El proceso de designación de tres consejeros del Instituto Nacional Electoral se ha enrarecido. La ejecución de una sentencia para favorecer las candidaturas de personas pertenecientes a grupos vulnerables ha levantado sospechas y el rechazo de la oposición, pues entre sus beneficiarios figuran personas afines al oficialismo y funcionarios ligados a la actual consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, y al magistrado del Tribunal Electoral, Felipe de la Mata.
El proceso para el nombramiento de los tres consejeros del INE convocó este lunes a 369 aspirantes en el salón de plenos de la Cámara de Diputados, donde un comité técnico de evaluación creado exprofeso les aplicó un examen de conocimientos. Durante dos horas, el recinto legislativo se convirtió en un aula escolar y las curules, en los pupitres donde 128 mujeres y 241 hombres respondieron ante una prueba de opción múltiple con 100 reactivos. De los aspirantes que se presentaron al examen, los 184 con mejores calificaciones pasarán a la siguiente fase, 92 hombres y 92 mujeres. En una tercera fase, el comité evaluador entrevistará la próxima semana a los 100 con más altos puntajes y, finalmente, entregará a la Junta de Coordinación Política tres listas con cinco finalistas, las llamadas “quintetas” de las que saldrán los nuevos consejeros del INE.
Este lunes, antes y después de la prueba, en los pasillos del Palacio Legislativo de San Lázaro las miradas se concentraban en las 21 personas que se adscribieron como pertenecientes a un grupo en situación de vulnerabilidad, pues llevarán cierta ventaja en el largo y complejo proceso de evaluación. Y es que una sentencia del Tribunal Electoral emitida el pasado 27 de marzo obligó a la Cámara de Diputados a modificar la convocatoria original, para establecer que se incluya a personas adscritas a grupos vulnerables y se garantice que estén entre los finalistas del proceso. Esto quiere decir que cuando el Comité de Evaluación elabore las “quintetas” (una por cada una de las tres vacantes), deberá incluir una persona en situación de vulnerabilidad en cada lista.
Entre las 21 personas auto adscritas a grupos en vulnerabilidad figura Alejandra Tello Mendoza, una funcionaria del Tribunal Electoral cercana al magistrado Felipe de la Mata, uno de los autores de la sentencia que beneficia a los grupos vulnerables. Tello Mendoza, quien se adscribió como persona con discapacidad, es actualmente jefa de la unidad de investigación de la Escuela Judicial Electoral y es coautora del libro Entre la Constitución y la campaña mediática, en el que ella y el magistrado De la Mata defienden la legalidad de la polémica elección judicial de 2025.
El examen de conocimientos en la Cámara de Diputados.CÁMARA DE DIPUTADOS
Otros dos aspirantes que podrían ser beneficiados con la resolución sobre grupos vulnerables son cercanos a la actual presidenta el INE, Guadalupe Taddei, y forman parte de su equipo de trabajo en la Junta General Ejecutiva del instituto: Roberto Carlos Félix López, actual encargado de despacho de la Dirección Ejecutiva de Organización Electoral del INE, y Juan Manuel Vázquez Barajas, director jurídico del instituto. Ambos se adscriben como pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ+.
Guadalupe Taddei también impulsa las candidaturas de otros integrantes de su equipo actual en el INE. Entre ellos, Jesús Octavio García González, encargado de despacho de la Dirección Ejecutiva de Administración; Pedro Pablo Chirinos Benítez, encargado de despacho de la Dirección Ejecutiva de Vinculación con Organismos Públicos Locales; Marisa Arlene Cabral, coordinadora de Asuntos Internacionales del INE; Iulisca Zircey Bauista, asesora en dicha coordinación, y dos de sus asesoras en la presidencia del Consejo General, Sara Pérez Rojas y Anahí Benítez Sánchez. En la lista de aspirantes también figura Flavio Cienfuegos Valencia, exjefe de oficina de Taddei y dos veces candidato a la Secretaría Ejecutiva del INE, cuyo nombramiento fue rechazado por la mayoría de los consejeros en 2023.
Un cuarto beneficiario de la acción afirmativa promovida por el Tribunal Electoral es el actual consejero electoral de la Ciudad de México, César Ernesto Ramos Mega, adscrito como persona migrante.
En la pugna por las tres sillas que quedaron vacías el pasado 4 de abril en el Consejo General del INE, al concluir los periodos de Dania Ravel, Claudia Zavala y Jaime Rivera, la oposición ha denunciado dados cargados en favor de los aspirantes ligados a Guadalupe Taddei y Felipe de la Mata, pero también se ha quejado por la integración de un comité de evaluación con cinco perfiles vinculados al Gobierno federal y cercanos a Morena. “Este proceso no puede generar confianza, cuando está en manos de un partido y del gobierno”, ha declarado el coordinador de la bancada del PRI, Rubén Moreira. Mientras que el PAN y MC se han mantenido al margen, votando en abstención los acuerdos relativos al proceso de designación.
El partido gobernante lleva mano en este proceso de designación, pues controla la Junta de Coordinación Política y el comité de evaluación. Sin embargo, depende de sus aliados del Partido Verde y el Partido del Trabajo, dado que el nombramiento en el pleno debe aprobarse con mayoría calificada. Como ocurrió con la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, el futuro del INE depende de un acuerdo al interior de la coalición oficialista.
El Gobierno de México ha inaugurado una nueva etapa de tensiones con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a raíz del último informe que señala que las desapariciones de personas son un crimen de lesa humanidad que se practica de manera generalizada y sistemática en el país latinoamericano. La decisión del Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de solicitar que la crisis de México sea remitida urgentemente a la Asamblea General de la ONU ha motivado una dura respuesta de rechazo por parte del Gobierno de Claudia Sheinbaum, que insiste en responsabilizar por las desapariciones exclusivamente al crimen organizado y en destacar los esfuerzos institucionales de su Administración para contener el problema. Este lunes, Sheinbaum ha enfatizado que el estudio del CED se basó en el análisis de unos cuantos casos, en algunos Estados y en periodos de tiempo anteriores a la llegada al poder de Morena, su formación política, en 2018. Sin embargo, el informe también incluye ejemplos más recientes, y señala que en México prevalecen condiciones estructurales que propician la comisión del delito, que suma más de 133.000 casos, a veces con la participación o “aquiescencia” de autoridades locales, estatales y federales.
El Comité de la ONU se centró en casos documentados en Coahuila entre 2009 y 2016; Nayarit entre 2011 y 2017, y Veracruz entre 2010 y 2016. Las fechas corresponden a Gobiernos distintos de Morena, principalmente del PAN y el PRI, que es la base de la defensa de Sheinbaum. “No tiene nada que ver con los Gobiernos de la Cuarta Transformación [el movimiento político del oficialismo]”, ha sostenido la mandataria. No obstante, el informe también menciona las 28.880 desapariciones reportadas entre enero de 2023 y abril de 2025 en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, periodo que abarca el final del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador y principios del de Sheinbaum. Tan solo en Jalisco, el Estado con mayor número de desaparecidos, la Fiscalía ha procesado, de 2018 a 2025, 205 fosas clandestinas en 19 municipios, donde se localizaron los cuerpos de 1.959 personas. En Guanajuato, dice el informe, el número de desaparecidos “se ha multiplicado por ocho” de 2017 a 2025, y en Tabasco las desapariciones “han tenido un incremento exponencial en 2024 y 2025, con niñas y jóvenes como principales víctimas”.
