Pie de foto, El exceso de grasa corporal, que puede perjudicar la condición física, causa diabetes y enfermedades cardíacas.Información del artículo
Autor, Sumeeran Preet Kaur
Título del autor, Periodista de la BBC
Tiempo de lectura: 6 min
Muchas personas acuden al gimnasio para perder grasa abdominal, pero algunas no le prestan realmente atención.
La grasa abdominal es una preocupación común entre los jóvenes que cuidan su aspecto físico y su salud.
Debido a esta grasa que se ha acumulado alrededor de su zona media, ya no pueden usar ropa que les resulte cómoda y les quede bien.
Este problema no se limita al simple acto de vestir ropa que se ajuste a los gustos personales. Se ha demostrado que la grasa abdominal puede poner en peligro la salud.
Puede causar numerosos y graves problemas de salud, entre ellos presión arterial alta, niveles elevados de azúcar en la sangre y problemas relacionados con el colesterol.
Estas afecciones derivan de la grasa localizada en la zona abdominal.
Asimismo, aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y enfermedades cardíacas.
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Una investigación publicada por la Universidad de Harvard revela que un tipo de proteína, denominada citocina, se produce en mayores cantidades cuando se acumula grasa en la región abdominal. Esta proteína provoca inflamación en el organismo.
La grasa abdominal también produce otra proteína llamada angiotensina. Esta proteína puede provocar un estrechamiento de los vasos sanguíneos y presión arterial alta.
En consecuencia, aumenta el riesgo de padecer demencia, asma y ciertos tipos de cáncer.
Según el Dr. Shiv Kumar Choudhry, cardiólogo del Hospital Fortis Escorts de Delhi, en India, la grasa abdominal es más peligrosa que la grasa almacenada en otras partes del cuerpo.
“Cuando las células de grasa abdominal se rompen, se liberan numerosas sustancias tóxicas. Estas sustancias provocan la inflamación de los vasos sanguíneos del corazón, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas. También conducen a la resistencia a la insulina, lo cual eleva el riesgo de diabetes”, explica.
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Pie de foto, La grasa abdominal es una fuente de problemas tales como la presión arterial alta, el nivel alto de azúcar en la sangre y el colesterol alto.
Según los expertos, numerosos factores pueden conducir a una acumulación de grasa abdominal, tales como la genética, los cambios hormonales, la edad, el exceso de peso y la menopausia.
Un estilo de vida desequilibrado y una dieta inadecuada también contribuyen a este fenómeno.
Los especialistas en salud afirman que es posible reducir la grasa abdominal adoptando una dieta equilibrada, realizando actividad física diaria y manteniendo hábitos de vida saludables.
Para reducir la grasa abdominal, es importante centrarse en ciertos puntos clave. Aquí te ofrecemos cinco recomendaciones.
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Pie de foto, El ejercicio es importante para controlar la acumulación de grasa abdominal.
1. Evita cenar justo antes de la hora de dormir
No se recomienda comer entre dos y tres horas antes de irse a dormir. Las calorías provenientes de los alimentos consumidos durante el día se convierten en energía para las actividades diarias.
Sin embargo, los alimentos consumidos por la noche no funcionan de la misma manera.
En consecuencia, comienzan a almacenarse en el cuerpo, lo que conduce al aumento de peso.
2. Adopta una dieta equilibrada
Si consumes alimentos ricos en fibra, no sentirás hambre rápidamente.
Si tu dieta incluye fibra, el tránsito de los alimentos del estómago a los intestinos se ralentizará.
Esto te permitirá sentirte saciado por más tiempo.
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Pie de foto, Si consumes alimentos ricos en fibra, no sentirás hambre durante más tiempo y comerás menos, lo cual reduce el riesgo de obesidad.
Incorpora proteínas a tu dieta. Te ayudan a sentirte saciado por más tiempo y reducen los antojos.
Disminuyen los niveles de grelina -la hormona que estimula el hambre-, previniendo así los antojos.
Las proteínas fortalecen los músculos, aceleran el metabolismo y aumentan tu capacidad para quemar calorías.
Añade alimentos ricos en proteínas a tu dieta diaria, tales como huevos, lentejas, leche, queso, yogur, pescado, aves y soja.
3. Evita los alimentos ricos en carbohidratos altamente procesados y refinados
Alimentos como el pan integral, las papas fritas y los aperitivos salados -que son bajos en fibra o contienen muy poca- se digieren rápidamente y pueden provocar un aumento repentino en los niveles de azúcar en la sangre.
Cuando los niveles de azúcar en la sangre fluctúan de manera tan drástica, no solo aumenta el hambre, sino que también se eleva el riesgo de aumento de peso y de diabetes tipo 2.
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Pie de foto, Los expertos aconsejan evitar los aperitivos ultraprocesados, tales como pasteles, galletas y productos de repostería. Este tipo de alimentos favorece la rápida acumulación de grasa abdominal.
En lugar de estos alimentos procesados, opta por opciones saludables, tales como pan integral, aperitivos horneados o ligeramente fritos, frutas y frutos secos.
Evita los alimentos ricos en azúcar y calorías. Reduce tu consumo de alcohol y deja de fumar.
4. Duerme lo suficiente
Si no duermes lo suficiente, esto puede afectar las hormonas del hambre y hacer que desees comer más.
Según investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles, la grelina -una hormona producida por el estómago que estimula el hambre- aumenta cuando la calidad del sueño es deficiente.
A menudo se dice que se debe evitar y gestionar el estrés. Cuando se está bajo estrés, los niveles de cortisol -la hormona del estrés- aumentan en el torrente sanguíneo.
Sin embargo, cuando estamos estresados, no prestamos atención a lo que comemos; en su lugar, tendemos a comer cualquier alimento que tengamos a mano para distraernos del estrés.
5. Haz ejercicio
Mantenerse activo mediante el ejercicio físico o cualquier tipo de entrenamiento ayuda a quemar calorías. Esto contribuye a reducir la grasa corporal, particularmente aquella que se acumula alrededor de la zona media del cuerpo.
Actividades diarias como caminar a paso ligero, correr, andar en bicicleta, nadar o practicar yoga no solo ayudan a reducir la grasa corporal, sino que también aceleran el metabolismo.
El ejercicio fortalece los músculos y preserva la salud cardíaca. A medida que disminuye la grasa abdominal, también se reduce el riesgo de padecer diabetes, presión arterial alta y enfermedades cardíacas.
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Tras casi un siglo de desarrollo, los tratamientos que refuerzan el sistema inmunológico del cuerpo para combatir el cáncer están alcanzando su madurez y salvando la vida de los pacientes.
Cuando Maureen Sideris, de 71 años, recibió tratamiento para el cáncer de colon en 2008, tuvo que pasar por el quirófano.
Aunque su tratamiento fue exitoso, la recuperación posoperatoria resultó extenuante.
Catorce años después, Sideris, que reside en Nueva York, fue diagnosticada con cáncer de esófago y, en esta ocasión, su tratamiento -ofrecido a través de un ensayo clínico- resultó ser radicalmente diferente.
Cada tres semanas viajaba al Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en la ciudad de Nueva York, para recibir infusiones de 45 minutos de un fármaco llamado dostarlimab.
Tras apenas cuatro meses de tratamiento, el tumor de Sideris había desaparecido sin cirugía, quimioterapia ni radiación, y con el único efecto secundario de una insuficiencia suprarrenal que le provocaba fatiga.
“Es increíble”, afirma Sideris. “Es casi como ciencia ficción”.
Y, sin embargo, es real. Ella es una de cada vez más pacientes que se están beneficiando de la inmunoterapia contra el cáncer, un método de tratamiento que está alcanzando su pleno apogeo tras más de un siglo de desarrollo.
“Se me hace un nudo en la garganta y se me pone la piel de gallina”, comenta Jennifer Wargo, profesora de oncología quirúrgica e investigadora en inmunoterapia en el MD Anderson Cancer Center de Texas.
“La gente está viviendo, y viviendo con una buena calidad de vida. Estamos hablando de curaciones”, sentencia.
El cuerpo posee una capacidad natural para “detectar y eliminar aquellas células que no se parecen a uno mismo”, explica Karen Knudsen, directora ejecutiva del Parker Institute for Cancer Immunotherapy, una organización estadounidense sin fines de lucro que promueve el desarrollo de la inmunoterapia.
Si todo funciona correctamente, esto debería incluir a las células que se han vuelto cancerosas, pero estas en ocasiones eluden o burlan este sistema, lo que conduce a un peligroso crecimiento sin control. Se ocultan a plena vista, resultando indistinguibles de las células sanas que las rodean.
El objetivo de la inmunoterapia es desenmascarar esas células cancerosas para que el sistema inmunológico pueda reconocerlas tal como son. Refuerza sus defensas para que pueda localizar y destruir las células cancerosas, con resultados potencialmente increíbles.
Cómo la inmunoterapia combate hoy el cáncer
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Pie de foto, Un técnico trabaja en un laboratorio de producción de terapias con células CAR-T en las instalaciones de IASO Biotechnology Co., en Nanjing, China.
Dos de las formas más conocidas de inmunoterapia son las terapias con células T con receptor de antígeno quimérico (CAR-T) y los inhibidores de puntos de control inmunitario.
Las terapias con células CAR-T implican extraer células T (las células inmunitarias altamente específicas que rastrean y eliminan invasores extraños) de la sangre de un paciente, modificarlas en un laboratorio para que puedan localizar y atacar las células cancerosas y, posteriormente, reintroducir estas células T potenciadas en el organismo.
Actualmente, estas terapias se utilizan para tratar los cánceres hematológicos.
Por su parte, los inhibidores de puntos de control inmunitario son fármacos que desactivan un interruptor de “apagado” integrado en el sistema inmunitario.
Esta salvaguarda tiene un propósito importante: prevenir respuestas inmunitarias excesivamente agresivas que dañen las células sanas. Sin embargo, algunas células cancerosas pueden accionar este interruptor, provocando que las células T bajen la guardia y escapen a su detección.
Los inhibidores impiden que esto suceda, lo que permite que las células T identifiquen a las células cancerosas como una amenaza y lancen un ataque contra ellas.
Los científicos pioneros de esta innovación obtuvieron el Premio Nobel en 2018 y hoy estos fármacos se utilizan para tratar una amplia variedad de tipos de cáncer.
No obstante, ambos métodos presentan limitaciones. Aunque la investigación continúa, los científicos han tenido dificultades para lograr que las terapias CAR-T sean eficaces contra los tumores sólidos (a diferencia de los cánceres hematológicos), que representan más del 90 % de los nuevos diagnósticos.
Además, se trata de un tratamiento costoso cuya administración requiere una gran inversión de tiempo y recursos.
Por otro lado, los inhibidores de puntos de control inmunitario pueden acarrear un “caleidoscopio de efectos secundarios”, afirma Samra Turajlic, oncóloga médica del Instituto Francis Crick de Londres.
Esto se debe a que los interruptores del sistema inmunitario evitan que el organismo ataque sus propios tejidos; por tanto, eliminarlos puede poner en riesgo tanto a las células sanas como a los propios tumores.
Fuente de la imagen, Emmanuel Lafont/BBC
Pie de foto, Las células cancerosas a menudo pueden parecerse a las células sanas que las rodean, por lo que el sistema inmunitario puede necesitar señales que le ayuden a identificarlas.
Según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, entre los efectos secundarios más comunes se incluyen erupciones cutáneas, diarrea y fatiga, y en casos excepcionales pueden provocar inflamación del hígado, el corazón y los riñones.
Esto puede valer la pena si el fármaco logra controlar un cáncer agresivo, aunque no siempre funciona así.
Un problema fundamental, señala Turajlic, es que ninguna inmunoterapia es eficaz en el 100 % de los pacientes por diversas razones, desde la estructura del tumor -que puede dificultar el acceso del sistema inmunitario- hasta las características de las propias células inmunitarias.
En general, entre el 20% y el 40% de los pacientes responden a la inmunoterapia. Esto significa que un gran número -la mayoría- se expone a efectos secundarios, además de pérdida de tiempo y expectativas, sin obtener grandes beneficios.
Enfoques multifacéticos
¿Cómo pueden beneficiarse más pacientes de la inmunoterapia? Los investigadores están abordando este problema desde múltiples ángulos.
Las investigaciones de Wargo, aunque preliminares, sugieren que los pacientes que siguen dietas ricas en fibra podrían obtener mejores resultados gracias a cambios en el microbioma intestinal que influirían tanto en el sistema inmunitario como en el tumor.
Otras investigaciones sorprendentes indican que las estatinas -fármacos económicos y accesibles para reducir el colesterol- podrían potenciar los efectos de la inmunoterapia mediante cambios inesperados en la comunicación celular.
Incluso el momento de la administración del tratamiento podría ser relevante: estudios recientes sugieren que los pacientes que reciben la dosis a primera hora del día obtienen mejores resultados que aquellos tratados más tarde.
Combinar la inmunoterapia con otros tratamientos oncológicos, como la radioterapia o la ecoterapia, podría ser otra vía para aumentar las tasas de respuesta.
“La radiación puede, de hecho, hacer que el tumor resulte visible para el sistema inmunitario”, explica Sandra Demaria, del Weill Cornell Medical Center, quien ha investigado este enfoque combinado.
La ecoterapia -que utiliza ondas sonoras de alta frecuencia para atacar los tumores- podría lograr el mismo efecto.
