Category: Tecnologia

  • China analiza la microbiota humana y encuentra un hongo capaz de mitigar los estragos de la radiación

    China analiza la microbiota humana y encuentra un hongo capaz de mitigar los estragos de la radiación

    Un hongo presente en la microbiota intestinal humana podría convertirse en una inesperada herramienta frente a los daños provocados por la radiación. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha observado que Mucor racemosus es capaz de reducir determinadas lesiones asociadas a la exposición radiactiva en modelos animales. Los investigadores comprobaron que su presencia influye tanto en la recuperación del tejido intestinal como en varios procesos metabólicos relacionados con la protección celular.

    El hallazgo parte del análisis de un microorganismo que puede vivir de forma simbiótica en el intestino humano y que pertenece a un grupo de hongos cuya relación con la radiación lleva años despertando interés científico. Sin embargo, Mucor racemosus utiliza mecanismos distintos a los hongos resistentes o radiotróficos conocidos hasta ahora. Los experimentos realizados por un equipo de investigadores de China apuntan a que sus efectos beneficiosos aparecen mediante diferentes vías biológicas que actúan sobre el organismo tras una exposición.


    Los científicos administraron Mucor racemosus a ratones sometidos a radiación y compararon posteriormente su evolución con la de animales que no habían recibido el hongo. Los ejemplares tratados mostraron una menor pérdida de peso, menos inflamación y una reducción del estrés oxidativo. Además, el efecto protector aumentó cuando el microorganismo había sido previamente adaptado a las condiciones con poco oxígeno características del intestino, un resultado que refuerza la posible relación entre su metabolismo y la protección frente al daño radiactivo.

    Cómo protege el intestino

    Las pruebas con ratones libres de microorganismos aportaron otra pista relevante: incluso sin el resto de la microbiota intestinal, el hongo consiguió reducir diferentes indicadores de lesión causada por la radiación. “Estos resultados demuestran que M. racemosus alivia directamente la lesión intestinal inducida por la radiación en ratones”, explican los investigadores. El análisis posterior permitió identificar tres aminoácidos producidos por el hongo —ácido L-glutámico, ácido L-aspártico y DL-lisina— relacionados con la reparación del ADN y la recuperación del tejido intestinal.

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    La protección no depende únicamente de esos compuestos. Mucor racemosus también produce metiltioadenosina (MTA), una molécula que parece modificar el comportamiento de la bacteria Limosilactobacillus reuteri. Según los experimentos, esta interacción favorece una mayor producción de metionina, cuyos niveles elevados estuvieron asociados con una mayor resistencia a las consecuencias de la radiación. De este modo, el estudio apunta a una doble vía: una acción directa sobre la reparación celular y otra indirecta mediante la interacción entre distintos integrantes de la microbiota.

    Los investigadores probaron finalmente una aproximación alimentaria utilizando queso fermentado con Mucor racemosus en ratones irradiados. Los animales presentaron menos inflamación intestinal, una barrera intestinal más íntegra y menores indicadores de inflamación sistémica que los alimentados con queso sin el hongo. Aun así, los autores subrayan que son necesarios más estudios antes de plantear su utilización generalizada, especialmente porque este microorganismo puede representar un riesgo para personas inmunodeprimidas. “De forma más amplia, estos hallazgos establecen a los hongos filamentosos como agentes infravalorados pero influyentes en el eje microbiota-huésped”, señalan los investigadores.

    Un hongo presente en la microbiota intestinal humana podría convertirse en una inesperada herramienta frente a los daños provocados por la radiación. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha observado que Mucor racemosus es capaz de reducir determinadas lesiones asociadas a la exposición radiactiva en modelos animales. Los investigadores comprobaron que su presencia influye tanto en la recuperación del tejido intestinal como en varios procesos metabólicos relacionados con la protección celular.

  • La levadura puede crear bases en Marte como levanta pan en la Tierra

    La levadura puede crear bases en Marte como levanta pan en la Tierra

    Construir una civilización humana en Marte será infinitamente más difícil de lo que jamás fue cualquiera de las migraciones humanas en la Tierra. Aquí se puede levantar un refugio en cualquier rincón. Por eso nuestra especie se extiende de polo a polo. Si aspiramos a vivir algún día en el Planeta Rojo, deberemos resolver un desafío colosal que hasta ahora exigía una costosa y gigantesca maquinaria industrial, además de una generación energética propia de una central nuclear. Un equipo de investigadores ha presentado una alternativa radical y de bajo consumo: una tripulación podría transportar desde la Tierra un diminuto tubo de levadura en estado latente, cultivar billones de células auxiliares en un biorreactor utilizando dióxido de carbono marciano y hielo subterráneo fundido, y levantar puestos avanzados enteros mediante impresión tridimensional con un modesto aporte de energía solar.

    Esta solución no carece de obstáculos, pero supera con creces a todas las opciones planteadas hasta la fecha. Los principales proyectos de edificación marciana se han basado en la fuerza bruta. Casi todas las propuestas recurren a la sinterización, una técnica que bombardea el regolito suelto con láseres, microondas o gigantescos hornos solares para fundirlo en bloques cerámicos. El inconveniente es mayúsculo: fundir roca exige temperaturas superiores a los 982 °C. Semejante demanda térmica obliga a emplear reactores nucleares o inmensos campos de paneles solares funcionando durante semanas enteras solo para obtener el material de un puesto básico. La cerámica resultante es quebradiza, se quiebra fácilmente ante esfuerzos de flexión y no admite reciclaje una vez dañada. Es algo extremadamente difícil de lograr.

