Un artículo científico publicado en Science en 1960 y liderado por el físico Heinz von Foerster convirtió el crecimiento de la población mundial en un problema matemático con un desenlace tan llamativo como imposible de tomar literalmente. Los autores analizaron estimaciones demográficas que se remontaban aproximadamente a la época de Jesucristo y llegaban hasta 1958. Al proyectar aquella tendencia hacia el futuro, observaron que la curva terminaba comportándose de una forma extrema. El resultado acabaría convirtiéndose en una de las predicciones demográficas más curiosas del siglo XX.
El trabajo partía de una preocupación comprensible para su época: una población que aumentaba rápidamente en un planeta con recursos limitados. Foerster y sus colaboradores trataron de describir ese crecimiento mediante un modelo matemático y comprobaron que los datos históricos encajaban durante cierto tiempo con una trayectoria cada vez más acelerada. El problema apareció cuando prolongaron esa curva mucho más allá de los valores utilizados para construirla. Las matemáticas llevaban entonces el modelo hasta un punto en el que dejaba de ofrecer un resultado físicamente posible.
Ese punto era una singularidad matemática situada en 2026, con un margen aproximado de cinco años, en la que la población calculada por la ecuación tendía hacia el infinito. Los investigadores fueron todavía más precisos y fijaron el supuesto momento crítico en el 13 de noviembre de 2026. La elección concreta de esa jornada probablemente tenía un componente humorístico: era el cumpleaños de Heinz von Foerster. Casualidad o no, la llamativa fecha terminó dando nombre a una predicción que, seis décadas después, sigue circulando por internet.
Una singularidad imposible
La expresión matemática no significaba que los investigadores esperasen realmente que apareciera una cantidad infinita de personas sobre la Tierra. Foerster utilizó deliberadamente un lenguaje exagerado para describir qué ocurriría si el crecimiento representado por la ecuación pudiera mantenerse sin ningún cambio. “Por razones obvias, t0 será llamado día del juicio final, ya que es en esa fecha cuando N, el número de ‘elementos’ o personas, llega al infinito y la inteligente población se aniquila a sí misma. Nuestros tataranietos no morirán de hambre. Morirán aplastados”, explicó el físico a la revista Time. La propia formulación hacía visible el absurdo físico al que conducía extrapolar indefinidamente la tendencia.
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El estudio generó una fuerte discusión porque sus autores procedían principalmente de la física y las matemáticas, no de la demografía. En 1961, el investigador Marvin Shinbrot criticó con dureza el método empleado y sostuvo que el planteamiento era “demasiado ridículo para comentarlo si no fuera un ejemplo tan destacado del uso inadmisible de las matemáticas para apuntalar una conclusión manifiestamente absurda“. Pese a esas objeciones, una revisión realizada en 1990 señaló que, durante un periodo determinado, algunas de las proyecciones de Foerster habían resultado más precisas que las de varios demógrafos contemporáneos. Eso no convertía la singularidad de 2026 en una predicción física, pero sí mostraba que el modelo había descrito razonablemente una fase del crecimiento humano.
Los propios autores dejaron una pista importante sobre los límites de su ecuación. Cuando emplearon el mismo modelo para extrapolar hacia el pasado e intentaron calcular la aparición de un hipotético “Adán”, obtuvieron una fecha situada unos 200.000 millones de años atrás. Ese resultado era incompatible incluso con las estimaciones astronómicas que manejaban en la época. No olvidemos que, actualmente, se considera que el planeta Tierra tiene poco más de 4.500 millones de años. El ejemplo servía para demostrar que una fórmula capaz de ajustarse a determinados datos puede producir cifras absurdas cuando se extiende fuera del intervalo para el que resulta válida.
La población tomó otro camino
La evolución demográfica posterior tampoco siguió aquella curva indefinida. A medida que numerosos países se industrializaron y aumentaron su nivel de renta, las tasas de natalidad comenzaron a disminuir, rompiendo uno de los supuestos fundamentales que permitían mantener el crecimiento acelerado del modelo. Una estimación de Naciones Unidas correspondiente a 2025 situaba la población mundial en alrededor de 8.200 millones de personas. Las proyecciones actuales apuntan a que la población global alcanzará un máximo durante la década de 2080, alrededor de los 10.000 millones de habitantes, muy lejos de cualquier crecimiento hacia el infinito.
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El 13 de noviembre de 2026 no será, por tanto, una prueba de que una ecuación de 1960 acertó con el fin del mundo, sino una fecha que expone los riesgos de confundir una extrapolación matemática con una predicción literal. Foerster utilizó aquel resultado extremo para llamar la atención sobre la sostenibilidad de una población creciente y sobre las limitaciones que acabarían imponiendo los recursos disponibles. Más de seis décadas después, el valor científico de aquella historia reside precisamente en observar cómo un modelo puede describir bien una tendencia durante un periodo y fracasar cuando se pretende convertir esa tendencia en una ley permanente.
Un artículo científico publicado en Science en 1960 y liderado por el físico Heinz von Foerster convirtió el crecimiento de la población mundial en un problema matemático con un desenlace tan llamativo como imposible de tomar literalmente. Los autores analizaron estimaciones demográficas que se remontaban aproximadamente a la época de Jesucristo y llegaban hasta 1958. Al proyectar aquella tendencia hacia el futuro, observaron que la curva terminaba comportándose de una forma extrema. El resultado acabaría convirtiéndose en una de las predicciones demográficas más curiosas del siglo XX.

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