El informe ha llegado en un momento en que México ha elaborado una reinterpretación de las cifras oficiales de desaparecidos. En el nuevo conteo se señala que solo una tercera parte del total —43.128 registros— corresponde a personas de las que no se ha sabe nada y que no han reportado alguna actividad desde que fueron inscritas como desaparecidas; el resto se trata de personas que registraron alguna actividad —como usar el sistema bancario o acudir a los servicios de salud— o de las que no existe suficiente información como para iniciar su búsqueda —por ejemplo, personas de las que solo se ha registrado un alias—. Las desapariciones alcanzaron estatus de crisis en el marco de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el expresidente Felipe Calderón en 2006 y hoy constituyen una de las mayores afrentas de México. El problema ha rebasado a los Gobiernos, en cuya ausencia han tomado protagonismo los colectivos de búsqueda integrados por los familiares de las víctimas de desaparición.
México ha rechazado las conclusiones del CED en el sentido de que las desapariciones forzadas son una práctica sistemática. Su principal argumento es de índole formal y apunta a que no se trata de una política emanada del Gobierno, como lo fue durante la Guerra Sucia, cuando se utilizó como instrumento de represión de grupos disidentes. La ONU, que concede que “no hay indicios bien fundados de que esto constituya en sí misma una política federal para la comisión de tales actos”, pone de relieve las omisiones del Estado en la prevención, la investigación y el castigo del delito. Eso, sin contar los casos documentados en los que participaron funcionarios gubernamentales corruptos, “siendo de las más comunes las detenciones ilegales de personas por parte de autoridades para entregarlas a grupos criminales o liberarlas y desaparecerlas. También destaca el uso, en ocasiones, de recursos públicos para la comisión de desapariciones forzadas, incluidos vehículos e instalaciones oficiales”.
El Comité de la ONU señala que, institucionalmente, las condiciones no han mejorado respecto a años anteriores en que hizo visitas a México y emitió recomendaciones. A pesar de que se reconoce la creación de fiscalías especializadas de búsqueda y la aprobación de leyes en la materia, “el número de personas desaparecidas sigue aumentando y la crisis forense y la impunidad continúan prevaleciendo”, además de que “no se ha hecho rendir cuentas a los responsables de alto nivel” y “las autoridades responsables siguen sobrepasadas por la magnitud del crimen”. “Se mantiene una situación generalizada de desapariciones en gran parte del territorio nacional, frente a la cual imperan una impunidad casi absoluta y la revictimización”, dice el informe. Sobre la impunidad, refiere que esta obedece en gran parte a la corrupción, “en particular por parte de la judicatura local y los gobiernos estatales, lo que impediría investigaciones genuinas”.
El CED señala que, en 2025, tres Estados representaban el 37% del total de fosas clandestinas reportadas en el país de acuerdo con las fiscalías estatales: Sonora, con 972 fosas; Veracruz, con 523 fosas, y Tamaulipas, con 541 fosas. A propósito de Jalisco, se pone de ejemplo el caso del Rancho Izaguirre, utilizado como centro de adiestramiento del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y donde colectivos de búqueda hallaron pertenencias de personas desaparecidas, al punto de que se habló de un posible campo de exterminio. El Comité de la ONU afirma que en ese caso, como en otros, fue claro el involucramiento de funcionarios públicos. “La participación de expolicías en el reclutamiento por parte del CJNG en el rancho sugiere además el posible apoyo o aquiescencia de ciertas autoridades estatales”, indica.
Sobre los fallos estructurales que persisten, el CED señala el hecho de que las autoridades suelen investigar las desapariciones mediante otros tipos penales (como homicidio, secuestro o delicuencia organizada); indica que las comisiones de búsqueda carecen de recursos humanos y financieros, amén de que su personal trabaja en condiciones de precariedad laboral; también señala —retomando a Amnistía Internacional— que la narrativa oficial, consistente en culpar al narco del problema, incurre en “una simplificación del fenómeno de desapariciones en el país que ignora que en muchos de estos casos el crimen organizado opera con la autorización, apoyo o aquiescencia de las autoridades”.
La abogada Melissa Ayala aclara que el informe y la decisión de presentar el asunto a la Asamblea General de la ONU no es una condena a México, sino un diagnóstico que le permitiría recibir ayuda institucional del sistema internacional para atender la crisis. “No dice que es el Estado el que está cometiendo las desapariciones, sino que la falta de políticas, la impunidad y la existencia de ciertos funcionarios públicos permite que esto se esté dando de manera generalizada en todo el país”, refiere. “No se está emitiendo esta decisión con el afán de dañar al Estado mexicano, sino que se hace desde una postura de respeto institucional”, agrega. Para la jurista, la respuesta de México en términos de rechazo convierte al informe en una “oportunidad perdida”. “Debemos ver esta decisión como un diagnóstico de algo que vemos todos los días, independientemente de la postura ideológica que tengamos”, señala.
El quiebre institucional que se generó por el retiro del ministro de Hacienda Germán Ávila de la junta del Banco de la República es un episodio más en el cual se muestra que los mecanismos democráticos están diseñados para enfrentar gestos de posible autoritarismo de los gobiernos. El ruido de la pelea no permite discutir en su total dimensión importantes asuntos de fondo, pero es bueno tratar de ponerles el foco para entender que discrepar en la democracia es necesario y positivo, y que se deben encontrar caminos institucionales para tramitar el disenso sin dejar de lado las reglas de juego.
Uno de los puntos que ha quedado perdido en la discusión sobre si el ministro puede o no puede ausentarse de la junta, si lo pueden destituir, si pueden sesionar sin él o no, es ni más ni menos que el debate mismo sobre las decisiones en torno a la política monetaria. La mayoría de los economistas da por sentado que la decisión de aumentar en cien puntos básicos la tasa de interés es la correcta. El Gobierno y el ministro de Hacienda consideran que no. Algunas voces más que suenan aisladas consideran que se deben subir las tasas pero no de manera tan abrupta para no golpear tanto la productividad. Incluso una persona de la junta consideró que la tasa debería mantenerse estable. No es asunto menor y no hay unanimidad. ¿Cómo controlar la inflación sin estancar la economía? Sería ideal escuchar un debate de fondo sin tanto ruido para tratar de entender qué es lo mejor para el país en su conjunto.
Estamos en plena recta final de la campaña y, aunque algunos consideren que no se debe meter política en estos temas, no hay nada que se soporte tanto en la ideología y en la política como las decisiones económicas. Aunque siempre hubo una dosis de presión por parte de los gobiernos de turno, como nunca antes se tuvo uno de izquierda que tiene una visión distinta de la sociedad y de la economía, nunca antes se llegó a una crisis de estas dimensiones. Hay distintas maneras de ver y de entender la economía. Ese no es el problema. Eso es democracia. El problema está en la manera de resolver el disenso: El presidente y el ministro pueden discrepar, pueden intentar persuadir a la junta y al país, pero no pueden desconocer las decisiones del Banco.
Sería ideal escuchar los argumentos de cada uno de los miembros de la Junta sobre el incremento de la tasa. No hubo decisión unánime y eso significa que caben distintas interpretaciones. El ruido que suele generar el presidente con su estilo de golpear la mesa cuando no se hace lo que él quiere, no permite que el país avance con seriedad en debates que son necesarios y valiosos y que se están abriendo de manera muy evidente precisamente en este Gobierno.
Algo que ha ocurrido también en estos 3 años y medio es que la Constitución con sus pesos y contrapesos se ha puesto a prueba una y otra vez y ha resistido. Cuando hay intentos autoritarios se valoran, incluso con todos sus defectos, los esfuerzos de las instituciones por equilibrar las decisiones del Gobierno de turno. Así ocurrió cuando el presidente Álvaro Uribe intentó reelegirse para un tercer período y la Corte Constitucional frenó esa idea. Ese intento de quedarse en el poder fue un gesto autoritario.