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    Una alternativa barata y factible

    Otras alternativas contemplan excavar bajo tierra o refugiarse en las montañas como los enanos de Tolkien. Estas vías resultan igualmente prohibitivas, pues acarrean un despliegue descomunal de maquinaria y facturas energéticas astronómicas. Podría ser el camino en un porvenir remoto, pero, al menos para las primeras oleadas de colonos, necesitamos una solución más asequible y ligera.

    El nuevo planteamiento, liderado por el doctor Jishen Qiu y detallado en un estudio publicado en Chem Circularity, deja a un lado la fundición de rocas a temperaturas extremas y aprovecha el gélido clima marciano a su favor. En vez de derretir piedra, el equipo desarrolló un material de construcción vivo marciano (MLBM, por sus siglas en inglés) combinando arena con un aglutinante acuoso a base de gelatina porcina y levadura modificada genéticamente. Al extruirse y someterse a las condiciones simuladas de la superficie de Marte —con temperaturas que bajan hasta los -55 °C y una atmósfera unas cien veces más tenue que la terrestre—, el compuesto se congela y se deshidrata de forma espontánea.

    Los resultados mecánicos rivalizan directamente con los de los materiales tradicionales. El biocompuesto alcanza una resistencia media a la compresión de unos 12 megapascales, equiparable a la del hormigón ligero ordinario, mientras que su resistencia a la flexión se sitúa en los 6 megapascales. Este alto desempeño flexural supone tolerar el doble de tensión y flexión que el hormigón ligero convencional, una propiedad indispensable para resistir el azote de fragmentos proyectados a gran velocidad por las tormentas de polvo marcianas. Al mismo tiempo, elaborar un metro cúbico de este material consume una fracción mínima de la energía de procesado requerida por la sinterización: basta menos de una hora de captación solar ordinaria frente a jornadas enteras de calor continuo.

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    Imagen el método de construcción. (Cell)

    Imagen el método de construcción. (Cell)

    La ingeniería genética es la clave

    El secreto de la resistencia del material reside en la modificación genética: transformar la levadura común de panadería en obreros vivos a escala microscópica. Las células naturales son esferas simples y lisas, pero el equipo de Qiu alteró su genoma para dotar a su cubierta externa de tres herramientas biológicas. En primer lugar, añadieron Aga2, una proteína superficial que actúa de ancla para fijar las células directamente a los granos de arena. En segundo término, programaron las células para segregar proteínas del pie de mejillón, réplicas sintéticas del potente adhesivo con el que estos moluscos se adhieren a las rocas batidas por las olas. Por último, incorporaron un sistema de proteínas complementarias denominado «SpyTag» y «SpyCatcher»; como si fuera velcro microscópico, ambas partes se acoplan en cuanto entran en contacto, sellando enlaces químicos permanentes que traban las células vecinas en una red continua.

    Cuando la pasta sale por la boquilla de una impresora 3D templada a 37 °C —la temperatura corporal humana—, topa de inmediato con el frío atroz de Marte. En condiciones normales, el agua al congelarse formaría cristales puntiagudos de gran tamaño que desgarrarían la mezcla. En este caso, la envoltura proteica de las levaduras actúa como guardias de tráfico microscópicos, forzando al agua a cristalizar en una celosía ordenada de cavidades de apenas cinco micrómetros. Dada la tenue atmósfera marciana, ese hielo jamás llega a licuarse: se sublima, transformándose de forma directa en gas. Una vez disipada la humedad, queda un armazón liviano y poroso de gelatina animal, en el que las levaduras incrustadas funcionan como varillas de acero dentro de losas de hormigón para evitar el colapso estructural.

    Como ventaja adicional, el compuesto es totalmente reciclable. Los investigadores llevaron las piezas curadas hasta el punto de rotura machacándolas en prensas hidráulicas de alto tonelaje. Lejos de desechar los escombros, templaron los fragmentos hasta devolverles la textura de pasta moldeable y volvieron a imprimir en 3D nuevos bloques estructurales a lo largo de cuatro generaciones sucesivas. El material reciclado no experimentó menoscabo alguno en rigidez ni en resistencia a la compresión, y las levaduras internas salieron vivas y coleando en cada una de las pruebas.

    Los obstáculos

    Pese al éxito en el laboratorio, trasladar esta tecnología de la cámara de simulación al suelo de Marte plantea desafíos que el propio Qiu admite cuando le pregunté en una entrevista. El escollo técnico más grande es que la formulación más eficiente continúa dependiendo de gelatina porcina suministrada desde la Tierra. Para alcanzar una autonomía real, la levadura deberá sintetizar por sí misma la totalidad de la matriz estructural, suprimiendo cualquier insumo de origen animal. La gestión del agua introduce otra encrucijada técnica, aunque se puede obtener del hielo marciano.

