El Gobierno de Estados Unidos ha extendido una solicitud a la Corte del Distrito Este de Nueva York para que el juicio contra Rafael Caro Quintero tenga un jurado anónimo y parcialmente aislado, para proteger la integridad del proceso y la imparcialidad del tribunal. El objetivo es prevenir “el acoso, la intimidación u otra interferencia” y mitigar cualquier temor que puedan tener los integrantes del jurado, detalla un documento legal. El cofundador del extinto Cartel de Guadalajara, conocido como el Narco de Narcos, es acusado de dirigir una empresa criminal; del asesinato, por el secuestro, tortura y muerte del agente especial de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) Enrique Kiki Camarena en 1985. Asimismo, el capo deberá enfrentar otros dos cargos de distribución internacional de narcóticos y otro por uso ilegal de armas de fuego para promover el narcotráfico. Un juez federal dictaminó que el proceso judicial en su contra iniciará el 8 de marzo de 2027.
El Departamento de Justicia estadounidense ha solicitado que los nombres, direcciones y lugares de trabajo de los miembros del jurado provisional y del jurado ordinario no se revelen a las partes ni a sus abogados; y que estos mismos sean trasladados desde y hacia el juzgado por el Servicio de Alguaciles de EE UU cada día del procesamiento y permanezcan aislados del público mientras se encuentren en el juzgado durante cada día.
Desde Washington argumentan que estas medidas limitadas son necesarias para proteger la integridad del juicio y la imparcialidad del jurado. “Rafael Caro Quintero tiene los medios para interferir en el proceso judicial y cuenta con un amplio historial de hacerlo (por ejemplo, el asesinato de un agente federal estadounidense; su conducta delictiva continuada en una prisión mexicana; sus esfuerzos tras su liberación para evitar ser detectado y arrestado con la ayuda del coacusado Ismael Quintero Arellanes; y su historial de emplear sicarios contra quienes traicionan a la organización); y este caso ha atraído una intensa atención mediática”, detalla un fragmento de la misiva.
Su caso, sostiene el Gobierno de EE UU, presenta muchas de las mismas razones sólidas y creíbles para creer que el jurado necesita protección que los jueces del distrito de Nueva York han considerado convincentes en numerosos juicios, entre ellos, el del exlíder del Cartel de Sinaloa, Joaquín El Chapo Guzmán, quien cumple cadena perpetua desde 2019 por varios delitos relacionados con el tráfico de drogas; así como el del exzar antidrogas durante el sexenio de Felipe Calderón, Genaro García Luna, quien fue sentenciado a 38 años de prisión por colaborar con el narco. “Los jurados podrían no estar dispuestos o no ser capaces de emitir veredictos imparciales si sus identidades se hacen públicas”, insiste Washington en otro fragmento del documento.
Caro Quintero, de 73 años, se declaró inocente en febrero de 2025 de cargos que incluyen participación en una organización criminal continua y conspiración para la importación de cocaína. El fundador del Cartel de Guadalajara, quien alguna vez dominó el mundo del crimen organizado en México, se encuentra actualmente bajo prisión en Estados Unidos.
El narco de narcos formó parte del extenso grupo de 29 capos mexicanos que fueron extraditados al norte del río Bravo en febrero de 2025, un botín que fue entregado al Gobierno estadounidense por parte de su homólogo mexicano como parte de las negociaciones para evitar la imposición de aranceles con la que Trump amenaza a gran parte de los países del mundo.
En agosto pasado, el Departamento de Justicia de EE UU anunció que no solicitaría la pena de muerte para Caro Quintero. Pasó 28 años en prisión en México tras ser condenado por el asesinato de Camarena, uno de los crímenes más notorios de la guerra contra el narcotráfico en el país.
Con 33 años, Caro Quintero ya era millonario, dirigía con sus socios el poderoso Cartel de Guadalajara y tenía a sueldo por todo México a policías, militares, políticos y jueces. Hasta que un día de noviembre de 1984, cientos de soldados se presentaron en el Búfalo, aquel rancho en Chihuahua con un cultivo gigante de marihuana del tamaño de 1.000 campos de fútbol que lo catapultó, sin apenas saber leer y escribir, a lo más alto del narcotráfico en un tiempo récord. En el lugar, los elementos de las fuerzas del orden detuvieron a todos los trabajadores y quemaron unas 8.000 toneladas de marihuana.
La prueba definitiva fue una foto aérea, tomada gracias a Kiki Camarena. Caro Quintero juró venganza y meses después acabó matando con saña al agente de la DEA y al piloto de la avioneta. La agencia antinarcóticos estadounidense nunca olvidó la afrenta y lo colocó desde entonces como su máximo objetivo.
Sin embargo, Caro Quintero fue liberado en 2013 por un tecnicismo legal, pero las autoridades mexicanas lo recapturaron en 2022 cuando Washington solicitó su extradición. El excapo ha negado su participación en la muerte del agente de la DEA.
Caro Quintero fue, junto a Ernesto Fonseca Carrillo, más conocido como Don Neto, y Miguel Ángel Félix Gallardo, alias el Jefe de Jefes, fundador del primigenio Cartel de Guadalajara. Con sus dos socios, reescribió la historia del narcotráfico, estableció lazos con carteles en el extranjero y profesionalizó la mecánica de su organización, un modelo que sería seguido en mayor o menor medida por las organizaciones criminales posteriores.

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