental sobre los liquidadores. Enmarcada por los bordes negros de un televisor antiguo, la imagen muestra a dos hombres con delantales de plomo, cascos de obra y máscaras respiratorias, cargando palas.

    Fuente de la imagen, SERGEI SUPINSKY/AFP via Getty Images

    Pie de foto, Numerosos trabajadores, apodados “liquidadores” fueron enviados desde distintas partes de la URSS para apagar el incendio.

    Los niveles extremos de radiación provocaron averías en la maquinaria, por lo que parte del trabajo tuvo que realizarse manualmente.

    Jaan Krinal y Rein Klaar fueron enviados desde Estonia, entonces parte de la Unión Soviética, y formaban parte de un grupo destinado a retirar los escombros del techo del reactor tres.

    “Llevábamos placas de plomo: una delante, una en la espalda y otra entre las piernas. Pesaban mucho, 20 kg o más”, cuenta Jaan.

    “En la cabeza: un casco de construcción soviético estándar; gafas, guantes y un dosímetro (para medir la radiación) en el bolsillo”, añade.

    Rein recuerda que los enviaban a trabajar en turnos de un minuto para limitar su exposición.

    “Nadie sabía distinguir qué era qué… No había tiempo para pensar”, afirma.

    Rein Klaar (izquierda) y Jaan Krinal (derecha) fotografiados en Estonia. Llevan abrigos de invierno de colores oscuros con la nieve de fondo. Rein tiene la capucha puesta y lleva guantes gruesos.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, Rein Klaar (a la izquierda) y Jaan Krinal fueron enviados a trabajar en turnos breves en el tejado del reactor.

    La encrucijada

    Cuando comenzaron las labores de limpieza, Iryna y Serhiy se alojaban en casa de su abuela, a unos 300 kilómetros de distancia, en la región de Poltava, al este de Kyiv.

    Pocos días después de su llegada, los médicos que controlaban la radiación de los evacuados les dieron una noticia inesperada: Iryna estaba embarazada de tres meses.

    Recuerda haber llorado al descubrir que los médicos advertían que la exposición a la radiación podría haber afectado a los bebés nonatos y aconsejaban a las mujeres expuestas que abortaran.

    “Tenía miedo de tener un bebé y miedo de abortar”, confiesa.

    Pero una doctora comprensiva la animó a seguir adelante con el embarazo, e Iryna dio a luz a una niña sana, Katya. Décadas después, ella misma se ha convertido en madre y Serhiy e Iryna tienen ahora una nieta de 15 años.

    Fotografía en blanco y negro de Iryna y Serhiy con la pequeña Katya. Serhiy lleva una camisa oscura y sostiene a la niña, que tiene el pelo oscuro y mira a la cámara. Iryna lleva una blusa de flores.

    Fuente de la imagen, Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov

    Pie de foto, Apenas días después de ser evacuada, Iryna descubrió que estaba embarazada.

    La pareja cree que el accidente nuclear ha afectado su salud, aunque los médicos no lo han confirmado.

    Iryna ha tenido que someterse a una operación de reemplazo de ambas rodillas y cree que la radiación puede haber debilitado sus huesos. También piensan que la radiación podría ser un factor en el infarto que sufrió Serhiy en 2016, una semana después de visitar su ciudad natal, Pripyat.

    Jaan, que dirige una organización para antiguos liquidadores estonios, dice que algunos han tenido problemas de salud, pero no han visto “cáncer por todas partes”, como temían inicialmente.

    Según cuenta, en 1991 murieron 51 liquidadores estonios, 17 de ellos por suicidio.

    Nikolai, el ingeniero de turbinas, estaba casado y tenía dos hijos en el momento del accidente. Regresó a trabajar en la central y se jubiló recientemente. Su hijo menor se unió al ejército ucraniano tras la invasión rusa a gran escala en 2022, pero se encuentra desaparecido desde septiembre de 2023.

    Vista interior del Palacio de la Cultura, en la que se aprecian paredes de ladrillo visto y suelos de hormigón. Queda parte de un colorido mural, y en el suelo hay baldosas sueltas y otros escombros.

    Fuente de la imagen, BBC/Jack Garland

    Pie de foto, El Palacio de Cultura, donde Iryna y Serhiy se casaron hace cuatro décadas, hoy es una ruina.

    Un peligro latente

    La central nuclear requiere monitoreo y mantenimiento constantes.

    Después del accidente, se construyó un sarcófago de hormigón sobre el reactor cuatro en tan solo siete meses. Sin embargo, este se volvió inestable y, en 2016, se instaló un nuevo escudo metálico de US$ 1.800 millones para contener las fugas.

    Los niveles de radiación en gran parte de la “zona de exclusión” alrededor de la central son ahora lo suficientemente bajos como para permitir visitas seguras durante períodos limitados, pero nadie tiene permiso legal para residir allí.

    Todavía existen zonas con niveles de radiación peligrosamente altos, tanto dentro como en las inmediaciones del reactor destruido, y en lugares como el “Bosque Rojo”, que resultó gravemente contaminado.

    Los edificios de Pripyat, otrora símbolo del optimismo juvenil y la tecnología soviética, ahora se yerguen en ruinas y abandonados, incluido el Palacio de la Cultura donde Serhiy e Iryna se casaron.

    Dentro del nuevo escudo, la chimenea del reactor cuatro es una ruina desoladora, recubierta por una tosca capa de hormigón gris, bajo la brillante cúpula metálica lo suficientemente alta como para albergar la Estatua de la Libertad.

    El gran escudo metálico curvado que cubre el reactor cuatro, fotografiado con poca luz, con llamas saliendo de un agujero en uno de sus lados, donde fue alcanzado por un dron el 14 de febrero de 2025. Se observan luces rojas en la parte superior de la cúpula y luces amarillas alrededor de los edificios más bajos situados cerca de ella.

    Fuente de la imagen, IAEA HANDOUT/EPA-EFE/REX/Shutterstock

    Pie de foto, Un dron ruso golpeó en 2025 el costoso escudo que recubre el sarcófago construido sobre el averiado reactor.

    En 2022, las fuerzas rusas irrumpieron en el complejo de la central eléctrica con tanques, tomando como rehenes al personal durante cinco semanas, colocando minas y cavando trincheras.

