Ascanio Cavallo y la adhesión de Chile al Escudo de las Américas de Trump: “El presidente Kast y su canciller no entienden mucho de política mundial”

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De los 15 países que el 22 de septiembre se adhirieron, encabezados por Estados Unidos, al Escudo de las Américas, una alianza regional fomentada por Donald Trump bajo el paraguas de la lucha contra el crimen organizado transnacional, Chile es el único donde el acuerdo ha generado controversias internas, además de dudas sobre sus alcances. La declaración, publicada por el Departamento de Estado de EE UU, dirigido por Marco Rubio, establece tres pilares, en este orden: economía, seguridad y coordinación multilateral. El Gobierno de José Antonio Kast comenzó en marzo como observador del grupo, pero seis meses después se convirtió en miembro durante el viaje del mandatario a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU. Como señala a EL PAÍS el escritor chileno y Premio Nacional de Periodismo Ascanio Cavallo, ese escenario“una celada perfecta” para sellar el acuerdo, pues estaban todos los países juntos.

El canciller de Kast, Francisco Pérez Mackenna, ha insistido que el Escudo de las Américas no es un tratado, sino una “declaración política” que no lleva firmas. Y ha circunscrito la alianza a una coordinación voluntaria entre gobiernos americanos para combatir “con mayor eficacia” el crimen organizado transnacional. El 22 de septiembre, la Cancillería emitió un comunicado para informar de la adhesión de Chile. Lo hizo poco antes de que ese mismo día el Departamento de Estado divulgara el texto oficial, donde se sumaba, a la seguridad, la economía y la coordinación multilateral, dos aspectos que Chile no nombró.

El pasado domingo, Cavallo publicó la columna de El escudo envenenado, en La Tercera. Abordó los distintas aristas del acuerdo, entre ellos, la mención que al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), suscrito en Río de Janeiro en 1947. “El mecanismo de coordinación incluye nada menos que la posibilidad de convocar al TIAR, un antiguo tratado de defensa recíproca que compromete el apoyo militar, como lo invocó Argentina en la guerra de las Malvinas”, escribió. Según el analista, el TIAR es “muy peligroso y muy delicado” y a “ningún gobierno le gusta mucho mencionarlo”.

Pregunta ¿Tenía opciones el Gobierno de Kast de no adherir al Escudo de las Américas?

Repuesta. No, tenía pocas opciones. La amenaza era muy fuerte y la presión era muy intensa. Esto, generalmente, se niega. Los diplomáticos lo niegan, pero es lo que es visible. La reunión de suscripción final que hace la Secretaría de Estado de Estados Unidos es con el encargado de comercio de la Casa Blanca, que no tiene nada que ver, pero representa a los aranceles. La amenaza era muy grande, por lo tanto, era muy difícil para el Gobierno.

P. ¿Qué implica que el escenario fuera Nueva York?

R. Nueva York le da la forma de una celada perfecta, porque tiene a todos los países juntos, cosa que es muy difícil de lograr. Y puede hacerles ver, como yo creo que le pasó a Chile, que si se queda solo, corre muchos peligros.

P. Los países limítrofes están en el acuerdo: Argentina, Bolivia, Perú.

R. Y las cancillerías se pasan fantasías con eso, como que si esto favorece a Argentina, entonces corremos peligro casi de invasión. Lo cual tampoco es verdad, pero sí de ventajas competitivas, de muchas cosas que podrían ser perjudiciales si las tienen los vecinos y no uno. Es una amenaza muy imprecisa, pero tiene eficacia: produce un susto. Extraoficialmente —y este es un ejemplo claro—, la Cancillería chilena dice que, si no suscribíamos, como que dejábamos claro que Chile no estaba en el mismo mecanismo de lucha contra el narcotráfico y, por lo tanto, los narcotraficantes se vendrían para acá.

P. La Cancillería ha dicho que se trata solo de un acuerdo para el combate del crimen organizado. ¿Es solo eso?

R. No. Y ahí empezamos con los problemas. Porque, una cosa es que tú estés más o menos jodido, que no tengas alternativas de adherir. Y otra es que mientas o, para no usar una palabra tan fuerte, utilices subterfugios que en realidad no son verdaderos; son falsos. Esa son dos cosas distintas. Una cuestión es que uno puede comprender la dificultad que significaba no aceptar, y otra es que te creas lo que el Gobierno dice como versión endulzada de lo que pasó.

P. ¿Cómo ve el Escudo de las Américas?

R. Es un mecanismo muchísimo más abarcador que la mera seguridad. Y lo peor de todo es lo que dijo el secretario de Estado, Marco Rubio, cuando presentó esto y habló antes de que llegara Trump a sentarse a la mesa. Dijo que podríamos en el futuro tomar decisiones conjuntas, votar en conjunto. O sea, estaba pensando en una especie de alianza político-militar, una cosa rara, como una OTAN de Sudamérica.

P. ¿Están los aranceles en el trasfondo?

R. No, los aranceles son una medida. Estados Unidos tiene un repertorio bastante grande. Pero si solo nos aplicaran aranceles altos, le causa al Gobierno y al país un problema. pero el responsable del país es en este momento es el Gobierno. Y, por lo tanto, ¿qué pasa si te dicen ‘le vamos a subir al cobre el 50% en aranceles’? Bueno, prácticamente tienes que desviar tu producción, que llega a Estados Unidos, a algún otro lugar. Y eso pueden ser represalias de otro tipo. La escala es muy larga.