Y ahora, cuando el presidente Petro considera que los votos que obtuvo para llegar a la Casa de Nariño le dan licencia para todo, también tiene gestos autoritarios y por eso aparecen los otros poderes y las distintas instituciones para recordarle que su mandato tiene límites y que la democracia funciona de otra manera. Se le puede conceder al presidente que algunas entidades han estado más acuciosas que antes vigilando su Gobierno y han sido más laxas con otros. Aún así es de celebrar que la institucionalidad funcione y que nos lleve a revisar cómo opera el Estado para evaluar si está bien o no lo que se hace.
Hoy se discute si está bien diseñada la Junta del Banco de la República, si conviene tener al ministro en ella o no, incluso se pone sobre la mesa si es bueno que la mayoría de los miembros vengan de una misma universidad. ¿Se requiere más diversidad? ¿Cómo se puede garantizar una mayor independencia? ¿Cómo se toman las decisiones en la Junta y con base en cuáles datos se deben tomar? Las crisis son siempre oportunidades y esta conversación va más allá del episodio del ministro Germán Ávila y su retiro de la junta. Esto tiene fondo y toca fibras muy importantes del manejo económico y de la manera como funcionan las instituciones democráticas. La economía no es una ciencia exacta, no hay una palabra de Dios aunque algunos consideren que la suya lo es. Bienvenidos los debates siempre que se hagan dentro de las reglas que tenemos y sin patear el tablero. Si esas reglas no gustan, también hay caminos institucionales para cambiarlas.
Pie de foto, La escritora iraní Azar Nafisi es autora de la novela “Leer Lolita en Teherán”, entre otras obras. Información del artículo
Azar Nafisi se queda sin aliento antes de dormir desde que comenzaron los ataques contra Irán, a finales de febrero. Como no puede permanecer en calma, da vueltas por su apartamento cuando se siente “al borde del pánico”.
La escritora iraní, de 77 años, conoce bien las sensaciones que la angustia despierta en su cuerpo. Le recuerdan las explosiones que escuchaba cerca de su casa durante la guerra entre Irán e Irak en la década de los ochenta.
También el día de 1977 en el que abandonó Teherán para emigrar a Estados Unidos, a donde se llevó los ataques de pánico que había sufrido en su país, según cuenta en una videollamada desde Washington.
“Con la situación de los últimos meses siguen apareciendo”.
Nafisi es autora del best-seller “Leer Lolita en Teherán”, una novela publicada en 32 idiomas que se convirtió en un relato imprescindible para entender la lucha de las mujeres iraníes bajo la Revolución Islámica.
Aunque es reconocida en Occidente como una de las voces literarias más influyentes del exilio iraní, Nafisi lamenta que “Leer Lolita en Teherán” siga siendo un libro prohibido en Irán, al igual que la película de nombre homónimo que fue estrenada en 2024 y es protagonizada por la actriz iraní Golshifteh Farahani.
Las reflexiones de Nafisi sobre el autoritarismo, la libertad y la identidad han quedado registradas en obras como “Cosas que he callado”, “República de la imaginación” y “Ese otro mundo: Nabokov y el enigma del exilio”.
En esta entrevista, la autora sostiene que más allá de la guerra, las mujeres iraníes libran una “lucha existencial” en la República islámica.
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Pie de foto, La actriz iraní Golshifteh Farahani junto con Azar Nafisi
“Leer Lolita en Teherán” no sólo retrata la intimidad de un grupo de mujeres que se refugian en un club de lectura para ejercer su libertad de pensamiento, sino que refleja el hostigamiento contra la disidencia a través de técnicas similares a las que se denuncian en otros países tan distantes como Cuba o Venezuela.
El totalitarismo no es oriental ni occidental ni persa. Y tampoco lo es la democracia. A veces me enoja mucho porque la gente en las democracias occidentales piensa que el resto del mundo no quiere libertad como ellos, como si fueran los dueños de la libertad.
Lo he notado desde que llegué a Estados Unidos, el hecho de que hablaba sobre lo horrible que es el régimen hacia la gente, la situación de las mujeres, y alguien se levantaba y decía: “Pero tú estás occidentalizada, es su cultura”.
Me enoja mucho y les digo: “¿Me estás diciendo que mi cultura es un régimen que reduce la edad de matrimonio para las mujeres de 18 a 9 años o que dice que las personas deben ser lapidadas hasta morir por adulterio o prostitución? ¿Acaso la cultura americana es la esclavitud y la cultura europea es el fascismo y el comunismo?”.
En su novela, el lector experimenta la frustración de personajes sometidos a detenciones arbitrarias, torturas y el asesinato de seres queridos, y que al mismo tiempo sienten que su dolor no es del todo comprendido más allá del círculo que les rodea.
Henry James, el escritor de ficción americano, odiaba la guerra y durante su vida presenció la Primera Guerra Mundial. Estaba muy angustiado y quería que Estados Unidos se involucrara. Un amigo le escribió una carta preguntándole qué debía hacer, cómo resistir. Y James le dijo: “Siente, siente todo lo que puedas”.
Eso es lo que hacen la cultura, la literatura, la música y el arte. Nos devuelven eso tan importante que es la vida, mientras que los regímenes totalitarios son para la muerte.
Esto no es una lucha política, es una lucha existencial. Las mujeres iraníes están luchando no solo por el velo, sino por su identidad. Están luchando por su historia, por una cultura robada. Y algunas personas simplemente no entienden lo que eso significa.
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Pie de foto, Manifestantes iraníes protestan contra los ataques de Estados Unidos e Israel.
¿Qué sintió al ver las primeras imágenes de los ataques contra Teherán?
Sentí ganas de llorar. No soy política, pero creo en los derechos humanos. Para mí son lo más importante.
Estoy en contacto con una joven amiga en Teherán y ella me contaba sobre la lluvia ácida y cómo la casa de sus padres estaba cerca de un lugar donde hubo bombardeos y perdieron el vidrio de todas sus ventanas. Ella decía que tantas casas habían sido bombardeadas que hay escasez de vidrio, así que estaban usando plástico. Pero imagina que en ese momento estaba nevando.
Así como hablamos de esto, ella también quería hablar de la situación de los prisioneros políticos. Han arrestado a tantos que no pueden alimentarlos y están muriendo.
Esto es a lo que deberíamos prestar atención, al hecho de que esta joven amiga y millones de otros jóvenes no tienen conexión con el mundo. ¿Cómo restablecemos esa conexión para ellos?
Los iraníes que pueden conectarse a X muestran lo que está sucediendo dentro del país, pero lo muestran para nosotros, no para millones de iraníes que no lo pueden ver porque están dentro del país.
Después de hablar de las explosiones, pasamos a sus gatos. Ella habla de sus gatos y yo le hablo del perro que le pertenecía a mi hijo y ya murió. Necesitamos traer normalidad a los simples actos de la vida, en contraste con las explosiones y el régimen matando gente.
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Pie de foto, Mujeres de Teherán permanecen sentadas en medio de los escombros de un edificio bombardeado.
¿Haber emigrado de Irán hace casi 30 años le permite mantener una distancia emocional con respecto a lo que ocurre? ¿Cómo experimenta el conflicto?
Primero que nada es físico, no sólo emocional. Me falta el aliento, me convierto en una molestia porque mi esposo puede retirarse dentro de sí mismo y sentarse a leer. Yo no puedo y estoy constantemente caminando por mi apartamento.
Recuerdo algo que mi madre me dijo el día que abandonamos Irán para irnos a América, ella me seguía de habitación en habitación diciéndome: “Diles, diles. Deberías decirles cuál es el verdadero Irán”.