    El año pasado, un dron abrió una brecha en el nuevo escudo. Ucrania acusó a Rusia de atacar la central eléctrica, acusación que el Kremlin negó. Los niveles de radiación no aumentaron, pero el OIEA afirma que el escudo ha perdido su “función de seguridad primaria”.

    Serhiy e Iryna se mudaron a Alemania en 2022 después de que el apartamento de su hija en Kyiv fuera alcanzado por un misil. Su matrimonio, que comenzó en medio de la incertidumbre y la tragedia, sigue siendo un consuelo.

    “Creo que tuvimos que pasar por algunas dificultades en la vida para comprender que… realmente no podemos ser uno sin el otro”, dice.

    “Después de 40 años, puedo decir con certeza que somos como un hilo en una aguja”, dice Iryna.

    “Lo hacemos todo juntos”, remata.

    Con información adicional de Paul Harris y Ellie Jacobs

    raya gris

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  • Por qué los mamíferos no podemos regenerar partes del cuerpo enteras como otros animales (y por qué esta limitación podría no ser tan definitiva)

    Por qué los mamíferos no podemos regenerar partes del cuerpo enteras como otros animales (y por qué esta limitación podría no ser tan definitiva)

    un doctor le coloca una protésis a una mujer con el brazo amputado. no se ven los rostros

      • Autor, Francisco José Esteban Ruiz y Oscar H. Ocaña Terraza
      • Título del autor, The Conversation*
    • Tiempo de lectura: 5 min

    Hay aspectos de nuestra biología que asumimos como inevitables. Por ejemplo, que si perdemos un brazo o una pierna, no volverán a crecer.

    Sin embargo, no ocurre lo mismo en todo el reino animal. Hay gusanos capaces de regenerar su cuerpo completo, peces que reconstruyen sus aletas –e incluso órganos como el corazón– y anfibios, como las salamandras, en los que crecen patas enteras tras una amputación.

    En cambio, los mamíferos apenas logramos cerrar una herida y, cuando lo hacemos, suele ser a costa de formar una cicatriz. Aunque existe cierta capacidad de regeneración en las extremidades de los mamíferos, incluidos los humanos, esta se limita prácticamente a la punta de los dedos, y solo cuando la lesión se produce en condiciones muy concretas.

    Pero esta aparente limitación podría no ser tan definitiva. Dos trabajos publicados recientemente en Science, junto con una perspectiva que los integra, apuntan a que los mamíferos podrían conservar una capacidad regenerativa latente que está bloqueada por su entorno.

    El tejido decide: cicatriz o regeneración

    Durante mucho tiempo se ha pensado que la capacidad de regenerar estructuras complejas dependía fundamentalmente de los genes. Según esta idea, los mamíferos habríamos perdido, a lo largo de la evolución, los programas necesarios para reconstruir tejidos completos.

    Sin embargo, los nuevos resultados obligan a replantear este enfoque. La regeneración no sería solo una propiedad genética, sino el resultado de la interacción entre las células y el entorno en el cual se encuentran. En otras palabras, el contexto tisular puede determinar si una herida cicatriza o si inicia un proceso regenerativo.

    Uno de los estudios se centra en el modelo de la regeneración de la punta del dedo en un ratón. Los investigadores observaron que los tejidos que cicatrizan son rígidos y están dominados por colágeno, mientras que los tejidos capaces de regenerar presentan una matriz extracelular más laxa y rica en moléculas como el ácido hialurónico.

    Estas diferencias biomecánicas no son triviales, dado que condicionan directamente el comportamiento celular y la activación de programas genéticos de reparación. De hecho, cuando los investigadores modificaron experimentalmente el entorno tisular para estabilizar la cantidad de ácido hialurónico, observaron una reducción de la fibrosis y una promoción de la regeneración, incluso en zonas donde normalmente no se produce.

    Esto apunta a una idea clave: en determinados modelos experimentales, la cicatriz podría no ser el destino inevitable de una herida, sino una consecuencia del entorno en el que se repara.

    Una mujer le pone una tirita o curita en la rodilla a un niño

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, De acuerdo con las nuevas investigaciones, la regeneración sería el resultado de la interacción entre las células y el entorno en el cual se encuentran.

    El oxígeno como interruptor biológico

    El segundo estudio aborda la regeneración desde otra perspectiva, pero llega a una conclusión complementaria. Dado que los renacuajos de rana viven en ambientes con menor disponibilidad de oxígeno que los mamíferos terrestres, los investigadores analizaron el papel de este factor en la regeneración.

    Al comparar las extremidades en desarrollo de ambas especies, encontraron que los niveles de oxígeno actúan como un auténtico interruptor biológico. En condiciones de bajo oxígeno (hipoxia), se activa el factor HIF1A, lo que favorece la proliferación y migración celular y facilita la expresión de genes asociados a la regeneración.

    Ajolote

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El ajolote mexicano es el único animal capaz de regenerar extremidades amputadas y órganos y tejidos lesionados.

    Por el contrario, en condiciones normales de oxígeno, características de los mamíferos, estos procesos quedan bloqueados. Además, el oxígeno también influye en la estructura del ADN mediante cambios epigenéticos que determinan si los genes regenerativos están activos o silenciados.

    En este contexto experimental, basado en extremidades embrionarias in vitro, los autores muestran que es posible activar respuestas tempranas asociadas a la regeneración en tejidos de mamífero, más que inducir una regeneración completa.

    Ambos trabajos apuntan en la misma dirección: los mamíferos podrían no carecer completamente de los programas regenerativos. Más bien estos no se estarían activando en las condiciones habituales en las que viven, un entorno biológico que favorece la cicatrización frente a la regeneración.

    Un nuevo paradigma en biología

    El cambio conceptual que sugieren estos resultados es importante. La regeneración no sería una capacidad completamente ausente en los mamíferos, sino un estado dinámico que depende de factores como la rigidez del tejido, la composición de la matriz extracelular, la disponibilidad de oxígeno y la regulación epigenética.

    No obstante, conviene ser cautos. En estos estudios no se ha logrado la regeneración completa de extremidades en mamíferos. Los trabajos se centran en modelos experimentales –como la regeneración de la punta del dedo o de tejidos cultivados en laboratorio– y analizan principalmente las fases iniciales del proceso.