José Antonio Kast, Francisco Pérez Mackenna

P. ¿Es muy evidente para usted que Chile fue presionado?

R. Es evidente. No creo que haya ninguna posibilidad de discutir eso, salvo que tú emplees como eufemismo, como que fueran unas conversaciones duras o cosas así. Pero no, yo creo que no hay forma de disimularlo. El Gobierno no pretendía esto. Es más, no lo pretendía en marzo, cuando se declaró observador.

P. ¿Y cómo pasó Chile de observador a ser parte?

R. Con presión. No creo que eso sea disimulable. Está el cuento también de que el canciller [Pérez Mackenna] se lo habría dicho a otros excancilleres.

P. Como lo reveló el exminstro de Relaciones Exteriores, Mariano Fernández.

R. Pero no hace falta para un observador cualquiera darse cuenta del inmenso grado de presión que se tuvo encima, aunque nadie lo haya dicho con esas palabras.

P. ¿Qué le parece la intervención de Boric y Bachelet, que pideron a Kast echar pie atrás?

R. Creo que es dudosa la motivación que tienen y que no hay un propósito de ayudar al Gobierno y de contribuir a la transparencia política de las decisiones. No hay precedente de que los expresidentes se hayan puesto a opinar en cuestiones de política exterior, porque la Constitución es nítida en esto: las atribuciones son exclusivas del presidente y el Congreso puede hacer varias cosas en materia de relaciones exteriores, pero no de conducción de la política. Pero que haya habido expresidentes interfiriendo en la política…ni con Allende. No se ve un propósito de contribución clara; se ve más bien una acción opositora. No está en la tradición política chilena.

P. ¿Qué observa al desglosar la declaración del Escudo?

R. Es una declaración para que no sea un tratado. El problema del tratado es que tiene múltiples complejidades jurídicas, incluso internacionales, y que en la mayoría de los países latinoamericanos implica pasar por el Congreso. Y, obviamente, pasar por el Congreso, también en la mayoría de los países, es un enredo, y altamente probable que se caiga. Entonces, yo creo que están buscando evitar eso. La fórmula base más simple y vaga de todas es la declaración. Es más, ni siquiera se firma. Yo creo que es una metáfora, una figura.

P. Pero ¿amarra esa figura?

R. Menos que un tratado. Es una declaración que, primero, es muy abierta. Da para interpretación y para entender que abarca muchos campos. Segundo, empieza con las cuestiones de orden económico. Por eso que es la declaración que sacó la Cancillería [el 22 de septiembre] es tan rara, tan inadecuada Yo creo que la Cancillería en ese momento no conocía el texto final; sabía sus contenidos generales, sabía en lo que se iba a meter, pero no la amplitud del texto.

P. ¿Qué ocurrirá cuando algo del Escudo de las Américas, contraríe las prioridades del Estados Unidos de Trump?

R. Yo lo diría de otra manera: esperemos no llegar a esa encrucijada en los próximos dos años. Porque dos años son los que le quedan a Trump, siempre que no vuelva a postular. Por lo tanto, en esos dos años estamos muertos. O sea, no hay nada que hacer de eso. ¿Qué va a hacer Chile? ¿Se va a retirar, con el riesgo que eso entraña?

P. ¿Por qué por qué es tan alto ese riesgo?

R. Porque, obviamente, está sujeto a represalias. Y, además, tendrían que ser represalias ejemplarizadoras, para que nadie más se tiente. El problema es que quedas atrapado mientras permanezca esta política de Washington. Si cambia el Gobierno de Washington, hay que reevaluar todo. Pero esa reevaluación es del mundo entero, no es un problema de la Escudo de las Américas solamente.

P. Si el Gobierno de Kast no tenía opciones de no adherir a la alianza ¿queda exculpado?

R. En cierto modo, salvo por el entusiasmo que mostró con el Gobierno de Trump al comienzo.

P. ¿Ha afectado en este caso la inexperiencia política del canciller?

R. Sí, absolutamente. Es, probablemente, el que tiene menos experiencia en el mundo político en general. Pero el mundo político internacional es, además, distinto. No estás hablando con parlamentarios como los chilenos, sino con otro tipo de ‘pescados’: más grandes, más astutos, que pueden enredar con mucha facilidad. Es verdad que es una política difícil y por eso que, en general, uno no manda aficionados a estos cargos. El problema que tenemos es que el presidente y el canciller no entienden mucho de política mundial. Los dos, no uno. Sería injusto culpar al canciller porque a él lo nombró el presidente.

P. ¿Habrán pensado que todo sería diferente?

R. Se habían hecho seguramente otro escenario, más de intercambios comerciales y económicos. Entonces, son los dos. Tienen una visión muy estrecha del mundo. Han visto muy pocas cosas. Saben muy poco de las trayectorias de los países. Más todavía de sus diplomacias. Creen que la política internacional es un asunto de amigos, pero no es así.

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