Universidad de Concepción. Le da carácter a toda la ciudad. Es un imperdible absoluto que forma parte de la identidad de Concepción y de la memoria colectiva. Cuenta con lugares icónicos, como la pinacoteca, el Campanil, el Escudo, la Casa del Deporte y la Laguna de los Patos. Todo eso era parte de mi paisaje. De niña iba a pasear con mis papás allí. Recuerdo, sobre todo, aquella superstición que conocemos muy bien todos los que somos de Concepción: no hay que pisar el Escudo que está en el suelo de la universidad, bajo el arco de Medicina. Se cree que, si lo pisas y eres estudiante, no te recibirás. Y si no eres estudiante, solo te irá mal. Jamás lo pisé, nunca quise arriesgar a comprobar si la superstición era real. Yo me siento muy orgullosa de esta universidad, además porque mi hermana Paulina fue vicerrectora allí. (Víctor Lamas 1290, Concepción).
Plaza de la Independencia. Nadie puede negociar que la independencia de Chile se proclamó por Bernardo O’Higgins aquí. Y eso es motivo de orgullo para todos los que somos de Concepción. Recuerdo que en esta plaza vendían churros con manjar, los que comíamos como premios cuando terminábamos las clases de baile español. Hasta el día de hoy comer churros con manjar es una de mis debilidades. Esta plaza, además, está cerca de la Catedral y de las galerías del centro de la ciudad, en las que uno puede moverse cuando llueve, porque en Concepción siempre llueve de costado. Muy cerca quedaba el Diario del Sur, donde publiqué mi primer cuento en el suplemento infantil La Ronda de los Sapos, a los siete años, y ahí empezó mi carrera periodística. Lo había escrito en secreto, en una máquina de escribir, y cuando se publicó sorprendí a mis padres. (Centro de Concepción).

Centro Español. Yo bailé desde los cinco años y hasta que me fui de Concepción, a los 17 años, en este espacio. Tres de mis abuelos eran españoles y mi papá fue presidente durante muchos años de este centro. Él le puso mucho corazón, al igual que toda mi familia, para que ese fuera un lugar de encuentro. Practicaba, con tres de mis cuatro hermanos, bailes españoles de distintas regiones, y cada 12 de octubre nos presentábamos en la Plaza de Concepción. Significaba mucho para mí, porque amo el baile. De hecho, el baile es mi única expresión artística, incluso aprendí a tocar hasta las castañuelas y es lo único que sé tocar, no tengo posibilidad de tocar otro instrumento. El centro español es el recuerdo de vida en familia, de aprender a bailar, de disciplina. Recuerdo los discursos increíbles de mi papá, su amor por la lectura y cómo me enseñó a leer de todo. Él siempre me decía: “Si usted lee la revista Hoy, tiene que leer también Ercilla”. (Barros Arana 675, Concepción).
Parque Ecuador. Está a los pies del Cerro Caracol y su nombre se debe al apoyo que prestó Ecuador a Chile en la reconstrucción tras un devastador terremoto (el de Valparaíso, en 1906). Me trae buenos recuerdos este lugar porque yo viví cerca, en la calle Víctor Lamas. Y algo que recuerdo con mucho cariño son las ferias artesanales. (En sus extremos está delimitado por la Avenida Pedro de Valdivia y la calle Tucapel).
Desembocadura del río Biobio. Es un espectáculo de la naturaleza increíble. Recuerdo que una vez llevé a quienes fueron mis compañeras de la universidad: Anita, Mariana, Sole. Siento que este es un lugar que hay que mostrar, porque es una maravilla.
Parque Museo Pedro del Río Zañartu. El parque es lindo. Pero también está la famosa momia del museo de Hualpén (como también se le conoce). Al menos, todos los que estudiaron en colegios de Concepción de mi época llegaron a visitar esta momia. (Camino a la desembocadura NºSN, Hualpén).

Laguna Grande. Es un lugar precioso, que tiene cerca además a Llacolen, una especie de balnearios a orillas de la laguna, donde de chicos íbamos a bañarnos y jugar. Me gustaba lanzarme por los toboganes, echarme en una tumbona a leer. Valoro mucho mi infancia y adolescencia en Concepción y las guardo como uno de los mayores tesoros, porque me siento muy afortunada de haber tenido una gran familia. Mi infancia fue como la que muchas personas no han tenido en las grandes ciudades. Eso fue importante porque los recuerdos que uno construye de niño son fundamentales para la personalidad y la resiliencia que tendrás en la adultez. Por eso, hoy me provoca una inquietud muy grande qué es lo que estamos haciendo nosotros en Chile con la infancia y la adolescencia.
Penco. Me gustan sus playas frías, pero muy bonitas, con restaurantes a la orilla del mar. Eso sí, aunque muy hermosas, no me meto a estas playas porque yo soy muy friolenta; de niña era menos y cuando podía me metía a bañar. Es una comuna, al igual que Tomé, con caletas y pueblos muy lindos, que visité muchas veces. Lamentablemente, el último recuerdo que tengo es el de la destrucción que ocasionó los incendios este 2026, los que me tocó reportear allá. Fue desgarrador ver a las personas que han perdido todo y aún así tienen resiliencia y solidaridad entre ellos. Sentí un dolor muy grande, pero también un privilegio al tratar de transmitir la importancia de que el Estado se movilice y cumpla con el rol que tiene que cumplir de reconstrucción. Algo similar viví en el terremoto de 2010. Trabajaba para TVN y debí dar la noticia, y una semana después me mandaron a reportear a Concepción. Fue muy doloroso ver destruida a la ciudad que amas.

Parque Isidora Goyenechea de Cousiño. Todos le decimos de Lota, porque queda en esa comuna, y tiene unos jardínes maravillosos. No puedo dejar de recordar mi infancia y adolescencia sin este lugar. (Avenida El Parque 21, en la comuna de Lota).
Monitor Huáscar. Es un clásico de los paseos de los colegios. Este buque, con el que se queda Chile en la Guerra del Pacífico, emociona cuando uno lo sube. No solo ves el lugar donde murió Arturo Prat, sino que aprendes que fue un caballero, alguien que sabía pelear con honor, y cuya historia deja una lección: hay rivales, pero no enemigos. La guerra nunca es deseable y así, como para nosotros Prat es un héroe, para Perú lo es Miguel Grau, cada uno defendiendo su país. (venida Jorge Montt S/N, Talcahuano).
Playa Ramuntcho. Es la joya de la corona. Luego de atravesar pinos y eucaliptos se puede llegar a esta playa, que tiene aguas muy cristalinas. Pero uno de mis últimos recuerdos fue cuando cubrí los incendios forestales ahí. En medio de todo el dolor, me ayudó como productor en terrreno mi hermano Rodrigo. Lo hizo ad honorem y porque conoce toda la región como nadie. A pesar de la tristeza por la tragedia, también sentí como un momento bonito que, por primera vez, pudiera trabajar con él, que es un periodista brillante y dedicado al medioambiente. (Hualpén).
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