    El último escollo para levantar hábitats a partir de sustratos orgánicos reside en el implacable baño de radiación cósmica sin apantallar que barre la superficie marciana. La radiación prolongada podría inducir mutaciones o aniquilar a los seres vivos, y Qiu reconoce que todavía no han verificado la tolerancia de la cepa. Pese a ello, confía en que la biotecnología encontrará soluciones ya presentes en la propia naturaleza: “Estamos convencidos de que existen microbios capaces de tolerarla y que pueden reprogramarse mediante ingeniería genética con idéntico propósito, como la síntesis de proteínas estructurales”.

    Ninguna de estas barreras es insalvable, lo que convierte a este método en una vía prometedora para acometer los primeros asentamientos en Marte. Media todavía una distancia abismal entre estos ensayos de laboratorio y una colonización real —todavía no tenemos ni naves espaciales para ir—, pero el estudio constata en última instancia que la edificación fuera de la Tierra no tiene por qué depender de pesados hornos industriales. Al reemplazar un consumo térmico colosal por biología celular programable, los futuros pioneros espaciales podrán erigir refugios permanentes empleando apenas arena, hielo y un tubo de organismos vivos.

    Construir una civilización humana en Marte será infinitamente más difícil de lo que jamás fue cualquiera de las migraciones humanas en la Tierra. Aquí se puede levantar un refugio en cualquier rincón. Por eso nuestra especie se extiende de polo a polo. Si aspiramos a vivir algún día en el Planeta Rojo, deberemos resolver un desafío colosal que hasta ahora exigía una costosa y gigantesca maquinaria industrial, además de una generación energética propia de una central nuclear. Un equipo de investigadores ha presentado una alternativa radical y de bajo consumo: una tripulación podría transportar desde la Tierra un diminuto tubo de levadura en estado latente, cultivar billones de células auxiliares en un biorreactor utilizando dióxido de carbono marciano y hielo subterráneo fundido, y levantar puestos avanzados enteros mediante impresión tridimensional con un modesto aporte de energía solar.

  • Argentina se sumerge a 2.000 metros en un cañón submarino inexplorado y encuentra 27 pruebas de que algo llegó antes

    Argentina se sumerge a 2.000 metros en un cañón submarino inexplorado y encuentra 27 pruebas de que algo llegó antes

    La primera exploración sistemática del cañón submarino de Mar del Plata, frente a Argentina, ha revelado una presencia inesperada en un lugar que nunca había sido observado de esta forma. El estudio, publicado en PLOS One, documenta 29 objetos artificiales durante 17 inmersiones realizadas con el vehículo operado a distancia SuBastian. La expedición buscaba estudiar la biodiversidad bentónica de las profundidades, pero los científicos comprobaron que algunos de los restos producidos por el ser humano habían llegado allí antes que ellos.

    Entre julio y agosto de 2025, el equipo descendió por diferentes sectores de este enorme valle submarino y localizó basura en 10 de las 17 inmersiones. Los investigadores contabilizaron 27 objetos de plástico entre los 29 residuos observados, distribuidos a profundidades de entre 1.120 y 3.820 metros. Uno de los hallazgos más llamativos fue un paquete de fideos instantáneos Mi Goreng situado a 1.920 metros bajo la superficie, mientras que a 1.949 metros apareció una cuerda de nailon con un gancho.


    También quedaron registrados envoltorios de alimentos, una bolsa de plástico, un vaso desechable, una bota de goma y otros restos. “El principal objetivo de la expedición era estudiar la biodiversidad bentónica de aguas profundas”, explicó el biólogo marino Diego Urteaga, del Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina. “Sin embargo, la presencia de basura marina era tan evidente que consideramos importante documentarla y compartir nuestras observaciones con la comunidad científica.”

    Basura atrapada en las profundidades

    El cañón submarino de Mar del Plata se encuentra bajo una zona donde confluyen la corriente cálida de Brasil y la corriente fría de Malvinas. La circulación de agua transporta sedimentos, nutrientes y materia orgánica hacia las profundidades, una dinámica capaz de favorecer ecosistemas especialmente ricos. Ese mismo mecanismo también puede concentrar objetos artificiales: los residuos aparecieron agrupados en puntos concretos de las paredes y del eje del cañón, siguiendo zonas donde la propia topografía facilita que los materiales queden atrapados.

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    Uno de los 27 desechos encontrados en el Cañón Submarino de Mar del Plata (Schmidt Ocean Institute/ROV SuBastian, CC BY 4.0, expedición FKt250712/Teso et al., PLOS One , 2026)

    Uno de los 27 desechos encontrados en el Cañón Submarino de Mar del Plata (Schmidt Ocean Institute/ROV SuBastian, CC BY 4.0, expedición FKt250712/Teso et al., PLOS One , 2026)

    Su origen exacto no pudo determinarse, aunque los investigadores encontraron indicios relevantes. El cañón está separado de la plataforma continental y se sitúa a cientos de kilómetros de la costa, por lo que consideran poco probable que toda esa basura proceda directamente de las ciudades argentinas. “Las características de la basura que encontramos son más coherentes con residuos generados por embarcaciones que operan mar adentro, especialmente barcos pesqueros, que con fuentes urbanas”, señaló Urteaga. Los científicos apuntan así a actividades desarrolladas en alta mar como una posible vía de llegada.

