El TMEC también se revisa en clave digital: la IA abre un nuevo frente entre México y Estados Unidos

La intersección entre inteligencia artificial (IA) y el TMEC es cada vez más estratégica y, al mismo tiempo, desigual. En la antesala de la revisión del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, se abre un nuevo frente para la integración, con la economía digital en la mira. Mientras el socio del norte llega a la mesa con inversiones billonarias y hegemonía tecnológica, el país latinoamericano reconoce que no ha desarrollado capacidades propias al mismo ritmo, en medio de una carrera global por atraer el capital y los talentos que moldearán el desarrollo de las próximas décadas.

La atención mexicana está fija en el sector agrícola, las reglas del ensamblaje automotriz o los aranceles al acero y el aluminio. Pocos están pensando en la integración electrónica. Pocos, además de Donald Trump y su Administración, que han prometido proteger su liderazgo económico, productivo y digital frente a la competencia que representan potencias emergentes, como China. Washington ha amalgamado este objetivo bajo el concepto de blindar su “seguridad económica” –uno de los más repetidos por el equipo estadounidense en el contexto de la revisión– donde la IA y sus cadenas de suministro ocupan un lugar central.

El TMEC, firmado en 2020, ya incluye previsiones sobre prohibición de aranceles sobre productos digitales transmitidos electrónicamente, flujo libre de datos (la médula ósea de la IA) y el principio de no localización forzosa de servidores, lo que significa que ningún socio puede exigir a las empresas el almacenamiento o procesamiento de información en centros de datos ubicados dentro de su territorio, como una condición de operación.

La Asociación de la Industria de la Computación y las Comunicaciones (CCIA, por sus siglas en inglés), que representa a poderosas bigtechs como Amazon, Meta o Google, ha cabildeado activamente de cara al examen de este verano, solicitando a la Representación Comercial de EE UU (USTR, por sus siglas en inglés) preservar el capítulo de comercio digital, pero anexar nuevas políticas amigables con la IA que promocionan. Entre sus peticiones destacan: proteger el flujo transfronterizo de datos y eximir a los desarrolladores de IA de incurrir en responsabilidades de derechos de autor, al entrenar modelos con información minada en los tres países, sin permisos o pagos. Otros grandes gremios estadounidenses, como TechNet y la Alianza para la Regulación del Comercio Tecnológico (TTRA), también han solicitado un anexo sobre IA en el tratado. Y si bien estos grupos no generan políticas públicas, sí se han convertido en referentes claros para la Administración republicana a la hora de crear lineamientos tecnológicos.

Comparando la carrera de la IA con la espacial –la batalla científica y geopolítica entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría–, Trump lanzó el año pasado su America’s AI Action Plan, donde insta a sus aliados a unirse a este esfuerzo de supremacía tech. “Necesitamos establecer la IA estadounidense —desde nuestros semiconductores avanzados hasta nuestros modelos y aplicaciones— como el referente mundial en IA y garantizar que nuestros aliados construyan sobre la tecnología estadounidense”, se lee en la orden ejecutiva.

La próxima cita del diálogo bilateral será el 16 de junio en Washington, aunque el tratado se adentra en un complejo proceso de revisiones anuales.

“México está explorando cómo nos alineamos con nuestro vecino del norte”, explica Sissi de la Peña, fundadora de The Dot Network, una organización que asesora a gobiernos y empresas en ciberseguridad e IA. La experta participa como representante de las empresas emergentes en los esfuerzos que inicia el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para establecer una incipiente estrategia de IA. En esa agenda, destacan algunos primeros encuentros con la Embajada de EE UU, dependencias oficiales y cámaras industriales. Sin embargo, nada está escrito aún, ni en regulación ni en planes de acción, en momentos de inversión pasmada.

Mientras que la inversión de capital de riesgo en IA de Estados Unidos alcanzó un nuevo récord de 267.000 millones de dólares en el primer trimestre, empujada por las millonarias rondas de financiamiento de OpenAI, Anthropic o xAI, en México la inyección de venture capital sumó un moderado 461 millones, influida por la incertidumbre comercial y las expectativas de crecimiento más débiles, de acuerdo con el seguimiento de KPMG.

“Si bien tenemos que diversificar, el 80% de nuestro comercio depende de EE UU, así que el sector privado está consciente de que separarnos de esa realidad, no es la mejor estrategia. En México, y en cuanto al TMEC, el enfoque está en otros factores, pero en tecnología son ellos quienes se están peleando el liderazgo con China. Para bien o para mal, tenemos intercambio comercial, tecnológico y de conocimiento con nuestro vecino, así que nos alineamos a ese liderazgo”, agrega la experta. En ese sentido, el Plan México, plante reforzar sectores como la electromovilidad, salud digital, semiconductores, chips y satélites, para que el país funcione como un eslabón de la cadena necesaria para la producción tecnológica planeada desde Washington.

En este contraste, el país enfrenta un doble desafío: aprovechar la capacidad industrial que pueda ser impulsada por esta nueva ola, sin quedar relegado a un rol de maquila de bajo valor agregado, en un entorno donde los algoritmos comienzan a definir la competitividad. El telón de fondo es una economía que crece menos y que compite por inversión, pero que arrastra rezagos en innovación y formación de talento humano especializado. La pregunta, aún sin respuesta, es si el TMEC se convertirá en un catalizador para cerrar esa brecha o consolidará una mayor asimetría entre los socios.

Mientras Canadá y México han sido frontales en su intención de renovar el acuerdo por 16 años, Estados Unidos está abordando el proceso desde el recelo, incluso aunque reconoce con cifras oficiales que sus exportaciones a Canadá y México han aumentado un 56% desde 2020. Trump reclama que México ha sido el principal ganador de la diversificación desde Asia y China, capturando cerca del 25% de la reducción de ese déficit. Por ello intentará instaurar reglas de origen más férreas que beneficien a sus fábricas locales. Jamieson Greer, representante comercial de EE UU, ha advertido a sus principales socios que la era de los aranceles y el proteccionismo está lejos de terminar, en el marco del “America First”. “Nuestras importaciones ahora están compuesta en un 40% de bienes de capital, y sabemos que eso es por la IA y el hardware para la IA, destinando a la productividad y manufactura. Las fábricas la están usando para multiplicar a los trabajadores”, añadió en un conversatorio a finales de mayo.

Ante esto, la revisión del TMEC también se perfila como un espacio para que México valore su visión sobre la economía del futuro, mientras encara el reto de no limitarse a ser un eslabón manufacturero en una cadena que otros diseñan. “México construyó una plataforma manufacturera impresionante en los últimos 40 años. Pero necesitamos dar un paso adelante”, dijo esta semana el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. “La nueva economía es una basada en datos. Cada vez habrá más robótica avanzada, drones y otro tipo de complementos vinculados a la IA”. En su llamado, el funcionario además cuantificó las probabilidades de una startup mexicana de levantar capital, con respecto a innovadoras en la India, Indonesia o EE UU. “Una entre 100.000”, concluyó.

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