En 2018, una mujer llegó al Laboratorio de Genética de Poblaciones e Identificación de la Universidad Nacional de Colombia con una petición: había tenido dos hijos varones mellizos hacía dos años y quería confirmar su paternidad.
Hicieron la prueba de rutina y luego la volvieron a hacer. Es que el resultado era tan sorprendente que querían estar seguros: los mellizos eran hijos de la misma madre pero de diferentes padres.
Se trata de un fenómeno extremadamente poco frecuente conocido como superfecundación heteropaternal. De este, se han reportado en artículos científicos una veintena de casos a nivel mundial.
Aunque sabían que algo así era posible, los expertos de la Universidad Nacional nunca se habían encontrado un caso de primera mano.
Y, por supuesto, despertó su interés científico.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Los científicos del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia descubrieron un caso de superfecundación heteropaternal.
Cómo lo averiguaron
Para determinar la paternidad de cualquier persona, los científicos del Laboratorio de Genética de Poblaciones e Identificación de la Universidad Nacional de Colombia utilizan una tecnología llamada “marcadores microsatélites”.
Esta consiste, a grandes rasgos, en analizar pequeñísimos fragmentos de ADN del niño, la mamá, y el supuesto padre, y compararlos.
“Tomamos el ADN de cada uno de ellos, miramos entre 15 y 22 puntos, que se llaman microsatélites, y los comparamos uno a uno”, explica el profesor William Usaquén, director del laboratorio, a BBC Mundo.
Pero el proceso no es tan simple como poner el ADN bajo un potente microscopio y observarlo.
Después de tomar las muestras de sangre con un pinchazo en el dedo, los científicos realizan un procedimiento químico para separar el ADN de lo que no lo es.
Luego, toman el ADN, que es extremadamente pequeño, y lo pasan por un equipo especializado para amplificarlo.
El líquido que resulta de esto lo mezclan con elementos fluorescentes para marcar de 15 a 22 puntos (microsatélites) que quieren observar, y lo pasan por otra máquina, capaz de leer los microsatélites en cada una de las muestras y convertirlos en una secuencia numérica. Ese proceso se denomina electroforesis.
Finalmente, con las secuencias numéricas en mano, los investigadores hacen un análisis probabilístico para descartar o no que el hombre sea el padre del bebé.
Cuando la mitad del perfil genético del niño coincide con el de la madre y la otra mitad con el del supuesto padre, se confirma la paternidad.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Los científicos del Instituto de Genética utilizan una técnica que permite obtener el perfil genético de una persona en un formato similar a un código de barras.
En el caso de los mellizos de diferente padre que descubrieron en 2018, los científicos del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia analizaron 17 microsatelites en el ADN de la madre, los dos bebés y el presunto padre que se presentó a la prueba.
Y encontraron que el ADN del presunto padre coincidía con el de uno de los niños, pero no con el del otro.
Se trataba de un resultado, a todas luces, extraordinario.
“Yo soy director del laboratorio desde hace 26 años, y es el primer caso que hemos visto, y hasta ahora el único”, señala William Usaquén.
“Habíamos escuchado por otros reportes que esos casos sí se observaban en muy baja frecuencia en el mundo”, dice por su parte Andrea Casas, experta en genética e investigadora del Instituto de Genética.
Como establece el protocolo, repitieron la prueba desde el inicio para descartar que se tratara de un error en el proceso o una confusión de las muestras.
El resultado fue el mismo que la primera vez.
Fuente de la imagen, Netflix
Pie de foto, En la serie de Netflix “Simplemente Alicia”, la protagonista queda embarazada a la vez de los dos hombres con los que ha estado casada en secreto.
Por qué es tan poco común
Un artículo de 2014 publicado por científicos de un laboratorio en Baltimore, en Estados Unidos, señalaba que en una base de datos con información sobre 39.000 pruebas de paternidad se encontraron apenas tres casos de superfecundación heteropaternal (mellizos de diferentes padres).
El profesor William Usaquén explica a qué se debe que sea un evento biológico que se da con tan poca frecuencia:
“Primero, la señora debe tener dos parejas sexuales. Segundo, tiene que tener relaciones con los dos hombres en un breve periodo de tiempo. Además, tiene que haber habido una poliovulación (es decir, la liberación de dos o más óvulos en un mismo ciclo menstrual). Y, por último, las dos veces tiene que quedar fecundada”.
“Es un evento raro sumando a otro evento raro, más otro evento raro, más otro evento raro. Lastimosamente, no apostamos a la lotería”, bromea Usaquén.
Cabe aclarar que, en ningún caso, los mellizos de diferente padre pueden ser gemelos idénticos, pues estos últimos se desarrollan a partir de un solo óvulo y espermatozoide.
Fuente de la imagen, Getty Images
La intimidad de las personas
Por lo general, en los casos en los que la mujer libera más de un óvulo, cuando uno solo es fecundado, el otro o los otros envejecen y mueren rápidamente.
Por eso también es rara la superfecundación: porque la segunda fecundación ocurre antes de que el óvulo no fecundado muera.
Según estiman los científicos del Instituto de Genética, ambas fecundaciones tienen que ocurrir en un lapso de entre 24 y 36 horas, que es el tiempo que los óvulos permanecen viables luego de ser liberados.
Sin embargo, explica Andrea Casas, “puede que no necesariamente salgan los óvulos al mismo tiempo”.
“A veces, un trompa libera un óvulo, y a los dos o tres días, libera el otro […]”, lo cual aumenta la probabilidad de que ocurran fecundaciones en dos momentos distintos, agrega.
Por supuesto, otra de las razones por las que se conocen tan pocos casos de mellizos de padres diferentes es que la enorme mayoría de de personas no se hacen una prueba de paternidad.
De hecho, se ha sugerido en la literatura científica que en el futuro este dejará de ser un fenómeno tan atípico “gracias a la disponibilidad actual de métodos moleculares y a la popularidad y el número creciente de pruebas de paternidad”, señalan los científicos del Instituto de Genética en el artículo que publicaron reportando el caso que lograron comprobar.
A pesar del interés biológico que puedan tener los académicos en conocer las circunstancias en las que se dio una superfecundación heteropaternal, la ética de la investigación les impide preguntar por la vida íntima de las personas que acuden a la prueba.
“Las pruebas de filiación se hacen siempre propendiendo por la integridad y la intimidad de las personas”, explica Usaquén.
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Pie de foto, Los científicos del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia descubrieron un caso de superfecundación heteropaternal.Información del artículo
Tiempo de lectura: 6 min
En 2018, una mujer llegó al Laboratorio de Genética de Poblaciones e Identificación de la Universidad Nacional de Colombia con una petición: había tenido dos hijos varones mellizos hacía dos años y quería confirmar su paternidad.
Hicieron la prueba de rutina y luego la volvieron a hacer. Es que el resultado era tan sorprendente que querían estar seguros: los mellizos eran hijos de la misma madre pero de diferentes padres.
Se trata de un fenómeno extremadamente poco frecuente conocido como superfecundación heteropaternal. De este, se han reportado en artículos científicos una veintena de casos a nivel mundial.
Aunque sabían que algo así era posible, los expertos de la Universidad Nacional nunca se habían encontrado un caso de primera mano.
Y, por supuesto, despertó su interés científico.
Cómo lo averiguaron
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Los científicos del Instituto de Genética utilizan una técnica que permite obtener el perfil genético de una persona en un formato similar a un código de barras.
Para determinar la paternidad de cualquier persona, los científicos del Laboratorio de Genética de Poblaciones e Identificación de la Universidad Nacional de Colombia utilizan una tecnología llamada “marcadores microsatélites”.
Esta consiste, a grandes rasgos, en analizar pequeñísimos fragmentos de ADN del niño, la mamá, y el supuesto padre, y compararlos.
“Tomamos el ADN de cada uno de ellos, miramos entre 15 y 22 puntos, que se llaman microsatélites, y los comparamos uno a uno”, explica el profesor William Usaquén, director del laboratorio, a BBC Mundo.
Pero el proceso no es tan simple como poner el ADN bajo un potente microscopio y observarlo.
Después de tomar las muestras de sangre con un pinchazo en el dedo, los científicos realizan un procedimiento químico para separar el ADN de lo que no lo es.
Luego, toman el ADN, que es extremadamente pequeño, y lo pasan por un equipo especializado para amplificarlo.
El líquido que resulta de esto lo mezclan con elementos fluorescentes para marcar de 15 a 22 puntos (microsatélites) que quieren observar, y lo pasan por otra máquina, capaz de leer los microsatélites en cada una de las muestras y convertirlos en una secuencia numérica. Ese proceso se denomina electroforesis.
Finalmente, con las secuencias numéricas en mano, los investigadores hacen un análisis probabilístico para descartar o no que el hombre sea el padre del bebé.
Cuando la mitad del perfil genético del niño coincide con el de la madre y la otra mitad con el del supuesto padre, se confirma la paternidad.
Fuente de la imagen, Netflix
Pie de foto, En la serie de Netflix “Simplemente Alicia”, la protagonista queda embarazada a la vez de los dos hombres con los que ha estado casada en secreto.
En el caso de los mellizos de diferente padre que descubrieron en 2018, los científicos del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia analizaron 17 microsatelites en el ADN de la madre, los dos bebés y el presunto padre que se presentó a la prueba.
Y encontraron que el ADN del presunto padre coincidía con el de uno de los niños, pero no con el del otro.
Se trataba de un resultado, a todas luces, extraordinario.
“Yo soy director del laboratorio desde hace 26 años, y es el primer caso que hemos visto, y hasta ahora el único”, señala William Usaquén.
“Habíamos escuchado por otros reportes que esos casos sí se observaban en muy baja frecuencia en el mundo”, dice por su parte Andrea Casas, experta en genética e investigadora del Instituto de Genética.
Como establece el protocolo, repitieron la prueba desde el inicio para descartar que se tratara de un error en el proceso o una confusión de las muestras.
El resultado fue el mismo que la primera vez.
Por qué es tan poco común
Un artículo de 2014 publicado por científicos de un laboratorio en Baltimore, en Estados Unidos, señalaba que en una base de datos con información sobre 39.000 pruebas de paternidad se encontraron apenas tres casos de superfecundación heteropaternal (mellizos de diferentes padres).
El profesor William Usaquén explica a qué se debe que sea un evento biológico que se da con tan poca frecuencia:
“Primero, la señora debe tener dos parejas sexuales. Segundo, tiene que tener relaciones con los dos hombres en un breve periodo de tiempo. Además, tiene que haber habido una poliovulación (es decir, la liberación de dos o más óvulos en un mismo ciclo menstrual). Y, por último, las dos veces tiene que quedar fecundada”.
“Es un evento raro sumando a otro evento raro, más otro evento raro, más otro evento raro. Lastimosamente, no apostamos a la lotería”, bromea Usaquén.
Cabe aclarar que, en ningún caso, los mellizos de diferente padre pueden ser gemelos idénticos, pues estos últimos se desarrollan a partir de un solo óvulo y espermatozoide.
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La intimidad de las personas
Por lo general, en los casos en los que la mujer libera más de un óvulo, cuando uno solo es fecundado, el otro o los otros envejecen y mueren rápidamente.
