China anticipa una nueva carrera militar en el espacio: “Un punto de inflexión en la historia”

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Los tambores de guerra espacial suenan cada vez más fuerte y sin tapujos. Durante años, Estados Unidos, China y Rusia han probado armas orbitales en secreto, pero, tras la admisión por parte de Washington de que sus nuevos ingenios militares ya se encuentran operativos en el espacio, la propaganda china se quita la careta. Guo Xiaobing, director de estudios de control de armamento en un centro de investigación estatal chino, ha declarado que “nos encontramos ante un punto de inflexión en la historia”. Parece que, a partir de ahora, todo vale.

Ninguna de las dos partes llega a este punto con las manos limpias. Mientras Pekín acusa a Washington de militarizar la órbita terrestre llevándose las manos a la cabeza, sabemos que ellos realizan pruebas de armas en el espacio de forma constante. Aparte de sus planeadores hipersónicos —capaces de orbitar la Tierra hasta decidir qué punto atacar—, sabemos que cinco de sus satélites fueron detectados por los radares de seguimiento estadounidenses ejecutando maniobras de proximidad sincronizadas. Ensayos de combate en órbita, como los ‘dogfights’ de ‘Top Gun’, y no los “experimentos científicos” que argumenta Pekín.

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Antes de esto, Washington pasó años señalando los programas contraespaciales chinos y rusos para justificar el desarrollo de los suyos propios, y solo ahora admite que ya tiene armas propias situadas en órbita. Lo que está sobre la mesa es la columna vertebral de satélites de la que depende toda la especie para la navegación, las comunicaciones y la predicción meteorológica.

Mientras, Rusia destruye satélites en órbita regularmente en maniobras militares y ha anunciado sus propias estaciones de combate con capacidad nuclear. Una receta para el apocalipsis, como el experto internacional Spenser Warren describió en estas páginas.

Fin del tabú

Troy Meink, el responsable civil al frente tanto del Ejército del Aire como de la Fuerza Espacial, confirmó en un comunicado oficial que “Estados Unidos dispone de armas de control espacial en órbita capaces de defender a la Fuerza Conjunta frente a acciones hostiles del adversario”. Aquella frase —pronunciada la semana pasada— ha sido la admisión más explícita formulada jamás por un dirigente civil del Pentágono que confirma la presencia de armamento operativo emplazado ya en la órbita de la Tierra.

Hasta ahora, aunque es técnicamente legal, este tipo de despliegues militares era considerado como un tabú inviolable. El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, firmado por más de 110 países, prohíbe las armas nucleares y las armas de destrucción masiva en órbita, pero nada dice sobre el armamento convencional. Como apunta Xiaobing, el vacío dejado por el acuerdo era una norma no escrita, “exactamente igual que el principio de no ser el primero en emplear armas nucleares a lo largo de las ocho décadas transcurridas desde 1945”. Según Xiaobing, Meink rompió un tabú que ha sido, en teoría, respetado durante décadas (aunque en la práctica no se así).

En declaraciones al South China Morning Post, la analista de derecho espacial en la Fundación Secure World Almudena Azcárate Ortega señaló que ningún representante oficial estadounidense “había reconocido jamás un sistema armamentístico real en el espacio con anterioridad”. Lo calificó de giro en la política tradicional estadounidense relativa a las capacidades contraespaciales. La política vigente de Estados Unidos contra los desechos espaciales indica que los sistemas en cuestión son de naturaleza no cinética, inhibidores o generadores de señales engañosas en lugar de misiles. La propia admisión de estas armas ofensivas constituye un elemento disruptivo para la política internacional aunque sepamos que, en secreto, todas estas potencias juegan a lo mismo.

En declaraciones recogidas por Reuters, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China declaró por boca de su portavoz Guo Jiakun que Pekín exige a Washington “cesar la expansión de su despliegue militar en el espacio ultraterrestre y preservar la estabilidad estratégica global mediante acciones concretas”. Song Zhongping, analista militar del diario Global Times, lo expresó de forma aún más tajante al advertir de que, si Estados Unidos continúa por esa vía, otros países podrían verse obligados a responder. Es una pantomima de los chinos que, a pesar de sus palabras, llevan años probando capacidades militares en órbita.

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Representación artística del escudo antimisiles 'Golden Dome' de Trump. (Boeing)

Representación artística del escudo antimisiles ‘Golden Dome’ de Trump. (Boeing)

Erosión de la estabilidad estratégica

Washington y Pekín discrepan radicalmente en la definición de lo que constituye una amenaza. Gao Guozhu, director de investigación en derecho espacial de la Universidad de Beihang, señala que Estados Unidos “considera que el empleo de armas o tecnologías antisatélite plantea una grave amenaza para los sistemas espaciales”, mientras que China “percibe como amenaza la política estadounidense orientada a buscar el dominio del espacio ultraterrestre”, tratándose de un peligro de orden doctrinal antes que técnico.

Según Guozhu, esto desencadenará “una nueva carrera armamentística en el espacio”. El experto chino vincula directamente la espiral con el ‘Golden Dome’ presentado por Donald Trump en 2025, el escudo de interceptores en órbita baja concebido para abatir misiles durante su fase inicial de lanzamiento. Sostiene que la estabilidad durante la Guerra Fría descansaba sobre la vulnerabilidad mutua asegurada y que suprimirla elimina cualquier incentivo para mantener las negociaciones. Pero la realidad es que China lleva años experimentando con armas en el espacio. La única diferencia es que ahora los EEUU admiten que ya las tienen, Rusia no se molesta en ocultarlo y Pekín todavía se resiste. Pero, dada la retórica de sus últimas declaraciones —habitual en la hipocresía de su gobierno en cuestiones militares—, parece que no tardarán mucho en mostrar sus cartas abiertamente.

Los tambores de guerra espacial suenan cada vez más fuerte y sin tapujos. Durante años, Estados Unidos, China y Rusia han probado armas orbitales en secreto, pero, tras la admisión por parte de Washington de que sus nuevos ingenios militares ya se encuentran operativos en el espacio, la propaganda china se quita la careta. Guo Xiaobing, director de estudios de control de armamento en un centro de investigación estatal chino, ha declarado que “nos encontramos ante un punto de inflexión en la historia”. Parece que, a partir de ahora, todo vale.

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