La NASA quiere ‘militarizarse’: su jefe trumpista llama a trabajar estrechamente con el Pentágono

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El administrador de la NASA, Jared Isaacman, acaba de declarar que es imperativo que la agencia espacial y el Pentágono colaboren estrechamente para ganar la carrera a la Luna contra China, una pugna que Pekín podría estar ganando ya con su constelación de satélites de vigilancia y comunicación en órbitas cislunares que están operativos en estos momentos. “Deberíamos colaborar sin ninguna duda, en particular cuando pensamos en el entorno cislunar, en áreas que beneficien nuestras ambiciones civiles y los avances científicos que perseguimos, pero que también refuercen nuestra presencia de seguridad nacional más allá, en el espacio”, afirmó ayer durante la conferencia AFA Air, Space & Cyber en National Harbor, Maryland.

Isaacman —un multimillonario trumpista que se hizo con la dirección de la agencia por su afición al espacio y su amistad con Elon Musk— considera que “el éxito en esta empresa se medirá en meses, no en años”, motivo por el cual deberían unir fuerzas para avanzar rápido y llegar los primeros. “Nuestros aliados y adversarios están mirando. También cada país que esté decidiendo qué tecnología comprar, qué normas adoptar, qué relaciones de seguridad profundizar y qué visión del futuro seguir”. Para él hay que hacer que la NASA y el Departamento de Defensa colaboren muy estrechamente para garantizar la seguridad nacional, pero sin hacer que la agencia norteamericana se convierta en una extensión del Pentágono como es el caso de la agencia del espacio china y el Ejército Popular de Liberación.

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Rumbo al choque

Washington quiere astronautas sobre la superficie lunar en 2028. Pekín ha fijado públicamente 2030 para sus taikonautas. Quien gane se quedará con lo mejor del polo sur lunar, con sus recursos claves y la autoridad geopolítica que otorga clavar la bandera en primer lugar. Quien pierda verá cómo las capitales aliadas reevalúan en qué compromisos de defensa, tecnologías y normas confían, afirma el administrador de la agencia espacial norteamericana.

El margen de EEUU es mínimo. La fecha límite de 2028 ha bailado varias veces. Los inspectores de EEUU consideran que el objetivo es imposible de cumplir. El plan chino, en cambio, es creíble. “Cuentan con una arquitectura de dos lanzamientos viable para poner a sus taikonautas en la Luna. Han demostrado la reutilización de sus cohetes. Tienen la experiencia, y la historia demuestra que incluso podrían adelantarse, mientras que nosotros podríamos llegar tarde con facilidad”, advirtió Isaacman. Su conclusión es que “China conseguirá lo que los soviéticos jamás pudieron”.

Hay un problema de espacio. El terreno útil cerca del polo sur es escaso —una cuestión de “plazas de aparcamiento limitadas”, en palabras de Isaacman— y el programa chino apunta exactamente a los lugares que EEUU desea. “Esto genera urgencia, y tenemos que actuar, porque los chinos van exactamente a las mismas ubicaciones“, afirma.

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Ilustración de una base espacial lunar china. (Inteligencia artificial/Novaceno)

Ilustración de una base espacial lunar china. (Inteligencia artificial/Novaceno)

Durante su discurso, Isaacman echó la vista atrás hacia el 20 de julio de 1969 para poner precio al fracaso: “Me gustaría pensar que el 20 de julio de 1969 envió un mensaje a todos nuestros adversarios en el mundo: ‘¿De qué más será capaz EEUU? Quizá deba pensármelo dos veces antes de meterme con sus intereses’. Y creo firmemente que lo contrario es verdad, y que no lograrlo invita a que te avasallen. Si nos quedamos cortos, si fracasamos en esto y los chinos consiguen llegar allí… hará que todos nuestros aliados se pregunten de nuevo: ‘¿En las garantías de seguridad de quién confío? ¿Qué tecnología debo seguir? ¿A qué normas debo atenerme?’. Son consecuencias reales”.

Sin embargo, su empeño en colaborar con el Pentágono choca en parte con el ADN fundacional de la NASA. La agencia se creó al margen del Departamento de Defensa, con unos estatutos centrados en vuelos espaciales sin fines militares. Misiones que respetan el acuerdo espacial internacional que representa los cimientos de la exploración espacial y protege el cosmos de la proliferación militar.