Ella se refería a que un sistema totalitario busca quitarte no sólo la forma en la que te vistes, sino que quiere robarte tu identidad para luego imponer su propia identidad sobre ti.
Cuando me levantaba en Teherán cada mañana, me miraba en el espejo, me ponía el velo y me convertía en una desconocida para mí misma. ¿Quién es esta mujer? Y me sentía avergonzada. Esa es otra cosa de los sistemas totalitarios: te hacen sentir avergonzada de quién eres.
En esa época, como muchas otras mujeres, yo dejaba un poco de cabello fuera del velo. De hecho, conocí el lápiz labial cuando regresé a Irán. Usaba maquillaje porque eso los hacía enojar. Se enfocaban tanto en la apariencia de las mujeres que mostrar el cabello les daba la señal de que ellos no eran nuestros dueños.
Lo más importante es que un sistema totalitario, como el de Venezuela o el de Irán o cualquier otra parte del mundo, se basa en mentiras. Crean una realidad fabricada. Y lo que la literatura y las personas comunes hacen, como en Irán cuando salieron a las calles para dar sus vidas por la libertad, es literalmente revelar la verdad.
Después de las protestas, los asesinatos y ahora con la guerra, he regresado a Irán y a las cosas que solía hacer cuando estaba allí. He sentido pánico, pero también una resistencia al pánico.
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Pie de foto, Azar Nafisi, en el centro, junto con el elenco de la película basada en su novela “Leer Lolita en Teherán.
¿Cómo recibió la noticia de la muerte del ayatolá Alí Jamenei?
Tuve sentimientos encontrados. A lo largo de la Revolución iraní me he dicho a mí misma: “No te vuelvas como tu enemigo”. Es una especie de muerte cuando te vuelves como ellos, aunque tienes todo el derecho a sentirte mal.
Se lo merecía, pero hubiese preferido que lo hubiéramos arrestado. Y como en los juicios de los nazis, llevar a estos tipos a los tribunales. Sé que esto podría ser un pensamiento iluso y que era muy difícil que sucediera lo que estoy planteando.
¿Qué ocurrió con la movilización social contra el gobierno clerical iraní tras los ataques militares?
Las últimas protestas mostraron que el pueblo iraní se dio cuenta de su poder. El régimen está matando no porque sea fuerte, sino porque es débil. No tiene otra arma más que matar a la gente.
El pueblo iraní estaba llevando a cabo una revolución no violenta. Siempre digo que la República Islámica de Irán es la Unión Soviética del mundo musulmán. Como la Unión Soviética, son totalitarios. Como la Unión Soviética, tienen ambiciones imperialistas. Y como la Unión Soviética, quieren poseer a sus ciudadanos.
Al mismo tiempo, entre los iraníes había una oposición… Hasta los poetas fueron arrestados y asesinados. Como dice el gran poeta palestino Mahmoud Darwish: “Cada hermoso poema es un acto de resistencia”.
Eso es lo que usan los iraníes y esta guerra les quitó esa opción. Por eso puedo empatizar con aquellos que están dentro del país y están siendo masacrados.
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Pie de foto, El ayatolá Alí Jamenei falleció al inicio de los ataques militares contra Teherán.
Miles de personas habrían sido asesinadas en la represión de las protestas durante las semanas previas a los ataques. ¿Cuál era la situación para las mujeres en ese momento? ¿Hasta qué punto podían participar en las manifestaciones o cuánto riesgo corrían al hacerlo?
Durante 48 años, las mujeres iraníes han sido acosadas, encarceladas, asesinadas y aun así salen a las calles sin el velo.
Antes de los ataques se estaba volviendo aterrador porque se cree que literalmente mataron a 32.000 personas en unos pocos días. Y no solo los mataron, sino que los torturaron, los violaron.
Estas personas se presentan como figuras sagradas y representantes de Dios en la Tierra, pero violaron a chicas de 13 y 17 años. Les dispararon en las piernas, en la cara. Vimos a una mujer iraní con un parche blanco en el ojo. Había otra foto de una mujer a la que le habían lanzado ácido en el rostro.
Entiendo que personas como la Premio Nobel iraní Shirin Ebadi digan al mundo y a Estados Unidos que vengan y salven a estas personas, porque tenían miedo de que hubiera más violencia si no se hacía nada sobre el régimen. Pero ahora también los iraníes están escondiéndose.
En su obra se muestra cómo las autoridades de la República Islámica buscan controlar lo femenino. ¿Por qué es tan importante para el régimen iraní dominar el cuerpo y la voluntad de las mujeres?
En la ideología fundamentalista islámica, las mujeres son fuentes de tentación y por eso tienen que estar cubiertas. Culpan a las mujeres y quieren volverlas invisibles porque ganan poder.
Tienen miedo de cualquier cosa y de cualquier persona que sea diferente a ellos. Y lo ves no sólo con las mujeres, sino con respecto a cualquiera que sea diferente. Se convierten en amenazas.
El régimen ha convertido a las mujeres en sus enemigas más feroces. Si tú y yo camináramos por las calles de Teherán u otras ciudades de Irán de la forma en que nos vemos ahora, estaríamos diciéndole a este régimen que ha fracasado y que puede matarnos.
La primera “feminista” de Irán fue la poetisa Táhirih, quien fue asesinada en 1852. Antes de ser asesinada, ella dijo: “Puedes matarme en cualquier momento que quieras, pero no pueden detener la emancipación de las mujeres”. Esto fue hace más de 100 años.
Estas jóvenes que salen a las calles vienen con ese legado de sus tatarabuelas y bisabuelas, quienes querían su libertad de la manera en que ahora ellas lo hacen.
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Pie de foto, Las mujeres en Irán deben ir cubiertas, sin mostrar el cabello, para evitar castigos por parte de la policía moral.
A lo largo de sus años como profesora de literatura inglesa en universidades iraníes, ¿algún caso la tocó de cerca?
El primer año que estuve en Irán, tuve una estudiante en una pequeña universidad para chicas. Se llamaba Razieh, era musulmana, extremadamente inteligente y muy seria. El curso que impartía era de ficción estadounidense y ella, poco a poco, se obsesionó con Henry James.
No paraba de hablar de él, decía que sus heroínas estaban dispuestas a renunciar a la felicidad por hacer lo correcto. Razieh decía que le encantaban las mujeres de mentalidad independiente de Henry James. ¿No es increíble que un hombre pueda calar tan hondo en una mujer?
Adquirimos la costumbre de que Razieh viniera después de clase a mi mesa para hablar de James, W.H. Auden… y acompañarme hasta la puerta.
Después de ese trimestre, dejé esa universidad y solo volví a verla una vez, cuando caminaba por la calle. En aquella época, el régimen atacaba a todo el mundo y secuestraba a la gente en las calles. Cuando me acerqué a ella, hizo un gesto para indicarme que no debía hablarle.
Años más tarde, otra estudiante vino a visitarme y me dijo que la habían arrestado y habían estado en la misma celda. Me dijo: “Razieh y yo nos lo pasábamos muy bien cuando hablábamos de nuestros recuerdos de las clases”.
Me contó que discutían sobre Henry James o Scott Fitzgerald y que los guardias no sabían de qué se reían. Luego hizo una pausa y dijo: “Razieh fue ejecutada”.
Yo no lo sabía. Entonces me hice a mí misma la promesa de que no dejaría que ella muriera. Eso es lo que hacen la ficción y las historias: convertir las cosas que son efímeras en perdurables.
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Pie de foto, Un grupo de mujeres en Irán, con la bandera en el centro, participan en las festividades del Ramadán.
