Los ecos que llegan desde las prisiones en Cuba son desoladores, gritos de auxilio desde ese mundo paralelo que el Gobierno se empeña en sepultar: Lizandra Góngora, madre de cinco hijos sentenciada a 14 años de cárcel por sumarse a las protestas masivas de 2021, se declaró en huelga de hambre por estos días; Alexander Díaz Rodríguez, liberado hace poco tras su sentencia de cinco años por participar de la misma manifestación, salió sólo con 37 kilos de peso, como si lo hubiesen castigado a morir por inanición; el adolescente de 16 años Jonathan David Muir, detenido por tomar las calles en medio de un apagón, implora casi a diario desde su celda: “Papá, sácame de aquí”; y siguen las denuncias de golpizas, negligencias y abusos contra los presos de conciencia en los penales cubanos. Este viernes, sin embargo, venció el ultimátum de dos semanas que el Gobierno de Estados Unidos había impuesto al de Cuba para liberar a sus más de 700 presos políticos. Las cárceles del castrismo siguen siendo las catacumbas para sepultar a todo aquel que se le opone.
Sometidos al ritmo de la cárcel y de la política, cientos de presos en Cuba saben que este podría ser un momento definitivo, uno que decida su suerte. El 10 de abril, una delegación estadounidense llegó a La Habana como parte de las negociaciones diplomáticas que sostienen ambos gobiernos, con la petición clara de que cualquier diálogo contenga como premisa la liberación de los presos de conciencia. Sin embargo, las autoridades cubanas, en un afán de demostrar que nadie les pone ultimátum, mucho menos su enemigo histórico, se han encargado esta semana de revertir cualquier narrativa que parezca que están acatando órdenes desde la Casa Blanca.
En una reciente entrevista con la agencia Associated Press (AP), el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, fue preciso al decir que el tema de los presos políticos “no está sobre la mesa de negociación”. “Nosotros tenemos nuestro sistema legal, al igual que aquí en Estados Unidos ellos tienen el suyo”, dijo, “así que debemos respetar los asuntos internos de ambos”. Es la misma narrativa que el gobierno está despachando últimamente. Ante la avalancha de medios internacionales que se hicieron eco de la posible excarcelación de presos políticos, el subdirector general a cargo de EEUU del Ministerio de Relaciones Exteriores, Alejandro García del Toro, se adelantó a decir que en el encuentro con funcionarios estadounidenses “ninguna de las partes estableció plazos”.
A pesar de reconocer oficialmente que se habían sentado a hablar con Estados Unidos, el castrismo ha aumentado con los días su retórica de defensa de la soberanía nacional. No solo se la pasan visibilizando los ejercicios militares y la capacidad con que supuestamente cuentan ante cualquier agresión desde el norte, sino que el discurso antiimperialista se ha vuelto mucho más implacable. El mandatario Miguel Díaz-Canel llegó a decir el miércoles lo que hasta ahora no había salido de su boca: que si Estados Unidos no aceptaba la negociación “en los términos cubanos”, hasta ahí llegaba la negociación.
Por momentos, parecieran contradecirse las noticias que llegan de la Casa Blanca o del Palacio de la Revolución, en medio de unas negociaciones aún inciertas, mientras la tragedia de los cubanos parece normalizarse entre largos apagones, falta de agua, la poca comida y la incertidumbre de lo que va o no pasar con sus vidas a corto plazo. Cuba dice que no cederá a la liberación de presos de conciencia, pero el Departamento de Estado declaró a la AP que la administración de Trump seguía “comprometida con la liberación de todos los presos políticos”.
La pregunta que muchos se plantean es: ¿qué es lo que realmente está sucediendo con unas negociaciones de las que se conoce, en realidad, muy poco? Desde La Habana, Manuel Cuesta Morúa, presidente del Consejo para la Transición en Cuba, cree que el Gobierno de Díaz-Canel está “encareciendo la negociación”. “No les interesa parecer que les está haciendo concesiones a lo que ellos han considerado tradicionalmente como el enemigo histórico del Gobierno. Sería una especie de derrota política en el nivel más importante para ellos, que es el nivel simbólico, si responden a los ultimátums que le pueda estar dando el Gobierno norteamericano. Lo que es innegable es que están negociando y que el Gobierno cubano no va a tener más remedio que impulsar determinados cambios, sobre todo en el ámbito cívico y político”.