Por eso también es rara la superfecundación: porque la segunda fecundación ocurre antes de que el óvulo no fecundado muera.
Según estiman los científicos del Instituto de Genética, ambas fecundaciones tienen que ocurrir en un lapso de entre 24 y 36 horas, que es el tiempo que los óvulos permanecen viables luego de ser liberados.
Sin embargo, explica Andrea Casas, “puede que no necesariamente salgan los óvulos al mismo tiempo”.
“A veces, un trompa libera un óvulo, y a los dos o tres días, libera el otro […]”, lo cual aumenta la probabilidad de que ocurran fecundaciones en dos momentos distintos, agrega.
Por supuesto, otra de las razones por las que se conocen tan pocos casos de mellizos de padres diferentes es que la enorme mayoría de de personas no se hacen una prueba de paternidad.
De hecho, se ha sugerido en la literatura científica que en el futuro este dejará de ser un fenómeno tan atípico “gracias a la disponibilidad actual de métodos moleculares y a la popularidad y el número creciente de pruebas de paternidad”, señalan los científicos del Instituto de Genética en el artículo que publicaron reportando el caso que lograron comprobar.
A pesar del interés biológico que puedan tener los académicos en conocer las circunstancias en las que se dio una superfecundación heteropaternal, la ética de la investigación les impide preguntar por la vida íntima de las personas que acuden a la prueba.
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Pie de foto, La lluvia puede desencadenar estados de ánimo afines a la relación y la felicidad. Información del artículo
Desde su aroma inconfundible hasta los iones negativos que libera, la lluvia ofrece beneficios fascinantes para nuestro organismo, especialmente en lo que respecta a nuestro estado de ánimo.
Era el sexto día consecutivo en que el índice de calor superaba los 38°C en New Milford, Connecticut, cuando el cielo adquirió un inquietante tono púrpura.
Yo dirigía un taller de teatro al aire libre y noté que los excursionistas observaban boquiabiertos una ominosa nube de varios kilómetros de extensión, que avanzaba sobre nuestras cabezas.
De repente, un trueno sacudió el suelo y un relámpago se extendió por el firmamento como una telaraña irregular.
Oímos la lluvia antes de sentirla. Luego, de improviso, quedamos empapados bajo un torrente de gruesas gotas. Nadie lograba oír a los demás, así que señalé una plataforma techada cercana, donde se guardaban las bolsas de lavandería, y mis alumnos y yo echamos a correr hacia ella.
Empapados y riendo, nos dejamos caer sobre el montón de ropa sucia y observamos cómo la tormenta seguía desatada. Unos 30 minutos después, el cielo se despejó y el aire se percibía asombrosamente limpio y fresco.
El aroma intenso e inconfundible de la lluvia resultaba abrumador.
Mientras regresábamos caminando al lugar del ensayo, la hierba y los árboles parecían, de algún modo, más verdes y saludables.
Todos se veían más ligeros, sonreían con mayor facilidad, y yo sentí como si una niebla mental se hubiera disipado por fin. ¿Se debió acaso a que la ola de calor había remitido o a la adrenalina de la carrera hacia el refugio? ¿O tuvo la lluvia alguna influencia en nuestro mejor estado de ánimo colectivo?
Resulta que, tras décadas de estudiar los elementos relacionados con la capacidad potencial de la lluvia para mejorar el estado de ánimo, los científicos han hallado pruebas sólidas que respaldan esta idea.
Y este no es el único beneficio de la lluvia: las investigaciones demuestran que también elimina sustancias nocivas del aire, mientras que su olor podría incluso potenciar nuestra memoria.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Hay beneficios derivados de la exposición a iones negativos en el aire, los cuales también son generados por la lluvia.
1. El impulso de serotonina
La razón principal podría residir en que la lluvia libera iones negativos en el aire: moléculas de oxígeno con un electrón adicional que se forman cuando las gotas de lluvia chocan entre sí o impactan contra una superficie y se fragmentan.
Se sabe que, en concentraciones elevadas, estos iones estimulan la producción de serotonina y las ondas alfa en el cerebro, propiciando un estado de mayor felicidad y relajación.
Cuando las gotas de lluvia golpean el suelo, pueden salpicar y liberar iones negativos en la atmósfera; un proceso conocido como efecto Lenard.
Por lo tanto, si deseas recibir una dosis considerable de iones negativos, esos potenciadores de la serotonina, intenta dar un paseo durante una tormenta lluviosa. Eso sí, asegúrate de buscar refugio en el interior si observas relámpagos, por precaución.
Algunos científicos sostienen que estos efectos positivos podrían deberse a que los iones negativos del aire aumentan los niveles de oxígeno en la sangre, lo cual genera una mejora en el estado de ánimo similar a la que se experimenta tras realizar ejercicio intenso.
No obstante, aún no existe evidencia concluyente que explique con exactitud qué mecanismo fisiológico interviene para producir estos efectos.
Pam Dalton, científica cognitiva del Centro Monell de Sentidos Químicos en Pensilvania, Estados Unidos, señala que todavía no se comprende bien por qué los iones negativos ejercen efectos como alteraciones en el estado de ánimo, así como influencia en la fatiga, el estado cardiovascular y la presión arterial.
“Si bien resulta intrigante, no existe un gran consenso respecto a los beneficios fisiológicos. Y se sabe menos aún sobre los posibles mecanismos mediante los cuales los iones negativos podrían desencadenar estos efectos”, afirma Dalton.
Las investigaciones sobre los efectos de los iones negativos en el estado de ánimo comenzaron en la década de 1950. Pero los resultados permanecieron inconclusos hasta que, en la década de 1990, se dispuso de ionizadores de alto voltaje más avanzados, capaces de generar iones negativos con mayor eficiencia.
En un destacado estudio realizado en 1995, los investigadores descubrieron que los participantes que padecían trastorno afectivo estacional (TAE) y recibieron sesiones diarias con ionizadores de alto voltaje mostraron una probabilidad mucho mayor de experimentar una reducción significativa de sus síntomas, en comparación con aquellos que recibieron un tratamiento de baja intensidad.
Según Michael Tehan, profesor de la Universidad de Columbia y director del estudio, las lluvias intensas generan niveles de iones negativos en el aire similares a los producidos por los ionizadores de alto voltaje empleados por su equipo.
Sin embargo, señala que hasta la fecha ningún estudio ha demostrado este hecho de manera directa, ni ha establecido una correlación directa entre el tiempo de exposición a la lluvia y las variaciones en el estado de ánimo.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Las gotas de lluvia limpian los agentes contaminantes del aire.
2. Un aire más limpio
Los iones negativos generados por la lluvia parecen purificar el aire, al eliminar partículas en suspensión tales como contaminantes y alérgenos, lo cual facilita la respiración.
Este efecto podría repercutir en el estado de ánimo y en la salud: dado que la mala calidad del aire se asocia con un aumento de la ansiedad y con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental de mayor gravedad, resulta lógico inferir que un aire más limpio propiciaría el efecto contrario.
“Existen pruebas razonablemente sólidas de que los iones negativos son capaces de eliminar el polvo, las bacterias, los alérgenos y otras partículas del aire, lo cual puede tener un efecto positivo en su salud respiratoria para muchas personas”, afirma Dalton.
Hasta hace aproximadamente una década, no estaba del todo claro cuán eficaces son los iones negativos para la limpieza.
En un estudio de 2015, unos investigadores replicaron esta capacidad a escala reducida al inyectar distintos tipos de partículas en una cámara de vidrio diseñada para generar gotas de lluvia.
Una vez que las gotas se habían evaporado, los investigadores recolectaron las partículas remanentes, registrando su posición para determinar si las partículas habían sido atraídas por las gotas.
Descubrieron que las gotas de lluvia de menor tamaño eran particularmente eficaces para atraer estas partículas suspendidas en el aire.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Dar un paseo bajo la lluvia permite recibir una dosis considerable de iones negativos, que potencian la serotonina.
Cuando las gotas de lluvia caen al suelo, esencialmente “barren” las diminutas partículas suspendidas en el aire que encuentran a su paso, afirma Dan Cziczo, coautor del estudio y profesor de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias en la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos.
La carga eléctrica (los iones) presente en el interior de la gota de lluvia actúa como un imán para estas partículas, dando lugar a un proceso de barrido conocido como coagulación.
Cziczo compara este fenómeno con lo que ocurre cuando un equipo de construcción rocía con agua una obra polvorienta: el polvo en suspensión es empujado de nuevo hacia el suelo, dejando el aire más limpio.
La intensidad de la lluvia también influye.
“Cuanto más intensa sea la lluvia, mayor será el efecto de limpieza que se obtendrá en la atmósfera”, señala Cziczo. Esto incluye la reducción de la cantidad de iones positivos en el aire, los cuales han sido asociados con la irritabilidad y un aumento de la ansiedad.
La próxima vez que haya una lluvia intensa, considera abrir las ventanas justo después de que cese.
Es probable que notes que el aire parece más limpio y, si la lluvia se produjo inmediatamente después de un frente frío (como suele ocurrir con las precipitaciones intensas), el viento que la acompaña podría introducir parte de ese aire puro en nuestro hogar, mejorando así la calidad del aire.
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Pie de foto, La intensidad de la lluvia influye en su capacidad de limpiar el aire.
3. El aroma que estimula la memoria
El aroma inconfundible de la lluvia también puede tener un impacto psicológico.
Conocido como petricor, este olor emana del suelo tras una tormenta y a menudo se describe como penetrante y terroso, aunque de algún modo es limpio.
“El petricor surge cuando la lluvia libera aerosoles del suelo”, afirma Phil Stevenson, profesor de química vegetal en la Universidad de Greenwich y responsable de la investigación sobre características de plantas y hongos en los Jardines de Kew, en el Reino Unido.
“Durante los periodos de sequía, las moléculas orgánicas procedentes de plantas, animales y del propio suelo se acumulan en las superficies. Cuando las gotas de lluvia impactan, estas moléculas -incluidos los aceites vegetales volátiles- se fragmentan, convirtiéndose en partículas suspendidas en el aire”.
Se cree que el olor a “limpio” se debe al ozono, el cual puede ser arrastrado hacia la tierra por las corrientes descendentes de las tormentas.
Otra parte del aroma proviene de la geosmina, un compuesto químico que producen las actinobacterias al formar esporas en el suelo.
“La lluvia libera las esporas y la geosmina, creando ese aroma familiar de ‘la primera lluvia tras una sequía’, el cual resulta más perceptible durante las estaciones cálidas”, afirma Stevenson.
Esto podría explicar por qué los seres humanos somos tan sensibles a él. De hecho, somos más sensibles que los tiburones ante el olor de la sangre.
Los científicos plantean la hipótesis de que evolucionamos para comprender que el petricor -el aroma de la lluvia sobre la tierra seca- señalaba la renovada abundancia de agua dulce, un hecho que probablemente ayudó a nuestros antepasados a sentirse seguros y en calma.
Se ha demostrado que estos olores provocan cambios distintivos en la actividad de las ondas alfa y beta del cerebro, los cuales están asociados a un estado de mayor calma y relajación.
