Taiwán -la isla autogobernada que Pekín reclama como suya y que cuenta con el respaldo defensivo de EE UU- fue el gran foco de tensión latente durante la visita de Estado que Xi Jinping realizó la semana pasada a Washington para encontrarse con Donald Trump.
A pesar de tratarse de los líderes de las dos mayores potencias mundiales, que arrastran un largo historial de rivalidad, el tono de la cumbre de tres días fue más que cordial. Se convirtió en una escenificación del acercamiento. Tanto es así que Donald Trump habría llegado incluso a preguntar a Xi si Pekín estaría interesado en comprar armas estadounidenses. Al menos así lo ha revelado el embajador de EE UU en China, David Perdue, en una entrevista concedida este domingo a la cadena estadounidense Fox News.
La oferta, al parecer, se habría planteado en el contexto de una conversación sobre el enorme paquete de armamento defensivo, valorado en 14.000 millones de dólares, que la Administrción Trump mantiene bloqueado y pendiente de enviar a Taiwán. Según explicó el diplomático, Trump intentó restar importancia a esta transacción al presentarla como una simple venta más entre las muchas que Washington realiza en todo el mundo.
Perdue explicó que Trump había planteado la posibilidad de vender armamento militar a su principal rival geopolítico. Una propuesta que si llegase a concretarse trastocaría décadas de política exterior estadounidense hacia China y Taiwán, además de exponer tecnología militar crítica a un eventual adversario. Tras las declaraciones de Perdue -quien no detalló cuándo se había planteado la cuestión ni cuál fue la respuesta de Xi-, varios medios estadounidenses citaron a fuentes anónimas del Departamento de Estado que aseguraron que “la ley estadounidense prohíbe la venta de armas a China y no existe ninguna oferta ni plan para llevarla a cabo”, recoge Associated Press.
De hecho, desde la represión de las protestas de la Plaza de Tiananmén en 1989, Estados Unidos mantiene un embargo de armas contra China.
Taiwán, el elefante en la habitación
La propuesta resulta llamativa dada la profunda rivalidad estratégica entre ambas potencias en los ámbitos militar, tecnológico y comercial. Según el diario hongkonés South China Morning Post, EE UU no vende armas convencionales a Pekín desde hace más de tres décadas y ha enfocado gran parte de sus esfuerzos militares en la disuasión del Ejército chino, no en su equipamiento. Más que una oferta formal, todo indica que el planteamiento de Trump respondería a sus habituales intentos de agasajar al mandatario chino.
Estados Unidos está obligado por su propia legislación a proporcionar a Taiwán los medios necesarios para su defensa. Aunque Washington no reconoce oficialmente a Taiwán como un país independiente, se mantiene como su principal patrocinador informal y proveedor de armas, si bien los sucesivos líderes estadounidenses han mantenido la ambigüedad sobre si intervendrían militarmente en caso de una invasión china.
China ha presionado repetidamente a Washington para que detenga el suministro de armas a la isla, una exigencia que cobró especial relevancia tras la cumbre bilateral de mayo entre Trump y Xi en Pekín. Tras aquel encuentro, EE UU congeló el envío del paquete militar, un movimiento que el propio Trump justificó al definir las ventas de armas a Taiwán como una “excelente moneda de cambio” en las negociaciones con Pekín.
Y es que, de cara a las elecciones de medio mandato en EE UU -en las que los republicanos corren el riesgo de perder el control de al menos una de las cámaras del Congreso-, Donald Trump necesita contener el constante desgaste de su popularidad. La desaprobación ciudadana hacia la Casa Blanca se ha visto alimentada tanto por la intervención militar estadounidense en el conflicto con Irán como por la crisis energética derivada de él y el consecuente repunte de la inflación. De ahí que Trump trate de proyectar una imagen de moderación y busque acuerdos tácticos con Pekín, principal comprador de crudo iraní, con el objetivo de estabilizar los mercados
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