Category: Salud

  • Cómo desarrollar las habilidades a menudo ignoradas que serán claves para prosperar en la era de la IA

    Cómo desarrollar las habilidades a menudo ignoradas que serán claves para prosperar en la era de la IA

    Un niño con gafas de realidad aumentada extiende su brazo derecho

    Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

    Pie de foto, La neurocientífica Hannah Critchlow se pregunta: ¿qué pasaría si usáramos nuestro conocimiento para entrenar nuestro propio cerebro como lo hicimos con la IA?

    En su nuevo libro, The 21st Century Brain (“El cerebro del siglo XXI”), la científica Hannah Critchlow explora las habilidades, a menudo pasadas por alto, que serán necesarias para prosperar en la era de la inteligencia artificial y cómo podemos cultivarlas.

    Con el mundo a nuestro alrededor cambiando a un ritmo cada vez más acelerado, quizás fantasees con “mejorar” tu cerebro para poder darle sentido a todo.

    A primera vista, esto parecería imposible: nuestra materia gris y blanca tiene, en gran medida, la misma estructura que la de nuestros ancestros de la Edad de Piedra. De hecho, si acaso, nuestros cerebros son un poco más pequeños: restos arqueológicos sugieren que se han reducido de manera significativa en los últimos 10.000 años.

    Sin embargo, Hannah Critchlow, neurocientífica de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, ofrece muchas razones para ser optimista. En su nuevo libro, explica cómo todos podemos desarrollar la flexibilidad mental que será necesaria para afrontar los desafíos que vienen.

    “Básicamente, lo escribí para mí misma, para poder tomar mejores decisiones y mejorar mi propia vida, especialmente ahora que atravieso la mediana edad”, me dice. “Pero también para mis padres, para que puedan mantener un cerebro sano en la vejez, y para mi hijo, que ahora tiene 10 años. ¿Qué puedo hacer para ayudar a que su cerebro florezca?”

    Sigue leyendo para descubrir sus secretos para preparar tu mente para el futuro.

    Hannah Critchlow

    Fuente de la imagen, Adam Mracek

    Línea gris

    ¿Qué te inspiró a explorar el concepto del cerebro del siglo XXI?

    Empecé a trabajar en este libro hace tres años y, desde entonces, ha habido una explosión de avances en inteligencia artificial. Pero incluso entonces ya era evidente que esta tecnología iba a empezar a irrumpir en todos los aspectos de nuestra vida, tanto a nivel social como individual. Y, tanto en ese momento como ahora, había mucho entusiasmo al respecto, pero también mucho miedo.

    Quería tomar distancia y reconocer que la inteligencia artificial se desarrolló a partir del conocimiento que hemos obtenido de la neurociencia. Entonces pensé: ¿qué pasaría si le damos la vuelta a esa idea y nos preguntamos cómo podemos usar ese conocimiento para aprovechar al máximo la inteligencia que ya tenemos en nuestro propio cerebro orgánico?

    La misma comprensión que ha impulsado estos avances tecnológicos puede liberar el potencial cognitivo humano que todos tenemos.

    Dos mujeres hablan sentadas en su sofá mientras se agarran de las manos

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, La empatía es una de las habilidades de nuestro cerebro que destaca Critchlow.

    ¿Cuáles fueron sus criterios para seleccionar las habilidades que serán más importantes en el siglo XXI?

    Quería centrarme en habilidades que a menudo han sido pasadas por alto por los científicos, pero que son fundamentales para nuestra capacidad de conectar con los demás, imaginar un mundo nuevo, innovar, resolver problemas y pensar a largo plazo.

    Dado que vivimos en una época de cambios sociales y tecnológicos sin precedentes, examino nuestra capacidad para tolerar el cambio, la incertidumbre y la ambigüedad.

    Todo esto, en esencia, requiere una buena “bioenergética”, así que también analizo las mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células.

    Empecemos con la inteligencia emocional y la empatía, que a menudo se consideran “habilidades blandas”.

    Los niveles de inteligencia emocional y empatía pueden ser uno de los mayores predictores de cuán satisfechos nos sentimos con nuestra vida, de qué tan positivas son nuestras relaciones con los demás y también del éxito académico.

    Cuando observamos los datos genéticos, parece que estas capacidades tienen un componente hereditario de entre el 10% y el 45%, pero todos podemos entrenar nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía.

    Jamil Zaki, psicólogo de la Universidad de Stanford, sostiene que podemos empezar mostrando un poco de compasión hacia nosotros mismos. Basta con tomarnos un momento para preguntarnos: “¿Por qué estoy sintiendo esta emoción?” y “¿Qué puedo hacer para ayudarme a gestionar este sentimiento y sentirme más cómodo?”

    Una vez que empiezas a practicar un poco de autocompasión, sus efectos se expanden hacia los demás.

    Una persona sentada, a la que no le vemos el rostro, se agarra el abdomen en señal de dolor

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Estudios recientes señalan que nuestra capacidad de ser altruistas está conectada a nuestra salud intestinal, dice Critchlow.

    También sostienes que el comportamiento altruista podría venir —literalmente— de nuestras entrañas.

    Hay un estudio realmente fascinante de Hilke Plassmann y sus colegas, que analizaron a 100 voluntarios sanos que tomaron pre y probióticos. Después de solo siete semanas, tenían un microbioma intestinal más diverso en comparación con quienes tomaron placebo, y además eran mucho más altruistas.

    Por ejemplo, los participantes estaban más dispuestos a renunciar a parte de su propio dinero en nombre de la igualdad. En otras palabras, sus niveles de altruismo cambiaron al tener un microbioma intestinal mucho más diverso. ¿No es increíble?

    Sin duda ¿Cómo es posible que las bacterias intestinales puedan cambiar nuestro comportamiento?

    El mecanismo no se conoce por completo, pero hay una gran cantidad de nervios en el intestino y también en el corazón. Cuando tienes una “corazonada” o una “sensación visceral”, es porque todas esas células están enviando señales a través del nervio vago hacia la ínsula, una región del cerebro involucrada en percibir el entorno y recopilar información, y luego hacia las áreas encargadas de la toma de decisiones.

    Se cree que las bacterias intestinales producen neurotransmisores químicos que alteran la actividad de los circuitos neuronales y moldean nuestro comportamiento, incluidas nuestras interacciones sociales.

    Una niña con la mirada perdida mientras apoya su cara sobre su brazo

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Para Critchlow, en los momentos en que nuestra mente se queda divagando está la clave de la creatividad.

    ¿Y qué pasa con la creatividad? Hay una frase maravillosa en tu libro en la que dices que, desde el punto de vista de una neurocientífica, la diferencia entre un Wolfgang Amadeus Mozart o una Ada Lovelace y el resto de nosotros es solo de grado leve. ¿Cómo podemos desarrollar más esos talentos?

    Una forma es aprovechar mejor nuestros momentos de ensoñación. El 20% de nuestro día lo pasamos con la mente divagando, es decir, sin pensar en algo concreto ni tratando de alcanzar una meta específica, y es justamente ahí cuando empiezan a surgir nuevas ideas.

    El cerebro simplemente empieza a detenerse en distintas cosas que estaban rondando en la mente. Y sabemos que salir a caminar en la naturaleza puede ayudar en ese proceso. Contribuye a aumentar una frecuencia muy particular de oscilaciones eléctricas cerebrales llamadas ondas alfa, que están asociadas con un pensamiento calmado y creativo.

    Probablemente por eso Arquímedes tuvo también su famoso momento de eureka mientras estaba en el baño, relajado en el agua.

    También sabemos que el sueño es importante para la creatividad, especialmente en ese momento en que uno empieza a quedarse dormido y piensa de una forma extraña y fragmentada. Una vez más, esto permite las ondas cerebrales asociadas con una creatividad aumentada.

    Se dice que Thomas Edison sostenía un objeto metálico sobre una bandeja de metal; cuando se le caía y el ruido lo despertaba, anotaba cualquier idea nueva que hubiera tenido.

    Tres mujeres ejercitándose en bicicletas estáticas

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El ejercicio puede estimular el crecimiento de neuronas y conexiones neuronales, lo que ayuda a proteger nuestro cerebro a medida que envejecemos.

    También defiendes que mantenernos en forma físicamente podría ayudarnos a afrontar mejor los desafíos del siglo XXI.

    Sabemos que la actividad física no solo es increíblemente buena para el cuerpo, sino también para el cerebro, porque permite la creación de nuevas células nerviosas y circuitos neuronales.

    Eso nos ayuda a pensar de nuevas maneras e incorporar nueva información, de modo que conservemos la agilidad y flexibilidad del cerebro.

    Lo que nos lleva a la bioenergética. ¿Qué es y cómo aplicas ese conocimiento en tu propia vida?

    La bioenergética depende de nuestras mitocondrias, las diminutas centrales energéticas de nuestras células.

    Nuestro cerebro utiliza enormes cantidades de energía para pensar de distintas maneras, así que cualquier cosa que podamos hacer para ayudar a nuestras mitocondrias a producir energía limpia y eficiente va a contribuir a todos esos “malabares mentales”.

    Mitocondrias

    Fuente de la imagen, BSIP/UIG vía Getty Images

    Pie de foto, Las mitocondrias son esenciales para nuestra bioenergética y nuestro cerebro, dice Critchlow

    Hago ejercicio, porque eso ayuda a que las mitocondrias se multipliquen y por ende a que tengas más “centrales energéticas” en tu cerebro y en tu cuerpo.

    Me aseguro de dormir lo suficiente, porque es entonces cuando el organismo puede limpiar los desechos tóxicos que deja la producción de energía.

    Y como de manera saludable, para que mis mitocondrias tengan el combustible adecuado y puedan producir el tipo correcto de energía. Eso significa no consumir demasiada azúcar ni alimentos ultraprocesados.

    Por último, ¿qué consejo le darías a alguien que se siente abrumado por el ritmo de vida actual?

    Es curioso, porque en cierto sentido el cerebro humano tiene dificultades para lidiar con el cambio, y con la incertidumbre y la ambigüedad que lo acompañan.

    Pero, como especie, parecemos estar impulsados a innovar, a movernos en distintas direcciones, a explorar y a sentir curiosidad.

    Así que siempre ha existido una tensión entre esas dos fuerzas, y creo que ayuda simplemente aceptar que eso forma parte de la predisposición natural de nuestra especie: crear cambios y, al mismo tiempo, sentir un poco de miedo ante ellos.

    Línea gris

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  • Los consejos de una neurocientífica para adaptar tu cerebro a la era de la IA y prepararte para el futuro

    Los consejos de una neurocientífica para adaptar tu cerebro a la era de la IA y prepararte para el futuro

    Un niño con gafas de realidad aumentada extiende su brazo derecho

    Fuente de la imagen, AFP via Getty Images

    Pie de foto, La neurocientífica Hannah Critchlow se pregunta: ¿qué pasaría si usáramos nuestro conocimiento para entrenar nuestro propio cerebro como lo hicimos con la IA?

    En su nuevo libro, The 21st Century Brain (“El cerebro del siglo XXI”), la científica Hannah Critchlow explora las habilidades, a menudo pasadas por alto, que serán necesarias para prosperar en la era de la inteligencia artificial y cómo podemos cultivarlas.

    Con el mundo a nuestro alrededor cambiando a un ritmo cada vez más acelerado, quizás fantasees con “mejorar” tu cerebro para poder darle sentido a todo.

    A primera vista, esto parecería imposible: nuestra materia gris y blanca tiene, en gran medida, la misma estructura que la de nuestros ancestros de la Edad de Piedra. De hecho, si acaso, nuestros cerebros son un poco más pequeños: restos arqueológicos sugieren que se han reducido de manera significativa en los últimos 10.000 años.

    Sin embargo, Hannah Critchlow, neurocientífica de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, ofrece muchas razones para ser optimista. En su nuevo libro, explica cómo todos podemos desarrollar la flexibilidad mental que será necesaria para afrontar los desafíos que vienen.

    “Básicamente, lo escribí para mí misma, para poder tomar mejores decisiones y mejorar mi propia vida, especialmente ahora que atravieso la mediana edad”, me dice. “Pero también para mis padres, para que puedan mantener un cerebro sano en la vejez, y para mi hijo, que ahora tiene 10 años. ¿Qué puedo hacer para ayudar a que su cerebro florezca?”

    Sigue leyendo para descubrir sus secretos para preparar tu mente para el futuro.

    Hannah Critchlow

    Fuente de la imagen, Adam Mracek

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    ¿Qué te inspiró a explorar el concepto del cerebro del siglo XXI?

    Empecé a trabajar en este libro hace tres años y, desde entonces, ha habido una explosión de avances en inteligencia artificial. Pero incluso entonces ya era evidente que esta tecnología iba a empezar a irrumpir en todos los aspectos de nuestra vida, tanto a nivel social como individual. Y, tanto en ese momento como ahora, había mucho entusiasmo al respecto, pero también mucho miedo.

    Quería tomar distancia y reconocer que la inteligencia artificial se desarrolló a partir del conocimiento que hemos obtenido de la neurociencia. Entonces pensé: ¿qué pasaría si le damos la vuelta a esa idea y nos preguntamos cómo podemos usar ese conocimiento para aprovechar al máximo la inteligencia que ya tenemos en nuestro propio cerebro orgánico?

    La misma comprensión que ha impulsado estos avances tecnológicos puede liberar el potencial cognitivo humano que todos tenemos.

    Dos mujeres hablan sentadas en su sofá mientras se agarran de las manos

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, La empatía es una de las habilidades de nuestro cerebro que destaca Critchlow.

    ¿Cuáles fueron sus criterios para seleccionar las habilidades que serán más importantes en el siglo XXI?

    Quería centrarme en habilidades que a menudo han sido pasadas por alto por los científicos, pero que son fundamentales para nuestra capacidad de conectar con los demás, imaginar un mundo nuevo, innovar, resolver problemas y pensar a largo plazo.