Otros investigadores están aprovechando la capacidad de personalización de la inmunoterapia para asignar cuidadosamente a cada paciente el tratamiento más adecuado para su caso.
La medicina personalizada está generando gran entusiasmo en numerosas disciplinas, pero Knudsen subraya que resulta especialmente importante en oncología, dada la heterogeneidad de la enfermedad.
“El cáncer no es una sola enfermedad. Son 200 enfermedades distintas, todas con orígenes diferentes y que, por tanto, requieren tratamientos diferenciados”, afirma la directora ejecutiva del Parker Institute for Cancer Immunotherapy.
Incluso dos pacientes que presenten exactamente el mismo tipo y estadio de cáncer pueden padecer enfermedades distintas a nivel celular.
“Este campo se encuentra en un punto de inflexión”, señala Demaria.
Y asegura que “ahora podemos avanzar hacia un modelo en el que no tratemos el cáncer en sí, sino al paciente”.
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Pie de foto, La personalización de los tratamientos se presenta como una de las ventajas de la inmunoterapia.
Científicos del Memorial Sloan Kettering Cancer Center ya han puesto a prueba una estrategia prometedora basada en el hallazgo de que los tumores con un perfil genético específico tienden a responder favorablemente a los inhibidores de los puntos de control inmunitario, como el dostarlimab.
En dos ensayos de pequeña escala realizados en 2022 y 2024 para el tratamiento de cánceres rectales con este perfil, el tratamiento logró erradicar los tumores por completo.
Posteriormente, el equipo amplió su investigación para incluir a 117 pacientes con diversos tipos de tumores -incluidos los de esófago, vejiga y estómago- que presentaban la misma firma genética.
De las 103 personas que completaron el ciclo de tratamiento, 84 -entre ellas Sideris- experimentaron la desaparición total de sus tumores; y de estas, solo dos requirieron cirugía adicional.
Investigadores del MD Anderson han reportado resultados similares con un enfoque que emplea un inhibidor de puntos de control inmunitario diferente.
Asimismo, otros grupos han demostrado que, incluso si los pacientes terminan sometiéndose a cirugía, sus resultados pueden ser mejores -al menos en algunos casos- si los tumores son tratados previamente con inmunoterapia.
Si bien se requiere más investigación, estos hallazgos son prometedores ya que abren la puerta a una era de tratamiento menos invasiva pero altamente eficaz, afirma Luis Díaz, jefe de oncología de tumores sólidos en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center.
Díaz afirma que “debemos dejar atrás la época medieval y avanzar hacia la modernidad”.
“Extirpar el recto, el estómago o la vejiga… tenemos que ser capaces de ofrecer algo mejor que eso”, sentencia.
La salvedad es que solo alrededor del 5% de los tumores poseen la composición genética que los hace idóneos para el tratamiento con inmunoterapia sin cirugía que estudiaron Díaz y sus colegas.
“El otro 95% necesita una alternativa igual de eficaz”, señala.
La promesa de las vacunas contra el cáncer
Con ese fin, los investigadores continúan buscando nuevos enfoques de inmunoterapia e intentando perfeccionar los ya existentes, como las vacunas contra el cáncer.
Las vacunas tradicionales exponen al organismo a fragmentos de un patógeno -como un virus- para que pueda ensayar la respuesta inmunitaria que desplegaría ante el agente real.
Un concepto similar podría aplicarse al cáncer, explica Knudsen, con la diferencia de que en este caso se utilizaría para tratar la enfermedad en lugar de prevenirla.
Fuente de la imagen, Emmanuel Lafont/BBC
Pie de foto, Con inmunoterapias personalizadas, los médicos podrán activar las defensas del organismo con mayor precisión, aumentando las probabilidades de remisión.
Las células cancerosas están recubiertas de diversas proteínas de superficie. Mediante el uso de tecnología de vacunas, los investigadores podrían entrenar el sistema inmunitario de un paciente para que reconozca y ataque estas proteínas, desencadenando así una respuesta contundente contra su cáncer específico, explica Knudsen.
Ya existen algunas pruebas preliminares que respaldan este enfoque: investigadores del Instituto del Cáncer Dana-Farber, en Estados Unidos, crearon recientemente vacunas personalizadas para nueve personas que padecían un tipo de cáncer de riñón.
Tras la extirpación quirúrgica de sus tumores, se vacunó a los pacientes para eliminar de sus organismos cualquier célula tumoral residual.
En una investigación publicada en 2025, el equipo informó que los nueve pacientes generaron una respuesta inmunitaria anticancerosa dirigida y se mantuvieron libres de cáncer años después de la cirugía.
Las vacunas personalizadas también han mostrado resultados prometedores en el tratamiento del melanoma.
“Nos adentramos en un mundo nuevo. Es la definición misma de la medicina de precisión. Ahora tal vez podamos desarrollar, y de manera muy rápida, estrategias de vacunación dirigidas específicamente contra el tumor exacto que padece cada paciente”, afirma Knudsen.
A pesar de este entusiasmo, el camino por recorrer es largo.
Se requieren más estudios para validar algunos de los prometedores métodos que están en investigación, así como para avanzar hacia un futuro en el que los médicos puedan asignar de forma precisa y fiable a cada paciente el tratamiento más eficaz contra su cáncer específico.
“Han surgido muchos objetivos terapéuticos y nuevos agentes muy prometedores que, sin embargo, no lograron avanzar más allá de las fases iniciales de los ensayos clínicos”, advierte Demaria.
Es posible que un subgrupo de pacientes no responda a ningún tipo de inmunoterapia, señala Díaz.
Los distintos tipos de cáncer poseen diferentes “superpoderes” que les permiten crecer y prosperar; en consecuencia, el sistema inmunitario es un adversario más eficaz contra algunos de ellos que contra otros.
No obstante, para aquellos pacientes que sí responden, la inmunoterapia ya está demostrando ser una herramienta capaz tanto de salvar vidas como de transformarlas radicalmente.
Sideris, la paciente neoyorquina que participó en el ensayo de Díaz, siente que forma parte de un futuro más esperanzador para la oncología. “Avanzamos en una dirección magnífica”, comenta.
“Uno de los médicos me dijo que, dentro de diez años, someterse a cualquier tipo de quimioterapia o radioterapia será tan anacrónico como las sangrías: algo totalmente obsoleto”, sentencia.
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Pie de foto, La cueva de Lechuguilla es una de las cuevas de piedra caliza más largas y profundas del mundo.Información del artículo
En las profundidades de la tierra, a 489 metros bajo el desierto de Chihuahua, en el sur de Nuevo México, se encuentra la cueva Lechuguilla, una caverna que se extiende a lo largo de 240 kilómetros.
No hay luz, y apenas hay alimento. Cualquier ser vivo debe sobrevivir en condiciones de casi inanición.
“Puedes ingresar por una de las entradas y recorrer 16 horas en una dirección antes de llegar al final”, afirma Hazel Barton, profesora de ciencias geológicas de la Universidad de Alabama.
“Así que estás muy, muy, muy lejos de la entrada. Estás aislado. Hay más gente ha pisado la Luna que algunos de los lugares de esa cueva”.
Sin embargo, a pesar de la oscuridad, existe una asombrosa diversidad de vida microbiana.
Debido a que las bacterias han estado aisladas durante millones de años, ofrecen una ventana única al pasado. Es más, cada una ha desarrollado una estrategia diferente para sobrevivir.
Algunas extraen energía de las rocas y la atmósfera. Otras son depredadoras que se alimentan de otras bacterias.
“Como en la selva tropical, vemos depredadores que simplemente entran corriendo, atrapan, atacan y matan a otros microbios”, explica Barton. “Pero también vemos otros microbios que colaboran para obtener nutrientes y energía de un sistema que, de otro modo, no podría generar la energía suficiente para sobrevivir”.
Las bacterias tienen además un as bajo la manga aún más sorprendente: son resistentes a la mayoría de los antibióticos, a pesar de haber estado atrapadas en una cueva formada hace seis millones de años, la mayor parte de la cual permaneció completamente aislada de los humanos hasta 1986.
Esta resistencia no solo es un fenómeno natural extraordinario, sino que ahora está ayudando a los investigadores a encontrar fármacos capaces de resistir el avance de la resistencia antimicrobiana en la medicina moderna.
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Pie de foto, La resistencia a los antibióticos de las bacterias aisladas en las cuevas está ayudando a los investigadores a encontrar nuevos fármacos.
Pero retrocedamos un poco. Hoy en día, la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos, a menudo llamadas “superbacterias”, constituye una creciente crisis sanitaria mundial.
Estas bacterias patógenas causantes de enfermedades han desarrollado resistencia a múltiples tipos de antibióticos, lo que dificulta el tratamiento de las infecciones.
Se determinó que la resistencia bacteriana a los antimicrobianos (RAM) fue directamente responsable de 1,14 millones de muertes en 2021, y se estima que 39 millones de personas morirán a causa de la RAM entre 2025 y 2050.
Se calcula que millones de niños ya mueren cada año por infecciones resistentes a los antibióticos.
La causa de la crisis de la RAM se suele atribuir al mal uso y al uso excesivo de antimicrobianos en humanos, animales y plantas. Sin embargo, esta no es la historia completa.
Un fenómeno que no es nuevo
En 2006, Gerard Wright, profesor de Bioquímica y Estudios Biomédicos en la Universidad McMaster de Ontario, descubrió bacterias que viven en el suelo repletas de genes de resistencia a los antibióticos.
Estos microbios que habitan en el lodo tenían exactamente los mismos genes de resistencia que se encuentran en las bacterias que causan enfermedades en los humanos.
“No se trataba de bacterias patógenas. No causaban enfermedades. Simplemente estaban ahí, sin causar problemas”, afirma Wright.
Esto sugería que la resistencia a los antimicrobianos no era un fenómeno nuevo y que, de hecho, estaba integrada en muchas bacterias.
Este hallazgo se vio respaldado por el hecho de que también se han encontrado bacterias resistentes en núcleos de hielo glaciar extraídos de la Antártida, así como en los suelos, mares y rocas de este continente aislado.
También se han descubierto bacterias resistentes a los antimicrobianos en el permafrost antiguo, así como en la microbiota intestinal de los habitantes de una tribu aislada de la selva amazónica.
Sin embargo, el hallazgo de Wright por sí solo no bastó para convencer a la comunidad científica de que la resistencia a los antimicrobianos había surgido sin contacto humano.
Al fin y al cabo, el uso excesivo de antibióticos en la agricultura está bien documentado. Las bacterias del suelo podrían haber entrado en contacto con los antibióticos de esta manera.
“Vivimos en la era antropogénica, así que no hay lugar que no tenga evidencia de actividad humana, ya sea en la cima del Everest o en el fondo de la Fosa de las Marianas”, concluye Wright.
Lo que se necesitaba era un entorno prístino, aislado de la actividad humana durante milenios. Así surgió la cueva de Lechuguilla.
Esta cueva se formó hace millones de años a partir del agua de lluvia que se filtraba a gran profundidad. El agua se combinó con sulfuro de hidrógeno en las profundidades de la Tierra, creando ácido sulfúrico.
Este ácido ascendió a gran presión, disolviendo la piedra caliza a su paso. Finalmente, el agua rica en ácido chocó contra una capa de arenisca insoluble.
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Pie de foto, La causa de la crisis de la resistencia a los antibióticos se suele atribuir al mal uso y al uso excesivo de antimicrobianos en humanos, animales y plantas.
“Debido a esa capa de roca, nada puede entrar en la cueva”, explica Barton.
“Las cuevas se formaron hace millones de años, y el agua superficial tarda unos 1.000 años en llegar a la zona donde estábamos tomando muestras. Además, era un pasaje recién descubierto al que, según sabemos, ningún ser humano había accedido antes”.
En otras palabras, no hay posibilidad de que antibióticos hayan llegado a las cuevas.
Barton lleva más de 20 años estudiando la vida microscópica en cuevas. Es una de las pocas personas con acceso a la cueva de Lechuguilla.
Por ello, en 2012, se unió a Wright para investigar si estos microbios también podrían ser resistentes a los antibióticos.
Barton descendió a la cueva de Lechuguilla para recoger muestras. La cueva tiene más de 366 metros de profundidad, por lo que para obtener las muestras fue necesario descender en rápel por una docena de cuerdas. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena.
“Como era de esperar, descubrimos que todos los microbios presentes eran resistentes a prácticamente todos los antibióticos naturales que se han utilizado en la práctica clínica”, afirma Barton.
Esto tiene sentido desde una perspectiva evolutiva.
Competencia de millones de años
“Los mecanismos y las vías que conducen a la resistencia a los antibióticos no se forman rápidamente”, explica Barton.
“Si observamos la estructura de un antibiótico, vemos que se trata de una molécula que probablemente tardó cientos de millones, si no miles de millones, de años en formarse, por lo que es probable que la resistencia a estos antibióticos sea tan antigua como los propios antibióticos”.
Sin embargo, las bacterias seguían siendo eliminadas por antibióticos sintéticos o semisintéticos, ya que nunca habían estado expuestas a ellos.
Un microbio, una cepa bacteriana no patógena llamada Paenibacillus sp. LC231, era resistente a 26 de los 40 antibióticos analizados, incluida la daptomicina, un antibiótico relativamente nuevo que se considera un último recurso contra bacterias resistentes a los medicamentos como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM).