Además, gracias a su olor único y a la drástica transformación que opera en el entorno, la lluvia puede convertirse también en un poderoso detonante de la nostalgia.
Mi experiencia con la tormenta en el campamento tuvo lugar hace más de 20 años. Sin embargo, cada vez que llueve, mi mente recrea la imagen de aquel día con una claridad asombrosa.
“Una experiencia sensorial, como el olor de la lluvia que se aproxima o el aroma que perdura tras ella, puede erigirse como el telón de fondo o el contexto que queda indisolublemente ligado a nuestros recuerdos de lugares o emociones muy diversos”, señala Dalton, quien ha dedicado gran parte de su labor investigadora a estudiar el significado psicológico del olfato.
Ella explica que cualquier olor tiene la capacidad de activar la amígdala, la estructura cerebral encargada de procesar las emociones y los recuerdos con una fuerte carga afectiva.
Precisamente esa conexión con nuestro epicentro emocional es lo que explica por qué los recuerdos asociados a determinados olores tienden a arraigarse en el cerebro y a conservar su viveza a lo largo del tiempo.
Por consiguiente, resulta irrelevante si percibimos un olor -como el de la lluvia- como algo bueno o malo; lo verdaderamente determinante y evocador es el contexto en el que experimentamos esa sensación olfativa.
Así que, la próxima vez que llueva, asómate por una ventana abierta o sal a dar un paseo tras el aguacero y percibe el aroma. Observa qué detalles de momentos lejanos del pasado afloran en tu memoria.
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Pie de foto, El olor único de la lluvia hace que pueda ser un poderoso desencadenante de la nostalgia.
4. El sonido relajante
Sin embargo, no es solo el acto de oler e inhalar la lluvia lo que puede hacernos sentir bien, sino también el escucharla. Por ello, a menudo se incluyen pistas de sonido de lluvia en las máquinas de relajación sonora.
Una lluvia constante puede reducir los niveles de cortisol, induciendo una sensación de calma, además de enmascarar los ruidos molestos.
“Los sonidos del agua se han asociado con la activación del sistema nervioso parasimpático, la rama del sistema nervioso encargada de la relajación y la recuperación”, afirma Amy Sarow, audióloga clínica que ejerce en un centro de atención ambulatoria en Southfield, Michigan.
“Cuando este sistema se activa, podemos observar efectos fisiológicos tales como una disminución de la frecuencia cardíaca y una reducción de las respuestas al estrés#.
Un estudio reciente reveló que el sonido de la lluvia resultaba más eficaz dentro del rango de los 40 a 50 decibelios (equivalente a una lluvia suave y ligera), reduciendo los niveles de estrés hasta en un 65%.
Una lluvia intensa, que se sitúa en la frecuencia aún más baja del “ruido marrón”, puede resultar más envolvente y brindar una mayor sensación de arraigo, señala Sarow, además de enmascarar los ruidos molestos para favorecer el sueño.
Ambos niveles pueden resultar relajantes, a menudo todo se reduce a una cuestión de preferencia personal, advierte Sarow.
“Si alguien escucha estos sonidos de manera intencionada como parte de una rutina de relajación, la experiencia puede empezar a asemejarse a las prácticas de atención plena o meditación, en las que el sonido actúa como un anclaje para la atención y la relajación”.
Si bien mi tormenta no me sumió exactamente en un estado zen, sí logró hacerme sentir mejor y más conectada con el momento presente.
Ahora, cada vez que cae un aguacero, procuro dedicar un poco más de tiempo a sumergirme en esa experiencia. La próxima vez que veas lluvia en el pronóstico del tiempo, considera sintonizar con esa experiencia. Podrías llevarte una grata sorpresa.
Aquí puedes leer la versión original de esta nota en inglés.
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Pie de foto, La lluvia puede desencadenar estados de ánimo afines a la relación y la felicidad. Información del artículo
Desde su aroma inconfundible hasta los iones negativos que libera, la lluvia ofrece beneficios fascinantes para nuestro organismo, especialmente en lo que respecta a nuestro estado de ánimo.
Era el sexto día consecutivo en que el índice de calor superaba los 38°C en New Milford, Connecticut, cuando el cielo adquirió un inquietante tono púrpura.
Yo dirigía un taller de teatro al aire libre y noté que los excursionistas observaban boquiabiertos una ominosa nube de varios kilómetros de extensión, que avanzaba sobre nuestras cabezas.
De repente, un trueno sacudió el suelo y un relámpago se extendió por el firmamento como una telaraña irregular.
Oímos la lluvia antes de sentirla. Luego, de improviso, quedamos empapados bajo un torrente de gruesas gotas. Nadie lograba oír a los demás, así que señalé una plataforma techada cercana, donde se guardaban las bolsas de lavandería, y mis alumnos y yo echamos a correr hacia ella.
Empapados y riendo, nos dejamos caer sobre el montón de ropa sucia y observamos cómo la tormenta seguía desatada. Unos 30 minutos después, el cielo se despejó y el aire se percibía asombrosamente limpio y fresco.
El aroma intenso e inconfundible de la lluvia resultaba abrumador.
Mientras regresábamos caminando al lugar del ensayo, la hierba y los árboles parecían, de algún modo, más verdes y saludables.
Todos se veían más ligeros, sonreían con mayor facilidad, y yo sentí como si una niebla mental se hubiera disipado por fin. ¿Se debió acaso a que la ola de calor había remitido o a la adrenalina de la carrera hacia el refugio? ¿O tuvo la lluvia alguna influencia en nuestro mejor estado de ánimo colectivo?
Resulta que, tras décadas de estudiar los elementos relacionados con la capacidad potencial de la lluvia para mejorar el estado de ánimo, los científicos han hallado pruebas sólidas que respaldan esta idea.
Y este no es el único beneficio de la lluvia: las investigaciones demuestran que también elimina sustancias nocivas del aire, mientras que su olor podría incluso potenciar nuestra memoria.
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Pie de foto, Hay beneficios derivados de la exposición a iones negativos en el aire, los cuales también son generados por la lluvia.
1. El impulso de serotonina
La razón principal podría residir en que la lluvia libera iones negativos en el aire: moléculas de oxígeno con un electrón adicional que se forman cuando las gotas de lluvia chocan entre sí o impactan contra una superficie y se fragmentan.
Se sabe que, en concentraciones elevadas, estos iones estimulan la producción de serotonina y las ondas alfa en el cerebro, propiciando un estado de mayor felicidad y relajación.
Cuando las gotas de lluvia golpean el suelo, pueden salpicar y liberar iones negativos en la atmósfera; un proceso conocido como efecto Lenard.
Por lo tanto, si deseas recibir una dosis considerable de iones negativos, esos potenciadores de la serotonina, intenta dar un paseo durante una tormenta lluviosa. Eso sí, asegúrate de buscar refugio en el interior si observas relámpagos, por precaución.
Algunos científicos sostienen que estos efectos positivos podrían deberse a que los iones negativos del aire aumentan los niveles de oxígeno en la sangre, lo cual genera una mejora en el estado de ánimo similar a la que se experimenta tras realizar ejercicio intenso.
No obstante, aún no existe evidencia concluyente que explique con exactitud qué mecanismo fisiológico interviene para producir estos efectos.
Pam Dalton, científica cognitiva del Centro Monell de Sentidos Químicos en Pensilvania, Estados Unidos, señala que todavía no se comprende bien por qué los iones negativos ejercen efectos como alteraciones en el estado de ánimo, así como influencia en la fatiga, el estado cardiovascular y la presión arterial.
“Si bien resulta intrigante, no existe un gran consenso respecto a los beneficios fisiológicos. Y se sabe menos aún sobre los posibles mecanismos mediante los cuales los iones negativos podrían desencadenar estos efectos”, afirma Dalton.
Las investigaciones sobre los efectos de los iones negativos en el estado de ánimo comenzaron en la década de 1950. Pero los resultados permanecieron inconclusos hasta que, en la década de 1990, se dispuso de ionizadores de alto voltaje más avanzados, capaces de generar iones negativos con mayor eficiencia.
En un destacado estudio realizado en 1995, los investigadores descubrieron que los participantes que padecían trastorno afectivo estacional (TAE) y recibieron sesiones diarias con ionizadores de alto voltaje mostraron una probabilidad mucho mayor de experimentar una reducción significativa de sus síntomas, en comparación con aquellos que recibieron un tratamiento de baja intensidad.
Según Michael Tehan, profesor de la Universidad de Columbia y director del estudio, las lluvias intensas generan niveles de iones negativos en el aire similares a los producidos por los ionizadores de alto voltaje empleados por su equipo.
Sin embargo, señala que hasta la fecha ningún estudio ha demostrado este hecho de manera directa, ni ha establecido una correlación directa entre el tiempo de exposición a la lluvia y las variaciones en el estado de ánimo.
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Pie de foto, Las gotas de lluvia limpian los agentes contaminantes del aire.
2. Un aire más limpio
Los iones negativos generados por la lluvia parecen purificar el aire, al eliminar partículas en suspensión tales como contaminantes y alérgenos, lo cual facilita la respiración.
Este efecto podría repercutir en el estado de ánimo y en la salud: dado que la mala calidad del aire se asocia con un aumento de la ansiedad y con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental de mayor gravedad, resulta lógico inferir que un aire más limpio propiciaría el efecto contrario.
“Existen pruebas razonablemente sólidas de que los iones negativos son capaces de eliminar el polvo, las bacterias, los alérgenos y otras partículas del aire, lo cual puede tener un efecto positivo en su salud respiratoria para muchas personas”, afirma Dalton.
Hasta hace aproximadamente una década, no estaba del todo claro cuán eficaces son los iones negativos para la limpieza.
En un estudio de 2015, unos investigadores replicaron esta capacidad a escala reducida al inyectar distintos tipos de partículas en una cámara de vidrio diseñada para generar gotas de lluvia.
Una vez que las gotas se habían evaporado, los investigadores recolectaron las partículas remanentes, registrando su posición para determinar si las partículas habían sido atraídas por las gotas.
Descubrieron que las gotas de lluvia de menor tamaño eran particularmente eficaces para atraer estas partículas suspendidas en el aire.
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Pie de foto, Dar un paseo bajo la lluvia permite recibir una dosis considerable de iones negativos, que potencian la serotonina.
Cuando las gotas de lluvia caen al suelo, esencialmente “barren” las diminutas partículas suspendidas en el aire que encuentran a su paso, afirma Dan Cziczo, coautor del estudio y profesor de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias en la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos.
La carga eléctrica (los iones) presente en el interior de la gota de lluvia actúa como un imán para estas partículas, dando lugar a un proceso de barrido conocido como coagulación.
Cziczo compara este fenómeno con lo que ocurre cuando un equipo de construcción rocía con agua una obra polvorienta: el polvo en suspensión es empujado de nuevo hacia el suelo, dejando el aire más limpio.
La intensidad de la lluvia también influye.
“Cuanto más intensa sea la lluvia, mayor será el efecto de limpieza que se obtendrá en la atmósfera”, señala Cziczo. Esto incluye la reducción de la cantidad de iones positivos en el aire, los cuales han sido asociados con la irritabilidad y un aumento de la ansiedad.