    Dado que vivimos en una época de cambios sociales y tecnológicos sin precedentes, examino nuestra capacidad para tolerar el cambio, la incertidumbre y la ambigüedad.

    Todo esto, en esencia, requiere una buena “bioenergética”, así que también analizo las mitocondrias, las centrales energéticas de nuestras células.

    Empecemos con la inteligencia emocional y la empatía, que a menudo se consideran “habilidades blandas”.

    Los niveles de inteligencia emocional y empatía pueden ser uno de los mayores predictores de cuán satisfechos nos sentimos con nuestra vida, de qué tan positivas son nuestras relaciones con los demás y también del éxito académico.

    Cuando observamos los datos genéticos, parece que estas capacidades tienen un componente hereditario de entre el 10% y el 45%, pero todos podemos entrenar nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía.

    Jamil Zaki, psicólogo de la Universidad de Stanford, sostiene que podemos empezar mostrando un poco de compasión hacia nosotros mismos. Basta con tomarnos un momento para preguntarnos: “¿Por qué estoy sintiendo esta emoción?” y “¿Qué puedo hacer para ayudarme a gestionar este sentimiento y sentirme más cómodo?”

    Una vez que empiezas a practicar un poco de autocompasión, sus efectos se expanden hacia los demás.

    Una persona sentada, a la que no le vemos el rostro, se agarra el abdomen en señal de dolor

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Estudios recientes señalan que nuestra capacidad de ser altruistas está conectada a nuestra salud intestinal, dice Critchlow.

    También sostienes que el comportamiento altruista podría venir —literalmente— de nuestras entrañas.

    Hay un estudio realmente fascinante de Hilke Plassmann y sus colegas, que analizaron a 100 voluntarios sanos que tomaron pre y probióticos. Después de solo siete semanas, tenían un microbioma intestinal más diverso en comparación con quienes tomaron placebo, y además eran mucho más altruistas.

    Por ejemplo, los participantes estaban más dispuestos a renunciar a parte de su propio dinero en nombre de la igualdad. En otras palabras, sus niveles de altruismo cambiaron al tener un microbioma intestinal mucho más diverso. ¿No es increíble?

    Sin duda ¿Cómo es posible que las bacterias intestinales puedan cambiar nuestro comportamiento?

    El mecanismo no se conoce por completo, pero hay una gran cantidad de nervios en el intestino y también en el corazón. Cuando tienes una “corazonada” o una “sensación visceral”, es porque todas esas células están enviando señales a través del nervio vago hacia la ínsula, una región del cerebro involucrada en percibir el entorno y recopilar información, y luego hacia las áreas encargadas de la toma de decisiones.

    Se cree que las bacterias intestinales producen neurotransmisores químicos que alteran la actividad de los circuitos neuronales y moldean nuestro comportamiento, incluidas nuestras interacciones sociales.

    Una niña con la mirada perdida mientras apoya su cara sobre su brazo

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Para Critchlow, en los momentos en que nuestra mente se queda divagando está la clave de la creatividad.

    ¿Y qué pasa con la creatividad? Hay una frase maravillosa en tu libro en la que dices que, desde el punto de vista de una neurocientífica, la diferencia entre un Wolfgang Amadeus Mozart o una Ada Lovelace y el resto de nosotros es solo de grado leve. ¿Cómo podemos desarrollar más esos talentos?

    Una forma es aprovechar mejor nuestros momentos de ensoñación. El 20% de nuestro día lo pasamos con la mente divagando, es decir, sin pensar en algo concreto ni tratando de alcanzar una meta específica, y es justamente ahí cuando empiezan a surgir nuevas ideas.

    El cerebro simplemente empieza a detenerse en distintas cosas que estaban rondando en la mente. Y sabemos que salir a caminar en la naturaleza puede ayudar en ese proceso. Contribuye a aumentar una frecuencia muy particular de oscilaciones eléctricas cerebrales llamadas ondas alfa, que están asociadas con un pensamiento calmado y creativo.

    Probablemente por eso Arquímedes tuvo también su famoso momento de eureka mientras estaba en el baño, relajado en el agua.

    También sabemos que el sueño es importante para la creatividad, especialmente en ese momento en que uno empieza a quedarse dormido y piensa de una forma extraña y fragmentada. Una vez más, esto permite las ondas cerebrales asociadas con una creatividad aumentada.

    Se dice que Thomas Edison sostenía un objeto metálico sobre una bandeja de metal; cuando se le caía y el ruido lo despertaba, anotaba cualquier idea nueva que hubiera tenido.

    Tres mujeres ejercitándose en bicicletas estáticas

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El ejercicio puede estimular el crecimiento de neuronas y conexiones neuronales, lo que ayuda a proteger nuestro cerebro a medida que envejecemos.

    También defiendes que mantenernos en forma físicamente podría ayudarnos a afrontar mejor los desafíos del siglo XXI.

    Sabemos que la actividad física no solo es increíblemente buena para el cuerpo, sino también para el cerebro, porque permite la creación de nuevas células nerviosas y circuitos neuronales.

    Eso nos ayuda a pensar de nuevas maneras e incorporar nueva información, de modo que conservemos la agilidad y flexibilidad del cerebro.

    Lo que nos lleva a la bioenergética. ¿Qué es y cómo aplicas ese conocimiento en tu propia vida?

    La bioenergética depende de nuestras mitocondrias, las diminutas centrales energéticas de nuestras células.

    Nuestro cerebro utiliza enormes cantidades de energía para pensar de distintas maneras, así que cualquier cosa que podamos hacer para ayudar a nuestras mitocondrias a producir energía limpia y eficiente va a contribuir a todos esos “malabares mentales”.

    Mitocondrias

    Fuente de la imagen, BSIP/UIG vía Getty Images

    Pie de foto, Las mitocondrias son esenciales para nuestra bioenergética y nuestro cerebro, dice Critchlow

    Hago ejercicio, porque eso ayuda a que las mitocondrias se multipliquen y por ende a que tengas más “centrales energéticas” en tu cerebro y en tu cuerpo.

    Me aseguro de dormir lo suficiente, porque es entonces cuando el organismo puede limpiar los desechos tóxicos que deja la producción de energía.

    Y como de manera saludable, para que mis mitocondrias tengan el combustible adecuado y puedan producir el tipo correcto de energía. Eso significa no consumir demasiada azúcar ni alimentos ultraprocesados.

    Por último, ¿qué consejo le darías a alguien que se siente abrumado por el ritmo de vida actual?

    Es curioso, porque en cierto sentido el cerebro humano tiene dificultades para lidiar con el cambio, y con la incertidumbre y la ambigüedad que lo acompañan.

    Pero, como especie, parecemos estar impulsados a innovar, a movernos en distintas direcciones, a explorar y a sentir curiosidad.

    Así que siempre ha existido una tensión entre esas dos fuerzas, y creo que ayuda simplemente aceptar que eso forma parte de la predisposición natural de nuestra especie: crear cambios y, al mismo tiempo, sentir un poco de miedo ante ellos.

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  • Por qué las mujeres viven más que los hombres

    Por qué las mujeres viven más que los hombres

    Un joven y una joven permanecen de pie, hombro con hombro, frente a una pared pintada con colores vivos; el joven lleva una camiseta rosa frente a una sección amarilla de la pared, mientras que la joven lleva una camiseta amarilla frente a una sección rosa de la pared.

    Fuente de la imagen, MStudioImages/Getty Images

    Si eres mujer, es probable que vivas más que tus hermanos o amigos varones: alrededor de 5 años más, si tomamos un promedio global.

    Las razones exactas de esta longevidad femenina no se conocen por completo, pero los científicos tienen algunas ideas.

    Y estas incluso podrían ayudar a explicar por qué, en especies como algunas aves, son los machos longevos quienes tienen la ventaja en la esperanza de vida.

    Morir demasiado joven

    “En casi todos los países, las mujeres viven más que los hombres”, dice la profesora Sarah Harper, directora del Instituto de Envejecimiento de la Población de Oxford, en Reino Unido.

    Pero “varía enormemente según el país”, señala.

    En Rusia, Ucrania y Vietnam, por ejemplo, las mujeres viven unos 10 años o más que los hombres, mientras que en lugares como Nigeria la diferencia es muy pequeña, según la publicación Our World in Data.

    Los científicos atribuyen parte de esta variación a diferencias sociales y de comportamiento

    Una anciana sonriente con un sombrero de paja cónico, tradicionalmente asociado con el trabajo en el campo.

    Fuente de la imagen, Quynh Anh Nguyen/Getty Images

    Pie de foto, En 2023, la esperanza de vida en Vietnam fue de 79,3 años para las mujeres y de 69,9 años para los hombres, según Our World in Data.

    Hay evidencia de que en Rusia, un “factor realmente, realmente importante es básicamente el consumo de tabaco y alcohol”, explica Harper, algo más común entre los hombres allí.

    En todo el mundo, los hombres también son más propensos a involucrarse en otras conductas que limitan la vida.

    “Sus dietas tienden a ser menos saludables”, dice Harper.

    También es menos probable que visiten al médico, añade, aunque “los hombres casados tienen una ventaja… porque normalmente su pareja los lleva”.

    Afirma que en muchas sociedades los hombres tienden a realizar trabajos más peligrosos, y que la masculinidad puede asociarse con una mayor toma de riesgos.

    “Los hombres tienen tasas mucho más altas de muertes por accidentes de tráfico, por violencia, por homicidio, por suicidio”, advierte.

    Pero el panorama está lejos de ser inamovible.

    Una fotografía en blanco y negro de dos hombres de traje sosteniendo un cartel que muestra a un hombre fumando, proclamando: "No seas un pesado. ¡Déjalo, vive la vida!".

    Fuente de la imagen, Ronald Dumont/Getty Images

    Pie de foto, “No seas un pesado. ¡Déjalo, vive la vida!” fue una de las campañas antitabaco de la década de 1960 en Reino Unido.

    En Reino Unido, por ejemplo, las campañas antitabaco de las décadas de 1960 y 1970 llevaron a una disminución de las muertes prematuras entre los hombres.

    “De repente, esa brecha se cerró de forma drástica”, dice Harper.

    Pero ella cree que la diferencia entre géneros nunca desaparecerá por completo con los cambios de hábitos, porque “siempre existirá esa diferencia biológica” entre mujeres y hombres.

    Estrógeno versus testosterona

    “El estrógeno hace muchas cosas para proteger a las mujeres”, dice la profesora Consuelo Borrás, fisióloga especializada en envejecimiento en la Universidad de Valencia, en España.

    Explica que esto abarca desde controlar los niveles de colesterol y regular el sistema inmunitario, hasta prevenir infecciones urinarias y proteger la salud del cerebro y los huesos.

    Una de las formas en que ofrece tantos beneficios es actuando como antioxidante, contrarrestando partículas dañinas llamadas radicales libres que se acumulan dentro de nuestras células y contribuyen al envejecimiento.

    “Muchos estudios han demostrado que perder la protección del estrógeno en la menopausia va a afectar muchas funciones del cuerpo”, señala Borrás. “Por ejemplo, la osteoporosis se debe al proceso de envejecimiento, por supuesto, pero también a la falta de estrógeno”.

    Cuando la terapia hormonal sustitutiva se administra a las mujeres adecuadas en las primeras etapas de la menopausia, dice, a menudo vemos que algunas de estas funciones se restauran.

    Una pareja mayor, con cascos puestos, paseando en bicicleta por las colinas; la mujer, en primer plano, se está desabrochando el casco, mientras que el hombre, detrás de ella, bebe de su botella de agua.

    Fuente de la imagen, Half point images/Getty Images

    Pie de foto, La terapia de reemplazo hormonal (TRH) es un tratamiento utilizado para aliviar los síntomas de la menopausia mediante el reemplazo de las hormonas estrógeno y progesterona, cuyos niveles disminuyen a medida que las mujeres se acercan a la menopausia.

    Por otro lado, la principal hormona sexual en los hombres es la testosterona, que se ha relacionado con conductas de mayor toma de riesgos. Borrás sospecha que también podría tener algunos efectos perjudiciales dentro del cuerpo, aunque aún no está claro cómo.

    De hecho, un estudio de 2012 encontró que un grupo de eunucos coreanos, que habían sido castrados y no producían testosterona, vivieron entre 14 y 19 años más que sus homólogos no castrados.

    Sin embargo, los datos tienen limitaciones y no pueden reproducirse por razones obvias. Pero la evidencia en algunos animales también parece sugerir que los machos viven más tiempo cuando son castrados.

    Las hormonas pueden representar una pieza del rompecabezas de la longevidad, pero hay más.

    “Hay muchos factores y conocemos algunos de ellos, pero creo que es un proceso realmente muy complejo”, afirma Borrás.

    Pistas evolutivas

    Para intentar comprenderlo mejor, algunos científicos han estado mirando más allá de los seres humanos.

    No somos la única especie en la que las hembras viven más tiempo. Muchos mamíferos presentan este patrón, desde leones y ovejas hasta orcas y ratones.

    Curiosamente, en las aves ocurre lo contrario: son los machos quienes suelen tener la ventaja.

    Una pista podría encontrarse en los diferentes cromosomas sexuales.

    Una imagen generada por computadora que muestra dos cromosomas de ADN en verde y amarillo, uno al lado del otro -uno largo y uno corto-, sobre un fondo oscuro.

    Fuente de la imagen, Nathan Devery/Getty Images

    Pie de foto, En los hombres, el cromosoma Y es más pequeño que el X y porta menos genes.

    “En los mamíferos, las hembras tienen dos cromosomas X, mientras que los machos solo tienen un X y un Y”, explica la Dra. Johanna Staerk, investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania.