    Implicaciones médicas

    Mujer mostrando una cicatriz en la parte superior del brazo.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis.

    Aun con estas limitaciones, las implicaciones son relevantes. Si el entorno tisular puede modificarse de forma controlada, podrían abrirse nuevas vías en medicina regenerativa, como mejorar la cicatrización evitando la fibrosis, favorecer la regeneración ósea o tratar enfermedades asociadas a alteraciones en la reparación de tejidos, como ocurre en la diabetes.

    En definitiva, el problema quizá no sea que los mamíferos no podamos regenerar, sino que aún no sabemos cómo crear las condiciones para hacerlo. Como recordaba el médico y ensayista Lewis Thomas, “somos profundamente ignorantes sobre la naturaleza”. Tal vez estemos empezando a entender que algunas de nuestras aparentes limitaciones biológicas no son tan definitivas como creíamos.

    *Francisco José Esteban Ruiz es profesor titular de Biología Celular, Universidad de Jaén. Oscar H. Ocaña Terraza es profesor contratado Doctor en el Departamento de Biología Experimental de la Universidad de Jaén, España.

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  • El gobierno de Trump reclasifica la marihuana medicinal como una droga menos peligrosa

    El gobierno de Trump reclasifica la marihuana medicinal como una droga menos peligrosa

    Planta de cannabis.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Donald Trump busca ampliar las opciones del uso del cannabis como tratamiento médico.

      • Autor, Max Matza
      • Título del autor, BBC News
    • Tiempo de lectura: 4 min

    El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha reclasificado oficialmente la marihuana como menos peligrosa, lo que marca un cambio importante en la política de drogas del país.

    El Fiscal General Interino, Todd Blanche, cambió este jueves las clasificaciones de los productos que contienen marihuana y que están cubiertos por la Administración de Alimentos y Medicamentos o que han recibido una licencia estatal de marihuana medicinal. Pasarán de ser un narcótico de la Lista I, como la heroína, a un fármaco de la Lista III como el Tylenol con codeína.

    Blanche también convocó una audiencia para considerar la reclasificación de toda la marihuana.

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó a su gobierno el año pasado que iniciara el proceso de reclasificación, con el fin de aumentar el acceso y la investigación médica de la marihuana.

    La marihuana sigue siendo ilegal a nivel federal. A pesar de la prohibición federal, la mayoría de los estados de EE.UU. ha legalizado el uso médico o recreativo, y en muchos hay tiendas donde se puede comprar legalmente.

    La promesa de Trump

    “El Departamento de Justicia está cumpliendo la promesa del presidente Trump de ampliar el acceso de los estadounidenses a las opciones de tratamiento médico”, dijo Blanche en un comunicado anunciando el cambio.

    “Esta acción de reprogramación permite la investigación sobre la seguridad y eficacia de esta sustancia, proporcionando en última instancia a los pacientes una mejor atención y a los médicos información más confiable”.

    Según el anuncio, Blanche también ordenó que se celebrara una audiencia en junio como parte de un proceso de elaboración de normas para reclasificar toda la marihuana de manera más amplia.

    Una vez que el cambio se publique en el Registro Federal, deberán pasar 30 días hasta que entre en vigor. Durante ese tiempo, se puede impugnar legalmente, lo cual se espera, y se puede bloquear la implementación durante meses o incluso años.

    Donald Trump.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El presidente Donald Trump ordenó el año pasado iniciar el proceso de reclasificación.

    La orden de Blanche llega cinco días después de que Trump firmara una orden ejecutiva destinada a aumentar el acceso a drogas psicodélicas para tratamiento médico.

    Desde 1970, Estados Unidos ha clasificado la marihuana como una sustancia controlada de la Lista I, lo que significa que posee un “alto potencial de abuso” y no tiene “ningún uso médico aceptado”.

    Desde entonces, muchos estados han promulgado sus propias leyes para relajar las restricciones a la marihuana.

    Eso ha creado un mosaico de regulaciones del cannabis, y también un dolor de cabeza para las empresas de marihuana que todavía tienen que seguir las leyes fiscales y bancarias federales.

    Cambio “simbólico”

    La administración del presidente Joe Biden inició una revisión de la clasificación de la marihuana en 2022 y aproximadamente un año después, el Departamento de Salud de Estados Unidos recomendó un cambio por primera vez.

    En 2024, la Administración de Control de Drogas (DEA) solicitó audiencias, pero luego estas se pospusieron indefinidamente.

    El cambio de Trump es mayormente “simbólico”, dijo Morgan Fox, de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de Marihuana (Norml).

    Cannabis.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Muchos estados del país han promulgado sus propias leyes para atenuar las restricciones a la marihuana.

    Más de dos tercios de los estadounidenses apoyan la legalización total del cannabis, según Fox, quien dijo que cambiar la clasificación abrirá la puerta a que los responsables políticos consideren seriamente el levantamiento de las restricciones.

    “Sacarlo de esa clasificación nos permite tener conversaciones políticas que no comienzan y terminan con esa definición”, dijo Fox. “Muchos responsables políticos siguen recurriendo a eso, y realmente ni siquiera discutirán el tema mientras el cannabis esté en el Anexo I”.

    Fox, sin embargo, dijo que su grupo y otros activistas continuarán presionando para la legalización federal completa.

    “La verdadera solución al problema consiste en desclasificar el cannabis a nivel federal —no simplemente trasladarlo a la Lista III— y, posteriormente, comenzar a modificar las leyes mediante mecanismos regulatorios que ofrezcan orientación, de modo que podamos lograr cierta uniformidad”, dijo Fox.

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  • Por qué la aspirina puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer intestinal

    Por qué la aspirina puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer intestinal

    Una mujer tiene dos pastillas de aspirina en una mano, y un frasco -del cual acaban de salir las pastillas- en la otra

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, La aspirina es uno de los analgésicos con más historia.

    Nick James, un ebanista británico de unos 45 años, comenzó a preocuparse por su salud después de que su mamá falleciera de cáncer y de que su hermano —junto con otros familiares— hubieran desarrollado posteriormente un cáncer intestinal.

