ICE liberó a inmigrante casado con estadounidense y con 30 años en Estados Unidos

En medio de las actuales políticas de deportaciones, hay historias de esperanza entre los inmigrantes, como la de Carlos Della Valle, quien fue liberado por la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

“Es una historia de amor”, expresó Angela Della Valle, esposa de Carlos, quien estuvo 8.5 meses detenido en Louisiana, luego de haber sido detenido en Pensilvania. Ella es ciudadana estadounidense, pero su caso es ejemplo del de miles de personas que no logran la Green Card para sus parejas.

Ella lideró la defensa de su esposo, a través de American Families United (AFU), de la que es integrante. Incluso logró la empatía del senador republicano Dave McCormick (Pensilvania), quien abogó por Carlos.

Angela y Carlos, quienes llevan 24 años casados, también tuvieron el respaldo de la American Business Immigration Coalition (ABIC), amigos y aliados de la comunidad.

La pareja vive en Downington, Pensilvania, y tienen un hijo, Alessandro, que cursa estudios universitarios. Carlos es gerente de planta en una empresa de adhesivos, pagó sus impuestos anualmente y nunca recibió beneficios del gobierno.

La liberación de Carlos se produjo tras la constante presión ejercida por AFU, ABIC, líderes religiosos, empresarios y un grupo bipartidista de aliados en el Congreso que se unieron a Angela en el Capitolio.

Tras su arresto, Carlos estuvo en la prisión conocida como el Alcatraz, en Florida, pero luego fue trasladado a Louisiana.

Angela se refiere al caso como “una historia de amor”, en referencia a un artículo que el Miami Herald publicaría justamente con ese título, pero afirma que los editores opinaron distinto al periodista que reportó el caso en Florida.

“Creo que él lo describió. Lo entendió mejor desde el principio. Esta es una historia de amor. Iba a titular su primer artículo sobre nosotros: ‘La historia de amor americana’. Sus editores opinaron lo contrario, pero realmente lo es, porque es la historia de amor”, dijo Angela en una conferencia de prensa virtual la semana pasada.

Sin embargo, ella se refirió al amor que le expresaron con su apoyo miembros de la comunidad, congresistas y las organizaciones civiles.

“Es la historia de amor de otros vecinos que cuidan de nuestra casa. Bueno, nosotros no hemos estado allí”, dijo ella.

La defensa de Carlos fue posible a pesar de que fue enviado a una prisión lejos de su comunidad, lejos de su red de defensa y apoyo, una práctica común de ICE que diversas organizaciones han alertado, lo que complica la defensa de las personas detenidas.

La historia de Carlos y Angela es similar a la de 1.5 millones de familias, donde alguno de los titulares es indocumentado. La mayoría (80.2%) vive en el país; mientras en el 11.4% de los casos, alguno de los integrantes vive fuera del país, y el 8.4% de estas parejas vive fuera de EE.UU., debido a las complicaciones migratorias, según un reciente reporte de AFU.

La sorpresa de la liberación

Carlos compartió que fue una sorpresa para él cuando le informaron que sería liberado. Ocurrió cuando se alistaba para una cita médica. Él no podía creer que le dijero que iba a ser libre.

“Creo que [la guardia] me lo dijo al menos tres o cuatro veces antes de que supiera exactamente dónde era. Recuerdo haberle preguntado si me iban a trasladar a otro sitio. Y ella dijo: ‘Sí, te vas-. Y entonces, ya sabes, le pregunté de nuevo, y me dijo: ‘Sí, te vas’”, recordó. “Empaqué todo lo que pude, estaba allí de pie mirando mis cosas, ya sabes, después de siete meses allí, creo que tenía muchas más cosas de las que pensaba”.

Carlos compartió que hizo amigos en el encierro, de quienes tenía sus teléfonos, anotados en varios papeles, que se acumularon con los meses.

“Estaba feliz y triste al mismo tiempo, sabiendo que iba a dejar a los chicos que, ya sabes, han estado, ya sabes, en ese momento, han estado ahí para mí”, expresó visiblemente conmovido. “Fue impactante”.

El pastor Josh Gill de la Iglesia Presbiteriana Central aquí en Pensilvania, fue uno de los que ayudó a la pareja.

“Carlos es de Downingtown. Es nuestro vecino y tienen hijos de edades similares a las de mis hijos”, expresó el pasto. “Y lo que vi fue que mi congregación quiso involucrarse de inmediato”.

El caso de Carlos es complejo, ya que reingresó a EE.UU. tras ser detenido en Colorado, pero no tiene historial criminal y su conexión con la comunidad es demostrable.

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