¿Quién cuida al perro Caramelo? El animal más famoso de América Latina es de todos y a la vez de nadie

Caramelo duerme fuera de una tienda de conveniencia, cruza la calle respetando semáforos invisibles y se acerca sin miedo a quien lo quiere acariciar. En la colonia, todas las personas lo conocen. En el mejor de los casos, alguien le da comida, otro le ofrece un recipiente con agua y, de vez en cuando, una persona lo lleva al veterinario. Con su pelaje amarillento (ideal para reflejar el calor y tolerarlo), su constitución resistente y sus ojos expresivos, Caramelo se ha moldeado para sobrevivir entre el asfalto.

En América Latina, desde las calles de Ciudad de México hasta las de São Paulo, estos perros son parte del paisaje cotidiano. El éxito de la película brasileña Caramelo, estrenada en Netflix en octubre del año pasado, es prueba de este vínculo afectivo. En México, recientemente han acaparado la conversación, pues la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (Propaem) los ha reconocido como una de las “razas” emblemáticas del país. No obstante, su existencia es recordatorio de una deuda con los animales en situación de calle.

Más allá de una “raza”

Un estudio genético realizado en Brasil en 2025 —uno de los más ambiciosos hasta la fecha— analizó a más de 300 ejemplares y decenas de miles de marcadores genéticos para descifrar el origen del “vira-lata”, como se les conocer en en el país latinoamericano a los perros Caramelo. El resultado es un ADN en el que las piezas del rompecabezas tienen el rastro de casi 300 “razas” distintas, desde pastores alemanes hasta pequineses.

Lo increíble de Caramelo es que, a pesar de su origen tan diverso, todos se parecen: tienen un tamaño medio, cuerpo más o menos atlético, hocico afilado, pelaje corto y orejas en ese punto exacto entre la alerta y la caída. Los perritos con estas características han sobrevivido porque son aptos. Incluso su color narra una historia de supervivencia. El tono amarillo que les da nombre es un rasgo funcional que ofrece mayor resistencia al sol e incluso a enfermedades.

Pero su existencia se explica “a raíz del abandono”, señala a EL PAÍS Josune Luquin, fundadora de Adoptist, una plataforma que amplifica las historias de perros y gatos rescatados en busca de hogar. “El gen del pelaje amarillo es dominante. A lo largo de varias generaciones, es más probable que prevalezcan estos perros, hasta que terminamos identificando a ese ‘perrito de la calle’ mexicano. Pero no es un motivo de orgullo, sino un problema real que hay que atender”, añade.

Aunque el reconocimiento a Caramelo generó una ola de mensajes en redes sociales, la realidad en las calles es que los perros amarillos son considerados “invisibles” entre rescatistas de animales y en albergues. En el caso de Adoptist, donde actualmente promueven la adopción de al menos 800 perros, Luquin calcula que un tercio son canes Caramelo. “Estos perritos pueden pasar años sin recibir una sola solicitud de adopción”, explica. La diferencia es notable frente a los perros de “raza”, como el Golden Retriever o el Pastor Alemán, que pueden acumular hasta 200 solicitudes.

Perros sin cuidador

México encabeza estas cifras incómodas en América Latina. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que alrededor del 70% de los perros en el país viven en situación de calle. Las estimaciones varían, pero coinciden en la magnitud: más de 13 millones de perros deambulan sin hogar y, si se suman gatos, la cifra supera los 29 millones de animales abandonados o sin cuidador. Lejos de tratarse de animales nacidos en la intemperie, la mayoría comparte un mismo origen: al menos siete de cada diez fueron alguna vez mascotas. El abandono es constante: más de 1.300 animales de compañía son dejados cada día en el país.

Unos días antes del anuncio de la Propaem, en el mismo Estado de México, pero en el municipio de Tecámac, una noticia causó conmoción. La exalcadesa Mariela Gutiérrez admitió que durante su gestión, entre 2019 y 2024, se sacrificaron al menos 10.000 perros en situación de calle. “Cada acción que se tomó fue bajo un principio claro: reducir el sufrimiento, proteger a la población animal y actuar conforme a la ley. Fueron decisiones respaldadas por los protocolos”, dijo la ahora senadora del partido Morena en una conferencia de prensa desde el Senado. Sin embargo, aún quedan dudas de los métodos que se utilizaron y las razones que llevaron a esa decisión.

Aunque los Caramelo podrían entrar en el término de perros comunitarios, sin un cuidador responsable no tienen garantizadas vacunas, esterilización, atención médica ni resguardo frente a la violencia o los accidentes. Su bienestar depende de una cadena frágil de voluntades individuales, siempre susceptible de romperse. Ser de todos, y a la vez de nadie, los condena a una forma de abandono compartido.

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