    Una teoría sugiere que tener XX puede dar a las hembras una ventaja de supervivencia porque “si hay una mutación en una de las copias, aún tienes una copia extra que puede compensarlo”, explica Staerk.

    “Pero en los machos, como solo tienen un cromosoma X, estas mutaciones pueden ser más perjudiciales”.

    En las aves, son los machos quienes tienen dos copias del mismo cromosoma -llamado Z en su caso-, mientras que las hembras tienen un Z y un W.

    “Eso podría ser una explicación de por qué en los mamíferos las hembras viven más, y en las aves son los machos los que viven más”, sugiere Staerk.

    Pero su trabajo publicado en 2025 indica que hay más elementos a considerar.

    Una gorila de montaña con una cría pequeña sobre el pecho, recostada entre una densa vegetación.

    Fuente de la imagen, guenterguni/Getty Images

    Pie de foto, Los gorilas tienen un sistema de apareamiento poligínico, en el que un macho de lomo plateado se aparea con múltiples hembras de su grupo.

    “Encontramos que las especies monógamas… no muestran grandes diferencias entre sexos”, dice. “Las especies no monógamas, por ejemplo, los gorilas o los leones, en las que los machos compiten por varias hembras, muestran diferencias mucho mayores entre sexos”.

    Sospecha que, en estas últimas, los machos pueden haber evolucionado para priorizar tareas que requieren mucha energía, como desarrollar cuerpos grandes o cuernos imponentes para atraer a las hembras, a costa de su longevidad.

    Por otro lado, la evolución podría haber tomado un camino distinto en las hembras.

    Una idea es que, en especies en las que las hembras cuidan de las crías, “especialmente en especies muy longevas como los humanos o los grandes simios, es beneficioso para la madre vivir más tiempo para poder criar a su descendencia hasta la madurez”, señala Staerk.

    Una vida más larga y mejor

    Pero no todo son buenas noticias para las mujeres.

    Pueden vivir más años que los hombres, pero la investigación sugiere que también soportan más enfermedades no mortales a lo largo de su vida, cosas como dolor lumbar, trastornos depresivos y dolores de cabeza.

    “Las mujeres tienden a tener reacciones inmunitarias más fuertes, pero eso puede conducir a enfermedades inflamatorias”, explica Harper. “Y además, por supuesto, tenemos sistemas musculares y óseos ligeramente menos robustos”.

    Una profesional de la salud tiene la mano en la espalda de una mujer mientras la examina, sentada en una sala de la clínica.

    Fuente de la imagen, The Good Brigade/Getty Images

    Pie de foto, Un análisis del Estudio de la Carga Global de Enfermedad de 2021 reveló que las mujeres padecían más dolor lumbar que los hombres, y que esta brecha aumentaba con la edad.

    “La biología de los hombres los hace más vulnerables a la muerte, y la biología de las mujeres las hace más vulnerables a la discapacidad”, concluye.

    Pero las tres expertas insisten en que nuestra biología no determina necesariamente nuestro destino.

    “Las diferencias biológicas están totalmente influenciadas por el entorno y por los comportamientos”, explica Borrás.

    Dice que tanto mujeres como hombres deberían pensar en aspectos como la alimentación, el ejercicio, el sueño y los niveles de estrés, no solo “para vivir más, sino, por supuesto, mejor”.

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  • Enfermedades No Transmisibles (ENT): Encuesta STEPS y RaMPS se analizaron en Ecuador al más alto nivel técnico y político

    Enfermedades No Transmisibles (ENT): Encuesta STEPS y RaMPS se analizaron en Ecuador al más alto nivel técnico y político

    Enfermedades No Transmisibles (ENT): Encuesta STEPS y RaMPS se analizaron en Ecuador al más alto nivel técnico y político

    Quito, 25 de mayo de 2026. Las enfermedades no transmisibles (ENT) son responsables del 81% de todas las muertes en la Región de las Américas; de ellas, el 34% se presentan de forma prematura entre los 30 y los 69 años.

    Junto al Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), iniciamos “De los Datos a la Acción”, un espacio para el análisis de datos de la encuesta STEPS (2025), una herramienta que permite recopilar, analizar y difundir datos sobre los principales factores de riesgo modificables (consumo de tabaco, consumo de alcohol, actividad física insuficiente y alimentación poco saludable), así como algunos factores clave de riesgo biológico (sobrepeso y obesidad, presión arterial elevada, nivel elevado de glucosa en sangre y otros). 

    Al respecto, Sonia Quezada, representante de la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) en Ecuador, indicó que las “encuestas poblacionales son instrumentos estratégicos para comprender las necesidades de salud de las personas, identificar inequidades, monitorear factores de riesgo, evaluar políticas públicas y orientar decisiones basadas en evidencia”.

    En el país, por primera vez STEPS incluyó a las islas Galápagos y los componentes de Salud Mental y Atención Primaria en Salud (APS). La información recopilada le servirá al país para (re) diseñar su política pública en salud. 

    El subsecretario de Vigilancia, Prevención y Control de la salud, Hugo Armendáriz, sobre el tema, dijo que se ha adoptado “un modelo de políticas públicas alineado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, donde la encuesta STEPS es un pilar fundamental para el análisis riguroso de indicadores”. 

    Delegadas de las mesas técnicas de trabajo presentan resultados del análisis de la encuesta

    El análisis de datos producto de STEPS se realizó hasta el pasado 21 de mayo. En las jornadas de trabajo se trató la situación actual de las ENT en Ecuador y se hizo una visión general de resultados y la interpretación de los indicadores de la encuesta. 

    Los grupos que integraron las mesas técnicas identificaron también los resultados con mayor potencial de acción, analizaron la posibilidad de convertir la información en mensajes clave; además, revisaron la metodología y las mejores estrategias de implementación de las Encuestas Rápidas por Teléfonos Móviles (RaMPS) en el país. 

     María José Pinto, vicepresidenta de la República; Sonia Quezada, representante de la OPS/OMS en Ecuador; el ministro de Salud Pública, Jaime Bernabé Erazo; y Marianita Granda, subdirectora del INEC; lideran la mesa de alto nivel

    La agenda concluyó con una reunión de alto nivel, en la que participaron la vicepresidenta de la República, María José Pinto; el ministro de Salud Pública, Jaime Bernabé Erazo; la representante de OPS Ecuador, Sonia Quezada; la subdirectora del INEC, Marianita Granda; junto a sus equipos técnicos, la misión de la sede de OPS y la representante de CDC Foundation.  El objetivo, entre otros, dar curso a los resultados de la encuesta STEPS. 

    La actividad técnica fue posible gracias al apoyo de CDC Foundation y Bloomberg Philanthropies. 

  • “La hipersexualización de los senos les causa ansiedad a muchas mujeres”: lo que una socióloga descubrió al investigar sobre los pechos

    “La hipersexualización de los senos les causa ansiedad a muchas mujeres”: lo que una socióloga descubrió al investigar sobre los pechos

    Mujer

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Dos días antes de someterse a una doble mastectomía, Sarah Thornton fue a nadar. Mientras se cambiaba, vio sus senos y les agradeció por estar ahí, se disculpó por no haberlos “amado lo suficiente”, y les pidió que la perdonaran “por dejarlos ir”.

    Habían pasado siete años “estresantes y agotadores” de chequeos médicos y biopsias.

    Los doctores estaban preocupados por las “muchas células raras” que tenía, cuán atípicas y cambiantes eran, y cuán diferente era una mamografía de la anterior.

    Con una historia familiar de cáncer de mama, Thornton decidió, en 2018, someterse a una cirugía preventiva y se sintió “increíblemente afortunada” por no haber desarrollado la enfermedad.

    Después de la intervención y de la reconstrucción, sintió “un deseo abrumador por entender los múltiples significados y usos de los senos”.

    Incluso un día antes de operación, le cuenta a BBC Mundo, tuvo la sensación de que estaba perdiendo algo muy importante que no había comprendido.

    Con sus implantes, se sumergió en una investigación de cuatro años que la llevó a conversar con más de 200 mujeres, “la mayoría de ellas, expertas, desde diferentes perspectivas, en los senos”.

    En sus historias, la académica canadiense buscaba profundizar en “esta parte de nuestro cuerpo que ha sido relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada hasta el punto de que muchas mujeres se sienten un poco al margen de sus propios cuerpos”.

    La investigación la llevó a muchos lugares, entre ellos clubs de strippers, consultorios de cirujanos, bancos de leche, talleres de diseño de sujetadores.

    Sarah Thornton con una blusa rosada debajo de una chaqueta blanca. Lleva lentes y ve a la cámara

    Fuente de la imagen, Cortesía: Aya Brackett

    Su propia visión

    De su investigación nació el libro Tits Up: What Our Beliefs About Breasts Reveal About Life, Love, Sex and Society (“Tetas arriba: lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad”).

    La traducción literal de tits up sería “tetas arriba”. En inglés británico, las dos palabras juntas forman una expresión que se usa para describir una situación desastrosa.

    Pero la autora descubrió que tits up es también una expresión positiva que utilizan algunas mujeres en Estados Unidos para desearse buena suerte entre sí.

    “Se trata de echar los hombros para atrás y desenvolverte con éxito. Se lo puedes decir, por ejemplo, a una CEO antes de que haga una presentación ante la junta de la compañía o los empleados”.

    La socióloga ha escrito libros sobre arte y ha sido investigadora y profesora en varias instituciones, entre ellas la Universidad de Sussex, en Inglaterra, y la Universidad de California, Berkeley.

    Sarah Thornton, vestida con una chaqueta y un pantalón negros y una blusa blanca, al lado de una obra de arte que consiste en formas gigantes de color blanco

    Fuente de la imagen, Linda Davidson / The Washington Post vía Getty Images

    Pie de foto, Thornton escribió los libros “Siete días en el mundo del arte” y “33 artistas en 3 actos”. Aquí fue fotografiada en la Galería Hirshorn, de Washington, junto a una obra del artista Ernesto Neto, en 2014.

    Además de buscar las perspectivas sobre los senos de mujeres y expertos, estudios y literatura especializada, Thornton indagó sobre su propia visión.

    “Sentí que había dos aspectos: uno era que mis pechos atraían la atención masculina de una manera que no siempre quería”.

    Y el otro tenía que ver con que, en el inglés informal, boobs es una de las palabras más populares (entre varias) para referirse a los senos. Es un término que, según el Diccionario de Cambridge, también puede significar “idiota” y “metedura de pata”.

    La combinación de “los pechos como estúpidos y los pechos como objetos de atención no deseada”, llevaron Thornton a sentir una cierta desconexión de sus propios senos.

    Cuando comenzó su investigación, cuenta que encontró que 40% de las mujeres en Occidente no se sentían satisfechas con sus senos.

    “La cirugía plástica número uno practicada a mujeres en casi todas las culturas es la mamaria”.

    “¿Por qué estamos gastando tanto dinero en levantar, aumentar, encoger nuestros senos?”.

    Una señal equivocada

    Es clave, considera la socióloga, que las mujeres se sientan menos juzgadas y presionadas sobre sus senos.

    “Hay una asociación terrible que todavía persiste en muchos lugares: que las adolescentes con senos grandes están disponibles sexualmente. Si eres una adolescente con senos grandes, es más probable que sufras acoso”.

    “La vinculación de los pechos con una especie de señal de disponibilidad para los hombres es un problema inmenso para las jovencitas”.

    Thornton cuenta que sus senos empezaron a crecer a una edad temprana y, eso, la hizo verse mayor, algo para lo que no estaba preparada.

    “Mi cerebro era el de una niña de 12 años, era muy inocente, pero había hombres que me veían como si tuviera 18 años”.

    “Y eso”, dice con conocimiento de causa, “puede generar traumas”.

    Un refugio en los sacos de cuello alto

    Cuando tenía 15 años, el chef del restaurante en el que trabajaba le puso las manos en sus senos.

    “Un día triste”, escribió en su libro. “Una humillante iniciación a la agresión sexual”.

    Un año después, en una pijamada en la casa de una amiga, otro hombre hizo lo mismo. Era la media noche y esas manos la despertaron: eran las del novio de la hermana mayor de su amiga.

    Y aquí volvemos al principio de este artículo, a los dos días previos a la mastectomía, momentos que recuerda con “una nostalgia profunda”, le dice a BBC Mundo.

    Un saco rojo cuello de tortuga

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En su libro, Thornton cuenta que a los 16 años sintió que debía “enterrar” sus senos debajo de sacos amplios y de cuello alto.

    Aunque se ha “reconciliado con la pérdida”, confiesa que no fue alguien que valorara sus senos”, y evoca las experiencias negativas que tuvo de adolescente.

    “Desde los 16 años, amé mis sacos de cuello de tortuga, mis camisas de cuello alto, no me sentía libre para disfrutar mi escote”.

    “Desde muy joven, sentí mucha vergüenza por mis senos. Sentía que, si no era cuidadosa, me podían poner en peligro”.

    Después llegarían los hijos y confiesa que la experiencia de amamantarlos no fue fácil, no la disfrutó tanto como hubiese deseado.

    Sin embargo, el acto de amamantar lo califica de mágico por el vínculo extraordinario de amor y nutrición que se crea. Y eso es fundamental, enfatiza.

    “Considero que, en general, en las Américas, los senos están muy sexualizados. Mucha gente cree erróneamente que las mujeres tienen pechos para atraer a los hombres y la realidad es que, biológicamente y según la evolución, la única razón es para alimentar a los bebés”.

    De reyes a Hollywood

    De acuerdo con la autora, la sexualización de los senos en Occidente y la idea de que los senos “son para atraer a los hombres” es reciente.

    En Europa, se remonta al Renacimiento, específicamente a la Francia del siglo XV, y se le vincula con el auge en el empleo de nodrizas -muchas de ellas campesinas- por parte de la aristocracia.