Los investigadores secuenciaron el genoma completo de Paenibacillus sp. LC231 y descubrieron que muchos de los genes de resistencia eran idénticos a los encontrados en bacterias conocidas resistentes a los antibióticos.
Sin embargo, el equipo también identificó cinco genes de resistencia que nunca antes se habían detectado.
Curiosamente, una especie emparentada con el antiguo y aislado Paenibacillus —una especie formadora de esporas que se encuentra ampliamente distribuida en la superficie— también posee los mismos mecanismos de resistencia.
Esto significa que la resistencia a los antibióticos evolucionó antes de que las bacterias quedaran atrapadas en la cueva, no después.
“La conclusión principal para nosotros, y la razón por la que intentábamos hacer esto, era demostrar que la resistencia a los antibióticos forma parte de la historia natural de los microorganismos en el planeta”, afirma Wright.
“La mayoría de los antibióticos provienen de bacterias y hongos, por lo que llevan produciéndolos y compitiendo entre sí durante cientos de millones, si no miles de millones de años”.
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Pie de foto, El lago Castrovalva es uno de los varios lagos que se encuentran dentro de la cueva de Lechuguilla.
Según Wright, durante la mayor parte de la historia de la Tierra, la resistencia a los antibióticos se ha limitado a cepas bacterianas no patógenas, es decir, aquellas que no causan enfermedades.
Sin embargo, nuestro uso generalizado de antibióticos para tratar infecciones ha ejercido una fuerte presión selectiva que ha impulsado a los microbios patógenos a adoptar también estas defensas.
Dado que las bacterias pueden transmitir genes rápidamente entre sí, la resistencia antimicrobiana se ha propagado con rapidez.
No obstante, es posible que el entorno hostil de las cuevas haya propiciado que las bacterias conserven y perfeccionen sus defensas.
Como los nutrientes y los recursos son tan escasos, las bacterias deben competir entre sí para sobrevivir, afirma Barton. Es probable que se produzca una guerra microbiana.
“Si se reduce la cantidad de recursos disponibles para una comunidad, esta se volverá mucho más agresiva y habrá mucha más lucha interna entre los microbios”, explica Barton.
Como era de esperar, los biólogos encontraron microbios en las cuevas que liberaban antibióticos sin control. Una muestra produjo 38 compuestos antimicrobianos diferentes, con tres estructuras antibióticas novedosas.
La utilidad del descubrimiento
¿Podríamos usar este nuevo conocimiento para ayudarnos en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos?
Es posible que descubrir el valioso arsenal secreto de las bacterias ayude a desarrollar nuevos tratamientos.
Tradicionalmente, los científicos han descubierto nuevos antibióticos explorando la naturaleza, tomando muestras de agua y suelo, y tratando minuciosamente de purificar y extraer los compuestos que podrían ser beneficiosos.
En 2025, Wright y sus colegas descubrieron una nueva y prometedora clase de antibióticos en el suelo.
Encontrar bacterias en áreas aisladas e inexploradas podría ser útil, ya que es posible que los microbios de las cuevas produzcan antibióticos ancestrales contra los que las bacterias de la superficie hayan olvidado cómo defenderse, o que ni siquiera hayan encontrado.
Naowarat (Ann) Cheeptham, microbióloga de la Universidad Thompson Rivers en Canadá, se propone hacer precisamente eso.
Durante la última década, el equipo de Cheeptham ha explorado cuevas, tomado muestras de suelo y cultivado las bacterias resultantes en placas de Petri.
Posteriormente, se realizaron pruebas con estas bacterias contra superbacterias conocidas para determinar si los microbios de las cuevas podían eliminarlas.
Hasta la fecha, Cheeptham ha analizado más de 2.000 bacterias y ha identificado muchos candidatos prometedores.
Por ejemplo, su equipo encontró dos especies de bacterias en la Cueva del Telón de Acero, en Canadá, capaces de eliminar cepas de Escherichia coli multirresistentes.
También descubrió cinco microbios en la Cueva del Conejo Blanco, ubicada en la cordillera de Monashee, en el centro-sur de la Columbia Británica, que producían antibióticos eficaces contra el SARM.
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Pie de foto, Unas raras bacterias que se alimentan de rocas ayudan a dar forma a los espeleotemas de la cueva de Lechuguilla.
Sin embargo, la falta de financiación para la investigación del descubrimiento de antibióticos la ha llevado a pausar su búsqueda de nuevos fármacos, al menos por ahora.
“Encontramos compuestos potenciales, pero nos llevará mucho tiempo e inversión financiera llegar al punto en que las compañías farmacéuticas colaboren con nosotros”, dice Cheeptham.
“Estos [los candidatos prometedores] aún están en fase de investigación, así que cuando tengamos fondos, los retomaremos”.
Como alternativa, los microbios de las cuevas podrían ayudar en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos (RAM) al permitir a los científicos predecir cuándo las bacterias podrían desarrollar resistencia a una nueva clase de antibióticos.
“Lo primero que hay que saber es cuáles son los mecanismos de resistencia que ya existen”, dice Wright.
“Porque si voy a descubrir un antibiótico mañana y quiero llevarlo a la clínica, sería buena idea comprender cuáles son sus limitaciones, cuáles son sus vulnerabilidades ante lo que ya existe, porque así estaremos mejor preparados para la aparición de la resistencia, no si ocurrirá, sino cuando ocurra”.
Los mecanismos comunes de resistencia incluyen bombas simples que expulsan el antibiótico de la bacteria. Otros implican enzimas mucho más complejas que modifican o degradan los antibióticos.
Conocer cómo una bacteria destruye el antibiótico podría ayudar a los científicos a diseñar nuevos fármacos para superar sus defensas.
Por ejemplo, la penicilina por sí sola a menudo deja de ser efectiva, porque muchas bacterias poseen una enzima que se une al antibiótico y lo inactiva. Sin embargo, si se añade un compuesto llamado ácido clavulánico, esta molécula se une a la enzima y la inhibe.
Así, al añadir ácido clavulánico a la penicilina, se contrarresta el mecanismo de resistencia y la penicilina vuelve a ser efectiva. Se espera que la identificación de procesos similares en bacterias de cuevas pueda brindar a los investigadores médicos una gran ventaja.
“Al descubrir qué mecanismo podría usar un microorganismo para superar un antibiótico, se puede encontrar la manera de combatirlo antes de que llegue a la clínica”, afirma Barton.
Este artículo apareció en BBC Earth. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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Pie de foto, Una descompostura puede arruinarnos días de vacaciones. Información del artículo
Autor, Kate Grimshaw
Título del autor, The Conversation*
Tiempo de lectura: 5 min
Viajar al extranjero es algo que muchos esperamos con ilusión. Es una oportunidad para romper con la rutina, descubrir nuevos lugares, probar comidas diferentes y hacer cosas que normalmente no tendríamos la oportunidad de hacer.
Pero a veces, nuestro cuerpo tiene otros planes, y nuestras tan esperadas vacaciones se ven arruinadas por cambios en nuestros hábitos intestinales.
Desde hinchazón y malestar hasta estreñimiento y diarrea, el malestar estomacal del viajero es un problema bastante común.
Aquí te explicamos por qué ocurre y qué puedes hacer para evitar que arruine tus planes.
Nuestro intestino se acostumbra a nuestra alimentación y bebida habituales. No le gusta los cambios bruscos en esa rutina. Cualquier cosa fuera de lo común afectará su funcionamiento.
Por eso, el estreñimiento (definido como tener menos de tres deposiciones a la semana, con esfuerzo y heces duras o secas y grumosas) puede ser un problema común entre los viajeros.
Estreñimiento
El estreñimiento que dura unos días durante las vacaciones probablemente se deba a la deshidratación. Esto ocurre especialmente si estás de vacaciones en un país cálido, ya que sudarás mucho.
Beber más alcohol del que consumes habitualmente también puede empeorar la deshidratación.
Si a esto le sumamos un cambio en la dieta, como horarios de comida irregulares y un menor consumo de frutas y verduras, el intestino se ralentiza y el estreñimiento puede empeorar.
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Pie de foto, Beber más alcohol del que consumes habitualmente también puede empeorar la deshidratación y esta puede dar lugar al estreñimiento.
Por último, solemos hacer mucho menos ejercicio durante las vacaciones. Dado que el ejercicio, sobre todo caminar y montar en bicicleta, ayuda a estimular las deposiciones, esta es otra razón por la que podemos sufrir estreñimiento.
El estrés -y, posiblemente, el desfase horario- también pueden influir en el estreñimiento durante las vacaciones. Además, estudios recientes han demostrado que algunas personas son más propensas a sufrir estreñimiento al viajar.
Diarrea
Por otro lado, algunas personas experimentan episodios de diarrea durante las vacaciones.
Una de las causas más comunes de la diarrea del viajero es la gastroenteritis (malestar estomacal), provocada por el consumo de alimentos contaminados o en mal estado.
Los cambios en la dieta también pueden ser una causa común. Comer alimentos ricos en grasas o beber más alcohol de lo normal pueden provocar episodios de diarrea.
Beber muchos jugos de frutas también puede causarla, debido a su alto contenido de fructosa. Del mismo modo, el té y el café fuertes pueden tener un efecto similar debido a la cafeína que contienen.
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Pie de foto, Si tienes diarrea, es importante no excederse con los jugos de fruta.
Por último, la exposición prolongada al sol puede provocar diarrea, ya que el cuerpo tiene dificultades para regular su temperatura interna.
Es posible sufrir episodios de diarrea y estreñimiento durante las vacaciones. La mayoría de las personas experimentan primero diarrea, lo que puede causar deshidratación si no se reponen los líquidos perdidos bebiendo lo suficiente, lo que a su vez puede provocar estreñimiento.
Cómo prevenir el malestar estomacal del viajero
¿Qué puedes hacer para reducir la probabilidad de sufrir malestar intestinal durante tus vacaciones?
Primero, piensa en la zona a la que vas a viajar. En algunas regiones, existe un mayor riesgo de contaminación de alimentos y agua.
Consulta las recomendaciones sobre vacunas y cualquier consejo específico sobre seguridad alimentaria y del agua en los lugares que visitarás.
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Pie de foto, Salir a caminar después de comer puede ayudar al funcionamiento correcto de tu aparato digestivo.
Otras cosas que puedes hacer para cuidar tu salud intestinal durante las vacaciones incluyen:
Mantén una buena hidratación, preferiblemente con agua o bebidas endulzadas naturalmente
Come mucha fruta y verdura, especialmente las que son similares a las que sueles comer
Limita el consumo de jugo de fruta a una sola bebida al día
Camina después de cada comida, si puedes, para mantener tu sistema digestivo funcionando correctamente;
Come con regularidad y no te saltes comidas para mantener una rutina intestinal
Evita las comidas demasiado abundantes, sobre todo las que contienen mucha grasa
Intenta no consumir alcohol en exceso
Qué hacer si te ves afectado
Si durante tus vacaciones sigues teniendo síntomas de estreñimiento o diarrea, hay varias cosas que puedes hacer.
Para el estreñimiento, lo primero es aumentar la ingesta de líquidos y tomar zumo de frutas a lo largo del día. El agua ablandará las heces y el jugo favorecerá su evacuación.
También deberías intentar aumentar la cantidad de fibra en tu dieta. Puedes comer fruta deshidratada como tentempié o añadir semillas de lino o chía a tus comidas.
Asegúrate de beber suficientes líquidos, ya que un exceso de fibra sin agua puede tener el efecto contrario.
También puedes tomar un remedio de venta libre, como un suplemento de fibra o un laxante.
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Pie de foto, Si la diarrea viene acompañada de fiebre alta o heces con sangre o mucosidad, busca atención médica.
Para la diarrea, los medicamentos de venta libre (como la loperamida) pueden ser útiles para aliviar los síntomas. Tómalos tan pronto como aparezcan. La diarrea puede causar deshidratación, así que para prevenirla, asegúrate de tomar una solución de rehidratación oral y beber abundante agua.
Si la diarrea viene acompañada de fiebre alta o heces con sangre o mucosidad, no tomes ningún medicamento de venta libre y busca atención médica de inmediato. Esto podría ser un signo de una infección más grave que requiere medicación específica.
Una vez que regreses a casa, es posible que tus hábitos intestinales tarden algunos días en volver a la normalidad. Si los síntomas persisten durante más de unos días, conviene consultar con tu médico de cabecera.
*Kate Grimshaw es investigadora clínica asociada, Dietética, Universidad Metropolitana de Manchester, Reino Unido.
*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original, en inglés.
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Pie de foto, Amanda Mustard investigó la historia de su abuelo durante ocho años para su documental Great Photo, Lovely Life.Información del artículo
A los 23 años, Amanda Mustard se embarcó en un viaje que cambiaría su vida para siempre.
Un viaje hacia las profundidades más oscuras de una historia familiar para descubrir quién era realmente su abuelo, William Flickinger, un quiropráctico que abusó sexualmente de innumerables niños y mujeres, dentro y fuera de su familia.
El resultado de esa experiencia fue el documental de HBO Great Photo, Lovely Life (Una gran foto, una vida preciosa), dirigido por ella y Rachel B. Anderson.
Una de las cosas que le llamó la atención a Mustard durante la realización del filme, es la manera en la que los humanos reaccionamos ante situaciones extremadamente dolorosas como estas.