    La cantidad registrada resulta relativamente baja frente a la observada en otros cañones submarinos, donde se han contabilizado entre 50 y 80 residuos por kilómetro. En una de las inmersiones de Mar del Plata donde se calculó la densidad, fueron menos de tres. El problema no termina en el número: algunos animales ya estaban utilizando esos restos como soporte. Artrópodos ocupaban una lámina de plástico negro, mientras estrellas de mar y gusanos poliquetos habían colonizado una bolsa y una cuerda. “La colonización de residuos por organismos sésiles puede convertir los desechos humanos en un sustrato artificial en las profundidades marinas, alterando potencialmente las comunidades locales”, advirtió Urteaga, en un ecosistema que la ciencia apenas empieza a conocer.

    La primera exploración sistemática del cañón submarino de Mar del Plata, frente a Argentina, ha revelado una presencia inesperada en un lugar que nunca había sido observado de esta forma. El estudio, publicado en PLOS One, documenta 29 objetos artificiales durante 17 inmersiones realizadas con el vehículo operado a distancia SuBastian. La expedición buscaba estudiar la biodiversidad bentónica de las profundidades, pero los científicos comprobaron que algunos de los restos producidos por el ser humano habían llegado allí antes que ellos.

  • La primera batalla naval de la historia entre drones autónomos ya ha ocurrido y Ucrania se la ha ganado a Rusia

    La primera batalla naval de la historia entre drones autónomos ya ha ocurrido y Ucrania se la ha ganado a Rusia

    Ucrania asegura haber protagonizado la primera batalla naval de la historia entre dos drones de superficie no tripulados y haber destruido la embarcación rusa durante un enfrentamiento en el mar Negro. Según la Armada ucraniana, un Sargan-3000 se aproximó al aparato enemigo y abrió fuego con una ametralladora de 12,7 mm instalada en una torreta controlada a distancia. Kiev presenta el episodio como un precedente en la guerra naval con drones, aunque el combate no ha podido ser verificado de forma independiente.

    La operación comenzó, de acuerdo con la versión difundida por Ucrania en Telegram, cuando la Dirección Principal de Inteligencia ucraniana (HUR) detectó la embarcación rusa en aguas del mar Negro. Posteriormente, efectivos de la Armada dirigieron el Sargan-3000 hacia el objetivo hasta situarlo dentro del alcance de sus armas. A diferencia de numerosos ataques anteriores con drones navales cargados con explosivos, esta vez el vehículo ucraniano habría recurrido al fuego directo para inutilizar a su adversario sin destruirse durante la maniobra.


    El arma empleada habría sido una Protector RWS, una estación de armamento operada remotamente y equipada con una ametralladora de 12,7 mm. Este tipo de configuración cambia la función tradicional de los drones navales utilizados durante la guerra de Ucrania, que con frecuencia han actuado como plataformas explosivas destinadas a impactar directamente contra buques enemigos. Mantener intacta la embarcación atacante permitiría, al menos sobre el papel, emplearla de nuevo en otras misiones después del combate.

    Un enfrentamiento todavía sin confirmar

    La Armada de Ucrania no ha comunicado la fecha exacta ni la posición concreta donde se produjo el supuesto choque y tampoco ha identificado el modelo de dron naval ruso destruido. Tampoco se ha publicado hasta ahora una grabación que muestre de forma inequívoca el momento de su destrucción, aunque sí imágenes de drones navales ucranianos equipados con ametralladoras y disparando a objetivos.


    El Sargan-3000 ya había aparecido anteriormente en las operaciones navales de Ucrania. Según las informaciones facilitadas por Kiev, una unidad de esta familia participó en julio de 2026 en el hundimiento del patrullero fronterizo ruso Izumrud cerca de Gelendzhik. Otros drones marítimos ucranianos también han sido utilizados contra unidades como la corbeta lanzamisiles Ivanovets y el buque de desembarco Caesar Kunikov, dentro de una campaña que ha obligado a Rusia a afrontar una amenaza creciente procedente de embarcaciones pequeñas y sin tripulación.

    Rusia también ha desarrollado sus propias plataformas navales no tripuladas, entre ellas el modelo KAMA fabricado por ZALA. Una embarcación de este tipo fue destruida por fuerzas ucranianas cerca de la isla de las Serpientes el 8 de septiembre de 2026, aunque aquel ataque se realizó mediante una munición lanzada desde un dron aéreo. La diferencia respecto al episodio ahora anunciado reside precisamente en el enfrentamiento directo entre dos vehículos de superficie: si la versión ucraniana termina siendo corroborada, marcaría un nuevo escenario en el uso militar de drones navales armados.

    Ucrania asegura haber protagonizado la primera batalla naval de la historia entre dos drones de superficie no tripulados y haber destruido la embarcación rusa durante un enfrentamiento en el mar Negro. Según la Armada ucraniana, un Sargan-3000 se aproximó al aparato enemigo y abrió fuego con una ametralladora de 12,7 mm instalada en una torreta controlada a distancia. Kiev presenta el episodio como un precedente en la guerra naval con drones, aunque el combate no ha podido ser verificado de forma independiente.