    Una mujer, con el cabello recogido, y el pecho descubierto está dentro de una bañera que está cubierta con una tela blanca. Al frente tiene unas frutas y está enmarcada en unas cortinas rojas. En su mano tiene una flor y en una de sus muñecas, lleva una pulsera. Atrás de ella, se asoma un niño que intenta alcanzar las uvas y dos mujeres, una amamantando a un bebé con uno de los senos descubiertos y otra mujer a lo lejos, con una jarra en sus manos

    Fuente de la imagen, Sepia Times/Universal Images Group via Getty Images

    Pie de foto, “Una dama en su baño” es un cuadro, de 1571, del artista francés del Renacimiento François Clouet, quien fue el pintor de la corte de los reyes franceses Francisco I, Enrique II y Carlos IX.

    “Los reyes franceses convirtieron en un fetiche los senos de sus amantes que nunca amamantaron porque tenían nodrizas que lo hicieron por ellas”, indica la académica.

    “Solo cuando el pecho no se usa para alimentar a un bebé es que puede convertirse en propiedad del esposo o del amante”.

    Y así, plantea Thornton, separado de su función principal, es que se le dio un rasgo erótico.

    La asociación de los senos como un “fetiche”, que se originó en Francia y se extendió por Europa, llegó a Estados Unidos y Hollywood la transformó en un negocio.

    Después de la Segunda Guerra Mundial, señala la experta, los senos se convertirían en el “principal activo” de actrices legendarias como Jane Mansfield, Jane Russell, Sofía Loren.

    Sofía Loren, con un vestido negro con un amplio escote, está sentada y tiene un vaso en la mano. A su lado, parada y sonriendo, está Jayne Mansfield, que lleva un vestido de seda blanco con un amplio escote

    Fuente de la imagen, Earl Leaf/Michael Ochs Archive/Getty Images

    Pie de foto, Sofía Loren y Jayne Mansfield en una velada organizada por los estudios Paramount para darle la bienvenida a Hollywood a la actriz italiana, en 1957.

    “No es una casualidad que Marilyn Monroe fuese la portada del primer ejemplar de la revista Playboy en 1953”, dice Thornton.

    “A medida que ascendía como una actriz de Hollywood, sus senos se volvieron una especie de broma y un objeto sexual”.

    Marilyn Monroe sentada en una cama con un tendido blanco y gris. Ella mira a la cámara. Lleva pintura labial roja y una ropa negra bordada con un escote pronunciado

    Fuente de la imagen, Screen Archives/Getty Images

    Pie de foto, Marilyn Monroe sentada en la cama de un tren en la película de 1959 “Some Like It Hot”, que en español se conoce como “Una Eva y dos Adanes”.

    En el proceso de sexualización de los senos, dice la socióloga, se le empezó a dar cada vez más importancia a su tamaño hasta llegar, años después, a la moda de “bustos inflados”.

    Cree que en parte se debió a que inicios de los años 60, dos cirujanos estadounidenses desarrollaron el primer implante mamario de silicona.

    “Se volvió algo común en Hollywood y, de ahí, su uso se extendió a otros lugares, entre mujeres adineradas y, después, entre mujeres de clases menos pudientes”.

    Entre derechos

    Thornton destaca que el movimiento feminista ha sido clave en la creación de conciencia sobre el cuerpo femenino.

    “Yo creo que la ola de feminismo que se dio en los años 70 y 80 se enfocó en la parte inferior de los cuerpos de las mujeres, en las vaginas y úteros”.

    “La criminalización de la violación fue un logro increíblemente importante del movimiento de mujeres en esos días”, indica, así como la promoción de los derechos reproductivos.

    Una mujer mayor y una joven sostienen un cartel que dice "Mujeres Unidas" mientras marchan, con más mujeres, por la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York

    Fuente de la imagen, Bob Parent/Getty Images

    Pie de foto, En agosto de 1970, se celebró, en Nueva York, una marcha que había convocado la Organización Nacional de Mujeres. Las participantes pedían igualdad en las condiciones laborales y cuidado infantil gratuito.

    “Pero también creo en el derecho de las mujeres sobre sus partes superiores, de la cintura para arriba: creo en el derecho de una mujer a elegir estar topless en la playa, ponerse sujetador o no, amamantar o no, reducirse los senos, aumentárselos, levantárselos”.

    O simplemente no hacerles nada.

    Tomar distancia

    En una entrevista con el medio británico The Guardian, Thornton contó que, hasta que empezó a trabajar en el libro, no se había dado cuenta de que los pezones masculinos están “por todas partes”, mientras que las mujeres tienden a sentirse incómodas si muestran los suyos.

    “Y es en parte porque existe esta noción de que nuestros pechos son principalmente objetos sexuales, no nos pertenecen”, señaló.

    Esa idea, le explica a BBC Mundo, afecta a muchas mujeres.

    “Las mujeres podemos sentirnos excluidas por la sexualización de nuestros senos y eso nos da la sensación de que no nos pertenecen, que su principal razón de ser no es la que nosotras les damos. Y eso se debe en parte a que se le da mucha importancia a su aspecto”.

    Médicos vestidos de azul, con mascarillas y con guantes blancos en un pabellón realizando una operación

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En 1962, en Houston, Texas, se realizó la primera cirugía de aumento de busto utilizando implantes de silicona. La intervención se expandió y llegó a otros países (Foto genérica).

    Para la investigadora, es fundamental que las mujeres se pregunten cómo se sienten con respecto a sus senos.

    “Probablemente, cuando vemos nuestros cuerpos en el espejo nos estamos viendo con los ojos de los hombres, algo para lo que hemos sido entrenadas desde muy jóvenes”.

    Pero no es solo lo visual, dice Thornton, también está lo verbal.

    Por ejemplo, un chico adolescente extrovertido, a quien se le pregunte por formas de llamar a los senos, puede ofrecer con “gran regocijo” varias palabras.

    “Las mujeres no sienten ese regocijo y por eso creo que sentimos que nuestros senos no nos pertenecen porque no los estamos definiendo, no estamos tomando el control de las conversaciones sobre ellos y terminamos alejándonos de ellos”.

    En otras partes del mundo

    Thornton exploró otras culturas y encontró que “los senos no son universalmente eróticos”.

    Según evidencia antropológica, la atracción hacia los senos se da en algunas culturas y en otras no.

    “En comunidades indígenas en climas tropicales, donde las mujeres no llevan ropa por encima de la cintura y amamantan abiertamente, los senos les pertenecen a los bebés”, escribió en su libro.

    Una japonesa vestida con un kimono con flores y un abanico en la mano.

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Una japonesa vestida con un kimono.

    En su obra también menciona a una comunidad en Mali que ve como “antinatural” que los adultos se sientan sexualmente atraídos a los pechos femeninos.

    “Estudios antropológicos en la década de los 80 muestran que varias comunidades en el sudeste de Asia y en África veían la actitud estadounidense y europea hacia los senos como algo retorcido”, le cuenta Thornton a BBC Mundo.

    “En Asia, en general, los senos no se han sexualizado al grado que ha sucedido en el mundo occidental. Si ves fotos de bellezas chinas o geishas japonesas verás que tienen los pechos aplanados”.

    Una lección desde el Edén

    Otro aspecto que abordó la autora es cómo la religión ha tenido influencia en la percepción de nuestros cuerpos.

    “Incluso si eres ateo, incluso si no has estado en una iglesia en los últimos 20 años”, dice, hay una idea que ha influido en nuestra comprensión del cuerpo femenino.

    “¿Qué aprendió Eva en el Jardín del Edén?”, se pregunta.

    “Después de que relees (ese relato), te das cuenta de que lo más importante que aprendió fue cubrirse el cuerpo, tapar su ‘cuerpo vergonzoso’, y me llama la atención cómo eso se interpretó de distintas maneras”.

    Un hombre con barba y cabello grises y una larga túnica tiene un rollo de papel en la mano izquierda mientras con la mano derecha apunta hacia adelante. Una mujer, de cabello largo, que está cubierta lo ve con tristeza. A su lado, un hombre con el pecho descubierto pero con su parte inferior tapada se cubre los ojos con las manos mientras camina

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Pintura que refleja la expulsión del Edén en la Catedral de Espira, Alemania.

    Plantea que en muchas culturas, se tradujo en que las mujeres debían cubrir no solo la parte de abajo, sino la de arriba también.

    “Con frecuencia, cuando doy conferencias les pregunto a los asistentes: ‘¿Quién es el hombre topless más famoso del mundo, al menos en las Américas y Europa?’. Algunas personas dicen ‘el David de Miguel Ángel’ o ‘Arnold Schwarzenegger’, entre otras respuestas”.

    “Y les digo: ‘¿No creen que es Jesucristo?’ Entramos a tantos lugares, museos, iglesias, librerías, bibliotecas, y ves el torso desnudo de Jesús y es algo hermoso, es una marca de su humanidad, de su universalidad, de su autenticidad, es una imagen sagrada”.

    “Pero cuando hablamos de las mujeres, nuestras partes superiores son consideradas profanas”.

    Se trata, según la académica, de una división muy profunda entre hombres y mujeres: si los pechos son representativos de la feminidad, pero se perciben como profanos, “siempre nos van a situar como inferiores a los hombres”.

    Otra manera de verlos (y vernos)

    Thornton quiere ayudar a eliminar la superficialidad con la que se han tratado los senos en diferentes ámbitos.

    “Son la fuente de la comunicación humana”, señala.

    “¿Por qué somos sociables? Porque nuestros infantes nos necesitan y nosotros a ellos. La comunicación que se da entre una madre y un niño es, para mí, la esencia de nuestra humanidad”.

    “Cualquier madre que esté amamantando sabe que sus senos, sus pezones, están a tono con su bebé, que su pecho sabrá cuándo el bebé tiene hambre antes que su cerebro”.

    Una mujer sujeta un extractor de leche a su seno, mientras la leche cae en una botella pequeña

    Fuente de la imagen, Fredy Builes/Getty Images

    Pie de foto, Una voluntaria se extraía leche para el banco de leche del Hospital General de Medellín, en 2021. Las donaciones ayudan a bebés cuyas madres no consiguen amamantar, así como a bebés y niños abandonados.

    Así como la socióloga busca que su investigación ayude positivamente a las mujeres a “recuperar” el significado que para ellas tienen sus senos y “a sentirnos mejor con nuestra mitad superior”, también hace una invitación:

    “Ante muchas de estas historias de la humanidad que apuntan a que siempre estamos en guerra, que nos gusta estar en facciones, que somos muy competitivos, yo digo que no, que esa es una visión de los hombres de lo que es la humanidad”.

    “Si quieres ver una alternativa, mira la maternidad, los pechos y la colaboración cariñosa que se da”.

    Cierra la entrevista con un ejemplo de esta cooperación.

    Ante la muerte, un padecimiento grave o problemas para amamantar de una madre, en las comunidades en las que no había leche de fórmula otra mujer se ofrecía a darle pecho a ese niño.

    Y esa práctica “hermosa” ha sido universal y sigue.

    En su libro, Thornton nos presenta a Elysia, quien fue víctima de abuso sexual y que decidió, mucho antes de que naciera su hijo, que no amamantaría para evitar activar traumas pasados.

    Además de extraerse leche para su hijo, donó cientos de litros a un banco de leche para ayudar a alimentar a bebés prematuros.

    “Veo mi leche como un producto del amor”, le dijo a la autora. “Ya no puedo odiar a mi cuerpo. Ha hecho algo realmente bueno. Soy mucho más feliz en mi cuerpo ahora, incluso si es menos objetivamente atractivo”.

    Raya gris

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  • Brasil dona medicamentos a Cuba para fortalecer el Programa Nacional de Tuberculosis

    Brasil dona medicamentos a Cuba para fortalecer el Programa Nacional de Tuberculosis

    La Habana, 25 de mayo de 2026 (OPS) — En el Hospital Neumológico Benéfico Jurídico se realizó el acto de entrega de un donativo de medicamentos antituberculosos de Brasil a Cuba, como parte de la cooperación bilateral en el ámbito de la salud.

    La actividad contó con la participación de la Dra. Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública para el área de Higiene y Epidemiología; el Dr. Alberto Francisco Durán García, director nacional de Epidemiología; el Dr. Néstor Marimón Torres, director de Relaciones Internacionales del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), el Dr. Manuel Blanco Pego, director de la institución sanitaria, el Excelentísimo Sr. Christian Vargas, embajador de Brasil en Cuba; y el Dr. Mario Cruz Peñate, representante de la OPS/OMS en el país.

    Durante el acto, la viceministra agradeció el donativo y destacó la amplia experiencia de colaboración entre Cuba y Brasil en diversos ámbitos, incluyendo la salud pública, la biotecnología, el fortalecimiento de las agencias regulatorias y la formación académica. Asimismo, subrayó el papel relevante de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) en estos vínculos de cooperación.

    Participantes en entrega de donación de medicamentos de Brasil en Hospital Neumológico Benéfico Jurídico

    Foto: OPS

    Por su parte, el Dr. Mario Cruz Peñate resaltó la importancia de esta contribución para el Programa Nacional de Tuberculosis y su objetivo de avanzar hacia la eliminación de la enfermedad en el país. Además, hizo referencia a la utilidad de la plataforma de donaciones de la OPS/OMS como mecanismo facilitador, así como al valor de la colaboración bilateral entre ambas naciones.

    Durante el encuentro, las autoridades cubanas ratificaron el compromiso del país de garantizar la adecuada distribución y uso de los medicamentos donados, que beneficiarán asimismo a los servicios de salud en otros centros y contribuirán al tratamiento de aproximadamente 1 000 pacientes, lo que resulta de gran utilidad para fortalecer la respuesta nacional frente a la tuberculosis.

    Este donativo reafirma los lazos de cooperación entre Cuba y Brasil, y contribuye a los esfuerzos conjuntos por mejorar la salud de la población y enfrentar enfermedades transmisibles de alto impacto.

