Dos meteoritos caen en Costa Rica y Australia y al analizarlos descubren que contienen un “caldo primigenio” de hace 5.500 millones de años

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Dos meteoritos que llegaron a la Tierra con décadas de diferencia están permitiendo reconstruir parte de la química que existía antes de la formación de nuestro planeta. Un estudio publicado en The Planetary Science Journal ha analizado muestras de los meteoritos Murchison y Aguas Zarcas y ha encontrado en su interior decenas de miles de composiciones moleculares basadas en carbono. El trabajo combina espectrometría de masas de resolución extrema y microscopía a escala atómica para estudiar una materia orgánica extraordinariamente compleja.

El primero de esos objetos, Murchison, cayó en Australia en 1969 y pertenece al grupo de las condritas carbonáceas, meteoritos conocidos por conservar abundante material orgánico. Aguas Zarcas, por su parte, llegó a Costa Rica en 2019. Los investigadores del National High Magnetic Field Laboratory, la Florida State University y el Brookhaven National Laboratory trabajaron con diminutos fragmentos de ambos cuerpos para intentar leer la huella química que han mantenido durante miles de millones de años.


Las muestras fueron disueltas en disolventes orgánicos y examinadas mediante un espectrómetro de masas FT-ICR de 21 teslas del MagLab. El instrumento permitió distinguir una enorme cantidad de compuestos entremezclados y detectar decenas de miles de fórmulas moleculares en cantidades muy pequeñas de material. Esa cifra, no obstante, no significa que el equipo haya identificado otras tantas estructuras diferentes, ya que varias moléculas pueden compartir la misma fórmula química.

Moléculas vistas átomo a átomo

Para superar esa limitación, los científicos recurrieron a la microscopía de fuerza atómica de alta resolución y sin contacto. El investigador Percy Zahl, del Brookhaven National Laboratory, empleó una sonda extremadamente afilada que se sitúa sobre la superficie sin tocar directamente la molécula. Las interacciones entre esa punta y el material permiten obtener imágenes de su arquitectura y determinar cómo están conectados algunos de sus átomos, algo que la espectrometría de masas por sí sola no puede mostrar.

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Un fragmento del meteorito de Murchison (Museo Nacional de Costa Rica)

Un fragmento del meteorito de Murchison (Museo Nacional de Costa Rica)

El procedimiento es especialmente complejo cuando se trabaja con mezclas como las conservadas dentro de estos meteoritos. Obtener la imagen de una única molécula puede requerir desde varios días hasta meses de trabajo, según los investigadores. El estudio constituye apenas la tercera aplicación documentada de este tipo de microscopía sobre material meteorítico. La combinación de ambas técnicas ofrece así dos escalas complementarias: una visión general de la composición química y una imagen directa de determinadas estructuras individuales.

Dos meteoritos con huellas diferentes

La comparación reveló que Murchison y Aguas Zarcas presentan perfiles moleculares muy distintos, pese a pertenecer a una familia semejante de meteoritos ricos en carbono. Solo una fracción relativamente pequeña de sus composiciones complejas coincide. El resultado sugiere que los asteroides de los que proceden estuvieron sometidos a entornos químicos distintos, con combinaciones variables de calentamiento, alteración, presencia de agua y otras reacciones durante la evolución temprana del sistema solar.

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Murchison resulta especialmente valioso porque los investigadores lo describen como un material de al menos 5.500 millones de años, anterior incluso a la Tierra. El nuevo análisis no demuestra que la vida ni sus precursores directos llegaran a nuestro planeta dentro de estos meteoritos, pero sí revela hasta qué punto el espacio albergaba una “sopa química” rica en compuestos orgánicos. Poder pasar de una simple lista de fórmulas a observar la forma concreta de algunas moléculas ofrece una vía para reconstruir con mayor precisión el inventario químico disponible durante las primeras etapas del sistema solar.

Dos meteoritos que llegaron a la Tierra con décadas de diferencia están permitiendo reconstruir parte de la química que existía antes de la formación de nuestro planeta. Un estudio publicado en The Planetary Science Journal ha analizado muestras de los meteoritos Murchison y Aguas Zarcas y ha encontrado en su interior decenas de miles de composiciones moleculares basadas en carbono. El trabajo combina espectrometría de masas de resolución extrema y microscopía a escala atómica para estudiar una materia orgánica extraordinariamente compleja.

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