El dinosaurio que no debería estar en Teruel: hallan un diplodocus fuera de Norteamérica

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Junto a los triceratops, pterodáctilos y el tiranosaurio rex, el diplodocus es uno de los dinosaurios más populares y famosos en el imaginario colectivo. Su inmensa cola en forma de látigo y su alargado cuello hacían que pudiese medir hasta casi 30 metros de largo. La cuestión es que hasta ahora se consideraba que esta criatura solo había habitado en Norteamérica.

Pero esta idea se ha caído gracias a un equipo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis que ha realizado un hallazgo que podría obligar a cambiar el mapa conocido del diplodocus. En el yacimiento de La Tejería, en El Castellar, se han localizado 14 vértebras caudales y varios cheurones, que es como se denominan los huesos asociados a la característica cola de esta especie.

El animal vivió hace 150 millones de años, durante el Jurásico Superior, una época en la que el Atlántico estaba muy lejos de tener la configuración actual. El hallazgo aporta una evidencia sólida de que algunos dinosaurios pudieron desplazarse por el terreno libremente entre las masas de tierra que con el paso del tiempo acabarían formando Europa y Norteamérica.

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No es solo cuestión de encontrar un dinosaurio famoso en Teruel. El hallazgo de los fósiles ayuda a tener más certezas sobre cómo se movían estas especies. El estudio, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, sitúa de forma consistente el ejemplar dentro del género Diplodocus, aunque no determina la especie concreta.

“Esta es la primera vez que podemos confirmar con un grado razonable de seguridad la presencia de Diplodocus en la península ibérica, un género conocido principalmente por aparecer en rocas de la misma edad en el otro lado del océano Atlántico”, Pedro Mocho, profesor auxiliar del departamento de Ciencias de la Tierra y de la Energía del Instituto Dom Luiz – Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa.

Fabien Knoll, investigador del departamento de Paleobiología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales – CSIC, recuerda que la presencia de este dinosaurio en la geografía ibérica “ha sido apuntada en varias ocasiones, aunque nunca publicada formalmente”.

“Aunque ya tenemos una enorme colección de saurópodos del Jurásico Superior en la península ibérica, el ir poniendo ladrillos nos permite ir viendo cómo es el paisaje”, ha afirmado Francisco Ortega, catedrático de Paleontología de la UNED y responsable del Grupo de Biología Evolutiva.

“El Atlántico en ese momento era mucho más estrecho que el actual y hasta hacía muy poco había contactos entre la costa norteamericana y la costa europea”, añade este experto, que apunta que los grupos de dinosaurios habían “podido desplazarse ocasionalmente entre ambos continentes”. “Ahora, aunque estuviesen aislados a ambos lados, la deriva genética no ha diferenciado suficientemente algunas especies como para que podamos diferenciarlas por sus huesos”.

Junto a los triceratops, pterodáctilos y el tiranosaurio rex, el diplodocus es uno de los dinosaurios más populares y famosos en el imaginario colectivo. Su inmensa cola en forma de látigo y su alargado cuello hacían que pudiese medir hasta casi 30 metros de largo. La cuestión es que hasta ahora se consideraba que esta criatura solo había habitado en Norteamérica.

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