    Foto: OPS
  • Lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad

    Lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad

    Sarah Thornton con una blusa rosada debajo de una chaqueta blanca. Lleva lentes y ve a la cámara

    Fuente de la imagen, Cortesía: Aya Brackett

    • Fecha de publicación

    • Tiempo de lectura: 13 min

    Dos días antes de someterse a una doble mastectomía, Sarah Thornton fue a nadar. Mientras se cambiaba, vio sus senos y les agradeció por estar ahí, se disculpó por no haberlos “amado lo suficiente”, y les pidió que la perdonaran “por dejarlos ir”.

    Habían pasado siete años “estresantes y agotadores” de chequeos médicos y biopsias.

    Los doctores estaban preocupados por las “muchas células raras” que tenía, cuán atípicas y cambiantes eran, y cuán diferente era una mamografía de la anterior.

    Con una historia familiar de cáncer de mama, Thornton decidió, en 2018, someterse a una cirugía preventiva y se sintió “increíblemente afortunada” por no haber desarrollado la enfermedad.

    Después de la intervención y de la reconstrucción, sintió “un deseo abrumador por entender los múltiples significados y usos de los senos”.

    Incluso un día antes de operación, le cuenta a BBC Mundo, tuvo la sensación de que estaba perdiendo algo muy importante que no había comprendido.

    Con sus implantes, se sumergió en una investigación de cuatro años que la llevó a conversar con más de 200 mujeres, “la mayoría de ellas, expertas, desde diferentes perspectivas, en los senos”.

    En sus historias, la académica canadiense buscaba profundizar en “esta parte de nuestro cuerpo que ha sido relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada hasta el punto de que muchas mujeres se sienten un poco al margen de sus propios cuerpos”.

    La investigación la llevó a muchos lugares, entre ellos clubs de strippers, consultorios de cirujanos, bancos de leche, talleres de diseño de sujetadores.

    Su propia visión

    De su investigación nació el libro Tits Up: What Our Beliefs About Breasts Reveal About Life, Love, Sex and Society (“Tetas arriba: lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad”).

    La traducción literal de tits up sería “tetas arriba”. En inglés británico, las dos palabras juntas forman una expresión que se usa para describir una situación desastrosa.

    Pero la autora descubrió que tits up es también una expresión positiva que utilizan algunas mujeres en Estados Unidos para desearse buena suerte entre sí.

    “Se trata de echar los hombros para atrás y desenvolverte con éxito. Se lo puedes decir, por ejemplo, a una CEO antes de que haga una presentación ante la junta de la compañía o los empleados”.

    La socióloga ha escrito libros sobre arte y ha sido investigadora y profesora en varias instituciones, entre ellas la Universidad de Sussex, en Inglaterra, y la Universidad de California, Berkeley.

    Sarah Thornton, vestida con una chaqueta y un pantalón negros y una blusa blanca, al lado de una obra de arte que consiste en formas gigantes de color blanco

    Fuente de la imagen, Linda Davidson / The Washington Post vía Getty Images

    Pie de foto, Thornton escribió los libros “Siete días en el mundo del arte” y “33 artistas en 3 actos”. Aquí fue fotografiada en la Galería Hirshorn, de Washington, junto a una obra del artista Ernesto Neto, en 2014.

    Además de buscar las perspectivas sobre los senos de mujeres y expertos, estudios y literatura especializada, Thornton indagó sobre su propia visión.

    “Sentí que había dos aspectos: uno era que mis pechos atraían la atención masculina de una manera que no siempre quería”.

    Y el otro tenía que ver con que, en el inglés informal, boobs es una de las palabras más populares (entre varias) para referirse a los senos. Es un término que, según el Diccionario de Cambridge, también puede significar “idiota” y “metedura de pata”.

    La combinación de “los pechos como estúpidos y los pechos como objetos de atención no deseada”, llevaron Thornton a sentir una cierta desconexión de sus propios senos.

    Cuando comenzó su investigación, cuenta que encontró que 40% de las mujeres en Occidente no se sentían satisfechas con sus senos.

    “La cirugía plástica número uno practicada a mujeres en casi todas las culturas es la mamaria”.

    “¿Por qué estamos gastando tanto dinero en levantar, aumentar, encoger nuestros senos?”.

    Una señal equivocada

    Es clave, considera la socióloga, que las mujeres se sientan menos juzgadas y presionadas sobre sus senos.

    “Hay una asociación terrible que todavía persiste en muchos lugares: que las adolescentes con senos grandes están disponibles sexualmente. Si eres una adolescente con senos grandes, es más probable que sufras acoso”.

    “La vinculación de los pechos con una especie de señal de disponibilidad para los hombres es un problema inmenso para las jovencitas”.

    Thornton cuenta que sus senos empezaron a crecer a una edad temprana y, eso, la hizo verse mayor, algo para lo que no estaba preparada.

    “Mi cerebro era el de una niña de 12 años, era muy inocente, pero había hombres que me veían como si tuviera 18 años”.

    “Y eso”, dice con conocimiento de causa, “puede generar traumas”.

    Un refugio en los sacos de cuello alto

    Cuando tenía 15 años, el chef del restaurante en el que trabajaba le puso las manos en sus senos.

    “Un día triste”, escribió en su libro. “Una humillante iniciación a la agresión sexual”.

    Un año después, en una pijamada en la casa de una amiga, otro hombre hizo lo mismo. Era la media noche y esas manos la despertaron: eran las del novio de la hermana mayor de su amiga.

    Y aquí volvemos al principio de este artículo, a los dos días previos a la mastectomía, momentos que recuerda con “una nostalgia profunda”, le dice a BBC Mundo.

    Un saco rojo cuello de tortuga

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En su libro, Thornton cuenta que a los 16 años sintió que debía “enterrar” sus senos debajo de sacos amplios y de cuello alto.

    Aunque se ha “reconciliado con la pérdida”, confiesa que no fue alguien que valorara sus senos”, y evoca las experiencias negativas que tuvo de adolescente.

    “Desde los 16 años, amé mis sacos de cuello de tortuga, mis camisas de cuello alto, no me sentía libre para disfrutar mi escote”.

    “Desde muy joven, sentí mucha vergüenza por mis senos. Sentía que, si no era cuidadosa, me podían poner en peligro”.

    Después llegarían los hijos y confiesa que la experiencia de amamantarlos no fue fácil, no la disfrutó tanto como hubiese deseado.

    Sin embargo, el acto de amamantar lo califica de mágico por el vínculo extraordinario de amor y nutrición que se crea. Y eso es fundamental, enfatiza.

    “Considero que, en general, en las Américas, los senos están muy sexualizados. Mucha gente cree erróneamente que las mujeres tienen pechos para atraer a los hombres y la realidad es que, biológicamente y según la evolución, la única razón es para alimentar a los bebés”.

    De reyes a Hollywood

    De acuerdo con la autora, la sexualización de los senos en Occidente y la idea de que los senos “son para atraer a los hombres” es reciente.

    En Europa, se remonta al Renacimiento, específicamente a la Francia del siglo XV, y se le vincula con el auge en el empleo de nodrizas -muchas de ellas campesinas- por parte de la aristocracia.

    Una mujer, con el cabello recogido, y el pecho descubierto está dentro de una bañera que está cubierta con una tela blanca. Al frente tiene unas frutas y está enmarcada en unas cortinas rojas. En su mano tiene una flor y en una de sus muñecas, lleva una pulsera. Atrás de ella, se asoma un niño que intenta alcanzar las uvas y dos mujeres, una amamantando a un bebé con uno de los senos descubiertos y otra mujer a lo lejos, con una jarra en sus manos

    Fuente de la imagen, Sepia Times/Universal Images Group via Getty Images

    Pie de foto, “Una dama en su baño” es un cuadro, de 1571, del artista francés del Renacimiento François Clouet, quien fue el pintor de la corte de los reyes franceses Francisco I, Enrique II y Carlos IX.

    “Los reyes franceses convirtieron en un fetiche los senos de sus amantes que nunca amamantaron porque tenían nodrizas que lo hicieron por ellas”, indica la académica.

    “Solo cuando el pecho no se usa para alimentar a un bebé es que puede convertirse en propiedad del esposo o del amante”.

    Y así, plantea Thornton, separado de su función principal, es que se le dio un rasgo erótico.

    La asociación de los senos como un “fetiche”, que se originó en Francia y se extendió por Europa, llegó a Estados Unidos y Hollywood la transformó en un negocio.

    Después de la Segunda Guerra Mundial, señala la experta, los senos se convertirían en el “principal activo” de actrices legendarias como Jane Mansfield, Jane Russell, Sofía Loren.

    Sofía Loren, con un vestido negro con un amplio escote, está sentada y tiene un vaso en la mano. A su lado, parada y sonriendo, está Jayne Mansfield, que lleva un vestido de seda blanco con un amplio escote

    Fuente de la imagen, Earl Leaf/Michael Ochs Archive/Getty Images

    Pie de foto, Sofía Loren y Jayne Mansfield en una velada organizada por los estudios Paramount para darle la bienvenida a Hollywood a la actriz italiana, en 1957.

    “No es una casualidad que Marilyn Monroe fuese la portada del primer ejemplar de la revista Playboy en 1953”, dice Thornton.

    “A medida que ascendía como una actriz de Hollywood, sus senos se volvieron una especie de broma y un objeto sexual”.

    Marilyn Monroe sentada en una cama con un tendido blanco y gris. Ella mira a la cámara. Lleva pintura labial roja y una ropa negra bordada con un escote pronunciado

    Fuente de la imagen, Screen Archives/Getty Images

    Pie de foto, Marilyn Monroe sentada en la cama de un tren en la película de 1959 “Some Like It Hot”, que en español se conoce como “Una Eva y dos Adanes”.

    En el proceso de sexualización de los senos, dice la socióloga, se le empezó a dar cada vez más importancia a su tamaño hasta llegar, años después, a la moda de “bustos inflados”.

    Cree que en parte se debió a que inicios de los años 60, dos cirujanos estadounidenses desarrollaron el primer implante mamario de silicona.

    “Se volvió algo común en Hollywood y, de ahí, su uso se extendió a otros lugares, entre mujeres adineradas y, después, entre mujeres de clases menos pudientes”.

    Entre derechos

    Thornton destaca que el movimiento feminista ha sido clave en la creación de conciencia sobre el cuerpo femenino.

    “Yo creo que la ola de feminismo que se dio en los años 70 y 80 se enfocó en la parte inferior de los cuerpos de las mujeres, en las vaginas y úteros”.

    “La criminalización de la violación fue un logro increíblemente importante del movimiento de mujeres en esos días”, indica, así como la promoción de los derechos reproductivos.

    Una mujer mayor y una joven sostienen un cartel que dice "Mujeres Unidas" mientras marchan, con más mujeres, por la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York

    Fuente de la imagen, Bob Parent/Getty Images

    Pie de foto, En agosto de 1970, se celebró, en Nueva York, una marcha que había convocado la Organización Nacional de Mujeres. Las participantes pedían igualdad en las condiciones laborales y cuidado infantil gratuito.

    “Pero también creo en el derecho de las mujeres sobre sus partes superiores, de la cintura para arriba: creo en el derecho de una mujer a elegir estar topless en la playa, ponerse sujetador o no, amamantar o no, reducirse los senos, aumentárselos, levantárselos”.

    O simplemente no hacerles nada.

    Tomar distancia

    En una entrevista con el medio británico The Guardian, Thornton contó que, hasta que empezó a trabajar en el libro, no se había dado cuenta de que los pezones masculinos están “por todas partes”, mientras que las mujeres tienden a sentirse incómodas si muestran los suyos.

    “Y es en parte porque existe esta noción de que nuestros pechos son principalmente objetos sexuales, no nos pertenecen”, señaló.

    Esa idea, le explica a BBC Mundo, afecta a muchas mujeres.

    “Las mujeres podemos sentirnos excluidas por la sexualización de nuestros senos y eso nos da la sensación de que no nos pertenecen, que su principal razón de ser no es la que nosotras les damos. Y eso se debe en parte a que se le da mucha importancia a su aspecto”.

    Médicos vestidos de azul, con mascarillas y con guantes blancos en un pabellón realizando una operación

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En 1962, en Houston, Texas, se realizó la primera cirugía de aumento de busto utilizando implantes de silicona. La intervención se expandió y llegó a otros países (Foto genérica).

    Para la investigadora, es fundamental que las mujeres se pregunten cómo se sienten con respecto a sus senos.

    “Probablemente, cuando vemos nuestros cuerpos en el espejo nos estamos viendo con los ojos de los hombres, algo para lo que hemos sido entrenadas desde muy jóvenes”.

    Pero no es solo lo visual, dice Thornton, también está lo verbal.

    Por ejemplo, un chico adolescente extrovertido, a quien se le pregunte por formas de llamar a los senos, puede ofrecer con “gran regocijo” varias palabras.

    “Las mujeres no sienten ese regocijo y por eso creo que sentimos que nuestros senos no nos pertenecen porque no los estamos definiendo, no estamos tomando el control de las conversaciones sobre ellos y terminamos alejándonos de ellos”.

    En otras partes del mundo

    Thornton exploró otras culturas y encontró que “los senos no son universalmente eróticos”.

    Según evidencia antropológica, la atracción hacia los senos se da en algunas culturas y en otras no.

    “En comunidades indígenas en climas tropicales, donde las mujeres no llevan ropa por encima de la cintura y amamantan abiertamente, los senos les pertenecen a los bebés”, escribió en su libro.

    Una japonesa vestida con un kimono con flores y un abanico en la mano.

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Una japonesa vestida con un kimono.

    En su obra también menciona a una comunidad en Mali que ve como “antinatural” que los adultos se sientan sexualmente atraídos a los pechos femeninos.

