Un ejemplar del legendario SR-71 Blackbird que llevaba años expuesto en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA, en la base Edwards de California —un recinto que comparten con la base aérea Edwards, de la Fuerza Aérea—, ha dejado de estar visible desde al menos mediados de mayo, según imágenes de satélite publicadas por Aviation Week.
El avión en cuestión es el que llevaba el número de cola 844, matriculado originalmente como 61-7980 por la Fuerza Aérea de EEUU. Se trata del último Blackbird fabricado y también del último en volar. Las imágenes de satélite muestran que el aparato no ha vuelto a verse en su ubicación habitual desde el 17 de mayo, aproximadamente.
Según fuentes de Aviation Week citadas en su reportaje, el avión habría sido trasladado a un hangar a principios de este año para someterse a una inspección. La propia publicación señala que la disposición actual de la aeronave no está clara, aunque plantea que su desaparición eleva la posibilidad de un programa de regreso al vuelo tras una pausa de más de 26 años.
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La NASA ha respondido a estas informaciones con una declaración genérica que ni confirma ni desmiente nada concreto sobre el paradero del avión: “Reconocemos el interés por el SR-71 y su extraordinaria historia con la NASA, pero no tenemos información adicional que compartir sobre la aeronave en este momento”, aseguró en un mensaje al medio estadounidense.
Los nuevos aviones X
Esta desaparición cobra especial relevancia a la luz de algo que ya adelantamos en Novaceno la semana pasada: el administrador de la NASA, Jared Isaacman, mostró durante el All-In Summit de Los Ángeles una diapositiva con la silueta de un avión oculto bajo una enorme tela que recordaba poderosamente al SR-71, bajo el título Reconstruyendo nuestra cartera de aviones X. Cuando un entrevistador le preguntó directamente si aquello era un Blackbird, Isaacman esquivó la pregunta con un “¿Seguro que eso es un Blackbird?” y no ofreció ninguna aclaración posterior.
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En aquel momento, la NASA se limitó a responder a TWZ que “queremos ver más aviones X volando en los próximos años, desarrollando las tecnologías que nos permitan volar más alto, más lejos y más rápido de lo que lo hemos hecho en décadas” y que “esperamos compartir más a medida que estos esfuerzos avancen”. Ninguna de las dos respuestas de la agencia confirma un vínculo directo entre la silueta mostrada por Isaacman y el 844.
Sin embargo, la presentación y la desaparición del avión coinciden en un contexto en el que la NASA está reorientando su presupuesto de aeronáutica hacia diseños radicales. Un detalle que ha bastado para disparar la especulación.
A esto se suma que Isaacman ya había hablado del SR-71 en otras ocasiones. En el AirVenture de julio, dijo que la NASA, con los nuevos aviones X, quiere “ir más alto, ir más rápido, hasta difuminar las líneas entre estar dentro y fuera de la atmósfera”. Preguntado explícitamente por un posible sucesor del Blackbird, respondió: “Veremos si podemos lograr algo en el próximo puñado de años, pero sí, es un área de gran interés desde una perspectiva de desarrollo”. En un panel posterior, cuando le preguntaron qué avión que nunca hubiera pilotado le gustaría volar, contestó sin dudar: “SR-71 Blackbird”. Cuando el moderador le insistió sobre si tenía el poder de traerlo de vuelta, Isaacman respondió: “Eso es información clasificada”.
El 844 es el candidato lógico
Si la NASA o el Pentágono decidieran realmente intentar devolver un Blackbird al servicio, el ejemplar 844 sería, según Aviation Week, el mejor candidato disponible. No solo por ser el último construido y el último en volar, sino porque la propia NASA lo había modernizado en su día con un sistema digital automatizado de control de vuelo y de las tomas de admisión de aire, pensado para eliminar prácticamente el problema de los “unstarts” violentos del motor a alta velocidad, un fallo característico de este avión al operar cerca de sus límites. Además, el aparato ha permanecido en una zona controlada del desierto de Mojave, un entorno favorable para su conservación.
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Aun así, reconstituir un SR-71 sería complicado. Solo se construyeron 32 unidades, y desde siempre fueron aviones extraordinariamente complejos y caros de mantener. Sus motores turborreactores Pratt & Whitney J58 funcionan con combustible JP-7, que ya no se fabrica de forma regular. Cuando tras el 11-S se planteó la posibilidad de reactivar un Blackbird para apoyar operaciones en la guerra contra el terrorismo, el coste estimado entonces rondaba entre 40 y 45 millones de dólares, y eso apenas dos años después de que el 844 hiciera su último vuelo.
Isaacman, por cierto, no es ajeno a este tipo de restauraciones. El actual administrador de la NASA fundó una compañía privada de simulación de combate aéreo, Draken International, llegó a poseer la mayor flota aérea privada del mundo compuesta por cazas antiguos, vuela regularmente un MiG-29UB ucraniano desmilitarizado y ha trabajado en la restauración de un interceptor Panavia Tornado F2 de ala variable procedente de la Royal Air Force.
Nada de lo anterior confirma que el SR-71 número 844 vaya a volver a volar, ni que esté directamente relacionado con la silueta que Isaacman mostró en el All-In Summit. Es posible, como plantean las propias fuentes consultadas, que el avión esté recibiendo un mantenimiento rutinario sin mayor trascendencia. Pero la combinación de una desaparición de meses, sin explicación oficial, justo cuando la NASA insiste públicamente en que quiere “volar tan alto y tan rápido como en décadas pasadas, y luego incluso más”, deja una pregunta abierta que, de momento, Isaacman solo responde con evasivas.
Un ejemplar del legendario SR-71 Blackbird que llevaba años expuesto en el Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA, en la base Edwards de California —un recinto que comparten con la base aérea Edwards, de la Fuerza Aérea—, ha dejado de estar visible desde al menos mediados de mayo, según imágenes de satélite publicadas por Aviation Week.

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