Burnham busca una “tercera vía” ante Trump: firmeza sin guerra diplomática

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Establecer una conexión personal, defender la causa de Ucrania y, ante todo, evitar cualquier incidente. Estos son los tres objetivos que el premier Andy Burnham se ha fijado para el primer encuentro cara a cara con Donald Trump este martes en Nueva York en la Asamblea General de la ONU. Históricamente, no hay ninguna relación internacional tan determinante para Reino Unido como la que mantiene con Estados Unidos. Aunque el carácter imprevisible del norteamericano no está poniendo últimamente las cosas fáciles al inquilino de turno de Downing Street para lidiar con un escenario geopolítico marcado por la inestabilidad.

Trump sigue enfadado con Reino Unido por no participar en sus ataques contra Irán y ha arremetido en varias ocasiones contra el país, al que calificó de nación “moribunda” y “al borde del desastre”. Sus declaraciones más recientes, en las que insinuó que quizá no ayudaría si Argentina volviera a intentar apoderarse de las islas Malvinas y aseguró que le encantaría ver una Irlanda unificada, indican que su malestar no ha desaparecido.

Pero es probable que el estilo relajado y seguro del nuevo primer ministro agrade al presidente estadounidense, quien ya demostró con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que puede entenderse con políticos de izquierdas. Desde julio, cuando Burnham asumió el poder tras las primarias laboristas, ambos han hablado dos veces por teléfono y, según fuentes conocedoras de esas conversaciones, congeniaron.

El reto de las elecciones de mitad de mandato

Desde luego que la situación ahora es muy distinta a la de febrero de 2025 cuando el entonces premier Keir Starmer se entrevistó por primera vez con el estadounidense en la Casa Blanca. El norteamericano acababa de ganar las elecciones, se encontraba en la cima de su poder y exhibía músculo ante la OTAN y Ucrania, además de amenazar con imponer aranceles. Ahora Trump es impopular en su propio país, donde la inflación continúa siendo elevada, y está atrapado en un conflicto enquistado en Irán que podría acabar con sus aspiraciones de cara a las elecciones de mitad de mandato.

El hecho, además, de que el encuentro de este martes se celebre en el terreno relativamente neutral de Naciones Unidas y no en el Despacho Oval juega también a favor del británico. A diferencia de Starmer – que a menudo pareció demasiado servil- se espera que el nuevo primer ministro británico sea algo más contundente cuando lo considere necesario, aunque no va a seguir el enfoque más combativo del primer ministro canadiense, Mark Carney. Se espera más bien una “tercera vía”: responderá con mayor firmeza que su predecesor, tanto en público como en privado, pero evitará una guerra diplomática abierta.

De momento, Trump ha recibido favorablemente las informaciones de que el Gobierno británico iba a “abrir” el mar del Norte —aunque la decisión de perforar en dos yacimientos se ha retrasado— y, hasta ahora, se ha mostrado relativamente moderado cuando le han preguntado por el proyecto británico de prohibir el comercio con los asentamientos de Cisjordania. Por su parte, Burnham ha celebrado el reciente acuerdo entre Dinamarca y Estados Unidos para “reforzar la seguridad en el Ártico” tras la resolución de la disputa territorial que ambos países mantenían desde hacía meses. Con todo, asuntos como el gasto en defensa y la guerra de Irán, pueden provocar tensiones.

Política venenosa

Puede que la prioridad de Burnham sean los asuntos nacionales, pero sus asesores más cercanos reconocen que el mayor lastre que soporta actualmente el Reino Unido es precisamente la guerra de Trump en Irán. Mientras el conflicto continúe perjudicando a la economía británica, el premier tendrá dificultades para cumplir sus promesas de cambio.

La opinión de Burnham sobre Trump ha evolucionado desde que llegó al poder. Cuando era alcalde del Gran Mánchester, afirmó que el presidente estadounidense no sería bienvenido en la ciudad y culpó a su política “venenosa”. Después de su regreso a Westminster, advirtió contra la política “divisiva y oscura” de Estados Unidos. Sin embargo, durante el verano, Burnham pareció restar importancia a las posibles discrepancias y declaró a los periodistas que “todos decimos cosas cuando somos políticos”. El nuevo primer ministro aseguró que le dirá a Trump “lo que piensa”, pero que también intentará —y esto es fundamental— “encontrar una conexión” con el voluble presidente.

Con un Trump ahora más debilitado en el ámbito interno, el poder político en Estados Unidos comienza a desplazarse hacia quienes puedan sucederlo. Burnham entra en la sala para reunirse con un presidente al que se le acaba el tiempo. Sin embargo, a Trump todavía le quedan dos años en el poder y es cualquier cosa menos previsible.

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