    “Estudios antropológicos en la década de los 80 muestran que varias comunidades en el sudeste de Asia y en África veían la actitud estadounidense y europea hacia los senos como algo retorcido”, le cuenta Thornton a BBC Mundo.

    “En Asia, en general, los senos no se han sexualizado al grado que ha sucedido en el mundo occidental. Si ves fotos de bellezas chinas o geishas japonesas verás que tienen los pechos aplanados”.

    Una lección desde el Edén

    Otro aspecto que abordó la autora es cómo la religión ha tenido influencia en la percepción de nuestros cuerpos.

    “Incluso si eres ateo, incluso si no has estado en una iglesia en los últimos 20 años”, dice, hay una idea que ha influido en nuestra comprensión del cuerpo femenino.

    “¿Qué aprendió Eva en el Jardín del Edén?”, se pregunta.

    “Después de que relees (ese relato), te das cuenta de que lo más importante que aprendió fue cubrirse el cuerpo, tapar su ‘cuerpo vergonzoso’, y me llama la atención cómo eso se interpretó de distintas maneras”.

    Un hombre con barba y cabello grises y una larga túnica tiene un rollo de papel en la mano izquierda mientras con la mano derecha apunta hacia adelante. Una mujer, de cabello largo, que está cubierta lo ve con tristeza. A su lado, un hombre con el pecho descubierto pero con su parte inferior tapada se cubre los ojos con las manos mientras camina

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Pintura que refleja la expulsión del Edén en la Catedral de Espira, Alemania.

    Plantea que en muchas culturas, se tradujo en que las mujeres debían cubrir no solo la parte de abajo, sino la de arriba también.

    “Con frecuencia, cuando doy conferencias les pregunto a los asistentes: ‘¿Quién es el hombre topless más famoso del mundo, al menos en las Américas y Europa?’. Algunas personas dicen ‘el David de Miguel Ángel’ o ‘Arnold Schwarzenegger’, entre otras respuestas”.

    “Y les digo: ‘¿No creen que es Jesucristo?’ Entramos a tantos lugares, museos, iglesias, librerías, bibliotecas, y ves el torso desnudo de Jesús y es algo hermoso, es una marca de su humanidad, de su universalidad, de su autenticidad, es una imagen sagrada”.

    “Pero cuando hablamos de las mujeres, nuestras partes superiores son consideradas profanas”.

    Se trata, según la académica, de una división muy profunda entre hombres y mujeres: si los pechos son representativos de la feminidad, pero se perciben como profanos, “siempre nos van a situar como inferiores a los hombres”.

    Otra manera de verlos (y vernos)

    Thornton quiere ayudar a eliminar la superficialidad con la que se han tratado los senos en diferentes ámbitos.

    “Son la fuente de la comunicación humana”, señala.

    “¿Por qué somos sociables? Porque nuestros infantes nos necesitan y nosotros a ellos. La comunicación que se da entre una madre y un niño es, para mí, la esencia de nuestra humanidad”.

    “Cualquier madre que esté amamantando sabe que sus senos, sus pezones, están a tono con su bebé, que su pecho sabrá cuándo el bebé tiene hambre antes que su cerebro”.

    Una mujer sujeta un extractor de leche a su seno, mientras la leche cae en una botella pequeña

    Fuente de la imagen, Fredy Builes/Getty Images

    Pie de foto, Una voluntaria se extraía leche para el banco de leche del Hospital General de Medellín, en 2021. Las donaciones ayudan a bebés cuyas madres no consiguen amamantar, así como a bebés y niños abandonados.

    Así como la socióloga busca que su investigación ayude positivamente a las mujeres a “recuperar” el significado que para ellas tienen sus senos y “a sentirnos mejor con nuestra mitad superior”, también hace una invitación:

    “Ante muchas de estas historias de la humanidad que apuntan a que siempre estamos en guerra, que nos gusta estar en facciones, que somos muy competitivos, yo digo que no, que esa es una visión de los hombres de lo que es la humanidad”.

    “Si quieres ver una alternativa, mira la maternidad, los pechos y la colaboración cariñosa que se da”.

    Cierra la entrevista con un ejemplo de esta cooperación.

    Ante la muerte, un padecimiento grave o problemas para amamantar de una madre, en las comunidades en las que no había leche de fórmula otra mujer se ofrecía a darle pecho a ese niño.

    Y esa práctica “hermosa” ha sido universal y sigue.

    En su libro, Thornton nos presenta a Elysia, quien fue víctima de abuso sexual y que decidió, mucho antes de que naciera su hijo, que no amamantaría para evitar activar traumas pasados.

    Además de extraerse leche para su hijo, donó cientos de litros a un banco de leche para ayudar a alimentar a bebés prematuros.

    “Veo mi leche como un producto del amor”, le dijo a la autora. “Ya no puedo odiar a mi cuerpo. Ha hecho algo realmente bueno. Soy mucho más feliz en mi cuerpo ahora, incluso si es menos objetivamente atractivo”.

    Raya gris

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  • Guatemala marca un hito histórico con el lanzamiento del primer Plan Nacional de Enfermería

    Guatemala marca un hito histórico con el lanzamiento del primer Plan Nacional de Enfermería

    Ciudad de Guatemala, mayo de 2026 — Guatemala presentó oficialmente el primer Plan Nacional de Enfermería 2026–2031, una estrategia histórica orientada a fortalecer el talento humano en salud y consolidar a la enfermería como eje fundamental para la transformación del sistema sanitario del país.

    El lanzamiento fue impulsado por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), con cooperación técnica de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), y reunió a autoridades sanitarias, universidades, asociaciones gremiales y profesionales de enfermería de distintas regiones del país. 

    El Plan representa la primera hoja de ruta nacional construida específicamente para orientar el fortalecimiento integral de la enfermería, incorporando enfoques de atención primaria de salud, derechos humanos, interculturalidad, equidad y desarrollo del talento humano. 

    Durante la actividad, la MSc. Sulma Yaneth Bernal Ruano, presidenta de la Asociación Guatemalteca de Enfermeras y Enfermeros Profesionales y coordinadora de la Unidad de Desarrollo de los Servicios de Enfermería del MSPAS, destacó que el Plan constituye “una visión de país” construida mediante diálogo, evidencia y compromiso colectivo.

    “Hoy no solamente presentamos un documento técnico. Hoy presentamos una visión de país”, expresó Bernal, al resaltar que el instrumento recoge las necesidades, aspiraciones y aportes de miles de profesionales de enfermería de Guatemala. 

    Por su parte, el doctor Donato Camey, Ministro de Salud Pública y Asistencia Social en funciones, señaló que el Plan permitirá avanzar en mejores condiciones laborales, desarrollo profesional y reconocimiento del personal de enfermería, fortaleciendo además sistemas de salud más resilientes, accesibles y centrados en las personas. 

    El doctor Alexandre Florencio, Asesor de Sistemas y Servicios de Salud de OPS/OMS en Guatemala, resaltó que fortalecer la enfermería significa fortalecer la gobernanza sanitaria, la capacidad de respuesta territorial y el futuro del cuidado en el país.

    El Plan Nacional de Enfermería 2026–2031 se sustenta en la evidencia generada a través del Censo Nacional de Enfermería 2024 y se estructura en tres líneas estratégicas: condiciones laborales y desarrollo profesional; formación y calidad en enfermería; e identidad, liderazgo y gobernanza. 

    Las autoridades coincidieron en que este lanzamiento marca el inicio de una nueva etapa para la enfermería guatemalteca y para el fortalecimiento del sistema nacional de salud, promoviendo una enfermería más visible, reconocida y preparada para responder a las necesidades actuales y futuras de la población.

  • 5 técnicas de respiración que pueden reducir el estrés en pocos minutos y mejorar tu salud

    5 técnicas de respiración que pueden reducir el estrés en pocos minutos y mejorar tu salud

    Mujer con los ojos cerrados, relajada, en estado de plena consciencia

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Respirar es lo primero y lo último que hacemos en nuestras vidas. Es una actividad en gran medida automática que el cuerpo realiza muchas veces por minuto para mantenernos vivos y funcionando correctamente.

    Pero un campo emergente de la ciencia sugiere que, en ocasiones, nuestro organismo puede beneficiarse si lo hacemos de forma óptima.

    El trabajo respiratorio es una práctica ancestral presente en distintas culturas desde hace miles de años.

    Hay técnicas como el pranayama, una práctica tradicional de India, que busca conectar mente y cuerpo mediante métodos como respirar por una sola fosa nasal, o el qigong que se practica en China.

    La idea central es que adoptar un enfoque más consciente de la respiración, incluso durante unos pocos minutos al día, puede ayudar a relajar y calmar el cuerpo, con beneficios tanto inmediatos como a largo plazo.

    “Me gusta describir el trabajo respiratorio como una práctica antigua que está resurgiendo hoy como el nuevo ‘truco’ de la atención plena”, afirma Abbie Little, investigadora en psicología teórica y medicina en la Universidad Griffith, en Australia.

    Cabe destacar que las mujeres embarazadas o las personas con enfermedades respiratorias, como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, deben actuar con cautela antes de probar estas técnicas y consultar con un profesional de la salud.

    Ambos grupos han quedado fuera de ensayos anteriores sobre ejercicios de respiración.

    Aun así, se cree que muchas personas pueden beneficiarse.

    Pequeños cambios pueden ayudar a reducir las hormonas del estrés en personas sanas, mientras que en quienes padecen enfermedades crónicas, como la enfermedad inflamatoria intestinal, el trabajo respiratorio puede mejorar los síntomas y reducir la inflamación.

    Para la mayoría, ajustar ligeramente la velocidad, el ritmo y la regularidad de la respiración puede marcar una diferencia inmediata.

    ¿Cómo puedes empezar a aprovechar estos beneficios?

    La BBC analiza de cerca la ciencia de respirar, un campo que se estudia cada vez más.

    En esta nota te damos cinco técnicas de respiración que puedes probar.

    Una herramienta para reducir el estrés

    Cada vez hay más evidencia de que el trabajo respiratorio puede funcionar como una nueva herramienta para gestionar el estrés.

    El estrés crónico es un factor clave en muchos trastornos asociados al envejecimiento.

    También está asociado con problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión.

    Grupo de personas meditando en la postura del loto padmasana en una clase de yoga.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Ajustar la velocidad con la que respiras, el ritmo y la regularidad puede marcar la diferencia.

    En personas que ya padecen enfermedades como el cáncer de mama u otros tipos de cáncer, niveles elevados de hormonas del estrés como el cortisol pueden empeorar el pronóstico y acelerar la progresión de la enfermedad.

    Además, las investigaciones sugieren que también puede acelerar el envejecimiento.

    “Hemos estudiado los niveles de cortisol en mujeres con cáncer de mama avanzado y hemos visto que patrones anormales del cortisol a lo largo del día pueden predecir cuánto tiempo van a vivir”, apunta David Spiegel, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford, en EE.UU.

    Sin embargo, aunque el trabajo respiratorio tiene una larga trayectoria, la comprensión científica moderna de cómo funciona aún está en sus primeras etapas.

    Un estudio reciente que revisa la evidencia disponible señala que más de la mitad de las investigaciones sobre el tema se han publicado en los últimos seis años.

    La investigadora Abbie Little afirma que los científicos todavía están tratando de identificar qué métodos son más eficaces.

    Aun así, los investigadores ya han podido sacar algunas conclusiones importantes.

    Reducir el ritmo puede ayudar

    Para empezar, hay una corriente creciente que sugiere que muchos de nosotros respiramos demasiado rápido.

    “Todos tendemos a hiperventilar, es decir, a respirar más rápido de lo necesario y de forma poco eficiente”, explica Spiegel.

    Ilustración de pulmones verdes llenos de plantas.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Los investigadores creen que tendemos a respirar más rápido de lo necesario.

    Por lo general, se considera hiperventilación superar las 15 respiraciones por minuto.

    Algunas personas respiran principalmente por la boca, un hábito que puede empezar en la infancia y prolongarse hasta la edad adulta.

    Spiegel señala que uno de los beneficios del trabajo respiratorio es similar al de la hipnosis, la meditación y otras prácticas mente-cuerpo: obliga a dirigir la atención hacia el interior y a desconectar de lo que ocurre alrededor.

    En el caso de la hipnosis, añade, sus efectos incluso se han observado en escáneres de resonancia magnética.

    Según un estudio, reduce la actividad en el sistema de alarma interno del cerebro, una región llamada corteza cingulada anterior dorsal, que se activa ante el estrés.

    “Existen distintos patrones de respiración que a veces están asociados a prácticas de meditación”, dice Spiegel.

    “La idea es abrirse al cuerpo, no luchar contra él”, añade.

    Pero los beneficios del trabajo respiratorio no se limitan a darle un respiro a la mente en medio del ajetreo diario.

    También hay evidencia de que modificar la forma en que respiramos, incluso de manera temporal, puede mejorar la regulación del sistema nervioso.

    Entrenar el sistema nervioso

    En el año 2000, dos psiquiatras estadounidenses propusieron un nuevo modelo para explicar la relación entre el corazón, el sistema nervioso central y nuestras emociones.

    Este enfoque se centraba en el sistema nervioso autónomo, una red de nervios, entre ellos el nervio vago, que conecta los principales órganos y regula funciones inconscientes como la frecuencia cardíaca o la respiración.

    El sistema nervioso autónomo tiene tres divisiones principales.

    Mujer contemplando en el bosque.

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, Abbie Little explica que respiramos por la boca, de forma rápida y superficial, activamos el sistema nervioso simpático, que nos indica que estamos bajo estrés y en peligro.

    El sistema simpático activa la respuesta de “lucha o huida” en situaciones de peligro o alta activación, aumentando la adrenalina, la presión arterial y el ritmo cardíaco.

