El exembajador estadounidense Ken Salazar no podría haber encontrado mejor momento para promover su libro de memorias, Borderlands (BenBella Books, 2026), próximo a publicarse. Esta semana, Salazar ha estado en boca del Gobierno mexicano por el caso de la turbia captura de Ismael El Mayo Zambada, líder del Cartel de Sinaloa, y su posterior entrega a autoridades de Estados Unidos, hace dos años. El Gobierno de Claudia Sheinbaum señala al que fue embajador durante el periodo presidencial de Joe Biden (2021-2025) de haber mentido en torno a las circunstancias en que se dio esa detención, completamente a espaldas de las autoridades mexicanas. El asunto ha revivido tras la revelación de que el FBI de Estados Unidos tenía en su poder el avión en el que fue trasladado el capo, e incluso que asume el crédito de la operación. Salazar negó en aquel momento que el Gobierno de su país hubiera estado envuelto en el caso, que ha prendido en México las sospechas de que Washington mantiene operaciones encubiertas en su territorio sin autorización.
En su libro de memorias, del que EL PAÍS ha conseguido una copia, el exfuncionario aporta detalles de la captura del Mayo y de cómo terminó por causar la ruptura diplomática con el entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador. Salazar se sostiene en su punto de que Estados Unidos no aportó recursos para llevar a cabo la operación; en cambio, atribuye el destino de Zambada enteramente a la “traición” ―a cambio de beneficios judiciales― de parte de su propio ahijado, Joaquín Guzmán López, descendiente sanguíneo de Joaquín El Chapo Guzmán, este último un antiguo socio del Mayo. “De repente, Estados Unidos tenía bajo custodia a dos muy valiosos objetivos, no gracias al Gobierno mexicano, sino más bien a lo que pareció ser una acción hostil emprendida por un miembro del cartel en contra de otro”, escribe.
Salazar afirma que no se enteró de la entrega de Zambada sino hasta después de que se consumó. “Al igual que para cualquier otro funcionario estadounidense, fueron una completa sorpresa”, afirma. El entonces embajador, según su relato, se apresuró a avisar a López Obrador de que su país no había tenido nada que ver: “Sabía que estos arrestos podrían molestar enormemente al presidente saliente de México. Sospechaba que le costaría aceptar que el Gobierno de Estados Unidos no había estado directamente involucrado de ninguna manera”. Salazar deja ver que Washington era consciente de que el asunto de la injerencia era delicado para el mandatario: “[López Obrador] tenía que entender que Estados Unidos no tenía conocimiento previo de este secuestro y que bajo ninguna circunstancia habíamos llevado a cabo una operación no autorizada en suelo mexicano, lo cual habría sido una grave violación de su soberanía”.
Las explicaciones de Salazar no ablandaron a López Obrador, y ahora ponen al exembajador en el centro de la diana. La semana pasada, se dio a conocer que el Buró Federal de Investigaciones de EE UU (FBI, por sus siglas en inglés) había donado a un museo de Nuevo México la aeronave Beechcraft King Air 200 en la que llegaron El Mayo Zambada y Guzmán López, El Güero, el 25 de julio de 2024. Varios medios difundieron imágenes inéditas del arribo del avión aquel día, en las que se ve a los dos capos descendiendo del vehículo, rodeados de, al parecer, funcionarios estadounidenses. La incógnita es si estos, o una parte de estos, también viajaron en la aeronave que despegó de Culiacán, capital de Sinaloa, lo que confirmaría las sospechas del Gobierno de Sheinbaum de presuntos actos de violación a la soberanía mexicana.
Según Salazar, solo “había tres personas a bordo”: los dos narcos y el piloto, del que, a la fecha, sigue sin conocerse su identidad (el embajador aseguró a las autoridades mexicanas que el piloto no era estadounidense ni había sido contratado por su Gobierno). El libro de memorias agrega que, tras despegar, el avión apagó sus sistemas de rastreo y reapareció cerca de la frontera. Solo entonces “se dio aviso a las autoridades de Estados Unidos”. Esta explicación coincide con la que funcionarios del país norteamericano dieron a sus contrapartes mexicanas. Tras el aviso, siempre según el relato de Salazar, la oficina del FBI en El Paso, Texas, “se apresuro a enviar un equipo de arresto y SWAT [fuerzas especiales] a la pista, que recibió al Beechcraft al aterrizar. El avión rodó una corta distancia hacia el equipo que esperaba y, después de que el piloto apagó los motores, la puerta se abrió”.
Primero salió El Güero “con las manos en alto”. Mientras los agentes le apuntaban con sus armas, se identificó por su nombre, y luego fue esposado. Zambada no bajó, sino que, dice Salazar, las autoridades tuvieron que entrar por él. “Los agentes abordaron cuidadosamente la aeronave y encontraron a una figura fuertemente sedada, con bridas plásticas sujetándolo a su asiento. Para su sorpresa, era Ismael El Mayo Zambada”, explica. Salazar luego relata detalles de la reunión a la que el capo fue atraído con engaños por su ahijado y de cómo fue sometido y subido al avión a la fuerza. También habla de los esfuerzos que hizo por deslindar de responsabilidad a Washington, por ejemplo, con un nuevo mensaje privado que le envió a López Obrador, firmado esta vez en conjunto con el entonces fiscal estadounidense, Merrick Garland: “No fue nuestro avión, ni nuestro piloto, ni nuestra operación”, le escribieron al mandatario, que de nueva cuenta no respondió.
El caso del Mayo y las críticas de Salazar a la reforma judicial que impulsaba el oficialismo quebraron la relación bilateral. López Obrador deploraba que la operación en Sinaloa podría derivar en una crisis de violencia, como finalmente ocurrió. El exembajador apunta que una de sus fuentes, un “prominente empresario” que “era amigo y confidente” del mandatario, le confió que López Obrador estaba “muy preocupado” por la información que Estados Unidos pudiera obtener de Zambada, en el sentido de que este “revelara secretos” de funcionarios mexicanos. La presidenta Sheinbaum salió al paso y aclaró que, si de algo estaba preocupado su antecesor, era de la injerencia de EE UU en México. Ahora, la mandataria ha exigido nuevamente explicaciones a Washington para despejar los persistentes nubarrones sobre el caso del Mayo.

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