Las seis pruebas nucleares subterráneas realizadas por Corea del Norte bajo el monte Mantap entre 2006 y 2017 pudieron alterar durante años el equilibrio mecánico de la corteza terrestre. Un estudio publicado en Science ha reconstruido la evolución sísmica de la zona de Punggye-ri y plantea que las detonaciones reactivaron fallas que hasta entonces habían permanecido prácticamente inactivas. El trabajo analiza registros sísmicos obtenidos durante 17 años y muestra que la respuesta geológica no terminó cuando cesaron los ensayos.
El emplazamiento nuclear de Punggye-ri, situado bajo el monte Mantap, aprovechaba cientos de metros de roca para confinar las explosiones. La primera prueba se llevó a cabo en octubre de 2006 y otras cinco se sucedieron durante los 11 años siguientes. La última, realizada el 3 de septiembre de 2017, fue con diferencia la más potente: liberó una energía estimada de entre 100 y 250 kilotones y generó una señal sísmica equivalente a un terremoto de magnitud 6,3.
La detonación produjo efectos inmediatos que entraban dentro de lo esperado para una explosión nuclear bajo tierra. Apenas 8,5 minutos después se registró un evento sísmico de magnitud 4,1, interpretado como el colapso de la cavidad creada por la explosión. Las observaciones de radar por satélite mostraron también una deformación del propio monte Mantap. Lo extraño comenzó varias semanas después, cuando la actividad sísmica volvió a aparecer y empezó a seguir un patrón mucho menos convencional.
Una actividad sísmica que aumentó con los años
El sismólogo Kwang-Hee Kim, de la Universidad Nacional de Pusan, explicó a ScienceAlert que “el resultado más notable no es simplemente que los terremotos siguieran a las pruebas nucleares subterráneas, sino cómo evolucionó la sismicidad“. Según el investigador, en lugar de alcanzar su máximo inmediatamente después de la explosión y disminuir después, la actividad aumentó durante varios años. Los episodios tectónicos sostenidos comenzaron aproximadamente 20 días después del último ensayo.
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Para comprender qué estaba ocurriendo, los investigadores revisaron registros procedentes de estaciones sísmicas de China y Corea del Sur correspondientes al periodo comprendido entre 2008 y 2025. Aplicaron una técnica de detección por filtro adaptado, capaz de identificar pequeños temblores que los sistemas de vigilancia rutinarios habían pasado por alto. El resultado fue una secuencia mucho más extensa de lo que sugerían los catálogos convencionales: 1.399 terremotos vinculados espacial y temporalmente con la región del monte Mantap.
La cifra resulta especialmente llamativa porque el entorno de Punggye-ri no era conocido por registrar una actividad tectónica intensa. Los investigadores localizaron solo un gran terremoto cortical dentro de un radio de 200 km entre el año 23 a. C. y 1903, un evento de magnitud 6,7 ocurrido en 1810 a unos 100 km del monte. Los grandes catálogos regionales y mundiales tampoco registraron terremotos corticales a menos de 50 km del complejo entre 1904 y el 3 de septiembre de 2017, aunque el nuevo análisis detectó cierta actividad local desde 2013.
Dos estructuras bajo el monte Mantap
El equipo consiguió determinar con precisión la ubicación de 955 terremotos y comprobó que no estaban distribuidos aleatoriamente. Los epicentros dibujaban dos estructuras aproximadamente paralelas que avanzaban hacia el norte-noroeste desde el área de pruebas. Una coincidía con la prolongación de una falla previamente cartografiada al sur de Punggye-ri. La segunda no correspondía con ninguna falla conocida en superficie, pero presentaba una geometría compatible con una estructura tectónica enterrada.
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Los científicos consideran que las explosiones no siguieron transmitiendo energía durante años, sino que alteraron el reparto de tensiones en una corteza que ya se encontraba cerca de romperse. “Nuestra interpretación es que las pruebas perturbaron un volumen cortical que ya estaba cerca del fallo y adelantaron o facilitaron el deslizamiento en fallas preexistentes”, señaló Kim. La estructura más larga alcanza unos 24 km y, si formara una única falla conectada, podría generar teóricamente un terremoto de magnitud aproximada 6,4, aunque los autores subrayan que se trata de un escenario hipotético y no de una predicción.
Las seis pruebas nucleares subterráneas realizadas por Corea del Norte bajo el monte Mantap entre 2006 y 2017 pudieron alterar durante años el equilibrio mecánico de la corteza terrestre. Un estudio publicado en Science ha reconstruido la evolución sísmica de la zona de Punggye-ri y plantea que las detonaciones reactivaron fallas que hasta entonces habían permanecido prácticamente inactivas. El trabajo analiza registros sísmicos obtenidos durante 17 años y muestra que la respuesta geológica no terminó cuando cesaron los ensayos.

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