La próxima vez que haya una lluvia intensa, considera abrir las ventanas justo después de que cese.
Es probable que notes que el aire parece más limpio y, si la lluvia se produjo inmediatamente después de un frente frío (como suele ocurrir con las precipitaciones intensas), el viento que la acompaña podría introducir parte de ese aire puro en nuestro hogar, mejorando así la calidad del aire.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, La intensidad de la lluvia influye en su capacidad de limpiar el aire.
3. El aroma que estimula la memoria
El aroma inconfundible de la lluvia también puede tener un impacto psicológico.
Conocido como petricor, este olor emana del suelo tras una tormenta y a menudo se describe como penetrante y terroso, aunque de algún modo es limpio.
“El petricor surge cuando la lluvia libera aerosoles del suelo”, afirma Phil Stevenson, profesor de química vegetal en la Universidad de Greenwich y responsable de la investigación sobre características de plantas y hongos en los Jardines de Kew, en el Reino Unido.
“Durante los periodos de sequía, las moléculas orgánicas procedentes de plantas, animales y del propio suelo se acumulan en las superficies. Cuando las gotas de lluvia impactan, estas moléculas -incluidos los aceites vegetales volátiles- se fragmentan, convirtiéndose en partículas suspendidas en el aire”.
Se cree que el olor a “limpio” se debe al ozono, el cual puede ser arrastrado hacia la tierra por las corrientes descendentes de las tormentas.
Otra parte del aroma proviene de la geosmina, un compuesto químico que producen las actinobacterias al formar esporas en el suelo.
“La lluvia libera las esporas y la geosmina, creando ese aroma familiar de ‘la primera lluvia tras una sequía’, el cual resulta más perceptible durante las estaciones cálidas”, afirma Stevenson.
Esto podría explicar por qué los seres humanos somos tan sensibles a él. De hecho, somos más sensibles que los tiburones ante el olor de la sangre.
Los científicos plantean la hipótesis de que evolucionamos para comprender que el petricor -el aroma de la lluvia sobre la tierra seca- señalaba la renovada abundancia de agua dulce, un hecho que probablemente ayudó a nuestros antepasados a sentirse seguros y en calma.
Se ha demostrado que estos olores provocan cambios distintivos en la actividad de las ondas alfa y beta del cerebro, los cuales están asociados a un estado de mayor calma y relajación.
Además, gracias a su olor único y a la drástica transformación que opera en el entorno, la lluvia puede convertirse también en un poderoso detonante de la nostalgia.
Mi experiencia con la tormenta en el campamento tuvo lugar hace más de 20 años. Sin embargo, cada vez que llueve, mi mente recrea la imagen de aquel día con una claridad asombrosa.
“Una experiencia sensorial, como el olor de la lluvia que se aproxima o el aroma que perdura tras ella, puede erigirse como el telón de fondo o el contexto que queda indisolublemente ligado a nuestros recuerdos de lugares o emociones muy diversos”, señala Dalton, quien ha dedicado gran parte de su labor investigadora a estudiar el significado psicológico del olfato.
Ella explica que cualquier olor tiene la capacidad de activar la amígdala, la estructura cerebral encargada de procesar las emociones y los recuerdos con una fuerte carga afectiva.
Precisamente esa conexión con nuestro epicentro emocional es lo que explica por qué los recuerdos asociados a determinados olores tienden a arraigarse en el cerebro y a conservar su viveza a lo largo del tiempo.
Por consiguiente, resulta irrelevante si percibimos un olor -como el de la lluvia- como algo bueno o malo; lo verdaderamente determinante y evocador es el contexto en el que experimentamos esa sensación olfativa.
Así que, la próxima vez que llueva, asómate por una ventana abierta o sal a dar un paseo tras el aguacero y percibe el aroma. Observa qué detalles de momentos lejanos del pasado afloran en tu memoria.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, El olor único de la lluvia hace que pueda ser un poderoso desencadenante de la nostalgia.
4. El sonido relajante
Sin embargo, no es solo el acto de oler e inhalar la lluvia lo que puede hacernos sentir bien, sino también el escucharla. Por ello, a menudo se incluyen pistas de sonido de lluvia en las máquinas de relajación sonora.
Una lluvia constante puede reducir los niveles de cortisol, induciendo una sensación de calma, además de enmascarar los ruidos molestos.
“Los sonidos del agua se han asociado con la activación del sistema nervioso parasimpático, la rama del sistema nervioso encargada de la relajación y la recuperación”, afirma Amy Sarow, audióloga clínica que ejerce en un centro de atención ambulatoria en Southfield, Michigan.
“Cuando este sistema se activa, podemos observar efectos fisiológicos tales como una disminución de la frecuencia cardíaca y una reducción de las respuestas al estrés#.
Un estudio reciente reveló que el sonido de la lluvia resultaba más eficaz dentro del rango de los 40 a 50 decibelios (equivalente a una lluvia suave y ligera), reduciendo los niveles de estrés hasta en un 65%.
Una lluvia intensa, que se sitúa en la frecuencia aún más baja del “ruido marrón”, puede resultar más envolvente y brindar una mayor sensación de arraigo, señala Sarow, además de enmascarar los ruidos molestos para favorecer el sueño.
Ambos niveles pueden resultar relajantes, a menudo todo se reduce a una cuestión de preferencia personal, advierte Sarow.
“Si alguien escucha estos sonidos de manera intencionada como parte de una rutina de relajación, la experiencia puede empezar a asemejarse a las prácticas de atención plena o meditación, en las que el sonido actúa como un anclaje para la atención y la relajación”.
Si bien mi tormenta no me sumió exactamente en un estado zen, sí logró hacerme sentir mejor y más conectada con el momento presente.
Ahora, cada vez que cae un aguacero, procuro dedicar un poco más de tiempo a sumergirme en esa experiencia. La próxima vez que veas lluvia en el pronóstico del tiempo, considera sintonizar con esa experiencia. Podrías llevarte una grata sorpresa.
Aquí puedes leer la versión original de esta nota en inglés.
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Pie de foto, La lluvia puede desencadenar estados de ánimo afines a la relación y la felicidad. Información del artículo
Desde su aroma inconfundible hasta los iones negativos que libera, la lluvia ofrece beneficios fascinantes para nuestro organismo, especialmente en lo que respecta a nuestro estado de ánimo.
Era el sexto día consecutivo en que el índice de calor superaba los 38°C en New Milford, Connecticut, cuando el cielo adquirió un inquietante tono púrpura.
Yo dirigía un taller de teatro al aire libre y noté que los excursionistas observaban boquiabiertos una ominosa nube de varios kilómetros de extensión, que avanzaba sobre nuestras cabezas.
De repente, un trueno sacudió el suelo y un relámpago se extendió por el firmamento como una telaraña irregular.
Oímos la lluvia antes de sentirla. Luego, de improviso, quedamos empapados bajo un torrente de gruesas gotas. Nadie lograba oír a los demás, así que señalé una plataforma techada cercana, donde se guardaban las bolsas de lavandería, y mis alumnos y yo echamos a correr hacia ella.
Empapados y riendo, nos dejamos caer sobre el montón de ropa sucia y observamos cómo la tormenta seguía desatada. Unos 30 minutos después, el cielo se despejó y el aire se percibía asombrosamente limpio y fresco.
El aroma intenso e inconfundible de la lluvia resultaba abrumador.
Mientras regresábamos caminando al lugar del ensayo, la hierba y los árboles parecían, de algún modo, más verdes y saludables.
Todos se veían más ligeros, sonreían con mayor facilidad, y yo sentí como si una niebla mental se hubiera disipado por fin. ¿Se debió acaso a que la ola de calor había remitido o a la adrenalina de la carrera hacia el refugio? ¿O tuvo la lluvia alguna influencia en nuestro mejor estado de ánimo colectivo?
Resulta que, tras décadas de estudiar los elementos relacionados con la capacidad potencial de la lluvia para mejorar el estado de ánimo, los científicos han hallado pruebas sólidas que respaldan esta idea.
Y este no es el único beneficio de la lluvia: las investigaciones demuestran que también elimina sustancias nocivas del aire, mientras que su olor podría incluso potenciar nuestra memoria.
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Pie de foto, Hay beneficios derivados de la exposición a iones negativos en el aire, los cuales también son generados por la lluvia.
1. El impulso de serotonina
La razón principal podría residir en que la lluvia libera iones negativos en el aire: moléculas de oxígeno con un electrón adicional que se forman cuando las gotas de lluvia chocan entre sí o impactan contra una superficie y se fragmentan.
Se sabe que, en concentraciones elevadas, estos iones estimulan la producción de serotonina y las ondas alfa en el cerebro, propiciando un estado de mayor felicidad y relajación.
Cuando las gotas de lluvia golpean el suelo, pueden salpicar y liberar iones negativos en la atmósfera; un proceso conocido como efecto Lenard.
Por lo tanto, si deseas recibir una dosis considerable de iones negativos, esos potenciadores de la serotonina, intenta dar un paseo durante una tormenta lluviosa. Eso sí, asegúrate de buscar refugio en el interior si observas relámpagos, por precaución.
Algunos científicos sostienen que estos efectos positivos podrían deberse a que los iones negativos del aire aumentan los niveles de oxígeno en la sangre, lo cual genera una mejora en el estado de ánimo similar a la que se experimenta tras realizar ejercicio intenso.
No obstante, aún no existe evidencia concluyente que explique con exactitud qué mecanismo fisiológico interviene para producir estos efectos.
Pam Dalton, científica cognitiva del Centro Monell de Sentidos Químicos en Pensilvania, Estados Unidos, señala que todavía no se comprende bien por qué los iones negativos ejercen efectos como alteraciones en el estado de ánimo, así como influencia en la fatiga, el estado cardiovascular y la presión arterial.
“Si bien resulta intrigante, no existe un gran consenso respecto a los beneficios fisiológicos. Y se sabe menos aún sobre los posibles mecanismos mediante los cuales los iones negativos podrían desencadenar estos efectos”, afirma Dalton.
Las investigaciones sobre los efectos de los iones negativos en el estado de ánimo comenzaron en la década de 1950. Pero los resultados permanecieron inconclusos hasta que, en la década de 1990, se dispuso de ionizadores de alto voltaje más avanzados, capaces de generar iones negativos con mayor eficiencia.
En un destacado estudio realizado en 1995, los investigadores descubrieron que los participantes que padecían trastorno afectivo estacional (TAE) y recibieron sesiones diarias con ionizadores de alto voltaje mostraron una probabilidad mucho mayor de experimentar una reducción significativa de sus síntomas, en comparación con aquellos que recibieron un tratamiento de baja intensidad.
Según Michael Tehan, profesor de la Universidad de Columbia y director del estudio, las lluvias intensas generan niveles de iones negativos en el aire similares a los producidos por los ionizadores de alto voltaje empleados por su equipo.
Sin embargo, señala que hasta la fecha ningún estudio ha demostrado este hecho de manera directa, ni ha establecido una correlación directa entre el tiempo de exposición a la lluvia y las variaciones en el estado de ánimo.