¿Usted esperaría cambios favorables para las mujeres tras el nombramiento de Mojtaba Jamenei como líder supremo, en sustitución de su padre?
Él ha tenido una relación simbiótica con la milicia islámica, con los guardias que controlan Irán. Toda esa organización es su amiga jurada, por eso todo se convierte en un símbolo. La gente en Irán ahora habla de símbolos.
Estamos tratando con un régimen que se ha ido, pero que aún está presente.
Pero si mantienen el control de las armas, no sólo no se han ido sino que tienen la capacidad de doblegar el descontento social.
Lo que quiero decir es que casi todos los líderes se han ido. La gente no está escuchándolos, no está legitimando al régimen. De hecho, la gente va en otra dirección, incluso hacia extranjeros para que vengan a rescatarlos. En ese sentido, no hay régimen.
Sin embargo, la milicia islámica es el verdadero ejército. Son las personas que han jurado toda su lealtad a este régimen, toda su vida depende de ellos. La gente los odia y no tienen a dónde ir. Es por eso que también se vuelven tan brutales. ¿Qué tienen que perder?
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Pie de foto, Una mujer sostiene una pancarta de Mojtaba Jamenei, quien fue elegido como nuevo líder supremo de Irán.
Usted ha señalado que la ficción crea un espacio donde los lectores pueden encontrarse con personas que de otro modo nunca conocerían para entablar un diálogo. ¿Su obra ha logrado abrir un diálogo entre las mujeres iraníes?
Me rompe el corazón que mis libros hayan sido traducidos a tantos idiomas, pero no al farsi. Amigos que viven allá me han dicho que hay grupos de lectura y traducciones, pero que las traducciones son terribles.
La ficción es estructuralmente democrática y eso significa que da voz a todos los personajes, incluso al villano, porque no se basa en el juicio sino en la comprensión.
En general, un buen escritor se metará bajo la piel de los personajes y eso es lo que la imaginación y la idea hacen por nosotros.
Nabokov solía decir: “La curiosidad es la insubordinación en su forma más pura”. Con curiosidad salimos de nosotros mismos para conocer al otro y logramos la empatía. Si no puedo entenderte ni verte como me veo a mí misma, lo que te suceda no me afecta.
Pero una vez que entro en tu piel, una vez que te saludo y hablo contigo, descubro cuánto tenemos en común en lugar de cuán diferentes somos.
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Pie de foto, La milicia islámica es el ejército del régimen iraní.
En sus obras ha relatado el proceso por el que las mujeres perdieron sus derechos en Irán. ¿Cómo imagina el proceso inverso? ¿Qué tendría que suceder para que las mujeres recuperaran la libertad?
Si esta fase termina, las mujeres recuperarán la voz que han perdido. Y es una tarea tanto de mujeres como de hombres. Depende de nosotros recordar a la gente que las mujeres iraníes, en este mismo momento, podrían estar siendo asesinadas.
Irán nos está enseñando que la libertad es una prueba. Eso era lo que solía decir el escritor Saul Bellow: “Aquellos que sobrevivieron a la prueba del Holocausto, ¿cómo sobrevivirán a la prueba de la libertad?”.
La gente en las democracias debería entender que la libertad es una prueba. Lo que nos pone en peligro en una democracia es nuestra conciencia adormecida y nuestra atrofia de los sentimientos. Ambas se remiten a la literatura y al arte, porque el arte nos despierta y nos ofrece otra visión del mundo que no conocíamos.
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Pie de foto, Los iraníes protestaron dentro y fuera del país contra el régimen clerical durante las semanas previas a los ataques de EE.UU. e Israel.
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Los cuatro homicidios registrados en menos de seis horas la madrugada del pasado viernes en la Región Metropolitana de Santiago se han sumado a la tendencia al alza de este delito durante marzo, en el aterrizaje del presidente José Antonio Kast a La Moneda. El ultraconservador, que construyó su campaña en base a la promesa de controlar la crisis de delincuencia, no ha anunciado un plan de acción acorde a su relato de “mano dura” para responder a la principal preocupación de los ciudadanos en sus casi cuatro semanas en el poder. Desde el 11 de marzo, el día que Kast asumió como jefe de Estado, hasta este lunes 6 de abril, se han registrado 26 homicidios (11 de ellos frustrados y 15 consumados) en contextos de crimen organizado, según las cifras entregadas por los Equipos de Crimen Organizado y Homicidios (ECOH) a EL PAÍS. En el mismo periodo del año anterior, bajo el mandato del izquierdista Gabriel Boric, la cifra llegó a 19 homicidios (tres frustrados y 16 consumados), lo que representa un alza de un 36,8%.
La oposición ya ha solicitado que la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert –quien ha tenido un turbulento debut en el cargo-, acuda al Congreso a presentar medidas concretas para enfrentar el recrudecimiento de los delitos más violentos y dé a conocer su agenda legislativa. El diputado independiente de centroizquierda, Jaime Araya, envió un oficio a Steinert para que participe de una sesión conjunta entre las Comisiones de Seguridad de la Cámara de Diputados y el Senado.
A diferencia de ECOH, Carabineros lleva un registro de todos los homicidios cometidos en el país, no solo los vinculados al crimen organizado. El conteo que publican es semanal y la última actualización corresponde a la semana del 23 al 29 de marzo, cuando se registraron 17 homicidios (entre consumados y frustrados, no especifican la cantidad de cada tipo); un 13,3% más que el mismo periodo del año anterior. También ofrecen el recuento de los últimos 28 días, un tramo que corresponde al periodo del 2 al 29 de marzo, cuando se registraron 74 homicidios, un aumento de 42,3% respecto al mismo periodo del año anterior, según las últimas cifras publicadas por Carabineros en la plataforma Ley S.T.O.P. Los primeros 10 días fueron en el Gobierno de Boric y 18 de la Administración de Kast.
Durante el 2025, Chile registró 1.091 víctimas de homicidios consumados, una disminución del 11,5% en la tasa por cada 100.000 habitantes respecto a 2024, continuando con la tendencia a la baja registrada desde 2022, cuando la tasa de homicidios llegó al 6,8 cada 100.000 habitantes, el máximo histórico de víctimas.
La alcaldesa de Quinta Normal, la socialista Karina Delfino, criticó este lunes la gestión de la nueva Administración. “Los homicidios aumentaron 42% a nivel nacional en 28 días [entre el 2 y 29 de marzo]. Un Gobierno de emergencia debe estar preparado, y no anunciar un recorte al presupuesto de Seguridad, para luego decir que no lo hará. Debemos enfrentar juntos la crisis. El municipalismo siempre ha estado disponible”, escribió en sus redes sociales. Hace unas semanas, apareció un cadáver dentro de una caja a las afueras de la residencia de la edil, que ha aclarado que ni ella ni su equipo han recibido amenazas, a diferencia de al menos 17 jefes municipales de la Región Metropolitana, que han sido intimidados por el crimen organizado.
El alza de los homicidios ocurre cuando el estado de ánimo de los chilenos atraviesa por un punto de inflexión. Por primera vez en 44 meses, el pesimismo sobre el futuro del país (49%) supera al optimismo (48%), según la encuesta Cadem publicada el domingo. Un 52% considera que Chile va por mal camino, un incremento de 26 puntos desde el pasado 11 de marzo, cuando asumió Kast, y solo un 40% de los consultados cree que el país va por buen camino, una caída de 17 puntos. Los analistas achacan el pesimismo al alza histórica del precio de los combustibles ordenada por el Gobierno para hacer frente al incremento del valor del petróleo por la guerra en Irán. Además, las amenazas de los efectos inflacionarios que tendrá la medida y la baja en la proyecciones de crecimiento para este año anunciada por el Banco Central han aplastado las altas expectativas con que la ciudadanía recibió a Kast, quien ha visto una fuga del apoyo popular las últimas dos semanas.
