Una nueva investigación sugiere que ciertas características inusuales del Sol podrían explicarse si este engulló un planeta en algún momento durante la formación del sistema solar.
Los astrofísicos conocen con bastante detalle el comportamiento de las estrellas tras siglos de observarlas y modelizarlas. Sabemos cómo se forman, de qué están hechas e incluso cómo cambian a medida que evolucionan.
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En las últimas décadas, sin embargo, los científicos han empezado a advertir algunos detalles inusuales en nuestra propia estrella. Por un lado, la superficie del Sol parece ser pobre en litio: de forma desmedida. Se cree que la nebulosa protosolar a partir de la cual se formó el Sol hace miles de millones de años contenía dos órdenes de magnitud más de litio del que se observa actualmente en la capa exterior del Sol. Por tanto, ¿adónde fue a parar todo ese litio?
Una segunda rareza guarda relación con la velocidad del sonido cerca de la base de la zona de convección de nuestra estrella. La zona de convección se sitúa en el interior del Sol, justo por debajo de la capa más externa. Aquí, el calor se transporta mediante plasma en agitación (a diferencia de la transferencia por radiación, que ocurre a mayor profundidad aún). Los astrónomos pueden medir las ondas de presión que ascienden por la zona de convección conforme se aproximan a la superficie. Estas mediciones ‘heliosísmicas’ nos informan sobre las entrañas del Sol, del mismo modo que las mediciones sísmicas terrestres nos informan sobre la propia indigestión interna de la Tierra. Un dato que los científicos han obtenido mediante estas técnicas es la velocidad del sonido en distintas partes del interior del Sol.
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Y aquí está lo extraño. La velocidad del sonido medida cerca de la base de la zona de convección no coincide con lo que indican nuestros mejores modelos sobre cómo debería ser. Algo no encaja.
La hipótesis del planeta engullido
Ahí es donde entra en juego este nuevo artículo, escrito por Mutlu Yildiz, profesor de la Universidad del Egeo en Turquía. Se preguntó si tanto el problema del litio como el de la velocidad del sonido podrían resolverse mediante la presencia de un planeta engullido que hubiera revuelto las entrañas del Sol: las sobras de una comida ingerida hace eones.
“Al modelizar la evolución del Sol y comparar los resultados con observaciones precisas de su interior, hallamos que la ingestión de una supertierra podría ayudar a explicar discrepancias que vienen de largo entre los modelos solares estándar y las observaciones, incluidos cambios sutiles en la estructura interna del Sol y la merma en la abundancia de litio”, declaró a la Real Sociedad Astronómica.
Yildiz modelizó diversos escenarios con diferentes tamaños y composiciones planetarias para comprobar si resultaba posible recrear las condiciones observadas en el Sol. Y, en efecto, uno de sus modelos sugirió que un planeta sepultado podría estar causando estas discrepancias.
Las características planetarias que mejor reproducen los rasgos conocidos del Sol apuntan a un cuerpo de unas 5,6 veces el tamaño de la Tierra: una supertierra rocosa, pero deficiente en litio. Y sabemos, por el estudio de exoplanetas alrededor de otras estrellas, que la migración planetaria es bastante común en el universo. No es descabellado imaginar una supertierra formada en el interior de la órbita de Mercurio: tan cerca que se habría precipitado en espiral hacia el joven Sol.
En busca de confirmación observacional
El artículo no demuestra que haya un planeta sepultado en nuestro Sol. Pero resulta llamativo que pueda resolver simultáneamente varios misterios sobre el astro y encajar al mismo tiempo con otros rasgos observados en él, como la profundidad de su zona de convección y su composición química.
Yildiz confía en que las pruebas observacionales puedan revelar en el futuro que el planeta se encuentra verdaderamente allí.
“Nuestro artículo plantea si el propio Sol aún podría albergar indicios observables de que semejante absorción tuvo lugar realmente, y creemos que así es. El siguiente paso consiste en ver si estas huellas pueden detectarse de forma independiente”.
Una nueva investigación sugiere que ciertas características inusuales del Sol podrían explicarse si este engulló un planeta en algún momento durante la formación del sistema solar.

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