    El sistema parasimpático, en cambio, pone en marcha las funciones de “descanso y digestión”, calmando el organismo y favoreciendo procesos como la digestión.

    Por último, está el sistema nervioso entérico, formado por cientos de millones de neuronas que se encuentran en la pared del intestino.

    Según Little, lo aprendido a partir de ese modelo ha demostrado que existe una relación bidireccional entre la respiración y el sistema nervioso autónomo, lo que ayuda a explicar por qué respirar de forma superficial por la boca no es lo más adecuado para la salud.

    “Si respiramos por la boca, de forma rápida y superficial, activamos el sistema nervioso simpático, que nos indica que estamos bajo estrés y en peligro”, explica.

    “En cambio, si respiramos lenta y profundamente por la nariz, llevando el aire al abdomen, activamos el sistema parasimpático, que nos hace sentir seguros y en reposo”.

    1. Suspiro cíclico

    Un ejemplo de este tipo de respiración más lenta e intencional por la nariz es el llamado suspiro cíclico, que Spiegel compara con la forma en que respiramos de manera natural al cantar.

    En 2023, un ensayo controlado aleatorizado comparó distintos ejercicios de respiración con la meditación de atención plena.

    Los resultados mostraron que apenas cinco minutos diarios de suspiro cíclico, en particular, produjeron mejoras significativas en el estado de ánimo y la ansiedad a lo largo de un mes.

    Spiegel explica que una de las razones probables es que esta técnica implica una exhalación prolongada. Señala que el consejo habitual para el estrés de “respirar hondo” no siempre es el más útil.

    “Si solo inhalas, en realidad estás haciendo lo contrario de lo que necesitas”, afirma.

    Meditación en un bosque de hoja perenne. Mujer madura paseando por un bosque de coníferas

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, El suspiro cíclico comienza con dos inhalaciones consecutivas por la nariz.

    “Al inhalar, reduces el flujo sanguíneo y el oxígeno, y el corazón recibe la señal de bombear con más fuerza. En cambio, cuando haces una exhalación larga y lenta, expulsas el aire y ayudas a que la sangre circule hacia las cavidades del corazón, lo que envía una señal de ‘calma’ al organismo”.

    El suspiro cíclico comienza con dos inhalaciones consecutivas por la nariz: primero, una respiración profunda y, justo al final, una segunda inhalación más corta para llenar completamente los pulmones. Después, se exhala lentamente por la boca durante varios segundos, hasta vaciar los pulmones.

    Spiegel recomienda repetir este patrón durante unos cinco minutos.

    Con la práctica, también se fortalece el diafragma.

    “Eso permite llenar mejor los pulmones y realizar una exhalación más larga y lenta, lo que favorece el predominio del sistema parasimpático”, señala.

    2. Respiración en caja

    Otras técnicas buscan controlar el estrés regulando el sistema nervioso autónomo a través del ritmo de la respiración.

    La respiración en caja (box breathing), por ejemplo, consiste en seguir un patrón en el que se inhala, se mantiene la respiración, se exhala y se vuelve a mantener, todo durante intervalos similares.

    Según Spiegel, esta técnica puede ayudar tanto a relajarse como a concentrarse antes de una situación potencialmente estresante.

    Algunos estudios también sugieren que puede ser útil para manejar el dolor crónico. En un ensayo con mujeres con cáncer de mama que se habían sometido a una mastectomía, ayudó a reducir los niveles de estrés.

    Ajustar el ritmo de la respiración con otras funciones del cuerpo también puede ser clave.

    Guy Fincham, investigador en la Brighton and Sussex Medical School de Reino Unido, explica que hay pruebas sólidas de los beneficios de respirar más lentamente, hasta el punto de realizar menos de 10 ciclos por minuto.

    “Este ritmo, presente en tradiciones como el yoga, el qigong, la oración o los mantras, se conoce como respiración coherente”, señala.

    Se cree que este patrón sincroniza la respiración con las oscilaciones naturales del corazón y la presión arterial, lo que puede tener efectos importantes sobre la variabilidad de la frecuencia cardíaca, es decir, las variaciones en el tiempo entre latidos.

    Un aumento de esta variabilidad se asocia con una mejor respuesta al estrés y un sistema nervioso más flexible, e incluso podría ayudar a reducir la inflamación.

    “En general, una mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca se considera beneficiosa, y la respiración coherente ayuda a optimizarla”, afirma Fincham.

    La respiración en caja, que utilizan los Navy Seals, la principal fuerza de operaciones especiales de élite de la Armada de EE.UU., como técnica previa a situaciones de alta presión, puede tanto calmar el sistema nervioso como mejorar la concentración.

    Consiste en cuatro pasos —inhalar, mantener, exhalar y volver a mantener—, dedicando unos cuatro segundos a cada uno.

    “No es tanto una técnica de relajación profunda”, explica Spiegel. “Más bien activa el organismo: te prepara para actuar”.

    3. Respiración 4-7-8

    Esta técnica, utilizada en contextos clínicos para reducir la ansiedad y manejar el estrés, sigue un patrón sencillo de inhalar, mantener y exhalar, poniendo especial énfasis en una exhalación lenta.

    Un estudio con personas que se habían sometido a una cirugía bariátrica mostró que quienes practicaban la respiración 4-7-8 presentaban niveles de ansiedad significativamente más bajos que aquellos que solo realizaban respiraciones profundas.

    El patrón consiste en inhalar durante cuatro segundos, mantener la respiración durante siete y exhalar lentamente durante ocho.

    4. Respiración coherente

    Al tratarse de una técnica algo más avanzada, Fincham recomienda empezar encontrando una postura cómoda: sentado con la espalda recta y los pies apoyados en el suelo, o tumbado boca arriba.

    Debes poner una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho para notar si respiras de forma profunda o superficial.

    Luego, hay que cerrar los ojos, o bajar la mirada, y hacer dos o tres respiraciones normales para relajarte.

    Luego hay que respirar por la nariz y empujar el aire hacia abajo, activando el diafragma, de modo que la mano del abdomen se eleve primero y un poco más que la del pecho.

    Fincham subraya la importancia de que la respiración sea suave y continua, evitando tanto “aspirar” el aire bruscamente al inhalar como expulsarlo con fuerza al exhalar.

    “La respiración debe sentirse fluida, como una ola, sin cortes ni brusquedades”, explica. “Imagina que es como la marea, que entra y sale lentamente”.

    A continuación, se debe establecer un ritmo.

    Fincham recomienda utilizar una aplicación o una guía sonora para inhalar durante cinco segundos y exhalar durante otros cinco, sin pausas.

    Este patrón permite realizar unas seis respiraciones por minuto. Si resulta difícil, puedes empezar con intervalos más cortos e ir aumentándolos progresivamente.

    “Con la práctica, será más fácil mantener un ritmo regular, por ejemplo contando mentalmente la duración de cada inhalación y exhalación”, explica Andrea Zaccaro, investigador en psicología y respiración de la Universidad de Chieti-Pescara, en Italia.

    5. Método de respiración A52

    Esta técnica es similar a la respiración coherente, pero introduce una pequeña variación.

    Consiste en inhalar lentamente por la nariz durante cinco segundos, llevando el aire al abdomen, y exhalar también de forma lenta durante cinco segundos.

    La diferencia es que, al final de la exhalación, se mantiene la respiración durante dos segundos antes de comenzar de nuevo.

    Como ocurre con la respiración coherente, puede requerir tiempo y práctica adaptarse.

    “Si estás acostumbrado a respirar rápido de forma inconsciente, al principio puede resultar difícil o incómodo por la baja frecuencia de respiraciones y la falta de hábito”, señala Little.

    “Creo que lo más importante en cualquier técnica de respiración es la exhalación: vaciar completamente el aire te permite luego inspirar de forma más eficaz”.

    Pero, independientemente de la técnica que elijas, lo más importante es la constancia, aunque solo dediques unos pocos minutos al día.

    Los estudios muestran que entre tres y cinco minutos pueden ser suficientes para obtener beneficios medibles.

    Incluso si no buscas dominar una técnica concreta, Little señala que todos podemos mejorar la regulación del sistema nervioso simplemente prestando más atención a cómo respiramos en el día a día.

    “Respira suavemente por la nariz y llevando el aire al abdomen; debería ser una respiración silenciosa, lenta y tranquila”, explica.

    “Esto puede mejorar tu vida de forma inmediata y, como respiramos constantemente, es una práctica cuyos efectos se notan rápidamente”.

    Tanto si tiendes a pensar en exceso, como si eres propenso a la ansiedad o simplemente sientes el peso de las presiones del trabajo o la familia, el trabajo respiratorio ofrece una serie de herramientas que todos podemos utilizar para afrontar mejor el estrés cotidiano.

    Línea

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  • “Lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad”

    “Lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad”

    Sarah Thornton con una blusa rosada debajo de una chaqueta blanca. Lleva lentes y ve a la cámara

    Fuente de la imagen, Cortesía: Aya Brackett

    • Fecha de publicación

    • Tiempo de lectura: 13 min

    Dos días antes de someterse a una doble mastectomía, Sarah Thornton fue a nadar. Mientras se cambiaba, vio sus senos y les agradeció por estar ahí, se disculpó por no haberlos “amado lo suficiente”, y les pidió que la perdonaran “por dejarlos ir”.

    Habían pasado siete años “estresantes y agotadores” de chequeos médicos y biopsias.

    Los doctores estaban preocupados por las “muchas células raras” que tenía, cuán atípicas y cambiantes eran, y cuán diferente era una mamografía de la anterior.

    Con una historia familiar de cáncer de mama, Thornton decidió, en 2018, someterse a una cirugía preventiva y se sintió “increíblemente afortunada” por no haber desarrollado la enfermedad.

    Después de la intervención y de la reconstrucción, sintió “un deseo abrumador por entender los múltiples significados y usos de los senos”.

    Incluso un día antes de operación, le cuenta a BBC Mundo, tuvo la sensación de que estaba perdiendo algo muy importante que no había comprendido.

    Con sus implantes, se sumergió en una investigación de cuatro años que la llevó a conversar con más de 200 mujeres, “la mayoría de ellas, expertas, desde diferentes perspectivas, en los senos”.

    En sus historias, la académica canadiense buscaba profundizar en “esta parte de nuestro cuerpo que ha sido relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada hasta el punto de que muchas mujeres se sienten un poco al margen de sus propios cuerpos”.

    La investigación la llevó a muchos lugares, entre ellos clubs de strippers, consultorios de cirujanos, bancos de leche, talleres de diseño de sujetadores.

    Su propia visión

    De su investigación nació el libro Tits Up: What Our Beliefs About Breasts Reveal About Life, Love, Sex and Society (“Tetas arriba: lo que nuestras creencias sobre los senos revelan acerca de la vida, el amor, el sexo y la sociedad”).

    La traducción literal de tits up sería “tetas arriba”. En inglés británico, las dos palabras juntas forman una expresión que se usa para describir una situación desastrosa.

    Pero la autora descubrió que tits up es también una expresión positiva que utilizan algunas mujeres en Estados Unidos para desearse buena suerte entre sí.

    “Se trata de echar los hombros para atrás y desenvolverte con éxito. Se lo puedes decir, por ejemplo, a una CEO antes de que haga una presentación ante la junta de la compañía o los empleados”.

    La socióloga ha escrito libros sobre arte y ha sido investigadora y profesora en varias instituciones, entre ellas la Universidad de Sussex, en Inglaterra, y la Universidad de California, Berkeley.

    Sarah Thornton, vestida con una chaqueta y un pantalón negros y una blusa blanca, al lado de una obra de arte que consiste en formas gigantes de color blanco

    Fuente de la imagen, Linda Davidson / The Washington Post vía Getty Images

    Pie de foto, Thornton escribió los libros “Siete días en el mundo del arte” y “33 artistas en 3 actos”. Aquí fue fotografiada en la Galería Hirshorn, de Washington, junto a una obra del artista Ernesto Neto, en 2014.

    Además de buscar las perspectivas sobre los senos de mujeres y expertos, estudios y literatura especializada, Thornton indagó sobre su propia visión.

    “Sentí que había dos aspectos: uno era que mis pechos atraían la atención masculina de una manera que no siempre quería”.

    Y el otro tenía que ver con que, en el inglés informal, boobs es una de las palabras más populares (entre varias) para referirse a los senos. Es un término que, según el Diccionario de Cambridge, también puede significar “idiota” y “metedura de pata”.

    La combinación de “los pechos como estúpidos y los pechos como objetos de atención no deseada”, llevaron Thornton a sentir una cierta desconexión de sus propios senos.

    Cuando comenzó su investigación, cuenta que encontró que 40% de las mujeres en Occidente no se sentían satisfechas con sus senos.

    “La cirugía plástica número uno practicada a mujeres en casi todas las culturas es la mamaria”.

    “¿Por qué estamos gastando tanto dinero en levantar, aumentar, encoger nuestros senos?”.

    Una señal equivocada

    Es clave, considera la socióloga, que las mujeres se sientan menos juzgadas y presionadas sobre sus senos.

    “Hay una asociación terrible que todavía persiste en muchos lugares: que las adolescentes con senos grandes están disponibles sexualmente. Si eres una adolescente con senos grandes, es más probable que sufras acoso”.

    “La vinculación de los pechos con una especie de señal de disponibilidad para los hombres es un problema inmenso para las jovencitas”.

    Thornton cuenta que sus senos empezaron a crecer a una edad temprana y, eso, la hizo verse mayor, algo para lo que no estaba preparada.

    “Mi cerebro era el de una niña de 12 años, era muy inocente, pero había hombres que me veían como si tuviera 18 años”.

    “Y eso”, dice con conocimiento de causa, “puede generar traumas”.