  • Steve Eisman, inversor de ‘La Gran Apuesta’: “Las empresas de IA están intentando provocar una crisis”

    Steve Eisman, inversor de ‘La Gran Apuesta’: “Las empresas de IA están intentando provocar una crisis”

    Steve Eisman, el inversor conocido por anticipar el colapso inmobiliario de 2008 que inspiró parte de ‘La Gran Apuesta‘, ha lanzado una acusación directa contra las principales empresas de inteligencia artificial: considera que algunas están alimentando deliberadamente el temor a una catástrofe relacionada con la IA. A su juicio, esas advertencias podrían responder menos a un riesgo inmediato que a una estrategia empresarial para proteger un mercado donde las barreras de entrada empiezan a reducirse.

    La tesis de Eisman parte del debate abierto alrededor de laboratorios como OpenAI y Anthropic, cuyos responsables han advertido en distintas ocasiones sobre los riesgos derivados del rápido desarrollo de sistemas cada vez más potentes. El inversor interpreta esas llamadas a frenar la carrera tecnológica desde una perspectiva económica. “Se dan cuenta de que no hay ningún foso alrededor de su negocio y están intentando fabricar una crisis“, declaró a CNBC.


    Según Eisman, una narrativa centrada en los posibles escenarios extremos de la inteligencia artificial podría terminar impulsando una regulación que beneficiase a las compañías mejor posicionadas para cumplirla. Su hipótesis es que unas normas más exigentes podrían dificultar la entrada de nuevos competidores y favorecer la formación de un duopolio. “Eso es lo que creo que está ocurriendo”, afirmó al explicar por qué observa incentivos empresariales detrás del actual debate sobre la seguridad de la IA.

    La presión de los modelos abiertos

    El inversor relaciona ese cambio de estrategia con el avance de los modelos de pesos abiertos, capaces de competir con servicios comerciales sin depender necesariamente de los mismos proveedores. “El tokenmaxxing se ha acabado”, sostuvo Eisman, utilizando el término empleado para describir la fase en la que compañías y usuarios aumentaban de forma acelerada su consumo de servicios de IA. “Los modelos de pesos abiertos están ganando una gran cuota de mercado. Creo que estas empresas están muy nerviosas.”


    Eisman también ha reducido recientemente su propia exposición a inversiones vinculadas con la IA y ha señalado a OpenAI y Anthropic como puntos especialmente sensibles dentro de la cadena tecnológica. “Son un porcentaje enorme de toda la cadena, así que si algo le ocurriera a una de esas dos empresas, la cadena realmente se desmoronaría“, aseguró. Dentro de esa comparación, añadió: “Entre las dos, OpenAI es la empresa más débil”.

    Sus críticas alcanzan también las peticiones de ralentizar el desarrollo tecnológico formuladas desde la propia industria. Eisman cuestionó especialmente la posición del consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, ante la posibilidad de una futura salida a bolsa de la compañía. “Cuando hablas de que deberíamos ir más despacio porque las cosas son peligrosas, mi respuesta es ‘¿De verdad? Aplaza tu salida a bolsa‘”, dijo. Y añadió: “Demuestra lo que dices con tus actos. ¿Está hablando alguien de aplazar salidas a bolsa o de aplazar la captación de capital? Yo no he oído nada”.

    Steve Eisman, el inversor conocido por anticipar el colapso inmobiliario de 2008 que inspiró parte de ‘La Gran Apuesta‘, ha lanzado una acusación directa contra las principales empresas de inteligencia artificial: considera que algunas están alimentando deliberadamente el temor a una catástrofe relacionada con la IA. A su juicio, esas advertencias podrían responder menos a un riesgo inmediato que a una estrategia empresarial para proteger un mercado donde las barreras de entrada empiezan a reducirse.

  • Buscamos periodista especializado en Tecnología para unirse a El Confidencial

    Buscamos periodista especializado en Tecnología para unirse a El Confidencial

    En la sección de tecnología y ciencia de El Confidencial estamos buscando un redactor/a creativo que le apasione seguir la actualidad tecnológica para desarrollar artículos periodísticos con enfoques propios y elaborados. Buscamos a alguien todoterreno. Alguien que sepa localizar las claves del último drama de Anthropic y OpenAI, entender y explicar en vídeo lo que casi nadie entiende de la última IA de Google o el último iPhone de Apple, descifrar la última tendencia de TikTok o encontrar la startup española de la que nadie habla pero dará mucho que hablar.

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  • La UE no quiere quedarse atrás en la carrera por la inteligencia artificial, pero apuesta por regularla

    La UE no quiere quedarse atrás en la carrera por la inteligencia artificial, pero apuesta por regularla

    La Unión Europea acelera para no quedar rezagada en el despliegue de la inteligencia artificial (IA), consciente de su menor adopción frente a potencias como Estados Unidos, mientras refuerza su apuesta por una regulación sólida que permita gestionar los riesgos asociados a esta tecnología.

    “Tenemos mucho trabajo por delante para no perdernos esta revolución de la IA, pero obviamente aplicando también las necesarias salvaguardas“, resumió el comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, al término del consejo informal de ministros de Finanzas de la UE celebrado en Dublín.

    Los Veintisiete analizaron el impacto de la inteligencia artificial en ámbitos clave para la UE, desde el empleo y el consumo energético hasta la administración pública y la geopolítica, en un momento de debate global sobre los riesgos —calificados por algunos directivos del sector como potencialmente catastróficos— y sobre la conveniencia de frenar o regular su avance.

