Durante siete años, un hidrófono instalado a 500 metros de profundidad bajo el mar de Beaufort permaneció escuchando uno de los entornos más difíciles de estudiar del planeta. El registro, analizado por investigadores del Laboratorio Nacional de Los Álamos y publicado en la revista Journal of the Acoustical Society of America, permite reconstruir cómo cambia el paisaje sonoro del Ártico durante las distintas estaciones y ofrece una referencia excepcional para distinguir fenómenos naturales, actividad humana y señales potencialmente anómalas.
El dispositivo forma parte de una de las estaciones de referencia de ruido oceánico de la NOAA, diseñadas para captar los sonidos que viajan a través del agua durante largos periodos. Mantener una observación continua de este tipo resulta especialmente complicado en el Ártico por sus condiciones ambientales. Esa permanencia permitió reunir algo poco habitual en la región: una secuencia acústica suficientemente extensa como para saber qué sonidos forman parte del comportamiento normal del océano.
La grabación muestra que el Ártico no mantiene un fondo sonoro estable. Durante el invierno, el hielo marino en movimiento y deformación genera una cantidad considerable de ruido bajo el agua, mientras que en verano las olas adquieren mayor protagonismo. Estas variaciones estacionales condicionan la capacidad de los instrumentos para identificar una señal concreta, ya que un sonido perceptible en un momento del año puede quedar parcialmente oculto meses después.
El ruido del hielo
Comprender ese comportamiento previo es fundamental para separar lo habitual de lo extraordinario. “Antes de poder detectar de forma fiable algo inusual, hay que entender qué es normal“, explicó Siobhan Niklasson, autora principal del estudio. Su equipo utilizó los siete años de registros para examinar cómo se transforma el ruido de fondo y establecer una referencia acústica con la que interpretar futuras detecciones en esta zona del océano Ártico.
Entre las señales registradas aparecen también rastros de prospecciones sísmicas realizadas con cañones de aire, empleados para investigar la geología situada bajo el fondo marino. Ese sonido de origen humano se suma al generado por el hielo, las olas, el viento, los barcos y la actividad marina. El resultado es un entorno acústico complejo en el que identificar el origen de cada señal exige conocer previamente las condiciones ambientales existentes.
Los hidrófonos tienen otra ventaja: el agua permite que determinados sonidos recorran distancias considerables. Un terremoto puede producir señales acústicas detectables lejos de su origen, al igual que determinadas explosiones, cuya propagación depende del lugar en el que ocurran y de las condiciones que las rodean. El tráfico marítimo introduce una capa adicional de ruido que los investigadores deben diferenciar de los acontecimientos naturales.
Una referencia para detectar anomalías
La dificultad no consiste únicamente en advertir que aumenta el sonido bajo el agua. Los científicos necesitan saber si ese incremento representa realmente un acontecimiento excepcional o si responde a una variación habitual del entorno. El trabajo de Los Álamos proporciona esa referencia para una localización concreta del mar de Beaufort y muestra hasta qué punto la estación del año puede modificar lo que un sistema de vigilancia es capaz de detectar.
TE PUEDE INTERESAR
Este archivo acústico de siete años puede adquirir todavía más valor a medida que cambien las condiciones del Ártico. La reducción del hielo facilita el acceso a aguas que anteriormente permanecían imposibles de alcanzar durante buena parte del año, mientras que una mayor presencia de barcos y actividades de exploración puede incorporar nuevas fuentes de ruido. El estudio no plantea un sistema de vigilancia para todo el océano Ártico, sino una base detallada para interpretar lo que sucede bajo las aguas del mar de Beaufort.
Durante siete años, un hidrófono instalado a 500 metros de profundidad bajo el mar de Beaufort permaneció escuchando uno de los entornos más difíciles de estudiar del planeta. El registro, analizado por investigadores del Laboratorio Nacional de Los Álamos y publicado en la revista Journal of the Acoustical Society of America, permite reconstruir cómo cambia el paisaje sonoro del Ártico durante las distintas estaciones y ofrece una referencia excepcional para distinguir fenómenos naturales, actividad humana y señales potencialmente anómalas.

Leave a Reply