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Pie de foto, Las gotas de lluvia limpian los agentes contaminantes del aire.
2. Un aire más limpio
Los iones negativos generados por la lluvia parecen purificar el aire, al eliminar partículas en suspensión tales como contaminantes y alérgenos, lo cual facilita la respiración.
Este efecto podría repercutir en el estado de ánimo y en la salud: dado que la mala calidad del aire se asocia con un aumento de la ansiedad y con un mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental de mayor gravedad, resulta lógico inferir que un aire más limpio propiciaría el efecto contrario.
“Existen pruebas razonablemente sólidas de que los iones negativos son capaces de eliminar el polvo, las bacterias, los alérgenos y otras partículas del aire, lo cual puede tener un efecto positivo en su salud respiratoria para muchas personas”, afirma Dalton.
Hasta hace aproximadamente una década, no estaba del todo claro cuán eficaces son los iones negativos para la limpieza.
En un estudio de 2015, unos investigadores replicaron esta capacidad a escala reducida al inyectar distintos tipos de partículas en una cámara de vidrio diseñada para generar gotas de lluvia.
Una vez que las gotas se habían evaporado, los investigadores recolectaron las partículas remanentes, registrando su posición para determinar si las partículas habían sido atraídas por las gotas.
Descubrieron que las gotas de lluvia de menor tamaño eran particularmente eficaces para atraer estas partículas suspendidas en el aire.
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Pie de foto, Dar un paseo bajo la lluvia permite recibir una dosis considerable de iones negativos, que potencian la serotonina.
Cuando las gotas de lluvia caen al suelo, esencialmente “barren” las diminutas partículas suspendidas en el aire que encuentran a su paso, afirma Dan Cziczo, coautor del estudio y profesor de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias en la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos.
La carga eléctrica (los iones) presente en el interior de la gota de lluvia actúa como un imán para estas partículas, dando lugar a un proceso de barrido conocido como coagulación.
Cziczo compara este fenómeno con lo que ocurre cuando un equipo de construcción rocía con agua una obra polvorienta: el polvo en suspensión es empujado de nuevo hacia el suelo, dejando el aire más limpio.
La intensidad de la lluvia también influye.
“Cuanto más intensa sea la lluvia, mayor será el efecto de limpieza que se obtendrá en la atmósfera”, señala Cziczo. Esto incluye la reducción de la cantidad de iones positivos en el aire, los cuales han sido asociados con la irritabilidad y un aumento de la ansiedad.
La próxima vez que haya una lluvia intensa, considera abrir las ventanas justo después de que cese.
Es probable que notes que el aire parece más limpio y, si la lluvia se produjo inmediatamente después de un frente frío (como suele ocurrir con las precipitaciones intensas), el viento que la acompaña podría introducir parte de ese aire puro en nuestro hogar, mejorando así la calidad del aire.
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Pie de foto, La intensidad de la lluvia influye en su capacidad de limpiar el aire.
3. El aroma que estimula la memoria
El aroma inconfundible de la lluvia también puede tener un impacto psicológico.
Conocido como petricor, este olor emana del suelo tras una tormenta y a menudo se describe como penetrante y terroso, aunque de algún modo es limpio.
“El petricor surge cuando la lluvia libera aerosoles del suelo”, afirma Phil Stevenson, profesor de química vegetal en la Universidad de Greenwich y responsable de la investigación sobre características de plantas y hongos en los Jardines de Kew, en el Reino Unido.
“Durante los periodos de sequía, las moléculas orgánicas procedentes de plantas, animales y del propio suelo se acumulan en las superficies. Cuando las gotas de lluvia impactan, estas moléculas -incluidos los aceites vegetales volátiles- se fragmentan, convirtiéndose en partículas suspendidas en el aire”.
Se cree que el olor a “limpio” se debe al ozono, el cual puede ser arrastrado hacia la tierra por las corrientes descendentes de las tormentas.
Otra parte del aroma proviene de la geosmina, un compuesto químico que producen las actinobacterias al formar esporas en el suelo.
“La lluvia libera las esporas y la geosmina, creando ese aroma familiar de ‘la primera lluvia tras una sequía’, el cual resulta más perceptible durante las estaciones cálidas”, afirma Stevenson.
Esto podría explicar por qué los seres humanos somos tan sensibles a él. De hecho, somos más sensibles que los tiburones ante el olor de la sangre.
Los científicos plantean la hipótesis de que evolucionamos para comprender que el petricor -el aroma de la lluvia sobre la tierra seca- señalaba la renovada abundancia de agua dulce, un hecho que probablemente ayudó a nuestros antepasados a sentirse seguros y en calma.
Se ha demostrado que estos olores provocan cambios distintivos en la actividad de las ondas alfa y beta del cerebro, los cuales están asociados a un estado de mayor calma y relajación.
Además, gracias a su olor único y a la drástica transformación que opera en el entorno, la lluvia puede convertirse también en un poderoso detonante de la nostalgia.
Mi experiencia con la tormenta en el campamento tuvo lugar hace más de 20 años. Sin embargo, cada vez que llueve, mi mente recrea la imagen de aquel día con una claridad asombrosa.
“Una experiencia sensorial, como el olor de la lluvia que se aproxima o el aroma que perdura tras ella, puede erigirse como el telón de fondo o el contexto que queda indisolublemente ligado a nuestros recuerdos de lugares o emociones muy diversos”, señala Dalton, quien ha dedicado gran parte de su labor investigadora a estudiar el significado psicológico del olfato.
Ella explica que cualquier olor tiene la capacidad de activar la amígdala, la estructura cerebral encargada de procesar las emociones y los recuerdos con una fuerte carga afectiva.
Precisamente esa conexión con nuestro epicentro emocional es lo que explica por qué los recuerdos asociados a determinados olores tienden a arraigarse en el cerebro y a conservar su viveza a lo largo del tiempo.
Por consiguiente, resulta irrelevante si percibimos un olor -como el de la lluvia- como algo bueno o malo; lo verdaderamente determinante y evocador es el contexto en el que experimentamos esa sensación olfativa.
Así que, la próxima vez que llueva, asómate por una ventana abierta o sal a dar un paseo tras el aguacero y percibe el aroma. Observa qué detalles de momentos lejanos del pasado afloran en tu memoria.
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Pie de foto, El olor único de la lluvia hace que pueda ser un poderoso desencadenante de la nostalgia.
4. El sonido relajante
Sin embargo, no es solo el acto de oler e inhalar la lluvia lo que puede hacernos sentir bien, sino también el escucharla. Por ello, a menudo se incluyen pistas de sonido de lluvia en las máquinas de relajación sonora.
Una lluvia constante puede reducir los niveles de cortisol, induciendo una sensación de calma, además de enmascarar los ruidos molestos.
“Los sonidos del agua se han asociado con la activación del sistema nervioso parasimpático, la rama del sistema nervioso encargada de la relajación y la recuperación”, afirma Amy Sarow, audióloga clínica que ejerce en un centro de atención ambulatoria en Southfield, Michigan.
“Cuando este sistema se activa, podemos observar efectos fisiológicos tales como una disminución de la frecuencia cardíaca y una reducción de las respuestas al estrés#.
Un estudio reciente reveló que el sonido de la lluvia resultaba más eficaz dentro del rango de los 40 a 50 decibelios (equivalente a una lluvia suave y ligera), reduciendo los niveles de estrés hasta en un 65%.
Una lluvia intensa, que se sitúa en la frecuencia aún más baja del “ruido marrón”, puede resultar más envolvente y brindar una mayor sensación de arraigo, señala Sarow, además de enmascarar los ruidos molestos para favorecer el sueño.
Ambos niveles pueden resultar relajantes, a menudo todo se reduce a una cuestión de preferencia personal, advierte Sarow.
“Si alguien escucha estos sonidos de manera intencionada como parte de una rutina de relajación, la experiencia puede empezar a asemejarse a las prácticas de atención plena o meditación, en las que el sonido actúa como un anclaje para la atención y la relajación”.
Si bien mi tormenta no me sumió exactamente en un estado zen, sí logró hacerme sentir mejor y más conectada con el momento presente.
Ahora, cada vez que cae un aguacero, procuro dedicar un poco más de tiempo a sumergirme en esa experiencia. La próxima vez que veas lluvia en el pronóstico del tiempo, considera sintonizar con esa experiencia. Podrías llevarte una grata sorpresa.
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Pie de foto, Nuestros cuerpos son un archivo viviente de la evolución.Información del artículo
Autor, Lucy E. Hyde
Título del autor, The Conversation*
Tiempo de lectura: 7 min
El cuerpo humano suele describirse como una maravilla de “diseño perfecto”: elegante, eficiente y finamente ajustado a su propósito.
Sin embargo, al observarlo con más detenimiento, emerge una imagen muy diferente.
Lejos de ser una máquina impecable, el cuerpo se asemeja más a un mosaico de compromisos moldeados por millones de años de experimentación evolutiva.
La evolución no diseña estructuras desde cero, sino que modifica lo que ya existe.
En consecuencia, muchos aspectos de la anatomía humana son soluciones simplemente “suficientemente buenas”: funcionales, pero lejos de ser perfectas.
Algunos de los problemas y dolencias médicas más comunes surgen directamente de estas limitaciones heredadas.
La columna vertebral
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La columna vertebral humana es el mejor ejemplo de ello.
Nuestra columna vertebral ha evolucionado poco con respecto a nuestros ancestros cuadrúpedos que habitaban en los árboles, donde funcionaba principalmente como una viga flexible para un movimiento suave de rama en rama, a la vez que protegía la médula espinal.
Cuando los humanos adoptaron la marcha bípeda, la columna vertebral conservó estas funciones.
Pero también se adaptó para la necesidad adicional de soportar nuestro peso corporal verticalmente y mantener nuestro centro de gravedad, al tiempo que nos permite la flexibilidad necesaria para movernos.
Estas demandas opuestas generan tensión.
Las curvas características de la columna vertebral humana ayudan a distribuir el peso, pero también nos predisponen al dolor lumbar, las hernias discales y los cambios degenerativos que afectan su función más importante: la protección de la médula espinal y los nervios circundantes.
Estas afecciones son extraordinariamente comunes , no porque la columna vertebral sea intrínsecamente defectuosa, sino porque realiza una función para la que no fue diseñada originalmente.
El cuello
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Otro claro argumento en contra del diseño divino es el nervio laríngeo recurrente, que sigue un recorrido que sencillamente no tiene sentido inventar.
Este nervio, que es una rama del nervio vago, controla principalmente las funciones de descanso y digestión de nuestros órganos (como la disminución de la frecuencia cardíaca y respiratoria).
El nervio laríngeo también conecta el cerebro con la laringe, ayudando a controlar el habla y la deglución.
Lógicamente, cabría esperar que utilizara la ruta más directa para conectar el cerebro con la laringe. En cambio, desciende desde el cerebro hasta el tórax, rodea una arteria principal y luego regresa a la laringe.
Este desvío no es un diseño ingenioso, sino un vestigio histórico de nuestros ancestros parecidos a los peces, cuando el nervio seguía un camino directo alrededor de los arcos branquiales.