    Tomó la decisión de hacerse pruebas genéticas, que revelaron que portaba un gen defectuoso, conocido por ser el causante del síndrome de Lynch, una afección que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar ese tipo de cáncer.

    Sin embargo, a James le llegó ayuda de un lugar inesperado cuando se convirtió en la primera persona en inscribirse en un ensayo clínico con el objetivo de determinar si una dosis diaria de aspirina —el analgésico de venta libre— podía ofrecer protección contra el desarrollo del cáncer.

    Aproximadamente el 80% de las personas con síndrome de Lynch van a desarrollar cáncer intestinal a lo largo de su vida.

    Sin embargo, hasta el momento, el panorama resulta favorable para James. “Lleva ya diez años tomando aspirina bajo nuestra supervisión y, hasta la fecha, no ha desarrollado ningún cáncer”, dijo John Burn, profesor de genética clínica en la Universidad de Newcastle y director del ensayo.

    Parece casi increíble y, sin embargo, desde hace tiempo hay indicios de que este fármaco podría reducir las probabilidades de que el cáncer colorrectal se disemine, o incluso de que llegue a manifestarse en primer lugar.

    Durante el último año, una serie de ensayos y estudios han reforzado dichas pruebas. Algunos países ya han modificado sus directrices médicas para incluir este fármaco como primera línea de protección para aquellas personas que presentan un mayor riesgo (si bien los expertos insisten en que esto debe realizarse siempre bajo la supervisión de un médico).

    Y por fin estamos empezando a comprender las razones por las que la aspirina produce un efecto tan enigmático.

    Raíces antiguas

    Publicidad en italiano de aspirina de principios del siglo XX

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Hacia la segunda mitad del siglo XIX, Bayer sintetizó por primera vez el ácido acetilsalicílico.

    Los más recientes hallazgos aportan un giro novedoso y extraordinario a la historia de uno de los medicamentos más antiguos y eficaces.

    A finales del siglo XIX, unos arqueólogos desenterraron tablillas de arcilla de 4.400 años de antigüedad en la antigua ciudad mesopotámica de Nippur —situada en lo que hoy es Irak—, con listas de una variedad de medicamentos que se elaboraban a partir de compuestos botánicos, animales y minerales.

    Entre ellos, figuraban las instrucciones para preparar una sustancia derivada del sauce.

    Hoy sabemos que esta contiene un compuesto químico conocido como salicina, y el organismo tiene la capacidad de transformarlo en ácido salicílico, una sustancia que ayuda a aliviar el dolor.

    Su estructura es muy similar a la de la aspirina moderna —el ácido acetilsalicílico—, aunque es más irritante para el estómago.

    Otras civilizaciones antiguas —entre ellas la egipcia, la griega y la romana— también recurrieron a este remedio.

    El estudio moderno del compuesto empezó en 1763, cuando el clérigo inglés Edward Stone escribió a la Royal Society para describir que la corteza de sauce, una vez seca y reducida a polvo, podía ayudar a bajar la fiebre.

    Aproximadamente un siglo después, los científicos lograron sintetizar el ácido salicílico transformándolo en el ácido acetilsalicílico —una variante menos corrosiva— y lo lanzaron al mercado bajo la marca Bayer.

    Un enfermero le toma la presión arterial a una paciente.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Gracias a sus efectos anticoagulantes, la aspirina puede recetarse a personas con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular.

    Cuando avanzamos un siglo más, vemos que los científicos empezaron a observar algunos beneficios inesperados de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares: la reducción del riesgo de coágulos sanguíneos al hacer que la sangre sea más fluida y las plaquetas sanguíneas, menos pegajosas.

    Por esta razón, organizaciones como el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido recomiendan dosis diarias bajas para personas con un alto riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.

    La lucha contra el cáncer

    Aspirinas en una cadena de producción de medicamentos.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En los 70 se empezaron a descubrir las propiedades anticancerígenas de la aspirina.

    Para 1972, los beneficios potenciales se habían extendido a la prevención del cáncer, gracias a un estudio en el que se inyectaron células tumorales a ratones.

    Los científicos estadounidenses descubrieron que añadir aspirina al agua que los animales consumían reducía el riesgo de que el cáncer se propagara por el organismo de manera significativa—un proceso que se conoce como metástasis—, en comparación con los ratones a los que no se les administró el fármaco.

    Si bien el descubrimiento generó cierto entusiasmo, “no quedó claro de inmediato cómo repercutiría esto en la práctica clínica”, afirma Ruth Langley, profesora de oncología y ensayos médicos en el University College de Londres.

    Al fin y al cabo, no resultaba obvio si el fármaco tendría el mismo efecto en los seres humanos; lo que significaba que el hallazgo seguía siendo, si acaso, una curiosidad, más que un tratamiento con el potencial de cambiar vidas.

    Un punto de inflexión se produjo en 2010, cuando Peter Rothwell, profesor de neurología clínica en la Universidad de Oxford (Reino Unido), retomó y reexaminó los datos —mucho más abundantes— relativos al uso de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

    En sus análisis, el fármaco parecía reducir tanto la incidencia como la propagación del cáncer, algo que generó un renovado interés tanto en la capacidad de la aspirina para ayudar a combatir la enfermedad como en los mecanismos por los que logra este efecto.

    No obstante, demostrar que la aspirina puede prevenir el cáncer en la población general constituye un desafío.

    En un mundo ideal, los investigadores reclutarían a una amplia muestra de personas: la mitad tomaría aspirina, mientras que el resto ingeriría una píldora de placebo; posteriormente, se compararía qué grupo presentaba las tasas más elevadas de la enfermedad.

    Pero como el cáncer puede tomar muchas décadas en manifestarse, la realización de un ensayo controlado aleatorio requeriría de un periodo de tiempo extremadamente prolongado y conllevaría un coste descomunal.

    “En realidad, resulta casi imposible”, explicó Anna Martling, profesora de cirugía en el Instituto Karolinska (Suecia).

    Por este motivo, los científicos han centrado su atención en grupos específicos, tales como aquellos que ya han padecido cáncer o quienes presentan una susceptibilidad genética a desarrollarlo.

    Evidencia creciente

    Un médico muestra una maqueta del intestino

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Es aquí donde entra en escena el estudio de John Burn sobre pacientes con el síndrome de Lynch, una afección que aumenta drásticamente el riesgo de cáncer colorrectal y de otros tipos de cáncer.

