Una investigación realizada en EEUU ha puesto nombre y características concretas a un fenómeno climático capaz de transformar rápidamente el paisaje de las montañas: las llamadas olas de calor devoradoras de nieve. El estudio, publicado en la revista científica Science Advances, analiza estos episodios y trata de distinguirlos de otros periodos cálidos habituales mediante un patrón térmico especialmente persistente.
Los investigadores describen situaciones en las que las temperaturas permanecen por encima del punto de congelación tanto durante el día como durante la noche durante varios días consecutivos, normalmente entre tres y cinco. Esa ausencia de recuperación nocturna acelera notablemente la pérdida del manto blanco y puede hacer que la nieve desaparezca ante los ojos de quienes viven en las zonas montañosas.
Matthew LaPlante, periodista y científico del clima de Utah State University, conoce el fenómeno desde su propia casa, situada en las montañas cercanas a Salt Lake City. Después de algunas noches cálidas, el investigador ha observado cómo el nivel de nieve descendía varios centímetros. “Parece como si un monstruo hubiera venido y, en mitad de la noche, hubiera dado un mordisco a la capa de nieve”, explicó LaPlante al describir el impacto visible de estos episodios.
Una nieve que desaparece más rápido
El trabajo científico señala que estas olas de calor pueden aproximadamente duplicar la velocidad de deshielo. Sin embargo, el problema no termina con la desaparición prematura de la nieve. Y es que una liberación demasiado rápida del agua puede favorecer inundaciones y complicar la planificación de los recursos hídricos, especialmente en regiones que dependen de las reservas acumuladas durante el invierno.
La evolución histórica analizada por los científicos también apunta a un cambio significativo. Desde mediados del siglo XIX, la superficie afectada por estos episodios en el oeste de EEUU habría aumentado de media alrededor de 64.000 kilómetros cuadrados por siglo. Además, el primer episodio de cada temporada se estaría produciendo aproximadamente un mes antes por siglo, un desplazamiento temporal relacionado con el progresivo calentamiento del clima.
El efecto sobre el agua y los bosques
La radiación solar puede intensificar todavía más el proceso. Cuando los cristales de nieve se calientan, pierden parte de su estructura y de su capacidad para reflejar la luz, por lo que la superficie absorbe más energía y se derrite con mayor rapidez. Noah Molotch, profesor de geografía de la Universidad de Colorado Boulder, que no participó en el estudio, explicó que se produce una especie de efecto acumulativo que acelera el deshielo y puede agravar el estrés hídrico de los bosques.
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Ben Hatchett, coautor del trabajo y científico del Cooperative Institute for Research in the Atmosphere de Colorado State University, advierte de que el deshielo adelantado cambia la forma de gestionar un recurso fundamental. “El agua que de otro modo estaría almacenada como nieve sale antes, y entonces tenemos que gestionarla como un peligro en lugar de como un recurso en nuestros embalses y a lo largo de los ríos y arroyos”, afirmó. Los investigadores consideran que comprender mejor las olas de calor devoradoras de nieve será clave para anticipar sus consecuencias sobre los sistemas de agua y los ecosistemas de montaña.
Una investigación realizada en EEUU ha puesto nombre y características concretas a un fenómeno climático capaz de transformar rápidamente el paisaje de las montañas: las llamadas olas de calor devoradoras de nieve. El estudio, publicado en la revista científica Science Advances, analiza estos episodios y trata de distinguirlos de otros periodos cálidos habituales mediante un patrón térmico especialmente persistente.

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