A medida que los cuellos se alargaron con el tiempo evolutivo, el nervio se estiró en lugar de redirigirse.
Esta ineficiencia puede aumentar nuestra vulnerabilidad a las lesiones durante una cirugía.
Los ojos
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Incluso los ojos reflejan un compromiso evolutivo .
En los seres humanos y otros vertebrados, la retina (la capa sensible a la luz en la parte posterior del globo ocular) está conectada “al revés”.
Esto significa que la luz debe pasar a través de capas de fibras nerviosas antes de llegar a los fotorreceptores, células especializadas responsables de detectar la luz y convertirla en un impulso nervioso que se envía al cerebro.
El nervio óptico sale por la parte posterior de la retina, creando un punto ciego justo debajo del nivel horizontal del ojo, donde no es posible la visión.
El cerebro compensa esta deficiencia sin problemas, por lo que rara vez la notamos.
Así pues, si bien hemos desarrollado una visión increíble y células fotorreceptoras, esto ha ocurrido a costa de tener una laguna en nuestro campo visual.
Los dientes
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Nuestros dientes nos recuerdan una vez más que la evolución prioriza la adecuación sobre la durabilidad.
Los humanos desarrollamos dos conjuntos de dientes: dientes de leche y dientes permanentes, y eso es todo. Una vez que se pierden los dientes permanentes, no se reemplazan, a diferencia de los tiburones, que regeneran sus dientes continuamente a lo largo de su vida.
En los mamíferos, el desarrollo dental está estrictamente regulado y vinculado al crecimiento complejo de la mandíbula y a las estrategias de alimentación. Este sistema funcionó bien para nuestros antepasados, pero a los humanos modernos nos deja vulnerables a la caries y a la pérdida de dientes.
Las muelas del juicio son otro ejemplo de retraso evolutivo. Nuestros antepasados tenían mandíbulas más grandes, adaptadas a dietas más duras que requerían masticar con intensidad.
Con el tiempo , la dieta humana se suavizó y el tamaño de la mandíbula disminuyó. Sin embargo, el número de dientes no cambió con la misma rapidez.
Muchas personas ya no tienen espacio para sus terceros molares, lo que provoca impactación, apiñamiento y, a menudo, la necesidad de extracción quirúrgica.
Las muelas del juicio no son inútiles en principio, pero ya no caben cómodamente en los cráneos modernos.
La pelvis
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El parto representa uno de los compromisos evolutivos más profundos.
Al igual que la columna vertebral, la pelvis humana debe equilibrar dos exigencias contrapuestas: una marcha bípeda eficiente y el nacimiento de bebés con cerebros grandes.
Una pelvis estrecha facilita la locomoción, pero limita el tamaño del canal del parto.
Por otro lado, los bebés humanos tienen cabezas inusualmente grandes en relación con el tamaño de su cuerpo, lo que resulta en un parto difícil y, a veces, peligroso, que a menudo requiere asistencia externa.
Esta tensión entre la movilidad y el tamaño del cerebro ha moldeado no solo la anatomía, sino también el comportamiento social, fomentando la cooperación en la atención y las adaptaciones culturales en torno al parto.
Persistencia evolutiva
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La evolución no necesariamente elimina las estructuras a menos que impongan una gran desventaja. Por lo tanto, algunas características anatómicas persisten a pesar de ofrecer un beneficio limitado.
El apéndice, que antes se consideraba un vestigio evolutivo completamente inútil, ahora se cree que tiene funciones inmunitarias menores. Sin embargo, puede inflamarse y causar apendicitis, una afección potencialmente mortal.
De igual modo, los senos paranasales tienen funciones aún no del todo claras. Podrían aligerar el cráneo o influir en la resonancia de la voz, e incluso podemos utilizar su tamaño y variabilidad para la identificación forense.
Sin embargo, las vías de drenaje de los senos paranasales desembocan directamente en la nariz, lo que los hace propensos a obstrucciones e infecciones frecuentes, un efecto secundario del desarrollo más que una adaptación deliberada.
Incluso los diminutos músculos que rodean las orejas dan pistas sobre nuestro pasado evolutivo.
En muchos mamíferos, estos pequeños músculos permiten que el pabellón auricular gire, mejorando la audición direccional. Los humanos también tenemos estos músculos, pero la mayoría no podemos utilizarlos eficazmente.
Nuestros cuerpos no están diseñados a la perfección, sino que son un archivo viviente de la evolución.
La anatomía revela un registro histórico de adaptación, compromiso y contingencia. La evolución no busca la perfección; trabaja con lo que tiene a su alcance, modificando las estructuras paso a paso.
Comprender la anatomía desde esta perspectiva evolutiva también puede ayudarnos a replantear nuestra visión de los problemas médicos comunes.
El dolor de espalda, los partos difíciles, el apiñamiento dental y las infecciones sinusales no son desgracias fortuitas. Son, en parte, consecuencias de nuestra historia evolutiva.
* Lucy E. Hyde es catedrática de Anatomía en la Universidad de Bristol, Inglaterra. Su artículo fue publicado en The Conversation, cuya versión original en inglés puedes leer aquí
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Pie de foto, La periodista Melissa Hogenboom cambió su dieta para ver los efectos del consumo de azúcar en su cuerpo. Información del artículo
Los alimentos con azúcares añadidos están por todas partes, incluso en algunos lugares sorprendentes. Entonces, ¿qué tan fácil resulta prescindir del azúcar y qué impacto puede tener esto en tu salud?
Aunque suelo llevar una dieta saludable, basada en gran medida en comida casera, también soy muy golosa y tiendo a consumir uno o dos dulces de chocolate a diario.
Esto no es sorprendente: el consumo excesivo de azúcar es habitual en nuestras dietas modernas. Es perjudicial para nuestros dientes, nocivo para nuestra salud e incluso hay indicios que sugieren que ingerir azúcar en exceso podría derivar en déficits cognitivos a largo plazo.
Dado que mi trabajo consiste en informar sobre salud y bienestar, comencé a preocuparme cada vez más por el consumo de tantos dulces, que además de azúcar refinada, suelen contener numerosos aditivos.
De hecho, uno de los dulces que consumo habitualmente aporta más de la mitad de la cantidad diaria de azúcar recomendada para mí.
Las pautas dietéticas de Estados Unidos recomiendan consumir menos de 12 cucharaditas de azúcares añadidos procedentes de alimentos y bebidas (alrededor de 50 gramos).
En Reino Unido, se aconseja ingerir menos de siete cucharaditas de azúcares al día (30 gramos).
En la práctica, los adultos estadounidenses consumen diariamente entre 16 y 17 cucharaditas (entre 65 y 70 gramos), según la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición. Para poner esto en contexto: 4 gramos equivalen aproximadamente a una cucharadita rasa de azúcar.
Renunciar a todo ese azúcar tampoco es fácil. Pero decidí comprobar si, en efecto, era posible romper con mi hábito diario de consumirlo.
El reto del azúcar
Me planteé el desafío de no ingerir ningún alimento que contuviera azúcar refinada añadida durante seis semanas.
También evité la miel y los zumos de frutas, pero seguí consumiendo los azúcares naturales de la fruta entera, así como los carbohidratos complejos, que nuestro organismo descompone en glucosa y constituyen la principal fuente de energía tanto para nuestro cuerpo como para nuestro cerebro.
Desde el principio, noté algunos cambios sorprendentes en mis niveles de energía y en mi estado de ánimo general.
La típica bajada de energía después del almuerzo desapareció. Sin embargo, a menudo me encontraba mirando el frigorífico con apatía, intentando en vano hallar algo interesante para picar (algo dulce), con la sensación de que me estaba perdiendo algo.
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Pie de foto, Los dulces contienen azúcar refinada y aditivos.
El azúcar está en todas partes
En primer lugar, vale la pena reflexionar sobre la enorme cantidad de azúcar que se añade a los alimentos. Me resultó sorprendentemente difícil evitarla.
Al recorrer las estanterías de mi supermercado habitual, detecté el azúcar en alimentos donde menos lo esperaba. Por ejemplo, en un sándwich de masa madre de la sección de charcutería, que contenía 5,7 gramos de azúcar, o en un plato preparado de salsa boloñesa (9 gramos).
Muchos cereales de desayuno contienen azúcares añadidos y una rebanada de pan de molde que se compra habitualmente en el supermercado contenía alrededor de 1,2 gramos de azúcar.
El azúcar también abunda en muchos alimentos ultraprocesados, los cuales se asocian a efectos adversos conocidos para la salud y tienden a contener menos nutrientes que los alimentos integrales, tales como las frutas, las verduras y los cereales de grano entero.
Existen muchas formas diferentes de azúcar en nuestros alimentos. La glucosa es quizás la más común, pero también se puede encontrar fructosa en las frutas y en muchos jarabes; lactosa en la leche y sacarosa, que se conoce comúnmente como azúcar de mesa y constituye una de las principales formas de “azúcar libre” añadido en nuestras dietas.
Los azúcares libres también se encuentran en jugos, jarabes y miel, ya que no se encuentran ligados dentro de las células de nuestros alimentos. Estos azúcares libres refinados son los que más contribuyen a los efectos adversos para la salud.
“Salimos del útero con una predilección por los sabores dulces. Es un componente de la leche materna durante esos primeros días en los que se supone que debemos ganar mucho peso”, afirma Ashley Gearhardt, profesora de psicología en la Universidad de Michigan.
Señala que el problema es que “nos hemos vuelto sumamente eficientes a la hora de ofrecer dulzura a un costo muy bajo”.
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Pie de foto, Los azúcares libres también se encuentran en jugos, jarabes y miel.
Lo que nos hace el azúcar
Las investigaciones demuestran que, cuando consumimos alimentos con alto contenido de azúcar, nuestros niveles de glucosa en sangre aumentan rápidamente.
Si bien este es un proceso normal después de comer, si ocurre con demasiada frecuencia, podemos desarrollar resistencia a la insulina, lo que incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo 2.
Las dietas ricas en azúcar también se han vinculado con la aparición de caries, inflamación, obesidad, la enfermedad de Alzheimer y el cáncer.
“Las enfermedades relacionadas con la dieta, como la diabetes, están cobrándose vidas en una magnitud que supera ya a la del alcohol y los opiáceos; y [la comida poco saludable] está compitiendo con el tabaco por convertirse en la sustancia más letal del mundo”, sostiene Gearhardt.
Investigaciones recientes sugieren que las dietas ricas en alimentos azucarados están asociadas con un mayor malestar psicológico, lo que incluye síntomas de ansiedad y depresión.
Si bien todo esto suena alarmante, como parte de una dieta saludable el azúcar es aceptable con moderación. No obstante, resulta evidente que reducir su consumo beneficiaría la salud de millones de personas que lo ingieren en exceso.
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Pie de foto, Los azúcares de frutas enteras, como las manzanas, están encapsulados dentro de las células, por lo que el organismo debe esforzarse más para extraerlos.
Propiedades adictivas
Durante los primeros días de abstinencia de azúcar, sentí un deseo intenso por consumirlo, especialmente cuando me ofrecían golosinas deliciosas en eventos sociales.