    En 2020, Burn publicó los resultados de un ensayo controlado aleatorizado histórico en el que participaron 861 pacientes con esta afección.

    Después de realizar un seguimiento de 10 años a los participantes, su equipo descubrió que las personas que habían tomado una dosis diaria de 600 mg de aspirina durante al menos dos años redujeron eficazmente a la mitad su riesgo de padecer cáncer colorrectal.

    Su equipo llevó a cabo un segundo ensayo, que actualmente se encuentra en evaluación de pares.

    Los primeros resultados sugieren que una dosis mucho menor de aspirina (75-100 mg) es igual de eficaz o incluso más.

    “Las personas que tomaron aspirina durante dos años tuvieron un 50% menos de casos de cáncer de colon”, dijo. “Queremos continuar el estudio durante algunos años más, ya que los datos irán mejorando con el tiempo. (Nick James, el primer paciente en participar en el ensayo, fue uno de los que pareció beneficiarse).

    La dosis baja (75-100 mg) es similar a la que se toma habitualmente para la prevención de eventos cardiovasculares.

    Esto es relevante, debido a que la aspirina puede generar efectos secundarios desagradables —incluyendo indigestión, hemorragias internas, úlceras estomacales e incluso hemorragias cerebrales—, por lo que una dosis más baja resulta mucho tolerable.

    Los hallazgos ya han influido en políticas sanitarias.

    “En Reino Unido, las directrices se modificaron como resultado de nuestros hallazgos”, dijo Burn.

    Desde 2020, dichas directrices recomiendan que las personas con síndrome de Lynch comiencen a tomar aspirina alrededor de los 20 años de edad —en la mayoría de los casos—, o a los 35 años en los casos menos graves.

    Dados estos resultados, resulta natural preguntarse si la aspirina podría beneficiar a otros grupos de pacientes.

    Martling ha investigado si la aspirina es capaz de reducir el riesgo de metástasis en personas que ya han recibido un diagnóstico de cáncer colorrectal.

    Su equipo se centró en pacientes que presentaban mutaciones comunes en sus tumores intestinales o rectales.

    “De todos los pacientes que desarrollan cáncer colorrectal, el 40% presenta alguna de las mutaciones que hemos estudiado”, explicó.

    Investigaciones previas habían sugerido que estas personas podrían responder de manera particularmente favorable al tratamiento con aspirina.

    Un doctor le enseña una colonoscopia en una pantalla a un paciente.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    El ensayo controlado aleatorizado -de tres años de duración- contó con la participación de 2.980 pacientes: un grupo tomó 160 mg diarios de aspirina —iniciando el tratamiento dentro de los tres meses posteriores a la cirugía—, mientras que el otro recibió un placebo.

    El grupo tratado con aspirina presentó menos de la mitad del riesgo de recurrencia, lo que representa un tamaño del efecto altamente significativo. “Se trata de un grupo numeroso de pacientes”, dijo Martling.

    Es más, tanto el ensayo de Martling como el de Burn revelaron muy pocos casos de efectos adversos entre las personas que tomaban aspirina.

    El estudio de Martling, publicado en septiembre de 2025, transformó rápidamente la práctica médica en Suecia.

    Desde enero de 2026, los pacientes con cáncer intestinal en el país han comenzado a someterse a pruebas de detección de las mutaciones, y se les ofrece una dosis baja de aspirina en caso de que las presenten.

    Aún no está claro si la aspirina podría proteger a los pacientes también contra otros tipos de cáncer; sin embargo, es posible que pronto tengamos algunas respuestas.

    Actualmente, Langley dirige un gran ensayo controlado aleatorizado con 11.000 participantes que han padecido cáncer colorrectal, de mama, gastroesofágico o de próstata en Reino Unido, Irlanda e India.

    Su equipo analizará el efecto de una dosis preventiva diaria de aspirina de 100 mg o 300 mg, y esperan obtener resultados el próximo año.

    “Realmente somos los primeros en explorar el papel de la aspirina en otros tipos de tumores”, dijo.

    Su objetivo es replicar los hallazgos de Martling en relación con el cáncer colorrectal, así como recaudar fondos para investigar también las implicaciones de las mutaciones específicas en los otros tipos de cáncer.

    La replicación es fundamental, señaló, dado que las autoridades prefieren contar —idealmente— con dos conjuntos de resultados de ensayos clínicos antes de formular recomendaciones para los pacientes.

    ¿Cómo funciona?

    Publicidad de aspirina en México

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, La aspirina se consume en todo el mundo.

    El mecanismo preciso mediante el cual la aspirina previene el cáncer ha permanecido como un misterio durante mucho tiempo.

    “Este fantástico fármaco actúa tanto dentro como fuera de la célula”, explicó Martling, por lo que podrían estar implicados varios mecanismos diferentes.

    Sus propios trabajos señalan a una enzima intracelular denominada COX-2, la cual, como sabemos, es inhibida por la aspirina.

    Esta enzima contribuye a la producción de compuestos de naturaleza hormonal llamados prostaglandinas, los cuales, a su vez, activan una vía de señalización que puede derivar en un crecimiento celular descontrolado.

    Una investigación reciente realizada por Rahul Roychoudhuri —profesor de inmunología oncológica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido)— y sus colegas sugiere que podría existir otro mecanismo que involucra a un gen que impide que las células T del sistema inmunitario detecten y eliminen las células cancerosas metastásicas.

    Descubrieron que este gen puede ser activado por un factor de coagulación denominado tromboxano A2, el cual —como su nombre indica— ayuda a la sangre a formar coágulos cuando sufrimos una lesión.

    Como la aspirina inhibe el tromboxano, esta podría, por consiguiente, hacer que las células cancerosas resulten más visibles para el sistema inmunitario. Este hallazgo supuso una sorpresa para el equipo.

    La investigación de Roychoudhuri se llevó a cabo en ratones, por lo que no podemos asegurar que los resultados sean válidos también para los seres humanos.

    Sin embargo, una intrigante investigación realizada por Langley y sus colegas ha demostrado que las personas que han padecido cáncer colorrectal o cáncer gastroesofágico presentan niveles de tromboxano mucho más elevados que los individuos sanos —incluso hasta seis meses después de un tratamiento exitoso—, lo que sugiere que esta sustancia podría ser también un factor impulsor de la metástasis en los seres humanos.

