Hace exactamente una semana, al mediodía de un martes, Yormai Sebastián Contreras Castillo fue secuestrado por la guerrilla del ELN cuando regresaba de visitar a su familia en compañía de su hermano mayor. Según Blanca Castillo, su madre, fue retenido en el corregimiento de La Gabarra del municipio de Tibú, en la región del Catatumbo. Regresaba a la capital departamental, Cúcuta, tras las vacaciones de Semana Santa. “Lo retuvieron y le dijeron al hermano que vinieran los papás y lo entregaban. De ahí, no hemos sabido nada de él”, cuenta la mujer de 39 años. Blanca espera a Yormai en el lugar en el que fue visto por última vez, el kilómetro 25 de la carretera, aferrada a la súplica de que la guerra no le arrebate la vida que apenas empezaba a construir.
Castillo no duerme desde el secuestro. “Hay días en los que no tengo fuerzas para nada. Solo quiero volverlo a ver. Es lo único que me motiva”, relata por teléfono con un hilo de voz. Según ella, los miembros del grupo armado revisaron el teléfono de Yormai y se lo llevaron sin dar mayores explicaciones. La familia, oriunda de La Gabarra, ha intentado establecer diálogos en la zona para su liberación, pero la respuesta es que el adolescente “está bajo investigación”. “Nos dicen que nos vayamos para la casa y esperemos, que pueden ser 15 días, un mes, seis meses…”, cuenta la madre, con un tono de zozobra ante el futuro del menor de sus tres hijos. Las pistas sobre su paradero tampoco han sido claras por parte del grupo armado. “No sabemos si está por aquí, o en la frontera, o afuera. No tenemos idea”, complementa Carmen García, tía del adolescente.
Blanca cuenta que Yormai es un joven alegre, sin problemas y dedicado por completo a sus estudios en Cúcuta, donde cursaba el grado octavo. “Me lo había llevado a la ciudad viendo todo lo que estaba pasando en el territorio”, explica la mujer de 39 años, que decidió establecerse en la ciudad fronteriza junto a sus hijos ante la escalada del conflicto en el Catatumbo, que ha desplazado a cerca de 100.000 personas desde 2025, de acuerdo con datos del Consejo Noruego para los Refugiados.
Ante el secuestro, la familia acudió al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, encargado de la protección de los menores de edad. Cuentan que la institución les ha brindado apoyo psicosocial y que ha compartido la imagen del menor pidiendo su liberación. La entidad no ha dado declaraciones sobre el caso a EL PAÍS, al igual que la Gobernación de Norte de Santander.
Según el defensor del Pueblo regional, Pepe Ruíz, quien también ha acompañado a los allegados del adolescente, el regreso es incierto. “Lo que nos dijeron es que el grupo realizará un juicio para decidir la situación de Yormai, pero aún no se sabe cuándo será liberado”, apunta el responsable de la protección de los derechos humanos. Ruiz explica que acompañó a la familia el pasado fin de semana en su búsqueda de Yormai, justo cuando las disidencias de las extintas FARC liberaron a dos hombres que habían secuestrado a principios de año.
Para el defensor, el caso de Yormai es un reflejo de la debacle humanitaria del Catatumbo, donde más de 30.000 personas han tenido que estar confinadas en algún momento de los últimos 16 meses. “Hacemos un llamado para que dejen a los niños, a las familias y a los civiles en paz y fuera de este conflicto”, resalta el defensor sobre la guerra entre el ELN y esas disidencias.
Una lucha familiar
Carmen, la tía de Yormai y lideresa social, ha acompañado a su hermana Blanca desde el principio de la tragedia. Ella encabeza la Asociación Madres del Catatumbo, una red de mujeres que se opone a perder su descendencia a manos del conflicto, bajo el lema “No parimos hijos para la guerra”. Desde el 2019, ella se ha plantado en contra del reclutamiento infantil; ahora, por medio de sus redes sociales, ha pedido entre lágrimas la liberación de Yormai. “Hoy, con el corazón en la mano, le hago un llamado al grupo del ELN para que le respeten la vida a mi sobrino y que me lo entreguen lo antes posible”, dijo sollozando en un vídeo compartido en Tiktok el 7 de abril.
La lideresa permanece junto a su hermana en la zona del secuestro. “Yormai es mi hijo. Desde muy pequeño lo he criado. Lo recibí cuando la madre lo trajo al mundo”, relata, consternada por vivir esta situación en carne propia. “Uno no se imagina que, como defensora de derechos humanos, esto le pueda pasar”, apunta.
Gracias a su trabajo en el Catatumbo, García ha obtenido apoyo de asociaciones territoriales y de las Naciones Unidas para presionar el regreso a casa de su sobrino. Este martes, ha convocado a las organizaciones regionales del Catatumbo para unir fuerzas en torno al caso de Yormai. En un post de X, ONU Derechos Humanos Colombia, hizo un llamamiento urgente sobre la retención. Según un boletín de la organización del pasado febrero, el reclutamiento de niños por parte de grupos armados aumentó en un 300%, en los últimos cinco años en el país.
Llamamos a liberar, sano y salvo, y de inmediato, al adolescente de 16 años Yormai Sebastián Contreras Castillo, hijo de una mujer defensora de derechos humanos e integrante de la Asociación Madres del Catatumbo por la Paz, privado de la libertad ilegalmente por un grupo armado…
— ONU Derechos Humanos Colombia (@ONUHumanRights) April 9, 2026
García lleva siete años defendiendo a los hijos de las mujeres del Catatumbo. Ahora, el secuestro de su sobrino le pone una nueva prueba y arrastra la vida de sus seres más queridos. La mujer teme por la salud de Blanca. Sus problemas de asma y fibrosis pulmonar se han agravado desde que Yormai está ausente.
En una de sus últimas publicaciones de Tiktok, el adolescente había compartido un vídeo junto a su madre con un texto: “Te prometo que cuando logre salir adelante, te daré todo a manos llenas porque te mereces eso y mucho más”. Castillo cree ciegamente que su hijo logrará todo cuanto se proponga y lucha contra las fuerzas de su propio cuerpo para volverlo a ver. “Él tiene que volver para estar conmigo y sus hermanos. Tiene un hermanito por parte del papá de solo tres años que lo está esperando”, comenta la madre. Para ella no hay otra opción diferente a recuperarlo. “No me voy a ir de aquí hasta que regrese”, susurra.

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