El patrimonio arqueológico de Perú ha sufrido una pérdida irreversible tras la destrucción intencional del geoglifo Triple Espiral, una estructura de más de mil años de antigüedad localizada en la quebrada Santo Domingo, a unos veinte kilómetros de Trujillo, en la costa norte peruana. La figura de más de veinte metros de largo, considerada una joya del arte rupestre costeño, fue borrada por completo pocos días después de que las autoridades ejecutaran un operativo contra invasores ilegales en la zona. El Ministerio de Cultura y la Policía Nacional investigan el ataque como un acto deliberado de venganza, desnudando la fragilidad de un territorio protegido por ley, pero asediado por mafias que invaden terrenos estatales.
El geoglifo era una de las piezas más emblemáticas de la zona arqueológica Quebrada Santo Domingo, un territorio de 1.532 hectáreas que conserva evidencias de ocupación humana desde hace aproximadamente 11.000 años hasta el siglo XV. Allí sobreviven caminos ceremoniales, canales, andenes y decenas de pequeños geoglifos distribuidos sobre las laderas y pampas del valle de Moche. De hecho, los especialistas consideran que Santo Domingo es un singular yacimiento de “microgeoglifos”, pues la mayoría de sus figuras no supera los diez metros de longitud.
Los geoglifos son marcas culturales trazadas sobre la superficie del terreno para formar figuras visibles a gran distancia. Algunas representan animales, otras formas geométricas o símbolos rituales. Su existencia sigue fascinando al mundo porque fueron diseñados por sociedades que jamás vieron sus obras desde el cielo. Las célebres Líneas de Nazca son el ejemplo más conocido, pero no el único. El Triple Espiral guardaba similitudes con aquellas figuras monumentales y, según los investigadores, estaba vinculado a antiguos rituales relacionados con el agua, un recurso tan escaso como sagrado en las sociedades costeñas prehispánicas.

Su destrucción no fue accidental. El 9 de junio, la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, con apoyo de la Policía y autoridades municipales, ejecutó un operativo de recuperación en la zona arqueológica. Los funcionarios encontraron ocupaciones ilegales dentro de un área declarada intangible. Retiraron cercos improvisados, tres cabañas precarias y estructuras levantadas para apropiarse de terrenos estatales. También intervinieron una camioneta de alta gama y detectaron indicios de tuberías clandestinas destinadas a extraer agua del canal Chavimochic para regar cultivos instalados ilegalmente dentro del área protegida. Durante la intervención fueron identificadas cinco personas que afirmaban cuidar el terreno para un supuesto posesionario.
Hace unos días ocurrió el atentado. Cuando los especialistas regresaron al lugar, encontraron que el Triple Espiral había desaparecido. El Ministerio de Cultura confirmó que la figura fue eliminada de manera intencional mediante la remoción manual del terreno. No se trató de una afectación colateral ni del paso de maquinaria pesada. Alguien ingresó específicamente para borrar el geoglifo. Según el comunicado oficial, la secuencia de los hechos permite presumir que la destrucción fue una represalia contra el operativo de recuperación ejecutado días antes por el Estado.
Una pérdida irreparable
“La pérdida es irreparable para la región, para el país y para el mundo”, lamentó Sandra Barrantes, subdirectora de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad. La funcionaria explicó que en el 2015 el geoglifo había sufrido daños cuando maquinaria pesada atravesó parcialmente la figura. Entonces todavía era posible reconocer el diseño y realizar una reconstrucción simbólica. Esta vez, en cambio, el objetivo fue hacerlo desaparecer. “Estamos llamando a especialistas para determinar si esta afectación es irreversible o no. De ser posible, tendríamos que elaborar un proyecto para rescatar y restaurar el geoglifo”, señaló.

La Policía Nacional y el Ministerio de Cultura buscan identificar a los responsables del atentado. Durante el operativo, agentes de la Comisaría de Laredo identificaron a cinco personas que ahora forman parte de la denuncia penal presentada por el sector Cultura: Lhenin Prado Zavaleta, Jaime Benites Ruiz, Fernando Calderón López, José Zambrano Mendoza y Hermán Zelada Mendoza. Las autoridades investigan si existe una relación entre estas personas y la destrucción del geoglifo, ocurrida pocos días después del desalojo.
El Triple Espiral es también la historia de una protección estatal que nunca llegó a consolidarse. La quebrada Santo Domingo fue declarada zona arqueológica intangible en el año 2001 por el entonces Instituto Nacional de Cultura. Sin embargo, esa protección legal convivió desde el inicio con invasiones, extracción de material de construcción, minería no metálica, expansión agrícola y tráfico de terrenos. Ese mismo año se descubrió que parte del área arqueológica era utilizada como cantera para obras viales. Años después llegaron nuevas ocupaciones ilegales. Para 2015 ya se reportaba la destrucción de cerca de 200 geoglifos por parte de invasores. En 2016 la zona volvió a ser utilizada como cantera. La declaratoria de intangibilidad no logró impedir que el patrimonio siguiera deteriorándose.
Víctor Corcuera, representante en La Libertad de la Asociación Peruana de Arte Rupestre y uno de los principales estudiosos de Santo Domingo, sostiene que la tragedia era previsible. “El historial de la destrucción sistemática de la Quebrada Santo Domingo es más que suficiente para entender que la pérdida del geoglifo Triple Espiral era inminente”, afirma. Para él, los responsables no son únicamente los traficantes de terrenos. También existe una cadena de omisiones que permitió que el riesgo creciera durante años. “Hay que ser muy ingenuo para creer que los invasores se quedarían con los brazos cruzados después del desalojo”, señala.
Corcuera lleva décadas advirtiendo sobre el problema. Hoy plantea medidas drásticas para evitar que la historia se repita. Una de ellas figura, asegura, en un antiguo expediente que presentó hace más de dos décadas: eliminar el puente que facilita el acceso a la zona arqueológica y establecer vigilancia permanente. “De no ser así, van a seguir emitiendo comunicados institucionales mientras la destrucción continúa”, advierte. Mientras los arqueólogos intentan determinar si existe alguna posibilidad de recuperar parte del geoglifo, la Policía busca a los responsables directos del atentado. Donde antes hubo un enigma grabado sobre la tierra, solo queda un vacío.

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