En Chile, los estadios de Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Copiapó, La Serena, Coquimbo, Ovalle, Viña del Mar, Valparaíso, Rancagua, Talca, Curicó, Concepción, Chillán, Temuco, Puerto Montt y La Florida fueron construidos o remodelados en los últimos 20 años con recursos públicos.
Fue una política de estado levantada por Michelle Bachelet e impulsada por Sebastián Piñera en períodos consecutivos. Se intentó remodelar el Estadio Nacional en varias oportunidades sin lograrlo, pero la infraestructura deportiva de los Juegos Panamericanos fue un inmenso paso en la capacidad organizativa del país.
El presidente José Antonio Kast pretende, de manera sorpresiva, retomar ese camino tras anunciar que quiere “que varios de los clubes logren sus instalaciones, si hay clubes grandes que merecen tener un lugar, un recinto deportivo donde crecer donde poder potenciarse. Uno va a otros países y hay no solamente centros deportivos para el club, sino también para la nación entera. Que los clubes de las regiones puedan potenciarse, que sea una realidad, que tengan certeza de que ese campo deportivo va a ser para ese fin. Recuperemos estadios. Démosles estadios a aquellos clubes y que no sea más parte de una campaña política. Esto es una política de Estado, trasciende mucho más allá de lo que uno se puede imaginar, porque lo más importante de los clubes son los hinchas”.
Sus palabras, pronunciadas en el Estadio Nacional mientras promulgaba la nueva ley de sociedades anónimas, provocaron sorpresa, pues las últimas grandes señales económicas del Gobierno apuntar a reducir gastos del Estado en materias tan importantes como salud y educación, y apenas días después de que el ministerio del Deporte anunciara la cancelación de los Juegos Deportivos Nacionales y Paranacionales 2026, dejando sin su máxima instancia de competición a cerca de 3.000 atletas.

Más aún, el anuncio de Kast reabrió la polémica sobre financiar con fondos públicos una actividad privada, administrada por propietarios que en muchos casos aún no son individualizados y que, en la Universidad de Chile, están inmersos en un escándalo financiero y judicial sin precedentes en la historia del fútbol chileno. Y coincide con la llegada de diversos actores políticos a las directivas del cuadro azul y Colo Colo: Cecilia Pérez, José Miguel Insulza, Francisco Aylwin, Nicolás Monckeberg, Paul Fontaine, entre otros, que tendrían como misión precisamente hacer lobby con el poder.
Duranta la campaña presidencial, el candidato Marco Enríquez Ominami, hincha de la Universidad de Chile, comprometió ayuda estatal para la construcción del anhelado estadio del club, en una sociedad público-privada que ayudaría a generar empleos e inversión, lo que fue duramente criticado por los adherentes a José Antonio Kast, en el marco de la “situación de emergencia” en que, aseguraban, estaba el país. Hoy es el propio fundador del Partido Republicano quien tomas las banderas de esta sociedad para echar adelante un proyecto que ni siquiera existe, pues la institución universitaria no ha conseguido aún un terreno para construir el recinto.
El inesperado anuncio complica una vez más a la ministra del Deporte, la exatleta Natalia Duco, quien en los dos meses que lleva en el cargo no ha podido acallar las protestas de los deportistas ante los recortes en los planes de las federaciones. Su única promesa, hasta ahora, había sido dotar de mejor indumentaria a los seleccionados en las competencias internacionales.
Si efectivamente Kast decide retomar la política de inversiones en infraestructura deportiva, estaría manteniendo una política muy consolidada en las últimas décadas, pero olvidando un recinto que requiere de una urgente transformación profunda, como el Estadio Nacional. Si es otro volador de luces, será inevitable recordar la promesa del general Augusto Pinochet, poco antes del plebiscito de 1988, que permitiría a Colo Colo finalizar el Estadio Monumental. Esos dineros jamás llegaron, y la promesa electoral quedó en el aire.
Los ilusionados hinchas de la U (que sueñan históricamente con su estadio propio) y los de Colo Colo (que anhelan mejores condiciones en el Monumental) ya se ilusionaron. Aunque todos dudan si el anuncio será sólo una metáfora, como definió el propio José Antonio Kast las promesas que no pueden cumplirse.

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