“Te sientes como una pieza en un tablero”
Entre los nombres que llevó a la mesa de negociaciones a mediados de mes la delegación estadounidense, estaban los del rapero Maykel Osorbo, ganador de dos premios Grammys por la canción Patria y Vida, y el artista Luis Manuel Otero Alcántara, líder del Movimiento San Isidro. Ambos fueron condenados a ocho y cinco años de prisión, respectivamente, por sus ideas contrarias al régimen.
Ahora que, desde la cárcel, se han enterado de que su suerte se decide en medio de las negociaciones, ambos eligen no poner sus esperanzas en la bondad de ningún gobierno. “Yo estoy tranquilo, en mi esquina, esperando”, dijo el rapero esta semana a EL PAÍS, desde su celda en la prisión de Kilo 8, en Pinar del Río. Alcántara, detenido en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, también dijo a este diario que solo aspira a su excarcelación oficial en el mes de julio.
“Estamos hablando de jugarretas políticas, y te sientes como una pieza en un tablero”, dijo. “Pudo haber sido hace un año atrás, cuando Trump entró al poder, pero no quiso jugar en ese momento el juego de Cuba. Lo pospuso un año más, y bueno, uno al final sigue en este encierro”.
En el mes de marzo, el Gobierno de La Habana anunció la excarcelación de 54 presos, entre los que se beneficiaron 27 presos políticos. Luego, en abril, comunicó que indultaría otros 2.010 reclusos, entre los cuales no se ha registrado ningún preso político. Aunque estos anuncios se hacen en el marco de la negociación, Cuba no ha reconocido que tenga que ver con ningún tipo de diálogo con los estadounidenses. Más bien lo ha atribuido a “una práctica habitual en nuestro sistema de justicia penal y de la trayectoria humanitaria de la Revolución”, y a acciones como parte de las celebraciones religiosas de la Semana Santa.
“En este escenario, la clave residiría en una triangulación estratégica donde la isla no cedería ante la presión directa, sino ante la mediación de ‘amigos’ como el Vaticano o el bloque Brasil-España-México”, asegura el abogado y activista Roberto Veiga, miembro de la Concertación Democrática Cubana (DFrente). “Esta salida bajo ‘términos cubanos’ permitiría al Gobierno preservar su narrativa de soberanía mientras Washington logra su objetivo, resolviendo el conflicto a través de terceros para evitar, precisamente, que el rédito político caiga en manos de la confrontación bilateral. La Casa Blanca necesita la liberación de los presos como un triunfo político propio, pero La Habana difícilmente puede permitirse la imagen de una claudicación ante su adversario tradicional”, explica.
Aunque hoy se cumplen las dos semanas y no hay noticias de excarcelaciones de presos políticos, Cuesta Morúa cree que esto no significa que el castrismo no vaya a liberarlos como parte de los diálogos. “Lo estarían haciendo como una decisión soberana del Estado”, sostiene el presidente del Consejo para la Transición en Cuba, quien cree que hay otros temas importantes que deben estar sobre la mesa de negociaciones.
“No debería faltar claridad en materia de cooperación en temas de seguridad hemisférica, el compromiso de manejar el tema de la compensación o indemnizaciones de propiedades, algo importante para dar seguridad a inversores y hacer atractivo el campo de la inversión dentro de Cuba”, dice. También insiste en que es importante que Cuba establezca un claro compromiso de seguridad jurídica, “para que haya garantías e incentivos para invertir en el país. También es necesario el entendimiento de que la conversación en materia de derechos humanos es una conversación global, no una donde la soberanía defina los límites sobre presos políticos, participación ciudadana, democracia y libertades. Y creo que el gobierno cubano debe abrirse a un diálogo y una negociación con la sociedad civil cubana”.

Leave a Reply