En la práctica, ambas instituciones llevan décadas cooperando en programas específicos, pero no de forma total como hace Pekín. China no distingue entre el espacio militar y el civil en ningún sector industrial. Una base lunar china puede acabar sirviendo a fines de defensa. Es lo más probable.

Armamento en órbita

Mientras, el Pentágono está haciendo la guerra por su cuenta, literalmente. Un día antes del discurso de Isaacman, el secretario del Ejército del Aire, Troy Meink, realizó un reconocimiento público sin precedentes en la historia: la Fuerza Espacial tiene en órbita armas de control espacial. Meink no dio detalles sobre qué son o cuándo entraron en servicio pero Juliana Suess, del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad, lo calificó como algo grave. Es el primer reconocimiento abierto de Washington de una capacidad armamentística en órbita, tras años en los que EEUU, China y Rusia han investigado y probado armas sin llegar a admitirlo. “No revelar con exactitud qué es responde a una consideración estratégica. Podría ser cualquier cosa”, afirma Suess. “Lo único que sabemos es que está basado en el espacio, así que no se trata de un misil lanzado desde la Tierra capaz de alcanzar un satélite en órbita”.

En declaraciones a la CNBC, Victoria Samson, directora principal de la Secure World Foundation, afirma que el anuncio tiene dos fines: “Es posible que busque un efecto disuasorio para que los adversarios se lo piensen dos veces antes de interferir con los sistemas espaciales de EEUU”. También cree que busca consolidar a la Fuerza Espacial como una rama combatiente real, y no como un cuerpo militar de mero apoyo a los demás ejércitos norteamericanos. Según ella, “en términos generales, es una declaración muy desestabilizadora por parte de EEUU”.

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Foto de la Tierra y la Luna desde la misión Artemis 2. (NASA)

Foto de la Tierra y la Luna desde la misión Artemis 2. (NASA)

Pekín, mientras tanto, sigue desplegando sus propias fuerzas, gestionando un programa espacial sin barreras entre lo civil y lo militar, enfocado a dominar la órbita terrestre baja y proyectarse desde allí hacia el espacio cislunar y las bases lunares permanentes. Meink advierte de que las amenazas se aceleran a un ritmo insólito, con sus rivales sacando partido de las tecnologías emergentes. Suess afirma que EEUU aumentará drásticamente su poder de combate sumando grandes cantidades de “sistemas altamente autónomos”.

El empuje espacial encaja con el actual rearme mundial: los campos de batalla de Ucrania han volcado el combate de forma decisiva hacia los sistemas autónomos, la inteligencia artificial y los drones, mientras que la histórica salida a bolsa de SpaceX en 2026 —la mayor de la historia— tiene a los inversores volcados en la economía espacial comercial. Suess espera que Moscú y Pekín respondan primero mediante denuncias diplomáticas contra la militarización espacial de Washington, para luego exhibir quizá sus propias armas, como ya han hecho antes. “Ahora que EEUU se muestra más abierto al respecto, la duda es si estos países seguirán el ejemplo y serán también más transparentes sobre su propia actividad”.

En otras palabras: fuera las caretas. El espacio será un campo de batalla, igual que la superficie terrestre. Para EEUU, dado su expansionismo actual, no hay nada nuevo bajo el sol. Empezamos con Venezuela, seguimos con Groenlandia y acabaremos en la Luna. Y para China y Rusia, tres cuartos de lo mismo.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, acaba de declarar que es imperativo que la agencia espacial y el Pentágono colaboren estrechamente para ganar la carrera a la Luna contra China, una pugna que Pekín podría estar ganando ya con su constelación de satélites de vigilancia y comunicación en órbitas cislunares que están operativos en estos momentos. “Deberíamos colaborar sin ninguna duda, en particular cuando pensamos en el entorno cislunar, en áreas que beneficien nuestras ambiciones civiles y los avances científicos que perseguimos, pero que también refuercen nuestra presencia de seguridad nacional más allá, en el espacio”, afirmó ayer durante la conferencia AFA Air, Space & Cyber en National Harbor, Maryland.

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