Las votaciones presidenciales transcurren con tranquilidad y filas en Colombia

Las tensiones y la polarización de las semanas previas a las elecciones presidenciales en Colombia se han convertido en tranquilidad y filas largas en los puestos de votación este domingo. La primera vuelta electoral ha comenzado a las ocho en punto de la mañana, cuando el registrador nacional, Hernán Penagos, declaró la apertura oficial de la jornada. El parte ha sido de calma. A su lado, en la icónica Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, el presidente Gustavo Petro habló brevemente sobre la necesidad de proteger los votos de la ciudadanía y evitar presiones externas.

Una vez más, el jefe del Estado hizo un énfasis particular en la posibilidad de un fraude y solicitó a la Registraduría que asuma, para próximas elecciones, el software que permite hacer el conteo de votos y que hoy es subcontratado con una empresa privada. Petro reiteró su petición minutos después, tras depositar su voto en la urna de la mesa uno en la Plazoleta Mosquera, en el Capitolio Nacional. El presidente mostró su tarjetón electoral en el que podía verse su voto por el senador Iván Cepeda, con quien espera que continúe el proyecto que él inició hace cuatro años.

En un país conocido por ser madrugador, buena parte de los 41 millones de colombianos empezaba a acudir a las urnas desde su apertura. Las calles de Bogotá han amanecido llenas de gente que paseaba tras depositar su voto. La participación promete ser alta, según han contado a EL PAÍS fuentes que están monitoreando la jornada electoral.

Al igual que buena parte de la ciudadanía, varios candidatos presidenciales se han acercado desde temprano a sus puestos de votación. El centrista Sergio Fajardo, muy rezagado en las encuestas, se mostró confiado en que su aspiración dará una sorpresa este domingo después de las cuatro de la tarde, cuando se cierren las urnas y se empiecen a conocer los resultados. Tras votar en Medellín, la ciudad donde nació, anunció que volaría a Bogotá para esperar los veredictos en su sede de la capital, una casona en el barrio de Chapinero.

Minutos más tarde, el ultra Abelardo de la Espriella se acercó a su puesto de votación, en Barranquilla, rodeado de simpatizantes que gritaban consignas a su favor, desde el genérico “Sí se puede” hasta el estribillo de una de las canciones de su campaña, “Ponle la raya al Tigre”. También se lanzaron con un “Fuera Petro” contra el presidente de la República. La ciudad, la mayor de la región Caribe, es uno de los grandes fortines del presidente y en general de la izquierda, pero De la Espriella, que tiene allí su sede y su principal residencia, ha impulsado su estrategia con el lema de “costeño vota a costeño”, como recordó en la noche de este sábado en entrevista con el influenciador Westcol. El Caribe no tiene un presidente propio desde el siglo XIX, cuando ejerció el poder Rafael Núñez. Aunque Petro nació y creció allí, tiene un estilo más propio del interior andino del país. El ultra recibirá los resultados en una zona de espacio público de Barranquilla y no en Bogotá como es tradición en un país centralista.

Casi en simultáneo, la senadora y candidata de la derecha tradicional, Paloma Valencia, se dejaba ver en Rionegro, a las afueras de Medellín. Llegó hasta allí para acompañar a votar al expresidente Álvaro Uribe, cabeza de la derecha colombiana durante más de dos décadas y a quien ha llamado a lo largo de la campaña “papá”. Jugando su capital político por una candidatura que flaquea en las encuestas, Uribe recurrió al fantasma del chavismo, que ha usado desde los tiempos del plebiscito de 2016, para atacar al candidato oficialista, Iván Cepeda: “Petro y Cepeda hacen todo lo posible para instalar en Colombia una sucursal chavista”, dijo antes de votar. Tras acompañar a su jefe y mentor, Valencia se desplazó a Bogotá para votar poco después del mediodía. Allí, donde nació y reside, esperará los resultados, no en su sede permanente, sino en un centro de convenciones.

Más tarde, a media mañana, el senador Iván Cepeda se acercó a su lugar de votación en el colegio San Lucas, en la localidad de Kennedy, suroccidente de Bogotá. “Invitamos a honrar al pueblo colombiano, a honrar la democracia, a respetarla. Estamos convencidos de que hoy en la tarde celebraremos el segundo gobierno progresista”, dijo al salir del salón en el que votó el puntero en todas las encuestas. Unos minutos antes había votado en el centro de la ciudad Aida Quilcué, su fórmula vicepresidencial, quien al salir del puesto invitó a la ciudadanía a acudir a las urnas, como un derecho constitucional: “El llamado es a que hoy ejerzan el derecho al voto en el marco de la Constitución Política de Colombia, que ese derecho al voto sea tranquilo, que sea libre, consciente y democrático”.

Hasta el mediodía, y pese a semanas de amenazas, ataques e incluso asesinatos a miembros de las campañas en las regiones en las que los grupos ilegales tienen presencia, el reporte en seguridad era de tranquilidad. El principal riesgo para esta jornada electoral, según ha advertido el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, es la compra de votos, una batalla que se permanente en Colombia elección tras elección.

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