Finlandia tiene un problema poco habitual en buena parte de su costa occidental: el terreno continúa elevándose y la línea del mar Báltico se desplaza progresivamente. El fenómeno procede de la última glaciación y puede alterar visiblemente el paisaje alrededor de viviendas construidas junto al agua. Algunas propiedades que antes tenían acceso directo al mar pueden acabar separadas de la costa por una nueva franja de terreno. La consecuencia resulta especialmente delicada porque esa superficie emergida no pasa automáticamente a pertenecer al dueño de la casa situada frente a ella.
El cambio es especialmente intenso en el golfo de Botnia, donde aparecen alrededor de 700 hectáreas de nueva superficie terrestre cada año. El proceso se conoce como elevación posglacial y alcanza una velocidad cercana a los 9 mm anuales en el archipiélago de Kvarken. La situación varía dentro del propio país: en el sureste de Finlandia, por ejemplo, el ascenso se mantiene por debajo de los 3 mm al año. La costa, por tanto, no permanece fija ni siquiera a escala de unas pocas generaciones.
El origen está bajo el suelo. Durante el último máximo glacial, hace unos 20.000 años, esta zona del Báltico permanecía cubierta por una capa de hielo que llegó a alcanzar los 3.000 metros de espesor. Su enorme peso comprimió la corteza terrestre y hundió algunos sectores del terreno más de 500 metros. Cuando los glaciares retrocedieron hace más de 10.000 años, la presión desapareció y la corteza comenzó a recuperar lentamente su posición, un movimiento que todavía continúa y transforma la geografía finlandesa.
La costa se aleja
La peculiaridad geológica tiene una consecuencia jurídica directa para quienes compraron una vivienda en primera línea. Las antiguas zonas cubiertas por el agua que quedan convertidas en tierra reciben en Finlandia el nombre de vesijatto, es decir, terreno liberado. Su aparición puede deberse al ascenso del suelo, al descenso del nivel del agua o al avance gradual de la vegetación. La propiedad suele continuar vinculada al antiguo propietario de la superficie acuática, por lo que el dueño de una parcela costera no puede incorporar sin más ese nuevo suelo a su finca.
Muchas áreas de agua pertenecen colectivamente a asociaciones denominadas osakaskunta, y la situación depende de los límites catastrales establecidos para cada propiedad. Por ese motivo, los propietarios deben revisar la documentación antes de construir un embarcadero, reforzar la orilla o realizar cualquier actuación sobre el terreno recién aparecido. Existe la posibilidad de solicitar la adquisición de esa franja situada frente a la parcela, pero el procedimiento queda en manos del National Land Survey. Un técnico debe determinar si la petición es admisible, delimitar la superficie y calcular la compensación correspondiente al propietario actual.
La tramitación suele prolongarse alrededor de siete meses, aunque las condiciones del invierno pueden retrasar los trabajos de medición. El proceso geológico, mientras tanto, continúa: la información disponible recoge una estimación de la NASA según la cual el terreno del golfo de Botnia podría elevarse todavía unos 100 metros. Para los propietarios costeros, el efecto inmediato es mucho más concreto: una vivienda comprada frente al mar puede conservar su parcela intacta y, aun así, terminar cada vez más lejos del agua a medida que aparece nuevo terreno delante de ella.
Finlandia tiene un problema poco habitual en buena parte de su costa occidental: el terreno continúa elevándose y la línea del mar Báltico se desplaza progresivamente. El fenómeno procede de la última glaciación y puede alterar visiblemente el paisaje alrededor de viviendas construidas junto al agua. Algunas propiedades que antes tenían acceso directo al mar pueden acabar separadas de la costa por una nueva franja de terreno. La consecuencia resulta especialmente delicada porque esa superficie emergida no pasa automáticamente a pertenecer al dueño de la casa situada frente a ella.

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