Una de las principales dificultades que ha tenido el Gobierno del mandatario es retomar el control de la agenda, como lo hizo en sus primeros días en La Moneda. La ministra de Seguridad ha debutado bajo la sombra de su controvertido papel en la salida de la subdirectora de Inteligencia de la Policía de Investigaciones (PDI), Consuelo Peña, el 22 de marzo, quien tenía 36 años de carrera. Las explicaciones ofrecidas ante el Congreso esta tarde por el director de la institución, Eduardo Cerna, -quien se achacó la responsabilidad- no lograron despejar el papel que Steinert tuvo en la salida de Peña.
Además del caso Peña, la ministra, en vez de instalar las directrices que marcarán su cartera, tuvo que explicar durante varios días de dónde recortaría el 3% del gasto de ésta, una indicación entregada por Hacienda a los 24 ministerios para disminuir el gasto fiscal. Kast finalmente excluyó a Seguridad de la medida, pero la incoherencia de restar fondos a la prioridad del Gobierno de emergencia tuvo un impacto comunicacional que generó confusión en la ciudadanía y duras críticas desde la oposición.
Las cifras recientemente publicadas sobre la implementación de la Ley Karin muestran que menos del 10% de las denuncias presentadas son por violencia laboral. Esto podría llevar a pensar que no existe o que hay muy poca violencia en el mundo laboral. Sin embargo, la realidad no es así y por ello uno de los aspectos más relevantes de la normativa es justamente instalar explícitamente el derecho al buen trato en las relaciones de trabajo.
Por primera vez, el ordenamiento laboral chileno tensiona un principio profundamente arraigado, especialmente en sectores como el comercio y los servicios: la idea de que “el cliente siempre tiene la razón”. Bajo la promesa de calidad y excelencia en la atención, este principio ha tendido a encubrir prácticas de violencia cotidiana que durante años fueron naturalizadas como parte del trabajo y como un costo inevitable de la relación con clientes, usuarios o público general.
Cada vez es más frecuente observar en espacios de atención al público letreros, de diseño sobrio y tono cordial, que informan que no se admiten faltas de respeto ni agresiones verbales o físicas hacia quienes trabajan allí, y que, en virtud de la Ley Karin, el establecimiento se reserva el derecho de admisión y expulsión. No buscan amenazar ni interpelar con dureza. No se imponen visualmente. Sin embargo, su contenido resulta, en términos culturales, profundamente subversivo.
Lo que estos mensajes comunican —sin decirlo de manera explícita— es una redefinición del vínculo entre clientes, empresas y trabajadores: el hecho de ser cliente o usuario no habilita el maltrato. El buen trato es exigible en ambos sentidos. En ese gesto, aparentemente simple, se condensa un desplazamiento relevante del foco tradicional, que ya no se sitúa exclusivamente en la experiencia del cliente, sino también en la dignidad de quien trabaja.
Este cambio dialoga con hallazgos ampliamente documentados por investigaciones sobre el uso de la autoridad en Chile, particularmente los desarrollados por la socióloga Kathya Araujo. Sus estudios muestran cómo, en nuestra sociedad, la autoridad suele confundirse con autoritarismo y el ejercicio del poder se expresa frecuentemente a través del trato. En ese marco, el maltrato opera como un mecanismo cotidiano de jerarquización y control, muchas veces naturalizado y legitimado en nombre de la eficiencia, la exigencia o la satisfacción del cliente.
Para quienes trabajan en servicios —especialmente mujeres— esta lógica ha implicado la normalización de gritos, humillaciones, amenazas o descalificaciones como parte inherente del trabajo. No es casual que más del 50% de las denuncias jurídicamente aprobadas bajo la Ley Karin correspondan a mujeres, ni que los sectores con mayor concentración de casos sean aquellos con alta exposición al público, como el comercio, la enseñanza y los servicios administrativos.
Que la violencia en el trabajo aparezca hoy con una menor proporción de denuncias no implica que se trate de un fenómeno residual. Más bien da cuenta de una forma de violencia históricamente invisibilizada, naturalizada y, en muchos casos, ni siquiera reconocida como tal. Durante años, este tipo de prácticas ha operado como una externalidad del trabajo, más que como una vulneración de derechos.
La Ley Karin ha sido cuestionada —con razón— por las dificultades prácticas de su implementación y por las tensiones que introduce en la gestión organizacional. Sin embargo, evaluar su impacto únicamente desde el número de denuncias resulta insuficiente. Su principal efecto, al menos en esta etapa inicial, no está solo en el plano jurídico, sino en el cambio cultural que ayuda a gestar y su impacto en nuestra sociedad.
Cuando una empresa visibiliza públicamente que cuidará a su gente incluso frente a sus clientes, está enviando una señal clara: el trabajo no implica tolerar lo intolerable. Las cifras actuales pueden parecer bajas, pero los cambios culturales profundos rara vez comienzan con grandes números. Suelen iniciarse así: con mensajes pequeños, persistentes, que contribuyen a redefinir lo que una sociedad considera aceptable en el mundo del trabajo.
Cuando Glenda Álvarez entra en una tienda en España, no sabe hacia dónde mirar. No es exactamente un mareo lo que siente, aclara, sino una sensación de desconcierto difícil de explicar. “No haber tenido nada y de repente tener cosas es un choque”, confiesa esta diseñadora cubana de 31 años, con la mirada encendida. La abundancia de las estanterías, que para muchos es rutina, sigue siendo una experiencia nueva para ella. Álvarez llegó apenas hace una semana a Bilbao después de pasar toda su vida en La Habana. “Cuba está en un punto crítico de no retorno”, afirma.
“En mi país no había salidas”, explica por videollamada Álvarez, una de decenas de miles de cubanos que han emigrado a España en los últimos meses ante la crisis que asola a la isla bajo la presión de Estados Unidos. Después de graduarse, intentó ganarse la vida vendiendo artesanías. Funcionó por un tiempo, pero la gente dejó de comprar sus productos y pasó a gastar apenas en lo imprescindible. La decisión de marcharse no fue solo económica, sino también emocional. En los últimos años, cuenta, la vida cotidiana se había vuelto cada vez más asfixiante, sobre todo por los apagones. En su casa intentaban improvisar soluciones, como congelar la comida para retrasar que todo se echara a perder. Aquella rutina terminó por desgastarla. “Si yo no me voy, me vuelvo loca, mamá”, llegó a decir.
Glenda Álvarez, fotografiada en Bilbao, en marzo, en una foto cedida por ella.
“La vida en Cuba es una vida en pausa”, afirma, al intentar explicar cómo se vive hoy en la isla. “Estás haciendo tus cosas, te quitan la electricidad y toda la vida se detiene. Te entra una angustia al pensar en la comida que puedes perder, en lo que te falta hacer. Y entonces, después de la angustia, viene la rabia”, detalla. Álvarez cuenta que nunca había visto una situación tan grave en la isla. Creció escuchando hablar de apagones, pero nunca había visto tanta escasez como ahora. “Se ha vuelto invivible. Es como estar en un camping, pero sin la opción de volver a la civilización”. Aun así, cree que tarde o temprano algo tendrá que cambiar; en algún momento la presión acumulada terminará por estallar.
Álvarez, sin embargo, no tiene muchas esperanzas en los planes que Donald Trump tiene para la isla. Tampoco cree que una intervención militar como la de Venezuela, que dejó a la clase dirigente en el poder, sea positiva. “Me parece que lo único que realmente podría levantar a Cuba es que sea el pueblo el que tome las riendas de la situación”.
