Colombia y Ecuador han tensado hasta el máximo sus relaciones diplomáticas. Ambos gobiernos han llamado a consultas a sus respectivos embajadores y han anunciado aranceles de hasta el 100%, lo que supone en la práctica un golpe mortal para el comercio bilateral. Por delante no solo están rompiendo con un vínculo binacional histórico, sino también con la Comunidad Andina, un organismo internacional de cooperación fundado hace más de 50 años que, con esta escalada diplomática, enfrenta una de sus peores crisis.
La Comunidad Andina (CAN) está compuesta por cuatro países: Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Durante su medio siglo de historia contó con otros miembros como Chile o Venezuela, que rompieron con el grupo durante los mandatos de Augusto Pinochet y Hugo Chávez. El organismo, con sede en Lima, tiene como objetivo principal la integración de estos países en aspectos comerciales, políticos y sociales. Esta cooperación se ha traducido en medidas como el libre comercio sin aranceles entre los socios, la libre movilización ciudadana para 120 millones de personas en cuatro países o la eliminación de trámites burocráticos en aduanas.
Pese a esta normativa común y la relevancia para el comercio colombiano —un 7% de sus exportaciones anuales— el Gobierno colombiano parece decidido a ponerle punto final a esta alianza. El presidente Gustavo Petro aseguró que la “monstruosidad” de implementar aranceles del 100%, como hizo Ecuador con las importaciones colombianas, significa el “fin del Pacto Andino para Colombia”. El mandatario exhortó a su canciller a “iniciar el paso” para ser socios plenos de Mercosur, otro bloque de integración económica compuesto por Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia.
Para Jorge Pedraza, exsecretario general de la CAN, la Comunidad Andina es el “organismo internacional más sólido de toda América Latina”. El exdiplomático explica que, a diferencia de Mercosur, tiene un carácter supranacional, que permite implementar las normativas sin necesidad de la aprobación de los parlamentos nacionales. Este proceso está a merced de la política de los países. “Hay una idealización de Mercosur. También es una zona de muchas tensiones si los principales países, Brasil o Argentina, tienen gobiernos de distinta ideología”.
Aun así, Pedraza admite que la pugna entre Colombia y Ecuador supone una de las peores crisis del organismo. “Compromete la estabilidad y su solidez. Esa retaliación de aranceles parece una pelea de barrio de niños peleando por una pelota y eso no le conviene ni a los colombianos ni a los ecuatorianos. Lo que está ocurriendo es irracional porque se han violado las normas andinas de comercio”, advierte. Y apunta que una salida de Colombia, “el país más importante” por población y PIB per cápita, rompería casi de manera definitiva al organismo.
El exlíder ejecutivo de la CAN y excongresista colombiano subraya que la culpa es compartida entre Gustavo Petro y Daniel Noboa y considera que la crisis se ha exacerbado por el momento de polarización política global: “Hasta hace muy poco podían sentarse Iván Duque y Evo Morales o Pedro Castillo con Guillermo Lasso. Ahora, cuando se ideologizan los temas, los presidentes están creando un perjuicio a la integración. Y no solo ocurre en la CAN, también en Mercosur o la Unión Europea”.
La controversia se originó a finales de enero cuando el Gobierno ecuatoriano anunció aranceles del 30% contra Colombia por supuestamente no cooperar con la seguridad en la frontera. El Gobierno Petro respondió con la misma tasa. Un mes después, Noboa elevó las tarifas a un 50% bajo el mismo argumento. En paralelo, se gestaba una crisis diplomática sin precedentes. A mediados de marzo, Petro denunció a su homólogo de haber bombardeado Colombia, una acusación que Noboa rechazó. A los pocos días se reveló que detrás había un episodio aislado: una bomba lanzada en la frontera por un avión militar ecuatoriano rebotó y acabó en territorio colombiano.
El toma y daca más reciente ocurrió la semana pasada. Una publicación en X de Petro en la que dijo que el exvicepresidente ecuatoriano de izquierdas Jorge Glas —condenado por malversación— es un “preso político” provocó la furia del derechista Noboa, que llamó a consultas a su embajador, para después anunciar un alza al 100% de sus aranceles contra Colombia. El Ejecutivo colombiano también llamó a consultas a su embajadora, dejando al punto de quiebre la relación bilateral. Según avisó Petro, Colombia no impondrá la misma tarifa, sino que implementará tasas “inteligentes”.
Los comerciantes son los más preocupados por esta confrontación que amenaza con extinguir la CAN. Analdex, el gremio colombiano más importante de exportadores, analizó las consecuencias que habría para Colombia si rompe con el Pacto Andino. “Sería una decisión de alto costo jurídico, comercial e institucional. La Comunidad Andina hoy ofrece un mercado regional relevante para las exportaciones colombianas, un andamiaje comunitario ya internalizado y una flexibilidad mayor para la política comercial externa”, indica la agremiación.
Los exportadores prevén varios riesgos si esta ruptura llega a ocurrir. Por un lado, hablan de un vacío regulatorio y de una pérdida del mercado regional. La sustitución de reglas obligaría a Colombia a negociar nuevas condiciones comerciales con los otros tres países andinos. Y, en caso de que el Gobierno continúe con su idea de adherirse a Mercosur, Analdex advierte de choques sobre insumos y aranceles, y de un alto costo diplomático. “Salir de la Comunidad Andina enviaría una señal política fuerte a los socios andinos y debilitaría una plataforma regional que Colombia ha utilizado históricamente para integración, vecindad y comercio”, recalca.
La diplomacia ha intentado a toda costa evitar este escenario. Delegados de ambos países se han reunido en dos ocasiones este año y han acordado reforzar la seguridad fronteriza. Sin embargo, el Ministerio de Exteriores colombiano aseguró a finales de marzo que las negociaciones están estancadas, con el nuevo escollo de no tener a sus respectivos embajadores en los países.
El actual secretario general de la Comunidad Andina, el peruano Gonzalo Gutiérrez, expresó el fin de semana “su profunda preocupación por las medidas recientes” y exhortó a ambos mandatarios, con los que conversó en momentos distintos, a retomar el diálogo de alto nivel para no romper con “casi sesenta años de esfuerzo sostenido”. De momento, estas peticiones parecen llegar a oídos sordos. Desde 2022 no se han reunido los presidentes de los cuatro Estados miembros de la CAN, una señal más de que la división entre gobiernos tiene en jaque al mecanismo creado para la cooperación internacional.

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