Los ciudadanos suizos están llamados a las urnas este domingo, 27 de septiembre, para decidir en referéndum sobre una iniciativa que podría suponer una reorientación de la política exterior y de seguridad del país de los bancos. La iniciativa, denominada «Salvaguardar la neutralidad suiza», ha sido propuesta por un comité y cuenta con el apoyo de la derecha conservadora de la Unión Democrática del Centro (SVP). Propone incorporar a la Constitución que la neutralidad del país es «permanente y armada». En realidad, la Constitución de 1848 ya atribuía a la Asamblea Federal y al Consejo Federal competencias en materia de neutralidad, pero ahora se pretende establecer una interpretación más estricta.
Entre otras cosas, plantea impedir la adhesión a alianzas militares y limitar la cooperación con ellas, salvo en caso de un ataque contra Suiza o de la preparación de un ataque. El texto establece que Suiza no participaría en enfrentamientos militares entre terceros Estados y que se abstendría de adoptar sanciones contra Estados beligerantes, con excepciones para las medidas de Naciones Unidas y aquellas destinadas a impedir la elusión de sanciones. Esta última medida afectaría directamente a las sanciones que el país ha impuesto contra personas o entidades vinculadas a Rusia desde que Rusia invadió Ucrania en 2022.
El empresario y diputado del SVP Franz Günter sostiene que Suiza no ha librado ninguna guerra desde hace 500 años. «Desde hace 200 años, nuestro país se ha librado de grandes conflictos militares e incluso de dos guerras mundiales. ¿Qué Estado en Europa puede decir lo mismo de sí mismo?». Dicha historia de éxito estaría basada en la neutralidad. «Nos ha traído paz, seguridad y credibilidad», y destaca que «un país pequeño como Suiza no debe dejarse triturar entre las grandes potencias». Günter critica las sanciones a Rusia: «Al adoptar sanciones extranjeras, el Consejo Federal ha actuado a la ligera. Las consecuencias son visibles: en el extranjero ya no se nos percibe como neutrales, y las conversaciones de paz importantes ya no se llevan a cabo en Suiza».
En el otro lado del espectro político, el Partido de los Trabajadores de Suiza (PdA), de orientación comunista, también llama a votar por el «sí» en el referéndum, ya que rechaza un posible acercamiento de Suiza a la OTAN. La neutralidad suiza ha demostrado históricamente su eficacia en el ámbito militar, pero no ha sido equivalente a un aislamiento internacional. Suiza dispone de un ejército que participa en actividades de cooperación con otros Estados y con la OTAN, aunque no pertenece a la Alianza.
El PdA critica que la iniciativa haya sido presentada como un producto conservador: «Sin embargo, la verdad es que el impulso inicial de esta iniciativa partió del historiador René Roca, fundador del Centro de Investigación para la Democracia Directa, quien se define a sí mismo como liberal de izquierdas y pacifista». Roca habría intentado, a su vez, atraer al proyecto a políticos de todos los partidos, incluidos socialdemócratas y verdes, sin éxito.
La historia muestra también que neutralidad y aislamiento económico son conceptos distintos. Durante la Segunda Guerra Mundial, el sistema financiero suizo gestionó activos pertenecientes tanto a víctimas como a perseguidos por el nazismo. Suiza se convirtió en un importante centro financiero y comercial dentro de la economía de guerra europea.
Tras el conflicto, las autoridades investigaron los activos alemanes depositados en el país y, décadas después, el Parlamento creó en 1996 la conocida como Comisión Bergier para esclarecer el alcance y el origen de los bienes relacionados con el régimen nazi, en especial el papel desempeñado por Suiza en el comercio del oro recaudado por la Alemania nazi, incluido el procedente de territorios ocupados y de las víctimas de la persecución nazi. Asimismo, los bancos suizos también albergaron parte de las fortunas robadas a los judíos. Por ello, más que hablar de una neutralidad económica absoluta, Suiza mantuvo su neutralidad militar mientras estaba integrada en la economía europea.
La votación del domingo conecta con ese debate histórico sobre la neutralidad. El Gobierno y el Parlamento quieren mantener la práctica actual, que permite cierta flexibilidad, mientras que los promotores de la iniciativa reclaman una interpretación más estricta. El resultado de la consulta determinará el margen de maniobra de esa neutralidad en el futuro.
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