“Cuba será la próxima”, reiteró Trump el pasado lunes, una amenaza que se ha vuelto recurrente desde la operación de captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 3 de enero. La semana pasada, casi cuando se cumplen tres meses de la asfixia energética decretada desde Washington, que se suma al bloqueo económico impuesto a la isla desde hace seis décadas, la Casa Blanca permitió la llegada de un buque de petróleo ruso para, según dijo, “satisfacer las necesidades humanitarias del pueblo cubano”, aunque advirtió de que no ha habido “un cambio formal en la política de sanciones”.
“Con todos estos apagones, con toda esta escasez de alimentos, es una crisis muy dura. Yo te lo puedo decir, pero no es lo mismo sentirlo”, comenta Luis Manuel Hernández, un exmilitar y administrador de empresas de 55 años que aterrizó en Madrid en junio pasado. Hernández reconoce que la Revolución, al principio, dio igualdad de oportunidades a la gente, especialmente en cuanto a la educación y el acceso a la salud. Pero con el tiempo, ha ido surgiendo otro tipo de desigualdad, especialmente entre la clase dirigente y el resto de la población. Lo llama el “embargo interno”. “Nos dijeron que éramos iguales, pero eso nunca se cumplió”. Aunque el deterioro viene desde hace tiempo, Hernández coincide en que la situación se ha vuelto insostenible. “Este ha sido el peor momento de Cuba en todas las esferas: la educación, la economía, la política y lo social”, afirma.
Su primer recuerdo en España también está ligado a una sensación física. El día después de llegar desde Cuba tomó un vaso de leche con chocolate y desayunó una rebanada de pan con queso crema y jamón. Hacía tiempo, quizás años, que no sentía aquel sabor. “Me eché a llorar como un niño, no me da pena decirlo”, admite. Mientras comía, pensaba en sus dos hijos, uno de ellos menor de edad, que cuentan hoy con la ayuda que envía desde España. Hoy, se siente “muy agradecido” de trabajar como ayudante de cocina en el Restaurante Zara, uno de los sitios más emblemáticos de la diáspora cubana en Madrid.
Inés Martínez Llanos y Luis Manuel Hernández en la entrada del restaurante Zara, en Madrid, el martes. Inma Flores
Sentada a su lado en una de las mesas del restaurante, Inés Martínez Llanos, la dueña del lugar, se dice convencida de que Cuba necesita un cambio, aunque muestra sus dudas sobre cómo se producirá. “No siento ninguna simpatía por Trump, pero a nivel práctico, Estados Unidos es el que más cerca está y los cubanos, amigos y familiares, lo que me dicen es que, si entra EE UU, al menos cambiarán cosas”, cuenta la mujer de 66 años, nacida en La Habana apenas tres meses después del triunfo de la Revolución en 1959, y afincada en España desde principios de los sesenta. Hernández es aún más enfático: “Con la ayuda del que sea. No buscamos un líder, buscamos a cualquiera. Si Trump está disponible, bienvenido sea. Que sea la UE, la ONU… quien sea”.
Para la periodista Luz Escobar, la intervención en Venezuela y las declaraciones de Trump y de su secretario de Estado, el cubanoestadounidense Marco Rubio, han devuelto la esperanza a la gente. “Tienen a la gente desatada; no importa cómo, la gente quiere salir de eso”, señala Escobar, exiliada en España desde hace cuatro años después de sufrir una persecución política que también afectó a sus hijas .
Luz Escobar, periodista cubana exiliada, el miércoles en Madrid. JUAN BARBOSA
Escobar asegura que en Cuba se respira una mezcla contradictoria de angustia y esperanza. En las protestas de julio de 2021, miles de personas salieron a las calles en toda la isla. Creían en una idea repetida durante años de que cuando el pueblo saliera a la calle, el sistema caería. Pero no ocurrió así. Tras las manifestaciones, centenares de personas fueron detenidas, según Amnistía Internacional, y el régimen siguió en pie. “La gente está desesperada y ansiosa por un cambio”, dice Escobar, bajando la voz mientras cuenta de la vida política y económica de la isla. Cuanto más revela, más bajito habla.
“Si tú le preguntas a un cubano de a pie sobre Trump, te va a decir ‘sí, que venga y los saque”, comenta el boxeador hispanocubano Emmanuel Reyes Pla, sentado a la orilla del ring al concluir un entrenamiento. “Que va a ser duro, sí, que el pueblo es el que sufre, sí, pero es la única manera de tumbar al régimen”, opina el medallista olímpico de 33 años, cuyos comentarios en las últimas semanas han causado revuelo en España por sus críticas a la flotilla de ayuda humanitaria Nuestra América y la participación de políticos como Pablo Iglesias. “No me gusta meterme en política, pero me da roña que este tipo venga de un país capitalista, llegue a Cuba a un hotel de cinco estrellas, donde no se va la luz, y te diga desde su teléfono que todo está bien”, reclama.
Emmanuel Reyes Pla, boxeador hispanocubano y medallista olímpico, el lunes en Madrid. Pablo Monge
Washington adelantó que, después de las operaciones militares en Venezuela y Oriente Próximo, habrá novedades sobre la isla “bastante pronto”, sin dar detalles. Tampoco está claro el curso de las negociaciones bilaterales. “No va a ser como Irán”, vaticina Reyes Pla. “Va a ser algo parecido a lo que hizo en Venezuela: entrar, agarrar a los dictadores y llevarlos a juicio”. Aunque matiza: “Trump se mueve por sus intereses, no es ningún santo, es un negociante y mira las cosas desde ese punto de vista, si puede hacer dinero o no”.
Escobar asegura que la sociedad civil está articulada, pero “lleva años con las manos amarradas” y por eso espera un movimiento en el tablero que les permita volver a tomar las riendas de su destino. A la espera de que eso pase, Escobar no deja de emocionarse al pensar en La Habana. Desde España, sigue conectada permanentemente con la isla. Su trabajo le obliga a mantener, como dice, “una ventana abierta a Cuba las 24 horas del día”. No sabe si algún día volverá, lo que sí tiene claro es que seguirá impulsando que el país cambie. “Mi energía y mis fuerzas no van a dejar de empujar para que en Cuba haya democracia y libertad”.
Hernández también comparte un sentimiento de nostalgia cuando piensa en su país. “Para mí sería una gran alegría, una gran emoción que todos los cubanos pudiésemos retornar a nuestro país. Ver ese cambio que tanto anhelamos. Ver, como yo vi de pequeño en ese proceso revolucionario, a los niños jugando en las calles”, dice con los ojos vidriosos. Hasta que el horizonte se aclare, la prioridad es buscar una nueva oportunidad de vida para sus hijos de este lado del Atlántico. Y en un futuro, tal vez no tan distante, regresar e invertir en su país.
Son los mismos deseos y preocupaciones de Álvarez: trabajar para poder ayudar a su familia y, si las cosas salen bien, traerlos algún día a España. Cuando se le pregunta qué espera para Cuba, se le va la voz por algunos segundos. Controlada la emoción, contesta: “Que ojalá ahí se liberen pronto”.
El luchador José Alberto Rodríguez Chucuan, conocido como Alberto del Río o El Patrón, fue detenido este lunes en la capital de San Luis Potosí tras agredir físicamente a su esposa, Mary Carmen Rodríguez. La mujer llamó a emergencias al mediodía para pedir ayuda después de ser golpeada. El deportista fue arrestado en el fraccionamiento Lomas del Tec, desde donde se realizó la llamada, y trasladado a la Fiscalía General del Estado.