    La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, expuso a los ministros el diagnóstico de la institución sobre el bloque: la IA está poco implantada en los Estados miembros, incluso en los servicios públicos, aunque el análisis detecta fortalezas en áreas como el desarrollo de nuevos productos, según explicó el ministro de Finanzas de Irlanda, Simon Harris, que presidió la reunión.

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    Dombrovskis recordó que Europa quedó al margen en la pasada revolución de Internet y, a diferencia de Estados Unidos, no alumbró gigantes digitales, un factor que dos décadas después se refleja en una menor productividad de la UE, especialmente en el sector tecnológico.

    “Por eso es importante que la UE no se pierda ahora esta revolución de la IA, ya que puede ser aún más transformadora en términos de productividad y también de redistribución de la renta”, afirmó, instando a “pasar de la discusión a la acción”.

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    En esta línea, defendió un “marco regulatorio concreto, factible y robusto” que genere un “entorno positivo” para las compañías del sector en la UE y facilite la innovación, al tiempo que reclamó una “gestión cuidadosa” de los riesgos en ámbitos como las cadenas de suministro o los mercados energéticos.

    Muchos de los ministros participantes respaldaron esta orientación regulatoria. El vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, se mostró favorable el viernes a explorar la creación de una agencia internacional que supervise y controle la IA, y subrayó la importancia de abrir una “discusión a nivel global” sobre su avance.

    En concreto, Cuerpo apeló a establecer “guardarraíles“, estándares comunes y marcos regulatorios, además de asegurar que los beneficios de la IA lleguen al conjunto de la sociedad.

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    El ministro destacó igualmente el creciente debate internacional sobre los efectos de la IA en educación, mercado laboral y otros ámbitos, y recordó que España defiende desde hace tiempo que los avances tecnológicos se sometan no solo a estándares éticos, sino también a regulación y supervisión por parte de las autoridades y la sociedad civil.

    En la misma línea, el ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, pidió un “desarrollo independiente de la IA” por parte de la UE y trabajar en su regulación, aprovechando la fuerza de un mercado de 450 millones de personas para “liderar” el sector.

    “La conclusión está clara: Europa tiene que hacerlo mejor en inteligencia artificial. No quiero dejar el futuro de esta tecnología a gente como Elon Musk o Peter Thiel“, señaló el viernes, en referencia a los directivos de las estadounidenses Xai y Palantir, respectivamente.

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    Por ello, recalcó, su país destina miles de millones de euros a “investigación, desarrollo, IA y digitalización”.

    El ministro irlandés también respaldó la creación de una agencia centralizada para el control de la IA y remarcó que, si la UE quiere abordar “en serio” la financiación de esta tecnología u otras inversiones, debe avanzar en la integración de los mercados de capitales.

    “Por eso tenemos que dar algunos pasos importantes en las próximas semanas”, apuntó Harris, que se ha propuesto cerrar en octubre un acuerdo sobre las nuevas normas europeas de supervisión de los mercados.

    La Unión Europea acelera para no quedar rezagada en el despliegue de la inteligencia artificial (IA), consciente de su menor adopción frente a potencias como Estados Unidos, mientras refuerza su apuesta por una regulación sólida que permita gestionar los riesgos asociados a esta tecnología.

  • A casi 3.000 km bajo nuestros pies: descubren un ‘almacén’ de agua atrapado en las profundidades de la Tierra

    A casi 3.000 km bajo nuestros pies: descubren un ‘almacén’ de agua atrapado en las profundidades de la Tierra

    Un nuevo estudio científico publicado en Nature Geoscience apunta a que las profundidades de la Tierra podrían esconder una pieza desconocida del ciclo global del agua. Los investigadores han reproducido en laboratorio las condiciones extremas del manto inferior y han identificado minerales capaces de retener hidrógeno a presiones y temperaturas enormes. El hallazgo abre una posible vía para explicar dónde permanece almacenada parte del agua del planeta lejos de la superficie.

    La investigación se ha centrado en una región que se extiende aproximadamente entre los 660 y los 2.900 km de profundidad, muy cerca del límite entre el manto terrestre y el núcleo externo líquido. Allí predominan minerales como la bridgmanita y la ferropericlasa, considerados prácticamente secos. El problema para los científicos era encontrar materiales estables que pudieran conservar agua bajo unas condiciones en las que otros minerales hidratados terminan descomponiéndose.


    Para comprobarlo, el equipo recurrió a celdas de yunque de diamante calentadas mediante láser, dispositivos que comprimen muestras diminutas entre dos puntas de diamante mientras alcanzan temperaturas extremas. Los experimentos permitieron identificar dos oxihidróxidos de hierro hasta ahora desconocidos, Fe5O12Hx y Fe7O12Hx. Estas fases minerales podrían actuar como una especie de almacén de agua, aunque el trabajo no demuestra todavía que existan realmente en el interior terrestre.

    Agua atrapada en minerales

    La clave está en que el agua situada a esas profundidades no formaría un océano subterráneo ni grandes depósitos de líquido. El hidrógeno quedaría incorporado directamente a la estructura de los minerales. Los nuevos compuestos aparecieron incluso cuando las muestras contenían menos de un 0,1% de agua, lo que indica que concentraciones extremadamente pequeñas de hidrógeno pueden bastar para estabilizar estas fases en las condiciones del manto profundo.