“Me di cuenta de que todo lo que se había normalizado en mi familia no era normal”, le dice a BBC Mundo.
Y descubrió cómo esos secretos familiares que todos conocen, pero de los cuales nadie habla, “acaban pudriendo las raíces del árbol genealógico durante generaciones”.
Escarbando en recónditos archivos, recolectando fotos y videos familiares, hablando con quienes conocieron a su abuelo y contactando a algunas de las sobrevivientes de las agresiones sexuales, la fotoperiodista estadounidense consiguió juntar las partes de un rompecabezas para recrear el perfil de un pedófilo que cometió crímenes con total impunidad durante décadas, incluso después de un breve paso por la cárcel.
No solo tuvo largas conversaciones con su hermana y su madre, abusadas por Flickinger cuando eran niñas, sino también con su abuelo.
Un día juntó valor y, con una cámara grabando, fue a confrontarlo directamente.
Este es un resumen de la entrevista que Mustar concedió a BBC Mundo.
Fuente de la imagen, Archivo de Amanda Mustard
Pie de foto, William Flickinger trabajaba como quiropráctico. “Mi abuelo era un hombre muy carismático, manipulador y encantador”, relata Mustard.
¿De qué se trata el documentalGreat Photo, Lovely Life?
El documental fue un intento, a lo largo de ocho años, de hablar por primera vez sobre el abuso desenfrenado que mi familia había sufrido durante tres generaciones. Fue el primer intento de levantar la alfombra y ver qué habíamos estado ocultando debajo.
La figura central del filme es tu abuelo. ¿Cómo era él, a qué se dedicaba?
Era quiropráctico, lo que le facilitaba el acceso físico tanto a niños como a mujeres. A principios de los 80 perdió su licencia para seguir ejerciendo su profesión por conducta inapropiada, porque estaba abusando de sus pacientes.
¿Las víctimas eran niños o también había adultos?
Eran niños y adultos. Mi abuelo fue un agresor sexual que, de hecho, terminó en el registro de delincuentes sexuales.
¿Cumplió una condena en la cárcel?
Creo que solo cumplió dos años y medio de una sentencia de cuatro años.Y, por lo que sé, estuvo cometiendo abusos durante toda su vida adulta, aunque no fue enviado a prisión hasta 1992.
Él tenía muchos, muchísimos casos de abuso en su contra, pero simplemente, todos se desestimaron. Mi abuelo se escapó de la justicia una y otra vez, y una gran parte de eso se debió a una cadena masiva de fallas institucionales, una tras otra.
¿Podrías contarme más sobre la personalidad de su abuelo?
Era un hombre muy carismático, manipulador y encantador. Debo decir que no lo conocí tanto como otras personas de mi familia y esa distancia realmente me ha ayudado a poder hacer mi trabajo y romper el ciclo. Yo nací en los 90, cuando él ya vivía en otro estado, entonces no me sentía cercana a él, ni lo conocía particularmente bien. Simplemente sabía que no debíamos estar cerca de él, aunque seguía viniendo a casa cuando visitaba Pensilvania.
Pero sí, era muy encantador, muy inteligente y muy privilegiado. Creo que se salió con la suya en muchas cosas que hizo en las décadas de los 50, 60 y 70 porque su padre era muy influyente, y creo que eso le brindó muchos privilegios al principio de su vida. Mi abuelo cumple con todos los criterios de la psicopatía, pero no puedo afirmar que era un psicópata porque no existe un diagnóstico formal. No puedo decirlo con seguridad.
Fuente de la imagen, Amanda Mustard
Pie de foto, Mustard dice que la religión dentro de su familia jugó un papel importante en que se permitieran los abusos.
Aunque lo viste muy pocas veces, ¿qué recuerdos tienes de él?
De pequeños, teníamos que enviarle a él y a mi abuela tarjetas de Navidad, regalos, pequeños mensajes en cintas VHS que nadie quería grabar, pero sentíamos que se esperaba que lo hiciéramos. Y eran principalmente para mi abuela. Todos nos sentíamos muy mal por el hecho de que ella hubiera decidido quedarse con él. Yo solo quería ser un rayo de luz o de positividad en la vida de mi abuela, porque siempre me sentí muy conflictuada por el hecho de que estuviera con él.
Entonces sabíais que vuestro abuelo era un agresor sexual…
No es que lo supiéramos o no. Simplemente en mi familia no se usaba ese lenguaje. Mi familia tenía un lenguaje un tanto distorsionado sobre lo que él era y la gravedad del asunto. No quiero decir que no se lo tomaran en serio, simplemente creo que todos estaban tan traumatizados por su propia experiencia con él, que nunca aprendieron a expresarlo ni tuvieron las herramientas para verlo de otra manera.
Es que si creces sufriendo abusos por parte de tu padre o de alguien cercano, no conoces otra realidad. Y si no hay recursos disponibles como terapia o cualquier otro tipo de intervención, la situación se distorsiona de generación en generación.
Así fue como yo crecí. Lo sabíamos, nunca hubo un momento en que no supiera que era, por así decirlo, demasiado cariñoso o que daba miedo. Pero no, nunca usamos palabras como abuso, nunca usamos palabras como violación, ¿sabes?.
Y me hizo falta pasar por mi propia experiencia de ser agredida sexualmente en otro contexto, a principios de mis veinte, para aprender ese lenguaje y luego relacionarlo con mi familia, y darme cuenta de que esto no estaba bien.
Comencé a preguntarme, ¿cómo es posible que todas las mujeres de mi familia hayan sobrevivido a esto?. Ese fue el gran despertar que tuve a principios de mis veinte años y que me llevó a hacer la película.
Fuente de la imagen, Chet Tilokani
Pie de foto, “No es solo mi familia, es mucho más común de lo que piensas”, afirma Mustard, tras una extensa investigación sobre el tema.
¿Era tu abuelo una persona religiosa?
Sí, muy religioso, era cristiano evangélico. El cristianismo está muy arraigado en mi familia y creo que jugó un papel realmente problemático al permitir el abuso, porque cada vez que queríamos juzgarlo o algo así, nos decían: “No, eso es asunto entre él y Dios”. O nos decían cosas como que era nuestro deber respetar a nuestros mayores.
Hay una expresión que aprendí durante este proceso llamada “evasión espiritual”, la cual hace referencia a que es posible interpretar ciertos valores o doctrinas religiosas para evitar sentimientos realmente incómodos que surgen con problemas tan oscuros como este.
Así que sí, gran parte de mi familia se aferró a su fe como una manera de sobrevivir al daño y al trauma que habían experimentado. Creo que eso nos impidió enfrentarlo tal como era.
Y mi abuelo también usó la religión para absolverse a sí mismo. Decía: “Bueno, lo único que tengo que hacer es perdonarme a mí mismo y estoy bien con Dios”. Así que no le importaba lo que pensara nadie más en la Tierra, porque solo era responsable ante Dios. Y podía repetirlo una y otra vez. Así que es interesante ver las diferentes interpretaciones de la religión, tanto para la supervivencia como para la permisividad del abuso.
Entonces, para protegerte, tu familia le decía que no te acercara a él. ¿Qué edad tenías cuando escuchabas esos mensajes?
Él salió de prisión cuando yo tenía 5 años y nos venía a visitar cada dos años más o menos. Me decían que no estuviera en una habitación con él y, bueno, creo que hubo algunos intentos inquietantes, pero yo sabía lo suficiente como para decir: “No voy a entrar en esa habitación con él”. Pero el problema aquí es que se le permitía entrar en nuestra casa.
Había como una especie de conciencia, como una especie de advertencia en voz baja. Es muy complejo lo que sucede cuando no se abordan las situaciones de abuso que, al no ser tratadas, se normalizan y acaban pudriendo las raíces del árbol genealógico durante generaciones.
Fuente de la imagen, Familia Mustard
Pie de foto, “Me decían que no estuviera en la misma habitación con él”, relata Mustard sobre su infancia.
¿Sentiste miedo alguna vez?
No lo sé. Creo que muchas personas tienen esa imagen de que él es un monstruo y, a fin de cuentas, es solo un tipo. Un tipo muy, muy manipulador que estaba rodeado de estructuras que le permitieron hacer lo que hacía.
La gente podría ver mi película y decir: “Oh, qué locura lo que ha pasado esa familia”. Pero no es solo mi familia, es mucho más común de lo que piensas, mucho más común de lo que te imaginas.
¿Y sabes qué?, no creo que nadie sea un monstruo. Creo que todos somos seres humanos que podemos hacer cosas monstruosas y que debemos rendir cuentas.
Pero pienso que usar un lenguaje demonizante, en realidad, nos absuelve de nuestra responsabilidad de buscar la rendición de cuentas. Como si dijéramos, “bueno, es un monstruo, no podemos hacer nada porque esto es algo que nos supera”.
Pero, al final, cuando ocurre el abuso, todos los que están alrededor se ven obligados a elegir si hacen algo o no. Y creo que mucha gente no sabe qué hacer. Por eso comparto la historia de mi familia porque creo que es muy importante desestigmatizar esto.
¿Sabes a cuántas personas abusó sexualmente?
No hay forma de saberlo, pero es más probable que sean tres dígitos en vez de dos.
Decidiste confrontar a tu abuelo. ¿Cómo fue esa experiencia?
Realmente no sentí que tuviera otra alternativa. En ese momento, a los 23 años, me di cuenta de que todo lo que se había normalizado en mi familia no era normal.
La muerte de mi abuela, su esposa, fue lo que realmente… yo estaba allí con ella, tomándole la mano cuando murió. Fue algo realmente muy oscuro, una tragedia ver morir a esta mujer que había dedicado su vida a él, con profundo pesar. Sin poder decir todo lo que quería. Y me di cuenta de que si no empezábamos a hablar de esto, todas las mujeres de mi familia iban a enfrentar lo mismo.
Así que se volvió algo bastante urgente, y sabes, no podría haber hecho esto sin la ayuda de mi madre.
Cuando lo fuimos a visitar, fue aterrador y estresante, pero al mismo tiempo, era solo mi abuelo. Y yo era una periodista en ciernes. Una vez que me di cuenta del contexto más amplio y de lo que le estaba pasando a mi familia, y del hecho de que se había salido con la suya en tantas cosas, sentí que no tenía otra opción. Pensé: “Tengo que hablar con él”.
Fui con una serie de preguntas. Lo curioso es que lo entrevisté con una cámara antes de saber que iba a hacer una película sobre esto.
Le pregunté cómo fue su experiencia, si alguna vez tuvo a alguien con quien hablar de esto. Y creo que mi curiosidad lo hizo sentir tan cómodo que simplemente empezó a hablar, casi se convirtió en un alivio para él poder desahogarse y hablar de muchas cosas de las que nunca había podido hablar con nadie.
Fuente de la imagen, Archivo de Amanda Mustard
Pie de foto, “No basta con ir a la cárcel. Mi abuelo salió de la prisión y siguió abusando”, explica la documentalista.
¿Admitió las acusaciones?
Respondió a todas las preguntas que le hice. Él, ya sabes, admitió que ha tenido esta atracción hacia los niños durante toda su vida. Dijo que no lo entendía, que no sabía qué hacer al respecto, que nunca sintió que pudiera hablar con nadie sobre el tema.
La situación era complicada porque él había aprendido a mentir tan bien, que yo sabía que estaba ocultando algunas cosas, sabía que no estaba siendo completamente honesto.
Pero el hecho de que fuera lo suficientemente honesto como para admitir que había abusado de niños y que tenía problemas para controlar esa atracción, fue para mí como un extraño regalo de reconocimiento que a menudo no está disponible para los sobrevivientes de abusos.
Y en el contexto cinematográfico, que él asumiera la responsabilidad de su propio comportamiento, también significó, hasta cierto punto, un alivio para las víctimas, que tenían que compartir los detalles para convencer a la gente de lo que les había sucedido.
Realmente me sentí agradecida, desde el punto de vista cinematográfico, de que admitiera lo que hizo, porque ayuda a quitarles esa carga a las víctimas.
Eso suena como a una especie de viaje de sanación
Y al mismo tiempo fue horrible, indignante y repugnante. Fue muchas cosas. Pero el hecho de que admitiera parte de lo que hizo, fue un reconocimiento que puede ser absolutamente sanador.
Fuente de la imagen, Dani Fresh
Pie de foto, “Esta película fue una terapia artística para mí”, dice Mustard.
Y mirando hacia atrás, ¿qué aprendiste después de recorrer todo este camino?
Me transformó por completo. Esta película fue una terapia artística para mí. Al principio, cuando estaba, por así decirlo, al pie de la montaña, dándome cuenta de los horrores que habían estado ocurriendo y que habían sido normalizados en mi familia, no supe qué hacer.
La gente no sabe qué hacer. Recibo miles de mensajes y correos electrónicos de personas que me dicen: “Esto está pasando en mi familia, ¿qué hago?,¿cómo puedo denunciarlo?”. Es que no sabemos qué hacer cuando se trata de nuestra familia.
En ese momento yo era una joven periodista y pensé: “Bueno, puedo confiar en el proceso periodístico y en mi propia curiosidad para salir adelante y llegar a donde necesite estar”.