Existe una razón biológica que explica este fenómeno. Cuando consumimos azúcar, se puede alterar nuestra química cerebral de una manera que imita lo que se observa en personas con adicción a los opioides, explica Lina Begdache, dietista registrada y profesora asociada de salud y bienestar en la Universidad de Binghamton, en Estados Unidos.
La ingesta de alimentos azucarados activa el sistema de recompensa del cerebro.
Diversas investigaciones sugieren que las personas que tienen antojos más intensos por los dulces podrían manifestar un incremento mayor en los niveles de dopamina al consumirlos.
La dopamina es conocida como la hormona del “bienestar” y esto significa que experimentamos una sensación de placer y recompensa al ingerir alimentos dulces.
Por consiguiente, numerosos expertos consideran que el azúcar tiene propiedades adictivas, aunque sigue siendo un tema de debate constante.
Otros alimentos naturalmente dulces, como las frutas, pueden entonces volverse menos interesantes para nuestro sistema dopaminérgico, añade Gearhardt.
De hecho, cuanto más intenso es el deseo de azúcar, mayor es la recompensa que percibimos, lo cual refuerza el ciclo y podría reprogramar nuestro cerebro para anhelar aún más.
Por ejemplo, los cerebros de los participantes que consumieron a diario, durante ocho semanas, un pudín rico en azúcar y grasas se volvieron significativamente más reactivos ante los alimentos azucarados.
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Pie de foto, La ingesta de alimentos azucarados activa el sistema de recompensa del cerebro.
Este circuito de retroalimentación de la dopamina ayuda a explicar por qué reducir el consumo puede resultar tan difícil. “Eres rehén de tu bioquímica”, afirma Lustig. “Esa es la definición de adicción. Y el 20% de la población [de EE.UU.] es adicta al azúcar”.
Para resistir la tentación, encontré alternativas satisfactorias, como un batido de plátano y arándanos con una cucharada de cacao en polvo. Las uvas tuvieron un efecto similar.
Incluso las manzanas me sabían más dulces, así que aunque no me apetecieran, me comía una a diario de todos modos, lo cual ayudaba a mantener a raya los antojos.
La evidencia también demuestra que las personas sienten más hambre tras sufrir caídas rápidas en los niveles de azúcar en sangre, un patrón habitual después de consumir alimentos ricos en azúcar.
Un estudio reveló que los participantes que ingirieron un batido con un alto contenido de azúcares concentrados y almidones refinados (un batido de alto índice glucémico) sentían más hambre cuatro horas después y presentaban una mayor activación en el centro de recompensa del cerebro, en comparación con los que consumieron un batido de bajo índice glucémico.
¿Qué sucede cuando lo dejamos?
A los pocos días de dejar el azúcar, el cuerpo comienza a demandar menos cantidad, según me explicó Dalia Perelman, dietista de la Facultad de Medicina de Stanford, en California.
Mis papilas gustativas empezaron a adaptarse, volviéndose más sensibles a los sabores dulces. Dejar de consumir alimentos endulzados industrialmente permite que el sistema gustativo “se recalibre para percibir la intensidad de la dulzura natural”, afirma Gearhardt.
Aproximadamente tres semanas después de iniciar mi experimento, comenzó a ocurrir algo curioso: ya no sentía antojos frecuentes de dulces.
Si a media tarde sentía un poco de apetito, me sorprendía a mí misma picando alternativas más saludables, como aceitunas, frutos secos y fruta.
Una de las razones por las que disminuyeron mis antojos se debe, sencillamente, a la menor exposición a los alimentos azucarados, lo cual modificó mi paladar y restableció mi metabolismo, señala Begdache.
“Verás que tu umbral de percepción del azúcar ha descendido tanto que ya no necesitarás consumir grandes cantidades”, añade Perelman.
Ella ahora solo consume pasteles caseros bajos en azúcar, ya que considera que cualquier producto comprado en una tienda es como “comerse un terrón de azúcar”.
Begdache explica que mis niveles de triglicéridos —un tipo de grasa común en el organismo que aumenta cuando consumimos un exceso de calorías— también habrían disminuido.
Mi sensibilidad a la insulina debe haber mejorado, ya que experimenté menos picos de insulina que se producen como respuesta a los alimentos azucarados.
“Es como volver a la configuración predeterminada”, comenta Begdache.
En los eventos familiares, e incluso en mi propia fiesta de cumpleaños, resultó un verdadero desafío no probar ni siquiera un diminuto bocado de pastel.
Los antojos nunca parecieron estar muy lejos, dada la gran cantidad de alimentos azucarados que había en mi entorno inmediato.
Aun así, a medida que disminuía mi ingesta de azúcar, es probable que también se atenuara esa sensación de recompensa, a menudo vinculada a la liberación de dopamina.
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Pie de foto, El azúcar añadido de los dulces puede atraparnos en un “bucle adictivo”.
Las dietas bajas en azúcar también ofrecen otros beneficios para la salud. En un pequeño experimento, un equipo pidió a un grupo de 41 niños que dejaran de consumir azúcares añadidos durante tan solo 10 días.
Al finalizar el periodo, su presión arterial y su grasa corporal habían disminuido. Además, mostraron una menor resistencia a la insulina y una mejora en su comportamiento.
Otras investigaciones, centradas en los alimentos ultraprocesados que suelen tener un alto contenido de azúcar, revelaron que cuando las personas consumían alimentos mínimamente procesados, experimentaban menos antojos y tenían más energía.
Al tener una idea más clara de los efectos del azúcar en mi organismo, me resultó más sencillo modificar mis hábitos: los dulces simplemente dejaron de resultarme tan apetecibles.
También logré limitar mi exposición a los dulces en casa, asegurándome de tener siempre a mano una buena variedad de aperitivos saludables.
Asimismo, sustituí los jugos por agua con gas y unas gotas de zumo de limón, y descubrí que esta bebida lograba calmar mi sed.
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Pie de foto, Consumir alimentos saludables reduce con el tiempo el apetito por alimentos con azúcar.
La reintroducción del azúcar
Al cabo de las seis semanas, puedo afirmar con total sinceridad que no sentía una tentación particular por reincorporar el azúcar a mi dieta. Es probable que el “bucle adictivo” de mi cerebro se hubiera silenciado, según me explicó Begdache.
Ya no siento antojos diarios de alimentos azucarados. De hecho, los alimentos con azúcar añadido —incluso los cereales de desayuno bajos en azúcar— me resultan excesivamente dulces al paladar. Según Perelman, este cambio debería facilitar la tarea de evitar volver a consumir dulces a diario.
Ahora que ha concluido mi experimento de seis semanas, ¿volveré a consumir mis dulces habituales? En pocas palabras: no. Y tengo previsto introducir algunos cambios.
En lugar de evitar por completo el azúcar añadido, limitaré mi abstinencia a los días laborables, permitiéndome el lujo de disfrutar de un capricho durante el fin de semana.
Además, estoy replanteando la forma en que concibo los alimentos azucarados en primer lugar.
Cuando finalmente reintroduje algo de azúcar —en forma de una galleta de triple chocolate (con 28 gramos de azúcar por unidad)—, no sentí el menor deseo de comerla. Me obligué a hacerlo, con el propósito de este artículo, para observar cómo reaccionaría mi cuerpo.
Su sabor me resultó excesivamente dulce. Percibía mucho más el gusto del azúcar que el del chocolate.
Poco después, experimenté también un bajón de energía y eché una siesta a media tarde, algo que solo fue posible porque disfrutaba de mis vacaciones anuales.
Aquel capricho que solía consumir con regularidad había dejado de serlo. Me detuve tras apenas unos cuantos bocados.
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Para sacar el máximo provecho de una sesión de gimnasio, una clase de fitness o una carrera, hazlo a la hora del día que mejor se adapte a tu reloj biológico natural, indican investigadores de la salud.
Las personas madrugadoras o “alondras” deberían hacer ejercicio por la mañana para obtener el máximo beneficio, mientras que las personas nocturnas deberían entrenar por la tarde, sugieren.
Sincronizar el ejercicio de esta manera podría mejorar la salud cardiovascular, especialmente en personas con mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, según un nuevo estudio publicado en la revista Open Heart.
Los voluntarios que lo probaron durmieron mejor, tuvieron una presión arterial más baja y niveles de azúcar en sangre más saludables en general.
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Pie de foto, Mantenerse activo mediante el ejercicio físico o cualquier tipo de entrenamiento ayuda a quemar calorías.
En el estudio participaron 134 personas de entre 40 y 50 años en Pakistán.
Ninguna estaba en excelente forma física y todas presentaban al menos un factor de riesgo cardiovascular, como hipertensión o sobrepeso.
Se les pidió que realizaran sesiones supervisadas de caminata rápida en cinta rodante durante 40 minutos al día, cinco veces por semana, durante tres meses.
Según los cuestionarios, 70 fueron clasificados como madrugadores y 64 como noctámbulos.
Mejoras en la condición física
Algunos realizaron sus ejercicios en horarios que coincidían con su cronotipo (la predisposición natural a estar alerta por la mañana o por la tarde), mientras que otros hicieron lo contrario.
Ambos grupos mostraron mejoras en su condición física.
Sin embargo, adaptar el ejercicio al cronotipo produjo mayores beneficios para la salud en cuanto a presión arterial, capacidad aeróbica, marcadores metabólicos y calidad del sueño.
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Pie de foto, El ejercicio es importante para controlar la acumulación de grasa abdominal.
El reloj biológico interno afecta los patrones de sueño-vigilia y los niveles hormonales y de energía a lo largo del día, lo que, a su vez, podría influir en el rendimiento y la constancia en el ejercicio, explican los investigadores.
‘Jet lag social’
Los autores del estudio afirman que los hallazgos sugieren que un enfoque único para el horario de ejercicio no es lo ideal.
Un desajuste entre los horarios biológicos y sociales, o “jet lag social”, se ha relacionado con un mayor riesgo cardíaco.
Las personas nocturnas pueden correr un mayor riesgo, añaden, por lo que no deberían forzar rutinas de ejercicio a primera hora de la mañana.
Algunos gimnasios ahora permanecen abiertos las 24 horas.
Hugh Hanley, director de entrenamiento personal y fitness en PureGym, comenta que las tardes de los lunes y martes suelen ser las de mayor afluencia, pero cada vez más la gente distribuye sus horas de entrenamiento.
“Algo que hemos notado en los últimos años es que la gente prioriza más su salud y adopta una mayor flexibilidad”.
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Pie de foto, Actividades diarias como el yoga ayudan a acelerar el metabolismo.
Afirma que la clave para mantenerse en forma es la constancia: crear un hábito de movimiento e integrarlo en el estilo de vida.
“Hacerlo con regularidad es mejor que un par de veces seguidas”.
“Vemos que muchas veces la gente se fija una meta demasiado ambiciosa al principio. Siempre preferimos que lo dividan en objetivos pequeños y alcanzables”.
La tendencia actual, dice Hanley, es el entrenamiento de fuerza. “Estamos viendo un gran aumento… en todas las generaciones. La generación más joven definitivamente prioriza el entrenamiento de fuerza, pero también la generación mayor”.