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    “Aparentemente, incluso cantidades muy pequeñas de hidrógeno son suficientes para estabilizar estos compuestos de hierro altamente hidratados”, explicó Leonid Dubrovinsky, físico de minerales y cristalógrafo de la Universidad de Bayreuth. Su elevada densidad también plantea una posible historia geológica: estos minerales podrían haberse formado mientras un antiguo océano de magma situado en la base del manto se enfriaba y, posteriormente, haberse hundido hacia el límite entre el núcleo y el manto.

    Ese posible depósito tampoco tendría por qué permanecer aislado para siempre. Si materiales hidratados ascienden impulsados por la circulación del manto, la reducción de presión podría desestabilizar los minerales y liberar el agua hacia otras fases minerales, antes de que una parte termine acercándose a la superficie mediante plumas del manto y actividad volcánica. Los científicos todavía deben determinar cuánta agua pueden contener estos compuestos y cuánto tiempo puede permanecer atrapada a casi 3.000 km bajo nuestros pies.

    Un nuevo estudio científico publicado en Nature Geoscience apunta a que las profundidades de la Tierra podrían esconder una pieza desconocida del ciclo global del agua. Los investigadores han reproducido en laboratorio las condiciones extremas del manto inferior y han identificado minerales capaces de retener hidrógeno a presiones y temperaturas enormes. El hallazgo abre una posible vía para explicar dónde permanece almacenada parte del agua del planeta lejos de la superficie.

  • Un insólito protocolo de seguridad hace que los robots humanoides se acobarden cuando un humano se acerca

    Un insólito protocolo de seguridad hace que los robots humanoides se acobarden cuando un humano se acerca

    Digit 5, el nuevo robot humanoide de Agility Robotics, ha sido programado para apartarse, detenerse e incluso agacharse cuando detecta que una persona se acerca demasiado. El peculiar comportamiento, que visualmente puede parecer que la máquina se “acobarda” ante sus compañeros humanos, forma parte de un sistema de seguridad diseñado para permitir que estos robots trabajen en fábricas y almacenes sin permanecer encerrados detrás de barreras físicas.

    La clave está en una arquitectura que combina algoritmos de inteligencia artificial, diferentes sensores y un controlador independiente dedicado a la seguridad. Cuando Digit 5 identifica a una persona a cierta distancia, puede modificar su trayectoria para evitarla o detenerse para dejarla pasar. Si alguien entra en una zona considerada demasiado próxima, el humanoide ofrece una respuesta todavía más llamativa: puede bajar el cuerpo hasta adoptar una posición sentada para reducir el riesgo de contacto accidental.


    Pras Velagapudi, director de tecnología de Agility Robotics, explicó que “el robot fue diseñado con un complejo sistema de movimiento seguro que puede adoptar una variedad de medidas diferentes dependiendo exactamente de qué tipo de presencia humana se detecte”. Frente al planteamiento tradicional de apagar por completo una máquina cuando aparece una persona, Digit 5 pretende aplicar respuestas graduales según la distancia y la situación. El objetivo es que humanos y robots puedan desplazarse por los mismos pasillos y zonas de trabajo.

    Un humanoide que evita a las personas

    Este protocolo resulta especialmente relevante porque buena parte de la automatización industrial convencional necesita jaulas, barreras o zonas restringidas que separen físicamente al trabajador de la maquinaria. Agility sostiene que esa solución resulta poco práctica para un robot humanoide concebido precisamente para moverse por instalaciones construidas para personas. Digit 5 puede transportar mercancías, desplazarse entre estaciones de trabajo o detener su actividad mientras un empleado realiza una operación cercana sin que sea necesario aislar permanentemente la máquina.

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    Para controlar esa convivencia, el robot incorpora varias tecnologías de detección basadas en visión, aunque la empresa no ha detallado todos los sensores utilizados. El sistema también emplea Nvidia IGX Thor como plataforma informática y está integrado con Nvidia Halos for Robotics, una infraestructura destinada a aplicaciones de seguridad robótica. Un controlador separado supervisa las distancias y puede activar de forma inmediata las medidas previstas cuando identifica que una persona ha penetrado en una zona que el sistema considera insegura.

    Más fuerza y nueve minutos de carga

    El nuevo Digit no se limita a cambiar su comportamiento cerca de los trabajadores. Digit 5 puede levantar repetidamente cargas de hasta 22,7 kg, un 40% más que su predecesor, gracias a un nuevo diseño de las piernas y a los actuadores desarrollados por Agility. Mide 1,81 metros, pesa 129 kg y puede alcanzar objetos situados hasta 2,2 metros de altura, unas dimensiones concebidas para que pueda utilizar estanterías, puertas, pasillos y puestos de trabajo destinados originalmente a personas.

    La autonomía también cambia de forma considerable. Su batería permite trabajar durante aproximadamente 90 minutos y necesita nueve minutos para recuperar la carga, frente a una relación entre funcionamiento y recarga mucho menos favorable en Digit 4. Según Agility Robotics, esta combinación permitiría superar las 20 horas de actividad dentro de una jornada de 24 horas. El humanoide dispone además de efectores intercambiables, de modo que sus herramientas pueden sustituirse para adaptar la máquina a operaciones como manipulación de contenedores, preparación de pedidos, atención de maquinaria o paletizado.