Hice una evaluación muy exhaustiva de mí misma. La forma en que los terapeutas lo explican es que todos nacemos con una mochila llena de cosas y, ya sabes, en algún momento de nuestra vida nos resulta útil mirar dentro de esa mochila y preguntarnos: ¿qué hay aquí?, ¿qué quiero conservar?, ¿qué no quiero conservar?, ¿qué me está pesando?, ¿cómo quiero vivir mi vida realmente?.
Así que sí, me siento extremadamente sanada por la terapia y siento que estoy viviendo de acuerdo con mis valores y que me he liberado de tantas cosas que ni siquiera sabía que estaban afectando mi vida.
Se trata de la insidiosa naturaleza del trauma generacional. Y definitivamente aprendí que esto no es tan simple como quisiéramos. Es una situación muy, muy compleja cuando sufres abusos por parte de alguien a quien amas y cuanto menos se hable de ello, mayor será el daño que cause a la familia.
Muchas personas piensan que las leyes deberían ser más duras contra los agresores
Castigar a quienes cometen abusos no es la solución. Una de las cosas más importantes que aprendí es que la prevención es posible. Si podemos proporcionar recursos y crear un espacio donde ellos puedan pedir ayuda antes de cometer el delito, eso lo cambiaría todo.
Pienso constantemente en cuánto sufrimiento se podría haber evitado mi familia si mi abuelo hubiera recibido ayuda cuando tenía 20 o 30 años. Sé que no era posible en ese momento, en el contexto de la época, pero ahora es posible. Existen muchas organizaciones que trabajan en la prevención y en el apoyo a las víctimas.
No basta con ir a la cárcel. Mi abuelo salió de la prisión y siguió abusando. Por eso es urgente hablar del tema y, en última instancia, eso les dará a los sobrevivientes el espacio y el permiso para sentirse comprendidos en toda su complejidad.
Fuente de la imagen, Jake Naughton
Pie de foto, “Castigar a quienes cometen abusos no es la solución”, asegura la documentalista.
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Por lo general, es menos natural y seguro para las mujeres dar a luz acostadas sobre la espalda, así que, ¿por qué lo hacen?
Todo se debe a un médico francés que decidió que era más cómodo… Para los hombres.
Durante miles de años, en todo el mundo, las mujeres solían dar a luz en posición vertical, ya fuera de rodillas como Cleopatra, utilizando taburetes y sillas de parto, o en cuclillas. De hecho, ponerse en cuclillas puede ampliar el diámetro pélvico al menos 2,5 cm, a la vez que permite aprovechar la gravedad y así facilitar el parto.
“Existe una ignorancia generalizada entre los profesionales y las mujeres embarazadas sobre la fisiología del parto”, afirma Janet Balaskas, fundadora del Active Birth Centre (Centro de Parto activo) en Reino Unido y autora de varios libros que detallan cómo las madres pueden tomar el control de su experiencia de parto.
En 1982, Balaskas publicó un “manifiesto del parto activo” que se convirtió en el principio fundamental de su organización. “En todo el mundo, y desde hace miles de años, las mujeres han tenido el parto de forma espontánea y han dado a luz en alguna posición erguida o agachada”, reza el manifiesto. “Sea cual sea la raza o la cultura… predominan las mismas posiciones erguidas”.
Sin embargo, la mayoría de las mujeres de los países postindustriales se ven obligadas a permanecer en el hospital en posición recostada, afirma Balaskas. “Esta práctica es ilógica, ya que complica y encarece innecesariamente el parto, convirtiendo un proceso natural en un acto médico y a la mujer que da a luz en una paciente pasiva”, argumenta. “Ninguna otra especie adopta una postura tan desfavorable en un momento tan crucial”.
Otros expertos están de acuerdo. Dar a luz acostada es un “fenómeno relativamente moderno”, escribió Hannah Dahlen, profesora de obstetricia en la Universidad de Western Sydney, en Australia, en un artículo de opinión publicado en 2013 en The Conversation.
El embarazo como “enfermedad”
Solo en los últimos 300 o 400 años las mujeres han dado a luz, en su mayoría, tumbadas de espaldas. Esto se debe a un francés llamado François Mauriceau, quien afirmó que la posición reclinada resultaría más cómoda para la mujer embarazada y más práctica para el médico que la atendía (ya se estaba gestando un movimiento para prescindir de las parteras y contar, en su lugar, con cirujanos varones presentes en los partos).
Mauriceau, un destacado obstetra que defendió la necesidad de una formación obstétrica organizada con énfasis en la anatomía, consideraba el embarazo como una enfermedad.
En su libro de 1668 “Las enfermedades de las mujeres embarazadas y en el puerperio”, Mauriceau escribió: “Lo mejor y más seguro es dar a luz en la cama, para evitar las molestias y el trabajo de tener que ser trasladada allí después”.
Sin embargo, algunos estudiosos sostienen que el cambio en la posición de parto podría deberse, en realidad, a otro francés que vivió en la misma época que Mauriceau: el rey Luis XIV.
“Dado que, según se dice, a Luis XIV le gustaba ver dar a luz a las mujeres, le frustraba que la visión del parto quedara obstaculizada cuando este tenía lugar en un taburete de parto, por lo que promovió la nueva posición reclinada”, escribió Lauren Dundes, profesora de sociología en el McDaniel College de Maryland, EE.UU., en su artículo de 1987 sobre la evolución de las posiciones de parto.
“Se desconoce la influencia de la política del rey, aunque el comportamiento de la realeza debió de afectar a la población en cierta medida”, añadió. “La supuesta exigencia de cambio por parte de Luis XIV coincidió con el cambio de postura y bien podría haber sido un factor determinante”.
Independientemente de cómo se llegara a la práctica de que las mujeres dieran a luz boca arriba, la tendencia se mantuvo en detrimento de su experiencia de parto. “El parto se ha institucionalizado, con un declive de opciones como el parto en casa que resulta más propicio para muchas mujeres que desean un parto fisiológico o natural”, afirma Balaskas.
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Pie de foto, Un estudio realizado en 2011 reveló que las mujeres que daban a luz en centros de maternidad eran mucho más propensas a adoptar posiciones erguidas durante el parto.
¿Qué dice la ciencia?
La razón principal por la que las mujeres han dado a luz en posición erguida durante miles de años es sencilla: la gravedad. El bebé tiene que descender por el canal del parto, y la gravedad favorece este proceso. Se ha demostrado que, si se les deja actuar por sí mismas, las mujeres se inclinan instintivamente hacia delante durante el parto —y no hacia atrás—, adoptando posturas como ponerse en cuclillas, apoyarse con las manos y las rodillas o apoyarse contra un mueble bajo.
Una revisión realizada en 2013 de 25 estudios en los que participaron más de 5.200 mujeres, señaló que otros resultados importantes para las mujeres que dieron a luz en posición vertical y con libertad de movimiento, en lugar de tumbadas en la cama, incluían “una reducción del riesgo de parto por cesárea, un menor uso de la epidural como método de alivio del dolor y una menor probabilidad de que sus bebés fueran ingresados en la unidad neonatal”.
La revisión encontró, también, que se necesitaban más investigaciones sobre las mujeres de grupos de alto riesgo, ya que algunos estudios han demostrado un aumento de la pérdida de sangre en las posiciones de parto de pie.
También se ha descubierto que las posturas verticales durante el parto reducen la duración del parto.
“Dar a luz en posición vertical tiene ventajas tanto para la madre como para el bebé”, escribió Dahlen en 2013. Enumeró una serie de beneficios, entre los que se incluyen contracciones más eficaces, menos dolor para la madre, menos partos con fórceps, ventosas y episiotomías, así como una mejor oxigenación del bebé en el útero materno, ya que la aorta no queda comprimida por el útero.
En 2011, Dahlen y sus colegas llevaron a cabo un estudio con mujeres en trabajo de parto para comprender si el entorno del parto influía en la postura que adoptaban al dar a luz. Analizaron dos entornos: los centros de maternidad, donde se disponía de material de apoyo como pelotas, taburetes de parto y pufs, y las salas de partos, donde la única opción era una cama de hospital.
Se observó que las mujeres que acudían a centros de maternidad eran mucho más propensas a adoptar posiciones erguidas durante la primera y la segunda fase del parto en comparación con las que daban a luz en salas de partos: el 82 % de las mujeres lo hizo en los centros de maternidad, frente al 25 % en las salas de partos.
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Según Balaskas, en los países occidentales existe ya un mayor conocimiento sobre el concepto de “parto activo”, un enfoque que fomenta la capacidad de la madre para moverse libre e instintivamente durante el parto y adoptar posturas erguidas, en lugar de permanecer tumbada de espaldas conectada a máquinas y monitores.
Sin embargo, las tasas de cesáreas siguen aumentando “de forma alarmante”, afirma.
“En Reino Unido, el parto activo ha influido en el cambio de los servicios de maternidad, como la opción de los centros de parto dirigidos por comadronas”, añade, señalando que estos suelen estar dentro de los hospitales y están diseñados específicamente para dar a las mujeres libertad de movimiento y acceso a una piscina de parto. “Esto no existía hace 50 años”.
Las directrices del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica de Reino Unido aconsejan que a las mujeres en trabajo de parto “se les anime a adoptar cualquier otra posición [además de estar acostadas boca arriba] que les resulte más cómoda”.
Y como sabemos, el conocimiento es poder, y cuanto más informadas estén las mujeres sobre sus opciones de parto, más seguras se sentirán a la hora de elegir lo que les parezca más adecuado.
“La educación pública sobre las opciones de parto siempre será útil”, afirma Eileen Hutton, una comadrona convertida en académica que dirige el programa de formación en obstetricia de la Universidad McMaster de Canadá y es autora de varios artículos sobre el parto.
“Basta con echar un vistazo a la representación del parto en la literatura popular, la televisión y el cine para darse cuenta rápidamente de cómo se tergiversa el proceso del parto. Ofrecer un contrapunto solo puede ser de ayuda”.
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Pie de foto, Medusa Irukandji en un frasquito.Información del artículo
Autor, Elizabeth Anne Brown
Tiempo de lectura: 9 min
Los principales candidatos a la picadura más desagradable van desde las hormigas bala hasta las avispas guerreras y diminutas medusas. Para descubrir cuál es la más doloroso, algunos expertos aventureros han pasado su vida dejándose picar.
¿Preferirías recibir un golpe del boxeador Mike Tyson o que te aplicaran un martillo neumático en los riñones? Así se sienten dos de las picaduras más dolorosas del mundo. Cuando se trata de cuál es la peor, todo es cuestión de gustos.
Los animales que pican -desde los insectos que zumban en el jardín de la casa hasta curiosas criaturas marinas- utilizan un cóctel de defensas químicas que incluye neurotoxinas y agentes inflamatorios para defenderse o someter a sus presas.
Mientras que los que muerden (como arañas y serpientes) usan sus bocas con colmillos para administrar veneno, en el caso de los que pican es del otro extremo de su cuerpo del que deberías mantenerte alejado.
Consultamos a expertos sobre las picaduras más dolorosas del reino animal, dejando de lado la letalidad. Esta es su clasificación.
Insectos que pican: avispas, hormigas y abejas (¡ay, ay, ay!)
El padre del campo moderno de “dejarse picar a propósito” fue Justin Schmidt, un entomólogo de Arizona que desarrolló un índice de dolor por picadura que lleva su nombre, sometiéndose a los pinchazos de al menos 96 especies de insectos, incluidas abejas, avispas, avispones y hormigas.
Clasificó las picaduras en cuatro niveles de dolor, añadiendo descripciones evocadoras, casi líricas, de cada sensación única (por suerte para nosotros, Schmidt era un entomólogo con alma de poeta).
El primer nivel alberga lo trivial. La picadura de una abeja anthophorini por ejemplo, es “casi agradable, como si un amante te hubiera mordido el lóbulo de la oreja un poco demasiado fuerte”.
El nivel 2 reúne a algunos pesos pesados, como la avispa melífera: “Picante, abrasadora. Un hisopo empapado en salsa de habanero ha sido empujado por tu nariz”. Y la feroz avispa negra Polybia: “Un ritual que salió mal, satánico. La lámpara de gas de la vieja iglesia explota en tu cara cuando la enciendes”.
Las siete especies del nivel 3 llevan a Schmidt a una auténtica tortura: hormiga de terciopelo de Klug. “Explosiva y duradera, suenas como un loco cuando gritas. Aceite caliente de freidora derramándose sobre toda tu mano”.
Solo tres especies llegaron a recibir una designación de nivel 4 por parte de Schmidt.
El primer nivel 4 de Schmidt fue la hormiga bala, un artrópodo de unos 2,5 cm de las selvas tropicales de Centro y Sudamérica, a menudo llamada la “hormiga de las 24 horas” por el tiempo que dura el tormento de su picadura. “Dolor puro, intenso, brillante. Como caminar sobre brasas con un clavo de tres pulgadas incrustado en el talón”.
Luego viene la avispa caza tarántulas, una avispa cazadora de arañas de unos 77 milímetros y con distribución casi mundial. “Cegador, feroz, sorprendentemente eléctrico. Un secador de pelo encendido ha caído en tu baño de burbujas”, escribió Schmidt, señalando que el efecto duraba solo unos minutos.
Finalmente, la avispa guerrera (Synoeca septentrionalis), una avispa que vive en colonias y es nativa de Centro y Sudamérica. “Tortura. Estás encadenado en el flujo de un volcán activo. ¿Por qué empecé esta lista?”.