Ejercicio de forma regular
Rajiv Sankaranarayanan, de la Sociedad Cardiovascular Británica, copropietaria de la revista donde se publicó el estudio, afirmó que los hallazgos respaldan la necesidad de adaptar los entrenamientos a los ritmos biológicos, pero propuso realizar más estudios para confirmarlo.
Nina Rzechorzek, experta en ritmos biológicos de la Universidad de Cambridge, señaló que, si bien el momento de la actividad física puede ser un factor a considerar, lo más importante es realizar suficiente ejercicio de forma regular.
La evidencia sugiere que combinar diferentes tipos de ejercicio es beneficioso; el Servicio Nacional de Salud (NHS) recomienda actividades de fortalecimiento al menos dos días a la semana y ejercicio cardiovascular intenso durante al menos 75 minutos.
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto, Los ejercicios isométricos son posturas que se mantienen durante al menos 30 segundos y que se pueden realizar en casa y sin equipamiento.
¿Listo para ir al gimnasio por la mañana o por la noche? Los ejercicios de fuerza, como las sentadillas contra la pared o la plancha, son excelentes para bajar la presión arterial.
Estos ejercicios isométricos están diseñados para desarrollar fuerza sin mover músculos ni articulaciones.
Las sentadillas contra la pared consisten en apoyar la espalda contra la pared y bajar hasta sentarte, usando las caderas, hasta que los muslos queden paralelos al suelo.
La plancha consiste en mantener una posición similar a la de una flexión durante un tiempo prolongado para trabajar los músculos abdominales, la espalda, los hombros, los brazos y los glúteos.
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Para sacar el máximo provecho de una sesión de gimnasio, una clase de fitness o una carrera, hazlo a la hora del día que mejor se adapte a tu reloj biológico natural, indican investigadores de la salud.
Las personas madrugadoras o “alondras” deberían hacer ejercicio por la mañana para obtener el máximo beneficio, mientras que las personas nocturnas deberían entrenar por la tarde, sugieren.
Sincronizar el ejercicio de esta manera podría mejorar la salud cardiovascular, especialmente en personas con mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, según un nuevo estudio publicado en la revista Open Heart.
Los voluntarios que lo probaron durmieron mejor, tuvieron una presión arterial más baja y niveles de azúcar en sangre más saludables en general.
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Pie de foto, Mantenerse activo mediante el ejercicio físico o cualquier tipo de entrenamiento ayuda a quemar calorías.
En el estudio participaron 134 personas de entre 40 y 50 años en Pakistán.
Ninguna estaba en excelente forma física y todas presentaban al menos un factor de riesgo cardiovascular, como hipertensión o sobrepeso.
Se les pidió que realizaran sesiones supervisadas de caminata rápida en cinta rodante durante 40 minutos al día, cinco veces por semana, durante tres meses.
Según los cuestionarios, 70 fueron clasificados como madrugadores y 64 como noctámbulos.
Mejoras en la condición física
Algunos realizaron sus ejercicios en horarios que coincidían con su cronotipo (la predisposición natural a estar alerta por la mañana o por la tarde), mientras que otros hicieron lo contrario.
Ambos grupos mostraron mejoras en su condición física.
Sin embargo, adaptar el ejercicio al cronotipo produjo mayores beneficios para la salud en cuanto a presión arterial, capacidad aeróbica, marcadores metabólicos y calidad del sueño.
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Pie de foto, El ejercicio es importante para controlar la acumulación de grasa abdominal.
El reloj biológico interno afecta los patrones de sueño-vigilia y los niveles hormonales y de energía a lo largo del día, lo que, a su vez, podría influir en el rendimiento y la constancia en el ejercicio, explican los investigadores.
‘Jet lag social’
Los autores del estudio afirman que los hallazgos sugieren que un enfoque único para el horario de ejercicio no es lo ideal.
Un desajuste entre los horarios biológicos y sociales, o “jet lag social”, se ha relacionado con un mayor riesgo cardíaco.
Las personas nocturnas pueden correr un mayor riesgo, añaden, por lo que no deberían forzar rutinas de ejercicio a primera hora de la mañana.
Algunos gimnasios ahora permanecen abiertos las 24 horas.
Hugh Hanley, director de entrenamiento personal y fitness en PureGym, comenta que las tardes de los lunes y martes suelen ser las de mayor afluencia, pero cada vez más la gente distribuye sus horas de entrenamiento.
“Algo que hemos notado en los últimos años es que la gente prioriza más su salud y adopta una mayor flexibilidad”.
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Pie de foto, Actividades diarias como el yoga ayudan a acelerar el metabolismo.
Afirma que la clave para mantenerse en forma es la constancia: crear un hábito de movimiento e integrarlo en el estilo de vida.
“Hacerlo con regularidad es mejor que un par de veces seguidas”.
“Vemos que muchas veces la gente se fija una meta demasiado ambiciosa al principio. Siempre preferimos que lo dividan en objetivos pequeños y alcanzables”.
La tendencia actual, dice Hanley, es el entrenamiento de fuerza. “Estamos viendo un gran aumento… en todas las generaciones. La generación más joven definitivamente prioriza el entrenamiento de fuerza, pero también la generación mayor”.
Ejercicio de forma regular
Rajiv Sankaranarayanan, de la Sociedad Cardiovascular Británica, copropietaria de la revista donde se publicó el estudio, afirmó que los hallazgos respaldan la necesidad de adaptar los entrenamientos a los ritmos biológicos, pero propuso realizar más estudios para confirmarlo.
Nina Rzechorzek, experta en ritmos biológicos de la Universidad de Cambridge, señaló que, si bien el momento de la actividad física puede ser un factor a considerar, lo más importante es realizar suficiente ejercicio de forma regular.
La evidencia sugiere que combinar diferentes tipos de ejercicio es beneficioso; el Servicio Nacional de Salud (NHS) recomienda actividades de fortalecimiento al menos dos días a la semana y ejercicio cardiovascular intenso durante al menos 75 minutos.
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Pie de foto, Los ejercicios isométricos son posturas que se mantienen durante al menos 30 segundos y que se pueden realizar en casa y sin equipamiento.
¿Listo para ir al gimnasio por la mañana o por la noche? Los ejercicios de fuerza, como las sentadillas contra la pared o la plancha, son excelentes para bajar la presión arterial.
Estos ejercicios isométricos están diseñados para desarrollar fuerza sin mover músculos ni articulaciones.
Las sentadillas contra la pared consisten en apoyar la espalda contra la pared y bajar hasta sentarte, usando las caderas, hasta que los muslos queden paralelos al suelo.
La plancha consiste en mantener una posición similar a la de una flexión durante un tiempo prolongado para trabajar los músculos abdominales, la espalda, los hombros, los brazos y los glúteos.
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Pie de foto, Sitiar los materiales en un espacio delimitado, como una alfombra comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto está ocupado. Información del artículo
Cualquier persona con hijos pequeños sabe que la atención que requiere un bebé no es comparable a ninguna otra exigencia de la vida cotidiana. Por muy implicados que estemos y por mejores intenciones que pongamos en la crianza, es inevitable no poder responder siempre al 100 %.
Desde un viaje en autobús a la espera en una visita médica, pasando por una llamada urgente que es indispensable atender o simplemente preparar una comida, en la vida cotidiana hay multitud de situaciones en las que es necesario que se “entretenga” un rato solo.
Pero a menudo, basta que el niño o niña note que no estamos pendientes de ellos para que reclamen más nuestra atención.
En estos momentos recurrimos a lo más accesible y eficaz a corto plazo: un video en un soporte digital, cuyos colores, movimientos y sonidos garantizan mantenerle absorto por unos minutos.
Sin embargo esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a mediano plazo.
Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo.
Cinco objetos, mejor que una pantalla
Bien planeados y elegidos, a estas edades basta con disponer de dos a cinco objetos abiertos –es decir, materiales no estructurados que pueden usarse de muchas maneras– y seguros, que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.
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Pie de foto, La idea es que el niño se pueda entretener solo explorando los objetos que tiene al alcance.
Situar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, proporciona contención y comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto realiza otra tarea cercana.
Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional.
Por ejemplo, iniciar con una frase como: “Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas”; y cerrar diciendo: “Ya hemos terminado. Vamos a recoger”.
Kits de objetos transportables
Los objetos seleccionados pueden concretarse en kits transportables para distintos contextos:
En la mesa de casa o un restaurante, bebés de 0–12 meses pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos.
Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros y en pares permite pequeños ciclos de clasificación y descubrimiento a través del juego heurístico.
Entre 24 y 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones favorecen “proyectos” autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.
Conviene ofrecer pocos objetos cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda.
Menos es más: cuando los materiales son escasos y seleccionados, el niño puede dedicarles más tiempo, repetir acciones y descubrir nuevas posibilidades.
También ayuda alternar los objetos cada cierto tiempo para que vuelvan a resultar interesantes sin saturar el entorno.
En las primeras ocasiones es útil acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y dejando espacios de silencio; poco a poco, el bebé va replicando esta rutina de manera autónoma.
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Pie de foto, La propuesta es buscar objetos que sigan la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.
En el autobús o en el coche, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan acciones repetitivas y calmadas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de “abrir y cerrar” –monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa de rosca y cinta con broches– sostiene la concentración y la motricidad fina; y en una tarde de lluvia, un sencillo circuito motriz con cojines y una caja-túnel, seguido de una transición a la mesa baja con actividades de precisión, permite la secuencia moverse → representar → calmar.
En todos los casos, la seguridad es imprescindible: materiales mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, revisión frecuente para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual intermitente.
A más pantallas, más aburrimiento
En cambio, recurrir a las pantallas –sea en móviles, tabletas o pantallas de televisión– antes de tiempo o demasiado a menudo puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia (el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad, la exploración sensorial…).
Por supuesto, esto no quiere decir que las videollamadas breves con familiares no sean una excepción positiva.
Simplemente es importante entender que la exposición a estímulos intensos pero que no invitan al movimiento, como son los videos, “resuelven” un momento puntual, pero no contribuyen a crear una rutina de entretenimiento autónomo saludable.
Más bien al contrario, harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes.
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Pie de foto, Hay excepciones positivas, como por ejemplo las llamadas breves por video con familiares.
Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso recientes investigaciones elevan la edad hasta los 6 años.
Sabiendo esto, la próxima vez que sintamos la necesidad de recurrir a la pantalla en un momento dado, pensemos si no es posible sustituirla por algo más físico y manipulable.
Fomentar la exploración autónoma con estos objetos y estrategias no solo contribuye a un mejor desarrollo motriz y cognitivo, sino que sienta las bases para una manera de entender el ocio y el juego de forma más presencial y paciente, y menos dependiente de estímulos externos.
*Mª Pilar Rodrigo Moriche es profesora ayudante doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid. Carmen Andrés Viloria es profesora e investigadora especializada en Atención Temprana y formación docente, Universidad Autónoma de Madrid. Paloma Valdivia Vizarreta es Lectora Serra Húnter del departamento de teorías de la educación y pedagogía social, Universidad Autónoma de Barcelona.
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