    ¿Una cura para todo?

    Un señor mayor tomándose una aspirina

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Algunos países ya recomiendan una dosis regular de aspirina para aquellas personas con un alto riesgo de cáncer.

    Sigue siendo objeto de debate quién exactamente debería tomar aspirina de forma regular y cuándo.

    Algunos investigadores consideran que los beneficios combinados en relación con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer deberían fomentar una mayor adopción de su uso.

    Burn, quien en el pasado tomó aspirina como medida preventiva, se muestra optimista respecto a su potencial para la salud pública.

    “Realizamos un amplio estudio en el que demostramos que, si todas las personas de unos 50 años tomaran una aspirina de dosis baja durante diez años, la mortalidad nacional por todas las causas se reduciría en un 4%”, afirmó Burn.

    Sin embargo, la mayoría de los investigadores sostienen que su uso debería restringirse únicamente a pacientes específicos.

    “Una cosa es administrar aspirina a una población con cáncer, pero otra muy distinta es ofrecer a la población sana algo que también podría perjudicarla”, dijo Martling.

    Esto se debe a que la aspirina puede tener efectos adversos graves y es poco probable que resulte eficaz para todas las personas o para todos los tipos de cáncer.

    Sin embargo, si usted padece el síndrome de Lynch o ha recibido tratamiento para el cáncer intestinal, podría valer la pena consultar si una dosis baja regular resultaría beneficiosa.

    “Consulte siempre a un médico u otro profesional de la salud antes de comenzar a tomar aspirina”, señala Langley.

    A medida que las investigaciones sobre la aspirina siguen acumulándose, es posible que aún nos aguarden algunas sorpresas.

    Pero, ¿se extenderá la larga historia de la aspirina otros 4.000 años hacia el futuro?

    Quizás nuestros descendientes utilicen versiones de este fármaco de formas que ni siquiera podemos empezar a imaginar.

    *Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Future. Para acceder a la versión original, haz clic aquí.

    ** Todo el contenido de esta columna se proporciona únicamente con fines de información general y no debe considerarse un sustituto del consejo de su propio médico o de cualquier otro profesional de la salud. La BBC no asume responsabilidad ni obligación alguna respecto a cualquier diagnóstico realizado por un usuario basándose en el contenido de este sitio. La BBC no se hace responsable del contenido de los sitios web externos que aquí se enumeran, ni respalda ningún producto o servicio comercial mencionado o recomendado en dichos sitios. Consulte siempre a su médico de cabecera si tiene alguna inquietud, por mínima que sea, acerca de su salud.

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  • La aspirina reduce el riesgo de algunos tipos de cáncer y estamos empezando a entender por qué

    La aspirina reduce el riesgo de algunos tipos de cáncer y estamos empezando a entender por qué

    Una mujer tiene dos pastillas de aspirina en una mano, y un frasco -del cual acaban de salir las pastillas- en la otra

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, La aspirina es uno de los analgésicos con más historia.

    Nick James, un ebanista británico de unos 45 años, comenzó a preocuparse por su salud después de que su mamá falleciera de cáncer y de que su hermano —junto con otros familiares— hubieran desarrollado posteriormente un cáncer intestinal.

    Tomó la decisión de hacerse pruebas genéticas, que revelaron que portaba un gen defectuoso, conocido por ser el causante del síndrome de Lynch, una afección que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar ese tipo de cáncer.

    Sin embargo, a James le llegó ayuda de un lugar inesperado cuando se convirtió en la primera persona en inscribirse en un ensayo clínico con el objetivo de determinar si una dosis diaria de aspirina —el analgésico de venta libre— podía ofrecer protección contra el desarrollo del cáncer.

    Aproximadamente el 80% de las personas con síndrome de Lynch van a desarrollar cáncer intestinal a lo largo de su vida.

    Sin embargo, hasta el momento, el panorama resulta favorable para James. “Lleva ya diez años tomando aspirina bajo nuestra supervisión y, hasta la fecha, no ha desarrollado ningún cáncer”, dijo John Burn, profesor de genética clínica en la Universidad de Newcastle y director del ensayo.

    Parece casi increíble y, sin embargo, desde hace tiempo hay indicios de que este fármaco podría reducir las probabilidades de que el cáncer colorrectal se disemine, o incluso de que llegue a manifestarse en primer lugar.

    Durante el último año, una serie de ensayos y estudios han reforzado dichas pruebas. Algunos países ya han modificado sus directrices médicas para incluir este fármaco como primera línea de protección para aquellas personas que presentan un mayor riesgo (si bien los expertos insisten en que esto debe realizarse siempre bajo la supervisión de un médico).

    Y por fin estamos empezando a comprender las razones por las que la aspirina produce un efecto tan enigmático.

    Raíces antiguas

    Publicidad en italiano de aspirina de principios del siglo XX

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Hacia la segunda mitad del siglo XIX, Bayer sintetizó por primera vez el ácido acetilsalicílico.

    Los más recientes hallazgos aportan un giro novedoso y extraordinario a la historia de uno de los medicamentos más antiguos y eficaces.

    A finales del siglo XIX, unos arqueólogos desenterraron tablillas de arcilla de 4.400 años de antigüedad en la antigua ciudad mesopotámica de Nippur —situada en lo que hoy es Irak—, con listas de una variedad de medicamentos que se elaboraban a partir de compuestos botánicos, animales y minerales.

    Entre ellos, figuraban las instrucciones para preparar una sustancia derivada del sauce.

    Hoy sabemos que esta contiene un compuesto químico conocido como salicina, y el organismo tiene la capacidad de transformarlo en ácido salicílico, una sustancia que ayuda a aliviar el dolor.

    Su estructura es muy similar a la de la aspirina moderna —el ácido acetilsalicílico—, aunque es más irritante para el estómago.

    Otras civilizaciones antiguas —entre ellas la egipcia, la griega y la romana— también recurrieron a este remedio.

    El estudio moderno del compuesto empezó en 1763, cuando el clérigo inglés Edward Stone escribió a la Royal Society para describir que la corteza de sauce, una vez seca y reducida a polvo, podía ayudar a bajar la fiebre.