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Pie de foto, La picadura del avispón gigante japonés, también conocido como el “avispón asesino”, ha sido comparada por Coyote Peterson con “un puñetazo en la cara de Mike Tyson”.
Schmidt murió en 2023 debido a complicaciones del Parkinson. Quien parece estar destinado a sucederlo es Coyote Peterson, una personalidad de YouTube que se ha sometido a las picaduras de especies que Schmidt nunca llegó a clasificar.
Lo que a Peterson le falta en formación científica formal, lo compensa con su disposición a sacrificar su antebrazo izquierdo por la educación y el entretenimiento de los millones de personas que lo ven retorcerse, sudar y gritar en su canal, Brave Wilderness.
Peterson usó el índice de dolor de Schmidt como hoja de ruta, con el objetivo de “crear la versión cinematográfica” del libro de Schmidt de 2016, Sting of the Wild, según dice.
“Honremos la escala del 1 al 4, pero averigüemos qué otros número cuatro hay por ahí”.
Tras viajar por el mundo para experimentar las picaduras de 30 especies, Peterson propone dos más para el estatus de nivel 4: el avispón gigante japonés, popularizado en 2020 como el “avispón asesino”, y la avispa verdugo (executioner wasp).
“El avispón gigante japonés fue, sin duda, el peor en el impacto, como recibir un golpe en la cara de Mike Tyson”, dice Peterson. “Me quedé en blanco. Fue instantáneo y explosivo”. Nativo de Asia, este avispón tuvo una breve pero llamativa presencia en el noroeste del Pacífico de Estados Unidos entre 2019 y 2024.
La avispa verdugo (Polistes carnifex), sin embargo, es para Peterson la ganadora absoluta. “El dolor duró quizá unas 12 horas”, dice, pero fueron los efectos posteriores del veneno los que se quedaron con Peterson… literalmente.
“Había algunas propiedades necróticas que dejaron un agujero como una marca de viruela, como un hoyo en mi antebrazo. Esa es la única picadura que literalmente devoró tejido, y todavía tengo una cicatriz… como una quemadura de cigarrillo”.
Los científicos aún no han determinado la composición del veneno de la avispa verdugo, pero algunos de sus parientes utilizan enzimas que dañan los tejidos al activar la respuesta inmunitaria.
Medusas: más aguijón que gelatina
Pero los insectos no tienen el monopolio del arte de picar.
Las medusas poseen diminutas células en forma de arpón llamadas nematocistos, que inyectan cargas de veneno realmente castigadoras.
Un roce con la medusa Irukandji -pequeñas medusas cuyo cuerpo gelatinoso puede ser tan pequeño como un dedal, pero cuyos tentáculos pueden alcanzar un metro de largo- puede desencadenar un síndrome que suena a tortura medieval.
La picadura en sí es un no-evento. La mayoría de la gente ni siquiera la nota, explica Lisa-ann Gershwin, investigadora de medusas que clasificó y nombró 14 de las 16 especies de Irukandji durante su doctorado sobre estas crípticas medusas en la Universidad James Cook, en Queensland, Australia.
De hecho, esta aparición tardía de los síntomas hizo que los médicos pasaran décadas sin poder identificar qué estaba causando tanto sufrimiento a los bañistas veraniegos.
El misterio solo se resolvió cuando un médico local llamado Jack Barnes pasó cuatro años buscando al culpable y, finalmente, cerró el caso en 1961 al picarse deliberadamente a sí mismo, a su hijo de diez años y a un socorrista.
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Pie de foto, Las picaduras de la diminuta medusa Irukandji pueden dejar a las desafortunadas víctimas con un dolor agonizante que puede durar décadas.
Gershwin ha entrevistado a más de 50 personas diagnosticadas con el síndrome de Irukandji y ha leído al menos un centenar de informes históricos de casos.
Aunque pocas picaduras derivan en este síndrome tan insoportable -y la experiencia puede variar enormemente, señala Gershwin-, un caso típico se desarrolla más o menos así:
Tras unos 20 minutos, el primer síntoma es una sensación de agotamiento o malestar general, seguida rápidamente por una sensación similar a un martillo neumático golpeando los riñones, que puede durar hasta 12 horas. Luego, las víctimas soportan un desfile de síntomas, como sudoración profusa que empapa las sábanas varias veces por hora y vómitos incesantes cada pocos minutos durante hasta 24 horas.
Y todo eso es “solo el calentamiento” antes del síndrome de Irukandji completo, dice Gershwin.
Explica que la persona sufrirá entonces “oleada tras oleada tras oleada de verdadera agonía”, con calambres y espasmos por todo el cuerpo que cada vez “redefinen el dolor” a medida que siguen intensificándose.
Pero las medusas Irukandji también abren otra dimensión del dolor: la existencial. Su sello distintivo es una abrumadora sensación de fatalidad, descrita como la convicción absoluta de que la muerte es inminente. Esto es independiente de la gravedad del resto de los síntomas, subraya Gershwin.
“Los pacientes han llegado a suplicar a sus médicos que los maten porque están tan seguros de que van a morir, que solo quieren acabar con todo”, afirma.
Gershwin dice que aún no tenemos una comprensión completa del contenido del veneno ni de cómo provoca el síndrome de Irukandji, pero sí contamos con algunas pistas.
El veneno de las medusas contiene toxinas llamadas porinas, que perforan las membranas celulares, lo que provoca la muerte de las células y un caos bioquímico cuando gran cantidad de moléculas -usadas para activar distintas funciones del organismo- se liberan de golpe y sin control.
Los investigadores que estudian el síndrome de Irukandji sospechan que el veneno de estas medusas también podría afectar los canales de sodio en las neuronas, lo que hace que adrenalina, noradrenalina y dopamina inunden el sistema; un proceso que probablemente contribuye tanto a los síntomas psicológicos como a los relacionados con el corazón.
Contrario a esa intensa sensación de fatalidad, la mayoría de las personas se recupera por completo. El tratamiento consiste principalmente en analgésicos de alta potencia, como la morfina, para ayudar a sobrellevar las oleadas de dolor.
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Pie de foto, El pez piedra suele permanecer camuflado entre rocas y grietas, lo que facilita que los bañistas desprevenidos lo pisen.
Hay varios candidatos más en la categoría de criaturas marinas que pican, empezando por la cubomedusa australiana, considerada la medusa más letal del mundo.
Sus tentáculos, que pueden alcanzar hasta 3 metros de largo, dejan largas franjas en sus víctimas. “Te quedan marcas de látigo por toda la piel, como si te hubiera atacado un cat-o’-nine-tails (suerte de látigo usado para torturar en el Medioevo)”, dice Gershwin. “Se siente como aceite hirviendo”.
El gusano de fuego, un gusano marino erizado que parece un ciempiés, se defiende usando pelos urticantes: diminutas espinas que se desprenden y quedan incrustadas en la piel de cualquiera lo bastante imprudente como para tocarlo (algunos buzos lo llaman el “gusano de fibra de vidrio”).
Los científicos creen que tanto la estructura de las espinas como el veneno que transportan contribuyen al dolor insoportable y ardiente, que según se informa puede durar horas.
El pez piedra se hace pasar por una roca en aguas poco profundas, arrecifes de coral y pozas intermareales. Bañistas desprevenidos a veces pisan sus afiladas espinas dorsales, que inyectan una potente carga de veneno de tono azul glaciar.
Un dolor ardiente que puede durar hasta 48 horas viene acompañado de una hinchazón dramática. Según la Universidad de Florida, el entumecimiento y el hormigueo pueden persistir durante semanas.
¿Cuál es “el peor”?
Para poder coronar a un rey definitivo del aguijón en tierra, aire y mar, algún alma temeraria tendría que ofrecerse a cruzar categorías -experimentar tanto la peor picadura de insecto como la peor de una criatura marina-, y Peterson dice que ese no será él.
Afirma que las medusas son simplemente demasiado peligrosas y conllevan un riesgo real de muerte, añadiendo que algunas especies son “horriblemente poco recomendables de enfrentar”.
Gershwin y Peterson coinciden en que sería imprudente buscar deliberadamente una picadura de una medusa Irukandji, ya que algunas especies pueden provocar reacciones potencialmente letales, como hemorragias cerebrales y fallos cardíacos.
Entonces, ¿cómo sabremos alguna vez cuál es la peor?
Quizá la única manera de averiguarlo sería invitar a un sobreviviente del síndrome de Irukandji a una gira mundial del dolor para experimentar las picaduras de nivel 4 de Schmidt.
Suena como un posible documental de BBC Earth.
Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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Sarah Le Brocq tiene experiencia directa con los efectos transformadores de los medicamentos para bajar de peso. Ha vivido con obesidad durante la mayor parte de su vida adulta y ha probado numerosas dietas.
“Pensaba: ‘Probaré cualquier cosa que salga, porque podría funcionarme’”. Desafortunadamente, siempre recuperaba el peso perdido, según le contó a la BBC.
Después de tomar medicamentos para bajar de peso durante más de dos años, ha perdido casi 51 kg. “De repente, dejé de pensar en la comida”, afirma. “Tengo más energía, hago cosas que antes no podía… me ha dado una nueva libertad en la vida”.
Millones de personas como Sarah ahora tienen acceso a medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida, más conocidas por sus nombres comerciales Ozempic y Mounjaro.
Es probable que el número de personas que toman medicamentos para bajar de peso aumente a medida que aparezcan nuevos fármacos en el mercado, incluyendo pastillas en lugar de las inyecciones actuales.
Es evidente que estos fármacos están inaugurando una nueva era en el tratamiento de la obesidad.
Este trastorno ahora es un problema “controlable”, me comenta David Cummings, profesor de medicina de la Universidad de Washington. “Son lo más parecido a un medicamento milagroso que he visto”.
Otros académicos, sin embargo, advierten que corremos el riesgo de perder de vista la necesidad de un cambio de comportamiento, especialmente porque el peso tiende a recuperarse rápidamente al dejar de tomar los fármacos.
Entonces, ¿qué debería considerar antes de comenzar el tratamiento cualquier persona que planee usar medicamentos para bajar de peso?
Cómo funcionan
Los fármacos para bajar de peso actúan suprimiendo el apetito imitando las hormonas que le indican al cuerpo cuándo está saciado. Las más comunes son el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) y el polipéptido insulinotrópico dependiente de la glucosa (GIP).
Los fármacos se unen a moléculas especializadas en la superficie de nuestras células, conocidas como receptores de GLP-1 y GIP, que desempeñan un papel clave al indicarle al cuerpo cuándo ha comido lo suficiente.
Por lo general, quienes toman estos medicamentos comienzan a perder peso en las primeras semanas. Si bien solo están aprobados para la pérdida de peso en personas con obesidad, existe un mercado privado en rápido crecimiento para quienes no se consideran clínicamente obesos.
Su popularidad ha ido en aumento debido a su gran eficacia, con una pérdida de peso de entre el 14 % y el 20 % en 72 semanas.
Sin embargo, entre el 10 % y el 15 % de las personas pierden muy poco peso; se les denomina “no respondedores”.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Los fármacos para bajar de peso que imitan la acción del GLP-1 pueden ayudar a las personas a perder peso rápidamente, pero mantenerlo a largo plazo es más difícil.
Los GLP-1 son como un “escudo químico” que protege a las personas de nuestro “entorno obesogénico moderno, repleto de alimentos baratos y ricos en calorías”, afirma Naveed Sattar, profesor de medicina cardiometabólica en la Universidad de Glasgow y director del programa Objetivos de Salud para la Obesidad del Gobierno británico.
Sattar ha colaborado como consultor en ensayos clínicos con varias empresas que producen fármacos para adelgazar, aunque no posee acciones de ninguna de ellas.
“Hay comida por todas partes”, comenta, y en media hora cualquiera “puede llamar por teléfono y pedir 10.000 calorías”.
Si dejas de tomarlos, subirás de peso
Si una persona con obesidad empieza a tomar fármacos para adelgazar, debe tener en cuenta que podría tener que tomarlos a largo plazo, explica Cummings, quien dirige un programa de control de peso para personas con obesidad con un Índice de masa corporal de 50 o superior.
Una pregunta frecuente que le hacen sus pacientes antes de empezar a tomar un fármaco para adelgazar es cuánto tiempo tendrán que tomarlo.
Por lo general, dejan de tomar los medicamentos después de aproximadamente un año, explica. Un análisis de estudios científicos con más de 9000 pacientes indicó que la duración promedio del tratamiento era de 39 semanas.
La gente cree que puede seguir perdiendo peso solo con fuerza de voluntad, comenta, pero la evidencia sugiere que no es así.
Cummings ha descubierto que las personas abandonan el tratamiento por diversas razones, ya sea por el costo, porque sus aseguradoras dejan de cubrirlo o porque no desean tomar medicamentos durante un período prolongado.
Y cuando dejan de tomar los medicamentos, tienden a recuperar el peso perdido. Un estudio reciente reveló que la recuperación de peso ocurre hasta cuatro veces más rápido después de suspender los medicamentos para adelgazar que en quienes finalizan un programa de pérdida de peso centrado en el cambio de hábitos.
Otro estudio encontró que quienes tomaban medicamentos para adelgazar aumentaron 1,5 kg ocho semanas después de suspender la medicación, y su peso continuó aumentando con el paso del tiempo.
El mismo estudio también encontró que otros problemas de salud, como la hipertensión, también reaparecen.