No es la primera vez que el luchador enfrenta acusaciones de violencia machista. En 2018 fue arrestado en Estados Unidos por violencia familiar contra su expareja, la luchadora profesional Saraya-Jade Bevis, conocida como Paige. En 2020, otra mujer lo denunció en ese país por abuso sexual y fue liberado tras pagar una fianza de 50.000 dólares. Contrajo matrimonio con su actual esposa en 2024.
Alberto del Río durante su detención, este lunes. SSPC
El Patrón, de 48 años y originario de San Luis Potosí, es un luchador profesional que ha obtenido nueve campeonatos mundiales en distintas competiciones. Inició su carrera hace 26 años bajo el nombre de Dos Caras Jr. para luego incursionar también en las artes marciales mixtas. Ha formado parte de empresas como la estadounidense Total Nonstop Action Wrestling, además de la WWE, y de las mexicanas Lucha Libre AAA y Consejo Mundial de Lucha Libre. Entre sus apariciones más recientes participó en el reality show de TV Azteca, La Granja VIP, y el evento de boxeo Ring Royale.
Rodríguez proviene de una familia ligada a la lucha libre: es hijo de la leyenda Dos Caras, sobrino de Mil Máscaras y hermano del Hijo de Dos Caras. Antes de su carrera profesional también compitió en lucha grecorromana, disciplina en la que ganó tres medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe y obtuvo una presea en los Juegos Panamericanos.
Pie de foto, El complejo deportivo Azadi de Teherán fue bombardeado al inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.Información del artículo
Autor, Ghoncheh Habibiazad
Título del autor, Reportera sénior del servicio persa de la BBC
Tiempo de lectura: 6 min
Los iraníes han estado reaccionando a la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de que destruirá las plantas de energía y los puentes de Irán a menos que el país reabra el estrecho de Ormuz.
Trump dijo en una publicación en redes sociales cargada de groserías el domingo que “el martes será el Día de las Plantas de Energía y el Día de los Puentes, todo junto, en Irán. No habrá nada igual!!!”.
Trump reiteró este lunes sus amenazas, asegurando que Irán volverá a la “edad de piedra” y se quedará sin centrales eléctricas ni puentes si no hay un acuerdo antes de la noche del martes (madrugada del miércoles en Irán).
Afirmó que “el país entero podría ser eliminado en una noche, y podría ser mañana por la noche”.
“Todos los puentes de Irán habrán sido destruidos para las 12 de la noche de mañana”, sentenció.
Los funcionarios iraníes se han burlado del plazo límite que puso el presidente estadounidense, y un asesor presidencial afirmó que sus “insultos y tonterías” eran fruto de “pura desesperación y enojo”.
La BBC ha logrado hablar con varios iraníes —todos opositores al actual gobierno— a pesar de que es muy difícil contactar con personas dentro de Irán debido al apagón de internet impuesto por las autoridades hace más de cinco semanas.
Sus nombres han sido cambiados por su propia seguridad.
“No podemos hacer nada”
Kasra, que está en sus veintes y vive en Teherán, dijo: “Siento que nos estamos hundiendo más en un pantano. ¿Qué podemos hacer como gente del común? No podemos hacer nada. No podemos detenerlo [a Trump]. No dejo de pensar en un escenario en el que, dentro de un mes, estoy sentado con mi familia sin agua, sin electricidad, sin nada. Y alguien apaga la vela y nos vamos a dormir.”
Mientras la televisión estatal iraní ha estado mostrando vídeos de tiendas de comestibles bien abastecidas, la BBC ha escuchado que algunas personas están acumulando provisiones y temen que el suministro de agua también pueda verse afectado.
“Mi madre está llenando de agua todas las botellas que encuentra en la casa”, dijo Mina, también de veintitantos años y de Teherán.
“No tengo idea de qué vamos a hacer ahora. Creo que cada vez más personas en Irán se han dado cuenta de que a Trump no le importan en absoluto. Lo odio con todo mi corazón, y también odio a quienes lo apoyan.”
Fuente de la imagen, Reuters
Pie de foto, La zona petroquímica de Mahshahr, en el suroeste de Irán, fue atacada el sábado.
Una línea roja
En enero, cuando las protestas contra el gobierno se extendieron por todo el país, Trump les dijo a los manifestantes: “La ayuda está en camino”.
Pero no intervino cuando las fuerzas de seguridad iraníes lanzaron una represión sin precedentes, que dejó al menos a 6.508 manifestantes muertos y otros 53.000 arrestados, según la agencia con sede en EE.UU. Human Rights Activists News Agency (Hrana).
Algunos de los iraníes con los que ha hablado la BBC vieron inicialmente los ataques de Estados Unidos e Israel como la ayuda que se les había prometido. Pero ahora la mayoría considera los ataques contra la infraestructura energética como una línea roja.
“He agradecido a Israel y a Estados Unidos por casi todo lo que han golpeado hasta ahora”, dijo Arman, un joven en sus veintes de Karaj, al oeste de Teherán.
Los medios iraníes informaron que 13 personas murieron y casi 100 resultaron heridas en un bombardeo a un puente en construcción en Karaj el jueves.
“Deben haber tenido buenas razones para estos [los lugares que han atacado]. Pero lo juro: golpear una central eléctrica simplemente paraliza el país. Solo le da ventaja a la República Islámica. Vivo a un kilómetro de la central eléctrica más grande de Karaj, y si la atacan, para mí no habrá más que miseria”.
Radin, también de veintitantos años y residente en Teherán, dijo: “Si atacar objetivos en el país hace caer a la República Islámica, estoy de acuerdo. Porque si la República Islámica sobrevive a esta guerra, se quedará para siempre”.
Fuente de la imagen, EPA
Pie de foto, Irán dice que más de 30 universidades han sido atacadas.
La presión económica
Muchos de los iraníes con los que habló la BBC están preocupados por el impacto económico de la guerra.
Bahman, quien tiene veintitantos años y vive en Teherán, dijo: “Creo que Trump tiene miedo de lo que Irán vaya a hacer. Estoy seguro de que Irán atacará a toda la región en represalia.”
“En lo que a mí respecta, ya no tengo una rutina, y ni siquiera puedo ir a trabajar con esta situación, porque soy ingeniero supervisor de obras y ahora mismo nadie está construyendo nada. Algunas empresas pequeñas ya han empezado a despedir a sus empleados”.
Jamshid, quien está en sus treinta y dirige un restaurante en Teherán, dijo que su negocio “ya no es el mismo que antes [de la guerra]. No soy optimista respecto a la situación. Calculo que puedo aguantar un mes, quizá dos como máximo. El alquiler me está destrozando. Son 200 millones de tomans al mes (US$1.270).”
Esa cifra es elevada en comparación con el salario mensual promedio, que se estima entre US$200 y US$300.
La mayoría de las personas con las que habló la BBC siguen pagando precios elevados para acceder a internet. La principal manera de hacerlo ha sido el internet satelital de Starlink.
Pero usar o tener Starlink en Irán conlleva una pena de hasta dos años de prisión, y según informes, las autoridades han estado buscando las antenas para impedir que la gente se conecte.
El acceso a internet se está vendiendo en la aplicación de mensajería Telegram a unos US$6 por 1 GB de datos.
“Siento que estoy perdiendo la cabeza. Ni siquiera renové mi paquete de internet, por el que estoy pagando tanto”, dijo Marjan, de veintitantos años y de Teherán.
“¿Qué sentido tiene si Trump ataca la infraestructura energética? Estoy angustiada. Mis padres también… discuten por cualquier cosa ahora. Me repito que estoy bien, pero ya he tenido tres crisis nerviosas hoy.”
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