El último gran experimento nuclear de la Alemania nazi ha vuelto a ser examinado más de ocho décadas después con herramientas que sus responsables nunca tuvieron a su alcance. Un estudio publicado en PNAS Nexus ha reconstruido las condiciones físicas del denominado B8, el ensayo con uranio dirigido por Werner Heisenberg en 1945. Los investigadores han combinado documentación histórica, análisis forense de materiales y simulaciones para determinar hasta dónde había llegado realmente el programa nuclear alemán y si estuvo cerca de conseguir una reacción nuclear autosostenida como la del Proyecto Manhattan.
La investigación se centra en el Uranprojekt, el programa nuclear iniciado por Alemania después del descubrimiento de la fisión y en el que Werner Heisenberg asumió un papel central desde 1939. El físico dirigió ocho experimentos de gran escala destinados a comprobar si era posible obtener energía mediante uranio. El último de ellos, B8, utilizó uranio y agua pesada como elementos esenciales para intentar alcanzar la criticidad. Tras la guerra, parte de los materiales y documentos terminaron en manos de los servicios de inteligencia estadounidenses y soviéticos o desaparecieron en el mercado negro.
Esa dispersión dificultó durante años comprobar las explicaciones ofrecidas por los propios científicos alemanes. En 1947, Heisenberg sostuvo en un artículo publicado en Nature que el experimento B8 habría funcionado si su equipo hubiera dispuesto de una cantidad relativamente pequeña de uranio adicional. Su prestigio como uno de los grandes físicos del siglo XX convirtió aquella afirmación en una referencia recurrente dentro del debate histórico. El nuevo estudio ha tratado de comprobarla desde una perspectiva técnica, recurriendo a lo que sus autores denominan arqueología nuclear.
El reactor necesitaba muchos más materiales
Las simulaciones ofrecen una imagen muy distinta de la planteada por Heisenberg. Según los cálculos del equipo, B8 habría necesitado entre 1,9 y 2,7 veces más uranio del que utilizó realmente y entre 2,1 y 2,4 veces más agua pesada para alcanzar la criticidad. La diferencia no era, por tanto, una pequeña carencia fácilmente subsanable.
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El problema del agua pesada era especialmente difícil de resolver durante la guerra. De acuerdo con el estudio, el reactor habría requerido aproximadamente el doble de toda la cantidad producida durante el conflicto por Norsk Hydro, la planta situada en la Noruega ocupada que abastecía al programa alemán. Tampoco existía una alternativa sencilla mediante grafito, ya que las reservas disponibles en Alemania contenían demasiadas impurezas como para sostener correctamente una reacción en cadena. Por tanto, las limitaciones afectaban al propio diseño y a los recursos físicos necesarios para hacerlo funcionar.
Para llegar a estas cifras, el equipo reconstruyó las características del uranio, el agua pesada y el grafito utilizados por los científicos alemanes. Como las fuentes primarias de la época no incluían todas las especificaciones químicas, los investigadores estimaron determinados parámetros mediante técnicas empleadas previamente en el análisis de instalaciones nucleares de posguerra. Después desarrollaron tres modelos de simulación destinados a reproducir las condiciones reales de B8. También compararon los resultados con proyectos contemporáneos, entre ellos el Chicago Pile 3 del Proyecto Manhattan.
Una bomba todavía quedaba mucho más lejos
Los resultados apuntan a que el programa alemán ni siquiera había conseguido superar el primer gran obstáculo técnico, que era construir un reactor capaz de mantener una reacción nuclear autosostenida. Eso sitúa todavía más lejos la posibilidad de desarrollar un arma nuclear nazi, porque Alemania carecía de un reactor operativo y de los materiales necesarios para alcanzar la criticidad con los diseños estudiados. La investigación también señala que los reveses militares llevaron al régimen a reducir la prioridad concedida al desarrollo nuclear durante la guerra.
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Los autores advierten de que algunos escenarios alternativos pueden parecer posibles cuando únicamente se compara la demanda total de materiales con la producción disponible sobre el papel. “Para conseguirlos de forma práctica en condiciones de guerra serían necesarias una previsión y una coordinación casi omniscientes”, señalan. La revisión técnica del uranio recuperado, el agua pesada y los diseños del programa nuclear nazi reducen así el margen para considerar que Alemania estuvo cerca de disponer de un reactor funcional. Antes de pensar en una bomba, sus científicos todavía tenían que resolver un problema que B8 nunca llegó a superar.
El último gran experimento nuclear de la Alemania nazi ha vuelto a ser examinado más de ocho décadas después con herramientas que sus responsables nunca tuvieron a su alcance. Un estudio publicado en PNAS Nexus ha reconstruido las condiciones físicas del denominado B8, el ensayo con uranio dirigido por Werner Heisenberg en 1945. Los investigadores han combinado documentación histórica, análisis forense de materiales y simulaciones para determinar hasta dónde había llegado realmente el programa nuclear alemán y si estuvo cerca de conseguir una reacción nuclear autosostenida como la del Proyecto Manhattan.

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