    Agility parte de la experiencia acumulada con la generación anterior, que ha superado las 65.000 horas de funcionamiento en instalaciones industriales de Norteamérica y ha sido utilizada o probada por empresas como GXO, Schaeffler, Amazon y Toyota Motor Manufacturing Canada. La compañía prevé ofrecer acceso anticipado a Digit 5 durante la primera mitad de 2027 y ampliar su disponibilidad comercial a finales de ese año. Su apuesta es que una máquina capaz de apartarse, detenerse o agacharse ante una persona permita llevar los robots humanoides fuera de las jaulas industriales y compartir espacio con trabajadores de forma habitual.

    Digit 5, el nuevo robot humanoide de Agility Robotics, ha sido programado para apartarse, detenerse e incluso agacharse cuando detecta que una persona se acerca demasiado. El peculiar comportamiento, que visualmente puede parecer que la máquina se “acobarda” ante sus compañeros humanos, forma parte de un sistema de seguridad diseñado para permitir que estos robots trabajen en fábricas y almacenes sin permanecer encerrados detrás de barreras físicas.

  • 21 personas se someten a un experimento sobre experiencias extracorporales y dos de ellas ven cosas que la ciencia no logra explicar

    21 personas se someten a un experimento sobre experiencias extracorporales y dos de ellas ven cosas que la ciencia no logra explicar

    Un equipo dirigido por la neurocientífica Marina Weiler, de la Universidad de Virginia, ha sometido a 21 personas con bagaje en experiencias extracorporales a una prueba diseñada para comprobar si podían percibir información situada fuera del alcance de sus sentidos. El estudio científico, publicado en la revista Explore, recurrió a un protocolo controlado y a una imagen oculta que los participantes debían identificar desde otra habitación. Los resultados no demostraron que fueran capaces de reconocer ese objetivo, aunque durante las sesiones aparecieron observaciones inesperadas que los propios investigadores consideran difíciles de interpretar.

    La prueba se desarrolló en tres habitaciones separadas. Cada participante permanecía en la primera mientras intentaba provocar una experiencia extracorporal y su actividad cerebral era registrada mediante un electroencefalograma (EEG). Los investigadores se encontraban tras una puerta cerrada en una segunda estancia, mientras que una tercera sala albergaba un ordenador portátil situado a unos 7 metros de distancia. Su pantalla mostraba una imagen elegida aleatoriamente entre un conjunto de 100 objetos y permanecía orientada hacia una pared para impedir cualquier visión accidental.


    El procedimiento se diseñó para reducir al mínimo las posibles pistas involuntarias. Ni siquiera los científicos conocían durante cada sesión qué imagen había seleccionado el programa informático, ya que uno de ellos activaba el sistema y abandonaba la habitación antes de que apareciera el objetivo. Los voluntarios disponían de entre 60 y 90 minutos para intentar percibirlo. De las 21 personas participantes, 13 afirmaron haber recibido alguna impresión relacionada con la imagen y solo ocho aseguraron haber experimentado realmente la sensación de abandonar su cuerpo.

    La imagen oculta no fue identificada

    Para evitar que la interpretación humana condicionara los resultados, el equipo empleó inteligencia artificial para comparar las descripciones proporcionadas por los participantes con las correspondientes a las 100 imágenes disponibles. Si alguno hubiese percibido correctamente el objetivo, la fotografía real debería haber ocupado una posición especialmente alta en el ranking de coincidencias. No ocurrió así: las imágenes correctas quedaron situadas entre los puestos 16 y 92, un resultado que, según el estudio, no fue mejor que el que cabría esperar por azar.

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    La sorpresa surgió lejos del objetivo previsto. Dos participantes describieron espontáneamente lo que aparentemente hacían los investigadores en la segunda habitación, pese a que esa información no formaba parte de la prueba. El participante 7 dijo percibir a un investigador sentado a la izquierda frente a un ordenador y al otro más alejado, en una esquina, leyendo un libro. Esa distribución coincidía con la existente durante su sesión y, según los autores, no había sido la utilizada habitualmente. El participante 13 describió por separado a uno de los científicos tomando notas a la derecha y al otro trabajando con el ordenador a la izquierda, una configuración que también coincidió con aquel momento concreto.

    Los autores advierten de que estas dos observaciones no constituyen una demostración científica de percepción extracorporal. Fueron comentarios espontáneos, no objetivos definidos previamente, y por ello no pudieron someterse al mismo análisis estadístico utilizado con las imágenes ocultas. Weiler sostiene que los resultados ofrecen una vía para diseñar nuevos experimentos, pero reclama cautela: “Los hallazgos inesperados nos ofrecen una nueva dirección potencialmente útil, pero también deben probarse de forma prospectiva y bajo condiciones rigurosas antes de que podamos saber qué significan”.

    Un equipo dirigido por la neurocientífica Marina Weiler, de la Universidad de Virginia, ha sometido a 21 personas con bagaje en experiencias extracorporales a una prueba diseñada para comprobar si podían percibir información situada fuera del alcance de sus sentidos. El estudio científico, publicado en la revista Explore, recurrió a un protocolo controlado y a una imagen oculta que los participantes debían identificar desde otra habitación. Los resultados no demostraron que fueran capaces de reconocer ese objetivo, aunque durante las sesiones aparecieron observaciones inesperadas que los propios investigadores consideran difíciles de interpretar.