    Un refugio en los sacos de cuello alto

    Cuando tenía 15 años, el chef del restaurante en el que trabajaba le puso las manos en sus senos.

    “Un día triste”, escribió en su libro. “Una humillante iniciación a la agresión sexual”.

    Un año después, en una pijamada en la casa de una amiga, otro hombre hizo lo mismo. Era la media noche y esas manos la despertaron: eran las del novio de la hermana mayor de su amiga.

    Y aquí volvemos al principio de este artículo, a los dos días previos a la mastectomía, momentos que recuerda con “una nostalgia profunda”, le dice a BBC Mundo.

    Un saco rojo cuello de tortuga

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En su libro, Thornton cuenta que a los 16 años sintió que debía “enterrar” sus senos debajo de sacos amplios y de cuello alto.

    Aunque se ha “reconciliado con la pérdida”, confiesa que no fue alguien que valorara sus senos”, y evoca las experiencias negativas que tuvo de adolescente.

    “Desde los 16 años, amé mis sacos de cuello de tortuga, mis camisas de cuello alto, no me sentía libre para disfrutar mi escote”.

    “Desde muy joven, sentí mucha vergüenza por mis senos. Sentía que, si no era cuidadosa, me podían poner en peligro”.

    Después llegarían los hijos y confiesa que la experiencia de amamantarlos no fue fácil, no la disfrutó tanto como hubiese deseado.

    Sin embargo, el acto de amamantar lo califica de mágico por el vínculo extraordinario de amor y nutrición que se crea. Y eso es fundamental, enfatiza.

    “Considero que, en general, en las Américas, los senos están muy sexualizados. Mucha gente cree erróneamente que las mujeres tienen pechos para atraer a los hombres y la realidad es que, biológicamente y según la evolución, la única razón es para alimentar a los bebés”.

    De reyes a Hollywood

    De acuerdo con la autora, la sexualización de los senos en Occidente y la idea de que los senos “son para atraer a los hombres” es reciente.

    En Europa, se remonta al Renacimiento, específicamente a la Francia del siglo XV, y se le vincula con el auge en el empleo de nodrizas -muchas de ellas campesinas- por parte de la aristocracia.

    Una mujer, con el cabello recogido, y el pecho descubierto está dentro de una bañera que está cubierta con una tela blanca. Al frente tiene unas frutas y está enmarcada en unas cortinas rojas. En su mano tiene una flor y en una de sus muñecas, lleva una pulsera. Atrás de ella, se asoma un niño que intenta alcanzar las uvas y dos mujeres, una amamantando a un bebé con uno de los senos descubiertos y otra mujer a lo lejos, con una jarra en sus manos

    Fuente de la imagen, Sepia Times/Universal Images Group via Getty Images

    Pie de foto, “Una dama en su baño” es un cuadro, de 1571, del artista francés del Renacimiento François Clouet, quien fue el pintor de la corte de los reyes franceses Francisco I, Enrique II y Carlos IX.

    “Los reyes franceses convirtieron en un fetiche los senos de sus amantes que nunca amamantaron porque tenían nodrizas que lo hicieron por ellas”, indica la académica.

    “Solo cuando el pecho no se usa para alimentar a un bebé es que puede convertirse en propiedad del esposo o del amante”.

    Y así, plantea Thornton, separado de su función principal, es que se le dio un rasgo erótico.

    La asociación de los senos como un “fetiche”, que se originó en Francia y se extendió por Europa, llegó a Estados Unidos y Hollywood la transformó en un negocio.

    Después de la Segunda Guerra Mundial, señala la experta, los senos se convertirían en el “principal activo” de actrices legendarias como Jane Mansfield, Jane Russell, Sofía Loren.

    Sofía Loren, con un vestido negro con un amplio escote, está sentada y tiene un vaso en la mano. A su lado, parada y sonriendo, está Jayne Mansfield, que lleva un vestido de seda blanco con un amplio escote

    Fuente de la imagen, Earl Leaf/Michael Ochs Archive/Getty Images

    Pie de foto, Sofía Loren y Jayne Mansfield en una velada organizada por los estudios Paramount para darle la bienvenida a Hollywood a la actriz italiana, en 1957.

    “No es una casualidad que Marilyn Monroe fuese la portada del primer ejemplar de la revista Playboy en 1953”, dice Thornton.

    “A medida que ascendía como una actriz de Hollywood, sus senos se volvieron una especie de broma y un objeto sexual”.

    Marilyn Monroe sentada en una cama con un tendido blanco y gris. Ella mira a la cámara. Lleva pintura labial roja y una ropa negra bordada con un escote pronunciado

    Fuente de la imagen, Screen Archives/Getty Images

    Pie de foto, Marilyn Monroe sentada en la cama de un tren en la película de 1959 “Some Like It Hot”, que en español se conoce como “Una Eva y dos Adanes”.

    En el proceso de sexualización de los senos, dice la socióloga, se le empezó a dar cada vez más importancia a su tamaño hasta llegar, años después, a la moda de “bustos inflados”.

    Cree que en parte se debió a que inicios de los años 60, dos cirujanos estadounidenses desarrollaron el primer implante mamario de silicona.

    “Se volvió algo común en Hollywood y, de ahí, su uso se extendió a otros lugares, entre mujeres adineradas y, después, entre mujeres de clases menos pudientes”.

    Entre derechos

    Thornton destaca que el movimiento feminista ha sido clave en la creación de conciencia sobre el cuerpo femenino.

    “Yo creo que la ola de feminismo que se dio en los años 70 y 80 se enfocó en la parte inferior de los cuerpos de las mujeres, en las vaginas y úteros”.

    “La criminalización de la violación fue un logro increíblemente importante del movimiento de mujeres en esos días”, indica, así como la promoción de los derechos reproductivos.

    Una mujer mayor y una joven sostienen un cartel que dice "Mujeres Unidas" mientras marchan, con más mujeres, por la Quinta Avenida en la ciudad de Nueva York

    Fuente de la imagen, Bob Parent/Getty Images

    Pie de foto, En agosto de 1970, se celebró, en Nueva York, una marcha que había convocado la Organización Nacional de Mujeres. Las participantes pedían igualdad en las condiciones laborales y cuidado infantil gratuito.

    “Pero también creo en el derecho de las mujeres sobre sus partes superiores, de la cintura para arriba: creo en el derecho de una mujer a elegir estar topless en la playa, ponerse sujetador o no, amamantar o no, reducirse los senos, aumentárselos, levantárselos”.

    O simplemente no hacerles nada.

    Tomar distancia

    En una entrevista con el medio británico The Guardian, Thornton contó que, hasta que empezó a trabajar en el libro, no se había dado cuenta de que los pezones masculinos están “por todas partes”, mientras que las mujeres tienden a sentirse incómodas si muestran los suyos.

    “Y es en parte porque existe esta noción de que nuestros pechos son principalmente objetos sexuales, no nos pertenecen”, señaló.

    Esa idea, le explica a BBC Mundo, afecta a muchas mujeres.

    “Las mujeres podemos sentirnos excluidas por la sexualización de nuestros senos y eso nos da la sensación de que no nos pertenecen, que su principal razón de ser no es la que nosotras les damos. Y eso se debe en parte a que se le da mucha importancia a su aspecto”.

    Médicos vestidos de azul, con mascarillas y con guantes blancos en un pabellón realizando una operación

    Fuente de la imagen, Getty Images

    Pie de foto, En 1962, en Houston, Texas, se realizó la primera cirugía de aumento de busto utilizando implantes de silicona. La intervención se expandió y llegó a otros países (Foto genérica).

    Para la investigadora, es fundamental que las mujeres se pregunten cómo se sienten con respecto a sus senos.

    “Probablemente, cuando vemos nuestros cuerpos en el espejo nos estamos viendo con los ojos de los hombres, algo para lo que hemos sido entrenadas desde muy jóvenes”.

    Pero no es solo lo visual, dice Thornton, también está lo verbal.

    Por ejemplo, un chico adolescente extrovertido, a quien se le pregunte por formas de llamar a los senos, puede ofrecer con “gran regocijo” varias palabras.

    “Las mujeres no sienten ese regocijo y por eso creo que sentimos que nuestros senos no nos pertenecen porque no los estamos definiendo, no estamos tomando el control de las conversaciones sobre ellos y terminamos alejándonos de ellos”.

    En otras partes del mundo

    Thornton exploró otras culturas y encontró que “los senos no son universalmente eróticos”.

    Según evidencia antropológica, la atracción hacia los senos se da en algunas culturas y en otras no.

    “En comunidades indígenas en climas tropicales, donde las mujeres no llevan ropa por encima de la cintura y amamantan abiertamente, los senos les pertenecen a los bebés”, escribió en su libro.

    Una japonesa vestida con un kimono con flores y un abanico en la mano.

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Una japonesa vestida con un kimono.

    En su obra también menciona a una comunidad en Mali que ve como “antinatural” que los adultos se sientan sexualmente atraídos a los pechos femeninos.

    “Estudios antropológicos en la década de los 80 muestran que varias comunidades en el sudeste de Asia y en África veían la actitud estadounidense y europea hacia los senos como algo retorcido”, le cuenta Thornton a BBC Mundo.

    “En Asia, en general, los senos no se han sexualizado al grado que ha sucedido en el mundo occidental. Si ves fotos de bellezas chinas o geishas japonesas verás que tienen los pechos aplanados”.

    Una lección desde el Edén

    Otro aspecto que abordó la autora es cómo la religión ha tenido influencia en la percepción de nuestros cuerpos.

    “Incluso si eres ateo, incluso si no has estado en una iglesia en los últimos 20 años”, dice, hay una idea que ha influido en nuestra comprensión del cuerpo femenino.

    “¿Qué aprendió Eva en el Jardín del Edén?”, se pregunta.

    “Después de que relees (ese relato), te das cuenta de que lo más importante que aprendió fue cubrirse el cuerpo, tapar su ‘cuerpo vergonzoso’, y me llama la atención cómo eso se interpretó de distintas maneras”.

    Un hombre con barba y cabello grises y una larga túnica tiene un rollo de papel en la mano izquierda mientras con la mano derecha apunta hacia adelante. Una mujer, de cabello largo, que está cubierta lo ve con tristeza. A su lado, un hombre con el pecho descubierto pero con su parte inferior tapada se cubre los ojos con las manos mientras camina

    Fuente de la imagen, Jim Heimann Collection / Getty Images

    Pie de foto, Pintura que refleja la expulsión del Edén en la Catedral de Espira, Alemania.

    Plantea que en muchas culturas, se tradujo en que las mujeres debían cubrir no solo la parte de abajo, sino la de arriba también.

    “Con frecuencia, cuando doy conferencias les pregunto a los asistentes: ‘¿Quién es el hombre topless más famoso del mundo, al menos en las Américas y Europa?’. Algunas personas dicen ‘el David de Miguel Ángel’ o ‘Arnold Schwarzenegger’, entre otras respuestas”.

    “Y les digo: ‘¿No creen que es Jesucristo?’ Entramos a tantos lugares, museos, iglesias, librerías, bibliotecas, y ves el torso desnudo de Jesús y es algo hermoso, es una marca de su humanidad, de su universalidad, de su autenticidad, es una imagen sagrada”.

    “Pero cuando hablamos de las mujeres, nuestras partes superiores son consideradas profanas”.

    Se trata, según la académica, de una división muy profunda entre hombres y mujeres: si los pechos son representativos de la feminidad, pero se perciben como profanos, “siempre nos van a situar como inferiores a los hombres”.

    Otra manera de verlos (y vernos)

    Thornton quiere ayudar a eliminar la superficialidad con la que se han tratado los senos en diferentes ámbitos.

    “Son la fuente de la comunicación humana”, señala.

    “¿Por qué somos sociables? Porque nuestros infantes nos necesitan y nosotros a ellos. La comunicación que se da entre una madre y un niño es, para mí, la esencia de nuestra humanidad”.

    “Cualquier madre que esté amamantando sabe que sus senos, sus pezones, están a tono con su bebé, que su pecho sabrá cuándo el bebé tiene hambre antes que su cerebro”.

    Una mujer sujeta un extractor de leche a su seno, mientras la leche cae en una botella pequeña

    Fuente de la imagen, Fredy Builes/Getty Images

    Pie de foto, Una voluntaria se extraía leche para el banco de leche del Hospital General de Medellín, en 2021. Las donaciones ayudan a bebés cuyas madres no consiguen amamantar, así como a bebés y niños abandonados.

    Así como la socióloga busca que su investigación ayude positivamente a las mujeres a “recuperar” el significado que para ellas tienen sus senos y “a sentirnos mejor con nuestra mitad superior”, también hace una invitación:

    “Ante muchas de estas historias de la humanidad que apuntan a que siempre estamos en guerra, que nos gusta estar en facciones, que somos muy competitivos, yo digo que no, que esa es una visión de los hombres de lo que es la humanidad”.

    “Si quieres ver una alternativa, mira la maternidad, los pechos y la colaboración cariñosa que se da”.

    Cierra la entrevista con un ejemplo de esta cooperación.

    Ante la muerte, un padecimiento grave o problemas para amamantar de una madre, en las comunidades en las que no había leche de fórmula otra mujer se ofrecía a darle pecho a ese niño.

    Y esa práctica “hermosa” ha sido universal y sigue.

    En su libro, Thornton nos presenta a Elysia, quien fue víctima de abuso sexual y que decidió, mucho antes de que naciera su hijo, que no amamantaría para evitar activar traumas pasados.

    Además de extraerse leche para su hijo, donó cientos de litros a un banco de leche para ayudar a alimentar a bebés prematuros.

    “Veo mi leche como un producto del amor”, le dijo a la autora. “Ya no puedo odiar a mi cuerpo. Ha hecho algo realmente bueno. Soy mucho más feliz en mi cuerpo ahora, incluso si es menos objetivamente atractivo”.

    Raya gris

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