Un extraño vehículo eléctrico con alas acaba de levantar el vuelo sobre las aguas de Rhode Island tras comenzar su recorrido como si fuera una embarcación convencional. Se trata del Viceroy Seaglider de REGENT, un prototipo estadounidense que mezcla hidroalas, propulsión eléctrica y vuelo a muy baja altura para recuperar con tecnología moderna una idea que la URSS exploró durante la Guerra Fría con sus gigantescos ekranoplanos. Su primera prueba tripulada abre ahora una nueva fase para este peculiar concepto de transporte marítimo.
La demostración tuvo lugar en la bahía de Narragansett, donde dos capitanes llevaron el Viceroy Seaglider desde el agua hasta el vuelo. Primero navegó sobre su casco y, tras ganar velocidad mediante sus 12 hélices eléctricas, se elevó sobre hidroalas para reducir la resistencia de las olas. Después abandonó por completo la superficie y recorrió 596 metros en el aire durante 30 segundos, manteniéndose a unos 10 metros sobre el agua, según los datos publicados por REGENT.
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Un ekranoplano eléctrico
La clave del vehículo está en el denominado efecto suelo, un fenómeno aerodinámico que aparece cuando una aeronave vuela muy cerca de una superficie. El aire queda comprimido bajo las alas, aumenta la sustentación y disminuye la resistencia aerodinámica. Esa característica permite transportar cargas importantes sin ascender a las altitudes habituales de un avión. REGENT combina este principio con hidroalas retráctiles, diseñadas para estabilizar la transición entre navegación, planeo sobre el agua y vuelo.
La tecnología tiene un precedente especialmente llamativo. La Unión Soviética desarrolló varios ekranoplanos durante la Guerra Fría, entre ellos el célebre Monstruo del mar Caspio, una máquina de unas 380 toneladas cuya longitud superaba la de un Airbus A380 y que podía alcanzar alrededor de 547 km/h. Aquellos aparatos demostraron las posibilidades del efecto suelo, aunque también sufrían limitaciones importantes: necesitaban condiciones favorables para despegar, tenían dificultades con el oleaje y resultaban complicados de maniobrar cerca de los puertos.
Hasta 12 pasajeros
REGENT pretende resolver parte de aquellos problemas con un diseño concebido específicamente para operar desde zonas costeras. El Viceroy está proyectado para transportar 12 pasajeros y dos tripulantes, alcanzar una velocidad máxima de 290 km/h y cubrir hasta 290 kilómetros. También podrá mover 1.588 kg de carga. Su sistema digital de control cuenta con triple redundancia y gestiona automáticamente la estabilidad, mientras el capitán controla el aparato siguiendo una lógica similar a la de una embarcación.
La compañía asegura que la prueba confirma varios años de desarrollo. “Completar esta prueba de vuelo valida años de riguroso trabajo de ingeniería y operaciones y nos da la confianza para avanzar hacia la producción a gran escala”, afirmó Mike Klinker, cofundador y director de tecnología de REGENT. El prototipo entra ahora en la fase final de sus ensayos marítimos, después de que la empresa haya trabajado durante 2026 para aumentar progresivamente la velocidad sobre las hidroalas y comprobar su comportamiento mediante pruebas físicas y simulaciones.
El proyecto no se limita al transporte de pasajeros. REGENT desarrolla sus Seaglider como plataformas de doble uso y ya trabaja con organismos militares estadounidenses. La empresa mantiene un contrato de 15 millones de dólares con el Cuerpo de Marines de EEUU y acuerdos de desarrollo relacionados con operaciones especiales, además de preparar el Squire, una versión autónoma más pequeña orientada al transporte de cargas. Tras este primer vuelo tripulado, el reto será comprobar si la tecnología puede convertir el efecto suelo soviético en un sistema práctico para rutas costeras, logística y operaciones marítimas.
Un extraño vehículo eléctrico con alas acaba de levantar el vuelo sobre las aguas de Rhode Island tras comenzar su recorrido como si fuera una embarcación convencional. Se trata del Viceroy Seaglider de REGENT, un prototipo estadounidense que mezcla hidroalas, propulsión eléctrica y vuelo a muy baja altura para recuperar con tecnología moderna una idea que la URSS exploró durante la Guerra Fría con sus gigantescos ekranoplanos. Su primera prueba tripulada abre ahora una nueva fase para este peculiar concepto de transporte marítimo.

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