Nuevas investigaciones también han descubierto que las personas que dejan de tomar medicamentos para bajar de peso recuperan alrededor del 60% del peso perdido un año después.
Según Sattar, este peso regresa rápidamente debido a lo que los investigadores denominan “ruido alimentario”, que consiste en pensamientos persistentes e intrusivos sobre la comida.
Las hormonas también influyen. Al intentar perder peso, se desencadena una potente respuesta hormonal que le indica al cuerpo que recupere el peso perdido.
Cummings explica que, debido a esto, el cerebro interpreta una disminución de calorías como una deficiencia energética, por lo que, tras suspender los medicamentos, aumentan las hormonas que estimulan el apetito, mientras que disminuye el metabolismo.
“Si estas defensas biológicas son lo suficientemente fuertes, pueden reducir la eficacia del medicamento”, afirma.
Cambio de estilo de vida
Sattar ha observado que, para un pequeño porcentaje de personas que modifican su estilo de vida, es posible reducir la dosis o usar el medicamento de forma intermitente. Algunos realmente realizan “cambios fundamentales en su dieta”, afirma.
“Otros podrían necesitar una dosis menor que la inicial. Pero la mayoría probablemente seguirá necesitando alguna dosis del medicamento, ya que el entorno alimentario sigue siendo el mismo”.
También existe una creciente preocupación por el hecho de que algunas personas estén tomando medicamentos para bajar de peso como sustituto de los cambios en su estilo de vida, a pesar de que la evidencia demuestra que modificar el estilo de vida en combinación con estos fármacos es lo que conduce a una mayor pérdida de peso.
Recientemente, en una revisión científica de la evidencia, los expertos advirtieron que la falta de apoyo conductual y de estilo de vida para quienes toman medicamentos para bajar de peso puede hacerlos vulnerables a deficiencias nutricionales.
“Debemos asegurarnos de que las personas reciban suficiente proteína y todas las vitaminas y minerales que necesitan”, afirma Marie Spreckley, científica especializada en nutrición y comportamiento de la Universidad de Cambridge y autora principal del informe.
“No queremos consecuencias no deseadas a largo plazo, como fragilidad y pérdida muscular. No queremos sustituir un problema de salud por otro”.
Dado que estos medicamentos provocan una drástica reducción del apetito, los pacientes tienden a comer menos en general, señalan ella y sus colegas. Esto puede suponer una “oportunidad perdida” si los pacientes no reciben apoyo a largo plazo y sus hábitos alimenticios siguen siendo deficientes.
No hay una solución rápida
Por lo tanto, la Organización Mundial de la Salud ha declarado que la medicación por sí sola no “revertirá el problema de la obesidad”. También se necesitan intervenciones tempranas, cribado y la creación de entornos más saludables, según indica la organización en sus directrices sobre el uso de fármacos GLP-1.
Esto es más fácil cuando las personas siguen tomando los medicamentos, explica Sattar. “Tienen más tiempo para pensar en su dieta”.
Sin embargo, modificar los hábitos es extremadamente difícil, afirma Amanda Daley, profesora de medicina conductual en la Universidad de Loughborough (Reino Unido). Explica que es necesario mejorar la comunicación con los pacientes sobre la rapidez con la que pueden recuperar peso una vez que dejan de tomar medicamentos con GLP-1.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Vivimos en un entorno alimentario que se considera “obesogénico”, lo que significa que nos incita a tomar decisiones que aumentan nuestro riesgo de obesidad.
La obesidad es una afección crónica y recurrente, afirma, lo que significa que no se puede “curar” solo con medicamentos.
Por eso, el apoyo adicional y la atención integral son fundamentales para garantizar que los pacientes realicen cambios en su dieta y aumenten su actividad física.
No está claro si los proveedores privados ofrecen este apoyo adicional crucial, señala, lo cual le preocupa, ya que muchas personas acceden a los medicamentos de forma privada y es difícil supervisar la continuidad del tratamiento.
Los pequeños incentivos ayudan a cambiar el comportamiento
Para superar parte de este problema, investigadores de Stanford han estudiado cómo pueden apoyar y fomentar cambios en el estilo de vida.
En un estudio reciente, los investigadores probaron si pequeños incentivos, o “micropasos”, podían ayudar a fomentar cambios de comportamiento saludables en quienes toman medicamentos GLP-1.
Los pequeños cambios se centraron en la nutrición, la actividad física, el sueño y el manejo del estrés. Fundamentalmente, los micropasos eran pequeños y manejables, como sustituir las bebidas azucaradas por agua, dejar de tomar café después del almuerzo, respirar profundamente cuando se está estresado o salir a la calle durante cinco minutos.
Descubrieron que estas intervenciones ayudaban a mejorar las expectativas de comportamiento.
Esta “expectativa” es un primer paso necesario para el cambio de comportamiento, afirma Maya Adam, profesora clínica asociada de pediatría en la Facultad de Medicina de Stanford, quien participó en el estudio.
“Alcanzar un estado de salud óptimo implica mucho más que solo farmacoterapia”, explica. “Descubrimos que brindar a las personas estos pequeños incentivos puede ser muy efectivo”.
Considera que estos pasos son “demasiado pequeños para fracasar” porque incluso los pequeños cambios y hábitos diarios marcan una diferencia real con el tiempo.
Efectos secundarios
Este tipo de intervenciones son cruciales para brindar a las personas las herramientas que necesitan para lograr el cambio, señala Daley, especialmente considerando los efectos secundarios conocidos.
Estos incluyen problemas gastrointestinales. También se ha observado un aumento en la pancreatitis y los cálculos biliares. La pérdida de masa muscular es otra preocupación, especialmente entre las personas que no hacen ejercicio.
Recientemente, un estudio también encontró vínculos con afecciones óseas y articulares.
Si bien contamos con varios años de datos sobre la eficacia de los fármacos GLP-1, aún desconocemos las perspectivas a largo plazo y si sus efectos disminuirán con el tiempo.
También faltan datos sobre cómo estos fármacos afectan los resultados del embarazo o a las generaciones futuras, ya que se recomienda no tomar medicamentos para bajar de peso durante el embarazo.
Sin embargo, dados los efectos negativos para la salud de las personas con obesidad, los efectos secundarios son insignificantes en comparación, según afirman Sattar y Cummings.
Esto es especialmente cierto para las personas con múltiples afecciones relacionadas con el peso. Las enfermedades cardíacas, el cáncer y los accidentes cerebrovasculares son las principales causas de muerte en todo el mundo, y todas están vinculadas a la obesidad.
Un panorama cambiante
Lo que sí está claro es que el panorama de los medicamentos para bajar de peso está evolucionando rápidamente.
Además de la pérdida de peso, existen otros beneficios para la salud. En un importante estudio con dos millones de personas, estos fármacos se asociaron con una mejor salud cardiovascular, menos infecciones, menor riesgo de abuso de sustancias y menor incidencia de demencia.
También se ha demostrado que mejoran la apnea del sueño, la artritis y el abuso de sustancias.
Un nuevo fármaco llamado retatrutida también ha mostrado resultados prometedores en ensayos recientes. Imita tres hormonas que regulan el apetito, y la evidencia inicial indica una pérdida de peso de casi el 29 % después de 68 semanas, según el fabricante Eli Lilly.
Los medicamentos son solo una herramienta para el tratamiento de la obesidad, afirma Daley. Más importante aún es facilitar que las personas realicen cambios más saludables que perduren más allá de la medicación.
Y debido a la gran cantidad de personas que consumen alimentos ultraprocesados con alto contenido calórico, la obesidad seguirá siendo un problema de salud creciente, advierten los expertos.
Nuestro objetivo final, añade Daley, debería ser cambiar el entorno alimentario para ofrecer mejores opciones e influir en las políticas gubernamentales para que la próxima generación no necesite estos medicamentos.
* Melissa Hogenboom es corresponsal sénior de salud en la BBC y autora de Breadwinners (2025) y The Motherhood Complex.
Este artículo apareció en BBC Future. Puedes leer la versión original en inglés aquí.
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Sarah Le Brocq tiene experiencia directa con los efectos transformadores de los medicamentos para bajar de peso. Ha vivido con obesidad durante la mayor parte de su vida adulta y ha probado numerosas dietas.
“Pensaba: ‘Probaré cualquier cosa que salga, porque podría funcionarme’”. Desafortunadamente, siempre recuperaba el peso perdido, según le contó a la BBC.
Después de tomar medicamentos para bajar de peso durante más de dos años, ha perdido casi 51 kg. “De repente, dejé de pensar en la comida”, afirma. “Tengo más energía, hago cosas que antes no podía… me ha dado una nueva libertad en la vida”.
Millones de personas como Sarah ahora tienen acceso a medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida, más conocidas por sus nombres comerciales Ozempic y Mounjaro.
Es probable que el número de personas que toman medicamentos para bajar de peso aumente a medida que aparezcan nuevos fármacos en el mercado, incluyendo pastillas en lugar de las inyecciones actuales.
Es evidente que estos fármacos están inaugurando una nueva era en el tratamiento de la obesidad.
Este trastorno ahora es un problema “controlable”, me comenta David Cummings, profesor de medicina de la Universidad de Washington. “Son lo más parecido a un medicamento milagroso que he visto”.
Otros académicos, sin embargo, advierten que corremos el riesgo de perder de vista la necesidad de un cambio de comportamiento, especialmente porque el peso tiende a recuperarse rápidamente al dejar de tomar los fármacos.
Entonces, ¿qué debería considerar antes de comenzar el tratamiento cualquier persona que planee usar medicamentos para bajar de peso?
Cómo funcionan
Los fármacos para bajar de peso actúan suprimiendo el apetito imitando las hormonas que le indican al cuerpo cuándo está saciado. Las más comunes son el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) y el polipéptido insulinotrópico dependiente de la glucosa (GIP).
Los fármacos se unen a moléculas especializadas en la superficie de nuestras células, conocidas como receptores de GLP-1 y GIP, que desempeñan un papel clave al indicarle al cuerpo cuándo ha comido lo suficiente.
Por lo general, quienes toman estos medicamentos comienzan a perder peso en las primeras semanas. Si bien solo están aprobados para la pérdida de peso en personas con obesidad, existe un mercado privado en rápido crecimiento para quienes no se consideran clínicamente obesos.
Su popularidad ha ido en aumento debido a su gran eficacia, con una pérdida de peso de entre el 14 % y el 20 % en 72 semanas.
Sin embargo, entre el 10 % y el 15 % de las personas pierden muy poco peso; se les denomina “no respondedores”.
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Pie de foto, Los fármacos para bajar de peso que imitan la acción del GLP-1 pueden ayudar a las personas a perder peso rápidamente, pero mantenerlo a largo plazo es más difícil.
Los GLP-1 son como un “escudo químico” que protege a las personas de nuestro “entorno obesogénico moderno, repleto de alimentos baratos y ricos en calorías”, afirma Naveed Sattar, profesor de medicina cardiometabólica en la Universidad de Glasgow y director del programa Objetivos de Salud para la Obesidad del Gobierno británico.
Sattar ha colaborado como consultor en ensayos clínicos con varias empresas que producen fármacos para adelgazar, aunque no posee acciones de ninguna de ellas.
“Hay comida por todas partes”, comenta, y en media hora cualquiera “puede llamar por teléfono y pedir 10.000 calorías”.
Si dejas de tomarlos, subirás de peso
Si una persona con obesidad empieza a tomar fármacos para adelgazar, debe tener en cuenta que podría tener que tomarlos a largo plazo, explica Cummings, quien dirige un programa de control de peso para personas con obesidad con un Índice de masa corporal de 50 o superior.
Una pregunta frecuente que le hacen sus pacientes antes de empezar a tomar un fármaco para adelgazar es cuánto tiempo tendrán que tomarlo.
Por lo general, dejan de tomar los medicamentos después de aproximadamente un año, explica. Un análisis de estudios científicos con más de 9000 pacientes indicó que la duración promedio del tratamiento era de 39 semanas.
La gente cree que puede seguir perdiendo peso solo con fuerza de voluntad, comenta, pero la evidencia sugiere que no es así.
Cummings ha descubierto que las personas abandonan el tratamiento por diversas razones, ya sea por el costo, porque sus aseguradoras dejan de cubrirlo o porque no desean tomar medicamentos durante un período prolongado.
Y cuando dejan de tomar los medicamentos, tienden a recuperar el peso perdido. Un estudio reciente reveló que la recuperación de peso ocurre hasta cuatro veces más rápido después de suspender los medicamentos para adelgazar que en quienes finalizan un programa de pérdida de peso centrado en el cambio de hábitos.
Otro estudio encontró que quienes tomaban medicamentos para adelgazar aumentaron 1,5 kg ocho semanas después de suspender la medicación, y su peso continuó aumentando con el paso del tiempo.
El mismo estudio también encontró que otros problemas de salud, como la hipertensión, también reaparecen.
Nuevas investigaciones también han descubierto que las personas que dejan de tomar medicamentos para bajar de peso recuperan alrededor del 60% del peso perdido un año después.
Según Sattar, este peso regresa rápidamente debido a lo que los investigadores denominan “ruido alimentario”, que consiste en pensamientos persistentes e intrusivos sobre la comida.
Las hormonas también influyen. Al intentar perder peso, se desencadena una potente respuesta hormonal que le indica al cuerpo que recupere el peso perdido.
