Álvaro Uribe apuesta su poder a una victoria de Paloma Valencia frente a Abelardo de la Espriella

Cuando el grueso de Colombia se disponía a salir al último puente festivo antes de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, uno de los políticos más influyentes de lo que va del siglo dio un giro a su estrategia. En la mañana de este viernes, el expresidente Álvaro Uribe Vélez publicó un video en sus redes sociales. Quien ha dominado la derecha colombiana desde que ganó la presidencia en 2002, no solo reiteró lo que era una obviedad —que la senadora Paloma Valencia es la candidata de su partido, el Centro Democrático—, sino que señaló al aspirante ultra Abelardo de la Espriella de haber buscado entrar al partido hace unos meses, para luego afirmar públicamente que jamás lo había hecho. “Pidió entrar; estatuariamente ya no se podía. Semanas después dijo que nunca había querido ser parte del Centro Democrático”. Esa información, que en otro momento sería una aclaración marginal, va al corazón de una de las banderas de De la Espriella en la campaña: su distancia del establecimiento político al que llama “los de siempre”, y su afirmación de no querer siquiera el apoyo de los partidos.

El pronunciamiento no llegó de la nada. La tensión es creciente. El jueves pasado, donde Valencia soltó una frase que desató una tormenta que no cesa. Vicky Dávila, la fallida aspirante presidencial que ha retomado su papel de periodista con charlas con otros aspirantes en la revista Semana, le preguntó en una entrevista si apoyaría a De la Espriella en una eventual segunda vuelta. “Yo no cargo maletas porque me da mucho cansancio”, respondió la senadora uribista. Semanas antes, el abogado penalista había dicho que le cargaría las maletas a Valencia si ella es quien pasa a una segunda vuelta. Valencia, en cambio, rechazaba así un acuerdo de apoyo entre los dos candidatos de la derecha para enfrentar a Iván Cepeda, continuista de izquierda y quien, según todas las encuestas, tiene asegurado su cupo en el balotaje. Era un paso más en la escalada. “Tú con los de siempre; yo con los nunca”, le había espetado el outsider a la senadora dos días antes. “Tienes razón, yo soy la de siempre defendiendo a Colombia, y a ti te queda muy bien el nunca”, respondió la congresista, recordándole que ella hizo oposición al presidente de izquierdas Gustavo Petro en el Legislativo “mientras tú vivías en Italia”.

La tensión solo ha subido desde entonces. Este mismo viernes, Valencia dirigió un mensaje a De la Espriella en X pidiéndole que mantuviera a su hija Amapola fuera del debate político. Lo hacía en respuesta a un mensaje de una seguidora del candidato ultraderechista que buscaba reforzar el rumor de que la senadora uribista se habría aliado con la exalcaldesa de Bogotá Claudia López, aspirante de centroizquierda. El rumor partía de un encuentro fortuito entre las dos en un evento este miércoles, y había ido ganando fuerza en los círculos de la derecha dura, alimentado por la mentira de que la senadora Angélica Lozano, esposa de López y figura notoria del centro colombiano, sería la madrina de Amapola. El dato falso reforzaba una duda muy extendida entre sectores de la derecha, luego de que Paloma haya hecho una campaña buscando sectores de centro y hablando de sumar entre diferentes, pero que no incluye a una López que ha sido una crítica acérrima de Uribe.

De la Espriella le contestó a Valencia. Dijo que rechazaba cualquier intento de instrumentalizar a los niños en la batalla política, pero le añadió: “No permita que la indignación nuble su juicio”. Un rato más tarde, la senadora respondió: “Su campaña, claro que tiene bodegas e instrucciones precisas en contra del presidente Uribe, de su familia y la mía. He tenido paciencia para no abrirle camino a los que destruyen a Colombia, pero usted empieza a parecerse peligrosamente a ellos”.

El choque entre Valencia y De la Espriella no es nuevo, pero un nuevo cruce directo tras una semana de tregua y la intervención de Uribe muestran hasta dónde ese enfrentamiento es la pelea central de la campaña. Una que se libra además en un panorama de pocas mediciones, pues el alza en costos y las exigencias de una reciente ley de encuestas han reducido el número de sondeos disponibles, lo que le da a cada medición un impacto mayor.

Es el caso de la medición de la firma brasileña Atlas Intel que, publicada justamente por Semana, muestra una caída significativa en la intención de voto por Valencia. El medio, que recientemente ha dado espacio para que figuras cercanas a De la Espreilla publiquen columnas y ha dedicado portadas a señalar a Valencia de estar rodeada de políticos tradicionales sin señalar lo propio del outsider, trae para la campaña de la senadora una carga editorial en su contra. Al respecto, Valencia escribió en sus redes sociales: “En la encuesta de AtlasIntel para revista Semana en vísperas de las elecciones y consultas del 8 de marzo obtuvimos el doble de los votos que nos pronosticaron y la llamada Lista del Tigre, la mitad”.

Queda una semana de campaña en plazas —los cierres serán el próximo fin de semana, tras lo cual entra en vigor la veda que impide publicar encuestas en la recta final—. En ese tiempo, los dos candidatos han buscado entrar a los espacios del otro: De la Espriella intentando seducir votantes de Valencia en el eje cafetero y en Bogotá; ella buscando competirle en el Caribe. Todo esto sin debates presidenciales, pues De la Espriella se ha negado a acudir a ellos, y aunque habría dicho que lo haría con Valencia, nunca se pusieron de acuerdo.

El resultado del 31 de mayo no solo definirá quién pasa a segunda vuelta. Probablemente definirá también si la derecha colombiana sigue bajo la égida de Uribe, o si definitivamente llegó un posturibismo que ya se dejaba entrever cuatro años atrás, cuando el expresidente no tuvo ningún candidato propio en primera vuelta, y que se volvería sentencia definitiva si gana una ultraderecha a la que este viernes le dio la espalda. Quedaría además en el aire la pregunta de qué ocurrirá con el antiuribismo, uno de los combustibles más poderosos de la izquierda: cómo movilizarlo contra un abogado que no estuvo en los gobiernos de Uribe, no militó en su partido y con quien hoy está enfrentado de forma pública. Uribe se fue al puente festivo sin saber si su intervención cambió algo. Como toda Colombia, solo lo sabrá el 31 de mayo a finales de la tarde.

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