    Aproximadamente un siglo después, los científicos lograron sintetizar el ácido salicílico transformándolo en el ácido acetilsalicílico —una variante menos corrosiva— y lo lanzaron al mercado bajo la marca Bayer.

    Un enfermero le toma la presión arterial a una paciente.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Gracias a sus efectos anticoagulantes, la aspirina puede recetarse a personas con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular.

    Cuando avanzamos un siglo más, vemos que los científicos empezaron a observar algunos beneficios inesperados de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares: la reducción del riesgo de coágulos sanguíneos al hacer que la sangre sea más fluida y las plaquetas sanguíneas, menos pegajosas.

    Por esta razón, organizaciones como el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido recomiendan dosis diarias bajas para personas con un alto riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.

    La lucha contra el cáncer

    Aspirinas en una cadena de producción de medicamentos.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En los 70 se empezaron a descubrir las propiedades anticancerígenas de la aspirina.

    Para 1972, los beneficios potenciales se habían extendido a la prevención del cáncer, gracias a un estudio en el que se inyectaron células tumorales a ratones.

    Los científicos estadounidenses descubrieron que añadir aspirina al agua que los animales consumían reducía el riesgo de que el cáncer se propagara por el organismo de manera significativa—un proceso que se conoce como metástasis—, en comparación con los ratones a los que no se les administró el fármaco.

    Si bien el descubrimiento generó cierto entusiasmo, “no quedó claro de inmediato cómo repercutiría esto en la práctica clínica”, afirma Ruth Langley, profesora de oncología y ensayos médicos en el University College de Londres.

    Al fin y al cabo, no resultaba obvio si el fármaco tendría el mismo efecto en los seres humanos; lo que significaba que el hallazgo seguía siendo, si acaso, una curiosidad, más que un tratamiento con el potencial de cambiar vidas.

    Un punto de inflexión se produjo en 2010, cuando Peter Rothwell, profesor de neurología clínica en la Universidad de Oxford (Reino Unido), retomó y reexaminó los datos —mucho más abundantes— relativos al uso de la aspirina en la prevención de enfermedades cardiovasculares.

    En sus análisis, el fármaco parecía reducir tanto la incidencia como la propagación del cáncer, algo que generó un renovado interés tanto en la capacidad de la aspirina para ayudar a combatir la enfermedad como en los mecanismos por los que logra este efecto.

    No obstante, demostrar que la aspirina puede prevenir el cáncer en la población general constituye un desafío.

    En un mundo ideal, los investigadores reclutarían a una amplia muestra de personas: la mitad tomaría aspirina, mientras que el resto ingeriría una píldora de placebo; posteriormente, se compararía qué grupo presentaba las tasas más elevadas de la enfermedad.

    Pero como el cáncer puede tomar muchas décadas en manifestarse, la realización de un ensayo controlado aleatorio requeriría de un periodo de tiempo extremadamente prolongado y conllevaría un coste descomunal.

    “En realidad, resulta casi imposible”, explicó Anna Martling, profesora de cirugía en el Instituto Karolinska (Suecia).

    Por este motivo, los científicos han centrado su atención en grupos específicos, tales como aquellos que ya han padecido cáncer o quienes presentan una susceptibilidad genética a desarrollarlo.

    Evidencia creciente

    Un médico muestra una maqueta del intestino

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    Es aquí donde entra en escena el estudio de John Burn sobre pacientes con el síndrome de Lynch, una afección que aumenta drásticamente el riesgo de cáncer colorrectal y de otros tipos de cáncer.

    En 2020, Burn publicó los resultados de un ensayo controlado aleatorizado histórico en el que participaron 861 pacientes con esta afección.

    Después de realizar un seguimiento de 10 años a los participantes, su equipo descubrió que las personas que habían tomado una dosis diaria de 600 mg de aspirina durante al menos dos años redujeron eficazmente a la mitad su riesgo de padecer cáncer colorrectal.

    Su equipo llevó a cabo un segundo ensayo, que actualmente se encuentra en evaluación de pares.

    Los primeros resultados sugieren que una dosis mucho menor de aspirina (75-100 mg) es igual de eficaz o incluso más.

    “Las personas que tomaron aspirina durante dos años tuvieron un 50% menos de casos de cáncer de colon”, dijo. “Queremos continuar el estudio durante algunos años más, ya que los datos irán mejorando con el tiempo. (Nick James, el primer paciente en participar en el ensayo, fue uno de los que pareció beneficiarse).

    La dosis baja (75-100 mg) es similar a la que se toma habitualmente para la prevención de eventos cardiovasculares.

    Esto es relevante, debido a que la aspirina puede generar efectos secundarios desagradables —incluyendo indigestión, hemorragias internas, úlceras estomacales e incluso hemorragias cerebrales—, por lo que una dosis más baja resulta mucho tolerable.

    Los hallazgos ya han influido en políticas sanitarias.

    “En Reino Unido, las directrices se modificaron como resultado de nuestros hallazgos”, dijo Burn.

    Desde 2020, dichas directrices recomiendan que las personas con síndrome de Lynch comiencen a tomar aspirina alrededor de los 20 años de edad —en la mayoría de los casos—, o a los 35 años en los casos menos graves.

    Dados estos resultados, resulta natural preguntarse si la aspirina podría beneficiar a otros grupos de pacientes.

    Martling ha investigado si la aspirina es capaz de reducir el riesgo de metástasis en personas que ya han recibido un diagnóstico de cáncer colorrectal.

    Su equipo se centró en pacientes que presentaban mutaciones comunes en sus tumores intestinales o rectales.

    “De todos los pacientes que desarrollan cáncer colorrectal, el 40% presenta alguna de las mutaciones que hemos estudiado”, explicó.

    Investigaciones previas habían sugerido que estas personas podrían responder de manera particularmente favorable al tratamiento con aspirina.

    Un doctor le enseña una colonoscopia en una pantalla a un paciente.

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    El ensayo controlado aleatorizado -de tres años de duración- contó con la participación de 2.980 pacientes: un grupo tomó 160 mg diarios de aspirina —iniciando el tratamiento dentro de los tres meses posteriores a la cirugía—, mientras que el otro recibió un placebo.