Cummings explica que, debido a esto, el cerebro interpreta una disminución de calorías como una deficiencia energética, por lo que, tras suspender los medicamentos, aumentan las hormonas que estimulan el apetito, mientras que disminuye el metabolismo.
“Si estas defensas biológicas son lo suficientemente fuertes, pueden reducir la eficacia del medicamento”, afirma.
Cambio de estilo de vida
Sattar ha observado que, para un pequeño porcentaje de personas que modifican su estilo de vida, es posible reducir la dosis o usar el medicamento de forma intermitente. Algunos realmente realizan “cambios fundamentales en su dieta”, afirma.
“Otros podrían necesitar una dosis menor que la inicial. Pero la mayoría probablemente seguirá necesitando alguna dosis del medicamento, ya que el entorno alimentario sigue siendo el mismo”.
También existe una creciente preocupación por el hecho de que algunas personas estén tomando medicamentos para bajar de peso como sustituto de los cambios en su estilo de vida, a pesar de que la evidencia demuestra que modificar el estilo de vida en combinación con estos fármacos es lo que conduce a una mayor pérdida de peso.
Recientemente, en una revisión científica de la evidencia, los expertos advirtieron que la falta de apoyo conductual y de estilo de vida para quienes toman medicamentos para bajar de peso puede hacerlos vulnerables a deficiencias nutricionales.
“Debemos asegurarnos de que las personas reciban suficiente proteína y todas las vitaminas y minerales que necesitan”, afirma Marie Spreckley, científica especializada en nutrición y comportamiento de la Universidad de Cambridge y autora principal del informe.
“No queremos consecuencias no deseadas a largo plazo, como fragilidad y pérdida muscular. No queremos sustituir un problema de salud por otro”.
Dado que estos medicamentos provocan una drástica reducción del apetito, los pacientes tienden a comer menos en general, señalan ella y sus colegas. Esto puede suponer una “oportunidad perdida” si los pacientes no reciben apoyo a largo plazo y sus hábitos alimenticios siguen siendo deficientes.
No hay una solución rápida
Por lo tanto, la Organización Mundial de la Salud ha declarado que la medicación por sí sola no “revertirá el problema de la obesidad”. También se necesitan intervenciones tempranas, cribado y la creación de entornos más saludables, según indica la organización en sus directrices sobre el uso de fármacos GLP-1.
Esto es más fácil cuando las personas siguen tomando los medicamentos, explica Sattar. “Tienen más tiempo para pensar en su dieta”.
Sin embargo, modificar los hábitos es extremadamente difícil, afirma Amanda Daley, profesora de medicina conductual en la Universidad de Loughborough (Reino Unido). Explica que es necesario mejorar la comunicación con los pacientes sobre la rapidez con la que pueden recuperar peso una vez que dejan de tomar medicamentos con GLP-1.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Vivimos en un entorno alimentario que se considera “obesogénico”, lo que significa que nos incita a tomar decisiones que aumentan nuestro riesgo de obesidad.
La obesidad es una afección crónica y recurrente, afirma, lo que significa que no se puede “curar” solo con medicamentos.
Por eso, el apoyo adicional y la atención integral son fundamentales para garantizar que los pacientes realicen cambios en su dieta y aumenten su actividad física.
No está claro si los proveedores privados ofrecen este apoyo adicional crucial, señala, lo cual le preocupa, ya que muchas personas acceden a los medicamentos de forma privada y es difícil supervisar la continuidad del tratamiento.
Los pequeños incentivos ayudan a cambiar el comportamiento
Para superar parte de este problema, investigadores de Stanford han estudiado cómo pueden apoyar y fomentar cambios en el estilo de vida.
En un estudio reciente, los investigadores probaron si pequeños incentivos, o “micropasos”, podían ayudar a fomentar cambios de comportamiento saludables en quienes toman medicamentos GLP-1.
Los pequeños cambios se centraron en la nutrición, la actividad física, el sueño y el manejo del estrés. Fundamentalmente, los micropasos eran pequeños y manejables, como sustituir las bebidas azucaradas por agua, dejar de tomar café después del almuerzo, respirar profundamente cuando se está estresado o salir a la calle durante cinco minutos.
Descubrieron que estas intervenciones ayudaban a mejorar las expectativas de comportamiento.
Esta “expectativa” es un primer paso necesario para el cambio de comportamiento, afirma Maya Adam, profesora clínica asociada de pediatría en la Facultad de Medicina de Stanford, quien participó en el estudio.
“Alcanzar un estado de salud óptimo implica mucho más que solo farmacoterapia”, explica. “Descubrimos que brindar a las personas estos pequeños incentivos puede ser muy efectivo”.
Considera que estos pasos son “demasiado pequeños para fracasar” porque incluso los pequeños cambios y hábitos diarios marcan una diferencia real con el tiempo.
Efectos secundarios
Este tipo de intervenciones son cruciales para brindar a las personas las herramientas que necesitan para lograr el cambio, señala Daley, especialmente considerando los efectos secundarios conocidos.
Estos incluyen problemas gastrointestinales. También se ha observado un aumento en la pancreatitis y los cálculos biliares. La pérdida de masa muscular es otra preocupación, especialmente entre las personas que no hacen ejercicio.
Recientemente, un estudio también encontró vínculos con afecciones óseas y articulares.
Si bien contamos con varios años de datos sobre la eficacia de los fármacos GLP-1, aún desconocemos las perspectivas a largo plazo y si sus efectos disminuirán con el tiempo.
También faltan datos sobre cómo estos fármacos afectan los resultados del embarazo o a las generaciones futuras, ya que se recomienda no tomar medicamentos para bajar de peso durante el embarazo.
Sin embargo, dados los efectos negativos para la salud de las personas con obesidad, los efectos secundarios son insignificantes en comparación, según afirman Sattar y Cummings.
Esto es especialmente cierto para las personas con múltiples afecciones relacionadas con el peso. Las enfermedades cardíacas, el cáncer y los accidentes cerebrovasculares son las principales causas de muerte en todo el mundo, y todas están vinculadas a la obesidad.
Un panorama cambiante
Lo que sí está claro es que el panorama de los medicamentos para bajar de peso está evolucionando rápidamente.
Además de la pérdida de peso, existen otros beneficios para la salud. En un importante estudio con dos millones de personas, estos fármacos se asociaron con una mejor salud cardiovascular, menos infecciones, menor riesgo de abuso de sustancias y menor incidencia de demencia.
También se ha demostrado que mejoran la apnea del sueño, la artritis y el abuso de sustancias.
Un nuevo fármaco llamado retatrutida también ha mostrado resultados prometedores en ensayos recientes. Imita tres hormonas que regulan el apetito, y la evidencia inicial indica una pérdida de peso de casi el 29 % después de 68 semanas, según el fabricante Eli Lilly.
Los medicamentos son solo una herramienta para el tratamiento de la obesidad, afirma Daley. Más importante aún es facilitar que las personas realicen cambios más saludables que perduren más allá de la medicación.
Y debido a la gran cantidad de personas que consumen alimentos ultraprocesados con alto contenido calórico, la obesidad seguirá siendo un problema de salud creciente, advierten los expertos.
Nuestro objetivo final, añade Daley, debería ser cambiar el entorno alimentario para ofrecer mejores opciones e influir en las políticas gubernamentales para que la próxima generación no necesite estos medicamentos.
* Melissa Hogenboom es corresponsal sénior de salud en la BBC y autora de Breadwinners (2025) y The Motherhood Complex.
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Pie de foto, Científicos estudiaron cuál es la relación entre la actividad física y la fijación de recuerdos en la memoria.Información del artículo
Autor, Melissa Hogenboom
Título del autor, BBC Future
Tiempo de lectura: 5 min
La memoria puede ser algo muy volátil.
Ya sea al intentar recordar nombres de personas, una lista de cosas que necesitas comprar o mientras te preparas para un examen o una entrevista de trabajo, la información que estaba en tu mente un minuto antes puede desvanecerse al siguiente.
Pero hay una forma sencilla de darle un impulso inmediato a tu memoria mientras intentas aprender información nueva: súbete a una bicicleta estática durante unos minutos o da una caminata enérgica.
Las investigaciones muestran que podemos mejorar nuestra memoria haciendo ejercicio aeróbico, o cardio.
Desde hace tiempo se sabe que el ejercicio mejora la cognición.
La actividad física mejora nuestro desempeño en tareas y fortalece áreas del cerebro vulnerables al envejecimiento, lo que potencialmente ralentiza el deterioro cognitivo.
Pero el ejercicio físico también puede fortalecer una zona del cerebro importante para la memoria: el hipocampo. Y es por eso que puede tener un efecto positivo en nuestros recuerdos.
Por ejemplo, se ha descubierto que el ejercicio moderado varias veces a la semana aumenta el tamaño del hipocampo.
Otros estudios han demostrado que el momento del ejercicio también puede marcar una diferencia: salir a caminar cuatro horas después de aprender algo puede mejorar la retención y recuperación posterior de la memoria en comparación con hacer ejercicio inmediatamente después.
Los ejercicios de estiramiento, en comparación, no proporcionaron ningún impulso a la memoria.
El rol del hipocampo
Hasta ahora, ha sido difícil para los científicos comprender los procesos involucrados.
Un nuevo estudio de investigación intentó hacer precisamente eso.
Un grupo de neurocientíficos observaron la actividad en el cerebro de 14 personas inmediatamente después de hacer ejercicio y vieron pequeñas ráfagas de actividad eléctrica que fluían entre las células cerebrales, o neuronas, que se sabe que son importantes para consolidar recuerdos.
Estas “ondas cerebrales” son un fenómeno en el que muchas neuronas se activan al mismo tiempo, dice Michelle Voss, neurocientífica de la Universidad de Iowa, que dirigió el estudio.
Las ondas desempeñan un papel clave en cómo el cerebro empaqueta y almacena recuerdos durante el sueño y en períodos de descanso tranquilo (los participantes de la investigación padecían epilepsia resistente a los medicamentos, pero el estudio se centró en partes del cerebro que estaban sanas y producían señales eléctricas normales).
El equipo monitoreó los cerebros de los participantes para ver qué sucedía después de una breve ráfaga de actividad.
Encontraron que después del ejercicio hubo un aumento en las ondas en el hipocampo, así como en otras áreas conectadas a él.
Los investigadores creen que esto ayuda al cerebro a consolidar recuerdos.
“Estos pulsos también estaban más finamente sincronizados con la actividad neuronal en el resto del cerebro”, afirma Voss.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, El hipocampo se encuentra en lo profundo del cerebro, pero desempeña un papel importante en la memoria y el aprendizaje.
Su equipo colaboró con neurocirujanos que monitorean la actividad eléctrica en pacientes sometidos a evaluación para cirugía de epilepsia.
Estos pacientes tenían temporalmente electrodos implantados en el cerebro, lo que permitió al equipo observar la actividad eléctrica antes y después de que hicieran ejercicio en una bicicleta estática.
Aunque los participantes no realizaron ninguna actividad de aprendizaje como parte del estudio, investigaciones previas habían indicado que las “ondas” podrían ser un candidato para fijar recuerdos.
“Esto nos brinda una oportunidad única para comprender cómo funciona el cerebro humano con mediciones directas de las señales eléctricas, que son la unidad fundamental del funcionamiento cerebral”, explica Voss.
Proteger contra el deterioro cognitivo
Estas ondas ocurren demasiado rápido para ser detectadas por escáneres cerebrales estándar, lo que convierte a este estudio en el primero en mostrar cómo el ejercicio influye directamente en la actividad eléctrica del cerebro.
Voss cree que esta sincronía puede proporcionar una explicación biológica de por qué las personas suelen recordar mejor la información si hacen ejercicio poco después de aprenderla.
Y solo se necesitó una breve ráfaga de actividad para aumentar las ondas cerebrales, lo que demuestra que incluso hacer ejercicio por periodos breves pueden beneficiar nuestra memoria.
Voss espera que este trabajo ayude a replantear los mensajes de salud pública sobre la actividad física y nos permita pensar mejor sobre el envejecimiento, especialmente porque fortalecer las áreas importantes para la memoria podría ayudar a proteger el cerebro del deterioro cognitivo.
Al mismo tiempo, sabemos que los episodios regulares de actividad nos brindan una variedad de beneficios inmediatos para el cerebro y el cuerpo.
La investigación muestra que un solo entrenamiento puede mejorar la concentración por hasta dos horas después, así como aumentar de inmediato los niveles de dopamina, la hormona “del bienestar”.
Otro estudio reciente descubrió que cuanto más ejercicio hacemos y más en forma estamos, mayor es el beneficio que obtiene el cerebro después de una sola sesión.
Cualquier actividad física es claramente beneficiosa, pero este nuevo estudio reveló que los beneficios cerebrales aumentan cuanto más activos somos.
Esto ocurre porque una mayor aptitud cardiovascular y masa muscular permiten que el cuerpo produzca más de una proteína vital para formar nuevas conexiones cerebrales, llamada Factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF. por sus siglas en inglés)
“Hay una razón para mantenerse activo, porque obtendrás más beneficios cada vez”, señala Flaminia Ronca, investigadora en fisiología del ejercicio en University College London, en Reino Unido, quien dirigió este estudio.
“Si te mantienes haciendo ejercicio durante seis semanas, obtendrás beneficios mayores en cualquier sesión posterior”, agrega la experta.
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