    El grupo tratado con aspirina presentó menos de la mitad del riesgo de recurrencia, lo que representa un tamaño del efecto altamente significativo. “Se trata de un grupo numeroso de pacientes”, dijo Martling.

    Es más, tanto el ensayo de Martling como el de Burn revelaron muy pocos casos de efectos adversos entre las personas que tomaban aspirina.

    El estudio de Martling, publicado en septiembre de 2025, transformó rápidamente la práctica médica en Suecia.

    Desde enero de 2026, los pacientes con cáncer intestinal en el país han comenzado a someterse a pruebas de detección de las mutaciones, y se les ofrece una dosis baja de aspirina en caso de que las presenten.

    Aún no está claro si la aspirina podría proteger a los pacientes también contra otros tipos de cáncer; sin embargo, es posible que pronto tengamos algunas respuestas.

    Actualmente, Langley dirige un gran ensayo controlado aleatorizado con 11.000 participantes que han padecido cáncer colorrectal, de mama, gastroesofágico o de próstata en Reino Unido, Irlanda e India.

    Su equipo analizará el efecto de una dosis preventiva diaria de aspirina de 100 mg o 300 mg, y esperan obtener resultados el próximo año.

    “Realmente somos los primeros en explorar el papel de la aspirina en otros tipos de tumores”, dijo.

    Su objetivo es replicar los hallazgos de Martling en relación con el cáncer colorrectal, así como recaudar fondos para investigar también las implicaciones de las mutaciones específicas en los otros tipos de cáncer.

    La replicación es fundamental, señaló, dado que las autoridades prefieren contar —idealmente— con dos conjuntos de resultados de ensayos clínicos antes de formular recomendaciones para los pacientes.

    ¿Cómo funciona?

    Publicidad de aspirina en México

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    Pie de foto, La aspirina se consume en todo el mundo.

    El mecanismo preciso mediante el cual la aspirina previene el cáncer ha permanecido como un misterio durante mucho tiempo.

    “Este fantástico fármaco actúa tanto dentro como fuera de la célula”, explicó Martling, por lo que podrían estar implicados varios mecanismos diferentes.

    Sus propios trabajos señalan a una enzima intracelular denominada COX-2, la cual, como sabemos, es inhibida por la aspirina.

    Esta enzima contribuye a la producción de compuestos de naturaleza hormonal llamados prostaglandinas, los cuales, a su vez, activan una vía de señalización que puede derivar en un crecimiento celular descontrolado.

    Una investigación reciente realizada por Rahul Roychoudhuri —profesor de inmunología oncológica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido)— y sus colegas sugiere que podría existir otro mecanismo que involucra a un gen que impide que las células T del sistema inmunitario detecten y eliminen las células cancerosas metastásicas.

    Descubrieron que este gen puede ser activado por un factor de coagulación denominado tromboxano A2, el cual —como su nombre indica— ayuda a la sangre a formar coágulos cuando sufrimos una lesión.

    Como la aspirina inhibe el tromboxano, esta podría, por consiguiente, hacer que las células cancerosas resulten más visibles para el sistema inmunitario. Este hallazgo supuso una sorpresa para el equipo.

    La investigación de Roychoudhuri se llevó a cabo en ratones, por lo que no podemos asegurar que los resultados sean válidos también para los seres humanos.

    Sin embargo, una intrigante investigación realizada por Langley y sus colegas ha demostrado que las personas que han padecido cáncer colorrectal o cáncer gastroesofágico presentan niveles de tromboxano mucho más elevados que los individuos sanos —incluso hasta seis meses después de un tratamiento exitoso—, lo que sugiere que esta sustancia podría ser también un factor impulsor de la metástasis en los seres humanos.

    ¿Una cura para todo?

    Un señor mayor tomándose una aspirina

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    Pie de foto, Algunos países ya recomiendan una dosis regular de aspirina para aquellas personas con un alto riesgo de cáncer.

    Sigue siendo objeto de debate quién exactamente debería tomar aspirina de forma regular y cuándo.

    Algunos investigadores consideran que los beneficios combinados en relación con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer deberían fomentar una mayor adopción de su uso.

    Burn, quien en el pasado tomó aspirina como medida preventiva, se muestra optimista respecto a su potencial para la salud pública.

    “Realizamos un amplio estudio en el que demostramos que, si todas las personas de unos 50 años tomaran una aspirina de dosis baja durante diez años, la mortalidad nacional por todas las causas se reduciría en un 4%”, afirmó Burn.

    Sin embargo, la mayoría de los investigadores sostienen que su uso debería restringirse únicamente a pacientes específicos.

    “Una cosa es administrar aspirina a una población con cáncer, pero otra muy distinta es ofrecer a la población sana algo que también podría perjudicarla”, dijo Martling.

    Esto se debe a que la aspirina puede tener efectos adversos graves y es poco probable que resulte eficaz para todas las personas o para todos los tipos de cáncer.

    Sin embargo, si usted padece el síndrome de Lynch o ha recibido tratamiento para el cáncer intestinal, podría valer la pena consultar si una dosis baja regular resultaría beneficiosa.

    “Consulte siempre a un médico u otro profesional de la salud antes de comenzar a tomar aspirina”, señala Langley.

    A medida que las investigaciones sobre la aspirina siguen acumulándose, es posible que aún nos aguarden algunas sorpresas.

    Pero, ¿se extenderá la larga historia de la aspirina otros 4.000 años hacia el futuro?

    Quizás nuestros descendientes utilicen versiones de este fármaco de formas que ni siquiera podemos empezar a imaginar.

    *Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Future. Para acceder a la versión original, haz clic aquí.

    ** Todo el contenido de esta columna se proporciona únicamente con fines de información general y no debe considerarse un sustituto del consejo de su propio médico o de cualquier otro profesional de la salud. La BBC no asume responsabilidad ni obligación alguna respecto a cualquier diagnóstico realizado por un usuario basándose en el contenido de este sitio. La BBC no se hace responsable del contenido de los sitios web externos que aquí se enumeran, ni respalda ningún producto o servicio comercial mencionado o recomendado en dichos sitios. Consulte siempre a su médico de cabecera si tiene alguna inquietud, por mínima que sea, acerca de su salud.

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